Nada de lo que aparece aquí me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Siempre tiene solución
Así fueron pasando los días hasta convertirse en semanas. Pronto el frio comenzaba a notarse en el castillo y las chimeneas comenzaban a cumplir su cometido de calentar las estancias y no solo como mera iluminación. Eran pocos los que salían al exterior, tan solo aquellos que buscaban intimidad alejados de las miradas indiscretas del castillo, los que tenían que ir a los invernaderos o como era su caso los que estaban entrenando. Sin lugar a dudas este año el quidditch no era lo que había sido para ella, lo que al principio fue un juego y luego un hobby con el que siempre sacaba ratos divertidos, ahora era una ocupación más, una de las tantas que tenia y que le quitaban tiempo. Una de esas cosas fastidiosas que le impedían hacer lo que realmente quería. Así que no era su culpa estar tan desmotivada en el equipo este año, apenas prestaba atención. Pensaba cada vez con más intensidad en que Bane ocupara un lugar importante en el equipo. Quien esperaba fuera una buena mano derecha puesto que presuponía que necesitaría de su ayuda este año.
Y ahí se encontraba. En medio del campo de quidditch, suspendida a unos veinte metros del suelo, mirando al horizonte sin ver nada, el resto de su equipo iba y venía con las escobas mientras entrenaban, y ella solamente estaba presente. Sus compañeros se habían dado cuenta de esa desgana pero eso no implicaba que otra de sus facetas, la competitividad y sobre todo el espíritu ganador, se hubiesen esfumado. Que no estuviera motivada no significaba que no quisiese ganar y aplastar a los rivales, seguía queriendo la fama, la gloria, pero sentía que aunque pudiera obtenerla de este modo no era lo que realmente quería. Habían ganado el primer partido de la temporada y ni siquiera se había tomado la molestia de celebrarlo.
Unas risas la sacaron de sus pensamientos y cuando se dio cuenta y enfoco su mirada pudo ver que se debía a una jugada de uno de sus compañeros, quien había conseguido marcar un tanto y el resto lo aplaudía, al igual que algunos de los espectadores que tenían en las gradas. Aburrida de todo ello y calculando que ya habían pasado mínimo dos horas desde que llegaron saco un silbato y con ello dio por concluido el entrenamiento de ese día. Descendió con rapidez hacia el suelo y los jugadores la siguieron. Tras dedicarles unas breves palabras de apoyo se despidió de ellos dirigiéndose hacia el castillo mientras recorría la parte inferior de las gradas donde muchos de sus compañeros les esperaban.
-Si no fuera por ti me aburriría muchísimo-comento una suave voz tras ella.
Se giro y le dedico una ligera sonrisa.
-Mientes, pero aún así gracias-le contesto a Barty.
Continuaron caminando juntos por los terrenos.
-¿Me permites contarte mi plan para hoy?
-Claro-contesto ella.
-Pretendo pasar un rato agradable junto al lago acompañada de una gran amiga mientras comemos y nos divertimos.
Giro su cara algo sorprendida porque Barty le contara algo así ¿pretendía ponerla celosa?
-¿Qué te parece?-continuo diciendo el-¿Crees que le gustara el plan?
-Claro, seguro que lo pasareis muy bien-le dijo con una sonrisa.
-No se hable más entonces-contesto él y acto seguido tomo la escoba de sus manos y la tomo del brazo cambiando el rumbo.
-¿Ey?-pregunto Sidney sorprendida-¿Qué haces?
Entre risas el la miro y alzo una ceja.
-¡Oh vamos! ¿No creerías que me estaba refiriendo a otra que no fueses tú?
La llevo a un sitio apartado del castillo, refugiado por unos árboles que los protegían del viento aunque de todas maneras conjuro un encantamiento que les permitiera no tener frio. Apareció un mantel en el verde prado y ambos permanecieron sentados charlando, ajenos a todo lo que ocurría a su alrededor. Sin pretenderlo Sidney había encontrado ratos de paz y tranquilidad en las conversaciones con Barty. Sabia de sobra lo inteligente que era y además divertido. Conseguía que dejase de pensar en todo lo que tenía que hacer y le sacaba una sonrisa. No tenía previsto quedarse demasiado pero el la convenció para comer allí también y así fue como desenvolvió la comida y ambos siguieron allí. Tras comer Sidney se tumbo, mirando al cielo, se sentía muy pesada entre la comida y el uniforme de quidditch. Cerró los ojos y respiro.
