Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.


Capítulo 54: La semana dorada.

.

.

.

Querido amigo.

En las tierras japonesas, entre el 29 de Abril y el 5 de Mayo, se celebra la Golden Week o Semana Dorada. Durante esta semana son días festivos e ideales en Japón para alejarse un poco de la ciudad, viajar junto con la familia y poder apreciar mejor la naturaleza, por consiguiente, toda publicación de contenidos por medio televisivo o revistas, refiriéndose con mayor exactitud, animes y mangas, se postergan para la siguiente semana debido a los días libres que brindan las empresas para que sus trabajadores puedan descansar tranquilos durante esta semana.

Mi corazón me hacía mucho daño al darme cuenta de que no podré leer manga por mucho, mucho tiempo (son solo cuatro días). Pero al parecer, estaré bastante entretenida. A Riko-sempai se le ocurrió la "brillante" idea de que el club de baloncesto viajara a Kioto (ya que está más cerca y se puede apreciar mejor la naturaleza) para esta semana y entrenar.

El señor Aida-san habló con mi hermano para que me dejaran ir. Y de nuevo, James y Drake amenazaron a Taiga y Tetsu con esto de cuidarme y no dejar que nada malo me pase.

Ambos asintieron rápidamente y juraron proteger mi vida con la de ellos.

Hora de salida: 4 am.

Destino: Kioto, montaña Daikale.

Transporte: Autobús.

Personal para el viaje:

Entrenador: Aida Riko (tercer año, clase A, asiento #1. Cocinera).

Entrenador asistente: Aida Kagetora (entrenador profesional de deportes).

Gerente: Claire Darlen/Ritsuka (segundo año, clase C, asiento #9).

Seguridad: Keisaku Shota (conductor del autobús).

Mascota: Número 2 (al cuidado de Kuroko y Ritsuka).

Jugadores:

Primer año:

Miwa Tanaka (clase D, asiento #2).

Sakai Tensen (Clase B, asiento #14).

Setsuna Riuuji (Clase D, asiento #3).

Mashima Hero (Clase A, asiento #8).

Kami Morioka (Clase A, asiento #19).

Segundo año:

Kuroko Tetsuya (Clase C, asiento #11).

Kagami Taiga (Clase C, asiento #10).

Furihata Koki (Clase B, asiento #15).

Kawahara Koichi (Clase B, asiento #14).

Fukuda Hiroshi (Clase B, asiento #22).

Hatake Kida (Clase C, asiento #20).

Tercer año:

Hyuuga Junpei (Clase A, asiento #18).

Kiyoshi Teppei (Clase D, asiento desconocido. Actualmente ausente).

Izuki Shun (Clase B, asiento #4).

Mitobe Rinnosuke (Clase D, asiento #17).

Koganei Shinji (Clase B, asiento #5).

Tsuchida Satoshi (Clase C, asiento #22).

Esto que acabas de leer fue enviado a mí por correo. Riko-sempai se toma estas cosas muy en serio. Demasiado en serio.

De todas formas.

Estoy feliz de que el consejo estudiantil y los directores le dieran más presupuesto para los viajes al club (ganar la Winter Cup fue una buena cosa) pero como su gerente, tengo que velar porque todo esté bien organizado para 21 personas y un perrito. ¡Eso es demasiado trabajo para mí! por suerte, Kaede conoce a una señora que es dueña de una posada un poco más allá de la montaña. Así que fui capaz de realizar una reserva a última hora. Esto de que se encontrara arriba de la montaña hizo a Aida-san y Riko-sempai muy felices. Estoy segura que van a infligir dolor a los muchachos.

No estoy para nada emocionada con lo de la montaña. Recuérdalo, fobia puta a las alturas. Por lo tanto, estaba temblando de frio y miedo.

―Ritsuka-sempai, ¿te encuentras bien? ―uno de los de primero preguntó.

―Ehhh, sí, todo está muy bien. ―dije. ¿¡Cómo puedo estar bien!? ¡Estoy prácticamente cagada del susto!

