Hola, chicas!
Lo prometido es deuda, dije que intentaría subir un capítulo cada semana de estas en las que estamos con fiestas como mi personal regalo de navidades para vosotras. (Y vosotros, que alguno habrá calladito por ahí). También es porque ya estoy comenzando a recuperarme de mi terrible dolencia con las migrañas, el último mes sólo tuve seis ataques, por lo que espero poder reincorporarme en breve al trabajo y luego no tendré tanto tiempo para escribir.
Me gustaría haceros partícipes de un agradable detalle que me han comunicado poco después de la publicación del anterior capítulo "Entre las Sombras, ha sido seleccionada como mejor
Dramione/Vampiros en un concurso que podrás encontrar en este link
fansdramiones . blogspot . com". Evidentemente hay que quitar los espacios para poder acceder a la página y añadirle las tres w al principio. Me pareció bastante sorprendente que se tenga en cuenta el relato a esos niveles, pero luego me puse a revisar los números y me quedé aún más asustada: Llevo más de mil páginas escritas, llevo un total de 459 reviews (en lo que escribo este comentario previo) y más de 130 personas han marcado la historia como favorita… empiezo a sentirme abrumada.
El capítulo que tenéis en pantalla es la invasión de Hogwarts en toda regla, no os olvidéis de que muchos de los vampiros han sobrevivido a grandes batallas tanto vivos como no-muertos. César fue un gran general de las tropas romanas, Lucian fue un caballero aquitano en cruzadas, Haquim fue un asesino antes de que se inventase el nombre de asesino, Calebros también formó parte del ejército romano, Lameth ha sobrevivido a muchas cosas, Ennoia es un depredador, etc, etc… Pero vamos a intentar que la cosa no se nos vaya de madre.
No os entretengo más que para desearos una fabulosa noche de Fin de Año y un Próspero Año Nuevo.
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Todos esperábamos el momento en que Lucian regresase del castillo para ir con él. Mientras tanto observé algunos detalles entre todos los que allí estábamos reunidos. El cambio más evidente y que llamaba más la atención era que Ennoia había convertido a Zach en su ghoul. Si aún quedaban dudas de lo mucho que se había encariñado con el muchacho, ahora todas quedaron disipadas. El nuevo ghoul observaba todo conteniendo como buenamente podía la sorpresa, sabía lo diferente que resultaba la visión del mundo cuando habías ingerido la sangre de un vampiro, aunque en mi caso era porque me habían convertido en uno. Quizás él no tenía tantos problemas como yo tuve al principio para lograr resistir el quedarte mirando algo durante horas interminables.
Otro detalle importante y sutil era que todos llevaban sus correspondientes anillos, aquellos que les señalaban como protegidos de algún vampiro en particular. Sabía que muchos se los habían quitado cuando se fueron de vacaciones, el día anterior sólo Blaise, entre los magos que no eran ghoules, seguía llevándolos con naturalidad. Yo no les había dicho nada a Crabe y Goyle y, sin embargo, allí estaban con el anillo que les había regalado el Domingo de Ramos. Hermione se había acostumbrado a ellos y tampoco se los quitaba desde que salimos de juerga con sus amigos. Una de las cosas a las que le había dado vueltas era que, teniendo en cuenta el aprecio que todos le habían cogido a Hermione, no le habían ofrecido que llevase sus anillos también, probablemente consideraron que no tenía suficientes dedos en las manos para cargar con tanta pedrería. Me sonreí al imaginarlo.
Lara permitió la entrada de sus guardias a la sala, por precaución y seguridad, ellos entrarían primero en el castillo y se desplegarían en sus puestos antes de que nosotros hiciésemos nuestra entrada. Tampoco tenía muy claro cómo íbamos a hacerlo todo. Sí que sabía que, a partir de entonces Dumbledore dejaría de tener poder sobre el propio castillo, que mi sire sería el cabecilla oficial y quien impartiría la mayor parte de las normas, pero aún seguía teniendo mis dudas acerca de lo que se esperaba exactamente de mí. Pronto llegó la hora de que entrásemos en el Abismo todos juntos. Mi sire nos guió con rapidez hasta el portal en el que saldríamos ya dentro de la seguridad de la torre que ellos habían ocupado con anterioridad. Ahora también había una entrada allí hacia mi cámara, se encontraba en los niveles inferiores que no habían utilizado todavía y en los que se acomodarían Calebros y Todd.
El Nosferatu y su ghoul eran los que cargaban con más equipaje, llevaban varios carros con baúles apilados uno sobre otro hasta una altura impresionante. Me preguntaba qué habría dentro de todos ellos. Seguro que eran cachivaches para organizar la seguridad del castillo, sensores, ordenadores y cosas así. Lameth estaba esperándolos cuando llegamos y se fue con ellos, seguro que tendría que ayudarle a que tantos aparatos electrónicos siguiesen funcionando a pesar de la magia que los rodeaba. No se me escapó el cosquilleo provocado por la magia del castillo. Ahora parecía mucho más potente, era como si Hogwarts se hubiese "sintonizado" con Lameth, incluso parecía que estaba "contento" porque el atlante se proclamase su dueño por una temporada. Algo me decía que el castillo se había creado para responder a la magia de magos muy poderosos, por esa razón la elección de Director del colegio solía recaer en profesores que llevaban mucho tiempo en él. Era asombroso percibir el poder que emanaba de las paredes.
Era temprano por la mañana y, como aún estábamos en periodo vacacional, no había clases a las que asistir. La mayoría fue a instalarse en sus nuevos cuartos. Hannah y Susan acompañaron a Zach y Ennoia hasta el cuarto que ahora compartirían en el piso donde se encontraba el dormitorio de la Gangrel. Haquim y sus concubinas, igual que César y Marco, se dedicaron a inspeccionar sus nuevos cuartos, en dos pisos de nueva construcción en la torre. Estaba claro que no sólo había crecido a lo ancho, también a lo alto. Isabel y Ziva también disponían de un piso para ellas, con habitaciones para los ghoules de la Assamita y otro para Blaise y Daphne. Crabe y Goyle me miraron un poco perdidos, no sabían si irse a Slytherin o quedarse conmigo. Me giré hacia Tony, el druida me señaló una puerta. Resultó ser una vía de comunicación con las mazmorras de Slytherin, directamente conectada con la zona en la que estaban los dormitorios de mis amigos, lo que implicaba que estaban dentro del radio de acción del escudo de protección de la torre. Al menos no tendría que crear dormitorios para ellos en la cámara. No me haría mucha gracia y a ellos tampoco.
Salimos de la torre una hora más tarde. Nos paseamos con aparente naturalidad por los pasillos, buscando interpretar el ambiente que se vivía entre los alumnos tras nuestra marcha, hacía más de una semana. Los alumnos con los que nos encontrábamos nos miraban con recelo y se apartaban ligeramente de nuestro camino. Hermione caminaba a mi lado, Isabel y Ziva iban unos pasos por detrás, con Blaise y Daphne, Crabe y Goyle iban detrás de todo. Supongo que aún mantenían esa tendencia a cubrirme las espaldas, aunque ahora sería yo quien tendría que cuidar de las suyas. Un poco más tarde se nos unieron los dos ghoules de Isabel y una mujer, me costó unos segundos darme cuenta de que era Aaliyah. No la reconocía al ir vestida con ropas normales y sin el velo, probablemente no quería llamar más la atención de lo necesario y había decido vestirse de un modo más actual. Sonreí para mí mismo, luchando por no dejar aflorar esa sonrisa a mi rostro, porque debíamos de dar una impresión terrible a todos los que nos encontrábamos por los pasillos. La certeza llegó cuando nos encontramos con Ronald y sus compañeros de cuarto, entraban por la puerta principal justo cuando nosotros llegábamos al vestíbulo.
- ¡Mira quién ha tenido la cara de volver! – Exclamó Finnigan con desprecio. – Creí que nos habíamos librado de una vez por todas de vosotros.
- Y yo creí que los profesores cumplirían con lo que les advertimos… - Replicó Hermione con un tono de voz ácido. – Veo que tendremos que ocuparnos en persona de vuestros modales.
- ¿Qué insinúas Hermione? – Preguntó Ronald con visible temor ante la dura mirada de mi esposa.
- Que será mejor que aprendáis a comportaros con aquellos que van a protegeros o lo lamentaréis. – Sin abandonar la frialdad con la que se estaba comportando. No parecía importarle estar amenazando al que anteriormente se había denominado su amigo.
- Me parece que se te han subido un poco los humos, Granger. – Soltó Thomas. – A lo mejor lo que tenemos que hacer es ayudarte nosotros a bajártelos. – Haciendo crujir sus nudillos en el más puro estilo de matón de pasillo. Al menos Crabe y Goyle resultaban más amenazadores cuando lo hacían en sus primeros años.
- ¿Todos tus compañeros son tan suicidas, H? – Preguntó Aaliyah. Se había situado justo tras mi esposa en cuestión de segundos.
- Me temo que sí, una buena parte de ellos al menos. – Respondió mi esposa con pesar.
Antes de que las cosas fueran a más, aparecieron por la puerta George y Zach. El Hufflepuff presentaba un aspecto curioso, tenía los zapatos desatados, llevaba la túnica y parte de su uniforme en el brazo, su camisa estaba manchada de hierba y con las pisadas de Binky, daba la impresión de que le había atacado un animal salvaje. Probablemente se había estado entregando a disfrutar de su nueva libertad como ghoul. Los dos venían riéndose a carcajadas, pero se callaron al encontrarse con el trío de Gryffindor en posición amenazadora hacia nosotros.
- ¿Ya empezamos? – Protestó Zach. - ¡Si acabamos de llegar, tíos!
- ¿Qué te ha pasado, Zach? – Ronald no paraba de mirar las huellas del Dientes de Sable, repartidas por la camisa del chico. Supongo que el que siguiese entero debía de estar carcomiéndole.
- Nada, estuve jugando con un gato… - Riéndose de nuevo, con George uniéndose a sus risas. Resultaba extraño ver tan cómodo al antiguo ghoul. - ¿Qué tal de vacaciones, Weasley? – Intentando entablar conversación y desviar un poco la tensión.
- Me quedé en el colegio. Lo de ser el último curso hace que te des cuenta de que tienes que estudiar y esas cosas… - lanzándole una mirada a mi mujer, la que siempre tenía que estar detrás del pelirrojo para que estudiase.
- Sí, claro, se me había olvidado por completo. – Se disculpó Zach.
- ¡Normal, supongo que estás demasiado ocupado dejando que esa vampira te chupe el cuello! – Thomas definitivamente tenía ganas de que le diesen un escarmiento, no es bueno para la salud cabrear a los ghoules de un antediluviano Gangrel, no tienen tanta paciencia como el resto.
- Retira tus palabras si no quieres que tus entrañas abandonen tu cuerpo. – Le advirtió George con creciente ira.
- Frena el carro, colega… - Lo contuvo Zach dándole una palmadita en el hombro. - ¿Te acuerdas de lo de que no te los puedes cargar así como así? – Le recordó, aunque no impidió que el ghoul siguiese apretando los puños con fuerza. – Sí, ya lo sé, se ha pasado tres pueblos, pero no le pidas mucho más… si te das cuenta está hablando por hablar, intenta provocarnos para que la armemos. Mientras sólo sean palabras, no te hagas mala sangre, ¿vale? – Me sorprendió la calma con la que lo estaba sobrellevando, quizás el que fuese un Hufflepuff influía en que no se dejase llevar por la ira tan fácilmente. – Ahora sí… - volviéndose a Thomas. – Dean, te lo digo por tu bien, conste… procura no insultar a ninguno de los vampiros, te aseguro que no es sano. – Le advirtió en tono sosegado.
- Tienes razón en advertirle, Zacharias. – Aprobó la voz de mi sire a nuestras espaldas.
Lucian avanzó por el pasillo, me quedé sorprendido por su aspecto. Llevaba una camisa de lino, pero la cubría un chaleco de cuero curtido, los pantalones también eran de cuero, así como las botas que resonaban sobre la piedra. Pero lo más impactante era el tahalí que cruzaba su pecho, estaba adornado con delicados dibujos dorados y algunas piedras engarzadas en medio, colgaba de él una enorme espada. El arma no tocaba el suelo porque mi sire compensaba su peso al tomar la empuñadura con su mano izquierda, dejando claro que estaba dispuesto para dejarla salir de su vaina en cualquier momento. Por el borde de sus botas también asomaban las empuñaduras de las dagas que siempre llevaba encima y, en una funda atada al muslo se podía ver otra daga más. Estaba claro que todo el tema de la invasión había atraído la parte más medieval que encerraba dentro de sí.
- Draco, te agradecería que regresases a tus aposentos y te vistieses como corresponde. Dominique y tu pequeño sirviente se han encargado de traer tu arcón de armas, úsalo como es debido. – Estaba claro que me quería armado en todo momento, aunque sabía perfectamente que no resultaba necesario. Siendo mago y su chiquillo, cualquier arma no resultaría más que un accesorio decorativo, pero me imagino que quería que estuviese preparado por si el Sabbat atacaba antes de lo previsto. – Ronald, una vez fuiste mi invitado, te agasajé con la hospitalidad de mi casa y de mi familia. La única razón por la que sigues con vida tras tu despreciable traición es que, no sé por qué, mi nuera así lo desea. No hagas que me olvide de eso. Te aconsejaría que intentases que tus condiscípulos se comportasen con la mayor corrección cuando se dirijan a algún miembro de mi familia, te haré responsable en particular del comportamiento de estos dos ya que también son tus compañeros de cuarto. Aprovecha las lecciones que aprendiste en nuestra compañía, sobre todo aquellas que resultarán útiles para tu supervivencia y la de los que te rodean.
- ¡Lucian! – Ginebra apareció a su lado en segundos, había venido corriendo a toda velocidad para alcanzarlo. – Dirk me ha dicho que ya se ha encargado de preparar el comedor como tú le pediste. Ahora él y Lavender están ayudando a Calebros y Todd a preparar el cordón de seguridad en torno al castillo.
Ronald se quedó mirando a su hermana con genuino asombro. Ginebra llevaba una versión sencilla del que había sido su disfraz de Halloween. Iba completamente vestida de cuero rojo, un corpiño apretado que se ataba a la espalda, pantalones ceñidos a sus piernas, botas de media caña con un ligero tacón. También estaba armada. Llevaba un cinturón que caía sobre su cadera y que sustentaba una espada sencilla además de la daga. En su mano relucía el anillo de Lucian cada vez que caía sobre ella un rayo de sol que entraba por las puertas abiertas.
- ¡Ginny! – Exclamó el joven pelirrojo, sorprendido y sin saber exactamente cómo reaccionar ante lo que estaba viendo.
- Hola, Ron. Intenta portarte bien, ¿vale? No quiero que te conviertas en un fiambre sólo porque no sabes cerrar tu bocaza. – Le advirtió su hermana sin rastro de preocupación. La pelirroja vio entonces las actitudes de los compañeros de cuarto de su hermano, no dejaban de recorrer su cuerpo con miradas lascivas. – Chicos… en lugar de admirar mi culo, fijaos bien en la espada, ¿de acuerdo? Sé usarla muy bien y no os gustaría comprobarlo. – Los amenazó. Pero pronto dejó de prestarles atención y siguió dándole el informe a mi sire. – Tony me ha dicho que no se esperan grandes inconvenientes para esta tarde, César y Marco van a estudiar en persona las murallas. – Información que hizo que Isabel soltase un bufido de molestia. – Jules está en asamblea con los fantasmas, Haquim quiere saber si está obligado a asistir, dice que no le hace ninguna gracia estar con tantos magos…
- Ya me conozco a Haquim… - Se sonrió mi sire, mientras le ofrecía una ligera inclinación de cabeza a Aaliyah. – No es feliz si no tiene algo por lo que quejarse. Vuelve y dile que sí, que tiene que venir. El resto de los días puede hacer lo que le venga en gana, pero hoy requiero su presencia a mi lado. Aprovecha para decirle a Harry que deseo que se una a mí, junto con Laurent, para poder estudiar algunos detalles a mayores de la defensa. Les esperaré en el comedor.
- ¿Algo más que pueda hacer para ayudarte, Luc? – Ofreció la pelirroja con una expresión chispeante en sus ojos.
- Vuelve cuanto antes para que pueda disfrutar con tu compañía, querida, sólo eso. – Tomándola por el cuello para acercarla y así poder besarla con un deseo que hizo hervir la sangre de Ronald en sus venas. El pobre aún no tenía asumido que su hermana hacía mucho tiempo que había dejado de ser inocente, más aún cuando estaba al servicio de mi sire.
- ¡Suelta a mi hermana pedazo de…! – Ronald avanzó furioso y decidido hacia los dos, pero Ginny reaccionó antes de que diese más de cuatro pasos.
- ¡Cierra el pico, Ron! – Separándose de Lucian y enfrentándose a su hermano, con una mano en la empuñadura de su espada. – Creo que quedó muy claro en Navidades que estoy con Lucian, no sé por qué te empeñas en ser tan difícil. – Resopló frustrada. – Si terminas la frase me veré obligada a hacerte daño, sigues siendo mi hermano y te tengo aprecio, a pesar de lo mal que te portas, pero no dudaré en cumplir con mi deber si intentas hacerle daño a Luc. ¿Te ha quedado claro? – El chico vaciló. - ¿Te ha quedado claro? – Repitió Ginebra, un poco más alto.
- Sí. – Afirmó a regañadientes el pelirrojo.
- Bien. – Caminando hacia el pasillo con paso firme. – Ahora vuelvo, Lucian. – Alejándose molesta por el comportamiento de su hermano.
- Espera, Gin. – Pidió mi esposa caminando apresuradamente tras ella. – Nosotros también tenemos que volver a la torre, te acompañamos.
Realicé una leve inclinación de cabeza hacia mi sire para disculparme y las seguí con presteza. No me equivoqué al imaginarme que Hermione quería hablar con Ginebra acerca del incidente con Ron, intentar calmarla. Me mantuve a unos pasos de ellas, el resto se quedó en el vestíbulo, deduje que darían un paseo tranquilo por los alrededores, para enseñarle a los ghoules la nueva localización para que estuviesen preparados. Mientras las dos mujeres caminaban y discutían acerca del comportamiento del pelirrojo y lo pronto que eso le granjearía un disgusto más fuerte que una ligera reprimenda, yo estuve pensando en lo parecida que era Aaliyah a Isabel. Esa semblanza me hizo recordar las palabras de AJ, cuando me dijo que me lanzaría a la madre de alguien sobre mí… ¿Podría ser que Aaliyah fuese la madre natural de Isabel?
Al llegar a la torre nos cruzamos con Justin y los dos ghoules del matrimonio de sádicos. Me quedó claro que Lucian no era el único que se había dedicado a armarse, no me extrañaba que me hubiese pedido que me vistiese correctamente. Bárbara llevaba un pantalón de cuero negro, con un chaleco corto a juego, la larga melena recogida en una coleta y gafas de sol. Su estrecha cintura resaltaba aún más al encontrarte con las cartucheras en las caderas, con sendas pistolas automáticas de gran calibre. Pero lo más evidente era el carcaj que asomaba a su espalda, junto con el arco. Luca iba un poco más discreto, con unos vaqueros negros y una cazadora de cuero abierta, dejando ver su torso con la piel tostada por el sol. Las dos pistolas que llevaba al cinto pasaban un poco más desapercibidas.
- ¿De paseo, chicos? – Saludó más animada Ginebra.
- Sí, Just ha tenido la gentileza de aceptar ser nuestro guía. – Confirmó Luca acercándose un par de pasos al Hufflepuff. – Nosotros cuidaremos que no le pase nada, ¿verdad, Barb?
- Eso si sigues vivo, no me llames Barb. – Protestó la imponente rubia.
- Quisquillosa. – Pero la mirada de Luca estaba centrada en Justin.
- ¿Estás seguro de que podrás aguantar a estos dos, Justin? – Le pregunté, preocupado por el nerviosismo que detectaba en el chico.
- Sí, no… no creo que pase nada. ¿Verdad? – Mirando a Luca de reojo, entonces vi que se sonrojaba ligeramente. Vale, ya me queda claro por qué está nervioso.
