Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.
Cap 49: El bailarín en casa
San Petersburgo, Agosto 2016
No tenía idea de qué hora era, de qué día, de qué año… De hecho, no tenía idea siquiera en dónde estaba. Cerraba los ojos con abandono pues eso le permitía perderse en la bruma que Víctor estaba creando con su cuerpo. Se sentía tan bien… su piel estaba a fuego lento pero seguro. Sus dedos se apretaban en las mullidas sábanas y sentía las manos de Víctor sujetándolo contra la almohada, inmovilizado y completamente a su merced.
Dibujó un arco con su columna cuando una nueva corriente comenzó a quitarle el juicio. De su boca brotaban gemidos sin pudor alguno, perdido en el placer ahora que Víctor había conseguido que cada penetración lo estimulara de esa manera. Lento, profundo, Víctor salía con lentitud, haciéndole sentir cada vena dentro de sus carnes para volver a internarse con fuerza, hasta sacarle el aire de sus pulmones en un nuevo jadeo. Su boca se movía inquieta contra su nuca creando cosquillas, fuego y lluvia de lava. Yuuri ya había perdido la cuenta de cuantas estrellas habitaban bajo sus párpados.
Entonces ocurrió, como un relámpago que lo partió en dos. Víctor aumentó la velocidad, cambió la posición, lo giró para dejarlo de espalda a la cama y él se abrazó a la espalda de Víctor cuando este entró abriéndolo aún más. Yuuri se dejó caer con abandono en la almohada, Víctor le tapaba los labios porque era incapaz de controlarse. Estaba tan encendido, tan abrumado, tan ansioso y deseoso de la carne de Víctor que no perdía oportunidad para transmitirlo con sus manos. Apretones y arañazos contra los músculos. Víctor siseó mientras golpeaba con sus testículos en aquel vértice y parecía hacer un esfuerzo consciente para no gritar. Rio en un momento; Yuuri se sentía tan desquiciado que la risa de Víctor fue como una nueva corriente de placer que atravesó su estómago.
Después de una vorágine de sensaciones ahogándolo, con el calor aumentando la temperatura y su piel encendida, Yuuri volvió a convertirse en lluvia de plata en los dedos de Víctor. Volvió a morir para renacer en sus brazos y disfrutó de la sensación post orgasmo mientras su pareja, embebido aun en la búsqueda de su propia culminación, azotaba su cuerpo con vehemencia y le hacía sentir nuevas terminaciones nerviosas demasiado sensible por el orgasmo. Para cuando Víctor llegó, un río de lava le atravesó y le hizo sentir extrañamente lleno. Arrugó el rostro ante esa sensación extraña mientras Víctor gemía al borde de su oído, dándole un último aliento antes de revivir.
Yuuri soltó el aire cuando, minutos después, Víctor salió de su cuerpo y se dejó caer a un lado de él en la enorme cama. De pronto, se hizo consciente de su propio alrededor y recuperó el aliento mirando los objetos que decoraban la estancia. Recordó que estaban aún en la mansión de los Nikiforov, en la habitación que Víctor ocupó algunas veces en su niñez. Estaba decorada como cualquier otra, apenas algunos objetos que le pertenecieron cuando era niño. También rememoró que había bebido mucho, entre champagne, whisky y vodka, se encontró bastante despierto y dispuesto a romper cada una de las reglas. Después de bailar con la madre y algunas sobrinas de Víctor, y luego dedicarle el resto de las horas a su novio, habían subido a la habitación cuando las manos en medio del baile se volvieron más osadas.
Y estaban allí… Yuuri miraba distraído la caída de los largos y grandes cortinas que adornaban un amplio ventanal, con vista a la extensión de jardín que había en la mansión. Arriba colgaba la tela semitransparente que decoraban los pilares de la cama, de fuerte madera… ah, ¿qué tanto podría hacer en ella? De repente se imaginaba con Víctor amarrado a uno de esos pilares, mientras le hacía sexo oral o lo embestía mientras estuviera de espalda. Víctor… nunca tendría suficiente de él y, a pesar de sentir como empezaba a escurrir el semen, se dio vuelta para buscar a su novio, subirse sobre ese cuerpo aún tibio y besar sus labios. Víctor hizo un sonido que no logró identificar.
—¿No me dejarás descansar hoy? —susurró en medio de los besos amodorrados. Víctor no lucía tan inconforme como sonaba si ya estaba apretando su glúteo y acariciando con suavidad su espalda.
—No...
Había silencio en la habitación y era fresca, la vista al ventanal lo hacía sentir parte de algún cuento renacentista, como si fueran señores de tierra en una mansión campestre, haciendo el amor escondido de sus esposas. Fue fácil seguir besando hasta subirse al cuerpo de su novio y acomodarse sobre él para descansar. Las caricias suaves de Víctor en su oreja sirvieron para bajar un poco la libido y empezó a sentirse felizmente agotado.
