Pokémon Reset Bloodlines – Interludio de Maylene

Por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: Algunos gimnasios se pasan de padres a hijos, otros de maestros a discípulos. El Gimnasio de Ciudad Veilstone es del segundo tipo, y esta es la historia de cómo Maylene se convirtió en su líder.


Región Sinnoh, Ciudad Veilstone…

Para todo líder de gimnasio, tarde o temprano le llega el momento de dejar su puesto y pasar el título a un sucesor. Ya fuese por retirarse por la edad, sentar cabeza o ir por un puesto más alto, como el Alto Mando o el título de Campeón Regional, el líder siempre tenía que estar seguro de dejar su gimnasio en buenas manos. Algunos eran heredados generación tras generación dentro de la familia, pero ese no era el caso para el Gimnasio Veilstone, que además fungía como dojo de artes marciales. La tradición dictaba que el gimnasio se pasaba no de padres a hijos, sino del maestro al discípulo más fuerte.

Maylene no podía creer que la habían elegido a ella. Cuando llegó por primera vez, solo era una niña pequeña de pelo rosado cuyo pequeño tamaño la hacía un blanco fácil para los abusones, y tampoco ayudaba mucho tener como padre a un apostador compulsivo que tenía deudas con prácticamente toda la ciudad. Pero un día ya no pudo más, y decidió literalmente golpear las puertas del gimnasio local para aprender a defenderse. Le suplicó al entonces líder del gimnasio, Kanoi Tanimoto-sensei, que la aceptara como discípula, dispuesta a hacer lo que fuera. Sorprendentemente, Tanimoto-sensei la aceptó sin pensarlo dos veces.

Casi diez años habían transcurrido desde entonces. A sus diecinueve y medio, Maylene no era particularmente alta o voluptuosa, pero su figura delgada y atlética ciertamente le daba un encanto único, pues evidenciaba los años de duro entrenamiento. Imitando los movimientos de sus Pokémon, había desarrollado su propio estilo de artes marciales, que le valió varias victorias en torneos locales, sin mencionar que le ayudó a quitarse de encima muchas de las deudas de su padre.

En ese momento se encontraba practicando katas con su Lucario, como siempre siguiendo sus movimientos cuando este ejecutaba uno de sus ataques. Llevaba puesto su atuendo usual de entrenamiento, un leotardo azul y negro, guantes de combate a juego, y un par de pantalones blancos holgados. Como siempre sus pies estaban descalzos, que era en parte la razón de haberse ganado el apodo "la Genio de Combate Descalza". Ella y Lucario se encontraban frente a un par de muñecos de entrenamiento, el segundo hecho de material más resistente para soportar ataques de Pokémon.

- ¡Fuerza de Palma!

Al oír su orden, Lucario echó atrás su brazo izquierdo, dando una poderosa palmada al frente y enviando una ráfaga de energía verde de corto alcance. Maylene hizo lo mismo, golpeando a su muñeco en el pecho con la palma tan fuerte como pudo para empujarlo hacia atrás.

- ¡Patada llameante!

Siguiente, Lucario echó atrás su pierna derecha, prendiéndola en llamas, y entonces saltó para ejecutar una patada giratoria, dejando un rastro llameante tras de sí. Maylene hizo lo mismo, excepto que sin el fuego, y cada uno le dio la patada giratoria a la nuca de su muñeco. Tras aterrizar, ella y Lucario volvieron a tomar su postura.

- ¡Aura Esfera!

Lucario tomó su distancia y formó en sus manos un orbe de energía azul. Ya que Maylene no podía arrojar energía de la misma forma, solamente siguió sus movimientos agachándose ligeramente y juntando las manos, para luego empujarlas al frente al unísono junto con Lucario para dar una doble palmada al estómago de su muñeco. En una pelea real, esto probablemente le habría sacado el aire al oponente o al menos empujado unos pocos metros. Al mismo tiempo, Lucario lanzó su Aura Esfera al frente, golpeando en el mismo lugar. Hecho esto, entrenadora y Pokémon se relajaron y tomaron un profundo respiro.

Y entonces escuchó a alguien aplaudiendo cerca. Maylene se dio la vuelta para encontrarse con un hombre joven que parecía en sus veintitantos, con pelo púrpura oscuro amarrado en una coleta, que llevaba una camiseta rosa pálido, pantalones grises y un delantal verde, sonriéndole mientras aplaudía. Ella se lo devolvió de igual manera.

- ¿Disfrutando del show, Reggie? – le preguntó.

- Solo un poco. – El joven, llamado Reggie, se rio mientras se le aproximaba. – ¿Lista para tu gran pelea mañana?

- Eso espero. – dijo la pelirrosa. – Sigo sin poder creerlo, ¿el sensei me eligió a mí en vez de a su hijo?

- ¿Por qué te sorprendes? – Reggie se encogió de hombros. – Eres la mejor peleadora de este dojo, y la entrenadora más fuerte.

- Kiya no parece estar de acuerdo. – replicó Maylene. – No está feliz con la decisión de Tanimoto-sensei.

- ¿Estás preocupada? – preguntó Reggie. – Tus Pokémon pueden hacer pedazos a los de él cualquier día de la semana; no creo que tú tengas problemas para vencerlo a él. Bueno, su Machoke es el único que puede darte problemas, pero aun así.

Maylene volvió a sonreír, mientras miraba a Reggie a los ojos. Significaba mucho que creyera tanto en ella. Luego de que Kiya había hablado en contra de su padre al anunciarla como la sucesora, la desafió por el derecho de volverse líder del gimnasio y heredero del dojo. La primera parte tenía que decidirse con una batalla Pokémon, y la segunda en un combate directo entre los dos.

- De un modo u otro, Tanimoto-sensei confía en mí. – dijo ella. – Le debo mucho, así que no puedo fallarle en esto.

- No te preocupes. – dijo Reggie. – Kiya tal vez tenga algunos años de experiencia más que tú, pero tú tienes algo que él no: el corazón de una verdadera peleadora.

Maylene no estaba segura de qué decir a eso, pero le sonrió con gratitud. Reggie siempre parecía tener las palabras para animarle el espíritu cuando se sentía insegura o intranquila respecto a algo. Un poco extraño, ya que apenas unos años antes había sido una persona totalmente diferente. Demasiado competitivo para su propio bien.