- Tú tranquilo, que no se te acercará nadie que tú no desees. – La voz de Luca bajó a un tono grave y ronco.
- Yo casi que voy a esperar por Hannah y Susan… - Anunció Bárbara con una sonrisa hacia su compañero. – Me apetece tener un momento de chicas…
- Me parece perfecto, Bárbara. – Acordó Luca con una sonrisa más amplia en su rostro. – Adelante, Justin, yo te sigo. – Recorriendo el joven cuerpo del chico con avidez.
- Bueno, yo voy corriendo a por Harry, Laurent y a decirle a Haquim que se vaya preparando para tener que ir al comedor y sentarse junto a Lucian. – Suspiró Ginebra antes de desaparecer por las escaleras a toda velocidad.
- Nosotros te dejamos aquí, Bárbara. Nadie me envió el memorando que explicaba que tenía que ir armado hasta los dientes y tengo que ponerle remedio. – Despidiéndome de la ghoul.
- Lucian quiere que estemos preparados para cualquier eventualidad. – Se sonrió. – Pero creo que también es que le encanta verse rodeado de mujeres armadas y vestidas de cuero… ¿necesitas que te ayude a cargar tu pistola? – Se ofreció con tono seductor.
- Ya le echo yo una manita con eso, Barbie, gracias. – Intervino mi mujer tirando de mí hacia la entrada a la cámara.
- Aburrida, de vez en cuando vienen bien un par de manos más. – Fue lo último que escuché antes de que Hermione me introdujese en el pasadizo a tirones.
- Tú tienes claro que no me pone, ¿verdad? – Le pregunté a Hermione. – Lo digo porque no aceptaría su propuesta ni loco… es la ghoul de Tony, además.
- Por si acaso. – Refunfuñó ella.
- ¿De verdad me vas a ayudar a cargar mi pistola, cariño? – Abrazándola por la espalda y pegándome a ella mientras caminábamos. – No me importará tardar un poquito más de la cuenta en salir… si es para asegurarte mi absoluta entrega hacia ti. – Depositando un beso en la base de su cuello, casi en su nuca.
- ¿Y si Lucian se enfada porque llegas tarde? – Murmuró.
- No tenemos nada que hacer hasta que no sea la hora de comer. – Acariciando sus costados hasta asir sus caderas y pegarla aún más a mí, obligándola a detenerse en el oscuro corredor.
- Puede que sí te ayude un poco a vestirte como es debido… - girando su cuello para poder besarme.
- Por favor, poneos melosos cuando ya estéis en vuestro cuarto… os recuerdo que ahora compartimos corredor. – Sonó la suave voz de Todd, ligeramente molesto.
- Lo sentimos mucho, Todd. – Se disculpó mi esposa, separándose con rapidez de mí y apresurándose para llegar a la puerta que nos llevaría hasta la cámara.
La seguí riéndome a carcajadas porque podía ver perfectamente sus mejillas encendidas por la vergüenza en la oscuridad. El ghoul sólo quería que le dejásemos el paso libre para poder pasar a su dormitorio, tampoco es que le importase mucho lo que hacíamos. Cuando al fin llegamos a la cámara ella se acercó a la cama donde estaba desplegada la ropa que tendría que llevar para adecuarme al ambiente reinante entre toda la familia. Pantalones de cuero, jubón de cuero, tahalí con bordado de plata, botas de cuero a media caña, mi espada y mis puñales. Suspiré con resignación al observarlo todo dispuesto con tal precisión.
- Es muy bonita. – Deslizando un dedo por el dibujo de serpientes que estaba grabado en la empuñadura, hasta llegar al pomo que era la cabeza de una de ellas. – Se nota a la legua que es tuya.
- Regalo de Lucian cuando logré aprender un poco más. – Comenzando a desnudarme con lentitud.
- No hay pistolas. – Observó.
- Estarán en el arcón. – Señalando con la cabeza hacia un arcón de madera maciza, con remaches metálicos y el escudo Lasombra grabado a fuego. – Estoy pensando si realmente es necesario que las lleve, ya me parece excesivo ir tan armado. Soy un vampiro con magia, Hermione, aunque no tenga tanta experiencia como ellos en la batalla, sigo siendo un arma con patas. – Sentándome resignado en la cama para quitarme los zapatos con comodidad.
- Eres muchas más cosas, Draco. – Sentándose en mi regazo e impidiéndome que siguiese con mi tarea. – Y todas son magníficas. – Besándome ligeramente. – Supongo que lo que quieren es intimidar a los alumnos para disuadirles de protestar cuando anuncien que el castillo está en sus manos.
- Creo que entonces serás tú la que escoja mi atuendo. – Acariciando su espalda y bajando lentamente hasta sus nalgas, apretándola contra mí. – Se me están ocurriendo muchas cosas viendo esas armas ahí, cariño… - gemí mientras acariciaba sus labios con los míos. – Pero tengo miedo de cómo vas a reaccionar si te digo algunas de ellas… puede que lo consideres fuera de lugar. – Atrapando su labio unos segundos, saboreándolo.
- Prueba… - Suspiró.
- No… da igual. – Sonriéndome por las burradas que se me ocurrían, cada una más obscena.
- Por favor… - rogó ella deslizando su mano por mi espalda hasta asir mi cuello.
- ¿Me ayudas a sacarle brillo a la espada? – Solté al fin, sonriéndome con lujuria.
- ¡Serás tonto! – Riéndose por la ocurrencia, pero entregándose con más ahínco a lo que estábamos haciendo.
Lentamente fui retrocediendo por la cama hasta poder reclinarla sobre ella, desabrochando los botones de su blusa uno a uno, descendiendo por su cuello y su pecho con mis besos. Pero ella no quería que fuese gentil o que me demorase por mucho tiempo, tiró de mí hasta tenerme sobre ella de nuevo. El aroma del cuero y el acero se mezclaban con el de su excitación, enardeciéndome e impulsándome a tomarla sin más preámbulos. Sus jadeos guiaban cada una de mis caricias. Sus manos se introducían entre nuestros cuerpos para librar el camino entre nuestras ropas. Cada vez se volvía más urgente mi necesidad de ella, hasta que rompí su ropa interior de un rápido tirón para adentrarme en ella de inmediato. Ella tomó aire y se apretó a mí con fuerza. Mi boca cubrió la suya, invadiéndola también con mi lengua, sentía la necesidad de llenarla de mí por completo. Hasta que de pronto escuchamos el fuerte sonido metálico de la espada al caer de la cama, que nos sobresaltó ligeramente. Pero nos limitamos a reírnos, lo que intensificó aún más nuestro deseo.
Más tarde, mientras estábamos relajándonos en nuestro estanque, me concentré en todos los nuestros que estaban deambulando por el castillo. Quería asegurarme de que no se producían demasiados enfrentamientos entre la familia y los alumnos antes de que tuviese lugar la declaración de invasión.
Lucian estaba en el comedor acompañado por Harry, Ginebra, Lameth y el capitán de su guardia, no había rastro de Laurent. Estaban estudiando los planos del castillo con detenimiento en la mesa principal de los profesores. El capitán le señalaba todos los puntos en los que había apostado a sus hombres, Lameth marcaba la situación de las medidas de seguridad que habían colocado con Calebros, Harry añadía información acerca de alguno de los pasadizos secretos. Ginebra simplemente estaba sentada en el regazo de Lucian, acariciando distraídamente la mano que mi sire tenía posada en su vientre.
Seguí buscando por las sombras del castillo y encontré a Justin y Luca. Estaban en un corredor cercano a las cocinas y el acceso a la entrada de la casa Hufflepuff. Justin iba delante y Luca lo seguía, aunque no prestaba una gran atención a sus alrededores, su vista estaba centrada en el joven.
- Luca… ¿estás atendiendo a algo de lo que te he dicho? – Justin se detuvo y se giró para encontrarse con el ghoul, que tardó unos segundos en alzar su mirada hasta encontrarse con los ojos del chico.
- Sí, has dicho algo de que los cuadros se movían, ¿no? – Avanzando un par de pasos para quedar más cerca todavía del joven. – Muy interesante. – Pero no desvió sus ojos del rostro de Justin. – Fascinante, incluso.
- Yo no soy un cuadro. – Le aclaró el chico, ligeramente nervioso por su mirada y su cercanía.
- Lo sé. Pero me gusta ver cómo te mueves. – Sonriendo levemente. – Aunque si te molesta, puedo dejar de hacerlo… - Adelantando un dedo para rozar con sutileza el dorso de la mano del muchacho. Justin empezó a respirar con fuerza. – Sólo tienes que decirme que deje de mirarte… - Subiendo con el dedo hasta la muñeca, trazando un dibujo invisible sobre la piel de Justin mientras su corazón se aceleraba. - … o que deje de tocarte… - Adelantándose un paso más, hasta que prácticamente no existiese nada que los separase. - … o que me aleje. – Alzando la otra mano para acariciar ahora los labios de Justin, el chico dejó de respirar. – Sólo tienes que pronunciar una palabra y haré aquello que tú desees. – Susurró casi contra sus labios. Justin cerró los ojos y dejó que Luca entreabriese sus labios con su pulgar, sin resistirse en absoluto. Dudo que fuese capaz de encontrar las palabras en su mente. – También puedes impedirme que te bese… algo que estoy deseando hacer desde hace mucho tiempo. – Inclinándose para acariciar con su lengua los labios de Justin. – Dime, Just… ¿deseas que me detenga? – Sin esperar una respuesta del joven, posó un delicado beso en los labios que seguían entreabiertos.
- Yo… - logró articular el chico. Luca se retiró unos centímetros, esperando a que consiguiese decir algo más. – No quiero… - El ghoul se alejó un poco más, ligeramente decepcionado pero con un gesto comprensivo en su rostro. – ¡No quiero que pares! – Justin abrió los ojos desmesuradamente al darse cuenta de que estaba dándole a entender la idea equivocada. Luca se sonrió y volvió a acercarse para besarlo, deteniéndose un poco más esta vez. – Lo único… es que yo nunca… no sé… - balbuceó Justin.
- No temas, yo sí. – Guiando una de las manos de Justin para que le tocase, aprovechando que no llevaba nada bajo la cazadora. – Tú pones los límites, yo la experiencia… - Reclinándose contra una pared y atrayendo al chico contra su cuerpo, haciendo que descansase sobre su pecho, sin dejar de besarlo. - ¿Te parece bien? – Aprovechando para acariciar él también a Justin.
- Sí… - Gimió el joven, dejándose llevar un poco y atreviéndose a deslizar una mano por el costado de Luca y descendiendo por su espalda. Detalle que el ghoul recibió con un jadeo de aceptación.
Me alegraba que Justin al fin encontrase alguien con quien estar entre nuestros familiares. El chico había permanecido bastante callado desde que Hannah y Susan lo habían arrastrado a la primera reunión. Hacía tiempo que me había dado cuenta de que se encontraba ligeramente incómodo en compañía de varones, pero no lo había asociado con que se tratase de que tuviese ese tipo de inclinaciones en ningún momento. Probablemente porque también se mostraba asustadizo como un ratoncillo, daba la impresión de que tenía miedo de nosotros, más que otra cosa. Al menos Luca había sabido ser mucho más observador y sí que había interpretado correctamente lo que le ocurría a Justin. Pero claro, él tiene muchos más años que yo, más experiencia en tratar este tipo de cosas. Por desgracia, pronto iban a poner a prueba su paciencia y su tolerancia. El equipo de Quidditch de Hufflepuff salía de su casa y se dirigían al corredor en el que estaban los dos entregados a la experimentación.
- ¡Joder, Fletchey! – Protestó Malcom Price, uno de los cazadores. – Sabía que eras rarito, pero no pensé que fueras un maricón.
- Disculpa un segundo, Just. – Le susurró Luca acariciando su espalda para tranquilizarlo, pues el chico había empezado a temblar como una hoja. El ghoul se separó de la pared en segundos, se situó frente a Justin en actitud defensiva y se encaró con el equipo de Quidditch que lo miraban con asco. - ¿Acaso tienes envidia, musculitos? – Dando un paso hacia ellos.
- A mí no te me acerques, marica. – Price retrocedió un paso. – ¡Y no soy uno de vosotros!
- Ya tenemos suficiente con esos vampiros como para tener que aguantar también a mariconazos… - Escupió Anthony Rittle, el bateador.
- Algo me dice que lo que os pasa es que tenéis ganas de que os meta estas en la boca… - La sonrisa de Luca se hizo más amenazadora mientras acariciaba las culatas de sus armas. – Quizás así os limpiaba un poco la mente… después de haceros un agujero.
- No, Luca, por favor… - susurró Justin tras él, temiendo por la seguridad de sus compañeros al notar la tensión en los músculos del ghoul.
- No te preocupes, Just, tengo experiencia en deshacerme de cadáveres. – Girándose para acariciar la barbilla del chaval, pero sin dejar de medir con el rabillo del ojo las reacciones de los jugadores de Quidditch. – Es lo que tiene ser el ghoul de una Nigromante. – Steve, el capitán, intentó adelantarse para imponer algo de orden, pero se topó con un cañón apuntándole. - ¿A dónde vas tú? – Luca lo miró amenazador.
- ¿Lo… siento? – Tartamudeó el chico.
- Muy bien, ya empezamos a entendernos. – El ghoul devolvió el arma a su funda. – Bien, ahora, los demás. – Centrándose en los dos bocazas. Las dos chicas se habían pegado al otro cazador y no paraban de temblar. – Vais a pedirle disculpas a Justin y no volveréis a meteros con él. ¿Entendido?
- Lo siento, Justin. – Dijeron a coro.
- ¿Y? – Luca enarcó una ceja, esperando a que siguiesen con lo que acababa de ordenarles.
- No volveremos a meternos contigo… - Se apresuró a añadir Price. - Nunca más.
- Buenos chicos, ahora… ¡largaos! – No esperaron ni un segundo más, salieron todos en tropel hacia la salida. – Lo siento mucho, Justin. – Se disculpó Luca, mucho más sosegado. – No era mi intención el ponerte en una situación tan incómoda con tus compañeros. – Buscando su mano con ternura, algo que no encajaba en él tras verle en una actitud tan violenta. - ¿Me perdonas?
- ¿Ibas a…? ¿De verdad habrías…? – Justin lo miró atónito.
- ¿Matarlos? ¿Disparado? – Terminó las preguntas del chico con una sonrisa libertina. – En realidad no, pero les he metido el miedo en el cuerpo… ¿no crees? Tu vida no corría peligro, sólo estaba en juego tu reputación, ahora te tendrán mucho más respeto porque eres capaz de controlar a un loco como yo. – Riéndose ligeramente. – Por favor, dime que no te he asustado… - Tirando del chico hacia él. – Con lo bien que habíamos empezado… no querría que mi temperamento lo echase por tierra. – Bajando el tono de su voz hasta convertirlo en un susurro.
- Sí que me asusté… pero sólo un poco… - reconoció Justin, comenzando a olvidarse del incidente en vista de cómo se centraba en los labios de Luca. - ¿Y si te enseño cómo es Hufflepuff?
- ¿Eso quiere decir que también me enseñarás tu cuarto, pilluelo? – Preguntó el ghoul besándolo de nuevo. – Me gusta cómo vas cogiéndole el truco a esto… - Acariciando su rostro. - Y pensar que perdimos tanto tiempo en la Fortaleza porque no había modo de que estuvieses a solas… - Se lamentó al notar de nuevo las manos de Justin sobre su abdomen.
Les dejé tranquilos mientras se internaban por el corredor hacia la entrada a la sala común de Hufflepuff. El observarlos me había servido para evaluar la reacción de Luca con las amenazas. Me había quedado claro que tenía la misma tendencia a enfadarse cuando alguien se salía de las normas de educación básicas, igual que Julia. También era protector con los que estaban de nuestro bando, no me iba a dejar engañar y sabía que no sólo había reaccionado así porque le interesase Justin, también estaba dedicado a protegerlo por formar parte de lo que se podría denominar como nuestro séquito. Y por ser uno de los más débiles de todos, claro. En otro punto del castillo, las cosas tampoco tenían trazas de ir mucho mejor.
Daphne estaba saliendo de las mazmorras de Slytherin, a donde había ido a buscar a su hermana, pues no sabía si había regresado ya de junto de sus padres. Supongo que querría saber cómo respiraba después de más de una semana sin verla y teniendo en cuenta que, la última vez que la vio estaba en la enfermería, recuperándose del susto de muerte que le dieron Isabel y Hermione. Por la dirección que estaba tomando, deduje que se dirigía al exterior, donde debían de estar esperándola los demás. Pero, de camino se encontró con Marietta Edgecombe, una de las Ravenclaws que más tirria nos tenía por haber sido los "culpables" de la muerte de su "amiga del alma" Cho. Me sorprendió que, estando tan alerta ante posibles problemas, la hubiesen dejado ir sola a algún sitio dentro del castillo.
- ¡Vaya, vaya! – Marietta la miró con desdén. – Pero si es la chica "segundo plato". ¿Cómo se siente al ser el relevo de una sanguijuela, Greengrass?
- ¡Que te den, Edgecombe! – Replicó Daphne con desprecio e intentó evitarla para seguir su camino.
- ¡No te pongas tan chulita sólo porque te codees con chupasangres! – Lanzándole un encantamiento con la varita, pero no alcanzó a Daphne, sino a Ayden. Había venido corriendo en cuanto había escuchado la protesta de Daphne, pero ninguna de las dos chicas pudo verlo hasta que no se detuvo entre ellas.
- ¿No será que te encantaría estar en su lugar? – Le replicó el ghoul. – Porque estoy percibiendo mucha envidia…
- Yo también. – Añadió George, apareció tras Marietta pocos segundos después. – Enumeremos… Daphne está con Blaise, que al parecer tiene una reputación bastante extendida de ser un buen amante.
- Sí, también disfruta de las atenciones de varios vampiros… - continuó Laurent, que cercó uno de los lados de la Ravenclaw. – Recibe regalos caros y elegantes… menos mal que no la vio el día de la fiesta… estaba preciosa.
- Encantadora, sí. – Corroboró Zanaa'h junto a Daphne, abrazando su cintura para poder sacarla de allí a la primera de cambio. – Pero es que es muy hermosa y cualquier trapito le queda bien…
- No podemos decir lo mismo de ti, ¿verdad? – Ayden puso una mueca al ver las cicatrices en el rostro de Marietta, los rastros de las cremas que Isabel y yo habíamos puesto en su tocador.
- Un caso de envidia galopante, sí señor. – Diagnosticó Laurent.
- Tampoco es que sepa contenerse mucho… - George dio un paso atrás, Marietta parecía haber perdido parte del control sobre sus esfínteres. Pero si me lo paro a pensar, tiene al ghoul de un Gangrel, al de un Lasombra y dos de un Assamita. En esos momentos está rodeada por los que emanan mayor sensación de peligro de todos los posibles…
- Dejad de perder el tiempo, Ziva quiere que vayamos a ver la pista del juego ese. – Les conminó Aaliyah desde la entrada.
- ¿La que arrasaron y tuvieron que reconstruir? – Preguntó Zanaa'h divertida, acompañando a Daphne sin soltarla.
- El juego se llama Quidditch y sí, la arrasaron por completo. – Aclaró Daphne con total tranquilidad. – Chicos, no merece la pena que gastéis vuestros esfuerzos con ella… tampoco es que se le den muy bien las maldiciones.
- ¡Y nosotros que pensábamos que te estábamos ayudando! – Protestó Laurent. – Mira que nunca se sabe con los aguiluchos estos.
- ¡Es un maldito cuervo! – Se oyó a Ziva protestar desde fuera. – Ravenclaw… garra de cuervo, es negro y tiene un pico corto… ¿Dónde demonios veis una maldita águila?
- ¡Pero qué genio tiene! – Negó Ayden con la cabeza.