—¿No te pusiste condón? —preguntó. Víctor parecía estarse durmiendo también, con apenas un retazo de sábanas cubriendo precariamente sus piernas.
—Se rompió, cariño...
—Oh…
No supo más de sí por un lapso que sintió eterno. Soñó con cosas que ni siquiera pudo recordar. En algún punto, escuchó un sonido lejano e insistente, pero luego este dejó de escucharse pronto y se acurrucó más en los brazos que de pronto, lo abrazaron en medio del sueño. Se sintió feliz y seguro allí, no tenía razones para despertar. Así dejó que el tiempo se diluyera, hasta que el repentino ruido de la puerta le hizo consciente del espacio y se removió incómodo cuando al arrugar los ojos un ligero rayos de luz golpeó su córnea. Se escuchó algunas voces, pero era incapaz de entender nada, todavía parecía con el cerebro apagado. Luego la puerta se cerró, sintió movimiento a su lado y cuando se giró por fin, con toda la fuerza de voluntad aplicada en ese simple movimiento; Víctor estaba sentado en la cama despeinado, frotándose los ojos y visiblemente recién levantado. Tenía el móvil en sus manos.
—Cariño, se nos hizo tarde…
Yuuri no lo procesó del todo. Solo se acurrucó abrazando la cintura de su novio y sintió un delicioso escalofrío cuando su brazo rozó el sexo dormido de su pareja. Tuvo hambre… Un hambre desquiciada de algo que no era comida.
—Tenemos que levantarnos, amor… Vamos.
—Cinco minutos… —sugirió mientras reptaba entre las piernas de su novio, obligándole a abrirse para su gusto. Sintió el cuerpo de Víctor tensarse, pero se le hizo agua a la boca cuando vio su desnudez en completa disposición.
—¿Cinco minutos? —casi le faltó voz para terminar la frase, pero Yuuri le dirigió una mirada decidida y hambrienta a su novio, quien no tardó en ceder. Solo le dijo un "tengo hambre" antes de tomar la flacidez y hacerla endurecer en su boca.
Un "Oh, Cristo" se escuchó a lo lejos.
Esa mañana hubiera sido ideal, perfecta en arrumacos, atenciones y ansias de sentirse más, sino fuera por el vuelo que tenían planeado de regreso a las doce del mediodía en el aeropuerto de Sheremétievo. Yuuri casi cayó de la cama al ver la hora que era y corrió al baño para al menos lavarse la cara antes de salir. Mayor sorpresa se llevó cuando el semen escurría por sus piernas y estaba pegajoso por todos lados.
—¡Víctor Nikiforov!
Jamás pensó que gritaría el nombre de Víctor con la conjunción de todas las tribulaciones juntas. Tendría que bañarse por completo y era más tiempo que perder. Debían estar a más tardar a las diez y media en el aeropuerto y eran las nueve de la mañana fuera de la ciudad.
—¿Qué pasó, cariño? —Víctor apareció abriendo la puerta del baño al escucharlo gritar. Seguía desnudo, despeinado, con el teléfono en una mano. La estampa de franco desinterés resultó una guillotina para Yuuri, quien sentía que era el único preocupado por no perder el avión.
—¿Qué pasó? ¿Qué pasó con los condones ayer? —Víctor pestañeó y miró hasta las piernas de su novio donde se adivinaba la situación.
—Se rompió, te dije ayer. —Yuuri soltó un gruñido inconforme mientras se volteaba y echaba agua a la cara—. ¿Te duele el estómago?
—No. —Se apresuró y abrió la puerta de vidrio que llevaba a la ducha. No le importó meterse en la regadera fría si con eso lograba despertar del todo—. ¡Ven! ¡Te estás demorando!
—¡Cómo digas, cariño! —Pudo sentir la perfecta fluctuación llena de felicidad de su novio y él solo quería abrirse la cabeza contra la losa.
—¡Es solo a bañarnos!
—¡No he dicho lo contrario!
Para cuando Víctor entró en la ducha, le cedió espacio mientras se enjabonaba rápido y la cabeza maquinaba a mil por segundos. Si tenían suerte, y considerando que los boletos eran de Aeroflot, quizás estaría demorado y le daría tiempo de llegar y hacer check in. Pero tenían que atravesar a la ciudad… solo esperaba que no hubiera demasiado tráfico. Si eso era así, llegarán cuando ya el vuelo estuviera cerrado y tendría que ver allí cómo hacer para regresar a San Petersburgo, porque el vuelo a Japón era a las once de la noche. Y todo estuviera bien si hubieran organizado algo allá, pero no, tenían que recoger a sus perros, prepararlos para el viaje, buscar su maletín en su casa, buscar la ropa de Víctor… ¿dejó su pasaporte a la vista? ¿Qué si llegaba a olvidarlo por hacer todo a las corridas? ¿Había tenido todo en orden? ¿Por qué sentía que todo iba a salir mal?
