CAPÍTULO 44

LA OSCURIDAD DERROTA A LA LUZ

Para mucha gente, lo que estaban viendo era como una pelea de una película o un videojuego. No sabían como esos dos adolescentes eran capaces de usar esos poderes tan espectaculares, como salidos de un anime. Pero para los niños elegidos, lo que estaban contemplando si que era toda una sorpresa.

Durante su combate contra Vandemon descubrieron que a los seres oscuros les afectaba la luz, daba igual de la forma que fuera. Sobre todo si venía de un ángel. De hecho, aparte de Angewomon, Angemon fue el único capaz de provocarle un daño considerable. Y, sin embargo, Kenji que poseía a un digimon de oscuridad estaba como si nada hubiera pasado.

- ¿Dices que mi luz no te afecta…? – Se puso en pie, limpiándose un poco de sangre del labio – Habrás logrado esquivar mi luz de algún modo… no sé como lo habrás hecho, pero esta vez no pienso fallar.

- Te he dicho que no sirve de nada.

- ¡Veámoslo!

Lanzó una decena de rayos. Kenji corrió hacía su enemigo. Los rayos le alcanzaban, pero no le provocaban ningún daño. Cuando se hubo librado de ellos, sacó las alas y aumentó la velocidad, llegando hasta Kaishiro en cuestión de un parpadeó. Le golpeó un rodillazo en el estómago, un puñetazo en la mejilla y una patada en el pecho que lo lanzó de nuevo contra el suelo.

Eufóricos, sobre todo la gente que había acudido a apoyar a Kenji, se pusieron en pie y aplaudieron. Sora no comprendía nada. Cada vez que veía como se acercaba a un rayo de luz sentía que se le detenía el corazón. Y estaba como una rosa. ¿Qué estaba sucediendo?

Kaishiro era otro que no comprendía nada de nada. No solo sus rayos de luz no le hacía nada, si no que ya había logrado derribarlo más de una vez. Lo estaba dejando en ridículo.

- Este combate carece de sentido, ríndete.

- ¿Qué me rinda…? ¡No me digas lo que tengo que hacer!

Rápidamente su cuerpo se cubrió con la armadura de Dominimon. La espada del brazo izquierdo se clavó en el corazón de Kenji, y una mancha rojiza tiñó la camiseta blanca en un tono carmesí. La euforia del público se convirtió en gritos de pánico.

- ¿Qué mi luz no te afecta? No me hagas reír, maldito imbécil.

Kaishiro sacó la espada de la herida y el cuerpo sin vida de su rival se desplomó, como una ficha de dominó a la que la había golpeado una corriente de aire. Estaba muerto.

- ¡Kenji! – Gritó Sora.

Le había dado una lección a ese desgraciado que se había atrevido humillarlo. Era una pena que no le hubiera dejado tiempo a transformarse en la digievolución de Diablomon. Le habría gustado destrozarlo de esa forma.

Iba a marcharse cuando Kenji se levantó de golpe y un codazo lo golpeó en las costillas por la derecha, en un punto que no le protegía la armadura. Dominimon cayó de rodillas al suelo, llevando sus manos al lugar donde le habían golpeado con tanta fuerza que sentía como si un par de costillas estuvieran rotas.

- U-Ugh… ¿E-Estás vivo…? ¡Si te he atravesado el corazón!

- Si eso fuera de verdad estaría muerto… no esperaba que lo hicieras, la verdad… Pero – se llevó la mano al pecho tapando la herida – Mi corazón está en el lado derecho.

- ¡¿Qué?!

- Sufro de dextrocardia.

Su furia estaba que no le cabía en el cuerpo. ¿Dextrocardia? No tenía ni idea de que era eso, pero al parecer eso había hecho que no le atravesará el corazón de lado a lado..

- Bien… en ese caso, esta vez si que de atravesaré el corazón, y por partida doble.

- No me vas a sorprender una segunda vez. No te dejaré acercarte a mi corazón.