―No mientas. Tienes miedo. Eres demasiado cobar…. ―Kida no pudo terminar porque Taiga le dio un puñetazo en el estómago. ―¿¡Cuál es tu problema, Kagami!?

―Kida-kun, no la molestes por sus miedos o fobias. ―dijo Tetsu.

Yo le saqué la lengua a Kida. Él me gruñó. ¡Que Tetsu y Taiga estén obligados a cuidarme es genial!

―De todas formas, me sorprende que hallas reservado algo tan costoso como lo es la posada Kimata. ―dijo Izuki-sempai. ―Siempre está lleno.

―Bueno, eso es porque la dueña es amiga de Kaede. Así que nos dejó la posada a mitad de precio. ―dije.

―Espero que no pase nada malo. ―dijo Hyuuga-sempai.

Los de tercero y segundo cerraron los ojos al recordar nuestro último viaje juntos (consulte el campamento de verano). Todos se estremecieron con el recuerdo. Los chicos de primero exigieron la historia. Así que Koganei-sempai se las contó. Hasta la parte del estúpido sombrero-pulpo.

―¡Todo lo que vamos a hacer es practicar! ―dijo Riko-sempai.

―¡SI! ―respondieron todos con energía.

―¡Ese es el espíritu! ―añadió Aida-san.

Todos abordamos el autobús en cuanto llegó. Yo me hice en la parte de atrás porque tenía mucho sueño. Al lado mío se hicieron mis dos guardaespaldas estúpidos. Y así, después de un viaje horrible, llegamos a la base de la montaña. En lugar de continuar, Keisaku-san estacionó.

―Oh, no. ―Hyuuga-sempai palideció. Los demás tragaron saliva.

―¡Oh sí! todos tomen sus cosas y salgan del vehículo. ―Riko-sempai ordenó. Todo el mundo hizo lo que ella dijo.

Después de que los jugadores se alinearan, Aida-san por fin soltó la bomba. ―Hay un sendero que conduce a la parte superior de la montaña. Cargando todas sus pertenecías, ustedes van a correr cuesta arriba. ―Él señaló el camino.

―¿¡Qué!? ―los chicos de primero dijeron.

―El promedio de tiempo para completar la tarea es de treinta minutos. Si no lo logran, Ritsuka les hará daño con el bate. ―siguió Riko-sempai.

―¿¡QUÉ!? ―todo el mundo gritó.

La entrenadora sonrió ampliamente. ―Bienvenidos a la semana dorada de Seirin!

―No se preocupen. Ritsuka-chan y yo vamos a ir con ustedes. ―Aida-san dijo, con los ojos brillando en malicia.

―¿¡QUÉ!? ―grité.

Yo no voy a correr. Solo soy la encargada de curarlos por si se lastiman. Iré en una moto con Aida-san. Sorprendentemente, ¡él me permitió conducir! ¡Yey! bueno, solo es porque él trae una bolsa de lona que contiene armas y demás cosas para la tortura de los chicos.

Le di la responsabilidad a Taiga de cuidar a Número 2 ya que va a ir corriendo con ellos.

―¿¡Estás loca!? ―gritó.

―¡Si! tú eres el único que no ha cuidado de él. ¡Eso hace daño a sus sentimientos caninos! ―le grité.

―¡Es solo un perro! ―Taiga rugió.

―¡Tú eres solo un perro!

―¡Maldita enana! ―me agarró de la cabeza.

―¡No me agarres de la cabeza! ―después de un año, me quejé de que haga eso.

―¡Yo te agarro cuando se me dé la gana! ―él apretó más mi cráneo.

―¡Ya cállate, imbécil!

―¡Cállame, estúpida! ―Tetsu llegó y nos roseó agua de nuevo (al igual que como lo hizo en el baile).

―Basta con esto de las peleas. ―dijo Tetsu. Número 2 ladró. Yo resoplé. Taiga gruñó y me soltó.