A la mañana siguiente…

Maylene no había cambiado su rutina matutina desde que llegó al Gimnasio Veilstone por primera vez. Todos los días, se paraba temprano, se lavaba los dientes, se daba un baño, desayunaba y se iba a hacer ejercicios de estiramiento antes de comenzar con el verdadero entrenamiento. De las enseñanzas de Tanimoto-sensei había aprendido que ser entrenadora Pokémon (y por extensión líder de gimnasio) y ser artista marcial tenían muchas cosas en común: ambas requerían mucha disciplina, trabajo duro y un carácter fuerte, así como un deseo de mejorarse uno mismo y a sus Pokémon.

- Es hora. – dijo mientras se apretaba el cinturón y se ajustaba sus guantes de combate. Agarró sus Pokébolas, tomó un profundo respiro y se dirigió al área de la arena de batalla.

Los estudiantes ya estaban allí esperándola, al igual que Tanimoto-sensei y Kiya. Maylene se sorprendió de ver entre los espectadores a Reggie. El criador le dio un pulgar arriba para desearle suerte, y ella le sonrió. Luego miró a su oponente, que ya estaba en posición y no muy feliz de verla.

Kiya era casi la viva imagen de su padre en sus mejores días, con el mismo pelo rubio y ojos grises de Tanimoto-sensei, aunque su semblante irradiaba un aura más de arrogancia que de calma y sabiduría como el de su padre. Ya traía puesto su gi de entrenamiento negro y rojo, y una banda roja sostenía su cabello parado.

- Por fin apareces. – le dijo. – No planeo dejar que me quites lo que me pertenece por derecho.

- Que gane el mejor. – dijo Maylene, tomando su posición en la arena. Kiya hizo lo mismo y Tanimoto-sensei dio un paso al frente.

- Esta será una batalla Pokémon oficial para definir el derecho de convertirse en líder del Gimnasio Veilstone. Cada uno tendrá permitido utilizar tres Pokémon. Las sustituciones no están permitidas.

- Solo obsérvame, padre. – Kiya tomó su primera Pokébola. – Te mostraré que no hay nadie mejor que yo para heredar este gimnasio y dojo. ¡Ve, Hitmonlee!

- ¡Lee, lee, hitmonlee! – El primer Pokémon de Kiya apareció en el campo, dando algunas patadas para presumir.

- ¡Medicham, ve! – Maylene lanzó su propia Pokébola.

- ¡Cham, medicham!

- ¿Listos? – Tanimoto-sensei levantó la mano. ¡A PELEAR!

- ¡Hitmonlee, Patada Doble! – ordenó Kiya.

- ¡Hitmonlee! ¡Lee, lee, lee, lee!

- ¡Detectar! – contraatacó Maylene.

En cuanto Hitmonlee saltó al frente y trató de soltarle una lluvia de patadas a Medicham, los ojos del Pokémon meditador brillaron de verde y esquivó cada ataque sin problemas. Maylene tuvo que resistirse el impulso de darse una palmada en la cara. Kiya era un buen entrenador y peleador, pero uno de sus mayores defectos era lo predecible que podía ser; siempre iniciaba los encuentros tratando de conectar el primer golpe. Su filosofía siempre era "golpea primero y más fuerte antes que el oponente pueda responder".

- ¡Cabezazo Zen! – ordenó Maylene.

- ¡Oh no, no lo harás! – dijo Kiya. – ¡Hitmonlee, Doble Equipo!

Tomando ventaja de su tipo, Medicham trató de golpear a Hitmonlee en la cabeza con la suya propia, mientras esta brillaba de azul. El ataque falló cuando varias imágenes de Hitmonlee aparecieron por todo el campo, tratando de elevarse.

- ¡Meditación, ahora! – dijo Maylene.

- ¡Cham! – Medicham adoptó una postura relajada y cerró los ojos mientras comenzaba a brillar. Aparte de aumentar su poder, la Meditación tenía otro propósito: irradiar el aura psíquica para percibir los movimientos de Hitmonlee en cuanto se le acercara. Incluso con el Doble Equipo, no podría ocultarse para siempre entre los clones; tendría que acercarse para poder atacar. Solo necesitaban esperar.

- ¡Mega Patada!

Hitmonlee se lanzó a la carga, listo para dar una poderosa patada hacha, pero Medicham abrió los ojos y levantó el brazo izquierdo para bloquear el ataque. El Pokémon retrocedió ligeramente, pero la patada no pareció afectarle de seriamente.

- ¡Puño de Fuego! – ordenó Maylene. Medicham envolvió su puño derecho en llamas y golpeó con fuerza a su oponente. Hitmonlee retrocedió, recibiendo una marca de quemadura justo en medio de los ojos. Tuvo que parpadear unas pocas veces antes de recuperar la vista lo suficiente y poder volver a la pelea.

- ¿Así que quieres jugar con fuego? ¡Patada Llameante!

Hitmonlee prendió en llamas su pierna derecha y dio una patada giratoria alta. Medicham la esquivó, pero pronto le siguió otra en la dirección opuesta, y luego una tercera al pecho, forzando a Medicham a bloquear con los brazos cruzados. La última patada fue bastante dura y la empujó hacia atrás, pero todavía no caía, así que Kiya decidió seguir presionando con las patadas de fuego para agotarla.

A primera vista, parecía que Hitmonlee tenía total control de la pelea, soltando una ráfaga de patadas de fuego y forzando a Medicham a ponerse a la defensiva. Aunque sus patadas eran fuertes y rápidas, Medicham y Maylene solo esperaban una abertura clara para comenzar su contraataque, y dejar que Kiya y Hitmonlee creyeran que iban ganando era parte de su estrategia. Soportar los golpes de frente y amortiguando el daño era una forma de lidiar con un oponente más fuerte que tú, forzándolo a desperdiciar su energía en ataques fuertes desde el principio para que no le quedara nada para defenderse después. Hitmonlee ejecutó una Patada Llameante con voltereta atrás hacia la mandíbula de Medicham, haciéndola caer hacia atrás, y Kiya sonrió al considerar esto su oportunidad para dar el golpe de gracia.

- ¡Ja, eso te enseñará! ¡Ahora, Patada de Salto Alto y termina con ella!

