Al despertarme me sentí perdida. Allí donde estaba tumbada no era la cama en la que solia dormir, este colchón era diferente. Noté como alguien se movía detrás de mí. Por encima de mi cintura noté que algo pasaba. Era un brazo. Me di lentamente la vuelta y descubrí a Goshia durmiendo a mi lado. Estaba despistada y no me acordaba de lo que había pasado el día anterior hasta que le vi. Me levanté para no despertarle. Me marché a mi habitación tranquilamente y me dormí un poco en la cama antes de que la casa despertara.
Cuando volví a despertar escuché mucho barullo fuera. Me levanté de la cama y caminé hasta el centro de los gritos. Cuando llegué a la sala principal vi a Juvia, sujetada por Aoba, y Akane, sujetada por Tiky que últimamente estaba siempre en el castillo, gritando a las lobas las cuales estaban también sujetadas por Rania y Ceres.
-¿Qué os pasa? –pregunté mirando el espectáculo.
-¡¿Qué os habéis creído?! –gritó Juvia intentando soltarse de los brazos de su captor -¡¿Qué podéis maltratar a unos niños indefensos solo porque no encontráis una de vuestros chismes?!
-¡Ellos nos las han robado!
-Eso no es verdad –dijo un niño rubio, con temor, escondido detrás de Aoba intentando que Juvia no se tirara contra las dos lobas.
-¡CALLATE! –gritaron las dos lobas a la vez.
Los dos chicos, el que estaba detrás de Juvia, Frosh, y Kirt, que estaba detrás de Akane mirando con los ojos llorosos.
-¿Pero que os han robado?
-Dicen que las han desaparecido unos anillos de oro –dijo Akane cabreada.
-Si, los que nos regalaron Goshia y Naoki cuando nos comprometimos con ellos.
Goshia y Naoki no estaban para confirmar aquello, y dudaba bastante que lo hubieran hecho, así que no podíamos hacer nada. Kyo apareció al poco tiempo de empezar aquella pelea.
-¿Qué pasa ama? –dijo al ver tanta gente reunida gritando.
-Nada Kyo, ¿Puedes ir a buscar a Goshia y Naoki? –La chica asintió y salió de la habitación corriendo.
-¿Pero como eran esos anillos? –dije haciendo tiempo a que los dos chicos vinieran.
-De compromiso, ellos nos los dieron con todo su carillo.
Las cosas cada vez me sonaban mas extrañas.
-¿Qué ocurre aquí? –Dijo una voz masculina detrás de mí.
-¿Por qué no ha esperáis cuando hay pelea? –dijo otra vez masculina con tono feliz que reconocí al instante.
- Naoki, corazón díselo –dijo Michelle intentando liberarse de Ceres.
-¿Qué le diga que?
Noté como un brazo pasaba por mi hombro y al otro lado comencé a sentir mucho calor proveniente del chico que tenia al lado. Miré al chico y al verle, con una camiseta negra de tirantes que le marcaba los músculos, me puse colorada al instante. Desvié la mirada para que no me viera.
-Goshia cariño ayúdame por favor –suplicó Kisa.
Goshia no se movió del sitio ni la hizo caso.
-¿Qué ha ocurrido, por qué nos has llamado tan repentinamente?
-Según parece, los chicos les han robado unos anillos de oro que vosotros regalasteis a Kisa y Michelle.
-¿Anillos? ¿Me tomas el pelo? –negué con la cabeza-. Yo nunca he regalado ningún anillo a nadie.
La cara de los chicos se iluminó cuando Goshia confirmó lo que yo creía.
-Bien, ahora que está todo aclarado no creo que haga falta derramar sangre.
Las dos lobas se separaron de sus captoras y caminaron hacia los chicos. Michelle comenzó a perseguir a Naoki fuera de la sala principal. Kisa me empujó separándome de Goshia.
- Goshia, no te acuerdas que Drunj te dio un anillo para que me lo dieras en compromiso…
-Tsk –contestó Goshia-. Kisa, no te he querido nunca. He de decir que si que me dio el anillo, pero lo tiré a un lago el mismo día que me lo dio. Ese mismo día le dije a mi padre que se lo daría a una sola persona, y sería la persona que yo elija, así que mejor que se te quite la idea de que me voy a casar contigo.