—Cariño, relájate. —Víctor se acercó y le tomó de los brazos para meterlo de nuevo donde corría el agua. Yuuri de inmediato comenzó a retirarse el jabón.
—Debiste decirme de la hora apenas desperté.
—Pero te dije que era tarde y dijiste que tenías hambre. —Yuuri levantó la mirada con una mala cara. Víctor con su sonrisa acorazonada no ayudaba a su tribulación.
—¡Debiste haberme detenido! —dijo entre dientes.
—¿Detener tu primera mamada? Oh no, Yuuri, eso jamás. —Sintió hervir su cabeza y se tuvo que girar para no mostrarle a Víctor su evidente sonrojo. Su novio no tardó en acercarse y abrazarlo por la espalda mientras el agua caía sobre ellos.
—Fueron cinco minutos que nos hará perder el viaje.
—Bueno, te tardaste más de cinco minutos. —El tic nervioso en el ojo izquierdo de Yuuri no fue casualidad. Víctor dejaba besitos en su cuello, ajeno a toda su preocupación—. Además, puedo comprar los boletos de avión de nuevo y asunto arreglado.
¿Y su ego dónde quedó? Acababa de ser pisoteado por Víctor "perfecto y millonario" Nikiforov.
El resto de la mañana resultó fatal para Yuuri, que empezaba a ahora a sumar una cuota de acidez en su estómago porque no quiso desayunar algo aparte que el semen de su novio. Frustrado y mal encarado, se vistió en mortal silencio y no prestó atención a los mimos que Víctor quiso darle cuando se dio cuenta de su malestar. Salió de la habitación después de medio intentar dejarla de manera ordenada, intentarlo porque pese a haber recogido todos los condones, ¿cuántos habían usado que aparecían varios en el piso? Inclusos algunos mal abierto y rotos en el acto. Se moría ahora de vergüenza también. Sabía que todos en esa casa se habían dado cuenta de su noche movida con el hijo mimado y eso no hacía más que crear escenarios perturbadores en la cabeza.
La situación empeoró cuando Víctor le dijo que no valía la pena ordenar ni ocultar evidencias, que en la mañana antes de que él despertara una chica de servicio había entrado y había visto todo, incluso tuvo que tapar su trasero en ese instante con las sábanas porque estaba libre y feliz recibiendo la luz del sol. Yuuri pasó a un nuevo estado de frustración y desesperación, cuando supo que ahora no había manera de tener una mejor imagen en esa casa. De seguro la sra. Nikiforova debía pensar cosas horribles de él a pesar del esfuerzo de comportarse galante con ella. Cualquier punto que hubiera ganado en la noche, acababa de destruirlo en esa mañana.
Al salir de la habitación, la situación agravó para él cuando vio a Yelena Nikiforova con un vestido veraniego y el cabello perfecto paseándose en la recepción de la casona. Se puso rojo, rojísimo, pensando en todas las cosas horribles que ella podría estar pensando de él. Víctor le sujetó la mano y él la apretó para tratar de superar esa conmoción.
—¿Ya se retiran? —La voz de Yelena era suave, pero demandante. Ya ella estaba perfecta esa mañana, con un vestido floreado de tela fresca que ataviaba su cuerpo y sus pantorrillas cubiertas por las tiras de sus sandalias adornada con flores. Preciosa y perfecta—. ¿No van a desayunar?
—No podemos, madre, se nos hizo tarde. —Ella se acercó para el abrazo de Víctor, que había perdido la resistencia del enojo en la noche. Yuuri la miró por un segundo, demasiado avergonzado por todo lo que ocurría esa mañana—. Después venimos y lo hacemos.
—¿No te despedirás de mí, Yuuri? —El aludido levantó de nuevo la mirada y se sorprendió al verle ese pequeño puchero a la señora.
Oh Dios, era una calca de Víctor. Era Víctor versión mujer… con todos sus ademanes. Intentó acercarse, bastante incómodo aún con la perspectiva de despedirse de su suegra, pero ella le sorprendió cuando lo abrazó de inmediato y le dejó un beso en su mejilla. Luego, con delicadeza, se encargó de retirar los restos de labial rosa que había dejado en él.
—Me alegra que hayan disfrutado la noche.
Mierda… mierda. ¡Ella sabía de todo lo que hizo con Víctor (y él someramente recordaba) en la noche!
¡No iba a volver a pisar esa casa nunca!