Al final, le tocó cuidarlo, ¡jaja! aunque el muy imbécil estaba refunfuñando de lo injusta que es la vida.

Por lo tanto, el entrenamiento a muerte comenzó.

De verdad que Aida-san es un entrenador aterrador. Mucho más que su hija. Cada dos minutos les tiraba flechas a los chicos con el fin de "estimular sus reflejos". Después oi gritos de angustia y dolor. Y luego vinieron las explosiones y el olor a humo. De todas formas, no pude ver mucho de su sufrimiento porque tenía que tener mi vista en frente para no morir. Me sorprende que Aida-san confíe plenamente en mis habilidades como conductora. ¡Eso lo hace una gran persona!

Cuando llegamos, Riko-sempai me hizo bajar de la moto (yo quería ir a dar una vuelta) para ir a ayudarla con la comida. Los chicos fueron directo a ducharse.

Por mi destino cruel, miré el tablón de anuncios en frente del edificio para ver si tendríamos compañía y sí, la tendríamos. Parpadeé dos veces por si lo que había leído estaba mal. Pero no, lo leí muy bien. Vamos a compartir el lugar con el club de baloncesto de la preparatoria Rakuzan. Así que hice lo que pensé que debía hacer.

Grité muy fuerte.

―¿¡Qué pasa!? ―Riko-sempai corrió a mi lado. Ella rio histéricamente. Finalmente perdió la maldita cabeza.

―¡Vamos a entrenar con ellos! ―dijo y regresó a la cocina.

Oh no. Tendré a un psico-monstruo cerca por cuatro días, nuevamente. Y como si lo hubiera llamado, un autobús elegante y dos camionetas llegaron. Uno a uno fue bajando en toda su gloria de niños ricos. Inmediatamente mis ojos se enfocaron en Akashi. Él me miró de soslayo en la confusión.

Quería golpearlo ahora mismo. ¡Él está actuando como si no me conociera! como yo estaba en la entrada, no tuvo más remedio que caminar hacia mí.

―¡Oye! ―lo llamé.

―¿Te conozco? ―preguntó, irritantemente.

Lo fulminé con la mirada. ―Jaja, muy gracioso.

Al principio se sorprendió y sus ojos se hicieron grandes. ―¿Ritsuka?

―Bingo. ―dije.

―¿Qué pasa con el cabello? ―preguntó. Él es realmente grosero.

―Por si no lo recuerdas, ¡me lo pinté así porque cierto psico-monstruo lo dijo! ―él siguió mirándome como siempre lo hace. ―¡No puedo creer que no me hayas reconocido! ¡Eso es muy grosero!

Tres tipos altos aparecieron de repente detrás de él. Sé que son los otros reyes sin corona como la escoria humana (Hanamiya) y Kiyoshi-sempai. Todos me miraron.

―¿Quién es esta niña, Akashi? ―preguntó el tipo que siempre dice musculo.

―Ella es la gerente de Seirin. ―Akashi respondió.

―¿En serio? ―el tipo más alto y de cabello negro se inclinó para inspeccionarme. ―Pero parece un poco diferente de la última vez.

―Eso se debe a que me pinté el cabello. ―informé.

―¿Y por qué lo hiciste? ―preguntó el rubio.

―No es de tu maldita incumbencia. ―dije. Estaba molesta con el psico-monstruo.

―Una dama no debe decir groserías. ―dijo el tipo de cabello negro.

―Bueno, no soy una dama. ―respondí. Los otros dos chicos se rieron.

―¿A-Akashi-kun? ―oi la voz de Tetsu.

―Ritsuka, ¿Por qué estoy viendo a Akashi Seijuro de pie junto a ti? ―preguntó Taiga. Él todavía estaba desorientado por lo de la corrida.

―Este es Akashi. Él chico real. No una visión. ―dije, pellizcando los cachetes de Akashi. Él me miró con ganas de matarme.

―Hola, Tetsuya, Kagami. ―Akashi saludó cortésmente. Luego miró al resto de chicos. ―Seirin. ―Los chicos rugieron.

