En este capítulo nos saltamos unos cuantos años, unos 4 podría ser, no lo he contado la verdad, solo digamos que hay un salto. También podríamos decir que este es el último capítulo y el siguiente será el epílogo, y por lo tanto, el final.

Espero que aquí encontréis todo lo que esperabais, no sé si me dejaré algo por ahí desatado, espero que no, pero si lo hago, podéis hacédmelo saber.

Y sin más, dedico mí capitulo a los que siempre cogéis un poco de vuestro tiempo para dejarme vuestro comentario:

Leroa Malfoy Hang

HarryPassion-LuvAm

Twilight-Potter

adrmil

Liliana Galadriel

barbiiie

Zafiro-MalfoyBlack

Rowina Ravenclaw

maggie hummel

MoOnsSter

Keira Potter

sailor mercuri o neptune

SeleneCassiopeiaMalfoy

Srta de Malfoy

Astoriamdq

irenelove2

nina92

Paola-Crepusculera

peor14

lobita22

manu-moony-lupin-cullen

luna-maga

Y ya os dejo leyendo:

Draco había dejado el trabajo por imposible esa mañana. Había pretendido que Alice se quedara quietecita en su mantita con sus cubos y juguetes, pero la pequeña había decidido que ese era el momento de ponerse a andar sola. Ayudándose con el escritorio de su padre, se había puesto en pie, cosa que hacía normalmente, pero esta vez caminó hasta uno de sus juguetes que se encontraba cerca de la puerta.

Draco había dejado de escribir y permanecía alerta a los temblorosos y tambaleantes primeros pasos de su hija sonriendo. Cuando la pequeña Alice se agacho a coger el juguete, el poco equilibrio que tenía, desapareció, cayendo de cabeza contra el suelo y rompiendo a llorar en el instante.

-¡oh mierda! – dijo Draco levantándose presuroso para recoger a su hija del suelo. La levantó descubriendo el bulto que comenzaba a salir en su frente. – tu madre va a matarme…

Un pequeño niño, igualito a su padre, apareció por el pasillo montado en una diminuta escoba que lo levantaba apenas un metro del suelo.

-¿Qué pasa papi? ¿Por qué llora Alice? – preguntó el pequeño preocupado.

-no es nada Gil, pero bajaremos a ponerle un poco de hielo. – Draco caminó hacia las escaleras intentando consolar a la pequeña y las bajó seguido de su hijo montado en la escoba.

-Gilbert, te he dicho cien veces que no bajes las escaleras con la escoba. Es peligroso. – pero no tuvo tiempo en hacerle bajar, le preocupaba más que Alice dejara de llorar.

-¡lo sé papi! – dijo el niño alarmado al ver la frente de su Hermana – pero es una emergencia. ¡Alice se ha hecho un chichón!

-no es necesario que grites – dijo Draco llegando a la cocina y sacando una bolsa de hielo. La envolvió en un trapo y se la puso en la frente a la pequeña.

Esta dejó de llorar al ver algo nuevo sobre su frente, y su curiosidad la llevó a tocar el frio trapo con las manitas para investigarlo.

-igualita a tu madre… - murmuró Draco sonriendo.

Gil se bajó de su escoba en un aterrizaje perfecto y se acercó a su hermana pequeña, de apenas 10 meses.

-¿estás bien Al? – le preguntó acercando su carita de preocupación hacia la de la niña y acariciándole la mejilla protectoramente.

La pequeña rompió a reír a carcajadas y se escondió en los brazos de su padre, que estaba acuclillado junto a ella. Miraba de reojo a su hermano riendo, mientras este también reía. Draco sonreía orgulloso de sus hijos.

-Gil, ponte allí, en la puerta, y llama a tu hermana.

El pequeño dejo la escoba sobre la silla de la cocina y se dirigió a la puerta. Extendiendo los brazos, llamó a su hermana.

-Al, ven aquí Alice. Ven conmigo.

-mira lo que te dice Gil, ve con él. Vamos Al – la animó Draco soltando su manita, que tenía firmemente cogida a su dedo.

La pequeña se encontró de pie, sola y se tambaleó un par de veces sin perder el equilibrio. Delante suya solo estaban los brazos de su Hermano para agarrarse, así que, riendo ante las caras que ponía su hermano, camino lentamente hasta sus brazos. Gil la abrazó cuando llegó, pero sin poder sostenerla, así que cayó de culo hacia atrás, pero protegiendo a la pequeña para que cayera encima suyo.