Se fueron al exterior, por lo que no podía seguirles. Aún así, teniendo en cuenta la compañía que formaban entre todos, dudo mucho que sobreviviese aquel que tuviese la valentía de meterse con ellos. Por eso seguí vagando por el castillo hasta llegar a la Biblioteca. Lavender se había reunido al grupo de Bárbara y las dos Hufflepuff. Ella no iba armada, pero sí que me llamó la atención su atuendo. No era el uniforme de Hogwarts, sino que llevaba una especie de camisola larga lavanda, con unos pantalones a juego. La camisola estaba ceñida a la cadera por un cinturón de cuero, delicadamente decorado con símbolos atlantes, tenía incluso una cincha donde poner la varita y que así pudiese llevarla más cómodamente. Las dos ghoules se diferenciaban perfectamente de las dos alumnas, que sí llevaban el uniforme con los colores de su casa, pero se movían como si aquello no resultase de gran importancia.
- Intentemos no hablar mucho, ahora, chicas. – Pidió Lavender en un susurro. – No quiero que la señora Pince se enfade porque nos dedicamos a parlotear en la Biblioteca. Pero es que quiero que Barbie la conozca.
- ¿Dónde se encuentra la sección en la que atacaron a tu señor, Lav? – Preguntó con respetuoso cuidado la otra ghoul.
Se desplazaron por el laberinto de estanterías hasta la zona enrejada de la Sección Prohibida. Allí Bárbara admiró el trabajo de reconstrucción que habíamos realizado. Tomó algún pergamino al azar y se sonrió al ver algunas de las dedicatorias o los sellos de otras bibliotecas en ellos.
- ¿Qué hacen aquí? – Preguntó la voz rasposa de la señora Pince a sus espaldas. – No pueden entrar en esta sección sin autorización de un profesor. – Se fijó entonces en Bárbara y su armamento. - ¡Cómo se atreve a entrar en este lugar de estudio cargando con eso, señorita! ¡Fuera de aquí las cuatro! – Les ordenó fuera de sí.
- ¡Pero si no le voy a hacer nada a los libros! – Se sorprendió Bárbara.
- No se sulfure, señora Pince, sólo estábamos enseñándole a nuestra amiga la Biblioteca. – Aclaró Lavender. – Es que le hemos hablado tanto de ella que sentía curiosidad. – Posando una mano en el brazo de Bárbara para que se tranquilizase. – Ahora mismo nos vamos… - tirando de la otra ghoul.
Salieron de allí bajo la atenta mirada de la bibliotecaria, pues no debía de fiarse de que realmente se fuesen. Nada más cruzar el umbral se toparon con Parvati Patil sin su gemela. Se frenó en seco al encontrase con su antigua amiga en esa compañía. Imagino que se le ocurrirían cientos de cosas al ver a Bárbara con el arco y el extraño atuendo de Lavender.
- ¿Ya habéis vuelto? – Preguntó como si ella y Lavender siguiesen siendo amigas.
- Sí, hoy mismo hemos vuelto todos. – Corroboró ella, me di cuenta de que su tono también tenía una ligera reserva ante ese acercamiento. – Somos muchos y necesitamos el tiempo para acomodarnos… - Insinuando así que nuestro grupo era más grande que ellas cuatro. - ¿Qué tal de vacaciones? – Intentando averiguar las posibles intenciones ocultas de Parvati
- Bien, fueron bastante aburridas porque intenté avanzar un poco en los estudios para estar preparada con los exámenes… - La mirada de Parvati se desviaba continuamente hacia Bárbara. - ¿No me vas a presentar a tu amiga?
- Por supuesto, perdona que no lo hiciese antes. – Sonriendo levemente. – Esta es Bárbara, es la secretaria de Tony.
- ¿Y desde cuándo las secretarias llevan tantas armas? – Comentó con una ligera rudeza y frunciendo el ceño.
- Es que también soy la protectora de todas estas encantadoras jovencitas. – Bárbara acarició el cabello de Hannah, la que más cerca estaba de ella. – Mi señor no desea que ninguna de ellas sufra daño alguno, por lo que me ha pedido que me prepare para cualquier eventualidad. – Acariciando con la otra mano la culata de una de las pistolas.
- No creo que los profesores aprueben eso… - Protestó Parvati, ya dejando salir su genio.
- Parvati, los profesores no tienen nada que decir en esto. – Lavender comenzaba también a enfadarse. – Después de todo lo que hicisteis antes de que nos fuésemos… ¡es normal que tengamos que proteger a todos los que están con nosotros!
- ¿Nosotros? ¿Quiere eso decir que ahora eres una de ellos? ¿Por eso te vistes así? – Parvati dio un paso atrás. - ¿Cómo has podido unirte a ellos de ese modo? ¡Después de lo que has visto que son capaces de hacer!
- No tienes ni la más remota idea de lo que estás hablando Parvati. Y sí, me he unido a ellos, ahora formo parte de su familia… ¡Incluso voy a casarme con uno de ellos, para que te enteres! – Acercando la mano a donde tenía la varita. - ¡Y no voy a permitir que ninguno de vosotros le vuelva a hacer daño a mi prometido o a cualquiera de los que ahora son mi familia! – Avanzando por el pasillo, haciéndola retroceder. - ¡Vámonos, chicas! Empieza a apestar en este corredor. – Pasando de largo de Parvati.
En lo poco que había visto me había quedado claro que los profesores se habían desentendido por completo del serio problema que tenían entre manos. Habían permitido que el rencor hacia nosotros no sólo permaneciese en las mentes de los alumnos, sino que incluso creciese en intensidad. No sé lo que Tony había considerado que serían pocas probabilidades de problemas cuando calculó la reacción de los alumnos y profesores ante nuestra declaración de ocupación, pero algo me decía que no había tenido en cuenta las variables apropiadas.
Volví a centrar mi atención en la cámara y lo que ocurría a mi alrededor, cuando estaba concentrado de esa manera a veces no me daba cuenta y me olvidaba de que no estaba físicamente en los puntos que observaba. Hermione hacía rato que había salido del agua y estaba rebuscando en el armario la ropa que iba a ponerse, envuelta en mi albornoz para no coger frío. Salí del agua y me sequé con la toalla que había cerca, dejándola distraídamente sobre un banco cuando mi piel estuvo seca, acercándome completamente desnudo a ella.
- Ese albornoz es mío. – Susurré junto a su oído, haciendo que diese un brinco porque no me había escuchado acercarme y tampoco podía verme en el espejo.
- Tú no lo estabas usando. – Protestó ella ligeramente molesta por el sobresalto. – No sé qué ponerme… tú vas a ir en plan escudero de tu sire, Ginebra también… todos vais vestidos para un ataque…
- Puedes vestirte como te dé la gana, cariño. – Me reí. – No tienes por qué llevar el uniforme, si no quieres, pero tampoco tienes que ir de cuero y armada hasta los dientes como yo o los demás. Piensa en todas las personas que estarán pendientes de protegerte en ese comedor… en el caso de que se pongan tontos, nosotros seremos los encargados de plantarles cara, tú, por una vez, sólo tendrás que estar sentada y no hacer nada. – Ella me miró con sorna. – Vale, ya sé que no eres capaz de soportar eso y que terminarás saltando a la discusión. – Reconocí con un suspiro de resignación. – ¿Qué quieres ponerte? – Acepté al final.
- No lo tengo muy claro, pero sé que no quiero desentonar a tu lado. – Revisando una vez más la hilera de ropa que tenía en ese armario.
- ¿Quieres ir como yo, pero sin armas? – Le propuse.
- ¿Y qué pasaría si quiero llevar armas? – Girándose para mirar mi reacción.
- Lucian no te va a dejar, no tienes entrenamiento para llevar armas. En eso le doy la razón, llevar un arma es una señal que atrae la atención sobre el que la porta, si no sabes usarla no puedes llevarla.
- Isa me ha enseñado un poco. – Intentando convencerme.
- Ella también nos daría la razón, Hermione… no es suficiente que te haya dejado lanzar uno o dos cuchillos o que te enseñase un par de movimientos con una espada. Nada de armas, señorita.
Fui hasta las ropas que habían caído de la cama y las volví a poner sobre ella. Las dupliqué con un sencillo gesto y le tendí un juego a Hermione mientras sacaba una camisa de seda de un cajón, duplicándola también. Comencé a vestirme y ella me imitó. Lo primero fue ponerme la camisa para que no me molestase el chaleco de cuero al moverme, lo siguiente fueron los pantalones y por último las botas. Cuando la vi vestida igual que yo, sobrándole tela por todas partes me sonreí. Me miró con el ceño fruncido porque ella no lo encontraba gracioso, pensaba que me estaba metiendo con ella. Pero me acerqué a ella y realicé un ademán para que la ropa se adaptase a su cuerpo, igual que las botas. Entonces ya no tenía un aspecto ridículo, todo lo contrario, resultaba absolutamente seductora con ese atuendo.
Continué vistiéndome. Lo siguiente era colocar todas las dagas en sus fundas, pasar el tahalí por mi cabeza para que la espada descansase contra mi costado izquierdo. También me puse unos guanteletes de cuero para proteger mi brazo y mi mano. Sólo me faltaba decidir si llevaría las armas de fuego o no. Al final me decanté por dejarlas, ya llevaba suficiente chatarra encima como para cargar con más.
Salimos de la cámara y nos adentramos por el pasadizo hasta el corredor que nos comunicaba ahora con la torre. Cuando subíamos las escaleras se nos unieron Calebros y Todd. El Nosferatu llevaba una larga túnica con capucha, supongo que además de usar la ofuscación para no mostrarse ante los alumnos, cuando lo hiciese no quería que se centrasen demasiado en su aspecto. Todd, sin embargo, llevaba unos vaqueros, una camiseta de heavy metal, también llevaba un arnés con dos cartucheras a la altura de los muslos, con sendas armas de fuego de gran calibre. Estaba claro que no iban a dejar pasar ni una.
Cuando llegamos al descansillo nos encontramos con los que aún faltaban por salir de la torre. Ennoia iba vestida también como si se preparase para adentrarse en caminos cargados de asaltantes, llevaba un par de dagas en el cinto, para que quedase claro que no estaba de buen humor. Crabe y Goyle aparecieron por el acceso que unía las mazmorras de Slytherin, ellos al menos iban vestidos con su uniforme normal. Se asustaron un poco al verme con las pintas que llevaba, lo que más llamó su atención, por supuesto, fue la espada. Pansy y Theo bajaron las escaleras siguiendo a Jules. La nigromante también vestía de cuero ajustado, con un modelo muy similar al de Bárbara, pero ella no llevaba arma de ningún tipo, pensaba como yo que eran innecesarias al tener tanto potencial de destrucción con su magia. Pansy también llevaba su uniforme, Theo sin embargo había decidido llevar unos simples vaqueros oscuros y una camiseta gris, poniéndose la túnica con el escudo de Slytherin por encima.
Haquim bajó las escaleras, para no variar llevaba un traje suelto de lino blanco, resaltando sobre su oscura piel y en contraste con todos los demás, que nos habíamos decantado por ropas oscuras. En esta ocasión llevaba un rico cinturón de oro con pedrería del que colgaba una cimitarra, enfundada en una vaina de impresionante belleza. Confeccionada en cuero blanco, con refuerzos de oro en la punta desde los que salían arabescos dorados formando un dibujo complicado y precioso. Le seguían las doce concubinas restantes, pues sabía que Aaliyah estaba aún en compañía de los otros, todas ellas vestían de reluciente blanco. Sus velos y sus cintos estaban adornados con detalles de oro y perlas, cada una portaba una daga con el mango enjoyado, igual que las vainas en las que estaban guardadas.
Salimos todos de la protección de la torre y nos adentramos por los corredores en dirección al vestíbulo para poder reunirnos con todos los demás en el comedor. Sabía que mi sire quería que estuviésemos allí antes de que comenzasen a llegar alumnos y profesores a la única comida que se realizaba en aquella habitación ahora. Pero, en vista de cómo se habían desarrollado los acontecimientos durante nuestra ausencia, algo me decía que se había recuperado la costumbre de desayunar y cenar en el gran comedor. Daba igual. Pronto mi señor sería quien impartiese las órdenes en aquel castillo.
Entramos en el comedor y entonces pude ver los cambios que había sufrido la estancia y de los que no me había dado cuenta al observarla desde las sombras. Había una quinta mesa en el medio. Presumiblemente allí nos sentaríamos nosotros, para no tener que mezclarnos con el resto de los alumnos, como habíamos hecho hasta ahora. Lucian estaba sentado en la silla que siempre ocupaba Dumbledore, con un gesto les indicó a Ennoia y a Haquim que se sentasen a su lado, de ese modo los tres vampiros con mayor poder de todos serían los que llamarían la atención sobre ellos, los tres cabezas de clan. Lameth ya había ocupado su asiento, estaba al lado de Ennoia, en el ala que quedaba a la diestra de Lucian. El atlante se había tomado en serio su nuevo papel de responsable del castillo y se había puesto un conjunto de varias túnicas en tonos blancos y marfil, como si vistiéndose de esa manera intentase demostrar que ante todo era un mago bondadoso.
Se abrieron las puertas tras nosotros y entró Tony con una sonrisa de oreja a oreja, acompañado de Bárbara, Luca, las chicas y Justin. El druida seguía con su costumbre de vestir de manera amenazadora, sus vaqueros negros con las esposas como siempre, las botas militares con refuerzos metálicos, pero hoy había escogido una camiseta sin mangas de color rojo con unos ojos negros intimidatorios estampados en el pecho. Pero lo que más llamaba la atención de su persona no era su indumentaria, sino las dos espadas que sobresalían a la espalda, junto con la pistola que llevaba atada al muslo. Avanzó por entre las mesas con paso seguro hasta llegar junto a su mujer, la tomó del brazo con una delicadeza que contrastaba con su aspecto y la acompañó hasta el estrado, sentándose ambos junto a Haquim, situado en el lado siniestro de la mesa. César se sentó junto a Lameth y Calebros ocupó una silla cercana a Julia, pero lo suficientemente alejada para no llamar la atención demasiado.
Fuimos ocupando los bancos de la quinta mesa, sin preocuparnos demasiado por la organización. En un principio procurábamos que siempre hubiese un ghoul cerca de aquellos que no eran más que alumnos, por si se hiciese necesario que los protegiesen en algún momento, pero no nos preocupamos por ocupar un puesto en particular. Luca se sentó junto a Justin, Bárbara y Lavender se pusieron a los lados de Hannah y Susan, Hermione se sentó junto a mí, Ginebra y Harry se sentaron con Crabe y Goyle en medio, frente a las chicas. Las doce odaliscas se dividieron y ocuparon el inicio de la mesa, ya que sería quizás el punto más vulnerable. Pansy y Theo se sentaron a mi lado.
Poco después entraron aquellos que habían salido a pasear por los terrenos del castillo. Ziva e Isabel se sentaron frente a nosotros dos. Zanaa'h y Ayden cubrieron los flancos de Blaise y Daphne, George y Zach se sentaron juntos frente a Luca y Justin. Aaliyah subió al estrado y se situó tras su señor. Sabía que los ghoules de los Assamitas estaban armados, pero ellos mantenían sus armas ocultas. Igual que siempre había podido ver las espadas que Isabel llevaba cuando era simplemente la guardaespaldas de Hermione, ahora veía las empuñaduras de algunas dagas sobresalir de su ropa, pero tampoco resultaban demasiado evidentes, ni siquiera para mí. Marco y Todd ocuparon puestos enfrentados en la cabecera. El ghoul del Ventrue llevaba un gladius al cinto, aunque vestía de un modo bastante sencillo, vaqueros y camiseta, como la mayoría. Me extrañó que César no se hubiese vestido con su uniforme de general romano, pero imaginé que no querría llamar la atención, igual que el Nosferatu.
Los últimos en llegar fueron Lara y los dos secretarios de mi sire, Dominique y Laurent. Al parecer se habían demorado para cambiarse de ropa. Lara llevaba unos pantaloncitos cortos y una camiseta sin mangas, todo negro. Dos cartucheras con Desert Eagle en los muslos, botas militares con dagas atadas con correas y el cabello recogido en una trenza. Caminó con paso firme por la sala hacia el estrado, ocupó un puesto al lado de César. Ambos comenzaron a charlar animadamente. Dominique y Laurent también vestían para la ocasión. Los dos llevaban el uniforme de los guardias de la Fortaleza, con una espada a la espalda cada uno. En lugar de sentarse con nosotros, subieron al estrado y se situaron tras Lucian, como si fuesen su guardia de honor.
Inmediatamente después, entraron en perfecto orden, varios guardias de la Fortaleza. Comenzaron a situarse en los puntos estratégicos de la sala, cubriendo las entradas de dos en dos, situándose cuatro frente al estrado, dos en los extremos de cada una de las mesas y algunos ocuparon los asientos que habían quedado libres en nuestra mesa. No quedaba posibilidad alguna de rebelión por parte de los alumnos y los profesores con aquel despliegue que acababan de hacer. Dudaba mucho que se les ocurriese hacer otra cosa que boquear como tontos cuando viesen tal colección de armas a la vista.
Al menos podía decir que todos nosotros estábamos tranquilos, ninguno mostraba signos de preocupación por lo que estaba a punto de ocurrir. Lo más probable era que la mayoría hubiesen sido informados por los ghoules o vampiros con los que convivían de los planes que teníamos para ocupar el castillo. Justin, el que más me habría preocupado anteriormente, ahora estaba relajado, charlando con Luca, Zach y Bárbara. Daphne les contaba a Theo y Pansy su encontronazo con Edgecombe, riéndose con ganas cuando llegó al momento en que la Ravenclaw se había visto rodeada por todos los ghoules. Pansy se lamentó de no haber estado presente para poder darle un escarmiento.
- Te favorece mucho el negro, H. – Ziva miraba con expresión lasciva a mi mujer, como siempre que dejaba que sus neuronas la gobernasen.
- Gracias, Ziva, es que me apetecía vestir acorde a la ocasión. – Le replicó Hermione.
- La verdad es que casi se diría que te estás preparando para convertirte en una Lasombra, fida'i. – Se burló Isabel. – Tu atuendo es idéntico al de tu marido.
- Porque después de estar mirando para el armario durante más de media hora sin encontrar nada que le gustase, terminé por duplicar mi ropa y adaptársela. – Expliqué. – Eso sí, no veas lo que me costó convencerla de que no podía llevar armas.
- Todavía no estás preparada… aún debes entrenar más para poder ir armada. – Coincidiendo conmigo sin saberlo. – Por ahora tendrás que conformarte con el palito. – Sonriéndose con malicia.
- Una preguntita… - Pidió Theo. - ¿A partir de ahora todas las mujeres van a ir con estas pintas tan… jugosas? Porque no sé si podré soportarlo.
- Tú haz como yo, Theo. – Le dijo Blaise. – Recuerda que todas las que llevan armas son capaces de cortártela en lonchas… eso te ayudará a mantenerte sereno.
- Creo que tengo espíritu suicida y masoquista… porque no puedo sacar los ojos de encima de Bárbara, menos mal que está en la otra punta.
- ¡Pero sigo escuchándote perfectamente! – Voceó la ghoul, seguido de una carcajada. – Tranquilo, Theo… ya hablaremos tú y yo con calma.
Llegó el momento de la verdad. Se empezaban a escuchar el murmullo de conversaciones y el repiqueteo de pisadas. Pronto entrarían los alumnos en el Gran Comedor y se encontrarían con la sorpresa que les teníamos preparada. Lo primero que verían sería una mesa a mayores en el comedor, ya repleta de gente, muchos de ellos desconocidos. Lo segundo sería encontrarse que en la mesa de los profesores estaban todos los vampiros sentados con rostros severos.
Los primeros en entrar fueron un grupo de Slytherin. Se quedaron quietos como estatuas y los que iban tras ellos tropezaron con sus espaldas, provocando un ligero embotellamiento en la puerta. Sus miradas estaban clavadas en las doce mujeres vestidas de blanco que estaban sentadas en la mesa adicional. Siguieron con la mirada el recorrido de la mesa hasta ver los rostros conocidos de los demás Slytherin que estábamos allí sentados. Blaise les ofreció una sonrisa y les señaló hacia la mesa de siempre, para que dejasen de atascar la entrada y, al mismo tiempo, no cometiesen el error de pensar que podían sentarse con nosotros. Aunque no había sitio en la mesa tras haber sido ocupados todos los espacios libres por los guardias. Los jóvenes asintieron con la cabeza y trastabillaron un poco al principio cuando se dirigieron a la mesa correcta, volvieron a tropezar entre sí cuando se fijaron en que la mesa de los profesores estaba llena con los que reconocían como vampiros. La sangre abandonó sus rostros.