Víctor prácticamente lo jaló hasta la salida, donde el chofer de la casa los esperaba para llevarlos a Moscú. Yuuri estaba afanado, ahora a la irritación había sobrevenido una resaca moral y la necesidad de rescatar todos los recuerdos que el alcohol le había quitado sobre lo ocurrido esa noche. ¿Acaso había coqueteado abiertamente con Víctor durante la noche al estar ebrio? ¿Había empezado a desnudarse o intentar desnudarlos? ¿Gimió demasiado alto en la cama? ¿Por qué no podía recordarlo? Estaba tan atribulado que el menor intento de Víctor por abrazarlo lo rechazó tajantemente porque quería estar a solas. Se movió y pegó a la puerta porque no quería abrazos, ni arrumacos, ni todo está bien, sin al menos saber que no perderían el vuelo como ya anticipaba. No quería que Víctor gastara de más.
No obstante, como cuando las cosas en la vida parece conjugarse para que ocurran la desgracia, el tiempo se hizo largo y tenso desde la casona hasta el aeropuerto. Yuuri incluso odió con todo su ser a la viejita que se atravesó y por la que tuvieron que detener su avance, mientras un nieto la sujetaba para ayudarla a cruzar al otro lado. Eso, junto al hambre, provocó que la irritación comenzara a tomar más fuerza. Empezaba a sentirse enojado y a punto de estallar.
Si no llegaban a tomar su avión a Japón esa noche, Víctor perdería algo mucho más que los pasajes de avión de Moscú. Debían llegar, debían tomar el avión y seguro el itinerario tal como lo habían planeado o estaba seguro de que todo se iba a arruinar. Ya Víctor ni siquiera hizo esfuerzo por acercarse y Yuuri lo agradeció, lo menos que quería era tenerlo cerca en ese instante recordándole la cantidad de error cometidos para que la salida de la casona fuera tan atropellada.
Pero como había supuesto, al llegar al aeropuerto la pantalla marcada el vuelo de esa hora completamente cerrado. Y para rematar, ninguno se había llevado los boletos impresos porque Víctor los había dejado en su departamento en Moscú, ya que, los planes iniciales eran que iban a ir a dormir a allá. Yuuri quiso estallar.
—Bueno, bien, ya perdimos el vuelo. —Victor sonó bastante inconforme después de discutir con la mujer y usar todos los encantos posibles para que le permitieran abordar. Esta vez, parecía que el efecto Nikiforov no fue suficiente. Yuuri se cubría el rostro con las manos, a punto de querer llorar de mera frustración.
—Víctor, se nos va a hacer tarde. No tendremos tiempo de buscar a Vicchan y Makkachin...
—Ya resuelvo…
—¡Vamos a perder el vuelo a Japón también!
—Deja de exagerar, Yuuri.
—¡Ya ni recuerdo en dónde dejé mi pasaporte! —Todo se tornaba en negro, gris, colores oscuros bailando frente a sus ojos mientras empezaba a faltarle el aire con las manos en la cabeza.
—Tenemos un vuelo que sale en una hora, nos da tiempo de tomar ese y comer algo. —Yuuri no quiso decir nada, lo escuchaba, pero se hallaba perdido en su propia tribulación—. Cariño, por favor.
Yuuri no quería nada, solo se alejó y comenzó a pensar en las opciones que tenían. Necesitaba asegurarse primero donde estaba el pasaporte, pronto recordó que lo había dejado junto a sus documentos y la visa rusa en la mesa de su apartamento. También debía buscar a Vicchan, se había quedado solo en casa. Vicchan nunca había viajado así que probablemente tocaría sedarlo para que viajara en cabina. Tantas cosas que no se había asegurado antes…
—Yuuri, vamos. —De repente Víctor le tomó de la mano y casi lo quiso arrastrar por el aeropuerto si no fuera porque él se negó. Víctor volteó, parecía bastante irritado ya y por primera vez consciente de todo el desastre que habían armado con los cinco minutos que no fueron cinco—. ¡Por favor, Yuuri! ¡Acabo de comprar el vuelo, ya están embarcando, tenemos que irnos ya! ¡Si no me tocará comprar otro!
—¡No veo que eso sea problema para ti, puedes comprarte el avión si quieres! —Yuuri soltó las palabras antes de pensarla y la mirada sorprendida de Víctor le hizo saber que no estaba pensando.
—¿Por eso estás enojado? ¿Por qué puedo pagar los otros pasajes?
—¡Estoy enojado porque no debimos habernos demorado tanto y perder el viaje!
—¡Pero pasó! ¿qué más íbamos a hacer? ¿Quedarnos llorando en la cama? ¡Teníamos que resolver! —Víctor levantó los brazos para tratar de expresar su molestia igual. Yuuri calló, se giró y se cruzó de brazos—. ¡Yuuri, por el amor a Dios!