Las yemas de sus dedos acariciaron su piel, comenzando por su frente y continuando por sus pómulos hasta llegar a la barbilla, después hicieron el recorrido inverso. A medida que el acariciaba su cara sentía como su piel ardía, no se encontraba incomoda, no le había dicho que parase. Esta vez recorrió el perfil de su nariz hasta descender por ella y quedar absorto en sus labios, sentía su pulgar e índice recorrerlos con parsimonia, como si los estuviera grabando a fuego en su memoria. Abrió los ojos para encontrarse con la cara de Barty a pocos centímetros de ella, admirándola embelesado. Trago saliva con dificultad y no vio nerviosismo en su mirada, algo que estaba segura en la suya propia si habría. En cierto modo estaba nerviosa pero por otro lado no quería alejarse de allí. No sabía cuantos segundos llevaban así, o si ya eran minutos pero ninguno de los dos se movía, la distancia seguía siendo igual. A pesar de que el sitio permanecía a una temperatura normal eso no impedía que unas ligeras gotas comenzaran a chocar contra su rostro. Se percataron de ello pero aún así ninguno se movía. Parecían decirlo todo con la mirada, había tanto anhelo por parte de Barty y a la vez tanta contención.
Su melena comenzaba a estar empapada esparcida en el mantel mientras las gotas se arremolinaban en su cara y comenzaban a descender por su piel, los dedos de él apartaban las de sus labios propiciando que muchas de ellas fueran a parar a través de su cuello hasta formar un pequeño charquito en su piel. A pesar de lo firme del uniforme se estaba comenzando a calar y ahí seguía, tumbada y relajada, disfrutando de la mirada de él. Lentamente el se movió, acortando los centímetros entre ellos y en vez de huir cerró los ojos expectante. Los labios de Barty se encontraron con la punta de la fina y delicada nariz de ella, donde depositaron un suave beso para luego dejar otro en su frente. Cuando no le sintió encima suya abrió sus ojos para encontrárselo de rodillas ante ella tendiéndole su mano para ayudarla a levantarse.
Al contrario que la tranquilidad del mediodía, la tarde estuvo repleta de agobios para ella, aquel trabajo de Historia de la Magia era sin duda lo más aburrido que había hecho hasta ahora. Sin duda indagar sobre los orígenes y repercusiones de los brujos de una de las aldeas de Noruega para las futuras generaciones de hechiceros en Egipto a través del número de población de las mismas era un autentico aburrimiento. Binns se había excedido con ese trabajo pero poco le importaba lo que pensasen los alumnos. Enterrada en una montaña de libros en medio de las estanterías de la biblioteca se encontraba al igual que el resto de compañeros, muchos de ellos dormidos a la media hora de comenzar la búsqueda. En medio de aquellos libros encontró uno sobre el linaje mágico en Inglaterra y su relación con las leyendas, las tapas estaban bastante desgastadas en un material dorado, interesada por ese tema tras llevar varias horas sufriendo con el número de habitantes de las aldeas mágicas en Egipto hecho una ojeada a las hojas y fue leyendo frases sueltas de las páginas. No había más que apellidos y animales, apellidos y casas, apellidos y fechas...hasta que llego a algo que la hizo parar en seco, apellido y un extraño símbolo. Una especie de triangulo en cuyo interior albergaba un circulo y a su vez estaba partido a la mitad. Qué extraño pensó, desconociendo el significado puesto que no venia impreso en el libro, más bien se trataba de una anotación hecha por alguien que había ojeado el libro y lo había añadido con tinta. ¿Peverell? ¿Quienes se supone que eran ellos? Trato de leer en mayor profundidad pero la tos fingida de la bibliotecaria alertando del cierre de la biblioteca la obligo a mirar hacia ambos lados del pasillo y con rapidez desilusiono el libro y lo metió al interior de su mochila. Dejo en una pila el resto que había utilizado y salió con prisa hacia la sala común de Gryffindor.
Nada más recorrer un par de pasillos en dirección a la torre Gryffindor tuvo que intervenir en varios altercados que sucedían, quito varios puntos a los Slytherin y tuvo que encargarse de acompañar a algunos alumnos pequeños a sus salas comunes, al final termino junto a 5 chicos menores de su casa entrando a la sala común. Los chicos tenían tanto miedo que iban callados a su lado y nada más entrar a la sala le dieron las gracias sin apenas mirarla y marcharon escaleras arriba a sus cuartos. Ni siquiera les dijo nada, entendía que estuvieran asustados. Cuando vio el número de personas que se agolpaban junto a los sillones no entendía nada, se acerco un poco para ver de lo que se trataba y ahí fue cuando la vio.
-¡Christinne!-exclamo casi sin creérselo.
Ante ella tenía a su amiga, a la que no veía desde el curso anterior, con el pelo algo más largo aunque bastante más delgada y con muchas ojeras estaba su amiga, sonriendo y abrazando a sus compañeros, quienes la habían echado de menos, pero sin duda nada comparado a como la habían echado en falta sus amigas.