Los que habían tropezado con ellos eran Ravenclaws, nos miraron con desdén y temor a partes iguales. No esperaron mucho más y se fueron hacia su mesa correspondiente. Así fueron entrando el resto de los alumnos. En general, se quedaban callados en cuanto veían las nuevas disposiciones, se movían hacia sus mesas correspondientes despacio, sin apartar sus miradas de nosotros, lo que provocaba que muchos de ellos tropezasen con los bancos o con los pies del que iba delante. Los que tenían que dar la nota y romper el apropiado orden tenían que ser los mayores de los Gryffindor, que claro, no sabían estarse calladitos como es debido.
- ¿Qué carajo significa esto? – McLaggen se puso en jarras mirando amenazador a las aparentemente inofensivas odaliscas de Haquim. Ninguna reaccionó ante su bravuconada, por suerte para él.
- Ve a tu mesa, chaval. – Le ordenó uno de los guardias que formaba junto a la puerta de entrada, sin abandonar su puesto.
- ¿Y tú quién eres para darme órdenes? – Volviéndose hacia él.
- El que lleva un rifle de asalto que puede convertir tu cuerpo en un colador si no obedeces. – Le respondió con calma.
- ¿Un qué? – Ahí era donde el desconocimiento del mundo muggle y sus armas iba a provocar los primeros problemas.
- Cormac, no toques las narices y vete a tu mesa. – Ginebra se levantó de su sitio y se acercó al que estaba provocando todo ese jaleo. Todos los que ya estaban sentados observaban en silencio, expectantes. – Todo se aclarará en breve, pero primero queremos que estéis cómodamente sentaditos en vuestros sitios, ¿vale?
- ¡No te me acerques, zorra! – Retrocediendo un par de pasos y chocando con Ronald que estaba entrando en ese momento por la puerta.
- ¿Qué pasa aquí? – Preguntó el pelirrojo. – ¡Mira por dónde pisas Cormac!
- Ronnie, querido… - Ginebra utilizó un tono burlón. - ¿Te acuerdas de lo que te dijimos esta mañana? Nada de problemas y seguirás manteniendo la cabeza pegada a tus hombros… llévate a ese bocazas a la mesa de Gryffindor si no quieres que lo lleve yo.
- ¿Por qué hay una mesa más? – Dándose cuenta al fin de la quinta mesa. - ¿Y por qué está ese en el sitio de Dumbledore?
- Ya está bien… - Refunfuñó Ginebra. Tomó a su hermano por el brazo y a McLaggen por otro y comenzó a arrastrarlos sin contemplaciones hacia la mesa de los Gryffindor. Con la fuerza que tiene por ser ghoul, ninguno pudo resistirse ante la pequeña pelirroja. Los obligó a sentarse en los bancos con un empujón que casi los tira al suelo. - ¡Calladitos y quietecitos! – Les ordenó amenazándoles con el dedo. – No queréis que vuelva a levantarme, os lo aseguro. – Volviendo con paso acelerado hasta su sitio en nuestra mesa. Me di cuenta de que mi sire no había perdido ni uno solo de sus movimientos y luchaba por no sonreírse por el mal carácter de la pelirroja. – A la próxima, que se levante otro, por favor. – Pidió cuando se sentó nuevamente.
- Creo que lo manejaste bastante bien. – Reconoció Hermione.
- Sí, pero no veas las ganas que tenía de sacar la espada de su vaina y amenazarlos con ella. – Se estremeció Ginebra.
- Tú tranquila, querida. – La calmó Ziva acariciando su brazo con ternura. – Pronto se te pasará, es normal cuando te sacan de tus casillas. ¡Oye, no me había dado cuenta! ¿No llevas un traje muy parecido al de Halloween? – Desviando la conversación a otra cosa más banal.
- Sí, cuando Luc me propuso que me vistiese y armase, se me ocurrió que podía adaptar un poco el traje, al menos es mucho más cómodo. Sobre todo por las botas, el tacón no es tan alto y las bajé a media caña, para que no me molestasen para sentarme. – Respondió entusiasmada. – También cambié un poco el corsé, para poder respirar y comer. – Riéndose animadamente. – Aunque te eché de menos, Draco… - guiñándome un ojo con picardía. – No fue lo mismo cuando Dom me ayudó a atar el corsé.
- Lo siento, querida Ginebra, pero me temo que tendrás que sobrevivir sin mí…
Siguieron entrando alumnos al comedor, aunque ahora ya eran avisados por los que estaban sentados en las mesas de que no se detuviesen e hiciesen como si no existiésemos. Cuando aparecieron Thomas y Finnigan, Ronald se levantó de inmediato para ir a buscarlos, parece ser que le había quedado clara la advertencia de que le harían responsable de esos dos. Sobre todo después de la reacción que había tenido su hermana con él y McLaggen. Por lo menos no tendríamos más inconvenientes por su parte. Ahora sólo faltaba ver la reacción de los profesores al encontrarse con los vampiros en su mesa.
Dumbledore fue el primero en entrar por una de las puertas auxiliares que había tras el estrado. Se quedó quieto en el sitio al ver a Lucian sentado en su sitio. Recorrió la mesa con la mirada y analizó la situación. Luc se levantó y fue junto a él para poder hablarle con discreción, pero el Director estaba visiblemente enfadado por lo que estaba viendo y cometió un error. Sacó su varita. De inmediato Dominique y Laurent desenvainaron sus espadas y se adelantaron a Lucian, situándose entre él y el mago, los dos listos para atacar. Todos los alumnos sostuvieron el aliento ante ese despliegue.
- Albus, guarda la varita, por favor. – Pidió mi sire con calma. – No quiero problemas, en serio.
- ¿Qué significa esto, Lucian? Creí que sólo deseabais protegernos de los problemas que vosotros mismos nos causasteis… - Le interpeló Dumbledore.
- Y así es. Por desgracia, la mejor manera de protegeros es invadiros primero. – Le aclaró el Lasombra. – A partir de ahora nosotros seremos quienes impartiremos las normas en este castillo, Albus. No podemos preparar la defensa si al mismo tiempo tenemos que guardarnos las espaldas de vosotros. Se acabó lo de ser comprensivos.
- No puedes invadir este castillo, Lucian... – Intentando mantener la compostura. – Hogwarts está imbuido de magia, sólo responde ante el Director.
- Sí que puedo, Albus. Ya lo he hecho. – Le comunicó Lucian. – Lameth se ha hecho con el control de Hogwarts esta misma mañana. Por ahora ha permitido que todos vosotros estuvieseis en vuestros aposentos, pero desde que abandonaste tu despacho ya no se abrirá para ti.
- ¿Cómo…? – Dumbledore lo miró sin lograr comprender.
- Es lo que tiene el que uno de los magos que ayudó a los cuatro fundadores a crear el castillo esté entre nosotros, Albus. – Mi señor se sonrió. – Que antes no hiciese uso de sus prerrogativas sobre el castillo no quiere decir que ahora no sea el que lo controla a placer. Ahora, por favor, sé razonable y guarda la varita. – Señaló a los dos ghoules que seguían entre ambos. – Si haces un amago de encantamiento se lanzarán sobre ti sin que pueda detenerlos. No quiero que nadie salga herido.
- ¿Por eso todos vais armados? – Bajando la varita lentamente, su rostro reflejaba una mezcla de emociones, aún estaba molesto pero también estaba abatido y reconocía que no podía hacer nada.
- Es una mera precaución. Entiende que no podemos fiarnos de nadie. – Avanzó un paso y tocó a sus secretarios en el hombro, Dominique y Laurent envainaron sus espadas, pero no dejaron de observar al mago. – Supongo que entenderás que muchas cosas cambiarán a partir de ahora. Te agradecería que ocupes asiento entre los alumnos, será sólo hoy, para poder dirigirme a todos vosotros como corresponde. – Invitándole con un ademán a moverse hacia las mesas de los alumnos. – Por favor.
El Director guardó su varita viendo que no le quedaba otra opción, aceptó la invitación de Lucian y rodeó la mesa con la cabeza bien alta, manteniendo su dignidad a pesar de la situación en la que se encontraba. Se sentó, ante el asombro de todos los alumnos, en la mesa de Gryffindor. Evidentemente pronto empezaron los cuchicheos, salvo en la cercanía de Dumbledore. Todos los Gryffindor se tragaron lo que fuese que estaban deseando decir, no se atrevían a hablar con el Director sentado allí. La siguiente en entrar por la puerta auxiliar fue McGonagall. Ella sí que podría plantear algún problema, de seguro que intentaría lanzar algún hechizo, con todo lo que aquello iba a plantear.
- ¿Qué…? – Se quedó quieta en el umbral, intentando asimilar lo que estaba viendo en la mesa del estrado.
- Minerva, si hace el favor, Albus le está esperando en la mesa de Gryffindor. – Comenzó mi sire con calma, señalando hacia la situación de la mesa.
- ¿Qué le han hecho a Dumbledore? – Exclamó retrocediendo un paso y amenazando a mi sire con la varita.
- No le hemos hecho nada, Minerva, baja la varita, por favor. Intenta ser razonable. – La instó Lucian en un tono de voz sereno. – No queremos que nadie salga herido… - Dominique ya tenía una daga en la mano y estaba a punto de lanzársela a la profesora. – Dom…
- Sólo la lanzaré si se le ocurre mover el palito de marras. – Replicó la ghoul sin dejar ver ningún tipo de emoción en su voz, totalmente concentrada en los movimientos de la profesora.
- Ya la ha escuchado, Minerva… - Advirtió Lucian. – Sólo reaccionará si usted…
McGonagall debió de pensar que sería capaz de ser más rápida que Dominique. Hay que tener en cuenta que los ghoules son tan rápidos como aquel que les da su sangre, eso quiere decir que Dom podía llegar a ser mucho más rápida que el pensamiento de la vieja bruja. McGonagall sólo pudo mover levemente la varita para comenzar el hechizo cuando la varita cayó de su mano a consecuencia de quedarse sin sensibilidad en la misma. La causa fue la daga que atravesaba su hombro.
- ¿Pero por qué no escuchan los magos? – Se lamentó mi sire, girándose hacia Lameth. - ¿Tiene que ver con que el uso de la magia bloquea sus canales auditivos o qué?
- Creo que en este caso no tiene que ver otra cosa que la testarudez. – Comentó el atlante mientras rebuscaba entre los múltiples pliegues de su capa. – Que alguien le quite la daga, ponga esto sobre la herida y luego la vende con esto. – Posando un frasquito y un jirón de tela en la mano de Lucian.
- Ya habéis escuchado, Dominique, Laurent. – Les ordenó.
- ¿Por qué tenemos que curarla? – Protestó Dominique.
- Tú recupera tu daga y da gracias a que le digo a Laurent que te ayude. ¿Cómo tengo que explicarte que no me van a afectar sus trucos de magia? – Recriminándole el que se precipitase. – Minerva, van a curarte la herida, conste que no es lo que deseaba que ocurriese, te agradecería que no protestases y permitieses que procediesen con la cura. Luego te acompañarán a la mesa de Gryffindor.
- Mi señor… - Empezó a protestar Laurent.
- Aaliyah se encargará de que nadie me lance un hechizo, ¿vale? Al menos ella no saltará como un ratoncillo a la primera de cambio. – Le cortó Lucian. Entonces fue cuando Severus apareció por la otra puerta auxiliar.
- ¡Sevi! – Exclamó Julia. – Tú no hagas caso de ese desastre, ven a mi lado y te pongo al día, lagartijo mío. – Severus avanzó hacia la nigromante con pasos inciertos, pues no dejaba de mirar cómo atendían a McGonagall que se estaba mordiendo el labio para no protestar. Cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, Julia lo tomó del brazo y tiró de él con decisión para sentarlo en el sitio que había libre entre ella y Calebros. – A ver, mi querida serpiente, te cuento. Estamos invadiendo el castillo, Dirk, mi sire… ¿Te acuerdas que te dije que era muy viejo y que era un atlante? Sí, el que te cae tan mal porque siempre quiere corregirte con las pociones, el mismo. Bien, pues él se ha unido con el castillo porque es más poderoso que Albus y porque les echó un cablecito en su momento a los cuatro fundadores cuando lo estaban organizando todo. Dumbledore está allí, ¿ves? – Señalando a la mesa de Gryffindor. – Pero sé que tú no te vas a poner tontorrón y te voy a dejar que te quedes aquí. – Acariciando su rostro para que se centrase en mirarla a ella y nada más. - ¿Ves, como no pasa nada malo? Ahora necesito que seas un buen profesorcito y me cuentes todo lo que ha ocurrido durante mi ausencia. ¿Hablaste con tus alumnos para que no nos diesen problemas? ¿Te encargaste de explicarles que no es seguro para ellos el meterse con nosotros? ¿Intentaste convencer a los demás profesores para que hiciesen lo mismo? – Sin dejar de acariciar el rostro de Severus.
- Ari… - Susurró mi padrino, estaba claro que ella le permitía utilizar ese apodo cariñoso. – Yo… he hablado con mis alumnos para intentar advertirles de que no era recomendable que se opusiesen a vosotros, les he dicho que vuestras intenciones son honestas, que no buscáis el poder sino que deseáis estar tranquilos… - Comenzó a explicarle, totalmente ajeno ya a todo lo que le rodeaba. – Mis colegas no han querido escucharme cuando les he advertido de que era recomendable que hiciesen lo mismo, ellos no quisieron atenderme cuando les dije lo que tú me habías explicado. Siguen pensando que queréis controlar a los alumnos para vuestro beneficio.
- Muy bien, Severus, has sido un buen chico. – Recorriendo su rostro con un dedo, obligándolo a acercarse con sólo su voluntad. – Te has ganado mi afecto por haber atendido a mis advertencias y tratar de facilitarnos nuestra tarea de protegeros, esta noche te daré mi recompensa por tus esfuerzos. Tú no eres el culpable de que los demás no te escuchasen, seguro que lo intentaste con ahínco. – Rozando sus labios con los del profesor de pociones.
Los alumnos estaban atónitos ante todo lo que se estaba desarrollando ante ellos. Los pocos que podían escuchar el intercambio de palabras entre Snape y Julia, debían de estar perplejos por el poder que la nigromante ejercía sobre él. No creo que algunos le guardasen mucho respeto tras esta escena. De todos modos, aún seguirían temiéndole, puede que más si cabe. No en vano estaba quedando claro que él estaba de acuerdo con nosotros, incluso podía parecer que era una marioneta de Julia. Pero sé perfectamente que ella no le ha obligado a nada, sólo ha sugerido, hablado y razonado con él. La mente de mi padrino no ha sido modificada en absoluto, pero sigue siendo un elemento de la oscuridad, de esa parte de la magia que tanto temen los demás. La misma que le había atraído hacia Voldemort en su día.
Mientras Julia se dedicaba a romperles los esquemas a todos los presentes con su actuación para con Severus, el resto de los profesores iban llegando por distintas puertas. Los guardias se encargaban rápidamente de quitarles las varitas, porque se habían dado cuenta de que tenían tendencia a ser elementos problemáticos. En cuestión de unos minutos, Trelawney, Vector, Hooch y Pomfrey estaban sentadas en diferentes mesas, observándolo todo a su alrededor y sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo.
El que también tenía trazas de dar problemas era Lupin. Logró entrar y esquivar a los guardias que estaban apostados en la puerta y se dirigió hacia la mesa principal lanzando un hechizo no verbal con la varita. Lo malo es que le dio a Ennoia. No le hizo nada, por supuesto, pero sus dos ghoules saltaron como si tuviesen un resorte en el culo para lanzarse sobre el lupino. George se abalanzó sobre él y lo tiró al suelo, dislocándole el hombro de la varita. Zach le dio una patada a la varita que salió despedida hacia uno de los guardias, al mismo tiempo se agachó para ayudar a George a inmovilizar al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Dumbledore se levantó, preocupado por la seguridad del lupino al ver la ferocidad con la que ambos ghoules se movían.
- ¡Pero es que no vais a dejar de hacer el idiota con las malditas varitas! ¿Cuántas veces tenemos que deciros que no nos afectan vuestras estupideces? – Estalló Lucian, harto de que se empecinasen en echar por tierra su intento de invadirlos sin dañar a nadie. – No somos una pandilla Sabbat, somos los que nos los comemos de postre mientras os quedáis temblando en vuestros escondites. – Girándose hacia Ennoia. - ¿Podrías decirles que lo dejen vivo, En?
- ¿Es imprescindible? – Preguntó la antigua mirándose las uñas.
- ¡En, no me toques las narices! – Protestó mi sire.
- Vale, vale… si insistes. – Aceptó a regañadientes. – George, Zach… inmovilizadlo pero dejad que siga respirando, Luc quiere que viva.
- Ya te tengo dicho que todo buen plan no resiste cuando se encuentra con el enemigo. – Comentó de pasada César.
- Reconoce que nunca te has encontrado con una sarta de inútiles como estos… - Volviéndose al antiguo Ventrue.
- No, eso es cierto… mira que no saber cuándo están en inferioridad. – Chasqueando con la lengua mientras negaba con la cabeza.
Zach apartó a George para que no se viese atrapado por la enredadera que comenzó a crecer en torno de Remus Lupin. Le estaba cogiendo el truco a la magia sin varita bastante rápido. Dumbledore seguía en pie, apretaba los puños hasta que los nudillos se le volvieron blancos. La rabia y la impotencia corrían por su cuerpo. Hermione y yo no le quitábamos ojo de encima, así como el resto de los que estaban cerca de nosotros. Sabíamos que el único que podría llegar a ser un verdadero problema era el anciano, porque conocía demasiados trucos. Ninguno nos afectaría directamente, pero sí podía poner las cosas demasiado difíciles. Aunque eso sólo serviría para que tuviésemos que usar un mayor número de fuerza.
- Ya me he hartado de esperar a que todos decidan venir… - Declaró mi sire. – Tony. Tráelos a todos, por favor. No quiero que quede ni un alma fuera de estas cuatro paredes.
- Los elfos pueden seguir trabajando, ¿no? – Preguntó el druida poniéndose en pie.
- ¡No estoy para bromitas, Sammael! – Rugió Lucian.
- Mira que eres aburrido cuando te pones en plan general… tómatelo con calma… no vaya a ser que termines cargándote a alguien. – Dándole unas palmaditas en el hombro. – Seguro que, sólo por fastidiarme, lo harías cuando no estuviese presente para poder disfrutarlo.
El druida desapareció de nuestra vista. Seguro que había parado el tiempo y estaba recolectando profesores y alumnos, porque cuando volvió a aparecer estaba mordisqueando una manzana y había más gente en el Gran Comedor. Todos perfectamente atados y amordazados, con sus varitas enganchadas en medio de sus ataduras, donde no podían alcanzarlas, por supuesto.
- Todos tuyos. – Sentándose junto a Julia que le dio un mordisco a la manzana de su marido.
- Gracias. – Mi sire comenzaba a calmarse un poco, ahora que ya tenía a todos reunidos donde quería. – Bien. Ahora que al fin estáis todos reunidos y no van a producirse más inconvenientes, creo que es el momento de deciros exactamente qué está pasando y por qué. Pero creo que, para que recibáis más cómodamente las noticias, podemos pedirle a los elfos que vayan empezando a poner la comida.´
Dicho esto, las mesas fueron llenándose con bandejas repletas de manjares exquisitos. Todo ello olía de maravilla. En nuestra mesa, donde estábamos Isa y yo, también aparecieron dos botellas de sangre, por si decidíamos que nos apetecía tomar un trago. En la mesa principal también aparecieron varias jarras de sangre. Laurent se acercó a la mesa y sirvió una copa a Lucian, quien la aceptó con una sonrisa de agradecimiento. Isa y yo también nos servimos una copa, compartiendo una sonrisa, ambos íbamos a dejar claro que la pantomima había llegado a su fin.
