Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.


—¿Por qué me siento tan desesperada?, ya sabes… de esto… —gimió ondulándose contra su verga, robándole un siseo.

—Es por la alimentación —siseó el macho al sentir sus resbaladizos pliegues contra su verga—. Va de la mano con el sexo.

—Te quiero. —Su voz era un ronroneo vibrante, rica a su manera y sumamente excitante.

El macho se removió bajo ella, su propio cuerpo ardiendo en llamas, sus colmillos alargándose con la necesidad de alimentarse de ella, de aparearse, de formar ese vínculo que los uniría de una vez y para siempre, aparte de la imprimación, claro.

—¿Qué haces? —preguntó cuando ella comenzó a moverse entre sus brazos, por lo que la estrechó con fuerza, gruñendo en disconformidad.

—Abajo —gimió—, quiero que estés sobre mí. No quiero… ya sabes.

—Bella. —Sujetó su rostro, mirando esos hermosos ojos rojizos, producto del cambio, dilatados y perdidos, aún no podía verlo, pero sabía que podía sentirlo—. Eres tú, ¿no lo entiendes? Aquí en mi corazón —sujetó su mano, arrastrándola a su pecho—, no hay lugar para nadie que no seas tú, solo tú.

—¿Estás seguro?

—Te amo, eres mi alma.

—Edward… —gimió ondulándose de nuevo sobre él.

El macho cerró los ojos, apretando la mandíbula, aunque sabía que era su hembra y la amaba, no podía dejar de pensar en todo lo que implicaba tenerla encima. Miedo, terror, incertidumbre, sofocación. Esas eran solo algunas de las cosas que lo asediaban. Tomando una profunda bocanada de aire impregnado del aroma de su hembra, el macho la sujetó por las caderas elevándola, antes de que por error el pasado arruinara esto. Y luego, la bajó bruscamente sobre su verga. Edward siseó, dejando los colmillos al descubierto, su placer creció y se convirtió en dos deseos independientes: el deseo sexual y la necesidad de beber sangre. Así que la mordió rápidamente en la garganta, sin más vacilaciones, y... una poderosa explosión se generó en cuanto sintió en la lengua el sabor de la sangre de su hembra, la fuerza y la potencia de Bella lo invadieron, y se apoderaron de él de una forma irrevocable. Encadenándolo dulcemente a su hembra, el vínculo por fin completo.

Minutos después se separó de su vena, lamiendo delicadamente las punciones al tiempo que liberaba el fuerte agarre en sus caderas. Pero Bella no fue delicada en lo absoluto, poseída por sus instintos por completo y con un gruñido, clavó los colmillos en su garganta, tomando largas y fuertes succiones de su vena, una y otra vez; sus caderas comenzaron a moverse, subiendo y bajando a mucha velocidad, hasta que de pronto estaba martilleando contra él, en un ritmo enloquecedor que los hundió en una vorágine interminable de sensaciones, y cuando Bella dejó escapar un ronco gemido, quedó tan desarmado bajo su delicado peso, que se olvidó por completo de lo que antes le habían hecho. De su pasado, de sus demonios, de todo lo que implicara algo que no fuera ese momento, y ese lugar con su hembra.

Ella se agitó con brusquedad, montando las olas del orgasmo, mordiéndolo con fuerza con tal de no despegarse de su vena. Él soportó el dolor con orgullo, pensando que estaría encantado de pasar por esta exquisita agonía todos los días. Y luego fue su turno de correrse, desencadenando otro orgasmo en su hembra, provocando que se sacudiera, y se tensara a su alrededor, y su nuevo clímax comenzó a succionarlo de tal forma que perdió todo el control de su mente, dejándolo siendo solo un manojo de instintos, que parecía que no tendría final.

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Poco a poco, Bella se relajó, retirando los colmillos de la garganta de Edward.

—¿Por qué siento que estás sonriendo si casi acabo contigo?

Él sonrió aún más, acariciando la nariz con la suya. Se encontraba todavía encima de él, y nunca se había sentido más fuerte en toda su vida, Bella podía jurar que era incluso más fuerte que él, a pesar de todos esos músculos nuevos que se había encargado de delinear y estrujar durante todo ese maratón de sexo.

—No importa, sería la muerte más dulce.

—Edward… —suspiró—, ¿por qué me dejaste? —Bajo su cuerpo, el vampiro se tensó.

—Lamento mucho que las cosas se dieran así, necesitaba sacar a mi hermana de las garras de Tanya, pero no podía seguir contigo si quería que eso pasara, los verdugos estaban por encontrarme, y no quería que tú…

—De igual forma lo hicieron, ellos me encontraron —susurró estremeciéndose al recordar a Emmett en aquella calle, o los gritos de Jessica.

—Y no sabes cuánto me he flagelado con eso, ni los años por venir podrán compensarte lo que te hice. Nunca habría querido que pasaras por nada de lo que tuve que pasar, mucho menos que t-tuvieras que… —tragó saliva ásperamente—, q-que tuvieras que presenciar…

—Ahora entiendo las cosas —lo interrumpió con un beso en los labios, no quería recordar aquellos horribles momentos en la mazmorra—. Quizás, si lo hubieras hablado conmigo lo hubiésemos manejado de otra forma, solo prométeme que nunca me dejarás.

—Te lo juro, ama —susurró sin aliento, Bella sonrió.

—Te quiero, Edward. —Él ronroneó cerca de su oreja, provocándole un estremecimiento.

