Sorpresa, ¿me extrañaron? Yo sí los extrañé, por eso estoy aquí nuevamente, jajaja. En fin, tras leer sus reviews pensé que sí quedaron algunas dudas al respecto del final. Pensé también respondérselas en los reviews pero me quedé pensando en los que no mandan reviews y puede que ellos tuvieran las mismas dudas, así que le di vueltas en la cabeza en búsqueda de una solución y recordé los Gaidens, pero no podía poner esto en un Gaiden, porque no tendría sentido, así que decidí regalarles otro capítulo, tómenlo como un regalo de despedida de Guerras Doradas. Pero tranquilos, no los haré llorar esta vez, a decir verdad, por más que me gustaron sus reviews, pienso que algunos se quedaron con mal sabor de boca por lo trágico del final, en especial por la muerte de Milo, el plan siempre fue que Aioria y Milo se mataran mutuamente, jajaja, lo lamento. Pero bueno, los compensaré de algún modo, espero lo disfruten, pero ya va enserio, es la última actualización, por más que esté tentado a terminar en el número 45 no puedo seguirme inventando ideas que lleven a más capítulos, gracias por todo, y los veré en otras historias.
TsukihimePrincess: Jajaja, me imagino que te desvelaste leyendo y al final solo te quedaron energías para escribir eso, jajaja, ¿realmente querías ser la primera verdad? Muchas gracias por tu review Tsuki, y por tu ímpetu de querer ser la primera, espero no haberte desvelado mucho, jajajajaja.
Liluz de Géminis: "Luluz llora y no sabe si está feliz o triste", básicamente este tipo de reviews fue lo que me impulso a darles el final "feliz" que tanto me han pedido, aunque sabes que no es mi estilo, así que simplemente les doy un final de carta abierta, jajaja. Puede que digas que no quedaron cabos sueltos pero yo si dejé uno que siempre quise usar pero que descarté por concentrarme en la saga de Apolo, pero bueno, lo usaré para esté Gaiden, ¿recuerdas a Hebe? Pues digamos que tenía un papel que nunca pudo desempeñar y que ahora desempeñará. "Para volver a hacer un Milor" mencionaste, jajaja, eso dejó varias ideas rondando mi cabeza, y bueno, ya están aquí plasmadas. "¿En qué momento pasó tanto tiempo?" Jaja pues en el epílogo, pero bueno, también creo que los confundí en esa parte y por ello está este capítulo final. Si te preocupa Camus, no te preocupes, lo volverás a ver, con otra armadura nueva, jejeje. Creo que me encariñé con eso de revivir a Camus, ¿malo o bueno? Tendrás que esperar por descubrirlo.
DanaaF: Final entristecido, jaja, nuevamente, este tipo de reviews me inspiró a darles un final un poco más abierto a su imaginación. Es verdad que Milo no pudo disfrutar nunca a sus hijos ni nietos, pero ese fue su "castigo" por así decirlo, por tener a Saori. Si esta historia hubiera sido siempre color de rosa no creo haber tenido tantos reviews. ¿o acaso querías lo típico? 1 – Burlas de los caballeros, 2 – Yaoi, 3 – Seiya quedándose con Saori, 4 – Pelea a ver quién es más fuerte, Saga o Shaka, 5 – Discutir entre quien es más débil, Mephisto, Afrodita o Aldebarán, 6 – Caballeros revividos sin razón alguna, 7 – Todos desvirgan a Saori con quien quieren olvidándose de que Athena es una diosa Virgen por una razón, el que no derroque a Zeus, 8 – Una historia de acción o comedia sin bases mitológicas. Digo, creo que allí en esos 8 puntos englobe el 90% de las historias de Saint Seiya típicas, jajajajaja. Sigo sin aprobar Omega, todos tienen su opinión al respecto pero si yo tuviera que escoger una saga elegiría Lost Canvas, pero prefiero los personajes clásicos. MIENTO, Me quedo con el Episodio G, el mejor manga, salvo por los dibujos que dejan mucho que desear, jajaja.
dafguerrero: Te salvaré de terminar viendo los Power rangers por última vez al darte un capítulo más, jajajajaja. Siento lo de la batalla de los dioses de la guerra, pero en el momento en que comenzaron a llamar a Apolo trasvestista tuve que hacer unos cambios, me hicieron imaginarme cosas horribles y tuve que corregir el rumbo, jajajajaja, pobre Milo… que miedo… jajajajaja. La pregunta que haces del nuevo siglo me llamó la atención, y también por ella me decidí a escribir este capítulo. La gran Marejada de Ares arrasó con la era tecnológica, y esta no regresará en mucho tiempo, si mal no recuerdo, haciendo los cálculos, el año 140 N.G. es el equivalente al año 2,123 D.C. así que, técnicamente, estamos hablando del futuro, pero sin la tecnología, todo parece una Grecia del siglo V, espero eso aclare tus dudas. Algunos dorados para este entonces ya habrán vivido vidas largas y plenas, otros no tanto pero eso ya no es importante, lo comprenderás cuando leas. Yoma se casó con la panadera, jajaja.
Diana de Acuario: "Diana llora, no sabe si de felicidad", T_T ok, en definitiva no soy bueno para los finales felices, jajajajaja. Alios en definitiva es Aioria reencarnado, no te preocupes por Aioria, y Mu, sigue viejo y vivo, tampoco te preocupes por él, jajaja. Lino a mí también me cayó bien, por lo que en esté capitulo tendrá una especie de aparición en honor a lo bien que resultó su personaje. Jajaja, y sí te pusiste algo cursi pero fue divertido leerlo, jajajajaja.
Roygvid: ¿Y Aioria? Murió cumpliendo su promesa es la respuesta, y no, jajaja, hubiera sido muy obvio un reencuentro con Marín, lo siento Roy. Lo de la reencarnación de todos sin embargo, no es muy posible considerando que 7 Caballeros Dorados originales fungen como jueces del inframundo al servicio de Cronos, pero si pueden haber una que otra reencarnación. Por cierto, no he olvidado que eres fan de Ikki, el del Fénix a estas alturas ya no existe, pero hay un joven dispuesto a continuar con su legado de terror, muahahahaha.
En fin, no vean este capítulo como una nueva Saga, ni película, ni OVA, es un Gaiden, osea, una historia dentro de la continuidad, pero que no tiene nada que ver con la trama original, en otras palabras, una historia de un solo capítulo, disfrútenlo.
EDITADO: 31/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).
Prólogo:
Atenas, Grecia. La Colina de las Estrellas. 08 de Noviembre de 127 N.G.
—Hoy sería su cumpleaños… —habló una niña, con su cuerpo cubierto de una capucha blanca, y sus cabellos lilas escapándose de su interior gracias al gentil viento que soplaba esa noche—. Aunque… no estoy muy segura de si hubiera sido capaz de vivir tanto tiempo… la primera vez vivió 270 años… pero mi Milo… murió a los 44 años de edad… —lloró la niña, y sus lágrimas cayeron al suelo. Hubieran caído más a no ser que una mano le descubriera el rostro, y le limpiara las lágrimas gentilmente—. Eres el único que queda… de los primeros 12… —le abrazó la mano la niña, a un hombre de apariencia joven, pero de cabellos plateados—. Mu… no te preocupes… no estoy triste… han pasado 100 años de que murió… lo extraño, pienso en él todos los días, pero la vida sigue… mañana volveré a la normalidad… —y Mu le acarició la cabellera.
—Normal sería que adoptara una forma más adulta, y permitiera a su pueblo volver a verla… diosa Athena… —habló Mu, su Patriarca, el ultimo sobreviviente de la primera generación de Caballeros Dorados que defendieron a esta encarnación de Athena—. Admito que es un poco triste que el Santuario haya entrado en esta decadencia. Siempre es así en los tiempos de paz. Los Caballeros Negros son una amenaza que está siempre presente, pero los Caballeros Dorados no mueren bajo sus ataques, su esperanza es muy fuerte —y Saori asintió.
—Aun así… mi esperanza no está completa… no lo ha estado, en mucho tiempo… —y Mu no supo qué decir, simplemente miró a las estrellas—. Tauro, Géminis, Cáncer, Libra, Sagitario… la mitad de mis Caballeros Dorados no han sido elegidos. Jamás habían existido tan pocos Caballeros Dorados, yo quiero que estén los 12 reunidos —y Mu asintió.
—Señorita… —comenzó Mu, y Athena lo miró fijamente—. Si le dijera que, las estrellas me han dicho que no es el momento de forjar una nueva Orden Dorada… ¿lo creería? —y Athena observó a Mu fijamente—. Le prometo, que una nueva Orden Dorada será elegida… pero las estrellas elegirán el momento —sentenció Mu, y una estrella roja en el cielo, brilló intensamente, y Athena se asombró, era una estrella que ella conocía bien—. La guerra volverá a invadir esta tierra… ya hemos disfrutado de largos momentos de paz… era de esperarse, que las estrellas decidieran brindarle una nueva esperanza, cuando realmente esta se necesitara… —sonrió Mu, y Athena bajó la cabeza, y asintió—. Vaya a dormir, es tarde… —terminó Mu, y se retiró, mientras Athena simplemente observaba la constelación de Escorpio.
Arles, Lemuria. Palacio del Conocimiento.
—Vine los más rápido que pude —habló un Caballero Dorado, de cabellera larga y anaranjada adornada en una coleta, que llegaba ante una sala de consejo—. Cosmos dorado o no, se requiere de mucha energía para hacer el salto desde Europa hasta Lemuria. Espero no se moleste porque haya traído compañía —continuó el Muviano que vestía la Armadura Dorada de Aries, presentando a una Caballero Dorado vistiendo la Armadura de Virgo, y que presumía una cabellera larga y rosa.
—Kiki de Aries y Mesarthim de Virgo —sonrió un joven de tez morena y cabellera café cremosa, que vestía una túnica larga y morada—. El aprendiz del Patriarca y la hija del Patriarca, son bienvenidos a la ciudad de la guerra indudablemente. Asumo que ambos saben lo que está sucediendo —prosiguió el joven.
—No hay razón para tantas formalidades, Ceo —sonrió Kiki—. Todos aquí estamos emocionados e impacientes. Por fin, después de 100 años, Athena volverá a ver a su esperanza —y Ceo, el Titán del Intelecto, asintió—. ¿Cómo está la señorita Phoibe? —preguntó Kiki.
—Algo cansada… gracias por preguntar… —se escuchó una melodiosa, aunque cansada voz, mientras Phoibe, la Titánide del Conocimiento, llegaba cargando en sus brazos a un bebé de 3 meses de nacido y cabellos café cremosos como los de su madre—. Se acaba de dormir… es un niño… bastante intranquilo… posee una gran energía… —sonrió Phoibe, y le mostró al bebé a Kiki y a Mesarthim.
—Es hermoso —se alegró Mesarthim—. Entonces es verdad… la profecía del señor Cronos. Después de 100 años, los héroes de la esperanza de Athena han reencarnado —se alegró Mesarthim, y Phoibe comenzó a cabecear, por lo que Ceo le ayudó a recostarse sobre un sillón cercano—. ¿Cuál es su nombre? —preguntó.
—Alios… —suspiró Phoibe un poco cansada—. Llamarlo Aioria hubiera sido demasiado obvio. No queremos que Athena se emocione demasiado. Además… ellos deben encontrar su propio camino hacia ella. Nosotros solo podemos darles un hogar, una familia, una identidad… antes de que descubran los lazos que los unen —sonrió Phoibe.
—Pero el que nazcan como los hijos de los Titanes… —sonrió Kiki, viendo al bebé—. Es sorprendente —en ese momento, una luz escarlata salió por los bordes de las inmensas puertas de la sala del trono de Arles, y Kiki se acercó a aquella puerta, miró a Ceo, que asintió, y abrió las puertas, entrando a una habitación, donde encontró a 2 figuras, una era un hombre de tez morena, cabellera larga y negra, y vistiendo una armadura morada e intensa, un Souma, y la otra era una bella mujer de cabellera azul, vistiendo un vestido del mismo color, y que besó al hombre unos segundos, antes de que este desapareciera, transformado en flamas azules—. El hijo del sol… Cronos tiene una forma bastante peculiar de resucitar a la esperanza de Athena —sonrió Kiki, mientras la mujer se daba la vuelta, sonreía, y cargaba en sus brazos a un recién nacido—. Señorita Theia… bienvenida de regreso a la tierra —hizo una reverencia Kiki.
—Estoy agradecida de estar de vuelta, Kiki —le sonrió la Titánide de la Luna, sentándose en la cama, y acariciando la cabellera de su hijo—. Antares… —suspiró Theia—. El hijo del sol y la luna… es una estrella que brillará más incluso que los astros que son sus padres… —y Theia lo besó con gentileza, y miró a la estrella roja en el cielo.
Oceanía. Isla de la Reina Muerte.
—¿Shaula, ocurre algo? —susurró el Caballero Dorado de Acuario, Sargas, a su hermana la Caballero Dorado de Leo, que desde hace unos segundos se había perdido mirando a las estrellas, sin recordar donde estaba ni qué estaba haciendo—. ¿Shaula? —preguntó Sargas, un poco más agresivo, y Shaula perdió el equilibrio, y estuvo a punto de caer por el acantilado por el cual trepaban—. ¡Shaula! —gritó Sargas, despertando a la de Leo de su trance, que se encontró suspendida en el aire, siendo jalada del brazo por Sargas—. ¿Qué Espectros te pasa? —preguntó nuevamente Sargas.
—¿Eh? —se sobresaltó Shaula, y su hermano Sargas la ayudó a incorporarse—. Lo lamento mucho, hermano… no sé qué me pasó… simplemente perdí la noción de la realidad… —explicó Shaula, frotándose los ojos—. ¿Dónde estamos? —preguntó.
—¿Dónde más? En la Isla de la Reina Muerte —y Shaula parpadeó en un par de ocasiones—. Mu nos mandó a investigar a los Caballeros Negros, ¿recuerdas? Capturaron a Escorpio. Es una misión de rescate —y Shaula se tornó seria, y se puso de pie—. ¿Cómo puedes perder el conocimiento de esa forma tan de la nada y olvidar la razón por la que vinimos a la Isla de la Reina Muerte? Es una misión suicida… los Caballeros Negros se han vuelto muy poderosos… —y Sargas movió su mano, pidiéndole a Shaula que lo siguiera—. Casi nos haces perder el rastro… —continuó susurrando Sargas.
—¿Dónde está? —preguntó Shaula, y Sargas apuntó a una figura envuelta en una capucha negra, que entraba a unas cuevas, con las paredes manchadas de sangre—. Niyat debe estar allí dentro… pero… no sé en qué estado lo encontremos. Los Escorpio tienen reglas muy estrictas… —explicó Shaula.
—Si lo derrotaron de forma deshonrosa él seguirá con vida —aclaró Sargas, y ambos saltaron por el acantilado hasta llegar a la entrada de la cueva, y siguieron los túneles hasta que comenzaron a ver luces de antorcha iluminando una inmensa sala de sacrificios, repleta de miles de Caballeros Negros—. ¿Un Templo dentro de la montaña? —se sorprendió Sargas.
—¡Niyat! —gritó Shaula en un susurro, y Sargas le cubrió la boca, mientras el par de Caballeros Dorados veía a Niyat de Escorpio, un joven de cabellera larga y negra, atado por cadenas boca abajo, con sangre cayéndole de todo el cuerpo, que brotaba de heridas de las cuales salían las cadenas. Niyat de Escorpio estaba atravesado de brazos y piernas, era una visión horrible, más aún porque los Caballeros Negros celebraban la captura del Caballero de Escorpio.
—¡Silencio! —habló la mujer de la capucha que Sargas y Shaula habían estado siguiendo, y los Caballeros Negros todos callaron—. Por fin ha llegado el día que todos hemos estado esperando. El día de nacimiento, del todo poderoso. Del regreso de la Brutalidad en la Guerra —habló la mujer, que se quitó la capucha, y reveló una cabellera larga y dorada, y miró a sus Caballeros Negros con un ojo rojo y otro esmeralda—. El regreso de nuestro salvador, el que terminará con los años de reinado egoísta de Athena, que causaron la destrucción de la tierra. Es el regreso de la purificación, de la cual solo los dignos sobrevivirán… el regreso… de la sangre salvadora que nos llevará a una nueva era de riquezas —continuó la sacerdotisa.
—No sabes lo que estás haciendo… Hebe… —se quejó Niyat—. Estas jugando con fuerzas… que no puedes comprender… incluso si me matas, otro Caballero de Escorpio se levantará… no puedes escapar… de la estrella roja en el cielo… —sonrió el de Escorpio—. La estrella volverá para destruir a tu amado… ya derrotó a los Daimones antes… ¿qué te hace pensar que no lo logrará en esta era? —y Hebe, la sacerdotisa de los Caballeros Negros, se acercó a Niyat—. ¿Qué te pasó, Hebe? La historia del Santuario dice… que participaste en la defensa de Athena en contra de Hades… ¿Por qué regresas… como la Daimon de la Juventud… y prometes falsas esperanzas…? Ares… es muerte… —habló en voz baja Niyat, y ni Shaula ni Sargas lo escucharon.
—Los Escorpio tienen una regla, ¿no es verdad? —preguntó Hebe de forma sombría—. Perder solo una batalla en sus vidas. Niyat de Escorpio, tú perdiste contra mí. Y como premio reclamo tu vida —y tanto Sargas como Shaula se sobresaltaron, salieron de su escondite para intentar salvar a su compañero, solo para que Hebe le rebanara la garganta con una Daga Dorada que cargaba bajo su capucha, y dejara a Sargas y a Shaula perplejos, fuera de su escondite, y con miles de Caballeros Negros frente a ellos—. ¡Con la sangre de un Escorpio de cosmos dorado! —gritó Hebe, viendo a los Caballeros Negros—. ¡Se levantarán los hijos del salvador! ¡Y la guerra, volverá a reinar! —y los Caballeros Negros gritaron agradecidos por el sacrificio—. ¡Muerte a los Caballeros Dorados! ¡Muerte a Athena! —gritó Hebe, y los Caballeros Negros descubrieron a Sargas y Shaula, y comenzaron a atacarlos.
—¡Mató a Niyat! —lloró Shaula con desprecio—. ¿Cómo pudimos ser tan descuidados? ¡Plasma Relámpago! —gritó Shaula, y varios Caballeros Negros fueron abatidos por la fuerza de cosmos de la Caballero de Leo, pero antes de que Shaula pudiera seguir combatiendo, Sargas le jaló el brazo—. ¿Qué haces? —se quejó.
—¡Son demasiados! ¡Incluso si hubiéramos salido antes no habríamos logrado salvar a Niyat! —prosiguió el de Acuario, jaloneando a Shaula fuera de la cueva, mientras la Armadura de Escorpio liberaba el cadáver de Niyat, y escapaba y volaba de vuelta al Santuario—. No fuimos descuidados… en todo caso, para derrotar a Niyat se necesitaba un poder superior al de los Caballeros Dorados… hicimos lo que pudimos, ahora solo nos queda huir… ya vengaremos la muerte de Niyat —y Shaula asintió, y huyó junto a su hermano, perseguidos ambos por un ejército de Caballeros Negros.
Saint Seiya: Guerras Doradas.
La Leyenda de los Caballeros Dorados: Reunidos Bajo la Luz de Athena.
Atenas, Grecia. Templo del Patriarca. 05 de Septiembre de 140 N.G.
—Eso fue lo que pasó hace 13 años —explicó Shaula, ahora la Matriarca del Santuario, sentada en su trono, ligeramente nerviosa. Kiki, a su lado, envestido como el Patriarca del Santuario, simplemente sonrió ante lo que estaba sucediendo. Indudablemente la situación era incómoda—. No sabía… que Mu el anterior Patriarca que se retiró a Jamir, hubiera conseguido un reemplazo para el Caballero de Escorpio tan rápido… indudablemente fue una sorpresa recibir esa noticia cuando me entregaron el puesto de Matriarca. Pero más sorprendente es que hayas sobrevivido a las brutalidades de Oceanía por 6 años —terminó Shaula.
—Soy un cazador experimentado, Matriarca Shaula. No debe preocuparse por mí —habló Antares Tercero, el nuevo Caballero de Escorpio, a quien Shaula no podía ver a los ojos—. Mi antecesor, Niyat de Escorpio, fue atacado de sorpresa. Pese al respeto que le tengo, me temo que fue muy imprudente. Como cazador debe estar siempre alerta sin importar las comodidades de… —y Antares se calló en ese momento, y desde su posición arrodillado frente a Matriarca y Patriarca, giró en su propio eje, pateó las piernas de una persona que llegaba tras de él. La derribaba, se ponía de pie, y apuntaba su aguja al imprudente que intentó sorprenderlo—. Sus alrededores… —terminó Antares, y entonces se sobresaltó—. ¡Athena! —gritó por la sorpresa.
—¡Ow! ¡Milo! ¡Eso fue muy agresivo de tu parte! —se quejó Saori, ahora con una apariencia de niña de 12 años, y sobándose las posaderas por haber caído sobre ellas—. ¿Qué Espectros te pasa? ¡Estás en los territorios del Santuario! ¡No hay razones para estar tan alerta todo el tiempo! ¡Me duele mucho! —y Antares se avergonzó, tragó saliva, e hizo una reverencia en señal de disculpa ante su diosa—. Te castigaré por esto… me duele mucho en verdad… —se tragó las lágrimas Saori.
—¿De quién es la culpa, Athena? —comenzó Kiki—. Después de todo, tú intentaste sorprender a un cazador experimentado. Habrás ocultado tu cosmos perfectamente, pero aún descalza, hiciste mucho ruido —terminó Kiki—. Por cierto… ¿Por qué razón estás descalza? —y Saori abrió su boca para explicarse—. ¡No quiero escuchar la explicación de acariciar la tierra en honor a Gea! Fue muy problemático resolver ese malentendido con los Nova Geaneses. Muchos se quemaron las plantas de los pies. Solo tú puedes resistir por ser una diosa, si los Nova Geaneses te ven descalza, volverán a imitarte. Ahora ve a tu cuarto y ponte sandalias —reprendió Kiki.
—Es tan incómodo que reprendas a mi madre… Kiki… —se quejó Shaula, y Kiki sonrió con malicia—. En todo caso. ¿Qué hace aquí, señorita Athena? ¿Y por qué el repentino cambio de edades? ¿Qué edad ha elegido ahora? —preguntó Shaula.
—12 meses 5 días… —sonrió Saori—. No me regañes… Shaula… sabes por qué adopté esta edad. Pensé que sería menos problemático para cierta persona así —y Antares se ruborizó—. Tengo 150 años en realidad. Pero de ninguna manera aparentaré esa edad, sería traumático —y Antares asintió—. ¿Por qué estás tan incómodo? —preguntó Saori.
—¿Por qué… dice? —se preocupó Antares—. No hay razón… simplemente… estoy nervioso por haberla derribado… señorita… —se avergonzó Milo—. Le pido nuevamente una disculpa por mi atrevimiento. Estoy sumamente arrepentido. Ruego su perdón, diosa Athena —suplicó Antares.
—¡Milo! —recriminó Saori—. ¡Ya te dije que tienes prohibido llamarme Athena! ¡Solo llámame Saori, Sa-o-ri! —se quejó la niña—. Me molesta más que mi digas Athena que el que me derribes —reprendió Saori, y Antares comenzó a ponerse nervioso.
—¡Athena! —reprendió Shaula, con el rostro suavemente ruborizado—. El nombre del Caballero de Escorpio es Antares, no Milo. Por más que extrañe al héroe legendario que hace 100 años sacrificó su vida por derrotar a Ares el dios de la Brutalidad en la Guerra, le ruego por favor desista de intentar plasmar su imagen en el joven Antares. Sin importar el parentesco, tiene que entender que Antares no es Milo. ¿Lo ha entendido? —se molestó Shaula.
—¿Pero él es…? —y Shaula colocó su mano frente a Saori, pidiéndole no decir más—. Sé que estás preocupada Shaula. Pero estoy convencida. Tiene que ser él. Es un poco más sumiso y se avergüenza más fácilmente pero… —y Shaula movió su cabeza en negación.