- ¡Hitmonlee! – Hitmonlee saltó tan alto como pudo y descendió listo para golpear a Medicham con la rodilla. Maylene esperó hasta el último momento posible para dejarlo celebrar su victoria un momento.

- ¡Ahora! – gritó. Medicham abrió los ojos, que brillaron verde por el uso de Detectar, y rápidamente rodó hacia un lado, causando que Hitmonlee se estrellara contra el suelo y se quejara del dolor. El piso acojinado suavizó un poco el daño, pero todavía le dolió.

- ¡Puño Drenador, ahora! – gritó Maylene, dando un puñetazo ella misma, imitando a Medicham mientras ella golpeaba al indefenso Hitmonlee en la espalda.

- ¡Hitmonlee, sal de ahí! – gritó Kiya, pero fue demasiado tarde. El puño brillando de verde conectó, succionando la energía de Hitmonlee para reponer la de Medicham. Esto aunado al daño que recibió por fallar la Patada de Salto Alto aseguraría que no estaría en más condición para continuar, así que Maylene decidió ponerle fin a esta ronda y no prolongar su sufrimiento más de lo necesario.

- ¡Cabezazo Zen! – ordenó.

- ¡Medi… CHAM!

Un solo cabezazo encima de Hitmonlee fue suficiente. Los ojos del Pokémon pateador empezaron a dar vueltas y se tambaleó un poco antes de dejarse caer inconsciente, para la ira de Kiya. Tanimoto-sensei levantó la mano hacia Maylene.

- ¡Hitmonlee ya no puede continuar! ¡Medicham es la ganadora!

- ¡Regresa! – Kiya regresó a Hitmonlee a su Pokébola, sin poder creer que había perdido. No podía creer que había perdido. – Tuviste suerte esta vez, pero no volverá a suceder. ¡Primeape, tu turno!

- ¡Primeape! – El simio-cerdo apareció en el campo, e igual que Hitmonlee, decidió hacer un pequeño show de habilidad, excepto que lo hizo con los puños en vez de dando patadas, antes de mirar a Medicham. Maylene decidió no cambiar, Medicham parecía estar bastante bien para soportar otro asalto, y quería guardarse a su as para el final.

- ¿Listos? – Tanimoto-sensei volvió a levantar la mano para iniciar el siguiente round. – ¡A PELEAR!

- ¡Primeape, Provocación!

- ¡Prime! – Los ojos de Primeape brillaron con una luz oscura, mientras hacía un gesto de "ven para acá" con una de sus manos. El mismo brillo apareció en Medicham, causando que Maylene se mordiera el labio. Eso era malo: Provocación deshabilitaba sus ataques de Meditación y Detectar, lo que significaba que tendría que pelear contra Kiya en su propio terreno por un momento.

- ¡Veamos qué te parece esto! ¡Castigo!

- ¡Prime! – Los puños de Primeape empezaron a brillar de púrpura y se lanzó a la carga contra Medicham.

- ¡Contraataca con Doble Puño de Fuego! – gritó Maylene.

- ¡Cham! – Medicham prendió en llamas sus dos puños y también se lanzó contra Primeape.

Ambos Pokémon se trabaron en un rudo combate cercano a puñetazos, con fuego y energía oscura volando por todo el lugar, tratando de golpear al contrario en la cara y el cuerpo y a la vez cubriéndose de los golpes del adversario. Primeape logró conectar el primer golpe con un gancho al hígado, pero Medicham contraatacó rápidamente con un golpe cruzado de fuego directo a la nariz que hizo retroceder a Primeape. Primeape replicó con un par de jabs de derecha al rostro, haciendo que Medicham retrocediera un poco, y se preparó para dar un gancho de izquierda.

- ¡Medicham, Cabezazo Zen! – exclamó Maylene.

Justo cuando el puño de Primeape estaba a punto de conectar, Medicham lo interceptó con su cabeza. La colisión de energías hizo que los dos Pokémon salieran despedidos hacia atrás, pero Medicham pareció recibir la peor parte. Primeape tuvo que sacudirse el puño mientras Medicham tuvo la cabeza dándole vueltas por un rato, dejándola expuesta.

- ¡Combate Cercano! – ordenó.

- ¡Primeape! – El cerdo simiesco levantó sus puños y saltó sobre la todavía mareada Medicham, soltando una ráfaga de puños y patadas a gran velocidad, terminando con un uppercut que la envió a volar de espaldas. Luchó por volver a levantarse, pero finalmente lo logró, mirando desafiante a Primeape. Estaba herida, pero dispuesta a continuar.

- Tengo que darte crédito, Maylene, tu Pokémon no es tan débil como pensé. – dijo Kiya. – Pero no va a durar mucho más contra el mío.

- Eso está por verse. – dijo Maylene. Quizás se hubiera dado cuenta ya de la mayor ventaja de Medicham, pero eso no quería decir que no tuviera otros movimientos en espera. Tendría difícil tratar de usar Puño Drenador otra vez, ya que Kiya no caería dos veces con el mismo truco. Hora de cambiar el enfoque.

- ¡Castigo! – ordenó Kiya.

Primeape una vez más envolvió sus puños en energía oscura y se lanzó al frente, más que feliz de seguir usando a Medicham como saco para golpear. Esta vez, el Pokémon de tipo Psíquico/Luchador no hizo ningún esfuerzo por contrarrestar los golpes por un rato, hasta que Primeape estaba listo para dar el golpe de gracia.

- ¡INVERSIÓN! – gritó Maylene.

- ¡¿QUÉ?! – jadeó Kiya.

Medicham atrapó el último puñetazo de Primeape justo cuando casi le da en el pecho. Una energía espiral empezó a resplandecer en las manos de Medicham, que miró fijamente a los ojos de Primeape, ensanchados por el shock y el miedo de lo que estaba por venir. Con un fuerte grito, Medicham le dio una doble palmada directo en la cara a Primeape, volándolo por encima de la cabeza de Kiya, y estrellándose fuera de la arena. Dejó salir un patético gemido mientras se esforzaba por levantarse, pero falló.

- ¡Primeape ya no puede continuar! ¡Medicham gana! – declaró Tanimoto-sensei.

Medicham y Maylene se permitieron sonreír al ver la expresión de furia de Kiya. Dos fuera, solo uno más. Sin embargo, un par de segundos después, Medicham no pudo más con el agotamiento y cayó de rodillas. El daño sufrido, aunado a la energía invertida en usar ese último ataque de Inversión había pasado factura. Había ganado, pero a un alto costo.