—¡Soy sintoísta! —¿Y eso en qué demonios tenía que ver? Además, Yuuri jamás se creyó religioso en ningún sentido pero la expresión de Víctor fue de: ¿qué demonios?
—¡Eres más bien egoísta! ¡Estás peleando solo porque no tenías el dinero para pagar los pasajes de nuevo!
—¿Quién te dijo que no tengo dinero para pagarlos? —¡Oh!… Yuuri se sintió terriblemente ofendido ante esa aseveración. Víctor estaba tan irritado como él—. ¡Sí tengo el dinero para pagarlo, pero no es la idea gastar el dinero así de fácil! ¡Me cuesta trabajo conseguirlo!
—¿Y crees que a mí no me cuesta trabajo conseguirlo? ¿O me ves llamando a mis padres para que me den una mesada? —Yuuri se percató del horrendo error que había cometido al ofender a Víctor de esa manera. De nuevo notó el sonrojo en su nariz, el mismo que le dejó su madre en la noche anterior—. ¡No puedo creer que estemos discutiendo por esto!
Se sintió terriblemente mal. Yuuri bajó los brazos y finalmente se declaró en derrota ante un Víctor que se veía bastante ofuscado con la situación. Pero no había tiempo de hablarlo, de decir perdones, de abrazarse para al menos pensar que todo había sido solucionado, de aclarar y explicar por qué se sentía así. El tiempo apremiaba y debían subir al nuevo avión. Yuuri siguió los pasos de Víctor en silencio, con las manos siendo sujetada por él aunque se sentía terriblemente lejos. Víctor no tenía la culpa de haber sido acostumbrado desde pequeño a una vida de lujos, no tuvo responsabilidad alguna ni decidió nacer en una familia así. Y si bien para él nunca fueron los lujos una parte de su cotidianidad, era injusto que echara sobre Víctor en represalia a lo que nunca tuvo, ni quiso vivir y sentía que tampoco podía darle a Víctor.
Hasetsu era pequeño, un pueblo costero que perdió mucho de su estatus tras años y años de historia en Japón. Lo único que quedaba de alguna antigua gloria era el castillo que, de hecho, fue reconstruido, perteneciente a los anteriores daimyos del dominio de Karatsu. El hotel Yu-topia era bastante sencillo, un legado que había pasado de generación a generación hasta estar en manos de sus padres y su hermana Mari. No había lujos, ni camas enormes y acolchadas, ni nada de lo que Víctor podría considerar necesario para su comodidad. Era un lugar bastante sencillo, en un pueblo que ni siquiera tenía aeropuerto.
Pensó en todo eso mientras viajan en el avión de regreso a San Petersburgo, en asientos separados pues, debido a la eventualidad, Víctor tuvo que comprar los que había disponibles. Su novio viajaba a tres puestos delante de él y ni siquiera había volteado a verle, por lo que se sintió aún más culpable. Solo pudo matizar la vergüenza y la culpa escribiendo mensajes que sabían llegarían cuando estuvieran de nuevo en tierra, diciendo lo muy avergonzado que estaba por la discusión, lo terriblemente inseguro que se sentía de que Víctor se pudiera sentir bien en su casa, lo raro que se fue ver, repentinamente, el mundo del que él venía, uno a donde él había sido rechazado tantas veces durante sus años de Rusia. No le importaba el dinero, no bailaba por dinero, ni estaba con él por dinero, pero repentinamente se dio cuenta de que Víctor estaba acostumbrado a más lujos de lo que llegó a creer y ahora se sentía incapaz de poderle ofrecer algo similar.
Cuando llegaron a Pulkovo, Víctor no tardó en bajar del avión y solo hizo una señal a Yuuri para que bajara tras él. No le esperó, no le busco para tomarle la mano, no hizo nada de lo que Víctor hubiera hecho de forma habitual y eso solo acrecentó la seguridad de haberlo arruinado en Yuuri. Ese había sido un fin de semana caótico, lleno de emociones dispares, que habían tenido que sobrevivir juntos. Pero no podía dejar en Víctor toda la responsabilidad de procurar el acercamiento. Así fue como Yuuri lo hizo, tomando la iniciativa y recordando las palabras de su novio cuando le dijo que le gustaba ser abrazado cuando estaba enojado. Mientras traspasaba el pasillo para la salida, se apresuró y lo agarró por la espalda, deteniendo su paso.