—Athena… ¿recuerda cuando solía llamar a Milo de Escorpio bajo el nombre de Antares? ¿Recuerda su molestia? —y Saori se sobresaltó, recordando el cómo Milo odiaba ser comparado con Antares, el primer Caballero de Escorpio—. Usted aceptó a Milo como un ser individual, a pesar de que se tratara de un ser… bueno… no entremos en detalles… solo le pido, que deje de ver a Antares como si fuese el Caballero de Escorpio al que usted amó… y comience a verlo como lo que realmente es, su nuevo Caballero de Escorpio… —terminó Shaula.
—¿Nuevo dices? —se quejó Saori—. Lo entiendo perfectamente… Shaula… pero… ¿qué pasa si…? —se preocupó Saori, pero Shaula movió su cabeza en negación—. Bien… no intentaré forzar las cosas… lo tomaré con calma… —y Shaula sonrió, y Saori miró a Antares—. Sé que crees que estoy loca, Antares… pero en verdad estoy feliz de que seas mi Caballero de Escorpio… —y Saori cerró sus manos en forma de plegaria frente a Antares—. Por favor no me odies… —y Antares se ruborizó.
—Jamás podría… señorita Athena… —y Saori se molestó, pero se mordió los labios, tomó aire, se tranquilizó, y comenzó a retirarse mirando el suelo con tristeza—. Con el debido respeto… —se dirigió Antares a los regentes del Santuario—. No entiendo absolutamente nada de lo que está pasando. ¿La señorita en verdad piensa que soy la reencarnación de Milo de Escorpio? —y Kiki asintió—. Si eso es cierto… comprendo las impaciencias de la señorita pero… simplemente… no puedo ser la misma persona que ella espera… solo soy una sombra de esa persona… —y tanto Kiki como Shaula se miraron mutuamente.
—La reencarnación… es un tema complicado, Antares… —comenzó Kiki—. Puede que lo seas, puede que no. ¿Acaso importa? Eres Antares Tercero, eso es lo único que importa. ¿Lo comprendes? La reencarnación no te convierte en la misma persona. Solo compartes la esencia de su ser… —y Antares volvió a asentir—. En todo caso… tu reporte de la fuerza de los Caballeros Negros… —cambió el tema Kiki, sabiendo que Saori seguía espiando desde detrás de una columna.
—Proseguiré entonces… —continuó Antares—. Investigué a la sacerdotisa Hebe como mi antecesor Niyat de Escorpio hizo. Al Parecer se trata de uno de los 9 Daimones de Ares, el dios de la Brutalidad en la Guerra —y tanto Kiki como Shaula se sobresaltaron—. Mi señor, mi señora… los 9 Daimones de Ares han vuelto a la vida. El Sacrificio de un Escorpio era el detonante. Con su sangre, se continuó con el ritual de resurrección de los Daimones, además, de que con los 9 reunidos planean invadir los 3 continentes, y con la influencia de la guerra resucitar a Ares. Estamos hablando del comienzo de una nueva Guerra Santa. Según las profecías del dios del Inframundo y el Tiempo, Cronos: «El dios de la Brutalidad en la Guerra será el primero en alzarse en guerra violenta. Le seguirán los mares, y las sombras, regresará el relámpago y se alzará el falso sol », es la profecía. Cada 100 años… los 5 dioses caídos regresarán a hacerle la guerra a Athena —terminó Antares.
—El Ciclo Infinito de la Guerra —concluyó Kiki, y Shaula asintió—. Pero es problemático. Con nuestra ascensión a Patriarca y Matriarca del Santuario, se tomó la decisión de jubilar a los caballeros veteranos. Oficialmente, solo hay 2 Caballeros Dorados en el Santuario. Antares de Escorpio, y Ariadna de Piscis. El resto, aún se encuentran en sus sitios de entrenamiento o no han sido seleccionados. Se podría decir que estamos muy vulnerables a un ataque a escala Ares —concluyó Kiki.
—Bueno… los Caballeros Dorados seleccionados no tardarán en llegar de sus sitios de entrenamiento —comenzó Shaula, ligeramente nerviosa—. El joven que fue entrenado para convertirse en el Caballero de Tauro se entrenó en Noruega al norte de Europa. El Caballero de Cáncer se entrena en los coliseos romanos de Italia, y en Romania en la ciudad de Nueva China, el viejo maestro ha elegido al sucesor a la Armadura de Libra. En Alemania, la dinastía Heinstein asegura que ya se ha seleccionado al Caballero de Capricornio que sustituirá a Alguedi. También el señor Mu parece haber elegido un reemplazo para ti —se dirigió Shaula a Kiki.
—Un joven de nombre Argos que se entrenó en el arte de la reparación de armaduras en Jamir —sonrió Kiki—. De Atlantis también han enviado al nuevo Caballero de Acuario, al parecer un prodigio, se dice que sabía manipular los hielos congelados desde los 3 años. Llegará a los puertos de Atenas hoy si el clima es favorable. Por otra parte, tu armadura se elegirá hoy también —y Shaula asintió—. Pero a pesar de que Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Libra, Escorpio, Capricornio, Acuario, y Piscis, estarán pronto en el Santuario, aún faltarán Géminis, Virgo y Sagitario, sin mencionar, que hasta la llegada de los Caballeros Dorados, Athena está vulnerable —continuó Kiki, y Shaula se avergonzó un poco—. ¿Tienes algo en mente? —sonrió Kiki.
—Sí… en vista de las circunstancias… y de que los Caballeros Dorados que están por llegar podrían considerarse… inexpertos… —prosiguió Shaula, y miró a Antares con cierta intranquilidad—. La diosa Athena requerirá de protección adicional. Y ya que Niyat era el guardaespaldas de Athena… todas sus responsabilidades y misiones han recaído en el nuevo Caballero de Escorpio —y Antares se sobresaltó—. Así que, por instrucciones de la Matriarca del Santuario, se te asigna, Antares de Escorpio, la responsabilidad de proteger a la diosa Athena siempre que la señorita deje los territorios de las 12 Casas —y Saori salió de su escondite.
—¡Ya la oíste! —se alegró Saori, y Antares se ruborizó ante esas palabras—. Estoy a su humilde cuidado, joven Antares de Escorpio —y Antares se cubrió el rostro, pero asintió en señal de derrota, mientras Saori sonreía con dulzura—. ¡Iremos al pueblo inmediatamente! —comenzó Saori, jalando el brazo de Antares—. Hay algo que deseo ver. Es algo muy importante, estoy seguro de que te gustará —continuó emocionada, y Antares no tuvo más opción que suspirar, y aceptar su destino, aunque no de muy buena gana. Kiki y Shaula observaron al par retirarse, y Shaula sonrió al ver aquella imagen, de su madre y su padre saliendo juntos por las puertas del Templo del Patriarca.
Senda de las Rosas.
—¡Vamos Antares! —gritó Saori emocionada, y el Caballero Dorado de Escorpio fue jaloneado y la siguió torpemente, pero antes de que Saori pisara las rosas que separaban al Templo del Patriarca, Antares clavó los pies al suelo, y Saori perdió el equilibrio y cayó al suelo, nuevamente lastimándose las posaderas—. Es la segunda vez que me haces esto. ¿Qué pasa? —se quejó Saori con lágrimas débiles escapándole de los ojos.
—Lo… lo lamento mucho… —se disculpó Antares—. Pero diosa Athena… —y Saori se molestó, y Antares sintió que una de sus cejas le temblaba del coraje—. Señorita… Saori… —corrigió, y Saori se alegró—. No puede bajar por la Senda de las Rosas así, es peligroso —explicó Antares—. Mucho menos descalza —insistió.
—No tienes de qué preocuparte, Antares —comenzó Saori—. Soy una diosa, mi cosmos me impide caer víctima de enfermedades, o envenenarme por el polen de las rosas —pero Antares se molestó, y cargó a Saori de improvisto, que por la sorpresa abrazó el cuello de Antares—. ¿A qué viene esa repentina atención? Te he dicho que no tienes nada de qué preocuparte… —se sonrojó Saori.
—Las rosas tienen espinas, y usted camina descalza sin importarle lo que los demás le digan al respecto… una herida basta para que el veneno penetre en su piel e incluso los dioses corran peligro —explicó Antares, y comenzó a cargar a Saori escaleras abajo—. Aún sin mi Armadura Dorada protegiéndome, mi sangre ya es veneno, las rosas no me afectan, pero a los dioses… su sangre es pura, cualquier alteración podría ponerla en peligro… lo sé… porque mi madre me contó una historia de la Titánide Theia y del cómo murió envenenada por estas rosas —explicó Antares, y a pesar de que Saori estaba segura de que ella no corría peligro, permitió a Antares cargarla, pero entonces notó algo curioso en lo que Antares decía.
—¿Madre? —preguntó Saori, y Antares asintió—. Espera… tú… ¿no eres huérfano? —y Antares parpadeó en un par de ocasiones, y lo negó con la cabeza—. Pero… yo pensé… —y las palabras de Shaula hicieron eco en la mente de Saori. La persona que en esos momentos la cargaba, a pesar de ser la reencarnación de Milo, no era la misma persona—. Cuéntame de tu madre —sonrió Saori, sabiendo que debía conocer a esta nueva versión de su antes esposo.
—Su nombre es Eurifasea… —comenzó Antares—. Es una buena persona, aunque con extrañas costumbres. Entre ellas, ella siempre se iba a dormir antes de que la luna apareciera en el cielo, y cuando iba a su cuarto a despertarla, ella simplemente me jalaba a su cama y me abrazaba y no me dejaba escapar hasta que los primeros rayos del sol entraran por la ventana —continuó Antares con una sonrisa—. Cuando despertaba sin embargo, no recordaba nada… es algo extraña… pero… me hace sentir bien estar con ella —concluyó.
—Suena como una mujer sorprendente —se rio con ternura Saori—. ¿Qué hay de tu padre? ¿Cómo es él? —y Antares bajó la mirada, entristeciendo a Saori—. ¿Entonces no tienes padre? —y Antares movió su cabeza en negación.
—Mi madre dice… que mi padre es una excelente persona a quien ella ama con gran intensidad, pero a quien no puede ver todo el tiempo… solo se ven 2 veces al año pero… jamás me lo ha presentado, no sé siquiera su nombre —y Saori entristeció—. No tiene importancia… no odio a mi padre por no estar presente. Siempre que le pregunto a mi madre, ella sonríe, y se le ve muy feliz. Por eso sé que a pesar de que mi padre no está presente todo el tiempo, él debe ser una persona muy buena para que mi madre siga amándolo cuando no está. Por eso no me siento triste al pensar en él. Todo lo contrario… espero ansioso el día de poder conocerlo… —y vagas memorias de Sargas y Shaula cuando Milo no estaba por su ausencia de 5 años, le recordaron un poco a Saori de la situación que hoy vivía Antares.
—Siempre fue… un sentimiento bastante cálido —sonrió Saori, y Antares la observó fijamente, y al ver su sonrisa, no pudo evitar ruborizarse y mirar a otro lado. Saori notó la vergüenza de Antares, y se burló un poco—. ¿Te estás ruborizando? —y Antares se mordió los labios.
—Claro que no —se defendió torpemente, pero Saori continuó riéndose de él, y el de Escorpio la miró fijamente, y una gentil sonrisa se le dibujó en el rostro. A pesar de las vergüenzas, y de las insistencias de Saori, la verdad es que Antares se sentía cómodo con ella—. ¿Me decía que había algo que quería ver? —preguntó Antares, ya más interesado en su señorita—. ¿Qué era? —preguntó nuevamente, y Saori sonrió.
Coliseo de Leo.
—¡Sientan la fuerza de mis colmillos! —gritó un joven de cabellera café cremosa, que golpeó a un inmenso aspirante a caballero, derrotándolo por el tremendo golpe al clavarlo a una de las paredes del coliseo. En todos los alrededores, la gente aclamó su nombre, Antares sin embargo, observó todo de mala gana, a pesar de que Saori veía al joven con alegría, mientras protegía su identidad como diosa bajo una capucha blanca.
—¡Es él! —suspiró Saori agradecida, con sus manos cerradas en forma de plegaria mientras su mirada se perdía en el joven posado orgulloso en medio del coliseo de batalla, y al notar la expresión en su rostro, Antares, recargado en una columna observando la batalla, comenzó a enfurecerse—. Aioria… —susurró Saori, y Antares no la escuchó pues estaba mirando al arrogante joven alzando su mano en señal de victoria.
—¡El participante número 5 ha derrotado a su oponente en batalla limpia! —anunció el Caballero de Bronce del Fénix que se encargaba de supervisar los combates. Su cabellera era verde brillante, y junto a él estaba una bella mujer de cabellera del mismo color y quien vestía una túnica azul oscuro y cargaba un bastón—. ¡Alios pasa a la siguiente ronda! —anunció nuevamente, y la mujer a su lado sonrió.
—¿No es emocionante, Crateis? —habló la mujer, y el del Fénix desvió la mirada—. Pronto, la Armadura de tu padre encontrará un nuevo dueño. Aunque es una lástima, tu afinidad de signo no te permite competir por la Armadura de tu padre… yo quería ver a mi hijo vistiendo de dorado… estoy tan triste… —lloró la mujer.
—Señorita Hécate… estamos en medio de un torneo por favor compórtese —reprendió Crateis a su madre, pero entonces vio alrededor del coliseo las estatuas de los grandes caballeros que vistieron la Armadura de Leo, entre ellos, Aioria, después de él se encontraba su padre, Ikki, y al final la Matriarca Shaula—. Alios, con esta victoria te has coronado campeón del bloque C que compite por el derecho de portar la Armadura de Leo. Para los que no están al tanto de las reglas, las repetiré. 1,000 participantes nacidos bajo las estrellas de Leo se han inscrito al torneo. Y estos se han dividido en 5 divisiones: A, B, C, D y E. En cada división han competido 200 aspirantes en torneos de batalla sin armas, y de cada división solo 1 quedará en pie. La batalla del día de mañana enfrentará a los campeones de cada división, y el vencedor obtendrá el derecho de vestir la Armadura de Leo, a quien se le será entregada la armadura de manos de la Matriarca del Santuario. Mañana a las Escorpio ascendentes comenzarán los combates y se declarará a un nuevo Caballero Dorado de Leo —terminó Crateis, le ofreció su mano a su madre, quien la aceptó, y permitió al del Fénix guiarla fuera del coliseo.
—Mañana seré un Caballero de Leo, es mi destino. Incluso los Caballeros Dorados lo saben por ello han venido a presenciar mi batalla —sonrió Alios, viendo a Antares en la cima del coliseo, con su espalda recargada en la columna, y Alios entonces se sorprendió—. ¡Vaya! ¿Quién es la belleza que viaja con usted, caballero? —preguntó Alios, y todos miraron a la niña junto a Antares—. Tiene un rostro hermoso, señorita —se acercó Alios, Antares se molestó, y Saori se mostró nerviosa ante el arrogante—. ¿Ha venido a presenciar mi batalla? Me siento honrado, señorita —le tomó la mano con gentileza, y Saori estaba agradecida de que su identidad no había sido expuesta, pero estaba más interesada en saber cómo reaccionaría Antares ante los acercamientos de Alios—. No sé qué es… señorita… pero algo en usted me atrae bastante… siento un cosmos muy cálido, y familiar… quisiera conocerla un poco más —insistió Alios.
—Bueno… es igual de cabeza hueca… —sonrió Saori—. Pero un poco más valiente para este tipo de cuestiones. No puedo creer que me esté invitando a salir —susurró Saori para sí misma—. Me siento honrada pero… joven Alios… la verdad es que… —titubeó Saori, y miró a Antares de reojo, que solo se dedicaba a mirar a Alios con desprecio—. Esto es algo incómodo pero… ya hay alguien que me gusta… —terminó Saori, rechazando a Alios.
—Eso es una pena —entristeció un poco Alios—. Debe ser una persona muy afortunada. Pero espero no se arrepienta de haber rechazado al próximo Caballero de Leo —le sonrió Alios, y Saori se percató de que Alios no estaba siendo ofensivo, sino que hablaba con un gran orgullo y determinación, como deseoso de convertirse en un Caballero Dorado—. He crecido escuchando las leyendas de boca de mi madre Phoibe, sobre los caballeros legendarios de Leo, y la fuerza de sus colmillos. Caballeros con la fuerza de herir a los dioses, librar combate puño a puño con Heracles, y asesinar al dios de la Brutalidad en la Guerra —y Antares se sintió ofendido por alguna razón, no por el hecho de que mencionaran la muerte de Milo de Escorpio, sino porque a pesar del rechazo, Alios se mantenía amigable con Saori—. Sueño con volverme tan fuerte como ellos, y ser un héroe. Convertirme en el guardián de la esperanza. ¿Quiere que le demuestre mi fuerza? —ofreció Alios, y Saori sonrió un poco intranquila pero asintió—. Espero que su novio sea tan fuerte como me ha hecho pensar que es. Ya que no me gusta perder —y Alios preparó su puño, y elevó su cosmos—. ¡Esta es la fuerza que me llevará a convertirme en un Caballero Dorado! ¡La fuerza de hace temblar la tierra con mis puños! —y Alios clavó su puño en la tierra, y todo el coliseo se estremeció. Una columna inclusive se cuarteó, comenzó a caer, Saori gritó pues esta estuvo a punto de caer sobre ella, Alios se horrorizó por lo imprudente de su movimiento, intentó correr en auxilio de Saori a quien por presumir había puesto en peligro, pero Antares la protegió primero con el antebrazo, evitando que la niña fuera aplastada por la columna.
—¡Maldición! ¿Cómo puede haber aspirantes tan imprudentes? —se quejó Antares, y partió la columna con su dedo, salvando a Saori. En ese momento, Saori sonrió, recordando el primer día en que conoció a Milo—. ¡Cabeza hueca! ¿No ves que pusiste a una inocente en peligro? ¡Espero en verdad que no salgas victorioso en la batalla por la Armadura de Leo! ¡Quien usa su cosmos de una forma tan imprudente no merece vestir una Armadura Dorada! —gritó Antares, sobresaltando a Saori, que vio a su esposo dibujado en las palabras de Antares.
—Solo estás celoso porque me convertiré en un Caballero Dorado mejor que tú, escorpión ponzoñoso —apuntó Alios a Antares—. De no ser por tu preciada Armadura Dorada, te partiría el rostro, infeliz. ¡Yo soy dueño de mi propia fuerza! ¡Mis colmillos están bien afilados! —aquella respuesta, también dibujó una sonrisa en el rostro de Saori, la imprudencia de Aioria latía con fuerza en Alios, a pesar de que esta encarnación fuera más imprudente y presuntuosa. La verdad era que el corazón valeroso de Aioria brillaba con fuerza en el pecho de Alios.
—¡Imbécil! ¡La armadura no es más que una condecoración! ¡Si quien la viste no es digno, entonces el valor de la armadura no es más que su valor de peso en oro! —y Antares comenzó a quitarse la armadura, y a caminar escaleras abajo—. Cuando me comentaron que el mejor entre 1,000 se convertiría en el Caballero de Leo, me sentí menospreciado, ya que el único sobreviviente de entre 800 aspirantes es elegido en Arles como el Caballero de Escorpio, sin mencionar que se debe pasar una prueba que culminará con la muerte si el vencedor de entre los 800 no es digno de domar al Escorpión Celestial, una prueba en la que tu sangre se vuelve veneno —y Antares terminó de quitarse la armadura, y encaró a Arios—. Tú no eres más que un concursante en un torneo de 1,000 aspirantes que ha avanzado a la ronda final. Tal parece que convertirse en un Leo es bastante sencillo, y te lo demostraré… superándote en tu sucio torneo, sin mi armadura, y sin mis técnicas. Veamos qué tan fuerte ruges, gatito —se burló Antares.
—Debí saber que las cosas terminarían así cuando vine al coliseo —se preocupó Saori, pero sonrió de todas formas—. En verdad… sus almas están destinadas a ser rivales… par de tontos… —y Saori vio a alguien entre el público, un adulto de cabellera plateada, que sonrió, antes de desvanecerse transformado en polvo de estrella—. ¿Mu? —se preguntó Saori, pero su atención inmediatamente se posó en un choque descomunal y una ráfaga de viento que golpeó su rostro y sus cabellos, y derribó a varios aspirantes alrededor del coliseo, que sintieron la tremenda onda de choque cuando Alios lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas, pero que fue fácilmente bloqueado por Antares.
—¿Cómo? —se sorprendió Alios—. Ese golpe… levaba todas mis fuerzas —y Antares sin embargo, lo sostenía en la palma abierta sin problema alguno—. ¿Qué clase de truco es este? —preguntó Alios, y Antares lo levantó del suelo, y lo blandió como un arma, azotándolo en la tierra, sorprendiendo a todos en el coliseo.
—Tardé más tiempo en quitarme mi armadura que darte una lección —sonrió Antares, mientras Alios se convulsionaba en el suelo—. El cosmos brillará con mayor intensidad, si tienes un deseo de proteger y servir… buscar una armadura por tus deseos de grandeza personales, y por conquistar chicas, es una pérdida de tiempo… con esa resolución tan pobre, no podrías defender a la diosa Athena… —y Antares comenzó a retirarse—. Gato patético… —terminó.
—Oye… imbécil… —se quejó Alios, y Milo se detuvo en su camino—. No has terminado conmigo aún —y Alios se lanzó en contra de Antares, que intentó bloquear, pero fue impactado con fuerza en el rostro y lanzado a las escalinatas, donde quedó clavado—. ¡Así se sintió tu maldito golpe! ¡Infeliz! —y todos en el coliseo se sorprendieron, principalmente Saori, que vio a Antares ponerse de pie, con la mirada perdida, y con sangre cayéndole de los labios—. ¿Aún me crees un perdedor? Puede que coqueteé con las chicas, pero no soy ningún debilucho. Sé combatir, y sé el significado del honor —y Antares cerró sus manos en puños, desapareció de la vista del coliseo, y reapareció pateando el rostro de Alios al cielo, luego tomándolo de la pierna en pleno vuelo, clavándolo al suelo nuevamente, y pateando su cabeza profundo en la tierra.
—Me molestas… gato torpe… —comenzó Antares, pisando con fuerza, a pesar de que Alios intentaba ponerse de pie—. Admito que te subestimé un poco… pero tu nivel es muy inferior… no tienes madera de Caballero Dorado, primero piensa en lo que deseas alcanzar. ¿Gloria? ¿Fama? ¿Respeto? Un Caballero Dorado no vive para sí mismo… vive para servir a su diosa Athena, para protegerla, a ella y a la humanidad… —y Alios continuó empujando, pero Antares lo volvía a clavar al suelo—. Cuando vistes de dorado, tu vida ya no te pertenece. Solo importa Athena, no tus deseos insignificantes… eso es lo que significa ser un Caballero Dorado —y Alios por fin se puso de pie, derribando a Antares.
—¡Ya lo sé! —gritó Alios, elevó su cosmos, e impactó el rostro de Antares con fuerza—. No creas que eres el único importante, Escorpio… el que se dice es el eterno guardián de Athena… —y Antares resistió el golpe, aunque la tierra se partió a sus pies—. Yo también quiero ser un héroe… yo también quiero proteger a Athena… yo también… ¡Quiero proteger a las personas que amo! —y Alios logró empujar a Antares y derribarlo al suelo—. ¡No me subestimes! ¡Insecto! —gritó Alios.
—Arácnido… cerebro de gato… —se puso de pie Antares—. Y jamás le tendría consideración alguna a un Leo. ¿En verdad quieres que te demuestre mi verdadera fuerza, imbécil? ¡Solo tengo derecho a perder una sola batalla en toda mi vida! ¿Crees que la desperdiciaría en ti? —y Antares preparó su aguja, y Alios comenzó a resplandecer con la fuerza de los relámpagos. Ambos se lanzaron, Saori gritó preocupada por la intensidad que había tomado la batalla, pero unos pétalos de rosa comenzaron a caer del cielo, y frente a aguja y puño envuelto en relámpagos, una rosa negra detuvo ambos golpes, y una caballero hermosa, de cabellera naranja y larga, y ojos de un bello color azul, detuvo al par.
