Esta semana aparco los otros shots y peticiones para dedicarme a la SQW y escribir cada día uno :)! El de hoy es cortito!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leerme! Contadme que os parece y espero que os guste :)!
SQT 55: Swan Queen Week 6 - Act of true love.
Regina había salido de la cafetería sin esperar siquiera a Henry, pero Emma salió detrás suyo en menos de un segundo. Sabía que había metido la pata y que las consecuencias las estaba pagando Regina, pero no iba a dejarla sola. Seguramente era la única persona que pensaba así, aparte de Henry, que vio salir a sus dos madres, una detrás de otra, mientras Robin Hood seguía abrazando a su recién recuperada esposa.
- Regina. Regina, espera.
Llamaba Emma detrás de ella. La morena tenía las manos en la cabeza y le daba la espalda.
- ¿Regina? Yo…no pretendía…no sabía…lo siento.
Escuchó una seca risa y la reina se giró para mirarla con profundo desprecio, el dolor y la traición que había visto en la cafetería habían desaparecido, Emma casi da un paso atrás, pero se mantuvo donde estaba, enfrentando la ira de Regina.
- ¿Lo sientes? Bueno, entonces todo arreglado ¿No, Swan?
Aucht. Ese Swan dolía. Ni siquiera era el señorita Swan que acostumbraba a llamarla, solo un seco y frío "Swan". Adiós a todo el avance que habían conseguido en su relación.
- Se que ahora mismo debes odiarme, pero intenta entenderme, no podía simplemente dejarla morir.
Regina dio dos rápidos y furiosos pasos hacía ella, quedando cara a cara.
- No, simplemente tenías que dejar las cosas como estaban y no tocar nada, estoy segura de que hasta el pirata entendía esa parte.
La puerta de la cafetería se abrió y salió mas gente, la morena levantó la vista, pero eran solo los Encantadores, Henry y Hook, Robin seguía dentro con su familia. Miró de nuevo a Emma, una mirada fría, vacía, y sin esperar a que alguien dijese algo la reina se marchó.
- Regina…
Dijo Emma intentando seguirla, pero Hook la sujetó para impedírselo.
- No creo que sea buena idea que vayas detrás de ella ahora mismo.
Así que se quedó allí viendo como la morena desaparecía al girar una esquina.
- ¿Crees que estará bien? – Preguntó Henry, Emma le miró sin saber que decirle. – No volverá a ser la Reina Malvada ¿verdad?
Tampoco supo que decirle a eso, después de lo que había visto en los ojos de la reina, no estaba segura de que no fuese a reclamar venganza.
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Regina notaba como la rabia le burbujeaba en las venas. Rabia, no pena, ni lástima. Era pura rabia hacía Emma Swan, había confiado en esa rubia y solo había servido para que la hiciesen daño. Otra vez. Otra vez le quitaban su final feliz. A esas alturas ya debería saber que no tenía que fiarse de las rubias, nunca le traía nada bueno. Llegó por fin a la mansión y se encerró en ella, soltando un grito de frustración y lanzando contra una pared lo que tenía mas a mano, eso no la ayudo mucho, así que agarró otra cosa y también la estampó contra la pared. Pronto, la entrada estuvo llena de trozos y astillas de cosas, pero no se sentía mejor, solo mas cansada.
De golpe, notó un pinchazo a la altura del pecho, como si alguien estuviese apretándole el corazón con una mano fría. La presión creció y creció y desapareció con la misma rapidez con la que había llegado. Se quedó un momento parada esperando que pasará algo ¿Estaba alguien intentando hechizarla? ¿Atacarla con magia? ¿Controlarla? Metió la mano en su pecho para sacarse el corazón y asegurarse de que seguía intacto y en su sitio. En su sitio estaba, pero intacto no, el negro que había empezado a desaparecer había crecido de nuevo, pero lo sorprendente era la fina capa de hielo que lo cubría. Regina lo notaba frío en la mano. Sonrió, eso era justo lo que necesitaba, un corazón frío e insensible, así que lo devolvió a su pecho.
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Que el corazón de la reina se estaba enfriando se notó en los siguientes días, sobretodo por que ni siquiera quería ver a Henry, así que a Emma ni mencionarla, la rubia había intentado verla un par de veces, hablar con ella, disculparse otra vez, pero la reina no aceptaba visitas. Claro, que su hijo no estaba dispuesto a aceptar eso y fue a aporrear la puerta de su madre.