Víctor suspiró antes de girarse y procurar el abrazo de forma mucho más íntima. Yuuri lo apretó con todas sus fuerzas, necesitaba decirle lo arrepentido que estaba con todo ese revuelo de la mañana y por sus palabras tan desatinadas que lo habían hecho sentir mal cuando Víctor genuinamente buscaba solucionar las cosas. Le dijo todo eso al oído, de manera triste y ahogada, porque se sintió terriblemente angustiado por lo que había provocado. Víctor aceptó sus disculpas, lo abrazó con mucha fuerza y cuando lo iba a soltar, lo hizo para tomarle el rostro y acariciarle las mejillas de una forma muy dulce. De nuevo volvía a ser él, Yuuri pensó: su Víctor había vuelto.
—Solo para aclarar algo, Yuuri —le dijo con calma—: detesto todo ese mundo. He estado alejado de él tanto como he podido, porque odio la plasticidad que hay allí. Tú eres auténtico, Yuuri, y eso es una de las cosas que amo de ti. Eres auténtico y me haces sentir auténtico, no quiero perder eso contigo...
—Solo quiero que sigas siendo Víctor… —le susurró mientras sujetaba las manos que tomaba su rostro. Víctor entonces le sonrió de un modo triste.
—¿Incluso con mi tarjeta de crédito ilimitada? ¿Qué no dudaré en usar cuando haga falta? ¿Incluso cuando no lo haga simplemente porque puedo y quiero?
—Me acostumbraré…
Víctor sonrió y le abrazó con fuerza, pero rápidamente le hizo saber que era hora de continuar, porque el tiempo seguía corriendo y tenían muchas cosas qué hacer. Como Yuuri no quería discutir más por el tema y Víctor le había asegurado que su mayor deseo era poder tomar el avión esa noche con calma para Japón, decidió encargarle a su novio la dirección de los pasos a seguir.
Así, decidieron como plan de acción el separarse para poder tener todo listo. Víctor le dijo que iría por él en dos horas, tiempo suficiente para que Yuuri revisara que todo esté en su equipaje, buscaría su pasaporte y preparé a Vicchan, él hará lo mismo, para después encontrarse de nuevo y así volver al aeropuerto. De allí habría personal especializado que se encargaría de preparar a sus mascotas y comerían algo cuando ya hayan terminado con todos esos pendientes. Apenas se compraron un par de sándwich para poder aguantar hasta que todo acabara y Yuuri se sintió más relajado al ver que las cosas tomaban forma y la situación con Víctor se había aclarado; aunque no pudo evitar, al estar a solas, el ponerse a pensar en lo que ocurrió muy temprano y en lo raro que se sintió al iniciar esa felación. Víctor se veía muy emocionado y él en verdad tenía muchas ganas de intentarlo. Ahora no estaba seguro si fue tan satisfactorio como creyó en ese momento.
Dejó esos pensamientos de lado y se abocó a seguir con cada uno de los pasos planificados para que no hubiera nuevas sorpresas ese día. Tal como Víctor acordó, lo fue a buscar en la hora indicada y llegaron al aeropuerto donde empezaron a preparar a sus mascotas para el viaje en cabina que tendrían que realizar. Makkachin se vio más tranquila para entrar a su caja transportadora, pero Vicchan comenzó a chillar apenas se había cerrado la puerta y apretó a su corazón. Le pidió perdón y le hizo mimos para hacerle saber que solo sería por esas horas y que luego podría correr por toda Hasetsu en total libertad.
Comieron juntos, intentando hablar de cosas banales para dejar el tema serio para después y luego se encontraron con Lilia, Yakov y Yuri quienes acababan de llegar al aeropuerto. Bromearon con Yuri por un rato y luego Yuuri se acercó a su maestra para decirle lo acontecido en la fiesta. Lilia se mantuvo estoica, aunque renegó con un firme movimiento de su cabeza. Le dijo que no prestara atención a esas habladurías y Yuuri sabía que tenía razón.
Su corazón comenzó a acelerar cuando llegó la hora de abordaje. Tal como Víctor había escogido, tomaron los asientos de primera clase y miró a Yuri ya preocupado por iniciar laguna noche de tertulias de películas, mientras Yakov y Lilia se acomodaban para descansar con las cobijas que le habían entregado. De allí sería casi veinticuatro horas viajando, pues además de la escala que harían en China y en Tokio, estaba el trayecto en tren hasta Hasetsu. Yuuri esperaba que todos estuvieran preparados mentalmente para la odisea, aunque el temblor que sentía en su estómago le decía que estaba más nervioso él por el hecho de regresar. Tanto tiempo sin ver a sus padres, tanto desde que seis años atrás decidió seguir a Lilia por su sueño; parecía que había pasado una eternidad. Suspiró hondo y sintió el toque suave de su novio en la mejilla. Cuando levantó la mirada, Víctor buscó su boca y él no tardó en contestar: alargaron el beso todo lo que se sintió necesario. Después del estrés de todo lo que había significado ese día, ese gesto se sintió prioritario.