- Perfecto. Ahora que podéis ir calmando vuestro apetito empezaré a explicaros un poco de qué va todo esto. – Dándole un sorbo a la copa. – La mayoría de vosotros ya sabéis que somos vampiros, pero no unos vampiros cualesquiera, por lo menos no entramos dentro de ese chiste de libros de texto que tenéis. El caso es que mi vástago Draco quería venir a estudiar su último curso para tener el título de mago, algo totalmente innecesario pero que al chaval le hacía ilusión, por lo que se lo concedimos. Con lo que no contábamos era con un ligero inconveniente. Resulta que otros vampiros querían que Draco se uniese a su "club", por llamarlo de alguna manera, ellos piensan que los humanos no sois otra cosa que bolsas de sangre con patas de las que pueden disponer cuando les plazca. Evidentemente, Draco no deseaba unirse a ellos, lo malo es que no toman un no por respuesta. Por esa razón intentaron raptarlo en el tren, aunque tanto él como Isabel hicieron todo lo posible por evitar las muertes de todos los que ibais en él, no eran más que dos, por lo que algunos sí encontraron la muerte en ese ataque. Dos de ellos, quiero remarcarlo, eran Neville y Luna Longbottom, dos de vuestros condiscípulos que eran en extremo queridos por mí y por mi familia. Así que no os penséis que no nos importa un cojón de pato lo que os ocurra. Decidimos venir al castillo y encargarnos de mejorar sus defensas todo lo posible, en previsión de un segundo ataque. Del que todos pudisteis ser testigos ya que tuvo lugar en medio del juego ese. Y aquí es donde todo se complica. – Poniéndose de pie y apoyándose en la mesa con ambas manos. - ¿Sería alguno tan amable de explicarme cuándo os dimos la muestra de que nos importaba otra cosa que vuestra seguridad? Porque no dejo de escuchar estupidez tras estupidez como que tengo intención de crear un ejército de magos o que vamos a mataros a todos. ¿Para qué iba a molestarme en venir con mi familia, ponerla en peligro y pelear con esos sucios Sabbat si sólo tenía que dejarles hacer lo que mejor se les da… aniquilar? Vale. Seguiré. Por alguna estúpida razón, se os ha metido entre ceja y ceja que tenéis que oponeros a nosotros e intentar matarnos o sacarnos del castillo. Eso no va a ocurrir. Ya desde ahora quiero que os quede tan claro como el agua de un glaciar. No vamos a irnos hasta que termine el curso y el peligro del Sabbat haya desaparecido. Quizás algunos de vosotros no sepáis que hubo unos cuantos listillos que se dedicaron a hacernos la vida imposible durante los días posteriores al ataque antes mencionado. Algunos han encontrado la muerte por ser tan insensatos de meterse con fuerzas que desconocen por completo, otros sufrirán una agonía eterna sólo por el placer que eso me causa. No soy Dumbledore, no soy un profesor, no soy vuestra mamá. Mantendré vuestros corazones palpitando mientras no resultéis ser un estorbo. – Hizo una pausa y aprovechó para dar otro sorbo a su copa. – Como iba diciendo. A partir de ahora el castillo está bajo nuestro control. Los profesores se limitarán a ejercer la tarea para la que han sido contratados por el Director Dumbledore: enseñaros los conocimientos necesarios para aprobar los exámenes. Ya no se permiten las salidas al pueblo de Hogsmeade, el que entre en el Bosque Prohibido, encontrará una muerte más que segura. Los calabozos del castillo han sido reinstaurados y permitiré a Tony que torture durante un día a todo el que ose desobedecer una de mis órdenes. Se acabaron las ñoñerías y las chiquilladas. Los juegos se limitarán a las zonas comunes de vuestras salas. Existirá un toque de queda estricto, todo el que se encuentre fuera de sus salas comunes a partir de las diez de la noche, podrá ser ejecutado o entrará a los calabozos. A partir de este mismo instante… estáis oficialmente bajo mi poder. – Recorriendo la sala con su mirada como si se detuviese en cada uno de los ojos que le miraban llenos de pavor. - ¿Alguna duda? – Con un tono más tranquilo.
- ¿Nos va a matar, profesor? – Susurró un Gryffindor al oído de Dumbledore.
- A ver, muchachito… soy un maldito vampiro, puedo escuchar hasta tus pensamientos si me place… ¿realmente te crees que no voy a escuchar un susurro? – Girándose hacia el joven Gryffindor. – No sé si has escuchado algo de lo que acabo de decir, he procurado ser lo suficientemente claro para que incluso mentes tan atolondradas como las vuestras pudiesen entenderlo. No estamos aquí para mataros, pero lo haremos si nos desobedecéis. Puede que incluso no seamos nosotros quienes os maten, si no hacéis caso de nuestras órdenes… hay muchas más cosas que pueden mataros. Es una norma muy fácil: Obedece y seguirás vivo. Desobedece y morirás con toda seguridad.
- Ahora que los has atemorizado para el resto de sus vidas… ¿Puedo decir algo, Luc? – Pidió Lameth.
- Por supuesto. – Sentándose y bebiendo de su copa con tranquilidad.
- Os ruego perdonéis a Lucian, él es ante todo un soldado y está acostumbrado a hablar a hombres que también lo son. Creo que se ha olvidado de que está tratando con niños en algún momento. – Intentando calmarlos con una sonrisa amable y utilizando un tono suave. – Pero no os ha mentido en ningún momento. Para poder asegurarnos de que el Sabbat, los vampiros que quieren mataros a todos, no entre aquí… hemos tenido que poner unas medidas de seguridad en torno a todos los terrenos del castillo. Eso implica que hay muchas más criaturas peligrosas en el Bosque Prohibido, por eso es todavía más peligroso si os adentráis en él. Como algunos consideraron que era su deber limpiar el castillo de vampiros, tuvimos que vernos en la obligación de invadiros primero para poder protegeros después. Espero que comprendáis que todo esto no es de nuestro agrado, tenemos otras cosas a las que dedicarnos, pero nos consideramos en la obligación de libraros de la lacra del Sabbat antes de dejaros seguir con vuestras vidas. Si os dedicáis a entorpecer nuestra tarea eso sólo se traducirá en muchas más muertes innecesarias, pero no las nuestras sino las vuestras. Tened en cuenta que, como vampiros, siempre predominará en nuestra manera de actuar nuestra autoconservación, no arriesgaremos nuestra existencia para salvaros.
- Y eso os lo dice el más compasivo de nosotros. – Se carcajeó Lara, apoyando los pies en la mesa y bebiendo un generoso trago de la copa que le tendió Dominique.
- Sí, es cierto. Soy el más compasivo, algo que mis familiares suelen considerar como una debilidad, pero que yo quiero pensar que es aquello que me permite convivir con vosotros y comprender lo que os lleva a hacer lo que hacéis. Sé que estáis aterrorizados y que no sois capaces de comprender del todo lo que ocurre. Intento explicároslo para que no cometáis el error de querer rebelaros contra nosotros una vez más. Ellos no son compasivos. – Haciendo un gesto que abarcaba a los vampiros que ocupaban la mesa. – Todo lo contrario, muchos no conocen la piedad. Habéis sido testigos de cómo han reducido a vuestros profesores, los que tienen un mayor conocimiento de magia que vosotros. Tomadlo como una lección importante de este día. El Director Dumbledore ya no tiene el poder que ayer poseía sobre el castillo, ahora ese poder es mío. Por eso podré controlar todos los cuadros, entradas, pasadizos, salas y demás aspectos del castillo. Mi poder es mucho mayor que el de Dumbledore, no me subestiméis por ser compasivo, pues os aseguro que estaré pendiente de cada piedra de esta construcción para evitar que os encontréis en peligro por vuestra estupidez, pero igualmente seré implacable con aquellos que intenten saltarse las normas. Sé que Dumbledore os suele decir que las normas no están para fastidiaros, sino para protegeros. En esta ocasión os pido que os lo toméis más en serio que nunca. Lucian os ha dicho que Tony tendrá permiso para torturaros durante un día… - Señaló a Tony que saludó con una sonrisa maliciosa, relamiéndose los labios. – Creedme cuando os digo que preferiréis morir a sufrir bajo sus manos. Las criaturas que plagarán los terrenos una vez caiga la noche estarán a cargo de Ennoia. – Señalando a la antigua Gangrel que no les hizo caso y seguía examinando sus uñas. – Algunos conocéis a Binky, puede que incluso sepáis de la facilidad con la que se deshizo de uno de vuestros compañeros cuando cometió el error de poner en peligro a Zacharias. Los seres que poblarán el Bosque Prohibido no atenderán a razones. Por favor, intentad obedecer las normas que se os han impuesto y cuando todo esto termine seguiréis con vida para contárselo a vuestros hijos y nietos. – Sentándose de nuevo.
- Si se me permite. – Julia se levantó para poder dirigirse a los alumnos.
- Por supuesto, Jules, querida… por mí como si todos os vais turnando para dejarles claro que no estamos de broma. – La invitó Lucian.
- Gracias, Luc. – Se paseó por las sillas para dar un rodeo y ponerse frente a la mesa, apoyándose en ella con gracia. – Bien, algunos me conocéis porque paso mucho tiempo con vuestro profesor de Pociones. Resulta que a estos dos se les ha olvidado mencionar un ligero detallito sin importancia. – Haciendo un gesto con sus dedos para remarcar cuan insignificante resultaba aquello que habían olvidado. – Es con referencia a los fantasmas. Soy Nigromante, eso quiere decir que, además de tener un mayor potencial mágico que vuestro Director en la punta de su dedo meñique, también controlo a los muertos. Por eso los fantasmas del castillo ahora serán mis agentes. Se moverán por todas partes para informarme de vuestras infracciones, de vuestros comentarios sediciosos y de todo lo que tenga referencia a vosotros. También tendré control sobre las almas de todos los que mueran en este castillo, por lo que no penséis que la muerte será un acto heroico sin castigo, porque os encontraréis con que pasaréis a formar parte de mi ejército de fantasmas o de zombis. Sí, también habrá zombis. Por eso es importante que os quedéis en vuestras salas comunes y no salgáis fuera del toque de queda, porque ellos tampoco razonan. Siguen órdenes muy precisas y sencillas como por ejemplo: mata a todo el que entre en este corredor. No les importará si es un profesor, si es un alumno o las caritas de penita que les pongáis. Os matarán y no sentirán nada. Claro que, si alguno es tan estúpido como para dejarse matar, luego será uno de mis zombis y le ordenaré, igual que al resto, que cubra un pasillo. Entonces será el responsable de matar al siguiente que rompa las normas. – Manteniendo una sonrisa encantadora durante todo su discurso. – También sería importante deciros que los profesores no pueden serviros de ayuda. Como muchos han dejado muy claro que no están conformes con el nuevo régimen que gobierna el castillo, algunos tendrán que estar bajo nuestro control mental y no es como ese control tonto de ese aprendiz de malo que era Voldemort… No, niños, cuando nosotros controlamos una mente lo hacemos a la perfección, no dejamos que esa persona tenga posibilidades de resistirse de ninguna manera. Aunque, desde ahora aviso a los profesores, que será mucho más cómodo si deciden cooperar.
- ¿Terminaste, Jules? – Preguntó Lara. – Es que me olvidé de otro detallito. Ahora que tú has hablado de los zombis, me vino a la mente que no les expliqué lo de los guardias.
- Sí, claro, Lara. Es necesario que se lo expliques. – Aceptó la Giovanni, incorporándose y regresando a su sitio, entre su marido y el profesor de pociones.
- Supongo que veis a los guardias que están apostados a lo largo del corredor, puede que os acordéis de que traje unos cincuenta conmigo cuando vinimos la primera vez. Vale, pues ahora hay muchos más. Patrullarán las torres, las almenas, los muros y los pasillos. Tienen orden de disparar a zonas no vitales en el caso de encontrarse a alguien en actitud sospechosa, intentad no subestimarlos tampoco. – Se iba a sentar pero volvió a levantarse. – Una última cosa. Los que están sentados a esa mesa forman parte de nuestra familia, si algo le ocurriese a alguno de ellos, aunque sólo le rompáis una uña o cortéis un cabello, el responsable morirá.
- Todos ellos han dejado muy claro con sus palabras lo que os va a ocurrir. – Dijo Cesar mientras se ponía en pie y bajaba el estrado. – Hace tiempo que descubrí que las palabras no son suficientes para que jóvenes mentes como las vuestras comprendan el verdadero poder que se esconde tras nosotros. – Paseándose a nuestro lado. – Si fueseis mis soldados, os mostraría que cada una de mis órdenes tienen una razón de ser, os enseñaría que yo mismo me pliego a ellas para vuestro bien. – Deteniéndose junto a Blaise y Daphne. – Pero como bien ha indicado mi amigo Dirk, no sois más que niños, por eso debéis conocer el lado más duro de la vida a través de las acciones más crudas. – Tomó la mano de Daphne para instarla a levantarse. – Querida mía, sé que tú conoces muy bien que no deseamos el mal de ninguno de tus compañeros, pero sabes que hemos de aplicar duros castigos por el bien de todos los demás. Necesito de tu ayuda para enseñarles que nadie está libre de castigo cuando incumple una norma. – Besando la mano de Daphne con ternura. – Dime dónde está tu hermana, aquella que profanó el lugar de reposo de tu protectora y robó un objeto preciado para ella.
- César… - Se sorprendió Daphne. – Astoria ya fue castigada en su momento…
- No, querida, sólo fue amedrentada porque la dulce Hermione la liberó de su castigo. Yo no soy tan fácil de persuadir por unos dulces ojos o una súplica, por eso me encargaré de impartir el castigo que tanto tiempo ha sido demorado. – Encerrando la mano de Daphne entre las suyas. –Por favor, señala a tu hermana Astoria para que pueda proceder cuanto antes.
- Está allí. – Señaló Daphne poco después. – Es la morena que intenta esconderse detrás de esa chica más grandota. – Así era, Astoria intentaba esconderse detrás de Millicent Bullstrode.
- Gracias, querida. – Besando la frente de Daphne y permitiéndole que volviese a sentarse. – Blaise, siento causarle dolor a tu pareja, pero es necesario. – Palmeando el hombro de Blaise mientras se desplazaba hacia la mesa de Slytherin. Astoria se levantó e intentó salir de allí, pero el antiguo Ventrue se movió mucho más rápido que ella y le cerró el paso. – Astoria, joven niña, me recuerdas a una de mis esposas, la joven Pompeya también pensaba que podía librarse de todas sus travesuras con una simple reprimenda. – Tomó el mentón de Astoria en su mano y centró su mirada en sus ojos, sabía lo que estaba haciendo, estaba doblegando su mente a la suya, para que se convirtiese en su completa esclava. – Bien, jovencita, a partir de ahora serás mi sirvienta, te encargarás de todas las tareas más sencillas e ingratas con una sonrisa en tus labios, aceptarás mis órdenes sin un mal gesto y cumplirás con todos mis deseos.
- Sí, mi señor. – Astoria respondió con una voz monocorde, sin emoción alguna, con la mirada perdida en los ojos del Ventrue.
- Arrodíllate y besa mis pies. – Le ordenó soltándola. Ella así lo hizo ante el asombro de todos los demás alumnos. – Bien, este es un castigo leve, podría haber hecho muchas más cosas con ella, incluso podría haberle arrebatado la vida. Digamos que he preferido ser clemente, sólo porque la encuentro ligeramente agradable a la vista. – Sonriéndose con malicia mientras volvía al estrado. – Sígueme y sírveme en la mesa.
- Sí, mi señor. – Astoria se arrastró a cuatro patas tras el Ventrue. César no le había ordenado que se pusiese en pie, por lo que ella no lo había considerado siquiera, sé que lo hizo a propósito para mostrarles de ese modo hasta qué punto tenía control sobre ella.
Nadie se atrevió a decir nada, pero sabía que muchos se preguntaban cómo Daphne había sido capaz de entregar a su propia hermana a alguien como César, a lo que podría haber resultado ser su muerte. Ahora ella estaba siendo reconfortada por Blaise y Ayden. Mi amigo la abrazaba y el ghoul le aseguraba que César no sería un mal señor para Astoria, que no se cebaría con ella y que pronto la liberaría.
- Será mejor que ahora intentéis comer algo. – Anunció Lucian. - La cena será servida a las ocho, estaréis en vuestras salas a las diez en punto de la noche. El que llegue tarde a cenar, no comerá nada hasta que se abra de nuevo el comedor a las siete de la mañana.
- Lucian. – Se levantó Dumbledore para pedir la palabra.
- Ya hablaremos después de que terminen de comer, Albus. Sé que tenemos muchas cosas que discutir, pero ahora no es el momento. – Invitándolo a sentarse. – Te recomiendo que pruebes algo de la comida, Tony les ha pasado nuevas recetas a los elfos, son de mi nuevo cocinero. Seguro que las encuentras mucho más interesantes.
- No puedo permitir que uséis de ese modo a los alumnos. – Señalando a Astoria que seguía de rodillas al lado de César, sirviéndole en el plato la comida que él le indicaba. – Es degradante.
- Es su castigo, Albus. También es un ejemplo para sus compañeros, mientras la vean atendiendo a César sabrán que podemos hacerles lo que queramos. Como ya te he dicho antes, hablaremos cuando termine la comida. – Dirigiéndose al resto de los alumnos. – Hoy, al haber acaparado vuestra atención durante tanto tiempo, lo tendremos en cuenta y ampliaremos el tiempo para que podáis comer. Pero el resto de los días sabed que la comida será servida a la una en punto y se retirará a las dos.
Comenzaron a comer con tranquilidad, comentando entre ellos las distintas normas que habían impuesto y que tampoco eran demasiadas como para que los chiquillos las fuesen a olvidar. Los mismos chiquillos estaban callados y no eran capaces de reaccionar. Algunos tenían cerca a un profesor que estaba atado y amordazado, no sabían qué hacer. Lucian, percatándose de ese detalle, indicó a sus guardias que los liberasen para que pudiesen comer tranquilos. Así lo hicieron pero se quedaron con sus varitas, por si acaso.
- ¿De verdad matarán a alguien si les desobedece? – Susurró Susan a Lavender.
- Ya has oído a Dirk, no necesariamente serán ellos los que ejecuten esas sentencias y Julia lo ha dejado muy claro. Si alguien sale de su sala común cuando los zombis de ella están guardando un pasillo, ellos no entienden de excusas o explicaciones. Pero esos zombis estarán ahí por si el Sabbat lograse infiltrar a alguien en el castillo. Son una medida de seguridad como otra cualquiera, pero no les puedes dar órdenes complejas. – Explicó Lavender con tranquilidad mientras se servía un poco de comida. – Pues sí que tiene buena pinta este estofado… me recuerda al que comimos en aquel restaurante en navidades. – Comentó. – Estoy pensando que probablemente tengamos que mudarnos al estudio de Dumbledore, para que Dirk esté más cerca del centro del castillo. ¿Dónde dormirá Dumbledore? – Se preguntó por mera curiosidad.
- Supongo que le enviarán a Gryffindor, antes era el Jefe de esa casa, ¿no? – Comenté dándole un sorbo a mi copa.
- ¿Y qué harán con McGonagall? – Preguntó Hermione a mi lado. – Ella es ahora la Jefa de Casa, no pueden compartir habitación… - Con el ceño fruncido, estaba claro que no le gustaba mucho el modo en que Lucian había llevado las cosas, pero reconocía que no les habían dado opción.
- Oye, Lavender… - La llamó Crabe. – Si vais a mudaros de habitación, ¿podemos Goyle y yo quedarnos con la vuestra de la torre? No nos apetece quedarnos en Slytherin, no vaya a ser que se lo tomen a mal.
- Por supuesto. Aunque Dirk se aseguró de que vuestras habitaciones quedasen dentro del escudo de protección, no os puede pasar nada allí tampoco. – Le aseguró ella.
- Eso me recuerda que Lucian ya le dijo a Dirk que tenía que añadir alguna habitación más en su sección, nosotros estamos un poco apretados. Imagino que Haquim y sus esposas también. – Ginebra charlaba animadamente, aunque nosotros éramos la única mesa en la que se hablaba sin reparos y se comía tranquilamente.