En cuanto la vio sus ojos se abrieron y ambas se abrazaron, a ello se unieron tanto Romina como Helena quien ya habían estado con su amiga. Lloraban de la emoción, nunca habían estado separadas tanto tiempo, además el hecho de lo que había ocurrido con los padres de Christinne hacia que la situación fuera aún más delicada. Trataban de apoyarse, de mostrarse cariño y reconfortarse. Daba igual la cantidad de personas que estaban a su alrededor observando la escena, para ellas solo importaba que ahora estaban juntas de nuevo.
La sala se fue despejando pero a pesar de ello las cuatro amigas se fueron hacia su habitación, necesitaban estar solas, hablar, ponerse al día y sobre todo ver cómo estaba ella en ese momento.
-Me alegro tanto que estés de nuevo aquí-dijo entre lagrimas Helena-Te he echado de menos muchísimo.
-Te hemos echado muchísimo de menos, no solo Helena-corregía Romina.
-Y yo a vosotras, lamento de veras no haber podido comunicarme con vosotras más seguido.
-No tienes que lamentar nada Chris-dijo ella-Has estado donde debías estar, nada más.
-Lo sé Sid, pero aún así se que tendría que haber mantenido comunicación con vosotras. Podría haberos enviado lechuzas más seguido.
-No pasa nada, lo importante es que ahora estas aquí-contesto rápidamente Helena.
-Bueno, en realidad...-Christinne paró en seco como temiendo seguir-Solo vengo de visita.
-¿Como?-exclamaron todas al unisonó.
-McGonagall me ha autorizado venir a veros, no estoy aquí para quedarme.
Helena aumento el llanto mientras las otras dos amigas se miraban entre si incrédulas, después de tanta alegría no esperaban que ahora ella se marchase, la hacían junto a ellas de nuevo en Hogwarts.
-¿Por qué? Es decir...pensé que te quedarías-le dijo Romina.
-No, qué más quisiera, os lo aseguro. Sin embargo, la situación es muy mala chicas, ahora mismo me es imposible quedarme en Hogwarts. Mi madre continua en San Mungo, no sabemos que pasara con ella, parece dar signos de mejoría pero...sin embargo-de los ojos de ella comenzaron a salir lagrimas al contarlo-Mi padre ha conseguido refugio en casa de un familiar, desde hace apenas una semana vivimos allí.
-¿Pero ahora que al menos tu padre esta fuera no puedes volver?-pregunto Sidney sin comprender.
-Las cosas no van bien... ¿habéis visto los periódicos?-el ceño de su frente se arrugo y sus palabras comenzaron a salir con rabia-Esos bastardos del ministerio lo están tratando de tapar todo pero ahí fuera se está moviendo algo grande, muy grande y os puedo decir que no es nada bueno.
-¿A qué te refieres? ¿A los incidentes?-pregunto Helena.
-¿Incidentes? Ahora lo llaman así, son verdaderas masacres-su rostro había adoptado una expresión sombria-Tendrias que ver en qué estado dejaron a mis padres.
-Pero Chris eso no tiene que ver con...
-¡Por supuesto que tiene que ver!-grito su amiga-Todo está relacionado ¿Por qué no lo veis? Hogwarts os esta nublando el juicio, cuando salgáis de aquí y veáis lo que yo veo a diario vais a estar horrorizadas. San Mungo está lleno de cadáveres, hombres y mujeres gravemente heridos, niños sin padres, personas torturadas...
Tanto Romina como Helena se taparon la boca horrorizadas de lo que su amiga estaba contando, Sídney al contrario solamente seguía escuchando a su amiga, ya estaba enterada de que algo se estaba llevando a cabo afuera, aunque no alcanzaba a saber el porqué o quien lo dirigía.
-El ministerio tan solo se lava las manos y oculta las noticias, son tan cómplices de la situación como los propios asesinos.
-El ministerio jamás permitiría algo así-afirmo Sidney.
Su amiga se giro hacia ella y con rabia le espeto.
-Hablas como uno de ellos, como los asquerosos magos que defienden la intachabilidad del ministerio de magia sobre todas las cosas y que dicen que los ataques brutales tan solo son casualidades.
Totalmente sorprendida Sidney tan solo le contesto.
-¿Qué insinúas? ¿Que estoy a favor de todo eso?
-Yo ya no insinuó nada, me limito a contar lo que veo.
-Si lo que esperabas era que me pusiera a llorar por la situación que cuentas y que exclamara que el ministerio es el culpable lo siento pero no lo hare. Me apena la situación por la que tu estas pasando porque te quiero y no deseaba que te ocurriese ningún mal, ni a ti ni a tu familia. Sin embargo lo que suceda con el resto de gente no es de mi importancia y mucho menos voy a culpar al ministerio de lo que cuatro chalados puedan estar haciendo. Estoy totalmente segura que los aurores están sobre ellos.