El resto del día, tuvieron entrenamiento en el gimnasio normalmente. Los chicos volvieron a morir y a resucitar para ir a bañarse, nuevamente. Por cosas del extraño destino, yo comparto habitación con los chicos de segundo año. Nos acostamos a dormir y no tardó mucho para que Morfeo me recibiera.

Día 1: La cocina horrible de la entrenadora de Seirin.

Riko-sempai preparó el desayuno para ambas escuelas. Yo me horroricé al principio. Y luego me sentí iluminada. Ella realmente quiere matar a los chicos jaja!

―Me sorprende que tu hija haya hecho esto sola. ―dijo el entrenador Shirogane a Aida-san.

―¡Ella es sorprendente! ¿Cierto? ―dijo Aida-san.

―Bueno, entonces, vamos a tomar el desayuno. ―dijo el entrenador de Rakuzan.

Los sempai de Seirin me arrastraron.

―Ritsuka, dinos que la ayudaste. ―pidió Izuki-sempai, con el rostro sombrío.

Me reí insegura. ―Pues…

―Por favor, dinos que lo hiciste. ―los chicos me miraron con los ojos llenos de esperanza.

No puedo decirles que me quedé dormida y por eso no puede bajar a ayudar, así que les di una sonrisa tranquilizadora. Ellos suspiraron con alivio.

Que conste que yo no dije nada. No me pueden culpar si algo sale mal.

―No dijiste que la ayudaste. ―Akashi dijo de repente. Ese estúpido.

―La comida de Riko-sempai es muy nutritiva. Ella es una buena cocinera. ―dije, antes de escapar.

Treinta minutos más tarde, estoy parada en la sala del comedor como la única sobreviviente de la guerra.

¡Dios mío! ¡Esto está totalmente fuera de mi alcance! ¡Todos están inconscientes!

Y entonces me acordé de las vitaminas nuevas que ella me hizo comprar hace una semana. Esto es el resultado de un nuevo experimento de Riko-sempai con la comida. Era totalmente espantoso. ¿¡Cómo puede alguien lograr hacer eso!?

Pero luego, supe que esto no lo podía dejar pasar por lo que tomé fotos como una loca a todos los miembros del club de baloncesto de Rakuzan. Quiero decir, se veían tan graciosos sin su supremacía y toda la mierda.

Bueno, él único que no se ve así es Akashi. Parece una especie de ángel cuando sus ojos están cerrados y su boca no emite palabra alguna. Me refiero a que….se veía lindo.

Los chicos de Seirin despertaron primero. Después de ser sometidos a esta trampa mortal más de una vez (los del año pasado) no es de extrañar que su inmunidad a la comida de Riko-sempai se haga cada vez más fuerte. Y luego, uno por uno del equipo de Rakuzan comenzó a despertar.

Todos estaban muy confundidos. Pero afortunadamente, nadie preguntó lo que pasó. Ni uno solo de ellos. ¡Ni siquiera Akashi!

Hay que ponerle un límite a lo extraña que se torna la comida de Riko-sempai.

Día 2: Número 2 y su necesidad de hacer pis en las cabezas.

Todos estaban practicando muy duro en el gimnasio. En realidad lo odio porque en las noches me está tocando darle masajes a Taiga. Y me siento rara porque mi mente no deja de vagar en la pornografía (sin mencionar la incómoda sensación en mi estómago) mientras toco su cuerpo. Dios mío. Esto va a acabar con mi vida algún día.

―Ritsuka, no encuentro a Número 2. ―dijo Kida. Él le cogió un cariño muy especial al perrito. Anoche, durmió con él en su futón.

―¿¡Cómo que no lo encuentras!? ―pregunté asustada.

―No sé en dónde está. Fui al baño un momento con él, pero cuando salí, ya no estaba por ningún lado. ―explicó la situación.

―Muy bien, a ver, ¿lo buscaste en el jardín?

―Si.

―¿Alrededor de la montaña?

―Si.