-¡papa! ¡Papa! ¡Has visto como ha caminado Al! Lo has visto! – gritaba el niño emocionado desde el suelo – ha llegado hasta mi, desde allí, hasta aquí.

Draco rió ante el griterío de su hijo. Por mucho que se lo pidiera, nunca dejaría de chillar así cuando estaba emocionado. El rubio cogió a su hija para que Gil pudiera levantarse. Este lo hizo y comenzó a saltar por la cocina.

-ya anda papa, ya anda. ¡Podrá jugar conmigo papa! – decía dando saltos alrededor de la mesa de la cocina. La pequeña Alice hacia fuerza en los brazos de su padre por bajar al suelo y seguir a su Hermano. Draco la dejó, pero cogida de la mano, no quería otro golpe, el cual no había bajado del todo – ¡podré enseñarla a subir en mi escoba papi! Y podrá jugar al quidditch con Lorcan, Lysander, y también con Ann…

-claro, pero no tan rápido, antes tendrás que enseñarle a andar bien del todo.

-yo le enseñare, porque soy su hermano mayor – dijo Gil con toda la lógica del mundo.

-genial, pero ahora tenemos que hacer la comida, antes de que venga mamá. – Hermione había cambiado su horario, y ahora solo trabajaba media jornada, por lo que regresaba a casa al medio día.

-¡mama! tenemos que contárselo a mamá, ya verás que sorpresa.

-seguro que sí – dijo Draco metiendo a Alice en su silla de comer.

-¡awaa! ¡Awa! – reclamaba la pequeña golpeando su mesita. Draco le acercó su biberón con agua y comenzó a hacer la comida.

-¡ya se, papa! – Gil era un niño que podría hablar durante horas si nadie le paraba, pero esto a Draco le resultaba muy gracioso. Verse a él en miniatura y tan feliz y dicharachero. Eso le hacía pensar que estaba haciendo las cosas bien como padre. El niño se acercó a él, como para hablarle de forma más confidencial – cuando venga mami no le diremos que Al ya anda sola, y así ¡le daremos una sorpresa! – gritó olvidando su tono confidencial.

-me parece un idea fantástica – le concedió su padre.

-¡hurra! – gritó el pequeño recuperando su escoba y montando en esta. Con una patada en el suelo se alzó un poco para ver mejor a su hermana en la sillita de comer - ¿Qué te parece a ti, Al?

-¡aaaahhhhh! – dijo la pequeña contenta golpeando la mesita con el biberón, hasta que se escapó de su mano y cayó al suelo.

Gil lo recogió servicialmente y se lo entregó a su padre.

-Al lo ha tirado al suelo – y luego añadió, recordando lo que siempre decía su madre – es que es pequeña… - dijo encogiéndose de hombros.

Draco rió divertido.

-y como tú eres mayor, debes preparar la mesa.

-¡siii! ¡La mesa! – dijo volando con su escoba alrededor de la mesa.

-pero sin escoba. Ve a guardarla. – el niño voló hacia el salón – ¡y las escaleras las subes andando! – le gritó el rubio, y aunque el niño gritó un "si papi" supo que no lo hizo, aunque tampoco le preocupaba demasiado, para tener tres años, tenía un perfecto control volando, y le encantaba que así fuera.

Mientras el pequeño dejaba uno de los vasos sobre la mesa, las llaves de Hermione abriendo la puerta le hicieron sonreír y salir corriendo.

-¡mami!

-hola tesoro – escuchó Draco decir a su mujer – ¿cómo te has portado hoy?

-muy bien. – dijo él y corrió a la cocina, miró a su padre sonriente, y le guiñó un ojo forzadamente, cerrando los dos, pues no sabía hacerlo bien.

-hola cariño ¿Qué tal el trabajo? – le preguntó Draco aceptando el beso que esta le daba.

-mama, ¡debes ir al salón! – decía Gil tirando de ella – corre, ¡ve!

Hermione sonrió y miró a Draco, el cual le sonrió de vuelta, asintiéndole.

-está bien, está bien, ya voy.