- Suficiente. – dijo Maylene sosteniendo su Pokébola. – Ya hiciste tu parte, buen trabajo. Ahora toma un descanso.

- Esto no puede estar pasando… ¿cuándo diablos aprendieron ese ataque? - preguntó Kiya, en shock.

- Llevamos dos semanas practicando. Creí que podría ser útil en este momento. - replicó Maylene.

- ¡¿Ah sí?! ¡Bueno, todavía me queda uno, y es todo lo que necesito para vencerte! ¡Vamos Machoke!

- ¡Machoke! – El Pokémon final de Kiya flexionó sus músculos y asumió su postura.

- ¡Lucario, ve!

Apareciendo en el campo, Lucario miró fijamente a los ojos de Machoke. En batallas Pokémon de entrenamiento, los dos habían desarrollado una cierta rivalidad. Se habían enfrentado un total de diez veces, y cada uno tenía cinco victorias y cinco derrotas. Este era el duelo decisivo para determinar quién era el más fuerte. Aunque Maylene todavía tenía otro Pokémon más en reserva, contaba con que Lucario ganara esta batalla, viendo que era el único oponente al mismo nivel del Machoke de Kiya. Pero en preparación para este encuentro, había estado estudiando y practicando algunos nuevos movimientos, específicamente para contrarrestar los de Kiya y su Machoke.

- ¿Listos? ¡A PELEAR!

- ¡Machoke, Onda Centrada!

- ¡Machoke! – Machoke juntó sus manos y empezó a formar un orbe de energía amarilla. Maylene y Lucario decidieron responderle de igual forma.

- ¡Lucario, Aura Esfera!

- ¡Grrrr! – Lucario también juntó sus manos para formar su propio orbe de energía, aunque era azul en lugar de amarillo, haciendo que creciera hasta casi el mismo tamaño que el de Machoke. Ambos Pokémon soltaron sus ataques al mismo tiempo, cancelándose uno al otro. Al aclararse el humo, los dos se miraron fijamente.

- ¡Puño Trueno! – gritó Kiya.

- ¡Machoke! – El puño derecho de Machoke empezó a lanzar electricidad, y se lanzó de frente para dar un poderoso golpe.

- ¡Lucario, contraataca con Hueso Veloz!

- ¡Grrrr! – Lucario juntó sus manos y las separó para formar un largo hueso de energía, sosteniéndolo como un bastón. En cuanto Machamp se acercó lo suficiente, Lucario usó el hueso para golpearlo en la muñeca y desviar el Puño Trueno, y después siguió con unos cuantos golpes rápidos: primero al estómago, al hombro y a la rodilla para sacarlo de balance.

- ¡Ahora, Fuerza de Palma! – gritó Maylene. Todavía sujetando el hueso con la mano izquierda, Lucario se preparó para dar el golpe con la palma derecha, apuntando directo al pecho de Machoke.

- ¡Contraataque! – gritó Kiya.

Machoke cruzó los brazos enfrente del pecho y empezó a brillar con un aura anaranjada. En cuanto la Fuerza de Palma conectó, Machoke retrocedió solo un poco, y toda la energía fue canalizada a su puño derecho, para darle un tremendo golpe en toda la cara a Lucario que lo mandó a volar. El Pokémon de Maylene consiguió enderezarse en el aire, y aterrizó en postura de tres puntos, todavía sujetando su hueso de energía.

- ¡Terremoto! – gritó Kiya.

Machoke levantó ambos puños en el aire y los estampó violentamente contra el suelo, enviando unas poderosas ondas sísmicas por todo el lugar. Reggie tuvo que agarrarse de su asiento, y varios de los estudiantes casi entraron en pánico por la sacudida de la tierra, pero Tanimoto-sensei, Kiya y Maylene permanecieron estáticos. Lucario apretó los dientes y soportó el dolor del ataque, abriendo un ojo en rendija para ver a Machoke.

- ¡Velocidad Extrema! – ordenó Maylene.

Una vez que el Terremoto cesó, Lucario se desplazó en un parpadeo y se colocó detrás de Machoke antes de que pudiera darse la vuelta y lo embistió con el hombro en la espalda. Maylene le hizo seguir con algunos golpes de Hueso Veloz, y entonces saltó para conectarle uno directo a la cabeza.

- ¡Bloquéalo! – gritó Kiya.

Antes que el hueso lo alcanzara, Machoke lo atrapó entre sus palmas, para sorpresa tanto de Lucario como Maylene. Inmediatamente sujetó a Lucario para atraparlo en un agarre, tomando ventaja de su fuerza y constitución superior y se lo llevó rodando en un ataque de Sumisión, que terminó aplastándolo bajo su peso contra el suelo.

- ¡Ya ríndete, o haré que Machoke le rompa cada hueso en su cuerpo a tu Lucario! – amenazó Kiya.

Maylene apretó sus dientes. Machoke tenía a Lucario aplastado contra el suelo, pero no iba a rendirse tan fácilmente. Lucario todavía tenía sus manos libres, y había una forma de quitarse a Machoke de encima.

- ¡Lucario, doble Fuerza de Palma contra el suelo!

- ¡RAAAAAHHH! – Lucario levantó ambas manos y las cargó de energía verde. Golpeó contra el suelo con fuerza para empujarse hacia arriba y quitarse de la espalda a Machoke. Apenas volvió a ponerse de pie, Maylene tomó su oportunidad para presionar en la ofensiva.

- ¡Sigue así! ¡Fuerza de Palma a fuego rápido!

Todavía con la energía verde en sus manos, Lucario comenzó a asaltar a Machoke alternando golpes de palma contra su pecho, dando un paso al frente con cada golpe e incrementando la velocidad y la fuerza para empujar a Machoke hacia atrás.

- ¡Patada llameante! – ordenó Maylene. La pierna derecha de Lucario se prendió en llamas y ejecutó una patada con voltereta atrás directo a la quijada de Machoke. El Pokémon musculoso aterrizó duro sobre su espalda, y Maylene vio su oportunidad de terminar el encuentro de una vez por todas. - ¡Aura Esfera, máximo poder!

- ¡Tú también, Onda Centrada! – gritó Kiya, mientras Machoke trataba de volver a ponerse de pie.