―¿En las habitaciones?

―No.

Por lo tanto, Kida y yo fuimos en busca de mi hijo. Revisamos todas las habitaciones que le correspondieron a Seirin pero no apareció. Inseguros, subimos al tercer piso para inspeccionar los cuartos de Rakuzan. Y en el último lugar, vimos a Número 2 acostado en una cama plácidamente dormido.

―Aww, ¿no es eso lindo? ―dije con ternura.

―Sí, si lo es. ―Kida estuvo de acuerdo.

―¿Qué hacen en mi cuarto? ―la voz de Akashi me puso de los nervios. Rápidamente, le tapé la vista del perrito dormido en su cama.

―Jajaja, Akashi. ¿Ya acabaron el entrenamiento? ―pregunté nerviosa.

―Si no lo hubiéramos acabado, no estaría aquí. ―dijo, con su tono que me da rabia. Intentó entrar pero lo detuve. Frunció un poco el ceño.

―¿Qué necesitas, Akashi? ―dije, inocente.

―Entrar en mi cuarto. ―él estaba irritado. Kida estaba paralizado. Él sabe cómo es Akashi.

Akashi se volvió a mover pero yo lo detuve, otra vez.

―Muévete, Claire. ―dijo, con los ojos muy abiertos. ¡Oh mierda! ¡Él me llamó por mi nombre!

―No puedes entrar. ―dije. Él alzó una ceja hacia mí pidiendo explicación. ―Hay una rata enorme y puede que te contagie de alguna enfermedad si entras.

―No seas tonta. No les tengo miedo a los animales. Ahora, hazte a un lado o te quito por la fuerza. ―amenazó. Yo sé bien que él es hombre de cumplir lo que dice.

―Pero yo de verdad no quiero que te enfermes.

Y bueno, dicho y hecho. Akashi me levantó como si yo no pesara nada y abrió la puerta. Ante lo que vio se quedó estático. Unos minutos de silencio pasaron antes de que hablara.

―¿Qué hace ese perro ahí? ―me puse en frente de Número de 2 que seguía dormido para protegerlo del psico-monstruo.

―No voy a dejar que le hagas daño. ―dije. Él se acercó a mí y me apartó.

Número 2 despertó y empezó a jadear como cuando se meo e hizo popo en los zapatos de Taiga (ya sabes, el día de mi primer beso). Akashi lo levantó. El perrito empezó a lamerle la cara y no sé muy bien cómo, pero terminó en la parte superior de la cabeza de Akashi. Segundos después, un líquido amarillo empezó a descender de esta.

Me mordí el labio para no reír. Como era de esperarse, el psico-monstruo entró en modo yandere pero Kida y yo logramos escapar con Número 2.

Día 3: Taiga, Ritsuka, deberes en la cocina.

Después del largo entrenamiento físico, Taiga y yo tuvimos una de nuestras acostumbradas discusiones. Tetsu nos roció agua de nuevo pero al rato volvimos con la pelea. Cansada de esto, Riko-sempai nos ordenó hacer la comida y limpiar todo después de cenar.

―Esto es tu culpa. ―dijo Taiga, enojado.

―¿¡Por qué la mía!? Si no hubieras dejado tu ropa sucia en mi futón no estaríamos aquí. ―dije, enojada.

―¡Ya te dije que se me olvidó!

Me senté en la mesa de la cocina para esperar a que Taiga hiciera su magia como chef. Pero él me miró confundido.

―¿Qué haces? ponte a cocinar. ―dije, señalando las ollas y demás.

―Si mal no recuerdo, ¡nos dieron la tarea a ambos!

―Sabes que no puedo cocinar. Además, si tu no concinas, sería una lástima que los chicos se enteraran de tu secreto más vergonzoso de tu linda infancia.

Cuando Alex se fue, me mandó un mensaje diciéndome dos cosas. Un secreto de Taiga, y otro de Tatsuya. No sé por qué lo hizo, pero es bueno utilizarlo ahora.