Goshia se separó de Kisa y se juntó con el grupo de 7 en el que estábamos los demás. Kisa miró por última vez a Goshia y comenzó a caminar hacia la salida encontrándose a Kyo en la puerta. Antes de que intentara hacerla nada corrí y me puse delante de Kyo protegiéndola.
-Ni se te ocurra Kisa –la miré con odio.
Noté como los ojos de Kisa se iban volviendo más amarillos y más fieros. Tras ese pequeño cambio de miradas salió de la sala dejándonos a los 9 allí.
-Cada vez están más locas –dijo Akane.
Tiky y Aoba soltaron a las chicas.
-Será mejor que las tres os vayáis a dar una vuelta, nosotros intentaremos hablar con ellas –dijo Tiky en nombre de los tres-. Y no os preocupéis, no dejaremos que les hagan nada a los chicos- dijo mientras revolvía el pelo a Kirt.
-No creo que sea momento para marcharnos así como si nada –dijo Juvia mirando a Frosh por si estaba herido.
-Juvia –intervino Aoba-, él tiene razón será mejor que os calméis un poco y os dé un poco el aire, hace tiempo que no comes nada y estás muy alterada.
Los chicos intentaron convencer a las chicas. Yo volví, junto a Kyo, con Goshia.
-¿Tú también piensas que necesito tomar el aire?
-Sí, últimamente no sales de estas cuatro pareces y te sentará bien –me dijo tranquilo sin meterme la presión que los demás estaban metiendo a las chicas.
-Pero esos cristales… tengo que averiguar que son y por que los tenían esos vampiros.
-Después, ahora necesitas relajarte. Tienes mucho tiempo por delante para preocuparte de esas cosas.
-Pero… uno de ellos…
-¡Raisa! –gritó Goshia cortándole la frase a la mitad-, ve y relájate.
Poco después los chicos nos sacaron del castillo y no nos dejaron entrar.
-¡Esta nos la pagaréis! –gritó Juvia golpeando la puerta intentando volver a entrar.
-Me parece que no tenemos otra opción que quedarnos aquí o salir a tomar algo –dijo Akane mirando al horizonte, con una sonrisa-. ¿Me acompañáis?
Me encogí de hombros, no teníamos nada mejor que hacer, así que no habría problema en irnos a comer algo. Juvia no dijo nada, pero fue la primera en abrir las alas y echar a volar. Akane y yo la seguimos de cerca.
Juvia separó en una pequeña ciudad desierta, debido a las horas que eran. Cuando aterricé en aquel lugar lo noté familiar, pero no me acordaba ahora del porque.
-Bien, creo que aquí tendremos de sobra para esta noche.
Juvia se adelantó a nosotras y empezó a caminar hacia un grupo de casa. Akane salió detrás de ella y se marchó a un bar que había en aquella plaza.
El olor de la sangre me llegó al momento.
-"Eres rápida –la dije"
-"Tengo hambre y estos humanos no se quejan. ¿Qué más puedo pedir?"
Noté como mi compañera mordía a otro humano haciendo que la sangre volviera a llegar hasta mí. Ya no pude resistirme y entré en una casa. En ella había un hombre tumbado en el sofá durmiendo. Le mordí sin que nadie más se enterara, ya que le tapé la boca para que no gritara. Entré a uno de los cuartos. En él había otro hombre con una mujer al lado. Realicé el mismo proceso que al anterior. Y por último, la última habitación de la casa. Al entrar olía mucho a tabaco y alcohol pero pude soportarlo. Me acerqué a él. Las luces de las farolas de la calle me mostraron quien era realmente. Cuando le vi recordé aquel día en mi cumpleaños que recibí el oso panda. El hombre que tenia frente a mí, era el mismo que me había robado la chaqueta de Yû. Dejando al hombre con vida salí de la casa y comencé a caminar por las calles, de aquel pequeño pueblo, intentando recordar el camino que Yû y yo recorrimos hasta salir del pueblo.
-Esto es muy diferente a como lo recordaba –pensé en voz alta cuando llegué al pequeño lago que había en aquel lugar, fuera del pueblo.
Instintivamente materialicé el oso panda y lo observé cuidadosamente.
-Es debido a la estación en la que estamos –dijo una voz detrás de mí.
Me giré rápidamente ocultando el oso tras de mí. Vi a un chico de pelo largo vestido con un largo abrigo negro.
-Sí, es lo que tiene el invierno que las cosas cambian mucho.