Ambos Pokémon comenzaron a cargar sus ataques, y sus orbes de energía fueron aumentando de tamaño hasta ponerse como pelotas de playa. Desgraciadamente para Machoke, Lucario terminó de cargar su Aura Esfera primero y la lanzó, golpeando a Machoke antes de que pudiese arrojar su Onda Centrada. Para empeorar, cuando volvió a caer hacia atrás, Lucario le saltó encima y le dio una última Patada Llameante para rematarlo, aterrizando en su estómago y sacándole todo el aire. Los ojos de Machoke se quedaron en blanco y se desparramó inconsciente.

- ¡Machoke ya no puede continuar! – declaró Tanimoto-sensei. – ¡Lucario es el ganador, y la victoria es para Maylene!

Los estudiantes comenzaron a vitorear y a aplaudir alegremente. Maylene y Lucario respiraron de alivio, mientras Kiya retornaba a su caído Machoke y gruñía de rabia.

- ¡Cállense! – les gritó a todos, y luego se volvió hacia Maylene. – ¡No celebres todavía! ¡Puede que tus Pokémon hayan vencido a los míos, pero tú todavía tienes que vencerme a mí por el dojo!

Maylene rodó sus ojos. Sabía que esta no sería una batalla fácil, pero Kiya era muy parecido a sus Pokémon. Fuerte y habilidoso, pero muy propenso a enfurecerse y a cometer errores, y ella podía aprovecharse de eso. Por supuesto, eso también era una espada de doble filo, pues podía ponerse muy violento al enfurecerse, así que tenía que tener cuidado de no presionar demasiado sus botones.

- Al frente los dos. – dijo Tanimoto-sensei. Los dos caminaron hacia el centro de la arena. – Oficialmente, el liderazgo de este gimnasio ha sido pasado a Maylene. Pero aún tenemos que determinar quién de ustedes dos heredará el dojo de artes marciales.

Maylene y Kiya miraron al sensei, y después se miraron entre ellos. La ahora líder del Gimnasio Veilstone mantuvo su sangre fría, pero Kiya la veía enfurecido, dándole una desagradable mirada que decía claramente "Vas a pagar por esto". Maylene casi lamentaba tener que hacer esto. Casi, porque Tanimoto-sensei se enorgullecía mucho de dirigir este gimnasio y dojo, pero su hijo no compartía sus mismos ideales. El viejo maestro había puesto sus esperanzas en ella para que le enseñara una lección a Kiya derrotándolo.

- Maylene, hay una razón por la cual te elegí como mi sucesora al gimnasio y al dojo. Es verdad que mi hijo tiene un talento remarcable, pero sus habilidades lo han vuelto… violento y arrogante a veces. Solo le importa el poder y probar su superioridad ante los demás. He hecho lo mejor que he podido para pasarles las enseñanzas de mis predecesores a todos ustedes, y no hay nadie en quien confíe más para continuar con mi legado. Por favor, necesito que le enseñes a mi hijo que las habilidades deben ser templadas con paciencia, humildad y compasión.

Esas habían sido las palabras de Tanimoto-sensei luego que Kiya protestó sobre la decisión. Maylene seguía todavía algo insegura de ser elegida como la sucesora, pero algo era seguro, no podía permitir que alguien tan arrogante como Kiya mancillara su reputación.

- Ambos pelearan bajo las reglas estándar de este dojo. – dijo Tanimoto-sensei. – Ganarán por KO o por sacar al oponente del ring.

- ¡No creas que me voy a contener porque seas una chica! – dijo Kiya.

- No tienes que hacerlo. – replicó Maylene, asumiendo su postura.

- ¿Listos? ¡A PELEAR!

Apenas oyó la palabra, Kiya se lanzó a Maylene con una lluvia de puñetazos. Maylene cruzó ambos brazos en frente de su cara para bloquearlos mientras saltaba hacia atrás, amortiguando el daño. Kiya no se amilanó y siguió con una patada baja. Ella saltó hacia atrás para evitarlo, y Kiya presionó con un combo de tres patadas similar al de Hitmonlee al usar Patada Llameante. Por lo visto ella no era la única que aprendía de sus Pokémon.

Desde las tribunas, Tanimoto-sensei miró a ambos combatientes. Los dos estaban bastante equilibrados en términos de habilidades generales. Kiya tenía la ventaja de fuerza bruta y algunos años de experiencia, mientras que Maylene era más ágil y su constitución delgada y pequeña la ayudaba a evitar los golpes. Igual que en la batalla Medicham vs Hitmonlee, estaba tratando de hacer que Kiya desperdiciara su energía con ataques fuertes para hacerlo agotarse, y entonces, comenzaría su contraataque.

- ¡Estate quieta! – le gritó. Maylene solo mantuvo la calma y continuó esquivando y desviando sus golpes. Furioso, él se lanzó contra ella y trató de agarrarle el brazo para hacerle una llave de judo.

Desafortunadamente, Kiya no se dio cuenta de que Maylene lo dejó atraparla a propósito y no trató de soltarse del agarre. En vez de eso, usó el impulso para invertirlo y de repente fue el hijo del sensei el que se encontró volando por los aires, aterrizando sobre su retaguardia con un golpe seco. Era una suerte que estuvieran peleando en piso acojinado o eso habría dolido mucho más.

Los dos retomaron sus posiciones iniciales y asumieron sus posturas nuevamente. Kiya solo parecía ligeramente molesto de que Maylene había podido dar el primer golpe, pero el encuentro acababa de empezar. Maylene decidió que era tiempo de que ella atacara primero. Comparada con Kiya, ella no tenía mucha fuerza en sus puños, así que hizo un combo de dos patadas, primero al pecho y después al estómago, que bloqueó con facilidad. Kiya contraatacó levantando su pierna derecha para darle una patada hacha al hombro, pero ella se hizo a un lado y le dio una palmada en el pecho. Este golpe, aunque no fue muy fuerte por sí solo, lo aturdió momentáneamente, dándole la oportunidad de darle una patada a los tobillos y tirarlo al suelo nuevamente. Maylene podría haberle dado otro golpe mientras estaba en el suelo, pero en vez de eso se alejó y esperó que se levantara de nuevo.

- ¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo de acabarme? – le preguntó burlonamente, aunque por dentro estaba que hervía de rabia.

