Capitulo 22
Segunda parte
Notaba un poco tenso y miraba con insistencia a Ángela, ella esquivaba su mirada y también se le notaba algo nerviosa, como si estuviesen tramando algo. Esta era la última noche que pasarían en Cerdeña, las mujeres se habían encargado de preparar delicioso platillos para cenar juntos en la terraza que daba al mar, los hermoso mantenles blancos adornaban la amplia mesa que los hombre habían rodado y organizado antes de salir a comprar algunas cosas que faltaban. Regresaron con dos botellas de vino blanco para acompañar la comida y un hermoso ramo de rosas para cada una; Ángela se sonrojo al recibir un bello arreglo de rosas amarillas y blancas de manos de Antonio quien se las ofreció con una sonrisa, los jóvenes los miraban con ojos divertidos pero no hicieron ningún comentario para no incomodarlos.
Ellas colocaron los ramos en un hermoso jarrón uniéndolos todos en un bellísimo arreglo que adorno el centro de la mesa, colocaron esta con la ayuda de ellos y procedieron a tomar asiento, la comida se veía realmente exquisita, mas viniendo de las manos de las dueñas de sus corazones, entre comentarios agradables y alguna que otra broma fue transcurriendo la velada. Antonio se
- Quisiera… - Se levanto el italiano después de armarse de valor, ante la mirada sorprendida de los presentes quienes se volvieron a mirarlo de inmediato, el hombre se intimido quedándose en silencio por unos minutos.
Ángela sentía que su rostro se cubría de carmín y sus mejillas ardían, bajo la mirada intentando parecer casual.
- Quisiera hacer un brindis… por esta velada, por los maravillosos días que hemos compartido… - Se detuvo al no saber que mas decir, los nervios no lo dejaban pensar.
- Muchas gracias Antonio – Menciono Albert con una sonrisa.
- Nosotros también estamos felices y agradecemos la compañía de todos los presentes… pero – Dijo Fabrizio mirando al hombre que alzaba su copa y esquivaba su mirada. – No creo que sea solamente para eso que te levantaste – Agrego con una mirada de picardía.
El rostro del hombre palideció y dejo la copa a un lado y se froto las manos, mientras buscaba los ojos de Ángela, la mujer levanto la vista y le dedico una sonrisa fugaz, pero realmente hermosa.
- No… no, bueno en realidad… yo quisiera – Él intentaba buscar la palabras adecuadas para expresar lo que sentía – Verán… Sr. Andley… yo sé que usted no es el padre de Ángela – Dijo presa de los nervios.
El rubio levanto las cejas, mientras Candy, Fransheska y Fabrizio tuvieron que suprimir una carcajada, era evidente que el pobre Antonio se encontraba muy nervioso.
- Efectivamente Antonio… pero continua – Lo insto el rubio sabiendo el esfuerzo que se requería para lo que el hombre estaba a punto de hacer.
- Yo… quiero pedirle permiso a usted… para cortejar a la Srta. Ángela – Termino por decir y sintió como un peso lo dejaba.
Todos se quedaron en silencio observando al italiano, luego posaron su mirada en la mujer quien tenía la vista en la servilleta en sus manos y el rostro hermosamente matizado de carmín.
- Antonio yo no tengo ningún inconveniente en que entables una relación con Ángela, ambos son adultos y sé que sabrás respetar y valorar los sentimientos de ella… pero si deseas que les de mi consentimiento puedes contar con el – Respondió el rubio aligerando el momento.
- Tenga por seguro que yo sabré ganarme el amor de Ángela – Dijo tomándole la mano y buscando sus ojos.
- ¡Felicitaciones! – Expreso la rubia emocionada acercándose hasta su amiga para abrazarla.
Esta recibió la muestra de cariño con una sonrisa que iluminaba sus lindos ojos café, Fransheska imito la actitud de Candy y también la felicito, los hombre le extendieron la mano a Antonio para felicitarlo.
- Muchas gracias – Dijeron ambos con alegría mientras se tomaban de las manos.
- Les deseamos lo mejor de verdad – Menciono Candy con una sonrisa.
- Por supuesto… solo que, Antonio si me consultas antes te pude haber ayudado con el discurso – Señalo divertido Fabrizio sin poder evitarlo.
La rubia le dedico una mirada mitad sorpresa mitad reproche.
- ¿Acaso eres un experto en esto? – Pregunto sin poder evitarlo dejando ver que se había puesto celosa.
- No, claro que no amor – Contesto él acariciando la mejilla de la rubia que se encontraba a su lado – Pero eso de… cortejar… sonó a la época del Rey Arturo y la mesa redonda – Agrego provocando la risa de todos, incluyendo la de los novios.
- No seas cruel con el pobre Antonio Fabrizio, hizo su mayor esfuerzo y lo mejor de todo es que fue sincero… mira que ambos estamos en situaciones similares y ya llegara nuestro turno – Menciono el rubio.
- En realidad querido cuñado… ya pase por eso, según tengo entendido tú eres el responsable de Candy, sin embargo a ti te toca aun hablar con mi padre – Respondió divertido – Pero no te preocupes que si utilizas el mismo discurso de Antonio él lo recibirá de maravilla – Acoto divertido.
En la mesa ninguno pudo evitar sonreír ante las ocurrencias del joven. Fransheska se acerco hasta Albert y le dio un beso en la mejilla.
- Papá te aprecia mucho y sé que estará encantado – Dijo mirándolo a los ojos para infundirle confianza.
- Gracias – Menciono el rubio con una hermosa sonrisa.
Después de eso degustaron el postre que había preparado Fransheska, una receta de su abuela quien había nacido en Sorrento y a la cual estaba muy ligada. Todos quedaron encantados con este y la felicitaron, los hombres se encargaron de recoger la mesa y lavar los platos puesto que ellas se habían esmerado con la comida, ante la mirada sorprendida de las damas, Fransheska se sintió feliz de ver a Fabrizio en esas labores, el joven siempre había sido muy atento, le gustaba entrar a la cocina y observar todo lo que allí se hacía con consentimiento de su madre, pero a escondida de su padre que decía que esa labor era para las mujeres, sin la intensión de denigrarlas u ofenderlas, pero él estaba para hacer otras cosas, cosas mucho mas importantes que preparar una salsa o lavar los platos.
Se sentaron por un momento en la terraza, la rubia observaba las estrellas con una sonrisa mientras la suave brisa mecía sus rizos. Fabrizio se encontraba cautivado ante la imagen de la chica, toda ella era perfecta para él, sus miradas, sus sonrisas… esa inocencia, todo era increíble.
- ¿Quieres dar un paseo conmigo por la orilla? – Le pregunto en un susurro.
Ella afirmo en silencio, él se coloco de pie y le extendió la mano, Candy la recibió con una sonrisa, se volvieron para mirar a Albert quien se encontraba sentado junto a Fransheska.
- Vamos a dar un paseo por la playa – Dijo el chico mirando a los ojos al rubio.
Este solo asintió en silencio, sabiendo que podía confiar en el joven, en el fondo de su corazón sabía que podía seguir confiando en él… ya una vez lo hizo, hace mucho tiempo atrás y no lo defraudo. Al ver la actitud divertida y desenfadada de Fabrizio y la familiaridad con la cual lo trato, sus certezas de que el chico fuese Terry se afianzaban más, sin embargo debía esperar e intentar confirmar sus sospechas, llegar al fondo de todo.