- No os preocupéis por nosotras. – Añadió una de las odaliscas. – Estamos muy cómodas en nuestros aposentos.
- Sí, estamos acostumbradas a tener que compartir dormitorio desde hace mucho, por lo que no tenemos queja del arreglo que ha hecho Dirk para nosotras. – Intervino otra.
- Señor Malfoy, perdone el atrevimiento, pero… - Habló uno de los guardias, por sus galones lo reconocí como un teniente. – Si sus dos amigos van a dejar dos dormitorios libres dentro del escudo protector, ¿cree que podrían ser utilizados por mis hombres para poder descansar durante los cambios de guardia? Sería muy útil que alguno estuviese en el interior para poder responder a cualquier llamada.
- Supongo que estará bien, podría comentárselo su capitán al señor Deveraux para hacerlo más oficial, pero me parece una buena idea. – Acordé. – Hablaré en su favor si se me pidiese consejo.
- Muchas gracias, señor. – Inclinando la cabeza en señal de respeto hacia mí.
- La verdad es que estoy de acuerdo en que, aunque Dirk ha ampliado la torre, estamos un poco apretaditos. – Dijo Luca distraídamente.
- Vamos, no puedes esperar que tengamos las mismas comodidades que disponemos en la Fortaleza… - Le protestó Bárbara.
- Es que hace tanto tiempo que no tenía que compartir cuarto contigo… que ya me había olvidado de lo maniática que eras. – Le sonrió él.
- Y yo de lo caótico que puedes llegar a ser tú. – Devolviéndosela. – Pero consuélate con que esta noche estarás solito… pienso hacerle una visitilla a cierto mago que cree que soy… jugosa. – Riéndose divertida.
- ¿En serio? ¿Me vas a dejar solito? – Luca enarcó una ceja y se giró a Justin. – ¿Just, me harías compañía esta noche? – El chico se sonrojó hasta la raíz del cabello, probablemente tuviese mucho que ver el que Luca estuviese acariciando su muslo.
- ¿Podemos hablarlo luego? – Le pidió en un susurro casi inaudible.
- No te avergonzarás de mí, ¿verdad? – Acariciando su cuello con lujuria.
- Luca… no estamos solos y… no creo que sea el momento. – Soltando una risita floja porque el ghoul le había hecho cosquillas.
- Es el mejor momento, nadie te presta atención… todos están concentrados en cual será el siguiente golpe que dejarán caer nuestros señores. – Le susurró al oído, aprovechando para mordisquear su lóbulo. – Venga… sólo dime que vendrás… - Le instó.
- Si quieres que te deje comer, yo que tú le decía algo. – Le recomendó Bárbara. – Es lo malo de su temperamento italiano, no para hasta que no consigue lo que quiere.
- Eso es, hazle caso a la escocesa… me conoce muy bien. – Continuó Luca.
- De acuerdo… iré. – Girándose para mirarlo a los ojos. - ¿Contento?
- No sabes tú cuanto. – Besándolo en los labios y haciendo que Justin se olvidase de que estaba en medio del comedor y que no todas las miradas estaban centradas en la mesa principal.
- Una pregunta, mera curiosidad… - Dijo Zach. - ¿Queda alguien por salir del armario en Hufflepuff o es que soy el único hetero?
- No lo tengo muy claro, Zach… me da que aún hay muchos dentro del armario. – Se carcajeó Hannah.
- Vale, tengo que decírselo a En… seguro que estará contenta de haberse topado con el único que podría haberla ayudado ese día. – Sonriéndose divertido.
- Por eso no te preocupes, seguro que ya lo sabe. – Le dijo George. – Tiene una especie de radar para detectar a los posibles compañeros de cama apropiados.
- Me tomas el pelo, ¿no? – Zach lo miró sorprendido.
- A ver, no es que sea algo que tenga por ser vampira, pero sí que acierta bastante en ese tipo de cuestiones. – Señaló a Hannah y a Susan. – Seguro que supo lo vuestro antes que vosotras dos os dieseis cuenta.
- Bueno, tampoco es que fuese muy difícil. – Se sonrojó Hannah. – Hermione también se dio cuenta y no tiene superpoderes.
- Es que lo llevabais escrito en la frente… - se rió mi mujer.
- ¡Y yo que pensaba que era discreta! – Se quejó Susan.
- ¡Luca! – Barbie le lanzó un bollo que el ghoul atrapó a ciegas con la mano. - ¿Quieres hacer el favor de dejar que el pobre chico coma algo? – Luca se separó de Justin y le lanzó una mirada cargada de picardía a su compañera. – Comida, Luca, comida de la que hay sobre la mesa.
- Vale… aunque no le iba a dejar desfallecer de hambre, siempre podía escabullirme más tarde hasta las cocinas para proveerle de todo lo necesario. – Protestó el ghoul.
- Pero… ¿y los zombis? – Se preocupó Justin.
- Son los zombis de mi señora, ¿recuerdas? A mí no me harán nada, Just. – Acariciando la mejilla del joven. – Pero Bárbara tiene razón, será mejor que te deje comer ahora para que tengas fuerzas para más adelante.
- También tendrá que estudiar. – Comentó Marco. – Seguro que quiere aprobar este curso para no tener que volver a este sitio el año que viene.
- Por eso no te preocupes, Marco. – Intervino Ziva. – Si es necesario le doy un par de clases magistrales y es capaz de darle mil vueltas al examinador.
- Sí, algo me dice que… los que estamos en esta mesa no vamos a tener muchos problemas para aprobar este curso. – Añadió Blaise. – Entre las clases avanzadas que ya hemos tenido y las que nos darán…
- Y no te olvides de otro detalle a mayores, que los que son ghoules ya no requieren de varita para realizar la mayor parte de las pruebas. – Le aclaré.
- ¿Es absolutamente necesario que esperes a convertirme en ghoul uno o dos años? – Me preguntó de inmediato.
- Sí, lo siento, pero no puedo precipitarme con eso. – Le aseguré.
- Aún así tendréis que estudiar para las pruebas escritas, bombón. – Le recordó Isabel. – Nosotros no podemos ayudaros con eso.
- Es cierto… y ya podéis ir acelerando el ritmo de estudio. – Se carcajeó Pansy. – Porque los exámenes están programados para dentro de un mes.
- ¿Pero qué dices, Pansy? – Mi mujer la miró sorprendida. – Se supone que aún nos quedan dos meses para los EXTASIS.
- Ya no, Julia y Tony nos pidieron a Theo y a mí que les llevásemos al Ministerio para acelerar el proceso.
- ¡Draco, luego tenemos que ir a la biblioteca para recoger los volúmenes de Historia de los Enanos antes de que se acaben los ejemplares necesarios! – Mi mujer se había olvidado por completo de la invasión y ahora estaba centrada en hacer una lista mental de todos los libros que iba a tener que leer en tan poco tiempo. – También está el de Encantamientos Avanzados de Phineas Smith, el de Pociones Para Emergencias de Barnabee Johnson, seguro que también necesitaré Runas Élficas Protectoras…
- Tranquila, fida'i. Seguro que a Tony no le importará darte un poquito más de tiempo para estudiar y estar preparada a tiempo. – La tranquilizó Isabel.
- ¡Pero eso sería hacer trampa! Los demás no tendrán esa oportunidad… - Protestó.
- Piensa en el druida como tu giratiempo particular, cariño. – Acariciando su espalda. – En tercero te resultó muy útil y el resto no lo tenía.
- Supongo que si lo planteas así… - Reconoció pensativa.
La comida desapareció de las mesas indicando que se había terminado el tiempo dedicado a comer. Nosotros sí que habíamos comido, por lo menos los compañeros que aún requerían comer para sustentarse, los demás alumnos no sé si habían aprovechado la oportunidad. Todos se quedaron quietos sin saber qué hacer exactamente. Por eso Lucian se levantó para indicarles sus órdenes inmediatas para esa tarde.
- Como hoy no tenéis clases, podéis retiraros a vuestras salas comunes, el patio interior o la biblioteca. Recordad que deberéis estar aquí a las ocho en punto para poder cenar.
Los alumnos se levantaron todos a una y salieron como alma que lleva al diablo del comedor. Estaba claro que querían alejarse al máximo de los vampiros. Y lo más probable es que se fuesen todos corriendo a sus salas comunes para intentar planear algún tipo de reacción, conociendo a los Gryffindor, serían los primeros en meter la pata hasta el gaznate. Los profesores se quedaron en sus sitios, esperando a la conversación que sabían tendría lugar ahora. Una en la que esperaban poder participar, sobre todo aquellos que habían estado maniatados y amordazados antes.
- Ahora sí que es el momento de hablar, Albus. – Lucian se levantó y se desplazó hasta el borde de la tarima, donde se sentó para poder estar más cerca del director y el resto de profesores. – Dirk, intenta hacer un poco de organización para que estemos todos más cómodos, por favor.
Lameth cerró los ojos por una fracción de segundo, de inmediato todo empezó a cambiar a su alrededor, hasta que abarcó todo el Comedor. Sin que nos diésemos cuenta apenas del cambio, las mesas desaparecieron y la sala se transformó en una réplica modificada del salón de audiencias del Palacete. Lucian y Lara estaban en sus sitiales, cómodamente sentados. El resto de los vampiros tenían también una silla acorde con su estatus. Nosotros, como meros espectadores, teníamos derecho a unos cómodos bancos. En el medio, los profesores estaban sentados en otro banco semicircular. Los guardias seguían ocupando sus puestos y no movieron ni un músculo que demostrase su sorpresa ante el repentino cambio de escenario. Lameth estaba sonriendo como un niño.
- Lo siento… es que hace tanto tiempo que no me encontraba tan a gusto realizando este tipo de cosas… - se excusó. – Al castillo le gusta que lo reforme, se siente bien cuando hago cambios en él. – Explicó a Dumbledore. – Pero entiende que ustedes no tenían el poder para hacerlo, no les guarda rencor.
- ¿De verdad puede sentir al castillo? – Preguntó completamente asombrado el Director.
- Claro, está tan vivo como ustedes, la magia lo alimenta continuamente. Echa mucho de menos a sus fundadores y a los que les ayudamos a que lo creasen, le apena que existan pocos magos con la capacidad necesaria para llegar hasta él. – Miró hacia Ziva. – También está muy contento de que estés con nosotros, Mirdin, pero lamenta que no tengas la madurez suficiente para poder unirte a él.
- Lo sé, viejo amigo, a mí también me apena no poder sentirlo. – Suspiró Ziva. – Otra vez será. – Encogiéndose de hombros.
- Vale, ahora que ha quedado claro que Dirk y el castillo se han hecho amiguitos, creo que podríamos comenzar a hablar de otras cosas más importantes, ¿no creéis? – Pidió Lucian.
- Sí, claro, perdona Luc. – Se disculpó Lameth.
- Lucian, exactamente cuáles son tus intenciones. – Pidió Dumbledore.
- Lo dejé muy claro antes, Albus. – Mirándolo seriamente. – No quiero que los alumnos me estorben. Todo esto es para tenerlos controlados y que no les pase nada mientras nosotros nos encargamos de contener al Sabbat. Porque van a volver y con más efectivos, eso puedes tenerlo muy claro. Si me desobedecen, sufrirán las consecuencias. Pero no porque vaya a matarlos con mis propias manos, sino porque se toparán con aquellas líneas de defensa que hemos dispuesto.
- Antes de irnos os advertimos de que debíais poner orden en este gallinero. – Se levantó Isabel acercándose al sitial de Haquim. – No nos hicisteis caso, dejasteis que siguiesen campando a sus anchas, que su rencor hacia nosotros creciese. Vosotros mismos fuisteis los responsables de que hayamos tenido que tomar esta medida.
- Así es. – Corroboró Lucian. – También eso nos obligará a ser más estrictos con vosotros, puesto que los alumnos verán todo lo que os ocurra como un ejemplo de lo que pueda llegar a sucederles a ellos. También estaréis sujetos al toque de queda, no era una baladronada. El régimen de comidas será como se ha indicado. Los guardias tendrán otros turnos diferentes, de ese modo no se superpondrán unos con otros, para que no existan roces o familiaridades.
- ¿Y qué piensas hacer con nosotros? – Preguntó Dumbledore.
- Por lo de ahora me limitaré a eliminar parte de vuestros privilegios, como el que no podréis imponer castigos. Eso será cosa nuestra. Tú ya no dispondrás de tu bastión en la torre del Director, por supuesto. Ese cuarto será utilizado a partir de ahora por Dirk…
- No es por fastidiar, conste, es que así estoy en el centro neurálgico del castillo y puedo conectar mejor con él. – Explicó Lameth. – Por eso el despacho del Director está situado ahí y no en otro sitio.
- Entiendo. – Aceptó Dumbledore. – No sólo es para demostrar que ya no tengo control sobre Hogwarts, realmente tiene una razón práctica.
- Eso también, aunque el que no dispongas de acceso a esa zona del castillo también influye en cómo los alumnos te verán a partir de ahora. – Reconoció Lucian. – Todo está interconectado de algún modo, nos guste o no. Por supuesto que entendemos que tienes que dormir en algún sitio y no eres nuestro prisionero ni nada por el estilo, aunque en esencia todos lo sois, Dirk se encargará de ampliar las estancias del Jefe de Casa de Gryffindor para que puedas acomodarte ahí mientras dura esta ocupación.
- Muy amable por tu parte el tener mi comodidad en consideración. – Agradeció Dumbledore con cierto sarcasmo.
- Lo del toque de queda sigue en pie, Albus. No me haré responsable de que un zombi, un guardia o un demonio te mate si sales de esa torre después de las diez. – Le advirtió nuevamente.
- ¿Demonios? – Exclamó la profesora Sprout.
- Sí, Pomona, Demonios del Abismo. Criaturas de un mundo alternativo que viven en eternas sombras y que pocas veces salen de ahí. Les va a encantar poder pasearse en este plano de existencia y se sentirán muy felices si alguien va corriendo hacia ellos para servirles de cena. – Explicó Lara. – Les encanta la carne fresca y corretona.
- Creo recordar que también le cogieron gusto a la carne británica hace un tiempo. – Se burló César. - ¿No enviaste a varios ejércitos britanos al Abismo durante aquella campaña?
- Sí, guardaron unos cuantos carros de recuerdo y todo. – Añadió Lucian. – Pero no nos vayamos por las ramas, que siempre nos pasa lo mismo cuando nos ponemos a recordar viejos tiempos. – Negando con la cabeza. – En lo que se refiere a los Jefes de Casa. Por ahora mantendrán su posición, siempre que no intenten alentar a los alumnos que tengan bajo su cargo a rebelarse contra nosotros. Los fantasmas que campan a sus anchas por las distintas casas estarán encantados de informar a Julia de cualquier ruptura de dichas condiciones.
- Supongo que pueden estar seguros en lo que respecta a Snape. – Refunfuñó McGonagall mientras llevaba una mano a su hombro herido.
- Minerva, os advertí de que no era razonable el desoír sus advertencias. Yo sí que me preocupé porque mis alumnos entendiesen que no era recomendable enfrentarse a estos vampiros, que no eran como los que venían en los libros. – Protestó el aludido. – Intenté que os aprovechaseis de lo que había podido aprender durante este tiempo, pero no quisisteis hacerme caso y ahora os toca lamentaros.
- Muy bien explicado, querido. – Elogió Julia.
- Ahora no es el momento para echarnos cosas en cara. Lo hecho, hecho está. – Volvió a interrumpir Lucian. – Como decía, los Jefes de Casa seguirán teniendo la posibilidad de controlar, hasta cierto punto, lo que ocurra en sus respectivas casas, pero tampoco os creáis que vais a disponer de un gran poder. Lo de los castigos sigue en pie, nosotros seremos quienes nos ocupemos de considerar las acciones que merezcan ser castigadas y de qué manera. Los horarios serán consultados con nosotros, todo lo referente a las actividades no lectivas también pasará por nuestra aprobación previa. Tendrán que buscar acomodo también para el resto de profesores. Sé que lo habitual es que duerman en las habitaciones adjuntas a sus aulas y estudios, pero eso tendrá que cambiar. Sólo habrá cuatro sitios donde no pondremos guardianes y esos serán las cuatro casas, espero que aceptéis esta medida como una precaución más y no como un castigo.
- En lo que tiene que ver con las clases, también tenemos algunas cosas que decir. – Lara tomó el relevo. – No estamos del todo contentos con que uno de los profesores sea un lupino, no es por nada, pero sabemos cuan incontrolables pueden llegar a ser. – Lupin iba a protestar. – Sí, ya sé que se toma usted una poción para no ser otra cosa que un lobito bueno, pero no podemos arriesgarnos a que se le olvide tomarla y que ande suelto por el castillo. Se le asignarán unas dependencias en los calabozos, intentaremos que resulten lo más cómodas posibles para que no lo considere un castigo en sí, pero no se le permitirá deambular por el castillo en ningún momento. Sus clases las impartirá otro profesor. Albus, si te parece bien sería oportuno que tú fueses el que lo sustituyese, de ese modo seguirás teniendo contacto con todos los alumnos.
- ¿Qué medidas adoptarán conmigo? – Preguntó Firenze. – Yo tampoco soy un mago como ellos.
- Ya, a ese respecto, En… - Lara se giró a la Gangrel.
- He estado hablando con tu caballada, están dispuestos a aceptar que vuelvas por un tiempo, sin rencores. Tampoco sería una medida definitiva, claro, pero creo que agradecerán tu presencia ahora que el Bosque Prohibido es un mundo un poco más peligroso y habitado que antes. – Explicó Ennoia con calma. – Les he explicado toda la situación, no están muy contentos con que estemos todos viviendo en el castillo, tampoco les gusta que haya rellenado con mis criaturas su bosque, pero pudieron ver cómo se las gastaban los Sabbat y consideran que es un mal menor siempre que nosotros nos encarguemos de impedir que vuelvan a molestarles. Aunque están prevenidos de que, al menos, tendrán que volver una vez más…
- Esto se debe a una medida estratégica básica. – Explicó César. – Cuando hablamos de batallas, la primera victoria es escoger el campo en el que vas a combatir. No podemos erradicarlos a menos que vengan en masa contra nosotros, porque son demasiados y están muy desperdigados, ellos mismos cometerán el error de unirse para atacarnos. Tenemos que aprovechar esas ventajas para poder acabar con el máximo número posible de efectivos Sabbat, así como podar algunas de las cadenas de mando. Si los dejamos sin cabeza y sin nadie que los gobierne durante una larga temporada, no se plantearán volver a estos lares. También, tendrán muy presente quiénes realmente serán los causantes de su perdición, es decir, si les quedasen ganas de atacar a alguien, sería a nosotros. Todo esto fue explicado a los habitantes del Bosque que fuesen capaces de comprenderlo, están conformes de aceptar el riesgo controlado si eso consigue eliminar una amenaza para siempre.
- Serás libre de acceder al castillo para impartir tus clases, si así lo deseas. Siempre y cuando te organices para no intentar acceder durante el toque de queda, por supuesto. – Añadió Lucian. – Sigamos con otros puestos comprometidos con esta ocupación. – Sacó un papel de uno de los bolsillos. – Argus Filch, ¿no? – Mirando al celador que permanecía de pie dándole vueltas a la gorra. – Por lo que tengo entendido usted no es un mago, ¿verdad?
- No, señor. Soy lo que se denomina un Squib, señor. Hijo de magos, pero sin magia. Se me ofreció el trabajo de celador, por eso de que no podía apañármelas en el mundo de los muggles, señor. – Sin dejar de darle vueltas a su gorra. - ¿De verdad van a torturar a esos diablillos en los calabozos? – Preguntó con un brillo especial en los ojos.
- Entiendo que no le parece una idea del todo desagradable… - se sonrió Lucian. – Sólo si lo consideramos oportuno, señor Filch. Usted vive en un cuarto adaptado para su puesto, cerca de su despacho, ¿es eso cierto? – Preguntó.
- Sí, señor. Me quedaré allí sin moverme durante el toque de queda, mi gata, la señora Norris, me hará compañía suficiente. – Se apresuró a decir.