Cuando el vuelo inició, ambos se sintieron relajados y dispuestos a aprovechar esas horas para descansar.
—He intentado aprender algunas frases en japonés —Víctor imitó una, pero Yuuri soltó una suave risa para no despertar a los otros pasajeros y desaprobó su pronunciación—. ¿Está mal?
—Dijiste algo sin sentido. A ver, I-TA-DA-KI-MA-SU
—I-TA-DA-KI-MA-SU —Yuuri sonrió al escucharlo.
—Dilo ahora rápido. Itadakimasu.
—Itadaikimasu —Yuuri negó al oír esa vocal atravesada y Víctor dibujó un puchero. Le besó como premio de consuelo—. Necesito clases, Yuuri-sensei —Yuuri rio al escucharlo, porque el tono resultó sugerente.
—¿Y qué me enseñarás tú?
—A hacer una mamada de cinco minutos. —Yuuri rodó los ojos y en respuesta se giró para darle la espalda ya que había sacado aquello a colación. Víctor rio ronco y persiguió el movimiento, hasta abrazarlo a pesar de la inicial resistencia de Yuuri—. Cariño…
—Te odio. —Víctor respondió a eso con besitos en su oreja—. Ya no te voy a hacer ninguna más.
—Pero me gustó esa mamada.
Yuuri siguió asegurando en un tramo del viaje que no volvería a ofrecerle su boca a Víctor y este a reírse, soltarle cariños y pedirle que por favor lo usara de centro de aprendizaje porque amaba esa boca en cualquier parte de su cuerpo. Cuando dejaron los juegos, Víctor le explicó lo feliz que se había sentido al tenerlo así de dispuesto en la madrugada y en la mañana, que era delicioso enfrentarse a la manera en que Yuuri excitado se presentaba ante él, al punto de que su eros volvía a renacer con cada encuentro sexual juntos. Yuuri se hizo el ofendido un rato más, pero pronto se acostaron y durmieron por varias horas.
El viaje les permitió hablar, hablar y hablar. Después del descanso necesario y ya sin la privacidad para ocupar esas horas en besos y sexo, se dedicaron a hablar de cualquier tema. Víctor le comentó su niñez y algunos recuerdos lejanos que tenía de aquella casa que había conocido con esos padres que resultaban tan atípicos para él. Le confesó que odiaba que su padre al verlo y presentarlo ante sus amigos solo resaltara sus triunfos y que todos los que lo conocieran se remitiera a esa figura: Víctor Nikiforov, leyenda del patinaje ruso, emperador de Rusia sobre hielo. Yuuri le hizo saber que, aunque odiara eso, era de esa manera en que se presentaba ante el mundo. Estaba tan habituado a tener todo bajo sus pies, que esa era la primera impresión que daba al conocerlo.
En cambio, Yuuri le habló de su niñez en Hasetsu, de las aguas termales, las calles tranquilas y las colinas que atravesaban al pueblo. Le habló de los lugares que frecuentaba de niño y que Víctor dijo querer conocer apenas los escuchó. Yuuri le confió que estaba nervioso, y eso era una gran verdad, pues la cercanía del encuentro con sus padres era inevitable y temía lo que pudiera ocurrir cuando le abriera esa parte de su vida. Víctor lucía feliz, quería estar allí con él. Estaba tan animado que le contagió parte de esa emoción y se permitió soñar en las vacaciones perfectas.
Después de un día agotador de viaje y la escala que tuvieron en China y en Tokio para llegar a Fukuoka y el viaje en Tren hasta Hasetsu, Yuuri por fin llegó a su hogar. Era de noche cuando tuvieron que tomar el taxi con el equipaje y todos se sentían demasiados cansados. Las horas de vuelo más el tren había pasado factura y prácticamente todos se sentía oxidados y agotados de estar sentados. Yuri estiraba su cuerpo tanto como podía, mientras Lilia ya parecía incluso enferma. Yuuri decidió auxiliarla mientras tomaban el taxi, esperando que el largo trayecto no la hubiera afectado demasiado.
—Llegamos… —susurró Yuuri al bajar del taxi mientras ayudaba a Lilia a salir de él. Se veía bastante cansada por el enorme trayecto.
—Lo hicimos. —La mujer miró el rostro de Yuuri, expectante y brillante ante el encuentro después de tantos años—. Entra y saluda a tu familia.
Aprovechando que bajaban el equipaje, Yuuri decidió aceptar la oferta de Lilia y fue por su familia, observando el patio como recordaba haberlo dejado antes junto a la noche que caía sobre ellos y la luz tras las paredes del onsen. Suspiró hondo y tomó valor para hacer el movimiento, deslizó la puerta hacía su derecha y entró por la entrada principal, aunque sabía que podía hacerlo por la entrada lateral que era habitual para él siendo hijo de los dueños. Pero ese día se sentía diferente; tras seis años en el extranjero, de alguna forma sentía que ya ese no era su casa, aunque fue su hogar, uno al que recordaba con mucho cariño.