Los jóvenes salieron tomados de las manos, se quitaron los zapatos dejándolos a un lado de la casa, caminaron descalzos sintiendo la suave arena bajo sus pies. La brisa se hacia mas fuerte a medida que se acercaban a la playa, el sonido de las olas rompiendo era fascinaste, el aire embriagador, la noche estaba bastante cálida anunciando que el verano comenzaba a entrar, el cielo hermosamente despejado dejaba ver el destello eterno de las estrellas que lo colmaba, incalculables, millones de ellas iluminándolos, la Luna llena alumbraba sus figuras y todo a su alrededor, podían ver la espuma de las olas al romper y llegar a la orilla, la luz del Astro filtrarse a través del agua, un hermoso contraste que se reflejaba en sus rostros; la rubia mas arriesgada camino hasta llegar al agua y mojar sus pies en esta, se encontraba tibia, agradable, una sensación maravillosa que cubrió sus pies y subió por todo su cuerpo, cerró los ojos y dejo ver una sonrisa.
Él se acerco hasta ella y le rodeo la cintura con sus brazos mientras se daba un suave beso en su hombro izquierdo, ella llevaba un hermoso vestido rosa de tirantes, que llegaba hasta sus pantorrillas, mientras él solo traía una camisa blanca y un pantalón beige, el cabello suelto. Candy acaricio tiernamente los brazos del chico y dejo libre un suspiro, hecho su cabeza hacia atrás para dejarla descansar en el pecho de Fabrizio, él le dio un suave beso en la mejilla.
- Me encanta estar así, me siento segura… tranquila… llena de paz – Dijo ella mirando al cielo.
- Y yo adoro hacerte sentir así, tú también llenas mi vida de paz, de seguridad Candy… eres un bálsamo para mi alma – Le susurro al oído.
La joven se volvió para mirarlo, llevo sus manos hasta el rostro del chico y acaricio con suavidad sus mejillas, él cerró un poco mas el abrazo pegando su cuerpo al de ella, bajo muy lentamente para tomar sus labios, tomando primero el inferior, rozando su lengua con este, succionándolo y mordiéndolo delicadamente. Ella sentía su cuerpo temblar, sus manos se movieron hasta la nuca de él y comenzaron a acariciarla, subían y bajaban, enredando los dedos entre sus cabellos, se acerco un poco mas, separando los labios muy despacio invitándolo a llenarla, rozando con su lengua los labios de él, impregnándolos con su humedad, con su sabor a miel. Fabrizio se sometió a su demanda y la tomó con más pasión, con más premura, fundiéndose en ella, buscando desesperadamente saciar su sed en la maravillosa fuente de vida que era la boca de Candy, las manos de él se deslizaron por su espalda hasta su cintura, para luego subir nuevamente llenándola de maravillosas sensaciones mientras él se deleitaba ante cada roce de sus labios, de sus leguas, de sus manos.
- Fabrizio – Susurro ella a su oído con voz ronca, extasiada.
El deseo en él aumentaba a cada instante y aunque lo intentase le era imposible detenerse, bajo al hermoso cuello blanco y terso de la chica, aspirando el perfume, dibujando líneas con su nariz mientras se embriagaba de este, comenzó a esparcir delicados besos en el, apenas roces, su corazón latía cada vez con mas fuerza y la temperatura de su cuerpo aumentaba, así como la de ella, podía sentirla estremecerse, intensificar sus caricias ante cada uno de los besos que él le brindaba, pero deseaba mas, quería poder saborear la piel clara y deliciosa de la joven, abrió muy despacio la boca y presiono ese lugar maravilloso en su cuello, allí donde el latido desesperado de su corazón se sentía con total claridad. Ella dejo libre un gemido mientras sentía que una ola de calor comenzaba a colmar su cuerpo y le nublaba la razón, llevo sus manos al cabello de Fabrizio y comenzó a acariciarlo con mas ímpetu, sus piernas temblaban, su corazón corría desbocado dentro de su pecho y ese temblor en el vientre ahora se esparcía dentro de ella, bajando hacia su centro, por sus piernas, se sentía volar en medio de aquel huracán de emociones.
- Candy… Candy – Le susurro contra la piel de su cuello, sintiendo como ella buscaba acortar la distancia entre ambos haciéndolos estremecer.
Él sabia que estaban entrando a un terreno peligroso, que esta intimidad de la cual disfrutaban ahora lo tentaba a continuar… a dejarse llevar, pero no podía hacerlo… no debía hacerlo; él la amaba y debía respetarla. Poco a poco fue bajando el ritmo de sus caricias, de sus besos. Ella se sintió salir de un placido sueño, nunca antes había experimentado tantas emociones juntas… en realidad nunca se había sentido así. Él le dedico una sonrisa y tomó una de sus manos para llevársela a los labios y darle un beso. La chica busco sus ojos y los noto llenos de una luz hermosa, enigmática, el azul que lucia más oscuro aun bajo la luz de la Luna. Se sentaron abrazados para mirar el mar e intentar calmar esta necesidad que amenazaba con desbordarlo.
Ella se encontraba sentada entre las piernas de él, recostada sobre su pecho, sin importarles si era correcto o no, solo deseaban estar cerca… lo mas juntos que fuese posible, con sus manos entrelazadas, él le acomodo el cabello a un lado y comenzó a dibujar con sus dedos el rostro de la chica, acariciaba la mejilla, bajaba al mentón, delineaba sus labios, la nariz, las cejas. Candy solo se dejaba llevar por estos maravillosos toques que despertaban cada fibra de su ser.
A los lejos una canción comenzó a llenar el ambiente con sus suaves notas, dulce melodía que armonizaba a la perfección con el momento que ambos compartían, llenándolos de una calidez maravillosa, él cerró los ojos y comenzó a seguir la canción en su mente, bajo muy despacio y comenzó a cantarle al oído a la joven.
- Te voglio bene assai. Ma tanto ma tanto bene sai. E' una catena ormai. Che scioglie il sangue dint'e vene sai– Su voz era maravillosa, aterciopelada, grave… sencillamente exquisita.
Ella sintió todo su mundo dar cientos de vueltas, su corazón brincar con fuerza dentro de su pecho, sus labios temblaron, sus manos… sus piernas… todo a su alrededor lo hizo… todo, para después centrarse en su alma y presionarla… esa misma sensación oprimió su pecho – Cerró los ojos con fuerzas para evitar dejar salir las lagrimas que se agolparon en su garganta e inundaron sus ojos, respiro profundamente para calmarse.
- ¿Qué dice? – Pregunto y su voz se quebró, sonaba ronca, distinta… - Un sentimiento dentro de su pecho se encontraba desesperado por salir, la estaba asfixiando… y aunque estaba luchando con todas sus fuerzas para ignorarlo, para alejarlo de ella… no podía, sencillamente no podía.
Él se sintió un poco extrañado ante la reacción de la chica, pero eran tantas las emociones que llevaban ambos dentro que pensó que era eso lo que la perturbaba.
- Te amo mucho… sabes… pero tanto, tanto... lo sabes y es una cadena ahora que se funde con la sangre de mis venas… sabes – Le dijo utilizando el mismo tono de hace unos minutos.
Ella sintió que algo dentro de su pecho se quebró y no pudo contener más las lágrimas, se coloco de pies con rapidez y rompió a llorar, un llanto amargo… lleno de dolor… camino para alejarse un poco de él, llegando de nuevo a la orilla.