- ¡Cómo si fueras a poder impedírmelo!

Arremetió contra él sacando también la otra espada. Lanzaba estocadas, mandobles, cortes… todo lo posible para intentar alcanzarle. Kenji lo esquivaba bastante bien, pero no era capaz de contratacar, de modo que no sabían bien quien era el que llevaba ventaja en el combate.

- ¡Hikari Bomber!

Las hombreras de Dominimon se levantaron y empezaron a salir una gran cantidad de esferas de luz que se dirigían hacía el público. Para salvarlos, Kenji sacó las alas y envolvió sus manos y sus piernas de energía oscura, y desviando a golpes todas las esferas de luz, protegió al público.

Dominimon se situó a su espalda y probó de nuevo la embestida. Kenji logró volar hacía arriba, salvándose por los pelos de la estocada. Intentó golpearlo por la espalda, pero Dominimon se deshizo en un montón de pequeños aros de luz que se transformó en una cruz que ató a Kenji de pies y manos.

- ¡¿Q-Qué es esto…?!

- Es la Hikari Crux – respondió Dominimon acercándose hacía el crucificado – Una vez atrapa a su objetivo no lo deja libre. Ni mucho menos si se trata de un ser de la oscuridad.

- Me has engañado con una copia… muy listo.

- Estabas tan ocupado intentando salvar a los estúpidos del público que en ningún momento te diste cuenta del cambio. Ahora ya eres mío.

- ¿Y qué pasa? ¿Me vas a clavar otra vez la espada? Vaya cosa…

- ¡Cállate! – Juntó las manos a modo de maza y lo golpeó en la cabeza.

La cruz de luz bajó hasta el suelo, clavándose en él. Una pequeña herida se abrió en la cabeza de Kenji, dejando salir algo de sangre que descendió por su cara. No le molestó, aunque si que sentía un poco de dolor de cabeza.

- Eres muy prepotente para ser alguien que está a punto de morir.

- Inténtalo, si es que crees que puedes – le ánimo con una sonrisa burlona.

Las dos espadas de luz atravesaron el lugar donde debía estar el corazón de Kenji. Esta vez si que había ganado.

Sora ya no podía ver más. Apartó la mirada antes de que las espadas de luz empalarán el corazón de su amado. Quería mirar, teniendo esperanzas de que Kenji se hubiera librado de alguna forma, pero tenía miedo de que no fuera así.

- Sora-san, no te preocupes. Kenji-san estará bien.

- ¿E-Esa voz…? – Al abrir los ojos vio a Izzy, como de costumbre con su portátil.

- Mira.

Al oír una gran exclamación de sorpresa por parte de la gente del público, al dirigir la mirada al ring de combate vio como Kenji destrozaba los antebrazos que sujetaban las espadas de luz con sus manos. Dominimon dio unos pasos atrás, mientras que Kenji se descrucificaba y la cruz de luz se desvanecía en el aire.

Todavía tenía las espadas clavadas en el pecho, por lo que la imagen tampoco es que fuera muy agradable de ver.

- ¡N-No es posible! ¡Esta vez te atravesé el corazón!

- Te lo he dicho antes. La luz ya no me afecta.

- ¡Eso es imposible! ¡Tu digimon es un ser de oscuridad! ¡Y mi poder es un poder de luz sagrada! ¡Deberías desvanecerte!

- ¿Estás seguro de eso? – Sacó las espadas y luego se las clavó en la cabeza, ante la mirada horrorizada de mucha gente que gritó, entre ellos Sora.

Kaishiro estaba alucinando, porque a pesar de haber hecho esa enorme estupidez, Kamiya Kenji aún estaba ahí en pie, sonriendo y sin ninguna herida.

- ¿Lo ves?

- ¿Q-Qué demonios eres tú…?

- Esto tiene una explicación bien lógica – sacó las espadas y las tiró a un lado – Simplemente, la luz no me puede dañar.

- ¡¿Y por qué no?! ¡Eres un ser de oscuridad!