—¡Rosas Pirañas! —y las rosas golpearon a ambos, separándolos—. ¿Qué cree que hace, joven Escorpio? —habló la mujer—. El que se haya quitado la Armadura Dorada, no lo hace invisible a los ojos del Santuario. Ha clavado una espina en su reputación. Le recomiendo no dejarse llevar, no sea que le quiten su armadura —y Antares se apenó, y se arrodilló frente a Ariadna, la Caballero Dorado de Piscis—. Un aspirante imprudente no debería molestarle. Pasaré esta desobediencia por alto, pero la próxima vez, no seré tan condescendiente. ¿Lo ha entendido, Antares de Escorpio? —preguntó Ariadna.
—Solo era una práctica, generala —se apenó Antares, y se puso de rodillas frente a ella—. Recibiré mi castigo, no necesita ser condescendiente conmigo —insistió, pero Ariadna simplemente le sonrió, y continuó caminando, ignorando a Antares, y dirigiéndose a Saori.
—Abuela… no lo tortures demasiado… —susurró Ariadna para mantener el secreto de la identidad de la niña, y comenzó a retirarse. Antares entonces elevó su cosmos, y su armadura volvió a vestirlo. Luego miró a Alios, y se molestó, ignorando al aspirante, y retirándose.
—Maldito gato… mira que hacerme perder la compostura… jamás en la vida alguien me había fastidiado tanto… imbécil —se susurró Antares a sí mismo, y se arrodilló frente a Saori—. Me avergüenza mi comportamiento, mi señorita. Le ruego me perdone mi atrevimiento. Recibiré cualquier castigo que crea adecuado —se disculpó Antares.
—Entonces te castigaré… —sonrió Saori—. Ordenándote que me cuides por siempre… —y Antares se ruborizó, se puso de pie, y asintió—. Eres tan lindo —y Antares se sonrojó más que nunca, y Alios comenzó a reírse a carcajadas, fastidiando a Antares más y más, que se disculpó, tomó a Saori de la mano, y la jaló lejos del Coliseo de Leo.
—Son igual de impertinentes que sus encarnaciones anteriores… par de tontos… —sonrió un hombre, el de cabellera de plata que Saori había visto, y quien a las afueras del Coliseo de Leo, platicaba con un niño de al menos 13 años de edad, cabellera café cremosa, y unos enormes ojos azules aperlados—. Tengo el presentimiento sin embargo, de que Aries no se convertirá en el hermano de cosmos de Escorpio y de Leo en esta era. Argos… busca a tus propios hermanos de cosmos, pero hazme un favor, y protege a ese par —terminó el hombre, entregándole la caja de Pandora con la Armadura de Aries al niño.
—¿Maestro Mu? ¿Se encuentra bien? —y Mu asintió—. Le he pescado el almuerzo, si tiene hambre, me sentiría halagado de cocinarle algo… tuve una buena pesca —y Mu observó un par de lanzas de pesca, con peces frescos empalados en ella. Observó el abrigo de piel de pantera que el niño vestía, y que había perdido una sandalia—. Lo lamento… creo… que me emocioné pescando y perdí mi sandalia… —explicó el niño.
—Volveremos a pescar juntos —sonrió Mu, y le colocó un sombrero de paja al niño—. Ahora reúnete con el Patriarca Kiki. Dile que Mu de Jamir, le envía a una poderosa pantera a defender el Casa de Aries —y Mu le colocó un brazalete al niño en el brazo derecho—. Él lo entenderá. Argos. Saluda a tu abuela Mesarthim de mi parte —y Argos asintió, y comenzó a retirarse—. Y llegará un niño con un par de lanzas, vestido de pantera y de una sola sandalia. La leyenda de Jasón… —sonrió Mu—. Esta era, está llena de sorpresas.
Casa de Escorpio.
—¡Adoro este templo! —gritó Saori a su llegada a los pisos inferiores de la Casa de Escorpio, pese a las preocupaciones de Antares por la sorpresiva invasión a su nuevo hogar—. Está bastante limpio, era de esperarse. Seguro haces trabajar a tus escuderos hasta el cansancio —sonrió Saori.
—No tengo escuderos, mi señorita —mencionó Antares, que se sentó en la primera silla que encontró—. Los escuderos son para los perezosos que no se preocupan por la limpieza de sus casas. Yo sin embargo, mantengo mi casa limpia en todo momento. No requiero de escudero alguno —y Saori se molestó por el comentario, y entonces notó una gota de sudor cayéndole del rostro a Antares.
—No es posible. ¿Acaso en todas tus encarnaciones eres así de arrogante? —se molestó Saori, y encaró a Antares—. ¡Quítate la armadura! —recriminó Saori, y Antares se sorprendió—. ¡Es una orden! —y el de Escorpio se horrorizó, asintió, y comenzó a quitarse el casco—. Solo quítate hasta la protección del pecho y la espalda —y Antares asintió, y se quitó las piezas solicitadas—. ¡Lo sabía! —se quejó Saori, y le quitó la túnica, y vio su pecho lleno de sangre, al igual que su espalda—. ¡Estás muy lastimado! —y Saori miró la capa en el suelo, cubierta de sangre—. ¿Sabes lo difícil que es quitar la sangre de esta capa? —se horrorizó Saori, y Antares no supo qué decir, estaba en extremo avergonzado—. ¡Suficiente! ¡Yo me encargaré! —se sonrojó Saori, y caminó a unos gabinetes de madera, sacando ungüentos y vendajes, sorprendiendo a Antares—. Lo sabía… todo sigue en el mismo lugar… tu obsesión con el orden no ha cambiado… —y Saori comenzó a frotarse los ungüentos en las manos—. Primero me encargaré de limpiar tus heridas —y Antares se horrorizó.
—¡Eso no es necesario, señorita! —intentó razonar Antares con ella, pero Saori inmediatamente colocó su mano en el pecho de Antares, congelándolo por la fría sensación, pero permitiendo a Saori curar su pecho, mientras con el pie la niña jalaba una silla, se sentaba, y seguía cuidando de Antares—. Seño… rita… por favor deténgase… esto… no me merezco todas estas atenciones… —se avergonzó Antares.
—¡Saori! —recriminó la niña, y Antares la miró fijamente—. Escucha… no volveré a llamarte Milo… pero quiero que me llames Saori… ese es mi nombre… —y Antares asintió, mientras Saori se ponía de pie, buscaba la espalda de Antares, y le frotaba el ungüento en la misma—. Aceptaré a tu encarnación actual… no te pediré que recuerdes a tus vidas pasadas… me lo recriminaste horriblemente hace más de 100 años… pero… aun así… quiero que me ames… —y Antares se sobresaltó—. Lo entiendo… no eres el mismo, pero eres su esencia… eres y no eres mi Milo al mismo tiempo… pero en la muerte, recordarás todas tus vidas, así que… voy a hacerte feliz en todas tus vidas… quiero que estemos juntos, en todas las reencarnaciones… —y Antares bajó la mirada.
—Pero yo… no soy Milo de Escorpio… —intentó decir Antares—. No soy la persona a la que usted ama… mi señorita… por favor… se lo ruego… deje de intentarlo… es incómodo… —y Saori se sentó frente a Antares tras terminar de curar sus heridas—. Le juro que desearía serlo… usted es hermosa, es gentil, y quiero protegerla… pero no puedo verla bajo esa misma luz en que usted me ve… primero soy un Caballero Dorado, y usted primero es mi diosa… —y Saori sonrió, recordando esas mismas palabras de Milo.
—¿Y después de diosa y Caballero Dorado, qué somos? —sonrió Saori—. La experiencia me ha enseñado, que siempre serás leal, terco y obstinado. Pero quiero que me veas como una diosa cuando tengas que hacerlo, y como una mujer cuando sea necesario también… no me rendiré hasta que te enamores de mí… sé que soy egoísta, pero no quiero a nadie más… —y Antares no supo qué decir—. Después de todo… a ti es a la única persona que permitiría llegar tan lejos… —y Saori se sonrojó, colocó sus manos sobre los hombros, y comenzó a quitarse el vestido, sobresaltando a Antares, que se cayó de la silla en ese momento y se cubrió los ojos—. No te cubras los ojos y solo velo… es… muy vergonzoso… y hace frio… —terminó Saori, en extremo ruborizada, y Antares abrió los ojos, y observó la espalda desnuda de Saori, mientras la joven se cubría el pecho con sus brazos, y sostenía su vestido previniendo que este se cayera y la dejara expuesta por completo, ya que su única intención era mostrarle su espalda, y el tatuaje de la constelación de Escorpio—. Esto es lo que en verdad significas para mí… no pertenezco a cualquier Escorpio… solo a ti… porque tu esencia… tu alma… es el alma que siempre he esperado… la única alma a la cual mi corazón pertenece… el alma de la persona… por la que perdí mi pureza, y me convertí en una diosa humana… —y Antares estaba sin habla—. Solo a ti te permitiría acercarte tanto… —y Saori miró a Antares, pero entonces se sobresaltó, y gritó horrorizada, cubriéndose el cuerpo—. ¿Quién eres? —gritó Saori.
—¿Eh? —se sobresaltó Antares, se dio la vuelta, y encontró a un joven de cabellera roja, usando lentes, y son su rostro en extremo ruborizado—. ¡Estoy muerto! ¡Si no te mato todos sabrán lo que ocurrió! ¡Perdóname pero tendré que matarte por conservar la integridad moral de mi señorita! —apuntó Antares sus agujas al invasor—. ¡De todas formas no pediste mi permiso para entrar en mi casa! —se quejó Antares.
—¡Si lo pedí! —gritó el joven—. ¡Pero estabas tan ocupado jadeando como un pervertido por tu escudera como para darte cuenta! —recriminó el joven, y Antares se preocupó, miró a Saori, y la niña, en extremo ruborizada, había terminado de vestirse correctamente, y se había amarrado la capa de Antares alrededor del rostro ocultando su identidad—. Escucha… no es de mi incumbencia las perversiones que tengas con tu escudera pero… —continuó el joven—. Solo necesito pasar por tu casa… pedí permiso como era debido, pero al notar que nadie contestaba, decidí bajar y averiguar la razón… no pretendía… interrumpir tus amoríos con tu escudera, así que nuevamente, te pido permiso de pasar —y el joven hizo una reverencia—. Mi nombre es Hydor de Acuario. Primeramente me disculpo por interrumpir su momento, y de segunda mano le solicito permiso de pasar por su casa —se presentó Hydor.
—¿Acuario? —preguntó Saori, ocultando su rostro debajo de la capa de Antares que usaba de capucha—. Mi señor de Acuario… estoy segura de que hablo en el nombre de mi maestro, al explicarle que todo esto ha sido un malentendido, y que el maestro únicamente estaba… —lo pensó Saori, y de improviso tuvo una idea—. ¡Enseñándome acupuntura! ¡El maestro se lástima muy seguido en su entrenamiento! ¡Así que me mostraba la forma correcta de presionar los puntos arteriales para suturar las heridas con mayor facilidad! ¡Como puede ver, tenemos utensilios de medicina a nuestra disposición! ¡Le ruego no juzgue a mi maestro erróneamente por preocuparse por la educación de su humilde escudera! —y Saori hizo una reverencia.
—Los dioses me matarán por esto… —susurró Antares—. Mi escudera habla con la verdad, joven Hydor—. Explicó Antares—. Le ofrezco sinceramente una disculpa por los malentendidos. Permítame enmendar mi poca hospitalidad invitándolo a beber el té —y Saori de inmediato se movió alrededor de los pisos inferiores, sacando todo lo necesario para la ceremonia del té—. ¿Cómo diantres sabes dónde está todo? —se preguntó Antares, y entonces miró a Hydor.
—Bueno… no era mi intención intentar socializar en mi primer día en las 12 Casas pero… —comenzó Hydor, notando que la escudera de Antares se las había arreglado para preparar una bandeja con todos los utensilios para una ceremonia de té, y que ya había comenzado a correr fuera del templo con varas y una tetera de agua para comenzar la preparación del mismo—. Supongo… que sería grosero que el té que tu escudera se esfuerza tanto por preparar se desperdicie… aceptaré su hospitalidad… —y Hydor se sentó, y Saori llegó lo más rápido que pudo, le empujó la silla, y colocó todos los utensilios frente a ellos—. Eres… bastante experimentada… incluso sacaste la bandeja de postres —apuntó Hydor, y Antares estaba sumamente nervioso.
—El Maestro Antares se molesta mucho cuando se pierde el orden… me ha entrenado de una forma bastante estricta —explicó Saori, y Antares alzó una ceja, incrédulo de todo lo que estaba pasando—. El té estará en breve, ruego su paciencia, señor Hydor —hizo una reverencia Saori.
—¿Tan rápido encendiste una fogata? —preguntó Hydor, y Saori asintió—. ¿Tan brutal ha sido el entrenamiento que te ha dado tu maestro que en menos de un peldaño ya terminaste de encender una fogata y has arreglado la tetera? —y Saori se ruborizó.
—Ah… bueno… el maestro se entrenó en la Isla de Mi… —y Saori lo negó con la cabeza al recordar el hundimiento de la Isla de Milo—. En Arles… la ciudad de la guerra… —corrigió Saori—. Tuvo que sobrevivir al desierto fuera de las murallas de Arles y enfrentar a 800 aspirantes a caballeros por el derecho a su armadura… evidentemente… el maestro tuvo que aprender a sobrevivir, y me enseñó todas sus habilidades de supervivencia, entre ellas el cómo encender una fogata con varas. El secreto… es que las ramas secas son más fáciles de prender, pero los troncos más vivos mantendrán el fuego encendido si se enciende bajo una cama de hojas secas, siempre en un agujero de poca profundidad para mantener el calor, y que el fuego no se propague, tener una cubeta con agua cerca en caso de emergencia, mantener el fuego en un radio seguro rodeado de piedras de rio… —y Antares estaba sumamente sorprendido. De tener la necesidad de hacer una fogata, esa sería su estrategia—. Y lo más importante… nunca dejar la fogata desatendi… —y Saori se preocupó—. Con su permiso —y Saori corrió a los pisos superiores—. ¡Me olvidé! ¡Siempre hay que estar vigilando la fogata! —se escucharon los suaves quejares de Saori.
—Increíblemente… tienes una escudera bastante capaz… aunque algo distraída… —confesó Hydor, y miró a Antares, que simplemente sonrió intranquilo—. En verdad pensé que intentabas seducirla… pero… esas heridas… son bastante profundas y recientes… lamento haber dudado de usted —prosiguió Hydor—. Hablando de sus heridas… un Caballero Negro no podría haberlas abierto. ¿Acaso combatió a un Hecatonquiros? —se preguntó Hydor.
—Fue un descuido de mi parte —explicó Antares, y entonces Saori entró corriendo con la tetera, y le sirvió el té a ambos, y Antares la miró fijamente, pero Saori sonrió, y asintió, haciéndole saber con su silencio que todo estaba bien y que había apagado la fogata. Aquello sorprendió a Antares, había sido como un entendimiento involuntario, memorias recesivas de su anterior vida, comenzaban a salir a flote. Pero su redescubrimiento de su encarnación anterior no duró lo suficiente, pues se sobresaltó cuando Saori comenzó a vendarle el cuerpo, incomodando a Antares, pero Saori se asomó de debajo de la capucha, y colocó su dedo frente a sus labios, pidiéndole a Antares guardar silencio—. En los coliseos de batalla de Leo… —comenzó Antares—. Cometí la imprudencia de dejarme llevar por un aspirante a Caballero Dorado con un cosmos bastante alto… mi imprudencia… me hizo merecedor de estas heridas… de hecho, comienzo a pensar que soy más imprudente de lo que sería permitido por cualquier diosa… —explicó Antares, mirando a Saori de reojo, que se sintió ofendida.
—La imprudencia es característica de los Caballeros de Escorpio —agregó Hydor, enfriando un poco su té son su cosmos congelante, hasta una temperatura en que era bebible, y comenzó a tomar—. He escuchado, que los Caballeros de Escorpio son los guardianes de Athena. Uno en específico me llama la atención. Un Caballero de nombre Milo de Escorpio —y Antares bajó la mirada. Aparentemente, sería eternamente comparado con ese tal Milo—. Tu escudera mencionó que tu nombre es Antares, ¿o me equivoco? —y Antares se percató de que no se había presentado—. No tiene importancia, por favor no lo tomes a mal. No me diste una buena primera impresión después de todo, puedo tolerar alguna que otra falla. Lo que hagas de ahora en adelante sin embargo, será lo que en verdad definirá mi opinión de ti —y Antares suspiró, y asintió—. El Caballero de Escorpio… siempre ha sido mi mayor interés… Milo en especial. Un caballero, que tomó a la diosa Athena de escudera sin saberlo, que usó la Exclamación de Athena en el Anillo Medio frente a una invasión de Bestias del Tártaros junto a sus hermanos de cosmos, los caballeros Aioria de Leo y Mu de Aries —y Antares recordó a Mu, quien fuera tan bueno con él—. Dicen los escritos antiguos, que tenía una amistad con el Caballero de Acuario que murió en la Nueva Titanomaquia, Camus de Acuario, y cuya amistad, hizo que Milo aceptara a discípulos de Acuario como suyos. Pero Milo era un caballero bastante imprudente, se casó con Athena en secreto —y Antares se horrorizó—. Pero aun así participó en la guerra de Lemuria por lealtad a la diosa, y en esa guerra contra Ares entrenó sin saberlo a la diosa Athena en el arte de la guerra, y lideró los ejércitos en contra del dios de la Brutalidad en la Guerra, a quien derrotó tras enterarse de que era la reencarnación de un tal Antares —y Antares parpadeó un par de veces confundido—. Milo vivió bajo la sombra de Antares, intentando sobrepasarla… pero lo divertido, es que Antares era un caballero perdedor… o al menos, eso es lo que todos pensaban… no se dieron cuenta de que Antares era tal vez uno de los caballeros más leales de Athena, que vivió por 270 años, negándose a morir, sobreviviendo a 70 Guerras Santas. ¿Puedes imaginar a un caballero así? ¿Sobrevivir a 70 guerras? —y Antares lo negó—. Milo de Escorpio por siempre intentó superar aquello, y lo logró al convertirse en el dios de la Brutalidad en la Guerra venciendo a Ares, pero murió en contra de Poseidón, dejando a Athena sola con una hija, pero regresó a la vida al servicio de Hades, mató a Athena, la transformó en una diosa verdadera, se convirtió nuevamente en el Caballero de Escorpio y lideró la avanzada contra Hades en el Inframundo, devolviendo el descanso eterno en muerte a los mortales… participó en la Masacre de Athenas, donde fue derrotado por Aquiles… pero en esa guerra que duró 9 años, se convirtió en un Héroe de Oricalco y ayudó en derrotar a Zeus. Contra Apolo, se transformó por vez primera en el verdadero dios de la Brutalidad en la Guerra, y enfrentó a Athena convertida en tirana, pero salvándola de convertirse en una tirana, creando un milagro… su última gran batalla fue contra Aioria de Leo, su hermano de cosmos. Muriendo ambos al final de una batalla de 1,000 días en la cual Milo resultó victorioso… me pregunto… ¿quién habrá sido más glorioso… Antares Primero… o Milo de Escorpio a quien gracias a Cronos se le conoce como Antares Segundo…? ¿O podría ser, que Antares Tercero llegue a tener más gloria que ambos? —y Antares bajó la mirada.
—Tercero… es solo un nombre que me dio mi madre… —aclaró Antares, sintiéndose deprimido—. Tal parece que igual que Milo de Escorpio… estoy destinado a vivir bajo la sombra de mi predecesor, no por la armadura… sino por la encarnación… —y Hydor asintió, y le acercó la taza de té a una distraída Saori, que la vio, se sobresaltó, y la llenó de té nuevamente—. ¿Qué pasa si soy ese tal Antares Tercero en verdad y mi nombre no es una coincidencia? Tengo muchas razones para creer que en verdad soy la reencarnación de Milo de Escorpio, pero eso no me convierte en Milo de Escorpio. Yo soy Antares. ¿Por qué nadie puede comprenderlo? —y Saori se sintió deprimida por esas palabras.
—Milo de Escorpio vivió con esa ira en su corazón, decidido a que su diosa a quien tanto amaba, lo viera como Milo de Escorpio, y no como Antares Primero —explicó Hydor, colocando un libro en la mesa de té con el nombre de: «El Legado de Antares », y Antares lo miró—. Pero, no te digo estas cosas únicamente para que te sientas mal. El Caballero de Acuario siempre ha entablado una gran amistad con el Caballero de Escorpio. Diomedes de Escorpio y Menelao de Acuario, Kardia de Escorpio y Degel de Acuario, Milo de Escorpio y Camus de Acuario, Jabu de Escorpio y Hyoga de Acuario, Yoma de Escorpio y Sargas de Acuario, la relación se rompió un poco por la inmortalidad de mi maestro Sargas, pero Niyat de Escorpio fue su compañero junto a Shaula de Leo. Escuché que incluso, Leo y Acuario fueron a la Isla de la Reina muerte para intentar salvar a Niyat quien desgraciadamente murió en el rescate —terminó Hydor—. Pero no te busco solo por eso, me pareces una persona interesante, no necesito saber tu procedencia de almas, o comprender la amista de los Escorpio y los Acuario. Digamos qué, es una mezcla de egoísmo como de admiración. Egoísmo… por querer formar una leyenda de los Acuario que se equipare a los de Escorpio, y admiración por querer ver con mis propios ojos la grandeza de los Escorpio. Sin mencionar, que tras estás extrañas primeras impresiones, en lo personal estoy muy interesado en conocerte. Me pareces… tranquilizante… —y Antares no lo comprendió—. Simplemente me das esa impresión, por favor no lo tomes a mal —prosiguió Hydor.
—Ya veo… admito que, ha sido una plática bastante reveladora —aceptó Antares—. Además de que, independientemente de las bajas temperaturas… despliegas un aura de calidez —y Hydor escupió su té y se sobresaltó por las palabras de Antares—. Será un verdadero placer, el tener el apoyo de un Acuario que me acompañe en la dura senda que me espera para superar a Milo de Escorpio. Cuento contigo, Hydor —sonrió Antares, renovado, y sabiendo que debía sobrepasar a Milo de Escorpio.
—No tienes que decirlo de una forma tan vergonzosa —se ruborizó Hydor—. Escucha, soy el tipo de persona que cree… que el sentimentalismo es inútil. Siempre hay que mantenerse calmado y en paz en una batalla. Ese es el método del Acuario —y Antares asintió, cruzado de brazos y con una sonrisa en su rostro, incomodando a Hydor—. En verdad eres extraño —se quejó Hydor.
—¿Tú crees? —sonrió Antares—. Pienso… que es bastante reconfortante —y Saori miró a Milo, y a Hydor, que le sonrió de regreso, como si en acuerdo mutuo se hubieran decidido a disfrutar de la situación. A los ojos de Saori sin embargo, los cosmos de ambos eran iluminados y formaban a 2 viejos amigos, Milo de Escorpio, y Camus de Acuario.
—¿Camus? —susurró Saori para sí misma, y lo comprendió—. Se ve bien… vistiendo de dorado otra vez… —sonrió Saori, orgullosa de ver a su Caballero Dorado con otra oportunidad de vida, e intentando nuevamente conocer a Milo en su nueva encarnación.
Una hora más tarde, Hydor se retiró a su templo, y Saori comenzó a limpiar la mesa, pero Antares le tomó del antebrazo, y la miró fijamente, en parte con una mirada sombría, en parte con una mirada de empatía.
—Hydor ya se ha ido, no tienes que pretender más el ser mi escudera —comenzó Antares—. En todo caso… no deberías tenerme tantas consideraciones… —se avergonzó Antares, y comenzó a limpiar todo por sí mismo.