- Candy… Candy amor ¿Qué sucede? – Pregunto preocupado - ¿Qué tienes? – Inquirió de nuevo con angustia al ver el modo en que ella lloraba.
La chica solo le hizo un ademan para que la dejara por un momento, no se volvió a mirarlo, necesitaba respirar, llenar sus pulmones de aire… mas el llanto se lo impedía.
Él se sentía impotente ante el dolor de ella, su corazón se encogió dentro de su pecho y sus ojos se humedecieron, quería caminar y abrazarla, hacerla sentir segura… alejar esa pena que llevaba encima, pero no podía hacerlo, se encontraba sembrado en ese lugar.
¡Dios mío es su voz! ¡Es su voz!... es la voz de Terry, jamás… jamás olvidaría su voz, esa voz que se ha clavado en el alma, que me ha lastimado durante tanto tiempo… la misma que me rogo que fuese feliz… ¡¿Qué es todo esto? ¡¿Qué es todo este juego cruel del destino que se empeña en mantenerme atada a él, a mi pasado, al dolor? ¡No puedo seguir así!... No quiero… no quiero – Negaba con la cabeza intentando contener las lagrimas, pero estas solo salían con mas fuerza.
- Candy amor… por favor dime algo – Suplico él y ella sintió un dolor exacto al que sentía en cada una de sus palabras… era como si él sintiese lo mismo… la angustia, el miedo, la frustración.
Ella se volvió con rapidez caminado hacia él, busco sus ojos de inmediato y pudo ver que estaba húmedos también, como esa veta de dolor e incertidumbre que la cubría a ella, se acerco aun mas.
- Mírame… mírame por favor – Le rogo con voz temblorosa – No era una simple petición… no deseaba solamente que la mirara… lo que realmente quería era que la reconociera, que le dijera que sabia quien era… que era Candy… su Candy, su Julieta del San Pablo… su enfermera… la pecosa, su pecosa – Busco desesperadamente en sus ojos… pero no encontró nada.
- Candy amor… - Fueron sus únicas palabras mientras se acercaba a ella y le tomaba el rostro entre sus manos.
La chica dejo libre un suspiro, se sentía completamente frustrada… cerró los ojos, para evitar llorar de nuevo, se mordió el labio inferior para suprimir el grito que se encontraba atrapado en su pecho… este vórtice de emociones la estaba matando, abrió los ojos y se fundió en el azul zafiro de su mirada, apoyándose en la cintura del joven subió un poco mas hasta rozar sus labios con los de él.
- Bésame… bésame por favor… necesito sentirte, saber que estas aquí… que estas conmigo – Suplico ahogándose en sus ojos.
Él sentía la misma necesidad así que la tomó entre sus brazos de inmediato, apoderándose de sus labios con pasión, con urgencia, entrado en su boca en un instante haciendo que sus cuerpos se estremecieran, el deseo se intensifico desbordándolos, envolviéndolos en medio de un calor abrasador, febril... él la enceraba entre sus brazos pegando a su cuerpo. Un movimiento en falso los hizo caer sobre la arena, pero eso no logro apaciguar el calor que los desbordaba, él rodo para quedar sobre ella y sus manos se deslizaron por la cintura de la joven, mientras las de ella dibujaban cada musculo de la espalda de él que ahora se encontraba mas tensos, el peso de su cuerpo la oprimía, le impedía respirar o eran sus besos que cada vez exigían mas… no estaba segura, solo era consciente de esa necesidad que comenzaba a crecer dentro de ella… de su pecho rozando el de él y enviando descargas eléctricas a cada parte del de ella.
Fabrizio sentía como su corazón latía con ímpetu… su respiración entre cortada y el sabor de los labios de Candy le cegaban la mente… lo estaban volviendo loco, sentía el cuerpo de la chica temblar debajo del suyo, su piel cálida y suave, él busco de nuevo su cuello para perderse en este mientras sus manos se trasladaban de su cintura a sus caderas. Ella dejo libre un gemido y eso hizo que su corazón latiese aun mas rápido, haciendo que su cuerpo comenzara reaccionar a los estímulos que recibía, este deseo lo estaba matando… el cuerpo le dolía ante tanta necesidad… deseaba tomarla… ser parte de ella.
- Háblame… Háblame como lo hiciste ahora, por favor, necesito escuchar tu voz… Háblame de nuevo – Pedía ella con la voz entre cortada y ronca por el deseo.
- Candy… Candy te deseo… te deseo demasiado… necesito tenerte, sentirte – Le susurro al oído y después busco los labios de la joven para perderse en ellos de nuevo.
- ¡Ah!… ¡Dios! – Fue lo único que salió de los labios de la rubia mientras sentía una presión sobre su vientre que la hizo estremecerse. – En su mente se repetía un nombre una y otra vez – Terry… Terry… Deseaba con todas sus fuerzas poder gritarlo, dejarlo libre – Un par de lagrimas se hicieron presentes y rodaron por sus sienes.
Él pudo sentir cierta tensión en ella, como si intentara mantener algo dentro de si, un gemido… un grito, la sintió temblar, muy despacio fue abandonado sus labios y al mirarla a los ojos vio que estos se encontraba llenos de lagrimas, llevo una mano para limpiar las lagrimas, subió para besar su frente y la sintió estremecerse de nuevo.
Rodo para quedar a su lado y con lentitud se levanto, sentándose y tomándola por la cintura para abrazarla, acomodo la cabeza colmada de rizos dorados sobre su pecho.
- Candy amor… lo siento… lo siento mucho, fui un bruto, no quise presionarte – Busco sus ojos para mirarla, necesitaba hacerle entender que no quiso forzarla a nada – Por favor amor perdóname, no quise presionarte… me deje llevar, yo te amo Candy… te amo y te deseo… pero también quiero respetarte mi vida – Ella lo cayo llevando una mano a sus labios.
- Está bien… no digas nada, no fue tu culpa… yo también me deje llevar – Se arrodillo frente a él y acaricio su rostro, no soportaba ver esa angustia en sus ojos. – No tengo nada que perdonarte… yo te amo… te amo demasiado – Dijo y rozo sus labios con los de él, solo un toque.
- Te prometo que no sucederá de nuevo… quiero darte todo el tiempo que necesites, no me perdonaría que te sintieras intimidad por mi culpa… deseo que esto sea lo mas hermoso para ti – Menciono acariciando las mejillas de la chica con sus pulgares. Ella asintió en silencio y le dedico una sonrisa.
Se quedaron unos minutos sentados, abrazados mientras dejaban a sus corazones retomar su ritmo normal y a sus cuerpos relajarse, la suave brisa del mar lo envolvía en una especie de letargo calmándolos y alejando de sus mentes y corazones las dudas y los miedos. Se colocaron de pie y caminaron de nuevo hacia la casa, tomados de la manos, en silencio… escuchando el romper de la olas, el silbido del viento a su alrededor, el latido de sus corazones, sus respiraciones acompasadas… solo eso, sin palabras.
Esa noche fue muy difícil para ambos conciliar el sueño, sus mentes se encontraban turbadas por lo sucedido, tantas emociones juntas, tan contradictorias, tan sublimes. Cuando llegaron a la casa compartieron un rato mas con los presentes, aunque la tensión en ambos se podía notar, después de eso cada uno se retiro a su habitación, Fabrizio se despidió de la rubia con un delicado beso en los labios y una mirada de ternura, a la cual ella respondió de la misma manera, consciente de que él se encontraba desconcertado por su actuación en la playa, deseaba poder explicarle, decirle lo que le sucedía, hacerle entender que lo ultimo que quería era lastimarlo, le dolía verlo sufrir… sin embargo un temor insoportable se lo impedía, le horrorizaba perderlo, que se alejara de ella al no comprender su situación… y en fondo de su corazón sentía que le temía a algo mas… algo mucho mas poderoso… y era precisamente eso lo que la congelaba.