- ¿Yo? – Rió – Para nada. Ahora mismo soy un humano normal y corriente. Y a los humanos, la luz no nos daña porque no la podemos tocar.

- ¿Qué?

- Al transformarnos en nuestros digimon, nos convertimos nosotros mismos en datos, tomando la forma del digimon. En el mundo digital los datos toman forma física: luz, oscuridad, agua, fuego… y por eso, al contrario de lo que sucede en nuestro mundo real, puede ser algo dañino. Es por eso que un ser de la oscuridad como Diablomon puede ser destruido por alguien como Dominimon. Sin embargo, para nosotros los humanos, la luz es algo intangible y que solo percibimos por los ojos. En otras palabras, mientras estoy en mi forma humana, la luz que usas para atacarme no me puede alcanzar.

- ¡No me minetas! ¡¿Y la herida en tu pecho de cuando te he atravesado antes?!

- ¿Ah?

- ¡La sangre! ¡Estás manchando de sangre en el lado izquierdo!

- Ah, ¿esto? – Rebuscó y sacó un pequeño paquetito rojizo – Es que ayer me cené una hamburguesa, pero como no me apetecía me guardé el paquete de Keptchup. Al atravesarme con la espada, la presión que has ejercido con el puño lo ha reventado.

- T-Tú…

- Cuando te encontré por primera vez, tu ataque me hizo daño porque usé la oscuridad de Diablomon. Pero me dí cuenta de que, si estoy en mi forma humana, la luz no me afecta. Curioso, ¿no crees?

- Grr… ¿y por qué has estado jugando conmigo entonces?

- Quería encontrar un buen momento para poder deshacerme de tus espadas. Ahora si que puedo luchar en serio, incluso en mi forma digimon. Eso era lo que más me preocupaba. Además… - cambió varias veces a su forma humana y digimon, tan rápidamente que era casi imperceptible. Kaishiro si que se dio cuenta – Puedo cambiar tan rápidamente como desee a una forma u otra. En otras palabras: cuando necesite librarme de tus ataques de luz no tengo más que volver a mi forma humana.

Sora estaba que no cabía en su asombro. Jamás se imaginó tal jugada por parte de Kenji. Izzy tomó asiento a su lado y comenzó a toquetear su ordenador.

- Kenji-san me llamó ayer con esta teoría. Se dio cuenta de que cuando Kou-san fue alcanzando por el ataque de Kaishiro en su forma humana no tenía la herida en su cuerpo, y pensó que igual es que solo afectaba a los digimon. Lo comprobé y así era. A un ser humano, la luz no le puede hacer daño. Ni tampoco la oscuridad.

- Pues ya le vale… - respiró aliviada – Kenji-san me había asustado.

- Ahora es cuando comienza lo peligroso.

- ¿Eh? – Una luz dorada cegadora provino del ring.

El cuerpo de Dominimon comenzó a brillar con tanta intensidad que incluso los que llevaban gafas de sol tenían problemas para ver que estaba pasando. La luz desapareció, dando lugar a un Dominimon cubierto con una coraza dorada.

- Ya está aquí…

- No imaginé que me vería obligado a transformarme en Sacred Dominimon. Estate feliz, Kamiya Kenji, eres el primero en ver esta forma.

- Cuanto honor…

- Y así será, porque ahora, aún usando tu forma humana, vas a morir.

- ¿Ah, si? Eso quiero verlo.

De un dedo salió un pequeño rayo de luz que atravesó a Kenji. Este ni se movió, pues estando en su forma humana no tenía porque tenerle miedo. Sin embargo, de golpe empezó a sentir un fuerte dolor en su pecho que lo hizo caer al suelo, retorciéndose de dolor.

La gente del público no decía nada, creyendo que estaba actuando de nuevo. Sin embargo, Sora, y más tras ver la reacción de Izzy, sabía que no era así. Esta vez le dolía y de verdad.

- Vas a pagar esta humillación a la que me has sometido con tu vida, Kamiya Kenji.