- Tal vez solo un poco. – admitió ella.

- ¡Ahora te daré algo para que te dé miedo de verdad!

Una vez más, Kiya se puso a la ofensiva, dando una lluvia de golpes y patadas que Maylene solo se limitó a esquivar o bloquear, pero esta vez iba mucho más agresivo. Desde afuera, el sensei miró a su hijo y sintió un deje de decepción Maylene estaba peleando en completo control de sus emociones, mostrando habilidades excepcionales, mientras su hijo perdía la paciencia y se enfurecía cada vez más mientras la chica evadía sus golpes.

- "Esto ya tardó demasiado." – pensó Maylene. – "Más vale acabarlo aquí y ahora."

Esperó hasta que él se lanzó con su puño más fuerte. Ella lo esquivó agachándose, preparando una doble palmada. Usando la fuerza de sus piernas, empujó hacia adelante, directo hacia su pecho y haciendo que retrocediera. Consiguió evitar caerse hacia atrás, pero Maylene inmediatamente corrió hacia adelante y antes que pudiera defenderse, le dio una doble patada voladora en ese mismo punto, sacándolo fuera de los límites.

- ¡Fuera del ring! – declaró Tanimoto-sensei. – ¡La ganadora es Maylene!

Una vez más todos empezaron a vitorearla. Maylene estaba feliz de que por fin había terminado todo, y que no tuvo que ir demasiado lejos ni lastimar a Kiya para derrotarlo. Kiya permaneció sentado en su retaguardia, frotándose en el pecho donde Maylene le dio esa última patada. Seguramente le habría dolido, aunque tal vez no tanto como su ego, pero eso era inevitable.

- Se acabó. – dijo Maylene, aproximándosele y extendiéndole la mano en un amigable apretón. – Diste una buena pelea, bien hecho.

Sin importar lo irrespetuoso que hubiera sido, ella no caería a su nivel. Le demostraría la cortesía debida. Así era como debían actuar los artistas marciales, tal como Tanimoto-sensei le enseñó.

Grave error: en vez de tomar su mano y aceptar la derrota con honor, Kiya apretó su puño derecho.

- ¡No necesito tu lástima! – gritó lanzándole un puñetazo sorpresa.

- ¡Aaargh! – Maylene gritó de dolor, incapaz de poner su guardia al sentir el puño chocando contra su nariz, y todo mundo jadeó de shock. Reggie casi salió corriendo tras Kiya, y tuvo que ser sujetado por Tanimoto-sensei. Maylene retrocedió, y al mirar de nuevo, vio que los ojos de Kiya se habían vuelto inyectados en sangre de pura rabia.

- ¡No puedo perder aquí! ¡No de esta forma, y especialmente no contra ti!

- ¡Kiya! ¡Ya fue suficiente, no puedes…! – Tanimoto-sensei estuvo a punto de intervenir, pero Maylene levantó la mano, pidiéndole detenerse.

- Sensei, espere. Por favor déjeme manejar esto.

- ¡Pero Maylene, estás herida! – dijo Reggie.

- Esto no es nada, y si él quiere pelear de verdad… pelearé de verdad.

Reggie quiso protestar de nuevo, pero Tanimoto-sensei le puso la mano en el hombro y negó con la cabeza. Reggie captó el mensaje: tenían que confiar en ella. Podía manejar esto sola. Tenía que hacerlo.

- ¡No vas a robarme mi derecho de nacimiento!

Kiya volvió a lanzarse contra ella, soltando una ráfaga de golpes y patadas furiosos uno detrás de otro. Maylene se mantuvo esquivándolos y usando su mano derecha para desviar algunos, tratando de aguantar el dolor en su nariz al mismo tiempo.

No tenía sentido contenerse; se mantuvo evadiendo hasta que vio una abertura. Cuando trató de darle otro puñetazo a la cara, ella retrocedió, rápidamente alzó la pierna derecha y le dio una patada hacia directo al hombro. Al instante, se oyó el sonido de algo que se rompía.

- ¡AAARRGHHH! – Kiya quedó en el suelo, sujetándose el hombro y gritando de dolor. Todo mundo se quedó en silencio hasta que finalmente dejó de gritar. Tanimoto-sensei fue el primero en reaccionar y ayudó a su hijo a volver a ponerse de pie, haciéndolo sobresaltarse cuando le tocó el área lesionada.

- Tú y yo vamos a tener una larga conversación, pero primero, te llevaré a ver a un doctor. – dijo el viejo maestro. – El resto de ustedes quédense aquí hasta que yo vuelva. Vamos.

Tanimoto-sensei arrastró a Kiya fuera del dojo, y Reggie tomó la oportunidad para acercarse a Maylene, que todavía se sujetaba la nariz.

- Maylene, tal vez tú también deberías ir. Eso no luce nada bien.

- Estoy bien. – dijo la pelirrosa. – Mejor que él, de todas maneras.

- No, no lo estás. Más vale que veas un doctor por si las dudas. Vamos, yo te acompañaré.

Por mucho que quisiera negarlo, la nariz le dolía de los mil demonios. Esperaba que al menos ese puñetazo de Kiya no le hubiese roto algo, porque ella estaba segura que su patada mínimo tendría que haberle roto la clavícula. Reggie se quedó cerca de ella, para asegurarse que llegara al hospital a salvo y no entrara en shock o algo.


Dos horas después, en casa de Reggie…

- ¡Au, au, au! ¡Eso duele, au!

- Te dije que iba a doler. Ahora por favor quédate quieta… listo. – Reggie colocó una vendita en la nariz de Maylene. – ¿Cómo se siente?

- Este ungüento me quema la nariz. – replicó Maylene.

- Sopórtalo. Confía en mí, en un par de días, una semana a lo mucho, el dolor se habrá ido.

- Gracias. – dijo ella tratando de sonreír.

Por suerte para Maylene, no tenía la nariz rota, pero todavía podía sentir los resquicios de ese puñetazo. Al menos estaba mejor que Kiya; su clavícula tardaría bastante en sanar. Tal vez se le había ido un poco la mano, pero Tanimoto-sensei no le guardaba rencor, y admitió que Kiya se lo estaba buscando.