Él entro a su habitación, se deshizo de su ropa y camino hasta el baño, necesitaba relajar sus músculos que parecían ser de piedra, sólidos y pesados. Se metió bajo la ducha dejando que el agua bañara por completo su cuerpo, cerró los ojos y a su mente llegaron de inmediato las imágenes de lo ocurrido, sintió su cuerpo tensarse aun mas y una angustia centrarse en su pecho, se llevo las manos hasta este y lo presión con ambas, mientras sentía que su garganta era inundada por las lagrimas, sin oponerse a ello las dejo correr con libertad. De nuevo ese dolor regresaba a él, la incertidumbre, esa maldita sensación de perdida, de vacio… de no tener pasado, ni recuerdos, ni nada que le asegurase que no estaba equivocado o viviendo la vida de alguien mas… era por eso que se empeñaba en construir su destino, era por eso que solo se aferraba a lo seguro, a lo estable… no quería creer en sueños vanos, efímeros… no deseaba arriesgarse a buscar, a hurgar en un pasado que no tenia… que no poseía y del cual no era dueño, con el cual no podía hacer nada… el pasado es pasado, nada mas, ¡Ya no importa! No importa… ahora la tenia a ella, a ella que había llegado para alejar todas las sombras, el miedo, el desasosiego. – Respiro profundamente para detener el llanto, pero este en respuesta salió con más fuerza.
Se apoyo con los brazos sobre la pared frente a él, temblando a causa de los sollozos – Su corazón le gritaba que se estaba engañando, sabia que no podía vivir así… ¿Hasta cuando aguantaría esto, hasta cuando temería buscar respuestas?… tal vez lo que realmente le asustaba era que todo fuese una mentira, que su familia, no fuese suya… que esta vida perfecta y radiante no le perteneciese… que en realidad no fuese nadie… nada. Y por otro lado estaba esa actitud que a veces Candy le demostraba, como si conociese todos sus secretos, esas verdades que él ignoraba… como si lograse ver dentro de él… esperando algo de él… suplicándole que le entregara algo que no tenia… una palabra, una verdad… ¿Pero qué? ¿Qué era eso que ella esperaba de él, que la atormentaba? – Se perdió de nuevo en sus recuerdos y su mente fue atrapada por esa mirada desesperada y llena de dolor de la chica.
Elisa se encontraba en el jardín con el pequeño dormido en brazos, contemplando el atardecer, el sol se ocultaba, se despedía de la inmensidad en el horizonte detrás de unas montañas, para Elisa aun era algo indescriptible, algo mágico, ver como se iba ocultando lentamente la luz brillante, enceguecedora, cerro los ojos para relajarse, pero el sonido de un automóvil la hizo regresar a la realidad, a lo lejos pudo ver el auto de su esposo entrando por el largo camino que conducía hasta la casa, su alma se sintió exaltada se le estremeció y su corazón empezó a latir como un caballo desbocado y es que desde hace algún tiempo su corazón se comportaba de esa manera con el solo hecho de pensar en el señor Leblanc, esa era la causa de su exaltación sabia que en ese auto venia Jules. El recibimiento fue igual que siempre no hubo ninguna novedad, el protocolar beso entre marido y mujer, el beso en la frente al pequeño por parte de su padre, el saludo entre Jules y Elisa, cargados de unas descargas eléctricas que ninguno se aventuraba a demostrar, solo ello los sabían, solo unos segundos de miradas compartidas, podían demostrar el deseo que los quemaba por dentro. La cena al igual que el desayuno transcurrió entre conversaciones de acontecimientos del día, una que otra mirada atribuida de complicidad.
Esa noche era imposible que Elisa se mantuviera en su cama el deseo la invadía necesitaba sentir de nuevo los besos de Jules recorrer su cuerpo, esos besos que le quemaban la piel. De seguro el también estaría en las misma condiciones, por lo que decidió salir a la cocina nuevamente, no sin antes verificar que su esposo estuviera sumido en un sueño profundo.
Al llegar a la cocina para desconcierto de la joven Jules no se encontraba, estaría casi segura encontrarlo ahí, en vista de que no estaba tomo un vaso con agua para calmar las ansias y se puso a contemplar la noche, hermosa noche de luna llena. Un sobresalto le vino de pronto al sentir unos brazos que abarcaban su cintura por detrás. Y con susurros y besos al oído le pregunto.
- ¿Me estabas esperando? - La joven colocando sus manos encima de las del chico le dijo.
- Te crees tan importante, como para que te este esperando, solo vine por un vaso de agua. - El joven dándole media vuelta para encararle le expuso.
- Invéntate otra para la próxima, en las habitaciones hay agua. - Acercándola para tomar los labios de la chica, agarro las manos de la joven y se las coloco en su cuello, colocando las de él en la parte baja de su cintura y atrayéndola con fuerza que a Elisa le pareció incensaría pero placentera. El joven dejaba de besar a la chica solo a segundo para tomar aire, y en esos instantes su boca recorría el cuello de la joven. Jules la encamino y la acorralo contra una pared tomo las manos de la chica que jugueteaban en su cabello se las quito y las entrelazo entre las suyas alzándolas por encima de ambos pegándolas a la pared, la joven se estremecía ante los besos del joven que se dirigían hacia el sur, podía sentir sus labios a pesar de la seda de su dormilona la joven no tenia fuerzas para hablar, solo gemidos invadían la cocina, ella sentía que no podía mas las piernas le temblaban Jules necesitaba hacerla suya, tenia que poseerla en ese mismo instante.
Elisa no sabia como se sentía en ese momento la respiración acelerada pero al mismo tiempo se le detenía no podía respirar hasta que con palabras entrecortadas dijo.
- ¡Jules Basta ya, detente por favor! - Para ella era imposible hacer presión el joven le mantenía las manos atadas con las suyas por encima de ella. Él se mantuvo en silencio solo se dedicaba a hacerla delirar con los besos tan apasionados que le proporcionaba. - Por favor detente, esto no puede pasar, no aquí, no ahora.
- ¿Por que no? - Dijo el joven deteniendo los besos y subiendo de un golpe para decirle mirándola a los ojos. - ¿Por qué no Elisa? Si yo te deseo. - con la respiración acelerada y la frente perlada ante el sudor le dio otro beso que la dejo sin respiración, para detenerse y decirle de nuevo. - Y estoy seguro que tú también me deseas, Elisa me gusta tu sabor, tu olor y sentir que lates de esta manera porque te gusta lo que estás sintiendo.
- Si… si Jules tienes razón pero no puedo, no ahora, Frank esta arriba durmiendo y Frederick también, entiéndeme por favor.
- Podemos no hacer ruido. - Decía el chico soltándole las manos y tomándola por la cintura.
- Sabes que es imposible, ahora por favor suéltame. - Decía la chica al tiempo que quitaba las manos del joven de su cintura.
- Pero no me puedes hacer esto Elisa, soy un hombre, no me puedes dejar así. - Reponía el chico dirigiendo la mirada la parte baja de su cintura.