—No tienes que avergonzarte tanto. Tú escuchaste a Hydor —sonrió Saori—. Fui la escudera de Milo de Escorpio, por eso sé dónde está todo y el cómo hacer las cosas. En bastante simple, y la verdad no me molesta… —intentó decir Saori, y tomar la bandeja de manos de Antares, que se la apartó con poca cortesía—. ¿Antares? —se preocupó Saori.
—¡A mí me molesta! —gritó Antares, y Saori se sobresaltó—. ¿Por qué tienes que ser tan linda y de un corazón tan noble? ¿Por qué tienes que volverme loco con tus palabras y tus acciones? Me avergüenzas frente a los demás y no me importa, te acercas a mí y me haces sentir en paz… pero entonces siempre mencionas a ese maldito de Milo de Escorpio y rompes todas mis ilusiones. ¡No me importa si fuiste su escudera! ¡No me importa ese maldito tatuaje! ¡No me importa ni Antares Primero ni Milo de Escorpio! ¡Pero tú no dejas de verme como su encarnación! ¡No quiero enamorarme de ti… sabiendo que únicamente me vez como su reemplazo! —y Saori se espantó por las palabras de Antares, y se sentó en su silla—. En estos momentos… estoy sumamente confundido… no sé lo que siento… no sé quién soy… jamás había estado tan confundido en toda mi vida… memorias recesivas invaden mi mente todo el tiempo, y me repugnan… quiero… conquistar a Saori… como Antares Tercero, no como Milo de Escorpio… voy a superarlo… seré más grande que él… así que… por favor… no me siga comparando con él… si la desilusiono solo repréndame… si la hago feliz no me compare… si le rompo el corazón… solo… ódieme como… o ámeme como Antares Tercero. ¡Vivir bajo la sombra de Milo de Escorpio es molesto! —y Saori miró al suelo con tristeza, se quitó la capa de Antares de la cabeza, y la colocó sobre la silla de té—. He sido imprudente… le he levantado mi voz a mi diosa… me falta mucho… para convertirme en alguien digno de esta armadura… por favor no me mire en tan deplorable estado… solo… déjeme pensar… —y Saori no dijo nada, se puso de pie, y se retiró en silencio.
Senda a la Casa de Capricornio.
—No lo entiendo… —lloró Saori—. Es su misma esencia… sé que es su reencarnación. Lo intento en verdad… quiero verlo como a Antares Tercero… quiero diferenciarlos pero… se siente injusto… —se detuvo Saori de improviso—. Si veo a Antares como una persona totalmente diferente a Milo… entonces… sentiría que engañaría a Milo a pesar de ser la misma persona… todo es… tan confuso… —continuó llorando Saori, y de pronto, escuchó unos pasos metálicos, y descubrió al Caballero Dorado de Capricornio frente a ella.
—Diosa Athena —habló el de Capricornio, un joven de al parecer 15 años de edad. Una gentil sonrisa se dibujaba en sus labios, mientras su larga cabellera verde, amarrada en una coleta, le caía por frente de su armadura—. Es un placer volver a verla, señorita Saori… —y Saori se impresionó, el Caballero de Capricornio conocía su nombre—. No se confunda, su nombre llegó a mí en un sueño. Pero no soy Shura de Capricornio, en esta encarnación, mi nombre es Deneb. Y planeo esforzarme por convertirme en el caballero más leal de Athena, como en todas mis encarnaciones anteriores —y Saori se impresionó, mientras Deneb se mantenía orgulloso frente a Saori.
—Estoy feliz… de que me recuerdes… y que sepas mi nombre… indudablemente, eres la reencarnación de Shura de Capricornio pero… ya no entiendo cómo funciona la reencarnación… se siente… horrible… acabo de recibir una gran decepción… —y Deneb simplemente sonrió—. Me es tan difícil comprender la reencarnación —suspiró Saori.
—Entonces, siéntase agradecida de que soy el caballero que puede explicárselo detalladamente —y Deneb invitó a Saori a pasar—. El Caballero de Capricornio, se dice que es el más leal de todos, porque desde Agamenón, el Caballero de Capricornio que recibió de Athena a la verdadera Excalibur, ha renacido para servir a la diosa Athena. Agamenón de Capricornio, El Cid de Capricornio, Shura de Capricornio, Deneb de Capricornio, todos somos seres reencarnados, nacidos bajo las mismas estrellas, durante la misma fecha. En ocasiones en las mismas condiciones, en ocasiones bajo sombrías circunstancias, la reencarnación es algo confuso —y Saori asintió—. Pero, usted y yo ya la hemos sufrido. En una vida anterior, a usted se le conoció como Sasha, y muchísimo antes como Shana, ¿lo recuerda? —y Saori recordó el día de la guerra de Lemuria, Saori y Sasha, 2 Athenas, combatiendo con sus 12 Caballeros Dorados cada una, y recordó también el momento en que tras la muerte de Diomedes de escorpio, sus memorias sobre la identidad de los Aqueos regresaron—. El Cid y Shura de Capricornio también se conocieron. ¿Lo recuerda? —preguntó.
—¿Tú lo recuerdas? —preguntó Saori—. Si somos seres reencarnados. ¿Cómo es posible que existan 2 seres idénticos en el mismo lugar? Esa guerra… fue muy confusa… —explicó Saori—. ¿Qué es en verdad un ser reencarnado? —preguntó.
—Un ser cuyas memorias han sido extraídas de su esencia misma, pero cuya verdadera naturaleza existe en el alma y en el cosmos —explicó Deneb, y Saori ya había escuchado esa explicación antes—. Solo hay una vida. Quienes combatieron en nuestra contra en Arles no eran los verdaderos Caballeros de Athena de su encarnación anterior. Eran cuerpos reconstruidos, con almas prestadas por Hades, con las memorias que Ares obligó a Mnemosyne a restaurar, e incluso a manipular. Malditos a volver a morir. Degel de Acuario fue el único en comprender esa horrible realidad. Solo eran cuerpos prestados con memorias antiguas. Kardia incluso tenía un corazón de fuego falso, y el Cid… digamos que Shura siempre supo que no podía existir semejante caballero, y nunca lo consideró real. Su alma lo sabía. Lo mismo pasó con los Aqueos, sus cuerpos no eran los mismos, tenían la apariencia que ellos desearon tener. Saori, usted recuerda los cuerpos originales, ¿verdad? —le preguntó.
—Definitivamente eran más atractivos —se apenó Saori, pero entonces recuperó la compostura—. Entonces… ¿cómo es que conoces tus vidas pasadas… y lo aceptas con tal naturalidad? —preguntó Saori—. ¿Cómo puedo verte… y no ver a Shura en ti? —y Deneb sonrió, y se acercó a Saori, que estaba confundida.
—¿Sabe cuántas veces he reencarnado? —y Saori lo negó—. Nadie lo sabe. Ni soy Agamenón, ni soy El Cid, ni soy Shura, soy Deneb. Pero el alma, es la misma. Solo en muerte recuperamos las memorias de nuestras encarnaciones anteriores, es un principio de la energía, no puede destruirse… solo puede trascender. Antares… estoy seguro de que lo sabe quién fue, y no puede evitar odiarse a sí mismo por ello… yo también sé quién fui. Pero tengo una mejor percepción de esta realidad. Siempre seré el mismo individuo, viviendo diferentes vidas. Ese es el secreto de la reencarnación, lo importante… es vivir todas las vidas como si fuera la primera y la última, porque al resucitar, lo olvidarás todo, y volverás a ser reciclado, para volverlo a intentar, ¿sabe por qué? —y Saori lo negó—. Porque la reencarnación tiene sus misterios, y quien hoy es su aliado, en otra vida pudo haber sido un enemigo a muerte de usted —y tras Deneb llegó un caballero vistiendo al Sagitario, tenía una larga cabellera roja como el fuego, ojos azules muy hermosos, y su cosmos era cálido—. ¿Terminaste tu reunión, Kaus? —preguntó Deneb.
—Mi querido amigo Deneb. ¿Estabas preocupado? Me siento halagado —sonrió el de Sagitario, que miró a Saori—. ¿Diosa Athena? —y Saori asintió, y el de cabellera roja se inclinó en una reverencia—. Mil disculpas mi señorita. Acabo de ser asignado a la guardia de Caballeros Dorados, no pretendía faltarle al respeto. La presentación formal de los 12 será el día de mañana pero, yo tan solo… me siento en extremo complacido por estar en su presencia —y la calidez del cosmos de Kaus rodeó a Saori, y la diosa casi podía ver a un sol rojo dibujado en su cosmos, y se sobresaltó—. ¿La he ofendido, mi señorita? —y Saori retrocedió un par de pasos.
—¿Lino? —preguntó, y Kaus no lo comprendió. Deneb por su parte, sonrió, y colocó su mano sobre la hombrera del confundido Caballero de Sagitario, llamando su atención, y ayudándolo a ponerse de pie, y demostrando ante Saori la confianza que el de Capricornio le tenía—. No me has ofendido del todo, Lino… quie-quiero decir Kaus —se disculpó Saori—. Simplemente… me sorprende ver a alguien tan gentil como usted perteneciendo a mi orden, y con una madurez excepcional —terminó.
—Ya veo… debo verme como todo un anciano a mis 16 años… digamos que mi corazón es viejo, así como el de usted siempre es joven y hermoso —y Kaus hizo una reverencia—. Me retiro a mi templo. Y mi señorita… para mí… es un honor el ser su caballero. Cuidaré de usted con mi vida —y Kaus sonrió, y se retiró—. Nos veremos luego, Deneb —sonrió Kaus.
—Así será, Kaus —prosiguió Deneb, y entonces observó a Saori—. ¿Vio a alguien familiar? —y Saori asintió—. Yo no lo reconozco la verdad, ni intento hacerlo. Eso es lo que hace a la reencarnación tan interesante, el brindar oportunidades. Por la forma en que usted lo miró, yo pensaría que es un ser malévolo, que en el pasado le deseó el mal. Pero a mis ojos… es un aliado, y mi mejor amigo… —y Saori comenzó a comprenderlo—. Pero ahora le pregunto. ¿Es muy diferente Kaus… de quien fue Lino? —y Saori lo pensó.
—Sinceramente… tengo muy vagos recuerdos al respecto… no era yo misma en ese entonces… —se sentó Saori en las escalinatas, y Deneb se sentó junto a ella mientras ambos miraban a Kaus retirarse—. Lino era un enemigo, un Ángel al servicio del sol anterior. Pero… recuerdo… que era gentil, inteligente, muy maduro. Peleaba con una convicción diferente a la malicia, no era en realidad malo, solo… leal a sus convicciones… —y Deneb sonrió.
—Acaba de describir perfectamente a mi amigo Kaus —explicó Deneb—. Saori… en mi anterior encarnación… tengo vagos recuerdos de alguien a quien Shura de Capricornio llamaba su hermano de cosmos… —y Saori asintió—. Pudiera investigar mi vida pasada, y averiguar quién era ese hermano de cosmos. O podría investigar sobre Lino. Podría alegrarme o decepcionarme por lo que descubriría pero, no trataría a Kaus diferente. Su esencia es la misma. Tal vez Kaus fue un genocida en su vida pasada, podría serlo también en esta, nadie lo sabe pero… la reencarnación… es otra oportunidad… tal vez en esta encarnación, si su esencia es en verdad pura, quiera reivindicarse. El cuerpo cambia, el corazón cambia, pero el alma, siempre es la misma, y el alma se mancha y se limpia. Algunas almas fuertes, siempre permanecen igual… otras, que murieron avergonzadas y adoloridas, lo vuelven a intentar… otras, por las condiciones de su vida, pierden el camino, pero al final morirán, y las memorias de todas sus vidas regresarán… hay almas, como la mía… que se han fijado un propósito… reencarnar al servicio de Athena por ejemplo… porque son almas con una razón de existir que supera a la reencarnación misma… ¿Antares es así? Piénselo cuidadosamente. ¿Acaso Milo de Escorpio le prometió algo? —y Saori sonrió.
—Prometió… que en todas las encarnaciones… Saori Kido y Milo de Escorpio volverían a encontrarse… volverían a enamorarse… y se volvería a amar… por la eternidad… —sonrió Saori, y Deneb asintió—. ¿Será posible que eso ocurra? —preguntó.
—Nadie lo sabe —explicó el de Capricornio—. Pero… hay almas que están atadas por un delgado hilo escarlata. Un hilo del destino, que con fuerzas mayores a los dioses cumple los caprichos de las almas más fuertes. ¿Tiene confianza en el alma de Milo? —y Saori asintió—. Entonces, el alma de Antares encontrará la forma —y Saori asintió.
—Tengo… una última pregunta… —comenzó Saori, al percatarse de que se hacía tarde, y que el clima comenzaba a empeorar. Se acercaba una tormenta—. En estos momentos… estoy enamorada tal vez por las razones equivocadas… de la persona correcta… sé que suena extraño, pero es la forma en que puedo describir mi situación —explicó Saori—. Me he enamorado de la persona correcta, porque sé que ella es Milo… pero puede que sea la razón equivocada, porque lo veo, y veo a Milo solamente. No puedo ver a Antares Tercero… solo a Milo… ¿estoy… siendo egoísta? Y si me enamoro de Antares Tercero. ¿Estoy siéndole infiel a Milo? —preguntó.
—¿No lo está pensando demasiado? —sonrió Deneb, y Saori no supo qué decir—. Si el alma de ese sujeto es la misma que la de Milo de Escorpio. Seguramente tendrá una vida de duras pruebas, que probablemente lo lleven a la tumba también. Si usted sigue viviendo, lo volverá a encontrar múltiples veces, él seguirá reencarnando, no es un dios que al morir reencarna nuevamente y conserva todas sus memorias pasadas, es un mortal cuya alma es reciclada, y vive incontables vidas. Si el alma busca unirse nuevamente a otra alma con la que está destinada, ¿no sería egoísta negarle la oportunidad? —y Saori asintió—. Si a mí se me prohibiera convertirme en el Caballero de Capricornio… no me sentiría completo… puede que ya haya ocurrido antes… viviría… una existencia vacía hasta volver a morir, y volver a nacer, para volverlo a intentar… usted dígame, señorita. ¿Es eso infidelidad? ¿O la mayor de las paciones que permite a un alma seguir reencarnando, y seguirla buscando? —comenzó a llover en ese momento, y las gotas de lluvia hacían ecos hermosos con la Armadura del Caballero de Capricornio. Saori se mojaba también, pero estaba feliz. Las explicaciones de Dened a su manera habían sido reconfortantes—. ¿Cuál es su conclusión? —preguntó.
—Concluyo… que debo atesorar mis memorias con Milo de Escorpio… y disfrutar de las nuevas con Antares de Escorpio… —sonrió Saori, y Deneb asintió—. Por cierto… eres más flexible que los cara dura de Agamenón, El Cid y Shura. Cuida bien de mí —sonrió Saori, y Deneb asintió—. ¿Te molesta si te hago otra pregunta? —y Deneb movió su cabeza en negación—. Fuiste entrenado en el castillo Hesintein. ¿Eres algún familiar de los Heinstein? —y Dened volvió a sonreír.
—Soy el prometido de una egocéntrica niña rica daltónica. Aunque ella solo tiene 7 años —y Saori sonrió, y vio la mano de Deneb, encontrando un hilo rojo de cosmos que solo ella podía ver—. ¿Por qué lo pregunta? —preguntó Deneb.
—No hay razón —sonrió Saori, viendo su mano, y viendo un destello escarlata que parecía dirigirse a la Casa de Escorpio—. Solo pensaba… que en esta era soy mayor que Pandora. Aunque técnicamente puedo tener la edad que yo quiera, sería lindo ver a una Pandora tan pequeña —y Saori salió de la Casa de Capricornio.
—¿Pandora? —sonrió Deneb—. No tengo idea de su nombre aún. Pero… será interesante conocer a esa niña —y Dened miró las estatuas alrededor de su templo, sintiéndose orgulloso, de todas sus encarnaciones anteriores.
Casa de Escorpio.
En la Casa de Escorpio, Antares elevaba su cosmos mientras la lluvia lo golpeaba. Su armadura resonaba con las gotas de lluvia, pero a pesar de las inclemencias del clima, se negaba a dejar su entrenamiento a un lado.
—¡Me volveré más fuerte! ¡Sobrepasaré a Milo de Escorpio! ¡Aguja Escarlata! —lanzó destellos escarlatas por los cielos, que iluminaron el firmamento bellamente—. ¿Por qué tiene que ser tan bella en inocente? Es un fastidio. ¡Aguja Escarlata! —volvió a gritar, y un destello de luz atrapó su aguja, y la redirigió a Antares, que la evadió a duras penas.
—Te has vuelto muy fuerte, Antares —sonrió una mujer, envuelta en una capucha negra, y cargando una sombrilla de tela sobre ella. Antares la miró, y sonrió—. Fue muy problemático llegar hasta aquí. Espero que no te moleste que haya venido a visitarte. Me sentía algo sola en Arles, y Oceanía era muy peligrosa para una delicada flor como yo —y Antares se lanzó a ella, y la abrazó con fuerza—. ¡Uff! ¡Tranquilo, Antares! —sonrió la mujer.
—Te he extrañado… madre… —y Eurifasea, la madre de Antares, sonrió agradecida—. ¿Qué haces aquí? Sé que no te he visto en 6 años desde que me convertí en el Caballero de Escorpio pero… estás en el Santuario… —y Eurifasea asintió—. ¿Vas a quedarte? —preguntó.
—Te distraería, ¿no crees? —y Antares se ruborizó un poco—. Malvado hijo, tenías que decir que no —y Antares se sobresaltó—. Vine… porque sentí que tenías dudas sobre quién eres… —y Antares se sobresaltó—. Una madre sabe —declaró Eurifasea antes de que Antares pudiera quejarse.
—No… independientemente de si es intuición maternal. No hay forma posible de que pudieras saberlo a menos que me estuvieras observando de alguna forma —y Eurifasea sonrió, y miró al cielo, Antares de inmediato miró también—. ¿Qué buscas, madre? Está muy oscuro. La luna no brilla esta noche —explicó Antares.
—La luna brilla siempre, brilla donde estés, Antares —sonrió Eurifasea—. Extrañamente, siempre que te lo digo no hay luna en el cielo. Me preguntó por qué —sonrió, y Antares no comprendía la felicidad de su madre—. Solo viene a decirte… que sin importar lo que puedan pensar los demás. En esta vida eres mi hijo, y tienes una madre que te ama y te mira todo el tiempo, y un padre que también te ama. No nos importa quien fuiste en otra vida. Solo nos importa quién eres hoy. Eres mi hijo, Antares Tercero. Y estoy seguro, de que tendrás una vida larga y feliz —y Eurifasea le besó la frente a Antares—. No olvides… que lo que realmente importa… es tu corazón… ese no puede cambiar, por más veces que reencarnes —y Antares se sobresaltó por esas palabras, parpadeó, y su madre ya no estaba frente a él.
—¿Madre? —preguntó Antares, miró en todas direcciones, pero no encontró a su madre en ningún lado. Extrañamente sin embargo, una tenue luz parecía rodearlo, como si lo abrazara. Antares miró al cielo entonces, y la luna, parecía sonreírle—. ¿Qué Espectros está pasando? —preguntó Antares—. ¿Habrá sido un sueño? —se preguntó nuevamente, y colocó su mano donde su madre lo había besado—. ¿Cómo es que jamás veo a mi madre y a la luna en el mismo lugar? —se preguntó.
Coliseo de Leo. 10 de Septiembre de 140 N.G.
—Ahora que las lluvias han terminado, es momento de que el último de los 12 Caballeros Dorados sea elegido —anunció Shaula, la Matriarca del Santuario—. La Armadura de Leo, se le entrega al campeón de un torneo de 1,000 aspirantes. Solo quien posea el cosmos más alto podrá llamarse merecedor del derecho a vestir esta armadura. Una vez se haya declarado al nuevo Caballero Dorado de Leo, la Orden Dorada se reunirá en el Templo de Athena, para de esta forma volver a presentar a la diosa frente a su pueblo —y todos los presentes en el coliseo se impresionaron—. Han oído bien, Athena… volverá a caminar entre los mortales —y la alegría imperó, y Saori, sentada en las gradas con la capucha tapándole el rostro, se ruborizó un poco—. Que pasen los concursantes —anunció Shaula, y las 2 puertas metálicas del coliseo se abrieron, por una entró Alios, orgulloso, aunque al parecer herido, lo que sorprendió a Saori. Y por la otra puerta salió un Caballero de Plata, de cabellera larga y marrón, vistiendo al Centauro—. Asterión de Centauro, General de Plata —presentó Shaula, y todos le aplaudieron—. Y Alios el aspirante nacido en Arles. Hijo de Phoibe, la Titánide del conocimiento y Ceo, el Titán del Intelecto, por sangre un Titán —y todos en el coliseo se impresionaron por la presentación.
—¿Un Titán? —se impresionó Saori por la revelación. No se explicaba el cómo la reencarnación de Aioria había nacido con sangre titánica en sus venas—. No es posible… un Titán… esto… es increíble… —continuó Saori.
—Así que un Titán —se sentó Antares junto a Saori, impresionando a la joven—. Ese sujeto… es increíble… aunque ser un hijo de Titanes no te convierte en un ser de su misma fuerza. Los Titanes murieron en la Nueva Titanomaquia, sus Dunamis se perdieron. Lo único que se gana al ser un Titán es la longevidad. Si no lo matan… podría vivir cientos de años —y Saori observó a Milo fijamente, y en sus ojos, vio un par de destellos, uno dorado y uno azul, un sol y una luna.
—¿Hyperión y Theia? —preguntó Saori, y Antares se impresionó y la miró fijamente—. Eres… hijo de Hyperión del sol, y de Theia de la luna… —susurró Saori, y Antares parpadeó en un par de ocasiones—. Eurifasea… es otro nombre de Theia… —le explicó Saori—. Tus padres solo se conocen una vez cada 2 años porque solo durante los eclipses sol y luna están juntos… eres… un Titán también… —y Antares fue incapaz de poner atención, tan solo miró a Saori, intentando saber si mentía o no.
—¡Comiencen! —gritó Shaula, y Alios y Asterión se lanzaron el uno contra el otro, se golpearon los rostros, y una onda de choque liberó fuerzas de cosmos por todo el coliseo. Pero Antares tan solo bajó la mirada, incapaz de seguir mirando. La revelación le había afectado.
—¿Qué hace ese imbécil? ¿No está mirando? ¿Me maté entrenando bajo la lluvia por 5 días por esto? —se quejó Alios, y Asterión lo lanzó con fuerza por todo el coliseo—. Este sujeto… es muy fuerte… —sonrió Alios—. Era de esperarse de un Caballero de Plata, o mejor dicho… de un general —sonrió Alios.
—Búrlate todo lo que quieras, príncipe de Arles —y Aioria sonrió—. Nacido de Phoibe y Ceo, de los Titanes regentes de Arles. Eso te convierte en el heredero al trono de Arles. ¿Por qué compites por la Armadura Dorada entonces? —preguntó Asterión, y Antares alzó la cabeza un poco para escuchar la respuesta.
—Soy un Titán y un príncipe —escupió sangre Alios al suelo por el tremendo golpe que había recibido de Asterión—. Pero los hijos de los Titanes no somos invencibles. Somos simples mortales. Has sacado mi sangre de mi cuerpo como prueba de ello —sonrió Alios.
—Puedo verlo —habló Asterión, cruzándose de brazos—. ¿Entonces la ventaja de ser un Titán es solo en longevidad? —y Alios asintió—. Me habías preocupado, principito. Lo que me lleva a mi segunda pregunta. ¿Por qué un príncipe que todo lo tiene, desea vestir de dorado? —preguntó Asterión.