Maylene miró alrededor de la sala. Era la primera vez que visitaba la casa de Reggie en un largo tiempo, y había cambiado bastante. Específicamente, había más fotos alrededor, mostrándolo a él y a su hermano menor Paul mientras crecían a lo largo de los años.

- Cambiando de tema, ¿cómo ha estado yéndole a tu hermanito últimamente? – le preguntó, queriendo olvidarse de la pelea contra Kiya lo más pronto posible.

- No tan mal, supongo. – dijo Reggie. – Aunque tengo la sensación de que está un poco amargado por algo.

- ¿Y eso por qué? – preguntó Maylene.

- No sabría decirte, pero en sus últimas llamadas, menciona algo sobre un entrenador que lo venció. – dijo Reggie. – Sus palabras exactas fueron "no puedo creer que perdí contra un entrenador tan débil". También dijo algo de que ese entrenador estaba coleccionando porristas o algo así.

Maylene ladeó la cabeza, pero la expresión de Reggie le dijo que él tampoco tenía idea de lo que querría decir, así que decidió no presionar más. Ella conocía a Paul desde hacía casi tanto como Reggie, pero se sorprendió cuando él decidió irse de Sinnoh e iniciar su viaje Pokémon en Kanto de todos los lugares. Lo único que Reggie dijo sobre el asunto era que quería distanciarse un poco, y encontrar su manera de hacer las cosas.

- ¿No estás preocupado por él? – preguntó Maylene.

- Solo un poco. – dijo Reggie. – Quizás no sea tan mal perdedor como Kiya, pero… definitivamente no toma bien sus derrotas. Si lo sabré yo; después de todo yo solía ser así.

Reggie miró hacia una de las fotos enmarcadas más grandes que había en la pared. Maylene la reconoció; la foto mostraba el resultado tras la batalla de Reggie con Casey Snagem, un viejo rival-convertido-en-amigo, que a pesar de no haber ganado ninguna liga mayor se pudo hacer un nombre como novelista después de retirarse de las batallas competitivas. Aparentemente, perder contra él le enseñó a manejar mejor las derrotas, y lo inspiró a buscar otro camino cuando sintió que empezaba a perder su toque.

- No todos aprenden a lidiar con la derrota de igual manera. – dijo Maylene. – Si Paul es como tú solías ser, tal vez haya esperanza de que aprenda.

No se le ocurría nada más que decirle. Para ser honesta, Maylene no se llevaba exactamente bien con Paul, pero estaba dispuesta a tolerar su actitud por Reggie. Le sorprendió un poco que el hermano menor hubiera sido elegido para un Pokédex por el Profesor Rowan en persona. Quizás el científico se estaba volviendo blando con la edad. Pero de nuevo, si Reggie pudo cambiar, Paul también podría. Quizás incluso Kiya, aunque admitiéndolo, tal vez estaba siendo demasiado optimista con este último.

- Bueno, ¿qué tal si te llevo a comer todo lo que puedas, para celebrar tu nueva posición? Ya casi es hora de almuerzo de todos modos, así que…

- Oh sí, eso me encantaría. – dijo Maylene. – Después de todo lo que pasó hoy, siento que podría comer como un Hippowdon.

Reggie se rio del comentario. Maylene siempre mantenía una figura delgada y atlética, y aunque pudiera comer mucho a veces, siempre quemaba el exceso de grasa con mucho entrenamiento y convertía el resto en músculo para mantenerse en forma.


Un mes después…

No hacía falta decir que Tanimoto-sensei no estaba feliz de que Kiya hubiese deshonrado el nombre de su gimnasio y dojo con esa actitud tan deshonrosa. Tras salir del hospital, Kiya se fue furioso, prometiendo regresar algún día para reclamar lo que creía era suyo por derecho, para irse a entrenar por su cuenta y tal vez desarrollar su propio estilo de combate como lo hizo Maylene.

Tanimoto-sensei planeaba quedarse como el instructor del dojo por unos cuantos años más, pero Maylene había demostrado que ya estaba más que lista para tomar el puesto de líder del gimnasio, así que le dejó asumir esos deberes a tiempo completo desde el inicio. Así, él podría enfocarse en entrenar al resto de los discípulos. Eso estaba bien para ella, le gustaba más la emoción de las batallas Pokémon de todos modos.

Por las próximas cuatro semanas, hizo un trabajo bastante bueno, aunque se le hizo algo repetitivo tener que lidiar con novatos de manera regular. Esperaba que viniera un retador decente en algún momento y tal vez entregar su primera medalla como líder del gimnasio. Ese día finalmente llegó cuando apareció un joven que se hacía llamar Sho (abreviatura de "Shotaro") y que se especializaba en Pokémon Eléctricos. Había venido por su tercera medalla, y le había dado una buena batalla hasta ahora. En este momento a los dos solo les quedaba su último Pokémon: el Pikachu de Sho contra uno de los Medichams de Maylene.

Los dos Pokémon jadeaban y se miraban fijamente uno al otro. A lo mucho tal vez solo les quedarían unos dos o tres ataques a cada uno, así que tenían que hacer que contaran.

- ¡Medicham, Puño de Hielo! – ordenó Maylene.

- ¡Pikachu, Cola de Hierro! – replicó Sho.

El roedor eléctrico saltó con la cola recubierta en energía metálica, mientras Medicham hacía lo mismo con un puño congelante. El puño chocó contra la cola, pero el puño ganó y Pikachu salió despedido hacia atrás, terminando con la cola congelada.

- ¡Acabemos con esto ahora, usa Cabezazo Zen! – ordenó Maylene. Medicham cubrió su cabeza en energía azul y se lanzó a la carga para embestir a Pikachu con ella. Sho esperó hasta el último segundo antes de arriesgarse.

- ¡Pikachu, Trueno!

- ¡PIKAAAAA! – El ratón saltó sobre Medicham antes de ser golpeado e invocó un rayo para que le cayera a su oponente encima. Pikachu aterrizó a salvo del otro lado, mientras Medicham empezó a echar chispas, sintiendo la electricidad por todo el cuerpo.

- ¡Tacleada de Voltios, ya! – Sho apuntó hacia el frente.

Pikachu se recubrió de energía y corrió hacia Medicham tan rápido como podía. Medicham trató de usar Detectar, pero luego que el brillo verde apareció en sus ojos, aunque pudo ver venir el ataque, la parálisis actuó y sus músculos no le respondieron. No le quedó más opción que quedarse ahí y literalmente ver cómo le iban a patear el trasero, en cámara lenta y antes de que sucediera. La peor parte, esa Tacleada de Voltios era el ataque más fuerte que el Pikachu tenía en su arsenal.