- Seguro que sí, señor Filch, pero no creo que sea del todo seguro para usted el que esté en ese lugar por la noche. Como entiendo que no se lleva del todo bien con los alumnos y sería un inconveniente para usted el tener que compartir alguna de las casas con ellos, quizás aceptaría dormir en las dependencias que hemos preparado para mis guardias. Las encontrará aceptablemente cómodas y allí no habrá problema si se tiene que levantar en mitad de la noche. Y la señora Norris podrá ir con usted, por supuesto, a mis guardias les gustan mucho las mascotas y la recibirán con cariño.
- Muchas gracias, señor. – Haciéndole una reverencia a Lucian tan profunda como su lumbago se lo permitía.
- Buen hombre, si le parece bien, puedo darle un tónico para esos dolores. – Se interesó Lameth al darse cuenta de cómo le costaba recuperar la postura.
- ¿En serio? No quiero molestarlos, señores… - El celador estaba asombrado de que le tratasen tan bien.
- No es ninguna molestia, se lo aseguro. Como bien hemos indicado estamos aquí para garantizar su seguridad, aunque debamos tomar medidas extremas. – Le sonrió Lameth. – Acérquese después por mi despacho para que le pueda diagnosticar más adecuadamente, estaré encantado de proporcionarle alivio, aunque sólo sea un poco.
- Muchas gracias, señor. – Luchando de nuevo con el lumbago para reverenciar a Lameth.
- Sigamos, Irma Pince, bibliotecaria. – Leyó Lucian de su nota. – Usted tampoco es lo que se denomina una bruja, ¿no es cierto?
- No, señor, también soy una Squib. – Reconoció la aludida con la espalda muy recta. – Mis habitaciones se encuentran en un anexo a la biblioteca. Supongo que también quiere reubicarme. No tengo inconveniente en dormir en alguna de las casas de los magos, si ellos pueden encontrarme un sitio.
- Será bienvenida en la casa Ravenclaw, señora Pince. – Se adelantó Flitwick.
- Muy bien, arreglado. Tenga en cuenta que la biblioteca cerrará a las siete y media. Nadie puede quedarse en la sala cuando usted cierre la puerta para bajar al comedor.
- Entiendo. – Aceptó sin moverse de su sitio.
- También tendrá que aceptar que algunos de mis familiares accedan a cualquier zona, le aseguro que todos están acostumbrados a manejar textos antiguos y serán respetuosos con todos ellos. Puede que algunos vayan armados. También se le asignará una guardia para que se aseguren de que no queda nadie dentro cuando cierre las puertas, la acompañarán hasta el comedor y luego la escoltarán hasta la torre de Ravenclaw.
- De acuerdo. ¿Puedo preguntar por qué he de ser escoltada? – Preguntó muy estirada.
- Porque sé lo difícil que le puede resultar a un amante de los libros el separarse de ellos. La guardia se encargará de que no se olvide de que tiene que cerrar a determinadas horas e impedirán que siga la rutina de volver a la biblioteca. – Aclaró Lucian con una sonrisa. – Madame Pomfrey, enfermera. – La enfermera jugaba con su cofia en las manos, nerviosa. – Será la única que seguirá manteniendo sus aposentos inalterados, ya que he constatado que se encuentran en una sección de la enfermería. Como puede que tenga que vigilar a los pacientes durante la noche, se le asignará igualmente una guardia que impida que abandone el recinto, por su propia seguridad.
- ¿Va a devolver a la señorita Vane a su aspecto normal? – Preguntó en un hilillo de voz.
- Todavía no, aún me lo estoy pensando. Su presencia en la enfermería es lo que le ayuda a mantener su estatus de enfermera, como ha podido comprobar ya, tenemos nuestro propio equipo médico. Tampoco se crea que la vamos a tener muy atareada, los malestares más sencillos serán resueltos por el señor McCaan, los que intenten fingir que están enfermos… se arrepentirán de intentar su teatro con nosotros.
- De acuerdo. – Aceptó con la cabeza gacha.
- Rubeus Hagrid, guardabosques y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas. – Miró al semi gigante intentando evaluarlo. – Bien, señor Hagrid, usted me temo que es el que más difícil lo va a tener. No podemos permitirle que viva en el exterior del castillo, aunque su condición le permita soportar buena parte de los peligros del Bosque, ahora han aumentado considerablemente. Su clase también se verá afectada, por lo que Ennoia o George le acompañarán mientras la imparta, para evitar accidentes. Si no se encuentra cómodo en ninguna de las casas, también será bienvenido en la sección asignada a mis guardias.
- Si el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall no tienen inconveniente, preferiría dormir en la Torre de Gryffindor. – Dijo el grandullón. – No me gusta esto que está haciendo con los chicos… son buenos aunque un poco traviesos, creo que están siendo demasiado duros con ellos.
- Rubeus, ya te lo han dicho varias veces, los chicos se desmadraron, se les dio la oportunidad de ponerle remedio, no lo hicieron, ahora tocan las lamentaciones. – Le explicó Ennoia. – Si no das problemas, te enseñaré algunos de los especímenes que he traído específicamente para el Bosque, pero no puedes entrar en él solo. ¿De acuerdo?
- Supongo que tendré que aceptarlo así… - Aceptó con resignación.
- El resto de ustedes pueden decidir por sí mismos dónde dormir – dirigiéndose a los profesores que quedaban. – Como dije antes, eso aún será cosa de los Jefes de Casa, Dirk se encargará de crear habitaciones adicionales en caso de que sea necesario. – Miró a Hagrid. – En vista de su envergadura, creo que sería acertado que Dirk vaya diciéndole al castillo que le organice una especial para usted.
- Ya estoy en ello. – Anunció Lameth.
- Otro detalle importante. – Volvió a tomar el relevo Lara. – Los exámenes finales de quinto y séptimo. Hemos enviado emisarios al Ministerio de Magia y han aceptado adelantar las fechas. Tendrán lugar dentro de un mes y no dos, ténganlo en cuenta para adaptar las clases.
- Una pregunta… - Pidió la Madame Hooch. - ¿Seguirá en pie el torneo de Quidditch? Sé que para ustedes no es importante, pero para los chicos sí.
- Sí, seguirá en pie. Aunque tendremos que revisar las horas apropiadas para los entrenamientos y las fechas de los partidos. – Comentó Lucian. – Pero creo que es suficiente por hoy, ¿no cree?
- Supongo que sí. – Reconoció la profesora de vuelo.
- Bien, pueden irse todos a intentar poner orden en sus casas. Algunos ya han comenzado a planear cómo derrocarnos, les aseguro que todos los planes que han ideado sólo tienen un final: la muerte segura de todos ellos. – Mirando a McGonagall y dejándole claro que ella era la que más trabajo tendría. – También supongo que tendrán que ir organizando sus cosas para mudarse a sus nuevos aposentos. No olviden lo más básico. La cena tiene lugar a las ocho y a las diez en punto los corredores se convertirán en trampas mortales para todos. – Les invitó a marcharse. – Señor Lupin, mis guardias le escoltarán para que recoja sus cosas y le conducirán a sus nuevas dependencias. Repito que no es nada personal, si fuese posible, le permitiría seguir como hasta ahora, pero no podemos arriesgarnos, ni por su bien, ni por el de los demás.
- Muy bien. Me han tratado peor en otras ocasiones, al menos usted me lo dice a la cara. – Reconoció el garou.
- No soy un dictador por gusto, señor Lupin. Tengo tendencia a ser un gobernante justo con mi pueblo, le aseguro que no estoy para nada contento de las medidas que me he visto obligado a adoptar en esta situación. Esperaba mucha más colaboración por su parte de la que obtuve, me alegro de que ahora no opongan más resistencia. Pero no piense que por ser razonable voy a ser más blando. Cuando tomo las riendas, no permito que el caballo se encabrite por ninguna razón.
Pronto sólo quedamos aquellos que formábamos la creciente familia de Lucian, los vampiros, ghoules y demás simpatizantes. Sus guardias seguían apostados en las puertas, pero se notó que se relajaban ligeramente al no tener que estar pendientes de las reacciones de los magos ante las indicaciones de su señor. Lucian se relajó en su sitial, aunque Lara nos observó todavía con aire despierto. Conociendo a mi sire, una parte de él estaba escrutando las sombras para controlar que estaba siendo obedecido. Yo me mantenía al margen por el momento para no ser un estorbo, seguro que si deseaba que controlase algún punto ya me lo habría ordenado de manera específica, digamos que prefería no tomar ninguna iniciativa que pudiese resultar perjudicial para sus planes.
- Ya todo está en marcha. Las defensas preparadas y el rebaño apropiadamente encerrado, sólo queda que pasen los días hasta que se decidan a atacar. – Sentenció Lara. – Espero que no os resultase demasiado difícil el soportar este momento… - dirigiéndose sobre todo a los que nos habían acompañado de manera abierta, los que ya consideraba parte de su séquito. – Hemos intentado que fuese lo menos traumático posible. – Descendió del estrado y se acercó a Daphne. – Querida mía, siento mucho lo ocurrido con tu hermana… - desviando la mirada hacia Astoria, que seguía arrodillada a los pies de César. – Estoy conforme con él en que un ejemplo es más efectivo que las palabras, al haber accedido a señalar a tu hermana has dejado clara tu alianza con nosotros, pero también tu conocimiento de nuestra manera de ser. – Acarició una mejilla de Daphne con ternura maternal. – César no va a forzar a tu hermana, puedes estar tranquila, sé que la hará trabajar en algunas tareas poco nobles, pero para que ella aprenda a ser humilde, no por el mero hecho de tener poder sobre su voluntad. Lo más probable es que, con el tiempo, cuando sepa que ha aprendido la lección, la libere para que vuelva con sus compañeros y continúe sirviendo de ejemplo.
- Gracias, Lara. Entiendo que Astoria hizo muy mal y, desde entonces he temido lo que podría sucederle. No siento rencor hacia César ni hacia vosotros. – Su semblante aún así mostraba su amargura al ver a su hermana en esa situación. – Supongo que me costará un poco asimilarlo, pero sé que no le vais a hacer daño deliberadamente.
- En absoluto, Daphne. – Le aseguró César. – Trataré bien a tu hermana, quizás incluso sea beneficioso para ella el estar un tiempo bajo mi control.
- Supongo que podéis aprovechar que estoy reorganizando las casas para irme pidiendo todas esas modificaciones en la torre de las que hablabais durante la comida. – Propuso Lameth con una sonrisa, cambiando el tema de conversación para no abrumar más a Daphne.
- Sí, que estamos un poco apretadillos, nada más. – Comentó Ginebra.
Así comenzamos a enumerar los cambios necesarios en la torre, Lameth lo había hecho bastante bien al principio, pero ahora que estábamos todos, podíamos aportar más ideas. Cuando toda esta reorganización terminó, incluso el que varios guardias durmiesen dentro de la torre, nos fuimos levantando para ir a terminar de asentarnos. Como bien había explicado Lavender, siendo tantos necesitábamos tiempo para organizarnos. Hay que tener en cuenta que nosotros no podíamos hacer como los alumnos, que simplemente llegaban a sus casas, donde los elfos habían deshecho el equipaje y se habían ocupado de todo para que estuviesen cómodos. En nuestro caso, los elfos apenas pisaban la torre, por indicación de Tony, por lo que éramos nosotros quienes teníamos que encargarnos de subir y bajar baúles, guardar la ropa, trasladar muebles en algunos casos.
Pero todos nos manejábamos como una gran familia, no teníamos inconveniente en ayudarnos los unos a los otros, los más fuertes nos encargábamos de las tareas que requerían levantar pesos, los que teníamos un mayor manejo de la magia, nos ocupábamos de los pequeños detalles o de la decoración, agilizando las tareas del resto. Lameth y Lavender esperaron sin prisas a que Dumbledore hubiese recogido sus pertenencias de la torre del director, no querían apresurar al anciano y tampoco darle la impresión de que estaban deseosos de ocupar su despacho. Es más, a ninguno le hacía mucha gracia que ellos se alejasen tanto de nosotros, lo único que nos tranquilizaba era el férreo bloqueo que sabíamos el atlante impondría para que nadie se atreviese a entrar sin su permiso.
- Por cierto, Draco… - Me llamó cuando bajaba las escaleras después de ayudar a Crabe y Goyle a instalarse en su nueva habitación. – Quería comentarte un par de cosas.
- Lo que quieras Dirk, sabes que si necesitas lo que sea… - Me ofrecí gustoso.
- No, no es eso. – Riéndose. – Es sólo que, ahora que estoy en comunión con el castillo y percibo lo mismo que él, me doy cuenta de algunos de los trabajos que has hecho en su mejora… Digamos que el castillo quiere darte las gracias por haber sacado el Basilisco de ese lugar, también está muy contento con las reformas que has hecho.
- ¡Vaya, gracias! – Sorprendido.
- Me sorprende que no notases cómo intentaba agradecértelo… ¿No percibiste algo en particular cuando te dedicabas a modificar la Cámara?
- La verdad es que no, ni siquiera ahora soy capaz de notar nada. – Reconocí. – Imagino que es porque tampoco soy demasiado especial para el castillo o que no me considera merecedor de su atención como contigo.
- ¡Qué raro! – Masculló pensativo. – Bueno, da igual, sólo era eso… que Hogwarts aprecia tu gusto por la decoración. – Dándome unas palmaditas en la espalda.
Logramos tenerlo todo arreglado antes de las ocho y nos fuimos juntos hacia el comedor. En esta ocasión no nos encontramos con alumnos por los pasillos, directamente aparecieron todos en grupo desde sus respectivas casas. El Gran Comedor volvía a presentar su aspecto anterior, con la quinta mesa en medio de aquellas que correspondían a las casas. Más o menos volvimos a ocupar los mismos sitios que antes, aunque ahora los guardias no se unieron a nosotros por lo que las odaliscas estaban más cerca. También vinieron Aaliyah, Dominique y Laurent. Los vampiros se dirigieron de nuevo hacia la mesa presidencial. Para ellos no era necesario encontrarse en una posición elevada para controlar todo lo que ocurría en el salón, como en el caso de los profesores, pero así les recordaban a los alumnos quién mandaba ahora en el castillo y que estaban siempre vigilantes. Por supuesto, Astoria estaba arrodillada junto a César, dispuesta a servirle en cuanto él se lo ordenase.
Los profesores fueron sentándose en las mesas en cuyas casas ahora convivían. Snape, quizás como un gesto de compañerismo o porque no quería destacar sobre el resto, también se sentó a la mesa con los alumnos de Slytherin. A Hufflepuff se habían unido la profesora de Aritmancia y la de Runas Antiguas; en Ravenclaw, además de Flitwick, estaban la bibliotecaria, la profesora de Astronomía y Trelawney; la mesa de Gryffindor contaba con Dumbledore, Hagrid, y la profesora Hooch. Me pareció gracioso que aún desconfiasen de Slytherin como para no haber querido desplazarse a esa casa, seguro que la alineación de Snape con nosotros había influido considerablemente en que nadie escogiese mudarse a las mazmorras. El silencio seguía predominando en el Gran Comedor y la única mesa en la que se conversaba animadamente era la nuestra.
- ¿No se pondrá celosa Felicia cuando se entere de que compartes habitación con Ginebra, Harry? – Le preguntó Crabe en cuanto apareció la comida y comenzamos a servirnos.
- Para nada, Feli sabe que entre Ginny y yo ahora no hay más que una buena amistad. – Respondió despreocupado. - ¿Me acercas la fuente de verduras, por favor? – Pidió. – Además, Feli no sabe lo que son los celos. ¿Te lo imaginas?
- ¡No fastidies! – Soltó Goyle. - ¿Una mujer que no es celosa?
- Estás rodeadito de ellas, Greg. – Se carcajeó mi mujer al escuchar ese comentario tan curioso.
- A ver, para que quede claro… - Se levantó Ginebra. - ¿Hay alguna mujer celosa en esta mesa? – Preguntó alzando la voz. – Vamos… si hay alguna no la vamos a linchar, que seguro que tendrá sus razones y todo. – Revisó la mesa a un lado y otro fingiendo que hacía visera con la mano para aguzar la vista. – Nada, Greg, lo tienes crudo para que te hagan una escenita de celos. – Ziva y ella se rieron a carcajadas, pronto todas las demás se unieron también a la risa común, al igual que algunos hombres.
- Pero no podemos decir lo mismo de algunos hombres… - Comentó Hermione mirándome de soslayo.
- Yo tengo superados mis celos… - Alzando las manos en señal de rendición. – Palabra de Boy Scout.
- Eso no se lo cree nadie, rubito. – Se carcajeó Isabel.
- De acuerdo… hago lo posible por superarlos. Dejémoslo ahí. – Maticé.
- Eso sí que es curioso. – Intervino Susan. - ¿Por qué los tíos siempre sois más celosos que las tías y, sin embargo, nos tildáis a todas de Gorgonas pendientes de cabellos, rastros de pintalabios y cosas así?
- Yo no voy a entrar en esa discusión. – Negando con la cabeza. – Me niego. – Dándole un sorbo a mi copa de sangre.
- En realidad es muy sencillo, Susan… - le contestó una de las odaliscas. – Los hombres no pueden estar seguros de su progenie, por eso temen que nosotras nos dediquemos a estar con varios hombres y luego queramos convencerles que los vástagos son suyos.
- A nosotras se nos supone débiles y frágiles, con necesidad de tener un protector que vele por nuestra seguridad. – Añadió otra de las odaliscas. – Supuestamente tendríamos que ser celosas por temer el perder al proveedor de esa seguridad y estabilidad.
- Pero todo eso no son más que condicionamientos sociales que aparecieron con determinadas culturas. – Protestó Aaliyah. – Hoy en día los celos no tienen excusa racional alguna. Tampoco es que la monogamia tenga que ser la única forma de unión, por ejemplo, nosotras no tenemos ningún inconveniente en compartir entre todas a Haquim. Porque somos nosotras quienes lo compartimos, no él quien se favorece de tener tantas esposas… - Todas las odaliscas se unieron a ella en una carcajada general.
- También hubo algunas ocasiones en las que una mujer tenía varios maridos… - comentó George.
- ¿Y para qué quiere una mujer más de un marido? – Preguntó Pansy. - ¡Con lo fastidioso que es ya tener que estar pendiente de uno!
- Tienes razón, hoy en día es mejor dedicarse a no casarse. – Acordó Ginebra. – Así puedes hacer lo que te da la gana con quien quieras, que uno te viene bien, pues te lo quedas para que te eche un cable de vez en cuando, pero si se pone muy molesto… - chasqueó los dedos. - ¡Puerta!
- Pues yo sí quiero casarme, tener hijos y vivir una de esas vidas anodinas y normales… - Intervino Daphne, que hasta ahora se había comedido un poco. – A ver, sé que lo de los celos es algo que ha quedado desfasado, como la fidelidad eterna y todo eso… pero si entre dos personas se llega a un acuerdo de convivencia y se hablan las cosas… no tiene por qué ser todo tan drástico.
- Ya, Daphne, pero es que tú tienes la suerte de que Blaise ya está bien entrenadito por su madre para ser un buen chico y no dar la brasa con exigencias. – Siguió Ginebra. – Y en la parte de celos, chica… lo ibas a llevar crudo, creo que pocas son las que quedan en este castillo a las que no se haya beneficiado antes de conocerte.
- No exageres, Gin, puedo nombrar muchas. – Protestó Blaise. – Además, creo que habíamos dejado lo de los celos solucionado. No tengo intención de ir de flor en flor cuando tengo una de las orquídeas más hermosas a mi lado.
- ¿Ves? Está tan bien enseñadito que ya te hace la pelota para que no te entre la tentación de enfadarte con él. – Señaló la pelirroja.
- No es eso, Ginny. – Volvió a intervenir Harry. – Yo opino como él, no tengo ningún interés en otras mujeres desde que estoy con Felicia.
- Sí, puedo dar fe de ello. – Girándose hacia Ziva. - ¿Te puedes creer que no se inmutó cuando me vio con estas pintas?
- Eso es que la alianza de compromiso no deja que le llegue bien la sangre a ciertas partes… - Explicó Ziva. – Porque yo te encuentro muy deseable.