-¿Te estás oyendo? La gente está muriendo, esto no es un juego, y tú dices que no es de tu importancia.
-¡No digo eso! Sabes perfectamente a lo que me refiero-exclamo ella enfurecida.
Christinne se marcho de allí seguida por Helena, su amiga Romina se quedo con ella pero sin embargo no estaba de ánimos como para soportar más reproches.
-Romina vete por favor.
-Pero...
-Largo-se quedo en silencio-¡Que te vayas he dicho!
En completo silencio abandono el cuarto y dejo a la chica sola, tratando de calmarse aunque no se apaciguaba.
Le costó relajarse, tomo una ducha bien caliente y trato de dormir pero se dio cuenta de que estaba demasiado alterada para lograrlo. Así que bajo al gran comedor donde a distancia veía como el resto de sus amigas cenaban. La miraban, ya lo había visto, sin embargo no se sentó con ellas, lo hizo al lado de los jugadores de quidditch. No quería levantar rumores, aunque sabía que eso sería inevitable. Que una de sus mejores amigas volviera tras tanto tiempo y que ella no cenara junto a las demás seria algo que daría que hablar, pero no tenía ganas de buscar excusas. Ni siquiera participo en la conversación que mantenían los chicos, tan solo se limito a cenar y después de ello se levanto bajo la mirada de muchos y puso rumbo a su habitación. Sin embargo antes de que pudiera andar un par de pasos alguien la llamo.
-Sidney, Sidney por favor espera.
Giro la cabeza y pudo ver a sus amigas tras ella en medio de las mesas.
-¿Qué?-contesto ella altivamente-¿Acaso queréis que sigamos con la discusión aquí abajo para que todos se enteren?
-No hemos venido a eso-contesto Romina.
-Chicas por favor, llevamos muchos años siendo amigas, hemos pasado por mucho, ¿de verdad vais a enfadaros por algo así?-trataba de mediar Helena.
Ninguna decía nada y seguían manteniéndose firmes en su postura. La mirada de muchos estudiantes estaba sobre ellas, no entendían la escena pero si se habían dado cuenta que algo ocurría.
-Sigo manteniendo lo que dije, siento lastima por tu situación pero aquel que acuse al ministerio de algo tan sucio como lo has hecho tu es porque no sabe lo que dice. El ministerio actúa por nuestro bien-dijo con soberbia Sidney.
Christinne se acerco hasta estar frente a ella.
-No quiero que una persona como tu sienta lastima por mí, no cuando defiendes a tu amado ministerio corrupto. Yo sí que siento lastima por ti, cuando salgas fuera te darás cuenta de lo que digo y para entonces será demasiado tarde.
-Quizás para lo que sea demasiado tarde es para darse cuenta de los errores que puede cometer una persona a la hora de escoger a sus amistades...Lo bueno, es que eso siempre tiene solución.
Tras decir esas palabras dio la espalda a sus amigas y se marcho de allí, acababa de lograr algo muy preciado inconscientemente. La confianza de los Slytherin. Estos habían sido testigos de la escena, a pesar de que no tenían toda la información para saber lo que ocurría entre ellas, tomaron las palabras y el rechazo de Sidney hacia su amiga y la defensa del Ministerio como un apoyo a su bando. No habían captado el sentido moral que para ella tenía la institución, tan solo pensaban que ella de verdad apoyaba lo que estaban haciendo y que la manipulación del ministerio era lo correcto. Barty, quien había jugado un papel clave en que su entorno comenzara a aceptar la presencia de ella por sus propios intereses, y había tenido más de un conflicto por ello, ahora contaba con respaldo. Sus compañeros habían visto eso y aunque eso no implicaba que hubiera ganado toda su confianza, desde luego si ejercía un buen respaldo para su integración en el grupo. Otro paso más en el plan.
Buenas! qué tal estais? espero que muyyyyy bien! Ante todo gracias por la lectura y los reviews, sois geniales ^_^
Alexza, un gusto como siempre leer tus comentarios superpositivos :) me animan muchisimo! jajaja que bueno que te tomaste los tes, el siguiente capítulo estara nuestro querido hombre y habra rato para que esten juntos ^_^ jajaja que bueno! me siento emocionada y todo viendo que te acuerdas al ver a Barty :) me sonrojo y todo jajaja un beso enorme!
Lectora de Brasil, gracias como siempre por tus ánimos. Espero que te siga gustando un monton. Un beso!
73, que bonitas tus palabras ^_^ muchas gracias por tu comentario, un placer que te este gustando. Un beso!
A todos gracias por la lectura. Un saludo!