El chico comenzó a acercarse a mí. Yo me quedé parada. El sol estaba comenzando a salir y pude ver su cara con claridad. Él también parecía otra persona, me había visto y no había empuñado su katana.
-¿Me estás siguiendo? –le dije.
-No como quisiera, pero he de decir que sí –dijo él.
Lentamente puso su mano en mi hombro.
-Raisa, sé que ahora no quieres que te diga nada… Pero me gustaría que te tomaras esto –dijo mostrándome un botecito de cristal con líquido azul.
-¿Qué es eso?
-Algo que te hará bien, te lo prometo.
-Ya… pero sabes la pega. Que no te creo –salté hacia atrás al tiempo que materializaba dos katanas -. Hace tiempo que he dejado de creer las cosas que me decías. Hace tiempo que dejé atrás todo lo que nos relacionaba. No vas ha volver a engañarme como ya hiciste una vez.
-Tendré que hacerlo por la fuerza entonces.
Kanda desenvainó su katana y los dos comenzamos a luchar. Fue como la primera vez que nos enfrentamos, pero esta vez mi odio hacia él era mayor. Ahora le conocía y sabía de lo que era capaz. No quería dejarle con vida, quería acabar con él lo antes posible. Apunto estuve en varias ocasiones de tocar el agua, sabía que Yû intentaba dejarme fuera de combate, pero gracias al entrenamiento supe como reaccionar en aquellos casos.
El entrenamiento que había tenido durante aquellos meses estaba dando sus frutos. Los golpes que Yû soltaba sobre mí no llegaban a darme, sabía como defenderme. Es cierto que en más de una ocasión me había llegado a rozar con la katana y me había creado una herida que se cerró a los pocos minutos.
-Has estado entrenando –dijo él parando uno de mis ataques.
-Sabía que tarde o temprano volvería a encontrarme contigo – Quité una de las katanas y acto seguido materialicé un ázame.
Yû puso prever mis movimientos y se apartó con rapidez permitiéndome hacerle solo un corte superficial.
-Tú también has estado entrenando, antes no esquivabas mis ataques –dije con una sonrisa.
-Te he estudiado.
Mientras nos mirábamos el uno al otro escuché como distintos jugos de armas se acercaban a nosotros. Por uno de nuestros lados apareció una loba de color pardo con los ojos amarillos. Gruñía a un hombre que nunca antes había visto. Debido a los rápidos movimientos que realizaban los dos no les pude ver con claridad. Por nuestro lado contrario y alzándose por el cielo aparecieron otras dos personas. También se movían con rapidez y era difícil seguirlos, pero pudimos ver dos reflejos, uno azul y otro rojo que no dejaban de chocar el uno contra el otro.
-La fiesta está apunto de comenzar.
Aquel reflejo azul se colocó a mi lado izquierdo. Aquella mujer de larga cabellera azul se quedó parada mirando al frente, hacia un chico de pelo rojo con un parche en ojo derecho. Las manos de Juvia sostenían varias burbujas de agua que seguramente no dudaría en lanzar contra Lavi, que se mantenía con la mirada fija en la chica esperando cualquier movimiento por su parte.
-Parece que ya hemos encontrado a la nuestra Yû.
-Tsk ¡Maldito conejo! ¿¡Cuando dejarás de llamarme así!? –le gritó Yû enfurecido.
-Este no es el momento de estar peleando –dijo una voz que no reconocí.
Al otro lado apareció, al lado de Yû, un hombre de la misma edad, prácticamente, que Yû y Lavi.
-Tu no te metas en esto idota del balón –dijo Yû al nuevo chico.
-Kise, coletita – Siguió el chico-, me llamo Kise.
-"Ya tenemos nuevos apodos –dije."
Este hombre tenía el pelo rubio, algunos mechones le caían por la frente, largo sin taparle las orejas. Tenía los ojos marrones, los cuales no dejaban de mirar a la loba de color pardo y ojos amarillos que se había colocado a mi lado. El chico tenía los mismos colores que Lavi y Yû por lo que deduje que también sería un cazador. El traje del chico era diferente al de lavi y Yû.
-Bien, ahora que estamos todos reunidos por fin, voy a presentarme, Me llamo Kise –dijo el nuevo chico.