—Hay varias razones, una de ellas es que mi madre Phoibe piensa que soy un cabeza hueca y me tiene estudiando todo el tiempo… es muy molesto… todo lo que aprendo se me olvida en menos de unos minutos —y todos en el coliseo se burlaron—. La segunda razón… es porque los Titanes se levantaron en contra del Olimpo por amor a los humanos… y fueron derrotados… los humanos entonces los perdonaron, y los aceptaron como sus dioses a pesar de ser Titanes… yo… nací y crecí educado por Titanes, y siento un profundo amor por los humanos. Deseo protegerlos como mi padre y mi madre. Y aún si no soy invulnerable. Mis colmillos están bien afilados. Vestiré de dorado, enorgulleceré a mis padres y protegeré a Athena —y Asterión se impresionó, e igual lo hizo Antares—. La tercera razón es porque ser un príncipe es muy aburrido —y la imagen que todos se habían formado de Alios se desmoronó, pero Antares se rio con fuerza, sorprendiendo a Alios—. ¿De qué te ríes, ponzoñoso? —recriminó.
—Gato torpe… no puedo creer que siendo tan descerebrado… digas cosas tan sabias —sonrió Antares, aunque Alios notó que estaba un poco entristecido—. Anda… Titán… ve por tus bigotes… yo sé quién ganará esta batalla de todos modos —sentenció Antares, poniéndose de pie, y dejando el coliseo. Saori lo observó preocupada, se paró también, y fue tras él.
—¿Dices todo eso y aun así no verás mi combate? ¡Maldito Escorpión! ¡Me molestas mucho! —y Alios miró a Asterión—. Anda pony, bailemos —y Asterión enfureció, se lanzó en contra de Alios con su puño envuelto en llamas, pero el joven evadió con el suyo envuelto en relámpagos, e impactó el pecho de Asterión con fuerza, cuarteando su armadura con el terrible golpe—. Maldición… yo quería presumirle mi fuerza… ¡Antares tonto! —gritó Alios, mientras seguía combatiendo a Asterión.
Senda a Casa de Cáncer.
—Antares —gritó Saori mientras Antares bajaba por las escalinatas en dirección a Cáncer, pero viraba, se alejaba del sendero, y encontraba un claro como un pastizal, pero con la tumba de los caídos—. Antares… ¿estás bien? —preguntó Saori.
—Acabo de enterarme de que mi vida fue una mentira… ¿cómo crees que me siento? —mencionó Antares, sentándose en el pasto, y mirando el Anillo Medio que se mostraba a lo lejos—. Mi madre es una Titánide… y mi padre, un Titán… no me molestaría si tan solo me hubieran contado la verdad. Pero ahora… no sé qué pensar. ¿Cómo debería comportarme al descubrir mi procedencia? —se preguntó Antares.
—Sé que tal vez no te ayude mucho que lo mencione… pero entiendo el cómo te sientes… —y Antares desvió la mirada, sintiéndose molesto—. Por favor no te molestes por lo que voy a decir… pero… cuando tenía 10 años… realmente 10 años… —se apresuró a decir Saori al recordar que tenía 150 años de existencia—. Descubrí que no era una simple niña que vivía en el Santuario… y quien a los 6 años fue aceptada como escudera de… —y Antares bajó la mirada—. Lo siento… —interrumpió—. Lo que trato de decir… es que viví 10 años sin saber que era una diosa, y repentinamente, tenía a 12 Caballeros Dorados sirviéndome. Fue algo… indescriptible… —aceptó Saori, y Antares asintió—. Cuando me contaron la razón de mantener el secreto, la cual era que mis caballeros tuvieran una fe ciega en Athena, y al mismo tiempo darme una lección de humildad… me sentí aliviada… aunque no menos estresada… —sonrió Saori—. Además… ser un Titán no es tan malo… es mucho menos estresante que ser una diosa, y además la única diferencia es que vivirás más tiempo —sonrió Saori.
—Mi padre es el sol… mi madre la luna… —habló Antares, y Saori no comprendió el problema—. Las noches sin ver a mi madre… los años sin ver a mi padre… fui fuerte al respecto, sin saber que ellos me miraban todo el tiempo… no estoy molesto, ni estoy preocupado… simplemente… ¿por qué no fueron sinceros conmigo? —y Saori se preocupó un poco.
—No será porque fuiste el asesino de tu padre… —susurró Saori para sí misma, y Antares la miró curioso—. No es nada… —se apresuró a decir, y tembló un poco intentando corregir—. A-a-al menos conociste a tu madre… y ella cuidó de ti… el día que conocí a mi madre… Metis… no pude reconocerla —recordó Saori a Metis, el día en que Milo la enfrentó—. Y mi padre… tuve que convertirme en su asesina… no disfruté del calor de ser una hija… aunque… desde temprana edad ya tenía a mi propia familia… —susurró para sí misma—. Yo creo… que es hermoso que en esta era tengas a un padre y una madre… y que ellos te amen tanto… ¿no lo crees? —preguntó Saori, su sonrisa contagiando a Antares, que sonrió agradecido—. ¡Además eres el Titán más lindo que conozco! —y Antares se sobresaltó, y Saori comenzó a burlarse.
—Eso es porque no conoces a suficientes Titanes —escucharon una voz femenina, y el par desvió la mirada a una tumba hermosa, adornada como una piedra rúnica—. Antares de Escorpio es hijo de Hyperión del Sol y Theia del Brillo. Alios de Leo es hijo de Ceo del Intelecto y Phoibe del Conocimiento, pero no son los únicos Caballeros Dorados que son hijos de Titanes —y Antares se puso de pie, al igual que Saori, y comenzaron a caminar hacia la piedra rúnica tras la cual escuchaban esas palabras—. Hydor de Acuario es hijo de Okeanos de los Océanos y Tethys de los Ríos. El joven de Aries, Argos, es hijo de Kreios de los Astros y la oceánida Euríbia. Iapeto de la Dimensión y Themis del Orden son padres del Caballero de Libra, Pirro. Y Cronos, señor del Tiempo y el Inframundo, y Rea la soberana de las Bestias, también tienen un hijo, el Caballero de Tauro. Sin olvidar que la más hermosa de todas las Caballeros Dorados es la mortal pero hermosa Antonella, hija de Mnemosyne de las Memorias y pues… un Juez del inframundo —terminó una niña, de cabellera rosada y corta envuelta en un par de coletas largas, y vistiendo la Armadura de Cáncer. Su edad apenas llegaba a los 12 años, igual que Saori—. Un placer conocerte… primo… —sonrió.
—¿Primo? —se preguntó Antares, y comenzó a hacer las conexiones de todo lo que Antonella había dicho—. Espera… eso significa que los Caballeros de Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Libra, Escorpio y Acuario… ¿somos primos? —y la niña asintió, y abrazó a Antares—. ¿Qué diantres… está pasando aquí? —se preguntó Antares, y Saori ya no sabía qué pensar.
—Es una nueva generación, en la cual los Titanes han puesto toda su esperanza. Han enviado todos a sus hijos al servicio de Athena, es un placer conocerla, mi diosa —se arrodilló Antonella, y Saori no supo cómo dirigirse a ella—. Tiene un rostro hermoso… justo como mi padre me lo comentó —y Saori se sobresaltó—. Solo el verlo invita a querer apropiarme de él. El hermoso rostro de Athena —y Saori se escondió detrás de Antares.
—Espera… hija de Mnemosyne de las Memorias y un Juez del inframundo… —y Saori se sorprendió—. ¿Eres la hija de Mephisto, mi primer Caballero de Cáncer en esta encarnación? —y Antonella hizo una reverencia—. Eligió un nombre bastante peculiar… Antonella… aún me cuesta creer que seas su hija y de Mnemosyne —se sorprendió Saori.
—Tengo lo mejor de ambos. El sadismo y crueldad de mi padre —habló Mnemosyne, mirando a Saori fijamente, y Antares instintivamente se puso frente a Antonella, protegiendo a Saori—. Y la ternura y fragilidad de mi madre. No te enojes conmigo primo mío. Soy tu frágil y bella primita menor, cuida de mí por favor —y Antares colocó su mano sobre la frente de Antonella, y la empujó lejos de él—. Que cruel, primo… y yo que tenía muchas ganas de conocerte —y Antares se fastidió.
—¿Cómo quieres que te trate como mi familia si hace menos de 5 peldaños que te conozco? ¡No es posible que me esté pasando esto! ¡Años solo conociendo a mi madre para percatarme de que sorpresivamente tengo 6 primos y 11 tíos! —y Saori bajó la mirada, sintiéndose horrorizada—. ¿Señorita, qué le pasa? —preguntó Antares.
—No es solo… que acabo de tener una horrible revelación… —y Antares parpadeó un par de veces—. Si son los hijos de los Titanes… y ellos son mis tíos-abuelos… eso significa que ustedes son… ¿mis tíos? —se horrorizó Saori, y Antares comprendió las conexiones familiares que hacía Saori—. ¡No es posible! —gritó, apuntando principalmente a Antares—. ¡No lo acepto! ¡Simple y sencillamente no podemos ser ese tipo de familia! ¡No puedes ser mi tío! —lloró Saori.
—Señorita… eso en verdad no tiene importancia —mencionó Antares, y Saori esperó su explicación—. Bueno… los cuerpos originales de los Titanes fueron destruidos por los primeros Caballeros Dorados de su actual encarnación. Solo sus almas son las mismas, el cuerpo es diferente. Así que la sangre que corre por los cuerpos de los Titanes ahora no es la misma que la que corre por su sangre, señorita —y Saori comenzó a comprenderlo—. Además… han existido por miles de millones de años, y usted ha reencarnado desde hace miles de años… definitivamente a pesar de que suene que tenemos parentesco, mi único parentesco directo es con ella y los otros 5 por ser descendientes directos de la misma generación de Titanes en el mismo lapso del tiempo y con los mismos cuerpos reconstruidos. Poniendo en consideración todo esto… no estamos emparentados en absoluto —y Antonella se lanzó a Antares y lo abrazó con fuerza—. ¡Tristemente con ella si lo estoy! —se fastidió.
—Pero aun estando emparentados a los dioses y los Titanes no les importa mucho ese tipo de parentescos. Tus padres por ejemplo son hermanos —y Antares se sobresaltó por la sombría revelación—. Así que, puede que a mí no me interese ser tu prima… eres muy guapo… —sonrió Antonella, y entonces sintió que le jalaban la coleta—. ¡Ow! ¡Princesa Athena! —se quejó Antonella, soltando a Antares.
—Por favor… no más malentendidos entre familiares… —intentó decir calmadamente, aunque la verdad era que estaba sumamente molesta por los acercamientos de Antonella a Antares—. ¿Entonces no estamos emparentados? Que alegría… comenzaba a sentirme sumamente conmocionada por la noticia… —pero entonces Saori miró a Antares fijamente—. Aunque… me alegró bastante lo rápido que nos des-emparentaste… me hizo muy feliz… —y Antares se sorprendió por ello.
—No… es solo… a decir verdad… —se ruborizó Antares, y al no saber qué decir, le dio la espalda a su diosa, que se burló por la vergüenza de su caballero, quien entonces escuchó unas campanas provenientes del Anillo Medio, que llamaban al pueblo a reunirse en Palestra, Antonella sonrió al escuchar las campanadas, y abrazó el brazo de Antares.
—¡Es hora de reunir a la Orden Dorada! —se alegró Antonella—. Conoceremos a nuestros otros primos. ¿No es emocionante? —y Antares se fastidió por los comentarios de Antonella, pero no podía quejarse de la niña por su entusiasmo.
—Más importante que conocer a los familiares que no sabíamos que teníamos, hoy es el día en que por fin el pueblo de Atenas volverá a ver a su diosa —explicó Antares, y Saori sonrió—. Nos vamos, señorita —y Saori le tomó la mano a Antares, que se avergonzó—. ¿Señorita? —preguntó Antares.
—Hace tiempo… que no estoy rodeada de tanta gente… me da algo de miedo… —y Antares se ruborizó por el repentino cambio de personalidad de Saori—. ¿Podría… tomar de tu mano para tomar valor? No es una orden de tu diosa… es una petición…—y el corazón de Antares no pudo evitar acelerarse. Aquel movimiento de Saori, lo había hecho con pena y vergüenza, como una súplica por aceptación. Era diferente del cómo se había comportado Saori antes, dando por hecho que Antares era la reencarnación de Milo de Escorpio y que por ello debía ser amada por él. Esta vez, la vergüenza y prudencia de Saori significaba admiración y deseo más que exigencia, y aquello alegró a Antares.
—Por supuesto… Saori… —y Saori sintió su corazón sobresaltarse. Era la primera vez que Antares se dirigía a ella como Saori sin sentirse obligado a llamarla así. Era un sentimiento diferente, Saori seguía viendo a Milo en Antares, pero en ese momento, era como si hubieran vuelto a empezar, y como si Milo intentara volver a cortejarla, a su modo muy particular—. Pero solo hasta salir de las 12 Casas. Es una diosa, y no debe brindarle un trato especial a ninguno de sus Caballeros Dorados. Soy primero su caballero… después… supongo que su amigo… —mencionó Antares.
—Ese supongo fue muy frio… Antares… —se quejó Saori—. Pero podemos empezar así… —y Antares asintió, ya más tranquilo, y comenzó a guiar a Saori mientras una celosa Antonella miraba a Saori con desprecio—. ¿Anto... nella? —preguntó.
—Tsk… tiene ventaja por ser una diosa… me siento tan ignorada… pero ella es muy linda… —susurró Antonella para sí misma, pero Saori la escuchó—. Señorita Athena —corrigió el rumbo de la conversación Antonella—. Hoy… los Caballeros Dorados le juraremos lealtad… nos convertiremos en su esperanza —y Antonella sonrió, y Saori sonrió también.
Anillo Medio. Palestra.
—¿Ya han llegado todos los Caballeros Dorados? —preguntó Hécate a Shaula y a Kiki mientras ambos esperaban en la sala de espera que daba al patio donde estaba reunida toda Atenas. Patriarca y Matrialca estaban ambos presentes para la ceremonia que había de comenzar—. ¡Estoy tan emocionada! ¡Ya quiero que empiece la ceremonia! —se alegró Hécate.
—Hécate… eres la directora de Palestra… compórtate a la altura de tu título… —reprendió Kiki, y Hécate se aclaró la garganta, y se paró con solemnidad—. La postura no me preocupa… me preocupan los harapos que siempre llevas puestos. ¿No puedes usar algo más formal? —recriminó Kiki.
—Soy la Titánide de lo Oculto, obvio que tengo que vestir como dicta mi dominio —y Kiki lo negó con la cabeza—. He sido directora por casi 100 años. Pandora que en paz descanse se retiró para disfrutar los últimos años de vida de su marido. Desde entonces todas las ceremonias las he dado en estos harapos —apuntó Hécate.
—¡Le ha dado muy mala imagen a Palestra es lo que ha hecho! —reprendió Shaula—. Los aspirantes a caballeros ahora prefieren las escuelas de Arles en Lemuria para ser merecedores a una Armadura de Bronce. Y si Atlantis no fuera la cuna de la Plata donde entrenamos a los caballeros de ese nivel, seguro recibiríamos comentarios negativos de ellos sobre los entrenamientos de Palestra. Tómese su título con más seriedad —reprendió Shaula.
—¿Cuándo me he tomado algo con seriedad? Si no lo he hecho desde hace miles de años, ¿por qué empezar ahora? —y Shaula se molestó—. Los Leo son en verdad nobles. Queriendo que todo sea lo más presentable posible. Ikki solía reprenderme todo el tiempo también —recordó Hécate a su marido—. Hasta los más rudos deben divertirse de vez en cuando. Pandora era muy estricta. Pero si en verdad quieren a una directora más seria, se las daré —y la túnica de Hécate se transformó en un bello vestido azul marino frente a los ojos de Shaula y Kiki, que se mostraron incrédulos—. Soy una hechicera. No lo olviden —sonrió Hécate, y el trio entonces vio a Saori entrando en la habitación, con Antonella y Antares por escolta.
—Lamento la tardanza —se disculpó Antares, y entregó a Saori a Shaula y a Kiki—. Con su permiso, nos prepararemos para la ceremonia —agregó Antares, y comenzó a retirarse, aunque Saori se despidió de él con la mano, sonrojando a Antares, que intentó controlarse y salió a la recepción seguido de Antonella, más recién cruzó el marco de la recepción, cuando Alios golpeó la nuca de Antares con fuerza—. ¿Qué Espectros te pasa? —gritó Antares.
—¡Cierra la boca, escorpión ponzoñoso! —le gritó Alios—. ¿Cómo te atreves a sermonearme sobre grandeza y nobleza y después me dejas solo en mi combate? —continuó recriminando Alios, y Antares lo vio vistiendo a Leo, y con el cuerpo lleno de quemaduras—. ¡Asterión no fue un rival fácil! ¡En verdad quería la Armadura Dorada! —se quejó Alios.
—¡No podría importarme menos! ¡Asterión era un mejor candidato que tú, gato torpe! —gritó Antares, y ambos pegaron frentes, empujándose el uno al otro. Pero Hydor de Acuario jaló a Antares lejos de Alios, y Antonella de improviso abrazó a Alios, que se sobresaltó.
—Antares… no es prudente dejarte llevar por comportamientos tan infantiles —recriminó Hydor de Acuario, mirando a Alios de forma sombría, pero más impresionado por la niña que Alios intentaba quitarse de encima—. ¿Quién es ella? —preguntó Hydor.
—No te preocupes, primo Hydor —mencionó Antonella—. Cuando termine de abrazar a nuestro primo Alios seguirás tú —y Hydor alzó una ceja en señal de curiosidad, y Antares se golpeó el rostro con la palma abierta, y jaloneó a Antonella lejos de Alios, que se sentía en extremo avergonzado—. ¿Primo Antares? ¿Estás celoso? —se alegró Antonella.
—¿Quieres dejar estas tonterías del primo a un lado? Somos Caballeros Dorados, tenemos que comportarnos como es prudente —la reprendió severamente Antares—. A partir de hoy, nos presentaremos ante toda Atenas al servicio de nuestra diosa. Y como la esperanza de Athena tenemos que actuar con la seriedad debida. Compórtate a la altura de tu rango, Antonella —y Antonella no pudo evitar sentirse regañada—. En mi caso… también te debo una disculpa, Alios —y Alios se sorprendió—. Si vistes esa armadura, es porque te has ganado tu melena. Puede que discrepamos en muchas cosas, pero somos compañeros en armas. Y debemos confiar el uno en el otro —se paró Antares frente a Alios, que lo observó con curiosidad—. Haré lo posible, por ser tolerante de tu personalidad tan explosiva —y aquello molestó a Alios un poco, pero enorgulleció a Hydor. Pero el grupo entonces escuchó los aplausos sarcásticos del Caballero de Libra, un joven de cabellera rubia, ojos azules, y de 13 años de edad que se encontraba junto a los Caballeros de Tauro y Aries.
—Un discurso conmovedor… pero poco convincente… —habló el de Libra, que se acercó a Antares y lo miró fijamente—. La verdadera razón detrás de la lealtad a los dioses es la de encontrar la gloria. El auto sacrificio en el nombre de Athena es inútil, y solo te llevará a una tumba por la cual no serás recordado —prosiguió el arrogante de Libra.
—¿Y quién eres tú que te atreves a seguir a Athena solo por tu gloria personal? —se quejó Antares—. Te advierto, que en el nombre de la señorita, no permitiré que se haga la voluntad ajena. Desde el momento en que aceptaste la Armadura de Libra, renunciaste a tu vida para vivirla por Athena —sentenció Antares.
—Pirro de Libra —se burló el Caballero del Equilibrio—. Estoy consciente de la importancia de los Caballeros Dorados. Servir a Athena, gustoso ofreceré juramento, pero en batalla pretendo ser el más fiero, el héroe entre los héroes, el verdadero y único protector de Athena. La gloria será mi mayor motivación —insistió.
—¡La gloria no es nada sin el deber! —se quejó Alios—. Por más que me moleste ponerme del lado de este ponzoñoso, al prestar juramento, adquiriremos un deber a con nuestra diosa y a con la humanidad —insistió Alios—. Nuestras vidas ya no son importantes. Solo importa la diosa Athena, y por ella, combatiremos incluso a los demonios del Tártaros —sentenció Alios.
—¿Qué harás? ¿Lanzarte a los puños contra los dioses? ¡JA JA JA JA! —se burló el Caballero de Tauro, de al menos unos 16 años, era alto, fornido, y de cabellera castaña oscura—. No hay nadie más fuerte que Hércules de Tauro. Un debilucho como tú no podría siquiera compararse con mi fuerza. Admítelo, mocoso, estás fuera de tu liga —y Alios enfureció, pero sorpresivamente, Hydor lo defendió.
—Alios puede ser un cabeza hueca, eso al menos lo admito —comentó Hydor, molestando a Alios—. Intento defenderte a mi manera, Alios, solo calla —y Alios asintió—. La fuerza, no gana batallas. Las gana el intelecto, el valor, y la determinación. El trabajo en equipo es indispensable. En lugar de criticar al prójimo, deberías brindarle tu apoyo y ayudarlo a superarse, grandulón cabeza hueca —apuntó Hydor, y Alios sonrió.
—Y supongo que recurrir a los insultos es muy maduro —habló el de Aries—. La disciplina, dentro y fuera de la batalla, es la fuerza verdadera. El cosmos de ustedes 3 no es tan alto como el del Caballero de Libra, o el de Tauro, ni se compara al mío, Argos de Aries —se presentó el joven—. A ustedes les hace falta disciplina en el entrenamiento. Libra y Tauro se han entrenado arduamente para lograr su nivel. Analiza bien tus palabras antes de refutar sobre el intelecto y el valor. Si tu cosmos no es suficientemente alto, te extinguirás aún si cuentas con ambos atributos —y en cada esquina del recinto, 2 tercias de caballeros se miraban fijamente, enfurecidos. Antonella los observaba a todos detenidamente, y sonreía.
—Entonces ya estamos juntos todos los primos —y todos la miraron, mientras la de Cáncer se cruzaba de brazos de forma arrogante—. Los que estamos aquí presentes, somos todos hijos de Titanes. Somos familia —y el grupo intercambió miradas, se fastidió, y se dieron la espalda—. Si serán cabezas huecas. Todos somos hijos de Titanes.
—Ese parece ser tu punto de vista —habló Kaus de Sagitario, llegando junto a Antonella, tomando su mano, y besándola con gentileza—. Kaus de Sagitario a sus servicios, mi bella dama —y Antonella hizo una reverencia, agradecida por las atenciones, pero Antares le jaló el brazo, alejándola del de Sagitario.
—Sé que me pediste comportarme pero. ¡En verdad me siento tan feliz por los celos de Escorpio que te invitan a ser sobreprotector de tu hermosa prima! —se alegró Antonella, y Antares se fastidió por su actitud.
—No lo hago por ti, tonta —aclaró Antares—. Estoy salvando a Kaus de Sagitario de tus perversos acercamientos —y Antonella se sintió insultada y se cruzó de brazos, mientras Deneb llegaba, y se sentaba en un sillón en silencio esperando a que la ceremonia diera inicio.
—Es un grupo muy animado —escucharon la voz de un caballero, que entró en el recinto con una solemnidad que dejó al grupo asombrado. Se trataba del Caballero de Virgo, de cabellera corta y violeta, y que permanecía con los ojos cerrados en todo momento. Al verlo llegar, y sentir su sorprendente cosmos, sellado en sus ojos, el grupo permaneció en silencio—. No parecen listos para convertirse en la nueva Oorden Dorada… incluso Niyat en su infinita imprudencia representaba más solemnidad que este grupo. Les falta mucho por aprender —agregó el de Virgo.
—Es por eso que Mesarthim, la anterior Caballero de Virgo, te ha entregado tu armadura, Espigia —habló Ariadna de Piscis—. Tu madre sabe que se requiere de un liderato firme, y que solo tú quien tienes un cosmos superior incluso al de Mesarthim y tu padre Sargas, puedes mantenerlos al margen. Cuento contigo para educarlos, Espigia de Virgo —reverenció Ariadna.
—No te desacredites, Ariadna —se escuchó la voz del ultimo Caballero Dorado—. De entre los 3, fuiste seleccionada como la generala de las tropas de Caballeros Dorados por tu templanza. Espigia y yo somos demasiado agresivos como para soportar insubordinaciones. Serían severamente castigados por su desobediencia —y el grupo encontró a Crateis, vistiendo la Armadura de Géminis.