Tras golpear a Medicham en el pecho, Pikachu aterrizó en cuatro patas del otro lado, sacudiéndose ligeramente por el daño de retroceso, mientras Medicham continuó dando chispas hasta que finalmente se desplomó, incapaz de seguir de pie.

- ¡Medicham ya no puede pelear, Pikachu es el ganador! ¡La victoria es para Sho, el retador!

- ¡Sí! – Sho alzó su puño triunfante. Pikachu hizo lo mismo, pero al poco rato cayó sobre su retaguardia, cuando se le bajó la adrenalina. – ¿Estás bien, compañero? Toma un descanso, te lo ganaste.

Mientras recuperaba a su Pokémon caído, Maylene hizo lo propio, felicitando a su Medicham por un trabajo bien hecho. Tomando un profundo respiro, se aproximó hacia Sho mientras metía la mano en su bolsillo.

- Felicidades, Sho. Me siento muy orgullosa de poder otorgarte mi primera Medalla Adoquín como líder del Gimnasio Veilstone.

- Gracias. – Sho agarró la medalla y se tomó su tiempo para admirarla. – Sabes, para ser una líder de gimnasio que acabas de comenzar, eres bastante buena. Veo que esos movimientos de artes marciales no eran solo para presumir.

- ¿Qué puedo decir? Es parte de mi propio entrenamiento. Tengo que hacerme más fuerte por mis Pokémon.

- Hablando de eso… ¿hay algún otro gimnasio cerca de aquí que me pueda dar un buen reto? – preguntó Sho. – De verdad necesito hacerme más fuerte, así que entre más duros sean, mejor.

- Bueno, podrías intentarlo en el Gimnasio Pastoria. Crasher Wake se especializa en Pokémon de tipo Agua, pero hasta los de tipo Eléctrico la tienen difícil para vencerlo. Estoy segura que te puede poner en aprietos si no tienes cuidado.

- Si tú lo dices. – Sho se metió la medalla al bolsillo y extendió su mano. – Bueno, gracias por la batalla. Buena suerte como líder de este gimnasio.

- Igualmente. Éxito en tus futuros encuentros.

Maylene escoltó a Sho hasta la entrada. Mientras el retador se alejaba del gimnasio, Maylene notó que se aproximaba alguien más: Reggie, tan sonriente como siempre.

- Te ves más feliz hoy de lo usual. – le dijo.

- ¿Por qué no iba a estarlo? Por fin entregué mi primera medalla de gimnasio. – replicó ella. – Es extraño, ¿no? No me siento como si hubiera perdido.

- Cuando pierdes contra un buen oponente, usualmente es así como se siente. – dijo Reggie. – Claro, es grandioso ganar y todo, pero las derrotas te ayudan a crecer más.

- ¿Lo dices por experiencia propia? – preguntó Maylene.

Reggie la miró y se rio. No era que realmente necesitaba responder esa pregunta; ella lo sabía mejor que nadie. Sin importar cuantas veces fallaras, lo que importaba era aprender de la experiencia y volver a levantarte. A veces te tocaba caer varias veces para que la lección quedara.

- Hablando de eso… ¿tienes noticias de Kiya?

- No muchas. – admitió Maylene. – Solo Tanimoto-sensei se mantiene en contacto con él, y no nos ha dicho dónde está. Aparentemente necesita estar solo para irse en su "viaje de autodescubrimiento".

- Dondequiera que esté, espero que se encuentre bien. Y que aprenda a lidiar con las derrotas.

Maylene asintió. Algunas personas tomaban sus derrotas como oportunidades de aprender a ser mejores, otros preferían ignorarlas o enfadarse por ellas. Maylene era de las primeras, mientras que a Reggie le tomó algo de tiempo aprender a serlo. Con suerte, Kiya algún día vería las cosas igual que ellos y aceptaría aprender de sus errores.

FIN.


Notas del autor:

Hola a todos, aquí está mi siguiente oneshot del Resetverso. Después de Gardenia, decidí arriesgarme con otra de mis líderes de gimnasio favoritas de Sinnoh, Maylene. Para ser honesto, originalmente quería darle algo más de enfoque a Reggie, y explorar la posibilidad de una relación entre los dos, pero por la diferencia de edad (acorde con Crossoverpairinglover Reggie está mínimo a mediados de sus veinte) decidí contenerme un poco con eso. Tal vez en un par de años. Además, quería explorar un poco de la historia familiar de Paul y más o menos mostrar por qué es como es (no para justificarlo, claro, ya que yo también odio como no tienen idea a ese tipo), pero decidí que eso se puede hacer en un futuro oneshot por separado. La escena final fue para darle a este un marcador de tiempo específico, y tal vez como excusa para poner a Sho, dado que mencionó haber luchado contra Maylene y Crasher Wake en su interludio. Quizás lo haga aparecer en otros interludios enfocados en líderes de Sinnoh, quién sabe.

Con este probablemente se hayan dado cuenta de lo mucho que me gusta castigar a los tramposos y malos perdedores hasta cierto punto. Creo que me tomaré un respiro de eso en mis próximos oneshots, ya que planeo hacer algunas historias sin antagonistas reales (al menos en su mayor parte), hasta que ponga en marcha mi subtrama con los Hombres-G y los bloodliners vigilantes. Y hablando de bloodliners, si preguntan por Maylene, yo personalmente no la imagino como una. En mi opinión, ella es como Whitney, que es así de fuerte por años de duro trabajo y entrenamiento. Además, no necesitamos que TODOS los personajes importantes sean bloodliners para que sean interesantes, ¿verdad?

Bueno, me queda una semana antes que terminen mis vacaciones, así que intentaré terminar uno más antes de volver a clases. He estado discutiendo ideas con otros autores del Resetverso en Spacebattles, y ya tengo luz verde para algunas de ellas. Gracias por los reviews a Goddess Artemiss (me alegra mucho que te haya gustado mi oneshot de Ritchie), UltronFatalis, BRANDON369, darkdan-sama, dragon titanico y Jigsawpunisher. ¡Sigamos expandiendo el Resetverso!

FIN