―¿Cuál secreto? a mí no me amenaces, enana del demonio.

―¿Qué hay con el peluche de tigre con el que dormiste hasta los 12 años? ―dije, tratando de no reír.

―¡Cállate! ―gritó sonrojado. Luego suspiró. ―De acuerdo.

Yo sé que él estaba deseando estrangularme. Pero sabía muy bien que yo gané esta batalla.

Taiga 1.

Ritsuka 2.

Me puse cómoda en la mesa mientras miraba como Taiga cocinaba curry para la cena. El silencio milagroso que se formó entre nosotros no resultó ser para nada incómodo. Más bien parecía ser una tregua, sin embargo, después de unos minutos, Taiga dejó escapar un pequeño (y sexy) gemido.

―¿Qué te pasó? ―me acerqué para ver que el idiota se había cortado un dedo y estaba sangrando mucho. ―Ven aquí.

Él hizo lo que le dije. Le lavé el dedo sin mucho cuidado, escuchando como se quejaba de la sensación de ardor. Pero el muy maldito seguía sangrando. Bueno, está científicamente comprobado que la saliva tiene propiedades curativas, es como un analgésico natural supresor del dolor. Así que sin pensarlo mucho, me llevé el dedo a la boca y lo chupé suavemente para que dejara de sangrar. ¡Y lo hizo! ¡Debería estudiar medicina o algo con la salud!

Cuando miré a Taiga, tenía los ojos muy abiertos y estaba sonrojado hasta las orejas. Fue ahí donde mi cerebro captó lo que había acabado de hacer.

―Tú haces esas cosas a propósito. ―murmuró Taiga.

―No sé de qué me hablas. ―dije, confundida.

Taiga apretó los dientes. ―¡Claro que lo sabes! ―no sé qué tipo de conflicto emocional está enfrentado pero nunca me gusta que me grite.

―¡No me grites! ¡Yo solo quería que dejaras de sangrar!

―¿¡Y tengo que agradecerte por eso!?

―¡Por supuesto!

―¡Yo no te pedí que hicieras nada! ―y eso fue todo.

En menos de lo que canta un gallo, me tiré encima de Taiga para patearlo hasta la muerte. Por lo que siguió fue una batalla campal en donde todos los utensilios y alimentos de la cocina volaron por todas partes. Agradecí que la cocina quedara tan retirada del resto de la posada. Al menos una hora después, cuando todo lo que se podía usar para tirar ya se había agotado, nos dejamos caer al piso.

―Yo gané. ―dije, agitada.

―Claro que no. Yo gané. ―Taiga también estaba agitado.

―Ya quisieras. ―murmuré. ―¿Qué te parece si lo dejamos hasta aquí por hoy?

―Eso me suena como algo maravilloso. ―Taiga se sentó. ―Aunque creo que generamos un gran desastre.

Me senté y miré la cocina. En pocas palabras, era una mierda. ―Maldición.

―Vamos a limpiar antes de que la entrenadora nos mate. ―dijo aterrado.

―Bien, entonces, a limpiar.

Fijé mi mirada en Taiga y él se fijó en mí. Y fue así como rojo y marrón se mesclaron y perdieron la noción del espacio y lugar. Era como si hubiéramos dejado de respirar o yo que sé. De nuevo tuve esa extraña sensación en el estómago.

De pronto, un ladrido de Número 2 nos sacó del estupor y ambos nos paramos rápidamente para luego mirar al perro, que nos miraba con curiosidad.

―¿Qué haces tú aquí, Número 2? ―pregunté. Él volvió a ladrar.

Silenciosamente, Taiga y yo decidimos olvidar todo lo ocurrido y terminar nuestras labores. Porque si no, provocaríamos un desastre mayor.

Día 4: Consecuencias por las malas palabras.