- ¿Y crees que para mi es fácil? Pues no… no es nada fácil pero primero que nada tenemos que ser consientes si no quieres que nos descubran y nos maten.
- Está bien ve al lado de tu esposo y te entregas a él de nuevo, mata con él las ganas. - Las palabras de Jules estaban cargadas de rabia y celos. - ¿O crees que no me doy cuenta?
Para Elisa eso fue como una bofetada, la humillación que le estaba haciendo Jules era tan fuerte que solo se le salieron las lagrimas en silencio, aun no comprendía porque le dolían tanto. Solo respondió entre sollozos
- Es mi esposo ¿Que quieres que haga? - El joven al ver las lágrimas de la chica lo invadió una culpa que le estremeció el alma.
Y tomándole las manos y dándole besos en ellas le dijo.
- Discúlpame, de verdad discúlpame, no era mi intensión ofenderte. - La joven se soltó del agarre del joven y le dijo.
- No todo es disculpa Jules tienes que pensar antes de hablar, últimamente estas pidiendo muchas. - Aun con las lágrimas que le invadían el rostro salió de la cocina.
El joven se quedo parado con las manos extendidas y en ella un vacio que le lastimaba. - ¿Por que soy tan estúpido? ¿Por que la trate de esa manera? Ella tiene toda la razón es su esposo acá el recién llegado soy yo y que pretendo que deje a su marido por un hombre que apenas conoce. - El chico tomó asiento incrustando la cara entre sus manos se quedo meditando la estupidez que había cometido, las primeras luces del amanecer se divisaban en el horizonte, levanto la mirada y comprendió que se había quedado dormido en la mesa de la cocina, se levanto y con pasos pesados subió a su habitación se metió en la cama para tratar de dormir un poco mas, pero le fue imposible por lo que decidió darse un baño, se cambio y bajo era sábado los esposos aun no habían bajado, caminando por el corredor escucho risas provenientes del cuarto de juego la puerta estaba medio abierta por lo que se asomo esperaba ver a Elisa para reiterarle sus disculpa, pero esta no se encontraba, el niño jugaba con Dennis, toco la puerta y la joven al verlo le dijo:
- Buenos días señor Leblanc ¿Desea pasar jugar con el pequeño? - El joven le respondió con una tímida sonrisa.
- Si no estorbo en tu trabajo Dennis.
- No para nada señor pase adelante. - El pequeño Frederick lo recibió con una sonrisa y un hola señor Jules apenas entendible.
- Hola amigo mío. - Respondió Jules sentándose en el suelo y tomándole la mano para saludarlo como un caballero.
Dennis noto una tristeza en el rostro del joven. - De seguro extraña a su familia, yo que la puedo ver cada martes y me hacen falta como será para el señor Jules que tiene mas de seis meses que no la ve, tiene que ser muy duro estar en un país desconocido. – Cavilaba la joven mientras estudiaba el rostro de Jules.
- ¿La señora Elisa no ha bajado aun Dennis? - Pregunto el joven buscando las palabras adecuadas para que la chica no sospechara.
- No señor la verdad es que no…y se me hace extraño porque ya es para que hubiese venido a ver al pequeño.
Jules perdió la mirada en un punto indeterminado de la habitación, para Dennis no fue difícil deducir que algo había pasado entre su patrona y el señor Leblanc y que esa tristeza que lo embargaba no era a causa de que extrañaba a su familia, ella sabia muy bien que la señora Elisa no estaba enamorada de su esposo, muchas veces le vio colocar mala cara cuando el señor Wells se le acercaba, pero esos son asuntos en los cual ella no debería entrometerse, además la diferencia de edad entre sus patrones era muy grande para ella, la señora solo se había casado por interés, aunque al verla sufrir muchas veces pensaba otras cosas. - Cavilaba la joven.- Señor si la veo antes que usted le puedo decir que ha preguntado por ella. – Termino por decir la joven.
- No Dennis gracias, eres muy amable. - Dijo el joven poniéndose de pie. La doncella solo le dedico una sonrisa de compresión.
Después de dos días de su llegada a Florencia Fransheska y Candy se reunieron con Fiorella para ultimar algunos detalles de la recepción que se daría con motivo de la apertura de la sede del Banco Andley en la ciudad. Fiorella había propuesto que utilizaran la misma para recaudar fondos para las labores que los americanos estaban desempeñando en el Piamonte y San Marino mas recientemente, así como en el hospital de la ciudad, se organizaría una cena, dentro de una velada agradable con música en vivo, anfitriones, por supuesto enviarían las invitaciones a las familias mas resaltantes de la ciudad y algunas de localidades cercanas, así como a personalidades del ámbito político, eclesiástico y artístico, todo debería ser impecable, perfecto… para dar la mejor impresión y sumar a mas personas a la labor de los rubios.
- La comida puede ser del restaurant de la familia Ferreti, ellos son accionistas del banco, esto nos beneficiara a todos, ellos podrán ofrecer sus platos a un publico de elite dándose a conocer y nosotras reduciremos gastos, el salón ya esta listo, cuenta con todo lo necesario para la velada, es elegante, espacioso, hermoso… indicado para el tipo que evento que deseamos realizar, la música… bueno imagino que contaremos con un repertorio que cubra los gustos de todos los presentes… pueden dar alguna otra idea – Menciono la mujer observando a las chicas.
- Mamá todo me parece perfecto… sabes que eres una experta en organizar este tipo de reuniones – Contesto la hija con una sonrisa.
- La verdad yo no sé mucho de estas cosas… nuestra tía siempre se encargaba de organizar las celebraciones en casa, yo aun no tengo la potestad de llevar las riendas de la misma… solo una vez lo hice cuando ella paso una temporada en Inglaterra… y evite a toda costa organizar alguna – Respondió la rubia con sinceridad – Pero como dice Fransheska, no veo nada fuera de lugar, todo lo que ha mencionado me parece perfecto Fiorella – Agrego con una sonrisa.
- Me alegra que estén de acuerdo… los jóvenes de hoy en día ven este tipo de eventos como algo aburrido y anticuado, prefieren compartir un rato en un club con música ensordecedora y bocadillos insípidos – Dijo la mujer con una sonrisa.
Las jóvenes le respondieron de la misma manera… la verdad ellas eran de esa generación que prefería la sencillo para compartir un rato agradable que todo aquel despliegue de lujo, vanidad y apariencias.
- Bueno no teniendo nada mas que discutir, entonces me retiro, aun tengo una reunión con las esposas de los otros accionistas para elaborar la lista de los invitados… ese trabajo si nos llevara tiempo – Menciono con desgano.
- Nos vemos en la tarde madre – Dijo la morena colocándose de pie para despedirla.
- Un placer haber compartido contigo como siempre Fiorella –Menciono la rubia quien la trataba de esta forma por petición de la italiana.
- Gracias a ustedes por colaborar… nos vemos luego hija, hasta pronto Candy – Contesto ella caminando para darles un abrazo a ambas y despedirse.
Salió del lugar y minutos después la jóvenes escuchaba el motor del auto alejarse, Fransheska le dedico una sonrisa a Candy al ver el desconcierto de la joven.
- La verdad no creo que hayamos sido de mucha ayuda – Indico con una sonrisa.
- Lo fuimos… mi madre no necesita colaboración para este tipo de eventos, ella es una experta… puede organizar una fiesta en dos días, sin embargo necesita que alguien la escuche hablar sobre los preparativos, pues así los analiza a medida que los va enunciando y se da cuenta que debe ser prioridad y que no, fue criada para construir un hogar de ensueño… uno donde la mujer es el eje de eventos sociales, una madre perfecta, una esposa amorosa, una amiga y compañera incondicional… es decir chapada a la antigua – Explico la chica divertida.