Tadaima se sintió tan íntimo que por un momento volvió a ser niño. En la entrada de su casa, mientras veía los avisos de comida y reservas para el local, volvió a recordarse como aquel chiquillo que se iba temprano a clase y luego a patinaje, después a ballet, hasta regresar muy noche en su casa. Entonces la ventana a un lado se abrió y el rostro de su padre apareció a través de ella.
—¡Hiroko! ¡Ya Yuuri llegó! —Su padre llamó a viva voz, mientras Yuuri le miraba con las emociones acumuladas—. Oh… ¡mira lo delgado que estás! ¿Estás comiendo bien?
—¡Yuuri, okairi! —Se escucharon los pasos apresurados de su madre hasta que se detuvo en el borde del escalón. A pesar de que los había visto por cámaras, era evidente que los años no habían pasado en vano.
—Tadaima... Lamento haber tardado en volver.
—¡No te preocupes por eso! —dijo emocionada—. Tenemos Katsudon para todos, ¡debes estar hambriento! ¿Seguro comes bien? ¡Estás tan delgado!
—Es mi peso como bailarín, mamá...
—Okairi, Yuuri —escuchó a su hermana asomarse a la puerta, con una sonrisa calma que le dio mayor seguridad—. ¿El resto ya llegó?
—Sí, están bajando el equipaje.
Y justo en ese momento la puerta se abrió y Víctor entró con dos maletas en brazos, que acomodó a un lado. Ayudó a Yuri a agarrar la siguiente mientras Yakov jalaba los otros dos restantes y él fue por las dos cajas de transportes donde sus mascotas esperaban encerradas. Estas empezaron a ladrar al ver a más personas allí. Detrás, Lilia Baranovskaya estaba de pie, cubierta por una ligera bufanda mientras se mantenía estoica como siempre. Los cuatros rusos miraron a la joven familia reunida.
—Mamá, papá, Mari-neechan, les presentó a Lilia Baranovskaya, mi sensei en Rusia. También vino Yakov Felstman, entrenador de patinaje, junto a Yuri Plisetsky y Víctor Nikiforov —le dirigió la mirada a su novio, quien respondió con una sonrisa suave y cansada por el viaje—: mi novio.
—¡Oh, es más guapo en persona que en la TV! —soltó un Toshiya emocionado, que avergonzó de inmediato a Yuuri a pesar de hablarlo en japonés.
—¡Papá!
—Víctor, papá acaba de decir que eres guapo —Mari soltó en inglés, disfrutando de la tribulación de su hermano.
—Oh, thanks you!
—¡Bienvenidos a casa! —Soltó alegremente Hiroko en inglés, inclinándose para darle la bienvenida al lugar. Yuuri le sonrió comprensivo, pero se sorprendió cuando su madre se acercó a Víctor y le tomó una mano con dulzura, mirándole con profundo cariño—. Gracias por cuidar de Yuuri en Rusia.
Y sí, llegaron a casa. Cuando sacaron a los perros y empezaron a olisquear a alrededor, cuando escuchó a su hermana molestar a Yuri con que se parecía a un idol, y cuando el aroma de katsudon llegó a su nariz, lo supo, era su casa. Yuuri reformuló la sensación porque Hasetsu no dejaría de ser su hogar, uno que tendría la oportunidad de compartir con Víctor.
Notas de autor: La verdad lo de los padres de Vitya no lo tenía planeado así que estop se comerá unos caps que tenía para Hasetsu, además que hay un par de capítulos dedicados al evento de Tango porque ocurren cosas importantes allí. Lo que sí es que, si todo sale bien, en 5 caps estaremos en las competencias de Vitya. ¿Qué podría pasar? Morí escribiendo este capítulo, quería escribir discusiones tontas entre ellos, malestares y hasta bullying porque así suele ser las parejas. Hay cosas que Víctor nunca va a cambiar, igual que Yuuri tampoco lo hará. Y mientras ambos estén conscientes de ello, su relación seguirá creciendo.
¿Por qué creen que es importante el festival de Moscú donde Yuuri e Irina bailen Tango? Quiero oír propuestas xD
¡Gracias a los que me hayan votado en los GFF! Todavía son salen resultados, peor quería agradecerles porque cada apoyo, aún si no llego a ganar nada en el concurso, es una muestra de cariño para mí. ¡Mil gracias!
Angeli Murasaki: Aowww, extrañaba esta historia, gracias por continuara aquí.