- Mamá, se que estás ahí, y esta es mi casa también, no puedes dejarme fuera. – No hubo respuesta. – Mamá, echo de menos mi habitación, me obligan a dormir en la mesa del salón y tío Neal no deja de llorar.
Un minuto después la puerta se abrió y su madre le miró con una ceja levantada.
- Bueno, lo de la mesa del salón es mentira. Pero quiero volver a casa, no quiero que estés sola.
Su madre hizo un gesto con la cabeza para que entrase y él la abrazó, y aunque Regina le devolvió el abrazo, había algo extraño en ese abrazo, notaba a su madre mas fría, metafórica y realmente.
- ¿Estás bien?
- Perfectamente.
Respondió Regina cerrando la puerta tras ellos.
- Emma…
- No existe para mi.
Cortó la morena dejando a su hijo solo en la entrada y volviendo a su despacho. Henry sabía que algo iba mal, era demasiado obvio para no verlo, esa no era su madre, pero al menos había alguien en casa que abrió la puerta la siguiente vez que la Salvadora apreció por allí.
- Está en su despacho, no sale de allí.
Informó Henry señalando la puerta cerrada. Emma también parecía mas desmejorada, la culpa por haber herido a Regina consumía su tiempo, su mente, todo lo que quería era hablar con la morena, hacerla entender lo mucho que lo sentía, que solo quería salvar una vida, no hacerla daño a ella. Robin Hood ni siquiera había intentado ir a ver a la morena, no sabían si por idea propia o por que su recién recuperada esposa no quería que volviese a ver a la mujer que había querido matarla. Sinceramente, a Emma le importaba poco, lo único que la preocupaba era asegurarse de que Regina estuviese bien.
- Largo de aquí.
Ladró la morena en cuanto vio entrar a la Salvadora en el despacho.
- Regina, llevo días intentando hablar contigo.
- Lo sé, llevo días ignorándote.
Respondió Regina levantándose con una peligrosa mirada que Emma ignoró por completo, acercándose al escritorio de madera.
- No quería hacerte daño, Regina, tienes que creerme.
- ¿Tengo que creerte? ¿Por qué debería? Tu y toda tu estúpida familia es lo que habéis buscado siempre, destruir a la Reina Malvada. Aunque siempre pensé que sería con una espada en las tripas.
La simple imagen hizo que Emma torciese la cara con disgusto.
- Sabes de sobra que es mas probable que detuviese la espada antes que clavártela.
Regina rió con crueldad.
- Como no, la Salvadora siempre dispuesta a salvar el día, siempre lista para rescatarnos a todos y cumplir su deber.
- No lo haría por cumplir mi…
- Vete de aquí, te lo estoy avisando por que quiero a mi hijo, pero si no te vas ahora mismo no puedo asegurarte que vayas a salir respirando de aquí.
Emma dio un paso atrás inconscientemente, no sabía que habían llegado al punto de las amenazas de muerte, y estaba segura de que Regina la cumpliría, pero no podía irse sin mas. La mujer le preocupaba de verdad, por increíble que pareciese, en su mente incluso había llegado a considerarse amigas, prácticamente familia. Y las familias discuten ¿no? Y luego lo arreglan y lo cuentan cada año como anécdota. Volvió a adelantar el paso que había retrocedido.
- Sabes que no voy a irme. – Encogió los hombros con disculpa. – Me conoces bien.
Regina gruñó, sobretodo por que la Salvadora tenía razón: la conocía bien, y Emma a ella. Es lo que pasa cuando confías en alguien. Y luego ese alguien te falla, te traiciona sin siquiera darse cuenta y te toca a ti pagar por sus errores. Pues estaba harta. Lanzó un impulso de energía mágica a la Salvadora que la empujó contra la puerta, para sorpresa de las dos, la magia que salió de Regina era de hielo. Emma se quitó la capa de escarcha que la cubría la camiseta mirando a Regina extrañada, pero la morena no le dio mayor importancia, asumiendo que era culpa de su corazón congelado. Esos días la fina capa de hielo que lo había cubierto había crecido hasta que prácticamente no se veía el corazón debajo del hielo, y estaba segura de que cuando el proceso se completara sería por fin esa malvada sin sentimientos que todos creían que era. Movió las manos de nuevo, levantando a Emma en el aire y haciéndola atravesar la ventana.
- Te dije que te marcharas cuando aun podías.
Dijo al boquete de la ventana, al escuchar el ruido Henry abrió la puerta del despacho. Emma estaba en el jardín, intentando levantarse, rodeada de cristales rotos y postigos de ventana.