Kise o idiota del balón como le había llamado iba vestido con traje negro, marcando distintos detalles en rojo, y en el lado izquierdo de la claqueta la insignia de los cazadores, la cruz plateada, llevaba también una camisa blanca y corbata.
La loba que estaba a mi lado, que no paraba de mirar al chico nuevo, comenzó a cambiar de aspecto, sus piernas y brazos se alargaron, sus orejas desaparecieron y creció su cabellera, dando lugar a la hermosa chica de cabellos rubios y ojos amarillos.
-Vaya, es la primera vez que tengo el placer de matar a un licántropo que además es una vampira. Esto no se ve todos los días –dijo Kise animado.
Miré a las dos chicas, que no paraban de mirar a sus respectivos enemigos, las dos muy enfadadas, con cara de pocos amigos.
-Bien, ¿nos vamos a quedar aquí…? –comenzó el nuevo.
-¿Por qué nos estáis siguiendo? –le cortó Juvia.
-Tenemos una misión entre manos –contestó Lavi.
-Déjame que lo piense –seguí yo-… Matarnos a nosotras ¿verdad?
-En otro momento podría ser esa nuestra única misión – Siguió Yû.
-Pero… -continuó Akane.
-Esta misión es más importante que cualquier otra –finalizó Kise.
-Bien, pues aunque nos duela, si esa misión tiene que ver con nosotras…-Dijo Akane.
-Lo sentimos, pero no dejaremos que nos hagáis nada –dije.
-Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días, y ninguna de nosotras quiere volver a ellos –finalizó Juvia-. Así que…
- Eh eh eh eh… Esperad –dijo Kise -. ¿Quién ha dicho que la misión tiene que ver con vosotras?
-Es obvio sabiendo lo que somos cada uno –Dijo Juvia.
-Ya me habían adelantado – dijo el rubiales- que queréis ser el centro de atención.
-Tks –miré a Yû con más odio que nunca.
-Pero estáis muy equivocada, nuestra misión no coincide con lo que pensáis.
-¿A qué te refieres? –preguntó Akane.
-Nuestra misión consiste en llevar información a los altos cargos de los cazadores –Dijo Lavi.
-¿Esa es la razón por la que me querías dar el líquido?
-Exacto –contestó Yû.
-¿Un suero de la verdad? –preguntó Juvia.
-Es algo más complicado que eso –dijo Lavo mostrándonos otro frasco que contenía el mismo color.
Lavi comenzó ha acercarse a Juvia. Me puse en posición y lancé uno de mis ataques sin que nadie se diera cuenta, solo las chicas, que estaban frente a los chicos.
-Creo que estoy se pondrá interesante –volvió a decir el nuevo.
En su mano apareció una bola de baloncesto completamente nueva, sin rozaduras y de color brillante.
-¿Vamos a jugar al baloncesto? –pregunté al ver el balón.
-No seas tan ingenua Masamune –me dijo Yû- las cosas no son lo que parecen.
-Ya estoy harta –Juvia se tiró sobre Lavi lanzándole varias bolas de agua hirviendo.
Akane sacó sus alas y se tiró también sobre el chico nuevo.
Mientras yo me quedé a esperar a que mi ataque comenzara a surtir efecto que lo le quedaría mucho tiempo para que tomara la forma deseada.
-Raisa… -comenzó Yû
-¿Cómo has averiguado mi nombre completo? –dije para dar tiempo a que todo ocurriera.
-Te he estudiado –volvió a decir-. El conejo y yo buscamos vuestro expediente en vuestra ciudad y descubrimos varias cosas sobre vosotras.
Por detrás de Yû puse ver como un hombre se iba acocando, parecía que él no se había dado cuenta, por lo que quise seguir entreteniéndole para acabar con esto de una vez por todas.
-¿Qué cosas?
-Que eras estudiante de cocina, que te encanta la música y que duermes con peluches.
-Eso no tiene nada que ver conmigo. Esa humana desapareció hace tiempo.
-Todavía tienes el oso verdad… -dijo Yû con voz tierna.
Consiguió que me sonrojara un poco. Aquel hombre se fue acercando poco a poco.
-Dímelo, sé que aún lo tienes.
- Después de lo que pasó aquel día ¿Por qué piensas que debería tenerlo?
-Te conozco.
-No, no me conoces en absoluto.
Aquel hombre que se había ido acercando cogió a Yû por los brazos impidiendo que se moviera.
-Todo lo que conociste de mí se ha marchado.