- Entiendo… pero eso no tiene nada de malo – Señalo la rubia.
- No… no lo tiene, en lo absoluto, pero los tiempos cambian y hoy en día las mujeres aspiran a mucho mas que llevar las riendas de un hogar… por ejemplo tú eres enfermera, una profesión que demanda mucho de tu tiempo y tu esfuerzo, no será fácil encontrar un hombre que se adapte a lo que has escogido – Menciono mirándola a los ojos.
- Supongo que cuando llegue el momento… deberé escoger entre mis prioridades, aunque creo que… que podre acoplar una cosa a la otra… mi trabajo a mi matrimonio – Expreso con convicción.
- Exacto… eso es lo que las mujeres de hoy en día buscamos, demostrar que somos capaces de desempeñarnos en aspectos diferentes de nuestras vidas sin tener que prescindir de uno o de otro… sin embargo esta la llegada de los hijos… y esa es otra responsabilidad, aun mayor – Dijo con certeza.
- Si… en eso tienes razón, los hijos siempre deben ser lo primero… para ellos no deben existir medios tiempos, ni excusas – Respondió la rubia.
- Tampoco para el amor… no puedes descuidar al hombre con el cual compartes tu vida, así como él no debe descuidar de ti – Indico con seriedad - ¿Has pensado en tener hijos Candy? – Pregunto sin poder evitarlo.
- Por supuesto – Respondió ella sin siquiera analizar la pregunta… pero segundos después fue consciente que no se había planteado esa posibilidad… no desde la muerte de Terry.
- Yo también – Dijo la chica sin notar el cambio en la rubia – Me gustaría tener dos… así como mis padres y que sean tan unidos como lo somos Fabrizio y yo… recuerdo que cuando éramos pequeños y regresábamos a casa por nuestras vacaciones nos volvíamos inseparables, hasta que… - Se detuvo, no deseaba recordar el tiempo en el cual su hermano empezó a perderse en las manipulaciones y trampas de Antonella Sanguinetti.
- Seria maravilloso… yo pase la mayor parte de mi infancia rodeada de niños… puedo decir que han sido los mejores años de mi vida, así que deseo tener varios… cuatro, tal vez mas – Dijo con una sonrisa.
Fransheska abrió los ojos sorprendida, pero después dejo ver una hermosa sonrisa afirmando en silencio. Entre este y otro tema se fue dando la conversación, salieron a pasear un rato por el jardín hasta la llegada de Albert y Fabrizio quienes habían quedado con ellas para verse allí esa tarde.
A su llegada al hermoso castillo de Balmoral fueron recibidos por un ejército de empleados que se encargaron de bajar el pesado equipaje, llevarlos hasta sus habitaciones y ponerse a sus órdenes, su majestad Jorge V se encontraba de caza ese día por lo cual no los recibió, pero dejo todo preparados para que fueran acogidos con los honores que se merecían, Richard Grandchester no solo era uno de sus mas fieles colaboradores, también era un gran amigo y consejero, los años de amistad y apoyo durante la difícil época de guerra habían afianzado este lazo, por lo cual cuando el hombre llego hasta su majestad para solicitarle su permiso para contraer nupcias con Eleonor, este accedió de inmediato, Jorge V tenia conocimiento de la relación que Richard había llevado en el pasado con la actriz, de la cual había nacido su hijo Terruce Greum, un joven de carácter fuerte, apasionado, indomable y al mismo tiempo poseedor de una inteligencia y suspicacia admirable… un digno representante para portar el titulo de Duque de Grandchester, en mas de una ocasión le menciono el asunto al hombre, ambos sabían que con solo una palabra de él, Terruce obtendría el titulo que le correspondía, sino por ley de sucesión por ser nacido fuera del matrimonio… le pertenecía por derecho de sangre, por ser el primogénito, el hijo mayor de Richard… sin embargo ni el joven, ni el padre parecían tener interés en ello.
Cuando varios de sus consejeros lo cuestionaron al tomar una decisión tan apresurada y que no seria bien vista por los demás miembros de la monarquía, al aceptar el matrimonio entre el ingles y la americana, este se limito a decir que era su voluntad que ella portara el titulo de Duquesa de Grandchester, su esposa la reina Mary también le pidió una explicación sobre su decisión, a esta el hombre le conto con mas detalle el porque de su disposición, resumió la historia de Richard y Eleonor… y aunque un poco renuente la mujer termino por comprender cuando él traslado la historia de los Duques a la suya… al morir su hermano Alberto y quedar él de segundo en la línea de sucesión ya ellos eran novios… gracias a Dios Mary se había ganado la voluntad de la Reina Victoria, su abuela y esta aprobó su matrimonio… pero las cosas hubiesen sido muy diferentes si la mujer no la hubiese aceptado, obligándolo a él a casarse con otra mujer y a ella a marcharse a un país lejano. Desde ese momento ella se encargo de brindar su apoyo a la familia Grandchester y al contar con el favoritismo de los reyes, los demás monarcas se vieron en la obligación de abrirles las puestas de sus casas y tratar a Eleonor como una mas de ellos.
- Buenas tardes – Mencionaron los Grandchester entrando al salón donde la reina se preparaba para tomar el té. – Su majestad es un honor verla de nuevo – Agrego Richard caminando para saludar a la mujer, tomando con caballerosidad su mano para depositar un suave beso en esta.
- Buenas tardes Duque de Grandchester, Duquesa – Contesto esta con una sonrisa, después capto con la mirada a la pequeña – Lady Dominique que hermosa luce, ya es toda una señorita – Agrego ofreciéndole una sonrisa a la chica.
- Muchas gracias su majestad, sus palabras me halagan – Respondió con timidez.
- Muchas gracias por la invitación su majestad, este lugar es realmente hermoso – Menciono Eleonor con su habitual dulzura.
- No tiene nada que agradecer Duquesa, es grato contar con su compañía, como verán mi marido aun estando de vacaciones busca alguna excusa para deshacerse de mi – Expreso en tono de broma – Tomen asiento por favor. – Agrego haciéndoles un ademan.
El té fue servido con esmero, ante la mirada atenta de las damas de compañía de Mary, quien poco le prestaba atención a esos detalles, su conversación se enfoco en literatura, la mujer estaba maravillada al ver el gran conocimiento que tenia Eleonor sobre esta, no solo en cuanto a teatro sino a la literatura en general, poco a poco la rubia se fue ganando la simpatía de la reina, mientras el Duque y Dominique intervenían siempre y cuando lo considerasen conveniente. De repente un movimiento en el vientre de la rubia llamo la atención de la inglesa.
- Duquesa no me había fijado de lo avanzado de su estado… creo que tendré que reprenderlo Duque de Grandchester, no debió emprender un viaje con su esposa estando en los últimos meses de gestación – Menciono la mujer sorprendiéndolos a todos.
- Su majestad… no quisiera que considerase mi respuesta como inapropiada, pero le puedo asegurar que nunca pondría en riesgo el bienestar de ningún miembro de mi familia, si mi esposa no hubiese estado en condiciones para viajar no lo hubiese hecho – Contesto él con amabilidad y firmeza al mismo tiempo.