Draco cogió a Alice y la dejó en el suelo, cogiéndola de una mano y dejando que Gil le cogiera de la otra. Alice tenía perfectamente controlado el ir de la mano, podía incluso correr, así que fueron así hasta llegar frente a Hermione, sentada en el sofá. En ese momento, ambos soltaron a la pequeña.

Hermione miró a Draco emocionada al ver a la pequeña aguantarse sola de pie, y este sonrió cómplice, también emocionado al ver esa escena.

-no me digas que…

-llámala mamá. ¡Llámala! – le pidió Gil poniéndose junto a su madre para ayudarla a llamar a Al, la que no necesitaba muchos alicientes para querer llegar hasta su madre. Esta vez lo consiguió de forma mucho más segura.

Hermione la alzó en el aire haciendo reír a la pequeña.

-¡Al! Resulta que mamá se va unas horas y te haces una mayor – reía Hermione, al igual que su hijo al haberle dado esa sorpresa. – aunque no creas que no he visto ese chichón… - dijo Hermione todavía sonriendo y mirando a Draco, el cual perdió la sonrisa.

-lo siento Hermione, estaba pendiente de ella, pero no pensé que pudiera caerse, la estaba vigilando en todo momento pero se agachó… - explicaba Draco.

-Draco… los niños se caen, no pasa nada… - le dijo acercándose a él y dándole un suave beso en los labios - ¿Quién vigila el fuego?

-¡mierda! – dijo Draco antes de salir corriendo.

-papa ha dicho mierda… - dijo Gil.

-es cierto, y eso no se dice ¿verdad? – el niño negó frenéticamente con la cabeza.

A pesar de todo, la comida se había salvado. Con el paso del tiempo, y a fuerza de tener que dar de comer a los niños, Draco había aprendido a cocinar decentemente, pero por suerte para él y los niños, de la cena se encargaba Hermione.

Por la tarde, Gil reclamaba por su hora de parque. Sabía que hoy no le tocaba estudiar y podría estar más rato. Ya que era muy pequeño, Hermione le hacía trabajar solo dos días a la semana, y no es que hicieran falta más, pues aprendía con una asombrosa facilidad. Solo había que ver su forma de hablar, no decía ni una sola palabra incompleta o mal dicha.

-está bien, nos vamos – dijo colocando a Al en su carrito - ¿vienes Draco?

-debo adelantar el trabajo que estos dos diablillos no me han dejado acabar en la mañana – dijo agachándose para que Gil le diera un beso antes de salir corriendo hacia el jardín imitando un avión. Él mismo le dio un beso a su hija en la coronilla, que reía mirando a su hermano. Después le dio un beso a Hermione, la cual le atrajo hacia sí cuando él trató de separarse, profundizando su beso.

-tengo ganas de estar a solas contigo, de disfrutarte para mí.

-seguro que tus padres estarán encantados de quedarse con los niños este fin de semana. Además de que los niños también lo estarán – Hermione sonrió, pues la sonrisa de Draco le decía lo que venía ahora – y yo me pasaré el fin de semana entero haciéndote el amor – le susurró bajando la voz.

Hermione sonreía prendada de los ojos grises de su marido, cuando Gil les sacó de sus pensamientos.

-¡oye! ¡El parque!

-bien, nos vamos.

Cuando llegaron al parque, Gil corrió hacia Lorcan y Lysander que se encontraban en el arenero haciendo una gran montaña de arena. Hermione se acercó a Theo, que les vigilaba desde un banco cercano. Se sentó y bajó a Alice del carrito, a la cual dejó cogida al banco, mientras se agachaba y cogía piedras del suelo y las volvía a dejar caer.

-hola Theo ¿no ha venido Luna?

-no, tenía que acabar el numero de mañana del quisquilloso ¿y Draco?

-estos dos no le dejan acabar el trabajo por la mañana, como de costumbre, está terminando, sabes que le gusta llevarlo todo al día.

-la verdad es que los niños dan mucho trabajo. Sobre todo estos dos terremotos. Hoy decidieron que sus manos serían una bonita portada para el quisquilloso. Cuando Luna y Xenophilius se dieron cuanta, ya habían impreso 26 ejemplares. – Hermione rió con ganas, haciendo reír también a Theo – por eso Luna ha tenido que quedarse a solucionar el incidente.

Ya que Theo trabajaba en el ministerio, Luna se llevaba a los gemelos a casa de su padre, pero cuando no hacían una, hacían otra.