- Gracias. – Guiñándole un ojo con picardía. – Debe de ser eso.
Mientras seguían con su discusión acerca de hombres y mujeres, con distintas intervenciones pero siendo Ginebra la que más llamaba la atención de todos nosotros, yo me dediqué a observar discretamente las otras mesas. En su mayoría parecían intentar sobrellevar lo mejor posible el momento de tener que estar en la misma habitación que nosotros. Sólo unos pocos parecían interesados en lo que ocurría en nuestra mesa, incluso me pareció ver algunas cabezas asintiendo o negando según los comentarios que resonaban en el apabullante silencio. Los profesores eran los que mejor parecían sobrellevarlo, quizás estuviesen haciendo cálculos mentales de cómo resolver la situación en la que se encontraban, pero no parecía que fuesen a intentar nada en el momento más inmediato.
A las nueve, la comida desapareció de las mesas. Todos se levantaron y se fueron sin protestar hacia sus respectivas salas. El que estuviesen comportándose tan bien era lo que más me estaba preocupando. Me preguntaba cuánto tiempo duraría esta tranquilidad aparente. Mi señor y yo intercambiamos miradas, él tampoco se fiaba de esa silenciosa aceptación de sus condiciones. Pero estaríamos preparados para cualquier eventualidad, o todos perecerían en su intento de acabar con nuestro dominio del castillo. Quizás con lo que no contaban era con que, no es que nosotros actuásemos confiados porque nos creíamos superiores a ellos, sino porque las mentes más brillantes en cuestiones de sitios, invasiones, ocupaciones y dictaduras, habían calculado hasta el más nimio de los detalles. Regresamos a nuestra Torre con la confianza de saber que los corredores pronto se llenarían de los seres más implacables a la hora de cumplir las órdenes de sus señores.
Cuando se cerró la compuerta de la Cámara pude relajarme al fin. Mi sire no me había encargado ninguna tarea para esa noche, quizás deseaba que estuviese tranquilo esa primera noche, o que sabía que tendría suficiente al tener que tratar con mi esposa. La que siempre discutía las decisiones dictatoriales de los vampiros. No habíamos tenido ocasión de hablar antes pues yo había estado ocupado con ayudar a los demás a asentarse, por eso imaginaba que aprovecharía que al fin estábamos solos para enumerar todo con lo que no estaba conforme. Aunque había resultado bastante razonable cuando le había dicho lo de la ocupación del castillo, una cosa es pensarlo y otra verlo en directo.
- ¿Cómo te encuentras, Hermione? – Preferí ser yo quien iniciase la conversación, sabía que ella tardaría un tiempo en demostrar su desagrado o disconformidad, hasta que lo hubiese molido varias veces en su mente.
- Aunque no te lo creas, me encuentro bastante bien, Draco. – Acertaba, no me lo creía. – Casi me preocupas más tú… - Mirándome mientras se desnudaba antes de darse un baño. – Imagino que esto no es como cuando tuviste que acompañar a los Mortífagos aquella vez, pero debe de resultarte difícil.
- Ayuda el verlo desde otra perspectiva, no estamos aquí para matar alumnos, sino para protegerlos. La única pega es que no se lo crean. – Encogiéndome de hombros y desnudándome también para unirme a ella en el estanque. – Entonces no tienes nada que objetar a las medidas tomadas por Lucian y los demás, ¿no?
- La verdad es que no. – Reclinándose contra mí en el agua. – Hasta me encuentro sorprendida de lo razonables y lógicos que pueden llegar a ser. Me da pena lo de Astoria, pero creo lo que César y Lara le dijeron a Daphne. Ahora sólo espero que no sean estúpidos y tengan en cuenta las advertencias.
- Por desgracia, amor mío, temo que mañana despertemos para conocer alguna muerte. – Acariciando su cabello.
- Yo también. Pero no será culpa nuestra, más claro no se les ha podido dejar. – Cerrando los ojos y abandonándose a la calma reinante en nuestra sala.
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Y aquí está hasta ahora la primera fase de la invasión del castillo de Hogwarts, supongo que tenéis muchas opiniones al respecto de cómo se ha tratado a los alumnos y profesores, el que haya encerrado a Lupin, la reacción de Zach y George ante el ataque a Ennoia, cómo Severus está tan servil con los vampiros (chico listo que sabe lo que hay) o el que no hayan intentado poner remedio alguno a la situación durante las vacaciones.
Supongo que todo esto y mucho más me lo diréis por review, lo que me lleva a…
Respuestas a los reviews:
Hola, Yune!
Tienes razón, buena parte de los vampiros se han buscado un compañero mago, de una u otra manera. Lucian tiene a Ginebra y Harry, Ennoia tiene a Zach, Lameth a Lavender, Draco a Hermione, Isabel tiene a AJ (aunque lo suyo ocurriese hace mucho tiempo). Sólo el matrimonio de sádicos, César, Calebros y Haquim siguen sin asociarse más de lo necesario con los magos, pero es que no va en ellos el mantener relaciones largas o de ese tipo.
Aquí tienes el nuevo cap, espero que también lo encuentres interesante ya que trata muchos aspectos importantes del carácter de cada uno de ellos. Nos leemos en el siguiente.
Un besazo,
Madie
Hoooola, Anne!
Me encanta ese entusiasmo ante la sobredosis de capítulos, jejeje. Y no son pequeñitos, precisamente. Os toca de lleno todo el proceso de ocupación de Hogwarts por parte de nuestros queridos vampiros y sus fieles ghoules.
Zach no deja de ser un chavalito de diecisiete años, alucina a colores con eso de estar teniendo relaciones serias con una mujer adulta, además una peligrosa vampira. Lo del "Cromosoma Y" ha sido muy comentado, pero es que es cierto: eso de que les falte un cacho a la X hace que se comporten de un modo un poco burro a esas edades y que sólo tengan una cosa en la mente. ¿Para qué engañarnos? A esas edades y en el resto, jajaja.
Muchas veces tengo comentado que algunos vampiros tienen un equivalente en la vida real, en lo que se refiere a aspecto físico por lo menos. Ennoia está basada en Summer Glau, la actriz de Serenity. Es bajita, delgadita, con una cara de muñequita que le da un punto de inocencia. Todo eso ha sido aprovechado hasta la saciedad por la antediluviana a lo largo de su vida, ha explotado su imagen de ser inocente para ahorrarse el tener que librar batallas o peleas, aunque no deja de ser una de las más peligrosas de todo el árbol generacional de los cainitas. Creada por el mismo Caín, se especializó en todo lo que tiene que ver con el lado más salvaje de los vampiros, con el depredador en sí, sus dones son los propios de un depredador: se puede camuflar con el entorno y sus presas, mejora su comunicación con todos los seres salvajes, aumenta su capacidad de combate, etc. George explica muy bien cómo es ella cuando se la describe a Zach. En general no es sociable, no le gusta estar rodeada de muchos humanos, se suele aislar en puntos a los que el hombre no llega y se codea con bestias peligrosas.
Pero todo ello también te ayuda a entender que George esté preocupado por la seguridad de Ennoia cuando comienza una relación sentimental con Zach. Ella no es como los demás, no es una especialista de la mentira y tampoco se caracteriza por sus grandes dones sociales. Sí que tiene todavía su corazoncito, no está del todo muerto dentro de sí. Pero ha sido muy maltratado a lo largo de los siglos, comenzando con un matrimonio concertado a una edad muy temprana siendo humana todavía. Cuando fue convertida en vampira, luego fue abandonada a su suerte por su creador, los chiquillos que creó tampoco se quedaron con ella. Es una leona solitaria, peligrosa y dolorida, desconfía de todo el que se le acerca y le cuesta mucho dejar que alguien entre en su círculo privado. Zach lo consiguió precisamente al respetarla como mujer antes que temerla como vampira.
Lo de la zoofilia de Zach, a ver, si sabes que se te va a poner tontorrona la novia cuando se convierte en bichitos, es que ya te pones tú tontorrón, jejeje. No creo que Ennoia le conceda a Zach el convertirse en vampiro hasta dentro de muchos siglos, se ha visto obligada a convertirlo en su ghoul con antelación por las circunstancias, pero tardará mucho en considerar la posibilidad de compartir la maldición del vampirismo con él.
Muchas gracias por leerte el resto de los relatos, el del veela lo tengo abandonadísimo porque éste me tiene totalmente absorbida, siento mucho el haberlo dejado por tanto tiempo, puede que cuando éste llegue a su fin (algo inevitable) me ponga con el otro, pero no puedo prometer nada.
Un besote enorme, Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo a ti también.
Madie
!
La ametralladora de preguntas humana! Jajajajajajaja.
Gracias cariño por la publicidad de la nominación, jejeje. Aunque tampoco deberías ser tan mandona al decirles a todos que voten, ha de ser algo voluntario. (Que ya te veo con una escopeta de cañón recortado y empujándolos a todos para que voten). Y lo que me ha costado subir de debajo de la mesa por la pila de elogios que me has soltado de una sentada!
Pero al menos esta vez no soy la única que está roja como un farolillo, jijiji. Sí, te guste o no, Kelen está encantada de que hagas todas las preguntas que a ella no se le ocurren, seguro que a muchas más les pasa lo mismo. Pero es que no todos son tan organizaditos como tú y yo a la hora de dejar reviews, tú tomas notitas, yo me leo los capítulos varias veces y luego escribo los comentarios como cuando escribía los comentarios de texto en el colegio. Intento siempre dar una opinión general, tanto del argumento, tratamiento de los personajes, como del estilo y recursos a la hora de escribir. Vamos, que somos un par de maniáticas y por eso nos compenetramos tan bien: Tú preguntas y luego yo respondo con todo el rigor que puedo y me permite la historia. ;)
El resumen se hacía necesario. Han ocurrido muchas cosas a lo largo de la historia, estábamos a punto de llegar a un capítulo muy redondito (el cincuenta) y no estaba de más el meter una especie de recordatorio de algunas cosas. El hacerlo desde el punto de vista de uno de los alumnos, nos ayuda a comprender mejor cómo está el termómetro de los alumnos. La mayoría se rebelan, pero no tenemos una gran idea del por qué. En realidad se trata del temor a lo desconocido mezclado con el que hace poco tuvieron que verse bajo el terror de un tirano al que derrocaron de su imperio del horror (Voldie), también está que la sociedad mágica es una gran racista con todos los que no son magos o humanos. Lo vemos con Firenze, Hagrid, los elfos domésticos, los enanos, etc, a lo largo de los libros. Y estoy de acuerdo contigo, el que sea un Hufflepuff y pase desapercibido en general, le permite estar presente en muchos momentos importantes sin que se note su presencia. Ese además es uno de los puntos más utilizados por los Nosferatu para su red de espionaje, jejeje.
Y para que veas lo maniática que soy con el lenguaje, un ejemplito tonto: La expresión "bajo perfil" es una traducción literal del americanismo "low profile", lo más apropiado en castellano sería utilizar la frase "pasar desapercibido". Jijiji. Momentito RAE, que es cómo me apoda mi hermana pequeña. (Real Academia de la Lengua Española).
Aprovecho tu comentario acerca de cómo En se ha ganado a la familia Smith para contestar al mismo tiempo la duda de Kelen al respecto de porqué la hermana de Zach, Liza, no salió corriendo cual conejillo asustado de En, sino todo lo contrario. Los Gangrel comparten una disciplina (o poder) con los Nosferatu, el Animalismo, es una capacidad de comunicarse con los animales y al mismo tiempo doblegarlos a su voluntad de manera no invasiva, los niños pequeños tienen aún los sentidos del peligro desarrollados como los pequeños primates y pueden detectar a los depredadores (en ocasiones), esto valdría para mermar dicha sensación. Anteriormente dije que Ennoia sigue el Camino de la Bestia, igual que dije que Isabel y Haquim siguen el Camino de la Sangre, en el caso de Ennoia y Haquim, han creado los caminos (que son vías de comportamiento y/o filosofías de vida) por lo que pueden jugar con ellos cuanto quieran. Sabiendo que se va a meter en medio de una familia de humanos y convivir con ellos, En ha mantenido a su Bestia bien guardadita en lo más hondo de su interior y no la ha sacado para nada. Ha pasado olímpicamente de que la suegra no la trague y se ha concentrado en la "cachorra de humano". A ella le interesa únicamente lo que Zach pueda opinar de ella, por su interés es que ha intentado ser todo lo sociable que ha podido, pero ha usado a la nena de excusa las más de las veces.
Y ahora vamos con la clase avanzada de "Ghoul o vampiro. Métodos de creación. 3.2" (Lo dicho, la ametralladora de preguntas.)
Como ya sabes y he explicado otras veces, los vampiros están basados en un juego de rol, éste tiene una serie de reglas para todo lo referente a la creación de vampiros, ghoules, etc. En el juego se tiene en cuenta una cosa que es la "Reserva de sangre", que es la sangre que el vampiro tiene para utilizar en sus dones, mantenerse cada noche, etc. Esta reserva varía de una generación a otra, se hace más grande cuanto más cerca de Caín esté el vampiro. No es que se conviertan en enormes bolsas de sangre, sino que cada vez necesitan menos para realizar ciertas acciones porque ésta tiene un mayor poder. Se entiende que un ser humano normal tiene en torno a cinco litros de sangre en su sistema, lo que sería el equivalente a diez puntos de sangre lo que nos da la equivalencia de un punto de sangre = 0,5 litros de sangre, pero un vampiro de la edad y generación de Ennoia tiene más de trescientos puntos en su reserva, lo que hace que cada punto sea mucho más pequeño en cantidad de sangre (no me mato a calcularlo ahora).
Esto viene para explicar lo siguiente: para convertir a un ser humano que está en perfecto estado de salud en un ghoul, sólo es necesario darle un punto de sangre y su sistema lo asimilará de inmediato. Las células se irán reforzando a medida que reciban los nuevos nutrientes con la circulación sanguínea, se reforzará el sistema inmunitario y se detendrá el proceso de envejecimiento por tanto tiempo como la sangre del vampiro pueda proporcionar con su antigüedad, por eso los ghoules de los vampiros más cercanos a Caín son más poderosos que los de un vampiro recién creado, también no es necesario repetir el proceso de darle sangre hasta un plazo de siglos en lugar de meses. Si el domitor le diese más de un punto de sangre al ghoul, el proceso podría destruir varias células sensibles, como el caso de las neuronas, y se crearía algo con un cerebro de gelatina, al estilo Renfield de Drácula. Por eso se controlan mucho para no dar más de lo imprescindible.
Para crear a un vampiro, el proceso es más complicado. Primero tienes que drenar de sangre al objetivo, pero no del todo, se les suele dejar al borde de la muerte con uno o dos puntos de sangre restantes en el sistema, a continuación, el sire deja caer el equivalente a un punto de sangre en la boca del futuro chiquillo. Cuando se crean vampiros se puede ser un poco más generoso y proporcionar algo más de sangre, pero tampoco se recomienda. La sangre del sire barre todo el sistema del chiquillo y el proceso puede durar hasta tres días, durante los cuales el chiquillo se mantiene en un punto entre la vida y la muerte. No es doloroso y no es necesariamente como el cuento de Meyer en su saga de Crepúsculo. En este caso el humano sufre de una muerte por exanguinación, que es una de las más dulces que existen, para despertar como vampiro y con bastante sed pues su Reserva está como mucho a dos puntos (el límite en el que un vampiro puede perder la cordura y lanzarse a por cualquier cosa que tenga sangre, el frenesí).
En lo que respecta a Zach y sus "dones" como ghoul y cómo puede usarlos. Todos los ghoules, sin importar de qué clan sea su domitor, tienen automáticamente la velocidad, fuerza y resistencia potenciados por la sangre del vampiro, en el caso de algunos muy viejos pueden llegar a utilizar las disciplinas de su domitor (en este caso es a raíz de que Ennoia es de segunda generación). Zach no va a poder utilizar el Protean igual que En, se quedará con los puntos más básicos como la mejora de su visión nocturna, la posibilidad de sacar garras durante un combate o no morir si Ennoia lo entierra con ella. También tendrá una ligera afinidad con los animalillos a partir de ahora. Pero no puede dividirse en dos (nivel 9), ni crear homúnculos (nivel 8), ni convertirse en animalitos (nivel 5) o en niebla (nivel 4). Lo que sí, la sangre de En ha potenciado con creces su capacidad mágica y puede hacer muuuuuuchas cositas sin varita.
Como dije antes, la vida de un ghoul depende más de la fuerza de la sangre del vampiro que del propio vampiro. Si un vampiro de 11ª generación (en las antípodas de Caín) crea a un ghoul, tendrá que darle sangre cada pocos meses para mantenerlo a su lado, en el caso de Ennoia que es chiquilla del propio Caín, pueden tardar varios siglos hasta que tenga que darle sangre otra vez a Zach. Si un vampiro muere, sus ghoules siguen vivos porque su sangre continúa en su sistema. Cuando la sangre del vampiro comienza a desvanecerse del sistema del ghoul hay varias opciones, o que el mismo vampiro (u otro si el primero ha fallecido) le dé sangre otra vez, que vuelva a ser un humano normal si aún no ha transcurrido un tiempo que sea superior a la esperanza de vida de un humano o que muera en un distinto grado de descomposición dependiendo de la antigüedad que haya adquirido.
Como le comenté antes a Anne, la vida de Ennoia no ha sido fácil desde el principio, se ha visto traicionada por mucha gente y ha creado una gran coraza en torno a su corazón, también ha llevado su parte vampírica hasta el límite absoluto de un depredador. También comentaba que es poco probable que se vea si Zach o Lavender se convierten en vampiros en este relato, porque sus domitores los aprecian vivos y con sus corazones latiendo, siendo ghoules de vampiros tan antiguos pueden llegar a vivir muchos siglos sin necesidad de ser convertidos en vampiros también.
La fase de invasión ya ha sido finalizada por completo en este capítulo, jejeje. No, ninguno de los guardias se llama Leónidas, pero seguro que conocen la estrategia de Falange, aunque con las modificaciones de un general romano, no te olvides que César también se encarga de su entrenamiento, jijiji. No, Marco no es Marco Antonio. César jamás convertiría a un negado social (los Ventrue son unos grandes fanáticos de las normas sociales y políticas) como Marco Antonio. El Marco Antonio de la historia de verdad de la buena, era un tipo poco agraciado (tenía un mentón que casi se encontraba con su nariz), con unos modales del barrio más bajo de Roma (el Subura), sucio, bruto, etc. Lo único que tenía bueno era que obedecía muy bien las órdenes militares.
Y lo dicho, tu marido merece un monumento por lo buenazo que es... no me puedo creer que otro te dijese lo de que fueses a leer el capítulo mientras se encarga de atender a las visitas, jejeje.
Feliz Año Nuevo, cariño, que lo pases bien y que no te dé mucho la brasa tu Clotilde particular (yo me estoy librando a cachos de la mía).
Besazos enormes,
Madie
(Por cierto, antes de escribir los comentarios, el relato ocupaba 44 páginas)
Hola, Kelen!
Punto uno: A Madie no le importa explicar las cosas para los pobres que sufrieron la logse y ahora sufren la ESO, una es de BUP y le gusta leer.
Punto dos: Aquí a sonrojarse todas! Que ya me toca a mí cada vez que me llueven los halagos.
Punto tres: !
El "Cromosoma Y" ha causado furor, pero es que tenía que poner un puntito de humor antes del desbarajuste que estaba a punto de hacer, jejeje. La zoofilia, ya quedó explicada antes. Igual que aproveché para contestar tu duda en la respuesta a Salesia.
Creo que más de una se apunta a lo de convertirse en ghoul o vampiro, jejeje. Ulric, alias George, es más majo de lo que parecía en un principio porque estaba concentrado en vigilar al pollo ese que se había ligado a su señora. Lo del estilo surfero, es que pasa olímpicamente de todo.
Un besazo, cielo, nos vemos en unos días.
Madie
Leona:
Estoooooooooo…. Gracias por la parte en la que dices que te gusta y… conste, está inacabado porque aún lo estoy escribiendo, no por otra cosa.