—¿El domador del Fénix? ¡Vistiendo a Géminis! —se sobresaltó Hydor—. Solo 3 personas en toda la historia han sido capaces de domar al Fénix… Fénix que compartía el nombre don su armadura, Ikki el Caballero del Fénix de cosmos dorado, y Crateis quien ganó el derecho de vestir al ave inmortal —los admiró Hydor.
—Yo estoy más impresionado por la señorita Ariadna —mencionó Alios, admirando a la de cabello anaranjado—. Al igual que Crateis de Géminis, Ariadna ha tenido una larga vida, pero ha vestido de dorado por más tiempo. Este año se celebra el centenario de su ascensión a Caballero Dorado de Piscis. La Caballero de los 100 años —admiró Alios.
—Pero el cosmos más sorprendente… es el de Espigia de Virgo… —habló Antares—. Jamás había sentido un cosmos así. Espigia de Virgo, es el último hijo de Sargas el ahora retirado Caballero de Acuario, y Mesarthim de Virgo quien recientemente también renunció a su armadura. Antes de vestir a Virgo él era el Caballero de Plata de la Copa, y se dice que gracias al conocimiento de sus aguas tiene dones de premonición —aseguró Antares.
—Los tengo —anunció Espigia—. Más no controlo el cuándo recibiré estás premoniciones. El ver dentro de las aguas de la Armadura de la Copa no solo me dejó ese don, sino que me ha dejado ciego. Pero te he visto, incluso antes de conocerte, Antares Tercero. Sé la pesada carga que te espera como el campeón de Athena. Conozco perfectamente el alma valerosa que tienes, y te advierto, que tu destino no es menos tortuoso que el de tus encarnaciones anteriores. Estás destinado a grandes tragedias, pero también a grandes recompensas. Así será eternamente siempre que tengas la convicción y el deseo de proteger a esa persona que tu alma más ama —apuntó Espigia al corazón de Antares, que no supo cómo reaccionar—. No están listos aún… generala… pero lo estarán más pronto de lo que cree… para cuando Hyperión se haya alzado sobre nuestras cabezas el día de mañana, la esperanza de Athena habrá logrado fortalecerse al nivel de los héroes del pasado —y Ariadna sonrió.
—Entonces, confiaremos en ese futuro, primo Espigia —aseguró Ariadna, y entonces se dirigió a los Caballeros Dorados—. De Aries a Virgo una línea, de Libra a Piscis otra línea. Ha llegado la hora de presentar a la nueva Orden Dorada al pueblo de Atenas —ordenó Ariadna, y todos obedecieron. Todos menos Crateis, que la miraba fijamente—. ¿Vas a darme problemas, cariño? —se burló Ariadna, y Espigia se fastidió por lo que estaba escuchando—. No alcanzarás el nirvana sobreprotegiéndome, primo Espigia —sonrió Ariadna.
—Déjame en paz, budista —anunció Crateis con molestia, y entonces miró a Ariadna—. Les falta mucho entrenamiento a los nuevos Caballeros Dorados. Prométeme que si requieres de mi apoyo, no dudarás en pedirlo —terminó Crateis, y se retiró a su sitio.
—He sido una Caballero Dorado por 100 años, Crateis. Sabes que sé cuidarme sola —mencionó Ariadna, parándose junto a Espigia en paralelo—. Se preocupan demasiado. He combatido a los Caballeros Negros por más tiempo que cualquiera de los aquí presentes —terminó Ariadna.
—Y sin embargo tu esposo, por más desprecio que le tenga, habla con la verdad —mencionó Espigia, sorprendiendo a Ariadna—. El que tu abuelo haya regresado en un nuevo recipiente para su alma, significa que los tiempos de paz han terminado. El cazador regresará a cumplir con su destino… vendrá a cazar a su opuesto perfecto —sentenció Espigia, mientras Shaula y Kiki entraban al cuarto con Saori cargando a la diosa Niké, y la niña miraba a Antares con felicidad, antes de que todos iniciaran el camino a las afueras de Palestra, para regresarles a la diosa a los hombres.
Anillo Inferior. Muelles del Mar Mediterraneo.
—¿Escuchas esa conmoción? —habló uno de los Caballeros de Bronce que vigilaban los muelles, el Caballero de Bronce de la Hidra—. Están presentando a Athena, nuestra diosa ha regresado—se alegró el de la Hidra, pero la caballero que vestía al Unicornio, tenía cabellera larga y cremosa, y no estaba agradecida por la ceremonia de retorno de Athena.
—Anímese, generala Sho —habló otro de Bronce vistiendo al León Menor—. Usted deseaba competir por la Armadura de oro de Escorpio que le perteneciera a su ancestro, Jabu de Escorpio. Pero los de Bronce estamos felices de no haber perdido a nuestra generala. Era muy riesgoso —insistió.
—Nadie más puede liderar a los de Bronce mejor que Sho de Unicornio —se alegró otro de Bronce que vestía al Oso—. El Vikingo estará de acuerdo. ¿Verdad, Fenris? —le preguntó el de Oso al Caballero del Lobo a su lado, de cabellera negra y larga.
—También eres Vikingo, Ulver —se fastidió Fenris—. Pero al igual que la generala Sho, no puedo estar tranquilo… algo está mal… —miró Ulver al mar—. ¡Esto no está bien! ¡Deberíamos llamar a los Caballeros Dorados! —y los de Bronce se sorprendieron.
—¡Suenen la alarma! —ordenó Sho de Unicornio, y los del Oso, la Hidra y el León Menor, no entendieron las razones—. ¡Escuchen a sus cosmos! ¡Algo está terriblemente mal! ¡Lobo! ¡Suena tu cuerno de guerra! ¡Osa Mayor, León Menor! ¡A las murallas del Anillo Principal! ¡Las quiero cerradas! ¡Hidra! ¡Corre lo más rápido que puedas! ¡Dile a los Caballeros Dorados que estamos en guerra! —gritó la de Unicornio, que entonces miró al mar, y en este caminaban 2 figuras—. ¡Háganlo! —gritó Sho, y Fenris resonó su cuerno de guerra Vikingo, mientras los otros 3 de Bronce corrían.
—Así que… la nueva generación de caballeros parece haber agudizado el sexto sentido… sintieron la muerte que se avecina… —habló una mujer vistiendo una armadura negra y brillante, con puntas de lanza blancas, casi plateadas saliéndole de las hombreras, y el emblema del dios de la guerra en su pecho como un cráneo blanco sobre un charco de sangre.
—Mientras más fuerte sea el rival… más fuerte me volveré… Hebe… —habló un inmenso ser en una armadura similar a la de Hebe, pero las puntas de lanza de su armadura eran negras, y vestía un casco de guerrero negro como la noche del cual solo eran visibles sus ojos rojos e intensos, cargaba una lanza oscura en su mano derecha, y un escudo inmenso en el brazo izquierdo—. Habré perdido mi Armadura Divina ante Milo de Escorpio… y habré sido desterrado al Tártaros por 100 años. Pero… he regresado, y no queda rastro alguno de bondad en mí ser. Soy incluso más poderoso que durante la anterior Guerra Santa—. ¡Brotaloigos! —gritó el poderoso ser, y cortó con su lanza las dimensiones, y del interior de su grieta, salieron otros 8 guerreros vistiendo armaduras similares a Hebe, seguidos de al menos 12 caballeros con armaduras de bestias infernales y quienes al parecer habían perdido el juicio, y miles de caballeros vistiendo armaduras negras. Los Caballeros Negros.
—¡Son demasiados! ¡Repliégate a las murallas antes de que se cierren! —gritó Sho, y el del Lobo asintió, y ambos comenzaron a correr en dirección a las murallas, que se cerraban. Nadie los siguió. Y los de Bronce entraron al Anillo Principal a tiempo, y los soldados del Santuario que escucharon el cuerno de guerra, prepararon sus armas.
—No hay muralla que pueda soportar mi poderío —habló el guerrero de armadura negra y ojos rojos—. ¡Soy Ares! ¡El dios de la Brutalidad en la Guerra! ¡Y este es mi poder! ¡Alala! —gritó Ares, y su grito desató una fuerza de cosmos tremenda, que golpeó la muralla, rompió sus puertas, y derribó a varios soldados, algunos de los cuales cayeron muertos—. ¡Mátenlos a todos! —gritó.
—¡Muro de Cristal! —resonó un grito, y un muro tornasolado rodeó a toda Atenas, impidiendo que alguien entrara o saliera—. Ha pasado mucho tiempo… Ares… —sonrió el dueño del muro, que se quitó su capucha negra, y miró al dios de la Brutalidad en la Guerra con una sonrisa desde el otro lado del muro—. Me temo, que simplemente no puedo permitir una masacre. Sería muy duro para la nueva generación, que en el día del regreso de Athena su pueblo fuera abatido por tantas muertes. Daré hasta la última flama de mi cosmos, por acortarte el tiempo —sonrió Mu.
—Te recuerdo… Muviano… —habló Ares desde lejos—. Y odio todo lo que representas. ¡Derriben ese muro! —gritó Ares, y los Caballeros Negros se lanzaron en contra del muro.
El Anillo Medio. Palestra.
—Estoy algo nerviosa —mencionó Saori, que por el orden del acomodo de los Caballeros Dorados, había terminado don Hércules de Tauro y Antares de Escorpio a izquierda y derecha respectivamente, mientras el grupo miraba las puertas cerradas de Palestra, y escuchaba la ovación.
—Lo hará bien —fue la respuesta de Antares—. Está en tu naturaleza… Saori… sé que lo harás bien —se sonrojó un poco Antares, y Saori le sonrió, y le tomó la mano—. Estamos por salir… si alguien ve esto… —comenzó Antares.
—Ya es un poco tarde para eso… —susurró Kaus de Sagitario, y Antares se percató de que todos los Caballeros Dorados lo estaban observando fijamente—. El jurado guardián de la señorita ha regresado al parecer —sonrió Kaus.
—Qué envidia… —lloró Antonella, mordiéndose la capa del coraje—. Mi primo y la señorita… es… muy molesto… pero esas caras que pone la señorita son hermosas… —continuó llorando Antonella.
—Saben una cosa… se pueden pudrir en el Tártaros todos ustedes… —se fastidió Antares, que miró a Saori, y le apretó la mano con gentileza—. Lo hará bien. Estoy seguro de ello —le sonrió, y Saori se ruborizó, sonrió también, y soltó la mano de Milo con gentileza antes de entrar, seguida de sus Caballeros Dorados, hasta donde estaba su pueblo, que se impresionó al verla.
Hileras de Caballeros de Plata cortaban el paso hasta donde la diosa, no habían Caballeros de Bronce pues los habían asignado a labores de guardia del Anillo Principal. Todo el pueblo estaba reunido, y el escandalo reinaba. Habían venido algunos nobles de Arles, la Capital de Lemuria, y de Poseidónis, la capital de la Atlántida. Todos reunidos por el simple deseo de ver a su diosa, que se posó frente a todos, con Niké en su mano izquierda, y sus caballeros esparciéndose a su alrededor, quedando en medio ella de los Caballeros de Virgo y Libra, y tomando aire para intentar tranquilizarse.
—La esperanza de Athena… ha regresado… —comenzó Saori, con un discurso improvisado—. Aunque sé que todos me ven como su diosa… y piensan que tras 100 años de reinado desde los tristes días de la Gran Marejada… la Conquista de Lemuria… las muertes del Diluvio Universal… la Guerra del Inframundo… y la Masacre de Atenas que duró 9 años… y al final la destrucción de toda Atenas contra los Guerreros del Sol, batalla en la cual saben que fui participe forzada… —entristeció Saori, y su pueblo la miró con empatía—. Me han permitido gobernar… no solo Europa, pero gran parte de Lemuria y la Atlántica a pesar de estar liderados por la Reina Phoibe del Conocimiento y su esposo Ceo del Intelecto en el caso de Lemuria, y Okeanos de los Océanos y Tethys de los Ríos en el caso de la Atlántida, me han jurado su lealtad. Y aun así… por 100 años hemos estado en guerra con los Caballeros Negros de Oceanía… y las guerras siguen y siguen. Actualmente… no queda rastro alguno de la vida antes de la Gran Marejada, y los pueblos de todo el mundo piensan que la guerra es eterna y parte de nuestras vidas… algunos piensan… que con tantas guerras no podremos volver jamás a disfrutar de las maravillas tecnológicas de la era perdida… pero hemos recuperado al mismo tiempo algo más importante… la humanidad… y la esperanza en nuestros corazones… la familia, la amistad, el amor… el heroísmo, el sacrificio, la entrega. Todo esto significa vivir. A pesar de las guerras, y del dolor que causan… seguimos aquí… y les juro que mientras yo viva… y mi esperanza brille como el oro… —lloró Saori, y su pueblo se conmovió—. Me aseguraré de protegerlos… siempre… mis queridos humanos… atesoren la vida… ya que yo vivo… por asegurar que las suyas sean plenas y seguras… y sufriré el precio del sacrificio por el bienestar de la humanidad… —y Saori hizo algo que no se esperaba de ella. Se arrodilló—. Jamás olviden… que ustedes no son mis sirvientes… y que yo vivo… únicamente por los humanos a los que tanto amo… —y los Caballeros Dorados intercambiaron miradas, y el pueblo, aclamó el nombre de Saori, que ya lloraba olvidándose de su madures y se veía exactamente como una niña asustada de 12 años, por lo que Antares se quitó la capa, la cubrió, la ayudó a levantarse, y la encaminó dentro de Palestra a pesar de los gritos en nombre de Saori—. Lo sabía… me puse nerviosa al final… tenía miedo de que me pensaran débil… —expresó Saori.
—Algunos indudablemente lo pensarán. Pero para eso estamos nosotros, para demostrar lo contrario —y Saori asintió—. Hoy mostró algo muy diferente a debilidad sin embargo… demostró humildad. Y por un gobernante humilde… el pueblo le confiará sus vidas a pesar de la guerra. ¿Así ha sido por 100 años, verdad? —y Saori asintió.
—¡Mis señores! —escucharon un grito los Caballeros Dorados, y 3 Caballeros de Bronce entraron, se trataban de Hidra, León Menor y Osa Mayor—. ¡Generala Ariadna! ¡Diosa Athena! ¡Las murallas! ¡El Anillo Principal está bajo ataque! ¡Un ejército de Caballeros Negros, son miles de ellos! —y el pueblo se puso en alerta.
—¡Hidra! —reprendió Ariadna—. ¡No deberías alertar al pueblo de esa manera! ¡Sé más prudente! —apuntó Ariadna al pueblo—. ¡Caballeros de Plata! ¡Los de Bronce están defendiendo el Anillo Principal! ¡Me temo que los necesitaremos ustedes para mantener el orden en el Anillo Medio! ¡Dorados! ¡Por la ceremonia, toda Atenas está reunida en el Anillo Medio, sin mencionar a los embajadores de los países Europeos, Lemurianos y Atlantes! ¡Los 12 Caballeros Dorados, a las murallas! ¡Quiero una brigada de 3 al frente que ataque por fuera de las murallas! —gritó Ariadna.
—¡Antares de Escorpio! ¡Me ofrezco! —agregó Antares, y Saori se preocupó—. ¡Si caigo otros más capaces podrán defender a Athena! ¡Permítame participar en el frente mi generala! —y Ariadna asintió.
—¡Alios de Leo! ¡Hydor de Acuario! —gritaron Alios e Hydor al mismo tiempo—. ¡Lo acompañaré! —aunque no lo habían planeado, cada uno quería acompañar a Antares, no significaba que se llevaran bien del todo—. ¡Yo lo pedí primero! —se quejaron ambos.
—¡Basta! ¡Necesito a 3 de todas formas! —recriminó Ariadna—. ¡Antares de Escorpio, Alios de Leo, Hydor de Acuario! ¡Contamos con ustedes! ¡El resto de los Caballeros Dorados se les unirá cuando se haya reestablecido el orden! —y el trio intercambió miradas, y los 3 corrieron en dirección al Anillo Inferior—. Escorpio, Leo, y Acuario entonces… era de esperarse… —sonrió Ariadna, y continuó dando órdenes.
Anillo Principal.
—¡Derriben la pared! ¡Atenas caerá! —gritaron los Caballeros Negros, y tanto Sho de Unicornio como Fenris de Lobo se mantuvieron a la expectativa, nerviosos, con un grupo de Bronces y soldados alistados para el momento en que el escudo tornasolado cediera.
—Esto es malo… en verdad estamos en peligro… para que el antiguo Patriarca, Mu el reparador de armaduras, haya salido del retiro significa que quienes nos atacan son en verdad poderosos. No nos enfrentamos a simples Caballeros Negros —explicó Sho de Unicornio, y Fenris asintió de igual manera.
—En efecto, no se trata de un ejército cualquiera —mencionó Mu—. La fuerza de los Caballeros Negros radica en su número, y aun así este es más problemático que peligroso. Un Caballero de Bronce bien entrenado podría derrotar a 1000 Caballeros Negros sin complicaciones. Pero según los últimos informes de Antares de Escorpio, el sucesor de Niyat de Escorpio, hay unos guerreros llamados Daimones —y un colosal Caballero Negro, golpeó el Muro de Cristal con fuerza, lastimando la concentración de Mu—. Los 9 Daimones tienen la fuerza de Caballeros Dorados —y tanto Sho como Fenris se horrorizaron—. Después de eso, está el demonio responsable de estas atrocidades. Tras su derrota y estadía en el Tártaros, los 5 dioses que fueron derrotados tras las Guerras Doradas, se convirtieron todos en demonios. Y el cosmos de un dios, a pesar de no ser un Dunamis… es igualmente peligroso. Son dioses que existen únicamente para la destrucción y la tiranía. Al que enfrentamos en este momento, se le conoció como Ares, el original dios de la Brutalidad en la Guerra.
—Justo lo que se esperaba de un sobreviviente de la primera Guerra Dorada —sonrió Hebe, y tanto Caballeros Negros como Daimones se hicieron a un lado para permitir a Hebe, la nueva Generala de los Daimones, hacerle frente a Mu—. Ares ha regresado… su voluntad es inquebrantable. El Anti-Ares… entrégalo, solo así la victoria del señor Ares será completa… —prosiguió Hebe, mirando a Mu fijamente.
—Es una lástima que nos hayas traicionado, Hebe… tal parece que solo sirves para obedecer, no tienes identidad ni deseos ni aspiraciones… no eres más que una existencia vacía —y Hebe se molestó—. Y pensar que pudiste tener una vida plena junto a Jabu quien te derrotó. Tu sangre podría estar parada del otro lado de esta muralla, haciéndote frente —y Hebe observó a Sho de Unicornio directamente—. La familia de Jabu ha dado nacimiento a toda una gran generación de Santias. Sho es la cuarta en usar ese nombre, e igual que su bisabuelo, su nivel llega al dorado. Gracias a Saori y a su esperanza, cualquier caballero, incluso uno de Bronce, puede hacerles frente —sentenció Mu.
—Solo un caballero importa… ¿dónde está el Anti-Ares? —insistió Hebe, impactó su mano contra el muro, lo rompió, abrió su mano atrapando el cuello de Mu, y comenzó a aplastarlo con fuerza. Fenris y Sho intentaron ayudarlo, pero Hebe los lanzó a ambos con la fuerza de su cosmos—. Puede que sea verdad… y que de haberme quedado al lado de Jabu sería mi descendencia quien hoy intenta auxiliarte… pero igual la edad hubiera alcanzado a Jabu, dejándome sola nuevamente, sin alguien a quien servir… hubiera sido inútil, los Daimones somos eternos después de todo… —sentenció Hebe.
—Pueden ser enviados al Tártaros por al menos 100 años a ser torturados —sonrió Mu—. ¿Quieres al Anti-Ares? Aquí lo tienes —agregó Mu, y golpeó la frente de Hebe con un par de dedos, que sintió como si hubiera sido golpeada por un puño cerrado y soltó a Mu, momentos antes de que una aguja se clavara en el suelo frente a Hebe, se iluminara, y estallara al mismo tiempo en que Mu levantaba nuevamente su barrera.
—¡Explosión de Antares! —anunció Antares, mientras Hebe era lanzada en dirección a los Caballeros Negros, y chocaba con ellos—. ¡Maestro Mu! —corrió Antares en dirección al anciano, y el de Aries se incorporó con la ayuda de Antares—. ¡Maestro! ¿Se encuentra bien? —preguntó Antares, sumamente sobresaltado, y mientras veía a Hebe ponerse de pie, escupir en el suelo, y retirarse, mientras los Daimones y Caballeros Negros volvían a intentar romper el Muro de Cristal.
—Ahora lo estoy, Antares —le revolvió el cabello Mu, avergonzando al de Escorpio, y después mirando a Alios de Leo—. Escorpio y Leo… es una verdadera alegría verlos juntos… —y Mu entonces miró a Hydor—. ¿Acuario? —y Mu sonrió—. Será un grupo mucho más problemático y competitivo, pero seguro te convertirás en el pilar que los mantendrá unidos —y Antares no lo comprendió, y el muro de Mu comenzó a fragmentarse—. Tal parece, que estoy muy viejo para esto… el muro no resistirá —anunció Mu.
—Los mantendremos fuera de la muralla —explicó Antares—. He combatido a los Caballeros Negros en Oceanía e incluso he tenido la fortuna de acabar con algunos Berserkesdarme de golpes con algunos Daimones. Este Escorpio no caerá como Niyat —aseguró Antares.
—Y sin embargo, recuerdo una batalla similar, en la que 3 Caballeros Dorados, de Escorpio, de Leo y de Aries, en compañía de dos Caballeros de Bronce —miró Mu a Sho y a Fenris—. Tuvieron que recurrir a una técnica prohibida por el bien de Atenas —y el trio se sorprendió—. Hay una razón… por la que a todos los caballeros se les enseña la Exclamación de Athena… pero se les prohíbe su uso… se trata de la prueba máxima que determina si un Caballero Dorado, es verdaderamente desinteresado de su vida, como para no usar esa técnica a no ser que sea un último recurso —y Hydor se molestó.
—La Nueva Titanomaquia —se horrorizó Hydor—. Durante la Nueva Titanomaquia, un ejército de Bestias del Tártaros, lideradas por Hyperión de Taiken, dios del Ébano… —y Antares cerró sus manos en puños por la mención—. Se vieron obligados a tomar la decisión de convertirse en traidores a Athena por salvar al Anillo Medio de la destrucción. El resto de los Caballeros Dorados protegía las 12 Casas y a Athena, lo único que lograron al desatar la técnica prohibida fue salvar a los habitantes del Anillo Medio —terminó Hydor.
—¿Único? —se quejó Alios—. A mí me parece algo bastante importante. Toda vida es tan importante como la nuestra. No deberías menospreciar ese sacrificio —y Hydor asintió—. Y sin embargo… los Caballeros Negros son humanos como nosotros —aclaró Alios.
—Los he combatido por 5 años… Alios… y esos sujetos son todo menos humanos… —apuntó Antares, y tanto Alios como Hydor descubrieron sus ojos sangrantes y endemoniados—. Pero aun así… requerir de apoyo para ganar una batalla… jamás lo haría sin primero cerciorarme de que no existe otra opción —aclaró Antares—. No pienso recurrir a la Exclamación de Athena, rompe tu barrera, Mu —y Antares preparó su aguja—. Caballeros de Athena, salvemos la ciudad. ¡Explosión de Antares! —gritó Antares, al momento de que el Muro de Cristal cedió y la explosión resultante lanzó a Caballeros Negros y Daimones a los cielos—. Sho de Unicornio, Fenris de Lobo y el resto de los Bronces, protejan la entrada, nosotros los mantendremos fuera —y Antares se lanzó, y de un movimiento perforó a varios soldados al otro lado de las murallas—. ¡Aguja Escarlata! —prosiguió, derribando a una multitud.
—¡Probarán la fuerza de mis colmillos! —gritó Alios, y comenzó a golpear a una gran velocidad a varios Caballeros Negros, abriendo una brecha por donde Antares y Hydor se esparcieron, formando un perímetro alrededor de las puertas en conde Sho y Fenris esperaban con un ejército de soldados mientras Mu descansaba—. ¡Plasma Relámpago! —gritó, y los Caballeros Negros fueron abatidos, permitiendo a Hydor reunir su cosmos.