El último día comenzó aparentemente normal. Desayunamos, Seirin entrenó junto con Rakuzan, Kida me molestó, Aida-san los hizo sufrir, no fue nada fuera de lo común. Hasta la hora de la cena, que tuve que ir a comprar unas pastillas para el dolor de cabeza. No puedo creer que en un botiquín de primeros auxilios no traigan analgésicos o algún tipo de pastillas (estoy consciente de que no debes auto medicarte pero ¡vamos!).

Al llegar a la tienda, la anciana me vendió un potente analgésico que me quitaría el dolor. Compré todo el sobre para cuando vuelva a tener este tipo de episodios.

Mi grave error fue dejarlo en la cocina cuando tomé una de las pastillas. Riko-sempai entró en el lugar para preparar la cena. Yo, como lo prometí después del incidente, vine a ayudarla.

Solo me volteé unos segundo. Unos segundos que me costaron algo muy desagradable.

―Riko-sempai. ¿Dónde están las pastillas que estaban aquí? ―le pregunté.

―Las acabo de poner en un plato. Ritsuka, ¿Cuántas veces tengo que decirte que no son pastillas? son vitaminas. ―ella dijo.

Me horroricé. Ella acababa de poner 9 analgésicos en el plato de la comida de alguno de los chicos que estaban en la mesa.

―¡Riko-sempai, esos eran analgésicos! ―grité muy asustada.

―¿¡Qué!? ―ella reaccionó violentamente.

―¿A quién le diste ese plato?

―Creo que a Mibuchi Reo. ―ella dijo.

Rápidamente salí de la cocina y busqué al individuo pero ya era demasiado tarde. El chico se había desmayado. Corrí a su lado y sentí su pulso en la nuca. ¡Tenía tanto miedo de que las jodidas pastillas lo hayan matado! ¡Olvida lo de estudiar medicina o cualquier área de la salud!

Todo el mundo lo estaba mirando. Sus compañeros estaban preocupados. Ahora estoy imaginando una vida tras las rejas. Pero de repente, abrió los ojos. Vi sus ojos color rojo pero no me iba a preocupar por eso. ¡Estaba tan contenta de que estuviera vivo! lo ayudé a ponerse de pie pero el apretó mis manos muy fuerte.

―¡Maldita sea, me haces daño! ―le dije.

Y entonces, me miró. De una manera viril. Emitiendo un aura masculina. Y entonces se inclinó hacia mí. Creo que tendrá dolor de espalda pero de todas formas se acercó hasta que nuestros rostros quedaron a solo pulgadas de distancia.

―Tu… ―empezó a decir, con el ceño fruncido. ―Realmente no me gusta que las palabras vulgares salgan de la boca de una chica. ―tomó mi cara muy fuerte antes de que yo pudiera responder.

Y luego puso sus labios sobre los míos. Todos los chicos se quedaron sin aliento.

―¿¡QUÉ MIERDA!? ―gritó Taiga.

―¡Mibuchi-kun! ―los chicos de Rakuzan dijeron con nerviosismo.

―¿Qué estás haciendo? ―preguntó Akashi. No sé si me lo dijo a mi o al tipo este.

―¡Reo-nee! ―dijo el rubio.

Mibuchi por fin se apartó de mí y rozó mis labios con el pulgar. Cuando mi cerebro retomó la sinapsis, chillé.

―¿¡Qué demonios fue eso!? ―traté de apartarme pero él tenía un férreo control.

―Creo que debo darte otra lección. ―dijo, mirando mi boca. ¡Este es el efecto de 9 analgésicos!

Antes de que volviera a besarme, Taiga lo detuvo y me atrajo hacia sí. Y entonces hice lo único que podía hacer.

Le di a Mibuchi un puñetazo en la cara con todas las fuerzas que tengo. Él quedó inconsciente al instante.

―Ehhh, ¿Ritsuka-san? ―Tetsu me llamó. Yo estaba en la incredulidad. Luego toqué mis labios.

Un chico me dio un beso. Un chico que no era Taiga. ¡Yo solo quiero un beso de Tatsuya! ¿Es tanto pedir?

Dios mío.

Odio cuando el club va de viaje.

Con amor.

Claire.