- Mi esposo tiene razón su majestad… aun falta mucho para que dé a luz, tan solo cuento con cinco meses y medio de embarazo – Agrego Eleonor con tono amable.
- ¿Cinco meses? No parece tener cinco meses… permítame – Dijo la mujer colocándose de pie para caminar hasta donde se encontraba sentada la rubia. – Duquesa… ¿Esta usted segura del tiempo de gestación? – Pregunto de nuevo mirándola a los ojos.
- Si… claro su majestad, mi embarazo esta siendo vigilado por el doctor de confianza de mi esposo… a mi edad esto es necesario, no tengo la fuerza ni la salud de una joven de veinte años – Respondió la mujer desconcertada ante la actitud de la reina.
- Es muy extraño… a no ser que… - La mujer se detuvo buscando en sus recuerdos.
- ¿Sucede algo su majestad? – Pregunto Richard preocupado.
La mujer continuo en silencio, pero una de señoras que la acompañaban, la mas anciana de todas se acerco hasta ellos.
- ¿Gemelos? – Inquirió mirando a la rubia.
Eleonor se congelo sin saber que responder, la verdad no entendía nada… a Richard le sucedía lo mismo, ambos quedaron estupefactos ante la pregunta de la anciana, la reina centro de nuevo su mirada en la rubia.
- ¡Si! Eso lo explicaría… ¿Recuerdas Jane lo pronunciado que estaba mi vientre cuando esperaba a William y Henry? – Le pregunto la mujer a la anciana a su lado.
- Por supuesto su majestad, cuando llego a los siete meses apenas si podía moverse por la casa – Contesto la mujer con una sonrisa.
- Disculpe su majestad pero… no entiendo – Menciono Eleonor con la voz ronca.
- Usted espera gemelos Duquesa… eso explica porque su vientre luce como de siete meses en lugar de los cinco con los cuales cuenta – Respondió la mujer con una sonrisa que iluminaba sus ojos azules.
- ¿Gemelos? – Logro decir Richard cuando encontró su voz, su rostro había perdido el color.
Eleonor y Dominique se habían quedado congeladas, la rubia sintió su corazón latir con fuerza y un leve mareo, mientras la pequeña quería saltar de felicidad.
- Así es mi querido Duque de Grandchester… puedo casi asegurarle que su esposa esta esperando gemelos… Jane no se equivoca, ella me lo anticipo mucho antes que mi doctor… y lo ha hecho con mas de cinco partos de gemelos dentro de la corona. – Contesto la mujer con una sonrisa divertida al ver la sorpresa reflejada en el rostro del hombre, justo la misma cara de Jorge cuando ella le dio la noticia.
Richard se coloco de pie, camino hasta Eleonor y busco sus ojos, en ellos encontró una mezcla de miedo, felicidad, incertidumbre… amor, la tomó de la mano y olvidándose del protocolo bajo para darle un suave beso en los labios. Todos en el salón aplaudieron celebrando la noticia y compartiendo el júbilo de los duques.
Candy estaba por terminar su turno en el hospital, aunque esa noche era la cena de beneficencia que había organizado Fiorella y debía lucir lo mejor posible no quería dejar de lado la responsabilidad que había adquirido con las autoridades del hospital, después de despedirse de sus compañeras salió de la sala de enfermeras, venia distraída cuando una voz capto su atención.
- Buenas tardes señorita, seria tan amable de ayudarme.
Ella levanto sus ojos y se encontró con el rostro de
Fabrizio quien le sonreía mientras la miraba con ternura.
- ¡Fabrizio! – Dijo emocionada para salir casi corriendo y abrazarlo. – No tenia idea que vendrías a buscarme – Agrego mirándolo a los ojos.
- Salí temprano de la oficina y decidí pasar por ti ¿Ya almorzaste? – Le pregunto al tiempo que le acariciaba una mejilla.
- No… comí algo rápido esta mañana, quería llegar hasta la casa – Respondió llevando las manos al cabello de él.
- Perfecto, yo tampoco lo he hecho ¿Te gustaría acompañarme? –
- Por supuesto – Contesto ella con una sonrisa.
Él le dedico una a ella también, le dio un suave beso en la mejilla, al cual ella respondió con una caricia en su pecho, salieron de lugar tomados de la mano.
Como todos los días ella había decidió salir a pasear un rato después del almuerzo, le dijo al chofer que condujera por la ciudad sin un rumbo fijo, solo deseaba ver un poco de gente, respirar aire libre, sentir el sol en su rostro, cualquier cosa para calmar estas ansias que la estaban matando, tenia un mes sin ver a Fabrizio y eso la estaba volviendo loca, sin embargo se había prometido esperar un tiempo y darle su espacio a él, no quería arruinar todo… no cuando estaba decidida a recuperarlo.
Su vista fue captada por las figuras de dos personas conocidas, su corazón dio un vuelco dentro del pecho al reconocerlos, no lograba encontrar su voz pues un vacio se había instalado en medio de su ser, sus manos temblaban y sus ojos se llenaron de lagrimas.
- Para el auto Federico – Dijo con voz ronca, como una suplica.
El hombre acato la orden de inmediato sorprendido ante la actitud de la señora, se volvió siguiendo su mirada y pudo ver a los lejos a dos jóvenes que salían del hospital tomados de la mano.
Antonella se lleno de valor y bajo del auto, todo su cuerpo temblaba, su corazón latía con dolorosa lentitud, le costaba respirar, no podía creer lo que sus ojos veían, al otro lado de la calle se encontraba Fabrizio junto a Candice Andley, iban tomados de las manos, ambos sonreían llenos de felicidad, absorto de todo a su alrededor, ni siquiera habían notado su presencia, llegaron hasta el auto del joven, él camino para abrirle la puerta y ella le dedico una sonrisa, luego subió él y ya dentro del mismo… la beso… él la besaba… la besaba y ella correspondía al beso. Antonella sintió su corazón arder, su vista se nublo y un mareo se apodero de ella, no podía apartar la mirada de los jóvenes, estaba clavada en ese lugar, incapaz de moverse, de gritar, de llorar… no podía hacer nada… nada.
Al fin el auto arranco alejándose ante su mirada atónita, se encontraba completamente desconcertada, cerró los ojos y al fin las lagrimas acumuladas en estos rodaron por sus mejillas, se llevo una mano a la cara y las limpio con rabia, mientras sentía que la ira comenzaba a subir por su cuerpo como la hiedra venenosa… apoderándose de ella, de su consciencia, de su corazón, de su alma… de todo.
- Disculpe señora ¿Se encuentra bien? – Pregunto a su lado el chofer sacándola de sus pensamientos.
- Perfectamente – Contesto en un tono de voz áspero, cargado de rabia – Vamos a la casa – Agrego en el mismo tono. El hombre asintió en silencio y le abrió la puerta, la mujer subió de inmediato intentando por todos los medios contenerse y no gritar.
Cuando llego a su casa, paso por la sala sin fijarse en nadie tropezando con Eva que le abría la puerta, subió las escaleras casi corriendo entrando a su habitación lanzo la puerta con tal fuerza que el estruendo retumbo en toda la casa. Se detuvo delante del enorme espejo y observo su reflejo, su cara se encontraba totalmente trasfigurada por la rabia, las lágrimas se hicieron presentes enseguida haciendo que la ira e impotencia dentro de ella aumentara hasta desbordarse, ella exploto al fin y comenzó a lanzar las cosas que se encontraban encima de su tocador.