—¡Polvo de Diamantes! —gritó el de Acuario, congelando a los Caballeros Negros, y el trio continuó repeliéndolos, pero la tremenda cantidad de Caballeros Negros, los obligaban a retroceder un poco mientras los 3 eran atacados por hordas y hordas de guerreros que como todos sabían, eran peligrosos por su cantidad, no por su fuerza de cosmos—. Son demasiados —y uno de ellos inclusive le mordió el cuello a Hydor, sacando su sangre.
—¡Hydor! —gritó Antares, y recibió un arañazo de una salvaje de los de negro y este le abrió una herida un poco por debajo del ojo derecho—. ¡Maldición! ¡Lárguense! ¡Aguja Escarlata! —nuevamente los Caballeros Negros eran abatidos, pero el grupo comenzaba a descubrir una terrible realidad—. ¡Los Daimones no nos atacan! —mencionó Antares.
—Sus cosmos crecen… se vuelven más violentos… —mencionó Alios, antes de que Caballero Negro le pateara el rosto, y con Alios derribara tanto a Antares como Hydor, y le abriera una herida en la nariz que no dejaba de sangrar—. Los Caballeros Negros no son muy fuertes… pero los Daimones… —y el trio se puso de pie.
—¡Se fortalecen por la guerra! —gritó Hydor, y los 9 Daimones presumieron sus cosmos—. En la batalla de Lemuria de hace 100 años… los Daimones se volvieron tan fuertes que los Caballeros Dorados de ese entonces tuvieron que recurrir al uso de las armas de la Armadura de Libra para encontrar la victoria. Mientras más peleamos, en más peligro ponemos a Atenas —y un Caballero Negrro golpeó el rostro de Hydos con fuerza, otro tacleó a Alios, y un tercero derribó a Antares de una llave al cuello.
—¿Qué pretendes que hagamos? —se quejó Alios—. ¿Dejarnos golpear hasta que los cosmos de esos 9 se debiliten? Atenas estará en ruinas para entonces —continuó Alios, regresando los puñetazos a los Caballeros Negros—. Esto es una locura. ¿Dónde están el resto de los Caballeros Dorados? —preguntó Alios.
—Ya no deben tardar en llegar, solo resistan —insistió Antares, y el trio continuó golpeando y pateando Caballeros Negros, mientras los Daimones y Ares se fortalecían, mirando a los suyos ser derrotados sin remordimiento alguno.
—Más caos… necesito más caos. Eris… —habló Ares, y de su sombra se alzó la diosa de la discordia, con su manzana dorada en su pecho, y una armadura tan negra como la de su hermano—. Enfurécelos más… que pierdan la humanidad… que sus almas se estremezcan como las almas de las bestias del Tártaros a las cuales combatí por 100 años —anunció Ares.
—Así se hará, hermano mío —anunció Eris, tomando su manzana, e incinerando los corazones de los Caballeros Negros, que atacaron con mayor violencia—. He preparado algo especial para esta reunión, hermano. Dríades… levántense… tráiganme las cabezas de los Caballeros Dorados —susurró Eris, y el suelo bajo los pies del trio se transformó en lianas, que los aprisionaron, y permitieron a algunos Caballeros Negros correr en dirección a las murallas, donde los de Bronce y los soldados Atenienses comenzaron a combatirlos.
—¿Dríades? ¡Entonces Eris ha tomado control de esta guerra también! —gritó Hydor, y unas bellas mujeres en armadura negra salieron de entre las lianas, y comenzaron a arañarlos—. ¡Suéltenme! —gritó Hydor mientras se zafaba una mano de las lianas, reunía su cosmos en su mano cerrada en un puño, y atacaba—. ¡Rayo de Polvo de Diamante! —gritó con fuerza.
—¡Plasma Relámpago! —lo apoyó Alios, y ambos ataques cortaron a las Dríades y las congelaron, liberando a Antares, que preparando su aguja, atacó a los invasores, derribándolos, y después replegándose para apoyar a los de Bronce en defender las puertas, pero el trio ya entraba en desesperación.
El sudor les rodeaba el cuerpo, y las heridas comenzaban a arderles. El agotamiento era encausado por la cantidad de Caballeros Negros a los que enfrentaban. En combate individual los Caballeros Negros no eran rivales, inclusive las Dríades que se alzaban de la tierra no representaban tanta amenaza, pero en hordas con semejante extensión, incluso los Caballeros Dorados comenzaban a ceder. No era difícil comprender entonces el cómo doblegaron a Niyat, el anterior Caballero de Escorpio.
—Maldición… —cayó en su rodilla Antares, e igual lo hizo Hydor. Alios se mantenía, aunque únicamente por orgullo, ya no les quedaba energía, y los Daimones, al igual que los dioses de la guerra y la discordia, seguían fortaleciéndose. Los de Bronce ya eran inclusive doblegados en las murallas, era solo cuestión de minutos antes de que la barrera se rompiera y entraran en el Anillo Principal, comenzando la avanzada por los cuarteles, y llegando a las murallas del Anillo Medio donde estaba la ciudad y Palestra—. Siento el cosmos… de nuestros hermanos en armas… se acercan a toda velocidad —habló Antares.
—Pero aun así no llegan… la barrera de Athena debe estar levantada… —explicó Hydor—. Con la barrera en pie, no podrá transportarse por el cosmos, pero… incluso la barrera de Athena tiene un límite. Solo puede proteger un radio alrededor de las 12 Casas —explicó Hydor.
—Eso significa que… Athena no está en las 12 Casas… está en el Anillo Medio… —y Antares se sobresaltó—. Athena acaba de presentarse ante los ciudadanos de Atenas… si se escondiera… haría a su pueblo dudar. Seguramente ha pensado en venir a brindar su apoyo —y Antares se incorporó al escuchar eso ultimo—. No tiene caso… mientras más combatimos, los Daimones y los dioses de la Brutalidad en la Guerra y el Caos y la Discordia se vuelven más fuertes. ¡Plasma Relámpago! —gritó Alios, lanzando a los que se acercaron a un lado, y cayendo sobre sus rodillas, intentando ganar bocanadas de aire.
—Es un arma de doble filo… si combatimos se fortalecen, si nos rendimos entran a Atenas… indudablemente, esta es la razón por la que el Caballero de Libra autorizó el uso de las armas… si Pirro llegara podríamos… —intentó explicar Hydor.
—Pero no podemos esperar más… nuestros cosmos están agotados… ni en las mismas costas de Oceanía había combatido a este número de bestias —y Antares se puso de pie, y miró a Alios y a Hydor—. ¿Saben lo que significa… usar la Exclamación de Athena…? —preguntó Antares, lanzando su aguja, y forzándola a estallar, ganando algo de tiempo—. Los acabo de conocer… pero… hay una leyenda que dicta, que quienes juntos se vuelven traidores, por la misma causa… se convierten en hermanos de cosmos… y solo juntos, son en verdad invencibles… no me queda nada más que esto… por Athena me convertiría en un traidor… o moriré combatiendo a estos sujetos —sentenció Antares, recordando a Saori.
—Malnacido Escorpio, preferiría tenerte de rival que de hermano de cosmos —se quejó Alios, pero pegó espaldas con Antares—. Pero extrañamente… no se siente tan mal convertirme en un traidor junto a ti. Probablemente era el destino… tratemos de llevarnos bien —aclaró Alios.
—¿Están dementes? ¡Lo que piden está prohibido! —se quejó Hydor, pero Antares y Alios comenzaron a elevar sus cosmos—. ¿Lo sacrificarían todo… incluso a este nivel? ¿Abofetearían el rostro de Athena de esta manera? ¿Incluso si pierden sus armaduras por esta afrenta? —y Antares y Alios los 2 sonrieron—. Son un par de necios… yo… no sé si pueda unirme a ustedes a este nivel —y Hydor preparó sus manos en la pose del cántaro, y elevó su cosmos—. ¡Ejecución Aurora! —repelió a los que se acercaban, pero miles de guerreros más llegaban a reemplazar a los caídos—. Antares… Alios… yo siempre he creído que el sentimentalismo es inútil… pero… al parecer lo que a ustedes par de necios los mueve, es un deseo de proteger a los seres que aman, un deseo que no puedo comprender… aún… —y Hydor se unió a los 3, y preparó su cosmos—. Espero algún día compartir su convicción. Hasta entonces… será un honor ser conocido como traidor junto a ustedes —y los 3 continuaron elevando sus cosmos, y la estatua de Athena apareció tras de ellos.
—Al parecer no soy tan diferente de ese tal Milo de Escorpio… de hecho… convertirme en un traidor no me asusta en absoluto… —sonrió Antares, y los 3 fundieron sus cosmos—. Mírame bien… Saori… en esta vida… o en cualquier otra… soy capaz de hacer esto por ti… ¡Exclamación de Athena! —gritaron los 3 al final, y las Dríades y los Caballeros Negros fueron todos arrasados. La explosión de cosmos fue tan descomunal, que todos los invasores fueron vaporizados, y solo quedaron en pie la diosa del Caos y la Discordia, el dios de la Brutalidad en la Guerra, así como los 9 Daimones—. Es todo… no me queda nada… —y Antares cayó al suelo, convulsionándose de dolor.
—Y nuestros cosmos arden con el fervor de la batalla… esperaron mucho tiempo para usar esa técnica infernal —sonrió Ares, y los Daimones comenzaron a avanzar—. Mis ejércitos son desechables, por 100 años se han reunido en Oceanía, esta fue solo una pequeña muestra de su poder. 1,000 veces el número que invadió estas tierras esperan aún en Oceanía, esperan la señal para venir e invadir sus tierras. Pero antes de comenzar una guerra total, tenía que sembrar la semilla del caos en tu corazón. Debía recuperar a mi rival, el Anti-Ares —se paró frente a Antares Ares, el dios de la Brutalidad en la Guerra—. No ha habido día… en que no haya soñado con nuestra gran batalla. Para mí es más importante derrotar y humillar a mi rival que asesinar a Athena y quedarme con su reino. Tú eres la razón de mi resurrección, y créeme, con o sin Armadura Divina, Antares… mi cosmos maligno sin bondad alguna, ¡Es muy superior al Ares que enfrentaste en Lemuria! —y Ares preparó su lanza para ejecutar a Antares, cuando un Muro de Cristal le salvó la vida.
—¿Mu? —gritó Antares, pero el antiguo Patriarca estaba agotado, y no pudo haber soportado la lanza de Ares. Fue Argos quien lo había salvado—. ¿Argos de Aries? ¿Por qué? —preguntó Antares, y tanto Pirro de Libra como Hércules de Tauro, corrieron hasta llegar a Ares y lanzaron un tremendo puñetazo al unísono, forzando a Ares a saltar hacia atrás, reunirse son Eris y sus Daimones, y mirar al trio de recién llegados.
—Tonto de Escorpión Celestial —se burló Pirro—. Jamás podría ver a alguien que tuvo el valor de sacrificar su integridad dorada usando la Exclamación de Athena como un sucio traidor —admitió Pirro—. Un caballero capaz de deshonrarse a sí mismo a ese nivel por honor a su diosa… es en verdad glorioso… —y Antares se sorprendió por lo que estaba escuchando—. Claro que… yo no me rebajaría a ese nivel… no aún… por eso estoy decidido a superarte… —terminó Pirro.
—¡JA JA JA JA! —se burló Hércules, y Alios se sobresaltó—. Me equivoqué sobre ti, gatito. ¡En verdad te mereces tu melena! ¿Tu primer día de Caballero Dorado y ya te has convertido en un traidor? —y Hércules azotó la espalda de Alios con fuerza, derribándolo al suelo—. Tienes mi respeto, poderoso León de Nemea —aclaró el de Tauro.
—Lamentamos llegar tarde —habló Argos, dirigiéndose a Hydor—. La señorita insistió en ser partícipe de esta guerra. Así fue como todos tuvimos que ofrecer algo en sacrificio, por lograr un milagro. El que usaran la Exclamación de Athena fue lo mejor que pudieron hacer. Ya que todos hemos perdido una cantidad considerable de sangre —explicó Argos, enseñándole su mano a Hydor—. Copero de los dioses, tomaste la mejor decisión. Espero que en esta generación, Acuario pueda reemplazar correctamente a Aries en la función de aliado de Escorpio y Leo. Ahora vayan con Athena, nos haremos cargo —mencionó Argos, y tras del trio de Libra, Tauro y Aries, llegaron el resto de los Caballeros Dorados, todos con sus antebrazos cubiertos de sangre.
—9 Caballeros Dorados… 9 Daimones… —comenzó Ares, con una sombría sonrisa dibujada en su rostro—. Está en verdad es una Guerra Dorada. Daimones. Termínenlos —ordenó Ares, y los 9 Daimones se lanzaron en contra de los Caballeros Dorados.
—¡No pierdan el tiempo y vayan con Athena! ¡Tigre Descendente! —se lanzó Pirro en contra de un Daimón de piel de bronce quemado, delgado, pero musculoso, los adornos de su armadura eran grises, casi negros. En ese momento, Antares miró a Alios y Hydor, y el trio se retiró en búsqueda de Athena—. Preséntate, Daimon. En caso de que esta batalla sea ejemplar, el mundo debe saber tu nombre, para alimentar mi gloria —explicó el de Libra.
—Tal parece que siempre he de enfrentar al Caballero de Libra —sonrió el Daimon—. Mi nombre es Macas de la Batalla, El Daimón que presagia las batallas más mortíferas, cuyo poder crece con la intensidad de las matanzas. En la anterior guerra enfrenté a Shiryu de Libra, y hoy combatiré a su sucesor. ¡Espero me diviertas tanto como Shiryu! ¡De lo contrario clavaré tu cabeza en una pija! ¡Declaración de Guerra! —se lanzó Macas en contra de Pirro, que cubrió con su escudo, y golpeó a Macas con su marco en su rostro—. Maldito… —se quejó Macas limpiándose un hilo de sangre de la nariz.
—Soy más glorioso que cualquier Caballero de Libra —movió sus manos Pirro, y el Tigre se dibujó en su espalda—. ¡Tigre Descendente de Pelión! —se volvió a lanzar Pirro, impactando a Macas con golpes certeros y poderosos.
—¡Gran Cuerno! —gritó Hércules, persiguiendo al Daimón más fornido de todos, de piel un tanto morena, y adornos verdes oscuros en su armadura, algunos cabellos verdes escapaban a la vista por su casco—. ¡Déjate de mover bailarina! ¡Te voy a machacar! —lo persiguió el inmenso Caballero de Tauro, y el Daimon evadió sus golpes, e impactó un par de patadas en el inmenso caballero, que ni se inmuto por los golpes—. Eres un debilucho —sonrió el de Tauro, y el Daimon retrocedió.
—Pero no dudará mucho —sonrió el Daimon—. Soy Cidoimos del Alboroto, el Daimón del tumulto, quien reina en las escaramuzas y violenta a los hombres. Y mientras más tiempo combato… ¡más fuerte me vuelvo! ¡Tumulto de Batalla! —gritó Cidoimos, impactando el mentón del de Tauro, y lanzándolo por las dimensiones hasta que Hércules se vio rodeado de imágenes de estampidas de soldados en disputas sin sentido—. Jamás menosprecies el poder de una simple disputa… Caballero de Tauro… —más Hércules se puso de pie rápidamente, ignorando el dolor en su cuerpo que parecía haber sido pisoteado por una muchedumbre—. Eres un hueso rudo de roer —sonrió Cidoimos.
—Soy el caballero más duro que jamás podrás imaginar —y Hércules se cruzó de brazos, mirando a Cidoimos fijamente—. Anda, pequeñín… te reto a que intentes derribarme cuando mi defensa está en alto. ¡JA JA JA JA! —se burló Hércules.
—¡Alala! —gritó una Daimon de cabellera roja y de adornos en su armadura rosados oscuro, y Argos se cubrió los oídos por el dolor—. Si aún puedes oírme, me presentaré ante ti. Soy Alala del Grito de Guerra. La solo mención de mi nombre destruye el corazón del hombre y trae consigo la guerra. Y estoy furiosa… yo solía ser la Generala de los Daimones antes de Hebe. Pero ahora soy una simple subordinada… pero le llevaré a Ares tu cabeza y comprenderá que mi liderato no ha flaqueado —refutó Alala.
—El liderato no se exige… —agregó Argos, abriendo sus manos, y rodeándolas de esferas tornasoladas—. ¡Se gana! ¡Revolución de Polvo de Estrellas! —gritó Argos, lanzando lanzas tornasoladas en dirección a Alala, que se cubrió del ataque—. No eres el único que ha sido reemplazado… parte de mí, está arrepentido de romper la expectativa del maestro Mu… yo debía estar con Escorpio y Leo en la Exclamación de Athena —entristeció Argos—. Pero… encontraré a mis propios hermanos de cosmos, y juntos protegeremos a Athena—. Y tanto Pirro como Hércules, lograron lanzar a Macas y a Cidoimos, y se reunieron con Argos—. Probablemente los haya encontrado ya, pero es muy temprano para usar la Exclamación de Athena. ¡Vamos! —Hércules asintió, Pirro se fastidió sin embargo, pero se lanzó contra los Daimones también.
—¡Mientras más combato, más fuerte me vuelvo! ¡Soy Polemos de Espíritu! ¡El Daimón que doblega el espíritu de los hombres, haciéndolos caer en la desesperanza! ¡Siente la ira de todos a quienes he derrotado y únete a ellos! ¡Ejercito de Sombras Infernales! —gritó Polemos, de adornos de un azul oscuro, muy similar físicamente a Cidoimos pero menos fornido y con cabellera azul oscura. Lanzando sus sombras en contra de Deneb.
—¡Excalibur! —anunció Deneb de Capricornio, y Polemos se impresionó—. Un ataque es un ataque, pero el tuyo tiene un nombre extenso que me hace pensar que es muy débil. No necesito llamar a mi espada, la resplandeciente esperanza de Athena, Excalibur, para comprender su verdadero poder. ¡Excalibur! —volvió a gritar Deneb, y el Daimon se hizo a una lado, preocupado.
—¿Te estás burlando de mí, caballero? —intentó decir Polemos, pero se vio incapaz de seguir hablando, y se concentró sencillamente en evadir los cortes de Deneb, que no lo dejaba siquiera llamar a sus sombras—. ¡Eres muy molesto! ¡Ejercito de…! —pero viéndose incapaz de terminar, Polemos enfureció y solo lanzó su ataque, y Deneb con rapidez cortó a todas las sombras.
—Deneb parece estar de mal humor… creo que recuerda a Polemos de alguna vida anterior… —mencionó Kaus de Sagitario, que entonces miró a una Daimón con los adornos de un amarillo oscuro, cabellera rubia enchinada, y labios rosados muy bien pintados, una Daimón más joven que el resto—. ¿Una niña? Eres muy linda… —sonrió Kaus.
—Y tú eres un anciano tonto y muy feo —habló la niña, y Kaus parpadeó en un par de ocasiones—. Perdedor de Athena, afeminado de cabellera larga, imitación de cupido, ¿si los Caballeros Dorados no deben usar armas por qué a Sagitario se le permite usar su arco? Eso es una injusticia, eres patético, no podrías derrotarme sin tus armas —continuó la niña, y Kaus lo comprendió, y sonrió.
—¡Hismidas de las Discuciones! —dedujo Kaus—. ¿Estoy en lo correcto, verdad? Eres la Daimón que convierte pequeñas discusiones en tétricas escenas de muerte. Bueno, no te servirá mucho conmigo, jajaja, la verdad es que creo que todo lo que has dicho es cierto—e Hismidas se sorprendió—. Soy mayor que tú por lo que puede que en verdad sea una anciano comparado contigo, y no me considero guapo… tal vez eso me hace feo… —e Hismidas comenzó a preocuparse—. ¿Qué más, qué más? ¿Perdedor de Athena? Umm… por Athena no me importaría ser un perdedor, sería un perdedor feliz —e Hismidas comenzó a enfurecer—. ¿Afeminado de cabellera larga? Umm… tal vez debería cortarla… y con arco y flecha en verdad parezco cupido, tal vez deba salir a lanzar flechas en San Valentín. Siempre me he preguntado por qué Sagitario si puede usar arco. Pero tienes razón, supongo que intentaré no usarlo, sería patético como tu dices, y si piensa mi pequeña señorita, que no puedo derrotarla sin mis armas, puede que tenga razón, así que recurriré a esto —apuntó Kaus a su frente.
—¡Me fastidias! ¡Discute conmigo! —gritó Hismidas—. ¡Soy la Daimon de las Discusiones! ¿Por qué nadie discute conmigo? ¡Es molesto! ¡Discute conmigo! —y Kaus simplemente se rio de la pequeña—. ¡Maldito Caballerito de Athena! ¡Te mataré! ¡Disputa Mortal! —lanzó destellos en forma de demonios Hismidas, y Kaus los evadió con muy poca dificultad— ¡Discute conmigo! —gritó Hismidas nuevamente.
—Pero si eres una ternurita. ¡Jamás podría enojarme contigo! —y Kaus comenzó a reírse con fuerza, e Hismidas se fastidió, pataleó el suelo con fuerza y miró a los demás Daimones con ira en su corazón.
—¡Alguien cambie conmigo! —apuntó Hismidas sumamente enfurecida, y sintió un destello de luz dorada, y al voltear a ver a Kaus, fue abatida por esferas rodeadas de relámpagos que la derribaron al suelo—. ¡Maldito! —gritó Hismidas.
—Lo lamento, pero pelear es diferente de discutir —sonrió Kaus—. No discutiré con usted señorita Hismidas, pero le pido una disculpa, mi deber es a con Athena. Por favor prepárese para la paliza que estoy por darle. ¡Trueno Atómico! —gritó Kaus, con su habitual sonrisa en su rostro, e Hismidas gritó de dolor mientras la fuerza de las disputas infantiles no la alimentaban.
—Kaus es tan listo que podría enamorarme de él. Además él no es mi primo —sonrió Antonella, pero entonces evadió a la Daimon con la que combatía—. ¡Llamas Azules Demoniacas! —lanzó sus llamas Antonella, pero la mujer de cabellera escarlata larga y hermosa, con adornos de su armadura rojo oscuro, como la sangre manchando una prenda blanca, levantó la sangre de los caídos y como un torrente de sangre la usó para rodearse a sí misma y escapar de las flamas.
—¿Tú eres la hija de esos 2? ¿De Mephisto de Cáncer y Mnemosyne la Guardiana de las Memorias? —preguntó la Daimon, y Antonella sonrió—. Mi nombre es Enio de la Sangre. La Daimón de los ríos de sangre que corren por las venas de los mortales. Mientras más sangrienta y cruenta la batalla, mayor es mi fuerza. Enfrenté a tu padre antes… me humilló, y me derrotó… —explicó Enio.
—Lo sé, por eso te estuve buscando —sonrió con malicia Antonella—. Y creo que sabes lo que pasará, si intentas controlar la sangre dentro de mi cuerpo —reunió su cosmos Antonella en su dedo—. A decir verdad, preferiría quedarme y ver a Kaus pelear, estoy muy interesada en ese sujeto, pero si controlas mi sangre, no me quedará más que separarnos a ambos de nuestros cuerpos y llevarte a combatir al infierno. ¿Qué dices? Tu no controlas mi sangre, y yo no te sepulto en el Rio Flegetonte —ofreció Antonella.
—Eres una abominación… una fusión perfecta de los sanguinario de Mephisto… y lo infantil de tu madre Mnemosyne… —y Antonella sonrió con malicia—. Y sin embargo… acepto… tengo suficiente sangre que controlar a mi alrededor de todas formas. ¡Dominio de la Sangre! —gritó Eneo, lanzando ríos de sangre en dirección a Antonella, que haciendo honor a su madre, se movía con gracia, como bailando, esquivando a la Daimon.