- ¡Emma! – Gritó preocupado, pero Regina le detuvo congelandole los pies al suelo. – Mamá, no hagas esto, ya no eres así ¿recuerdas? – Su madre ni siquiera le miró. - ¿Recuerdas? Mamá, no quieres hacer esto. Sabes que no odias a Emma.
Mas motivo aun para matarla. Esa mujer había conseguido quitarle su final feliz, había traído a la mujer del hombre con el león tatuado y todo lo que había podido sentir era rabia por la traición, ni siquiera un poco de odio por esa rubia cabezota. Eso no podía permitirlo.
- Regina, entiendo que estés enfadada, pero volver a tu antiguo yo no es la solución.
Dijo Emma ya de pie, sujetándose un brazo, Regina levantó una ceja, acercándose a la ventana rota.
- No estás sola, no tienes que pasar por esto sola, tienes gente que se preocupa por ti, gente que te quiere, no solo Henry.
Añadió la Salvadora dando un paso atrás cuando Regina salió también a través de la ventana. La morena volvió a reír con crueldad.
- ¿En serio? ¿Y donde está esa gente? ¿Quiénes son? ¿Quién es la siguiente persona que vas a quitarme?
Dijo con amargura, tumbando de nuevo a Emma con magia, pero testarudamente la rubia se puso en pie.
- ¿Es así como quieres que sean las cosas? Yo…¿sabes? Pensaba que habíamos conseguido ser amigas, me gustaba pensar en ti de esa forma. – Esas palabras detuvieron el siguiente ataque de Regina. – Yo soy una de esas personas que se preocupan por ti. De verdad, lo hago. Pero si esto es lo que necesitas, si crees que matándome te sentirás mejor, hazlo. Si tienes que vengarte, vengate y vuelve a ser tu. Mátame si quieres, pero no dejes que la oscuridad vuelva a apoderarse de ti, esa ya no eres tu, Regina.
- ¿Qué?
La morena frunció el ceño, confundida y enfadada por esas palabras. No era justo que precisamente Emma eligiese ese momento para ponerle las cosas difíciles, ¿no podía simplemente dejarse matar? ¿o devolverle los golpes?
- No voy a luchar contigo Regina. Pero si por ti. – Abrió el brazo que no tenía herido en señal de rendición. – Quiero ayudarte, de la forma que sea, y si para ello tienes que matarme, pues bueno, hazlo.
Esperó a que llegase el siguiente ataque, Regina tenía las manos levantadas hacía ella, pero nada la golpeó, la morena parecía estar luchando contra si misma.
- Haz lo que tengas que hacer, Regina.
Repitió Emma, esperando que con eso terminase todo, que una vez tuviese su venganza Regina parase de consumirse con ella. Pero en vez de atacar, la morena se llevó las manos al pecho con un grito de dolor.
- ¿Regina?
La Salvadora se acercó a ella a grandes pasos, sujetándola antes de que cayese al suelo con su único brazo sano. Regina metió la mano en su pecho y sacó su corazón, lo que asustó bastante a Emma, que no supo como reaccionar, y mas cuando vio que estaba prácticamente congelado.
- ¿Qué te has hecho?
Preguntó asustada, pero el corazón empezó a descongelarse ante los ojos de las dos. Regina se dejó caer de rodillas, agotada, y Emma se arrodilló con ella.
- ¿Qué te has hecho?
Volvió a preguntar con mas suavidad, acunando un poco a la reina, que seguía mirando su corazón descongelado. Con un solo movimiento lo devolvió a su pecho.
- ¿De verdad ibas a dejarte matar?
- Si eso te ayudaba, si, claro.
Regina rió, esta vez sin crueldad.
- Eres estúpida, Emma.
La rubia sonrió y en un impulso besó la cabeza de la reina. Volvía a llamarla Emma.
- Pero eso ya lo sabías, soy tu estúpida.
- ¿Mía?
Notó como la Salvadora asentía sobre su cabeza. Esa mujer nunca podía hacer las cosas como debía, no podía simplemente dejar que pasaran las cosas que tenían que pasar, siempre tenía que hacerlas a su manera. No podía tan solo dejar que Regina la matase y volviese a la oscuridad, no, tenía que descongelarle el corazón, incluso cuando no sabía que estaba congelado. Tenía que ser tan Emma Swan como siempre y sacrificarse por ella si era necesario, Emma no podía dejarla caer, aunque fuese ella quien cayese en el proceso. Suspiró aliviada, Emma nunca iba a dejarla caer, no iba a abandonarla y eso era lo suficientemente bueno como para permitirse a si misma abrazar a la Salvadora.