- ¡Esto no es verdad! ¡No puede ser verdad! ¡Tú no me puedes hacer esto Fabrizio! – Sus gritos se escuchaban en todo el lugar, aun en el pasillo hasta llegar a las escaleras.
Su ama de llaves se vio tentada a subir para saber que le sucedía, pero al sentir los estruendos de las cosas haciéndose añicos contra las paredes prefirió mantener la distancia, sabia que cuando su señora se ponía de este modo lo mejor era dejarla sola, desahogarse… sin embargo nunca la había visto de esta manera, ni siquiera el día que el joven Fabrizio la dejo.
- ¡Esa… esa! Fabrizio tienes que estar loco… ¿Cómo puedes cambiarme por esa mujer? Es tan simple… ¡Por Dios tan insulsa! Tan poca cosa… solo una cara bonita nada mas ¡Es una cualquiera! ¡Una descarada! ¿Cómo puede pasearse contigo con total libertad? ¡Tú estabas conmigo y ella lo sabia! ¡Lo sabia la muy perra! ¡Lo sabia! – Lanzaba todo lo que encontraba a su alcance, las lágrimas le quemaban las mejillas, su cara se encontraba cubierta de un rubor carmín y todo su cuerpo temblaba. - Si tan solo me hubieses cambiado por alguien mejor… pero por esa mujer, esa mujer… esa mujer nunca te hará sentir como yo ¡Nunca! – Camino hasta la terraza que daba al jardín y su mirada se perdió en este.
La imagen llego de nuevo a su mente y la estudio con detalle, cada sonrisa, cada mirada, la actitud de ambos… algo en ese momento que no capto y ahora hacia con claridad era que los dos estaban bronceados… si lo estaban, su piel estaba pintada por ese hermoso color que el joven adquiría cuando viajaba a la playa y ella… ella también lo tenia.
- Estaban juntos… ¡Viajaron juntos a Cerdeña! Y yo como una ilusa haciendo planes… aparentando delante de todos que aun seguíamos juntos, que entre nosotros las cosas estaban mejor que nunca… que estúpida ¡Que estúpida fuiste Antonella! Ellos se reían de ti… se burlaban de ti… revolcándose en todas las playas de Cerdeña… y tú haciendo planes… buscando la manera de recuperarlo ¡Por Dios que patética eres! Que patética… imagino que ahora todos estarán felices… los puedo imaginar… ¡Hipócritas! ¡Todos son unos hipócritas! – Ella caminaba de un lado a otro de su habitación, el asombro y la rabia se adueñaban de ella, sentía ganas de romper todo lo que se encontraba a su alrededor… pero lo que mas deseaba era ir hasta la casa de ambos y gritarles en sus caras la basura que eran… sobretodo a esa… a esa mujerzuela que se había interpuesto entre Fabrizio y ella, después de todo lo sucedido entre ambos… ¿Cómo podía llegar esa desconocida a quitárselo? – Se observo de nuevo en el espejo – Tú eres cien veces mejor Antonella, eres mas mujer que ella, puedes tener a tus pies al hombre que quieras y Fabrizio Di Carlo no es la excepción… te sientes muy segura muchachita… sientes que ya ganaste… ¡Pues te equivocas! ¡Estas tan equivocada! Yo puedo tener a Fabrizio cuando quiera… solo tengo que buscarlo y ofrecerle estar una noche a mi lado… solo eso basta para que te deje plantada, vas a sentir en carne propia lo que es ser engañada, vas a lamentar haberte fijado en él – Dijo con determinación y entro al baño – Esa noche había una fiesta a la cual asistirían casi toda Florencia, los Di Carlo y los Andley serian los anfitriones… la humillaría delante de todo el mundo, eso le enseñaría a no meterse con un hombre ajeno… no con uno que era de ella y de nadie mas… le enseñaría a ambos que con ella no se jugaba.
El camino hasta casa Renai se hizo mucho mas corto de lo que ambos esperaban o tal vez era que cuando estaban juntos el tiempo parecía volar, al contrario de cuando se encontraban lejos que este parecía detenerse. El auto entro a la propiedad y ya en esta llego la hora de despedirse, ya casi eran las cuatro y aun Candy tenia que prepararse para la fiesta de esta noche, Ángela de seguro estaba a punto del colapso al ver la hora y que ella no llegaba.
- Esta noche vendré por ti – Le dijo tomando su rostro entre las manos.
- ¿No vas con tu familia? – Pregunto ella mirándolo a los ojos.
- No, Albert y yo nos pusimos de acuerdo, mis padres se marcharan juntos, pero Fransheska y yo pasaremos por ustedes, ella se ira con Albert y tú conmigo… planeamos hablar hoy con mis padres para decirles que Fransheska y él están juntos y tú y yo también – Dijo con seguridad.
- Fabrizio… crees que… - Ella se sentía presa del pánico con solo pensarlo.
- No tienes nada que temer Candy – Menciono él adivinado sus pensamientos – Mis padres los aprecian mucho a ambos, estoy seguro que se sentirán felices – Agrego buscando los labios de la rubia para darle un delicado beso.
Ella afirmo en silencio espabilando un par de veces, le dedico una sonrisa y se acerco para besarlo de nuevo, Fabrizio hizo mas intenso el beso esta vez, durante el almuerzo solo se mostraron cariñosos pues en el lugar se encontraban algunos conocidos y no querían despertar las habladurías de la gente, pero ahora que se encontraban libres de la presión de la sociedad podían demostrarse su amor con total libertad, mientras sus labios se abrían para fundirse en este beso sus manos recorrían sus espaldas.
Ángela caminaba en la sala de un lugar a otro, ya sabia que Candy había llegado pero pensaba quedarse toda la vida en el auto de su novio, pues tenían varios minutos estacionados afuera y ni señales de ella. Al fin escucho la puerta abrirse, la vio entrar y dejo libre un suspiro.
- ¿Sabes la hora que es? – Pregunto levantando una ceja.
La joven solo asintió en silencio, le dedico una sonrisa y camino hasta ella para abrazarla.
- Tú mas que nadie deberías entenderme, también estas enamorada de Antonio… ¿Acaso no deseas pasar todo el tiempo junto a él? – Le pregunto caminado con ella para subir las escaleras.
- No… deber ser porque paso todo el día con él – Respondió la mujer con una sonrisa que iluminaba su mirada.
- Entonces siente afortunada y no te preocupes que en menos de lo que piensas estaré lista… hoy tengo que lucir hermosa, Fabrizio le va a decir a sus padres que somos novios – Menciono sin poder ocultar su emoción.
- ¿Si? – Inquirió entusiasmada. La rubia afirmo en silencio mientras sonreía - ¡Eso es maravilloso Candy! Entonces no perdamos más tiempo, te voy a dejar como una princesa. – Sentencio.
Yo no soy ni monja ni casada,
tú tampoco eres esclavo de ningún juramento
que te haga un crimen del amor; por consiguiente,
amando y siendo amada,
yo no concibo que nadie pueda huir, a menos que el objeto
que ama no sea tan indigno que a toda costa
quiera salvarse de sus redes.
Para no sentirme herida en el fondo del alma
e incapaz de volver a sostener tu mirada, sería preciso
que yo fuese una mujer perdida que con nada obliga
ni se obliga.
Yo no estoy colérica, no: estoy indignada, si,
y sobre todo, dolorida.
Tu amante ultrajada no puede ser tu amiga. (Fragmento)
Gertrudis Gómez de Avellaneda.
Continuara...