—La nueva generación… parece bastante entretenida —habló Espigia de Virgo, que se encontraba junto a su prima Ariadna de Piscis, y junto al esposo de esta última, Crateis de Géminis—. Pero estos 3 Daimones restantes, son muy poderosos. Hebe de la Juventud en específico… es preocupante… —abrió los ojos Espigia, sabiendo el combate que le esperaba—. Su cosmos se ha entrenado por 100 años. No es la misma Hebe que sería pisoteada por Phobos y Deimos —y los Daimones gemelos, de armaduras roja y azul oscuras, se molestaron por la comparativa—. Señorita Hebe, si me permite, la enfrentaré —y Hebe asintió, y caminó junto a Espigia lejos de Phobos y Deimos.
—Maldita Hebe —enfureció Phobos, el de armadura roja, y que miraba a Ariadna con ira—. Antes no era más que una sirviente inútil, pero ahora… incluso nosotros estamos bajo su mando… somos dioses —enfureció mientras apuntaba a Ariadna—. ¡Yo, Phobos del Pánico, el dios que siembra el miedo imprudente en el corazón de los hombres, lo probaré matando a la Generala Dorada! —pero Crateis se posó frente a ella.
—Tú… reconocería ese cosmos en cualquier parte… —habló Deimos, el de armadura azul oscura—. Eres el hijo del Fénix. Ikki del Fénix. Tengo cuentas pendientes con tu padre, pero ya que él ha muerto, me conformaré con matarte a ti. Soy Deimos del Terror, el dios que siembra el miedo prudente en el corazón de los hombres. ¡Alaridos del Terror! —gritó Deimos, y Crateis evadió los torbellinos que se abalanzaron sobre él, asestó su propio golpe, y lanzó a Deimos lejos.
—Si mi padre no te tuvo miedo… Deimos… ¿Por qué habría yo de temerte? ¡Explosión de Galaxias! —prosiguió Crateis, derribando a Deimos con su terrible poder—. Mi padre no era un Caballero Dorado cuando te enfrentó. No estás a mi nivel —y Crateis observó a Ariadna—. Ten cuidado —le mencionó, se volvió a lanzar en contra de Deimos, y lo castigó con facilidad, sobrepasando al llamado dios—. ¡Puño Fantasma! —perforó su cabeza Crateis, y las ilusiones comenzaron a invadir a Deimos de miedo.
—Tan frívolo como siempre —sonrió Ariadna, y miró a Phobos, que estaba más que sorprendido por la facilidad con que derribaron a su hermano—. Soy la Generala Dorada… la caballero del centenario… por 100 años he vestido de oro, no me dejaría doblegar jamás, ni siquiera por un dios —apuntó Ariadna.
—Tienes una lengua muy afilada. ¡Permíteme arrancártela! ¡El Dominio del Pánico! —atacó Phobos, impactando la mente de Ariadna de un movimiento, y forzándola a caer en su rodilla—. No puedes vencer al miedo… nadie puede no tener miedo… —sonrió Phobos.
—Siento miedo como cualquiera… Phobos —se puso de pie Ariadna, creando rosas negras con su cosmos—. Es la fuerza de sobrepasar estos miedos, lo que me impulsa a seguir peleando. ¡Rosas Pirañas! —y Phobos fue abatido por las rosas negras—. Madre… padre… protegeré a Athena en su nombre… —y Ariadna se lanzó en contra de Phobos, y le clavó una rosa blanca. ¡Rosa Sangrienta! —y el Daimon del Pánico gritó con fuerza.
—Aquí estaremos bien para combatir —mencionó Espigia de Virgo, que miró a Hebe fijamente—. Pero antes de combatir, quisiera saber la razón de tu traición —y Hebe asintió—. ¿En verdad cree que Athena no debería gobernar? Usted fue fiel a Athena antes, se levantó contra Hades —explicó Espigia.
—No tenía un lugar al cual pertenecer —mencionó Hebe—. Siempre he servido a los dioses. Y cuando se me dio la libertad, no fui feliz… me sentía… vacía… atesoraré la guerra, es lo que debe de suceder. Sobreviví a la primera Guerra Dorada por simple benevolencia humana, pero los humanos… son inútiles… —sentenció Hebe.
—¿Lo son, Hebe? —preguntó Espigia—. Soy la prueba de que no lo son —y Espigia elevó su cosmos, y Hebe elevó el propio—. Has aceptado a los dioses, dándole la espalda a la humanidad. Pero no perteneces ni a un lugar ni al otro. Eres una Daimon… ni dios… ni mortal… me recuerdas a mí… hijo de un dios humano, Sargas… y una mortal Muviana, Mesarthim… por la naturaleza de mis padres, veré a miles morir antes de que la vejez me alcance… podría parecer una existencia vacía, pero la dedicaré a proteger a la humanidad. Pudiste haber tomado esta alternativa… —sentenció.
—Pude haber hecho muchas cosas… —terminó Hebe, abriendo sus ojos, y atacando—. ¡Fallen Ikarus! —se lanzó Hebe, como una harpía de plumas negras que buscaron arañar a Espigia, que creó una esfera a su alrededor.
—¡Khan! —gritó, repeliendo a Hebe—. ¡Recapitulación del Cielo y el Infierno! —lanzó su ataque, que Hebe resistió con facilidad al cubrirse con sus alas negras—. ¡En el nombre de Athena! ¡Terminaré con tu vida! —y la batalla continuó, con Hebe elevando su cosmos tan alto, que era capaz de resistir los ataques de Espigia con facilidad.
Anillo Medio.
—¿Por qué regresamos al Anillo Medio? Sé que los otros nos lo pidieron pero… somos traidores… ¿Acaso es por eso? —preguntó Alios, corriendo tan rápido como podía buscando a Athena, y Hydor a su lado compartió sus preocupaciones.
—No parecían desilusionados del todo… se sentía como si nos brindaran su apoyo… a mí me preocupa más los antebrazos cortados de cada uno —anunció Hydor—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué nos brindan tanta confianza? —se preguntó, y el trio entonces se sobresaltó.
—¿Saori? —gritó Antares, y el nombre impactó de lleno a Alios y a Hydor, que se miraron mutuamente, mientras Antares corría en dirección a una Athena con su cuerpo cubierto de sangre y en medio del Anillo Medio, donde los ciudadanos de Atenas oraban por su diosa—. ¿Saori? ¿Qué ha pasado? ¿Estás herida? —se horrorizó Antares.
—Tranquilo, Antares… estoy bien… —mencionó Saori—. No es mi sangre la que me mancha el cuerpo. Shaula y Kiki dijeron… que necesitaría de sangre dorada para la batalla contra Ares y los Caballeros Dorados se ofrecieron… —explicó Saori, y Shaula y Kiki llegaron ante Antares—. Pero la verdad no estoy segura de lo que quieren hacer.
—Un Patriarca siempre está preparado para lo que pueda suceder —escucharon a Mu decir, que llegaba tras de ellos—. Ares no es un dios como Poseidón, Hades o Zeus. Su poder no radica en su cosmos divinos, radica en la guerra y el odio. Mientras más caos guerra y destrucción, más fuerte se vuelve. En otras palabras, mientras más fuerte la esperanza de Athena, los Caballeros Dorados, más fuerte es Ares —y Saori se alegró de ver a Mu, que le acarició la cabellera—. Ares sin embargo, parece ser más poderoso ahora que cuando Milo de Escorpio lo derrotó. La última vez lo derrotamos porque existía bondad en su corazón, bondad que le impidió sumergir al mundo en una guerra como la de ahora, y sacrificar a miles por alimentar su fuerza. Ahora sin embargo, solo tiene a Eris alimentando su ira. Athena no puede vencer a Ares, esa es tarea del Anti-Ares, pero puede combatir a la discordia, si cuenta con la armadura apropiada —continuó Mu, y Saori asintió.
—Desde que Milo me entrenó… no le tengo miedo a combatir pero… la Armadura de Athena fue destruida, y para revivir una Armadura Divina se requiere de Hefestos, y de 3 armaduras especiales. Ya no existen las Armaduras Divinas —mencionó Saori.
—Existe una —sonrió Mu, y Saori se sorprendió—. Una armadura, que solo puede usar el dios de la guerra. Usted es la diosa de la guerra, y puede reclamarla, si posee la fuerza de hacerlo —Mu miró a Antares, a Alios, y a Hydor—. Necesitaremos de su sangre, y principalmente, de la tuya, Antares… —mencionó Mu—. Solo que al darla, quedarán fuera de combate. Después de la Exclamación de Athena y de prestar su sangre, sería verdaderamente imposible que… —pero Mu entonces se detuvo, y sonrió.
—Se lo dije… señor Mu… —habló Antares, con su antebrazo cortado—. El que me diga eso… es un reto para mí —y tanto Alios como Hydor se cortaron los antebrazos también, y los 3 comenzaron a bañar a Saori en su sangre—. No quiero verte combatir… es mi trabajo… pero no puedo desperdiciar el esfuerzo de los demás Caballeros Dorados… yo… desearía que hubiera otra forma… —y Saori sonrió, mientras miraba a Antares y su preocupación—. Yo deseo salvarla… no ponerla en más peligro… —y en ese momento, Alios y Hydor se desmayaron, y Antares se esforzó por permanecer en pie, pero cayó de rodillas frente a Saori, negándose a rendirse, pero sin más fuerzas que lo respaldaran—. Saori… déjeme ir con usted… —y Saori sonrió, se encorvó, y abrazó a Antares.
—Tú siempre estás conmigo… Antares… nuestras almas… siempre están juntas… —y el cosmos de Saori se incineró, y la Armadura Divina del dios de la guerra, la armadura que antes vistiera a Ares, la arropó—. Ahora es mi turno de preocuparme por ti —y Antares vio la lanza roja, y el escudo aferrarse a su brazo izquierdo—. Soy la diosa de la Sabiduría en la Guerra… Ares… no permitiré que la brutalidad reine… —y Saori comenzó a caminar en dirección al Anillo Inferior, decidida, y Antares intentó incorporarse, deseoso de seguirla, de protegerla.
—Si vas… morirás… —habló Mu—. A menos que te arriesgues a dar ese paso que no quieres dar. Es diferente tener una voluntad de morir, a tener una voluntad de vivir. Ya diste tu primer paso al usar la Exclamación de Athena… ¿te atreverías a seguir adelante? ¿Te atreverías… a volverlo a intentar? Ares es solo el primero de varios dioses que intentarán matar a Athena. Solo un caballero que ame a su diosa lo suficiente para sacrificarlo todo por ella, podría protegerla… pero ese caballero no debe morir hasta saber que su diosa está a salvo. ¿Tienes esa fuerza? ¿Posees esa determinación? —preguntó—. ¿Amas a tu diosa lo suficiente… para romper cualquier imposible y aun así vivir por ella? —y Antares sonrió ante las palabras de Mu.
—Lo he logrado antes… ¿verdad? —preguntó Antares, y Mu asintió—. No la dejaré morir… creo… que yo también soy un egoísta… quiero… protegerla más que cualquiera… quiero… que me vea como a su caballero más querido… quiero… forjar junto a ella el mundo que se merece la humanidad… no moriré… seguiré adelante… —y Alios e Hydor intentaron incorporarse también, pero Shaula y Kiki los ayudaron a recostarse nuevamente—. Esto es algo que debo hacer yo solo —y los necesito a ustedes 2, como garantía en caso de que no regrese —y Antares preparó una aguja, y se destrozó el sentido del tacto—. Ares… voy por ti —sonrió Antares, y corrió tras de Saori.
Anillo Principal.
—Siento el cosmos de Athena… se unirá a la batalla —mencionó Ares, y tanto Caballeros Dorados como Daimones continuaron con la batalla—. Esto acaba de ponerse más interesante todavía —y Ares enfureció en ese momento, al ver a Saori llegando y vistiendo su Armadura Divina, sorprendiendo también a Caballeros Dorados y Daimones—. No es posible —enfureció Ares—. Maldita —recriminó Ares.
—¡Brotaloigos Edge! —gritó Saori, lanzando un corte perfecto que separó nuevamente a Daimones y Caballeros Dorados, cada grupo uniéndose con su respectivo dios—. Ares… ya no me ocultaré detrás de mis caballeros. He venido a pelear a su lado. No siempre disfrutaré del vestir esta armadura, representa todo lo que odio de la guerra, armas —mencionó Saori, y disipó la lanza y el escudo—. Brutalidad —continuó Saori, cerrando sus manos en forma de plegaria—. Yo soy esperanza y amor… y por ello… te enfrentaré… bajo mis propias reglas… combatiré como mis caballeros, desarmada, y con solo mi cosmos. ¡Iluminación Divina! —gritó Saori, y Ares atrapó el poder de Saori con su escudo, y lo lanzó al cielo, donde estalló iluminando a toda Atenas.
—Podrás presumir la fuerza de los dioses al vestir mi armadura, Athena —mencionó Ares—. Pero solo hay un ser que puede derrotarme. Con o sin Armadura Divina, la única debilidad de Ares es… —y Ares se sobresaltó, al recibir un destello escarlata en su hombro, que lo perforó—. ¿Aguja… Escarlata? —preguntó Ares, y Saori se volteó para encontrar a Antares llegando nuevamente al Anillo Principal—. ¡Antares! —gritó Ares.
—Saori… admiro tu determinación… pero… supongo que soy muy terco para verte combatir… —mencionó Antares, elevando su cosmos, sorprendiendo a Ares, que enfureció—. ¿Lo recuerdas, Ares? Un Caballero de Escorpio… se vuelve más fuerte mientras más cercano a las fronteras de la muerte… —habló Antares.
—Tus memorias recesivas parecen haber vuelto, Milo de Escorpio —y Antares sonrió, y colocó su mano sobre la cabeza de Saori, hundiéndole el caso y cortándole la visibilidad—. Tu amor por Athena… ha regresado… —sonrió Ares.
—Siempre ha estado allí, Ares… no es mi culpa volverme a enamorar desde cero —y Saori se sobresaltó, y miró a Antares con sorpresa—. No hables… déjame vivir el momento… Saori. Es momento de que continuemos con nuestra eterna guerra, Ares… Anti-Ares contra Ares… —preparó su aguja Antares, y se percató de que Alios e Hydor llegaban también—. Par de tercos —sonrió Antares.
—Mira quien habla… ponzoñoso —replicó Alios, y Hydor asintió con él—. Con o sin armadura… Saori… jamás le permitiríamos combatir a menos que fuera el último recurso… nosotros sus Caballeros Dorados, siempre seremos su esperanza… —aseguró Alios.
—Tonto Alios… llamando a Athena por su nombre secreto… —se quejó Hydor—. Pero ese nombre es esperanzador… Saori… le serviré por siempre. Por favor, lo mejor que puede hacer es dejarnos seguir demostrando la fuerza de su esperanza —y los 12 Caballeros Dorados reunidos, se lanzaron, dejando a Saori atrás y con sus manos en forma de plegaria, y los Daimones, e incluso Eris y Ares se lanzaron en contra de ellos, Ares principalmente por el deseo de combatir a Antares. Los 9 Daimones colisionaron con sus oponentes, Alios y Hydor se lanzaron en contra de Eris, y Antares, reclamó a su presa eterna.
—¡Aguja Escarlata! —comenzó la guerra entre Ares y el Anti-Ares, una batalla brutal, en la que Saori fue nuevamente una testigo, mientras su esperanza, se batía en duelo contra la Brutalidad en la Guerra—. ¡Mira esa armadura, Ares! ¡Jamás volverás a disfrutarla ni en combate contra Athena! ¡Yo siempre me interpondré en tu camino maldito dios parásito! —gritó Antares, y Ares enfureció.
—Tu maldita memoria recesiva me está fastidiando, Milo de Escorpio —anunció Ares, lanzando estocadas con su lanza—. ¡Brotaloigos Edge! —gritó Ares, intentando perforar a Antares con su lanza, quien saltó y le impactó el rostro con fuerza—. ¡Es nuestro destino combatir por la eternidad! ¡Ares y el Anti-Ares! ¡Siempre resucitaré por destruirte! —y Ares encajó su lanza en el hombro de Antares, que se negó a que Ares le arrancará la lanza de encima—. ¡Maldito Escorpión! —gritó Ares.
—¡Púdrete en el Tártaros, imbécil! ¡Asesino de Dragones! —y Antares pateó a Ares con una técnica que solo el verdadero Milo de Escorpio podría utilizar, y le arrebató su lanza a Ares, sosteniendola con orgullo—. ¡Te derrotaré en cualquier encarnación! ¡Brotaloigos Edge! —gritó Antares, lanzando la lanza, que Ares intentó bloquear con su escudo, solo para que este fuera perforado, y ambos artilugios de batalla fueran destruidos—. Siempre defenderé a Saori… sea en esta vida… o la que sigue… infinitamente… siempre seré su caballero… siempre voy a amarla… siempre seré su esperanza… no habrá ni un maldito dios que me impida reencarnar, para volverla a proteger. ¡Ares! ¡Terminaré contigo! ¡Agua Escarlata! —y el combate prosiguió, brutal como la primera Guerra Dorada, tan sanguinario como en aquella ocasión, y Saori, aún con la fuerza de los dioses, y una Armadura Divina, comprendió que aún con semejante poder, la verdadera fuerza estaba en su corazón, que irradiaba, y contagiaba a sus Caballeros Dorados—. ¡Antares! —resonó el grito de Antares, y la batalla poco a poco, fue perdiendo sentido para Saori.
Atenas, Grecia. El Anillo Inferior. 10 de Septiembre de 140 N.G.
—Despierta… hijo mío… —el sol se alzaba a lo alto, y golpeaba gentilmente el rostro de Antares, que lentamente comenzó a despertar. La dura batalla frente a las murallas de Atenas había terminado, Ares el dios de la Brutalidad en la Guerra se encontraba en el suelo junto a Antares con su propia lanza atravesándole el corazón. Pero Antares no podía concentrarse en eso, no sabía siquiera el cómo habían llegado a ese resultado, solo podía ver la luz del sol, y a un hombre vistiendo una Souma, sonreírle parado al lado de donde Antares intentaba mantenerse consiente—. Es muy temprano para que pierdas la vida. Ares no es más que el primero de muchos dioses que vendrán a hacerles la guerra, la primera advertencia, tu primera prueba. Muchas más deberán de ser superadas antes de que puedas darte el lujo de descansar. Recuerda, que tu alma pertenece a Athena, así como la de ella siempre te atesora —y Antares miró el cadáver de Ares, un tanto intranquilo—. Descuida… Ares no volvería a cometer el error de anclarse a tu alma… sigues siendo un Titán —sonrió Hyperión.
—¿Por qué eres mi padre en esta encarnación, Hyperión? —preguntó Antares, e Hyperión sonrió—. Memorias… recesivas… van y vienen como les place… así debe sentirse Deneb de Capricornio… sabiendo que eres alguien diferente, pero al mismo tiempo eres un ser reencarnado… lo que me sorprende más, es que aceptaras tenerme de hijo… —e Hyperión sonrió.
—¿Te molesta que sea tu padre? —y Antares lo negó—. Eres una estrella en el cielo, Antares. Debías ser el hijo de una estrella. Mientras yo sea el sol, y tu madre sea la luna, seguirás naciendo de nuestra sangre, eternamente, siempre al servicio de Athena. Por ello deberás entregarte en alma a tu diosa, sobrevivir a Poseidón quien te asesinó, enfrentar a Hades, volver a abofetear a Zeus, el sol y la luna oscuros también se levantarán. Pero no siempre tus memorias recesivas te ayudarán a salir victorioso como hoy. Al final, solo hay una fuerza que puede ayudarte a sobrevivir… —y Antares asintió, cerró los ojos, y cuando los abrió Hyperión no estaba frente a él, sino Saori.
—La esperanza —sonrió Antares, mientras Saori se sentaba y ayudaba a Antares a recostarse en su regazo—. No… no es la esperanza solamente… es un sentimiento un tanto más egoísta… que me meterá en muchos problemas… eternamente… pero que al menos sé que siempre valdrá la pena —continuó Antares.
—El amor —sonrió Saori, acariciando la cabellera de Antares—. Gracias por protegerme… fuiste muy valiente… el verte combatir de esa manera… fue bastante conmovedor… —prosiguió Saori, y Antares asintió—. Perdóname por haberte exigido tanto… lamento que debas sufrir tanto por mí… —y Antares se repuso, incorporándose tranquilamente, y mirando a su diosa de frente—. ¿Antares? —preguntó Saori.
—No todo el tiempo estoy sufriendo… Saori… —y Antares se acercó a Saori, y la besó gentilmente, sorprendiendo a la diosa, cuyo corazón dio un giro, y cuando Antares se separó, Saori aún estaba incrédula de lo que acababa de suceder—. Si te arrepientes… quiero que sepas que tú tienes la culpa… —aseguró Antares, y Saori comenzó a llorar de alegría.
—¡Jamás podría arrepentirme! —gritó Saori, se lanzó a Antares, y lo derribó con un tremendo beso, del cual no quería soltarse. El resto de los Caballeros Dorados, simplemente se reunió y observó la escena, sabiendo que esto traería más complicaciones, pero recordando que no era la primera vez que su diosa se enamoraba de su Caballero de Escorpio, ni sería la última. Así tendría que ser, eternamente, por mantener a su diosa pura y alejada de la tiranía divina, Saori necesitaba a un caballero a su lado que le brindara esa fuerza, y la mantuviera alegre, y con el corazón lleno de esperanza.
Bueno pues creo que está es en verdad la última entrega. Como les dije arriba, sentí que a pesar del esfuerzo había dejado algunos cabos sueltos. En fin, lo importante de este capítulo era definitivamente dejar sobre entendido que los dioses derrotados: Ares, Poseidón, Hades, Zeus y Apolo, continuarían levantándose, y que mientras Saori no perdiera la esperanza, no se convertirá en una tirana. No tengo planeado continuar con otra Saga original, como pueden ver por el final de esta, no entré en el detalle, y solo volví a matar a Ares sin dar detalles del cómo. De aquí en adelante todo queda en manos de su imaginación, jajaja. Por mi parte es todo, espero les haya gustado, y para evitar confusiones:
Argos de Aries = Reencarnación de Jasón, hijo de Kreios de los Astros y la Oceánida Euribia.
Hércules de Tauro = Reencarnación de Heracles, hijo de Cronos del Tiempo y Rea de las Bestias.
Crateis de Géminis = Hijo de Ikki de Leo y Hécate de lo Oculto, esposo de Ariadna.
Antonella de Cáncer = Hija de Mephisto de Garuda y Mnemosyne de las Memorias.
Alios de Leo = Reencarnación de Aioria, hijo de Ceo del Intelecto y Phoibe del Conocimiento.
Espigia de Virgo = Hijo de Sargas y de Mesarthim, ambos Caballeros Dorados retirados aún con vida.
Pirro de Libra = Reencarnación de Aquiles, hijo de Iapeto de la Dimensión y Themis del Orden.
Antares de Escorpio = Reencarnación de Milo, hijo de Hyperión del Sol y Theia (Eurifasea) de la Luna.
Kaus de Sagitario = Reencarnación de Lino (El Sol Rojo), no tiene parientes de interés.
Deneb de Capricornio = Reencarnación de Shura, no fue nacido en la familia Heinstein.
Hydor de Acuario = Reencarnación de Camus, hijo de Okeanos de los Océanos y Tethys de los Ríos.
Ariadna de Piscis = Hija de Shaula y Kiki, la misma Ariadna del capítulo anterior, esposa de Crateis desde hace varios años.
Bueno pues ahora sí es el fin, no voy a reescribir otras Guerras Doradas, así que si desean continuar con la historia, ya tienen la base, imagínense el resto, yo me retiro, ahora terminaré la academia Sanctuary, jajaja.
NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):
1 – Cuando Hydor de Acuario habla sobre las amistades de los Escorpio y los Acuarios, agrega el nombre de Diomedes de Escorpio y Menelao de Acuario.
2 – Cuando Deneb le explica a Saori sobre la reencarnación, enuncia a Agamenón como el primer Caballero de Capricornio que logró anclar su alma a su diosa.
3 – Se cambió el nombre del Caballero de Libra por Pirro.