—Quisiera abrazarte… pero no puedo, no tengo fuerzas… —Bella intentó enfocar su vista, obteniendo éxito esta vez. Sonriendo, lo miró entonces, tan solo para quedar horrorizada.

Edward tenía el cuello y las muñecas llenas de mordiscos, su hermoso rostro se veía un tanto demacrado y sus ojos oscurecidos, realmente parecía estarse muriendo de inanición. Le vino a la mente aquellos días, cuando él estaba sumamente delgado por la falta de alimento.

—Oh, Dios, ¡soy horrible! —gimió intentando moverse, pero Edward sacudió fervientemente la cabeza.

—No, nada de eso. —La miró, sus ojos cargados de súplica—. Por favor, ¿me besas otra vez? —Ella se inclinó contra sus labios sin dudarlo, pero solo besándolo brevemente, robándole un gruñido de disconformidad cuando se separó de él—. Estás llena de salud y vitalidad, eres una vampira al igual que yo, ¿por qué debería estar enojado? —Bella boqueó cuando él leyó literalmente sus pensamientos.

—¿Cómo puedes saber lo que pienso?

—Además de estar imprimados, estamos vinculados al fin. Por eso puedo sentir tus emociones y te aseguro, que no me siento ultrajado de ninguna manera, difícilmente podría sentirme como algo menos que el ser más dichoso sobre el planeta.

—Ahora veo —sonrió—, es por eso que sé que tienes hambre. —Sus ojos ambarinos y dilatados, parecieron brillar un segundo antes de que los cerrara con fuerza y negara.

—Estaré bien —aseguró con la voz dulce y cansada.

—Bebe de mí. —Sujetó el cabello bajo su nuca, tirando de él a su garganta.

—N-No quiero que vayas a… a perder fuerzas o algo, recién te has convertido en una hembra de mi raza… —balbuceó pero no estaba poniendo resistencia, Bella supuso que las viejas costumbres no morían tan pronto.

—Me siento bastante más fuerte que tú —ronroneó, y para prueba, hizo que ambos giraran con facilidad, posicionándolo de forma que estuviera ahora sobre ella, específicamente entre sus caderas. Era tan impresionante la fuerza que tenía, que dejó escapar una risa contenta ante el desconcierto de su vampiro—. Ahora bebe.

—Sigues siendo tan mandona, lo haré entonces, ama… —murmuró haciéndola reír, pero cuando instantes después él dejó escapar un gruñido erótico y se abalanzó sobre su garganta, todo humor quedó fuera de la habitación.

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—¿Cómo se llamará? —preguntó su hermana, pero Bella estaba absorta, no podía hacer otra cosa que observar maravillada a su hermosa cría. Edward entendía eso, él difícilmente podía despegar sus ojos de ella.

—No lo sabemos aún, Rose —respondió estrechando a su hembra con un brazo, con su mano libre acariciando la pequeña nariz de su cría, quien tenía las pequeñas manitas hechas fuertes puños, pasando su mirada oscura, casualmente de él a Bella.

—Ella es tan hermosa —susurró su hembra con la voz rota, de nuevo lágrimas inundando sus ojos. Había estado así desde que por fin pudieron conocerla.

—Gracias por darme los mejores regalo de mi vida, Bella. —Le besó la frente, ella sonrió, sus hermosos ojos ahora ambarinos, brillando de esa forma cálida y amorosa.

—Hicimos todo esto juntos —canturreó mirando de nuevo a su hermosa cría.

—Tú me liberaste de todas las formas que se puede liberar a alguien —susurró contra su oreja, sintiéndose vulnerable.

Bella lo miró, sus ojos diciendo mudas palabras que, de alguna manera, lograron inundar su corazón, nunca más podría volver a sentirse solo o devastado, porque por fin tenía esto, sin saber siquiera cuánta falta le hacía.

—Te amo —balbuceó, él sonrió antes de mirar de nuevo a su pequeña hembra.

—Cuando estuve lejos de ustedes —murmuró con una mueca—, escuché a los vampiros convertidos mencionar un nombre, por alguna razón me gustó también, y lo tengo presente, c-crees que ella quizás podría llamarse… ¿Gianna?

—Edward… es maravilloso —masculló Bella, observándolo con todo el amor que sin duda pudo reunir en su mirada.

—Para los humanos es significativo, ellos creen en una deidad.

—¿Qué significa? —inquirió su hembra.

—"Dios es misericordioso" —se adelantó Carlisle, quien abrazaba a Esme, su hermosa madre. Edward sonrió, estrechando un poco más a su hembra, se inclinó entonces hacia ella, para hablar contra su oreja.

—Lo sé cada vez que te miro, cada vez que las miro —susurró mirando a su hembra con absoluta devoción.

Bella sonrió ampliamente, mostrándole sus hermosos colmillos mientras se movía hacia él como si un imán tirara de ella. El macho le correspondió inclinándose, y a medida que su boca se posó sobre los labios de su hembra, supo que difícilmente podría haber un mejor momento que éste durante el resto de su vida.

Juntos habían alcanzado el punto máximo, en cuanto a dicha se refería, y no era sólo físico. Era emocional. Mental. Estaban en la misma línea, compartiendo el momento perfecto entre pasado, presente… y futuro.


Muchas gracias por acompañarme con esta historia, a todas esas personas que me apoyaron comentando y con otras cosas, a todas las que se tomaron la molestia en leerme, ya sólo queda el epílogo.