Vieron aparecer corriendo a Ann, que se unió a los chicos en su montaña de arena, por lo que Ginny y Blaise debían andar cerca, y así era, llegaban cogidos de la mano.

Como ambos trabajaban en el ministerio, Ann solía quedarse en casa de los Weasley con su abuela, lo que le alegraba la vida a la mujer, pues ya ninguno de sus hijos seguía en la madriguera, a pesar de las constantes visitas. Ahora tenía varios nietos de los que cuidar, por lo que era feliz.

-hola chicos – saludo una embarazadísima Ginny, casi a punto de dar a luz.

-¿Qué tal? – saludó también Blaise. Y los cuatro se pusieron a charlar, como hacían cada tarde.

Aunque Ginny y Blaise habían intentado tener niños incluso antes que Hermione y Draco, Ginny había tenido algunos problemas para quedarse embarazada, pero nada que no pudieran solucionar los medimagos de San Mungo. Por lo que al final Ann había nacido unos meses después de Gil, en cambio, los gemelos se llevaban casi dos años con el resto. Ahora, de nuevo, Ginny estaba embarazada de su segunda niña y a punto de dar a luz.

-¡mama! ¡Lorcan me ha mojado! – se quejó Ann tirando de su camiseta en la que se podía ver un rodal de agua.

Los adultos levantaron la mirada para no encontrar a los chicos en el arenero, sino en la fuente empapándose los unos a los otros.

-¡niños! – gritó Theo caminando hacia ellos.

-no te preocupes princesa, papa te cambiara ¿vale? – le dijo Blaise con todo el cariño del mundo, pues ahora tenía dos princesas, camino de tres, y era el hombre más feliz del mundo. La niña tenía perfectamente claro como conquistar a su padre, en eso se parecía a su madre. Estiró sus bracitos de un moreno precioso, como si acabara de tomar el sol en todo momento, hacia su padre y puso cara de pena, consiguiendo que el chico la levantara en brazos y la mimara y consolara.

Ginny no dijo nada, pues sabía que todo eso se lo copiaba a ella. Estaba orgullosa de su pequeña manipuladora.

Notó una pequeña manita tocando su vientre y encontró a Alice examinándolo. La pelirroja sonrió y levantó a la pequeña para sentarla sobre ella, lo que le permitió tocar el vientre con más facilidad, mirando a Ginny con carita interrogante.

-Hermione, esta niña a salido igualita a ti, lo quiere saber todo – rió Ginny haciendo reír a Hermione.

En ese momento llegó Theo con los niños tras él, los cuales miraban al suelo.

-ven aquí Gil – le pidió Hermione seria. El niño se acercó – sabes que ahora tendremos que irnos ya a casa – le dijo tranquilamente.

-pero mamá, todavía no he acabado de jugar… - se quejó Gil sin muchas fuerzas.

-eso debiste pensarlo antes de mojarte, ya no estamos en verano…

-pero es que… - el pequeño iba a añadir que Lorcan había empezado salpicándolo, pero no quería acusar a su amigo – está bien… lo siento.

-chicos, despediros, nos vamos a casa, y quizá mañana no vengamos…

-pero papa, solo ha sido un poco de agua – se quejó Lorcan.

-además hoy no hace frio – le siguió Lysander.

-nos vemos chicos – dijo Theo despidiéndose con una sonrisa.

-nos dormiremos enseguida esta noche si mañana nos dejas venir – propuso Lysander mientras se alejaban.

-si papi, no nos levantaremos, ¡de verdad! – escucharon decir a su hermano.

Y así, cada uno, se fue a su casa, quedando en verse al día siguiente.

Respecto a los nombre, se que son muy normales, pero no sé, me gustaban esos y ya dije que no podía ser ningún nombre ya usado en el libro, no me parecía bien.

Espero que os haya gustado, solo he recreado la vida diaria de Draco y Hermione, porque al fin y al cabo, esto es un Dramione ¿no? Jeje ¿Qué os a parecido Draco de padre? A mo me parece un encanto… me lo imagino así, totalmente diferente a su padre.

Bueno, como una especie de pregunta para el epílogo, y como la última pregunta de este fic: ¿Dónde decís que acabarán Ann y Gil en Hogwarts? Podría ser cualquier casa, hagan sus apuestas.

Muchos besos!