-¿Qué es esto?
-He conseguido que mis poderes subieran un nivel más, ahora puedo crear cosas con vida como ese muñeco.
Las dos chicas que se habían marchado a pelear con sus enemigos volvieron y se colocaron en la misma posición que estaban.
-Todo ha salido perfecto –dijo Juvia.
Por encima de los árboles se alzó una esfera de hielo que contenía a una persona dentro de ella. Lavi estaba dentro congelado.
-Tengo ganas de golpearlo y que se rompa en mil pedazos .dijo Juvia con emoción.
-Hazlo, nadie te lo impide –dije con una sonrisa.
-Bien, ya está –dijo una voz tras nosotras.
Akane había aterrizado detrás de nosotras llevando a Kise atrapado en una gran enredadera que ella misma había creado.
-Parece que por una vez nuestro plan a tomado forma –dije.
-Si, pero y ahora que hacemos. Matarles ahora es muy fácil y yo apenas disfrutaría –Akane miró al chico – Aunque podía convertirlo en vampiro y hacer que fuera mi esclavo
Akane comenzó a imaginarse al rubio y no pudo evitar babear ante aquella idea.
-Le ordenaría que me diera un masaje en los pies y que me abanicara en los días de calor.
-Menuda soñadora estás hecha –Akane nos sacó la lengua a las dos chicas.
Los chicos, los dos que podían, comenzaron a reírse.
-No podéis ser tan ingenuas, siempre os irá mal –dijo el chico nuevo.
-¿A qué te refieres?
El hielo que cubría a Lavi comenzó a desaparecer dejando al chico libre.
-Ya era hora Kise –repuso el chico.
-¿Qué ocurre? –grité.
-¡Ahhh! –se escuchó un grito.
A nuestro lado, Juvia estaba encerrada por una gran cantidad de enredaderas que poco a poco la iban cubriendo todo el cuerpo.
-¡Akane Que estás haciendo! –grité- Deshaz el ataque.
-Yo no he hecho nada.
Akane a los pocos minutos se vio atrapada por un muñeco igual al que yo había usado con Yû.
¡Raisa! ¿Qué haces?- gritó Juvia.
-Yo no lo he materializado –grité desesperada por no saber lo que estaba pasando.
-Ya te hemos dicho que nada es lo que parece –dijo Kise acercándose a mí, ya liberado de la prisión de Akane.
El balón del chico estaba brillando mientras que él lo hacía bailar encima de su dedo índice.
Noté entonces como la temperatura de mí alrededor comenzaba a bajar con rapidez. Sentí miedo, pues vi que mis pies comenzaban a congelarse rápidamente. La prisión de Yû había desaparecido, pues no estaba concentrada y acabó deshaciéndose. Los tres chicos estaban libres de nuestras prisiones mientras que éramos nosotros los que estábamos dentro de ellas.
-¿Qué habéis hecho? –gritó Akane.
-No deberíais enseñar vuestras habilidades a los nuevos. Nunca sabrás lo que pueden hacer.
Kise se acercó a Akane. Puso su mano en la barbilla de la chica y la sonrió.
-Es una lástima que una persona tan bella sea una de las criaturas más horribles del mundo, aunque en este caso es doble –sonrió el chico cuando la vio.
-Idiota, deja de jugar con ellas y dales el antídoto.
-Vamos coletita, déjame jugar un poco con ella, es la primera vez que nos vemos –repuso el chico sin soltar la barbilla de la chica.
-Kise, si esto funciona podrás jugar lo que quieras con ella –dijo Lavi.
Mis brazos habían quedado completamente atrapados por el hielo que iba subiendo, y que ya estaba por mi pecho. Yû se acercó a mí.
-No teníamos otra manera de hacerlo, espero que puedas perdonarnos alguna vez.
Yû sacó de su bolsillo una botella de cristal. Yû colocó aquella botella sobre mí y el cristal se rompió al instante dejando libre el líquido transparente que tenía dentro de ella. Noté como el cuerpo comenzaba no responderme. El pecho me empezó a arder cuando noté aquel líquido.
-Cuando quieras `puedes liberarlas.
-Si –contestó Kise.
Noté que la presión de mis brazos y piernas había desaparecido, pero no pude mantenerme en pie. Caí al suelo. Luchaba por resistir el dolor que me acusaba aquel líquido. Las dos chicas estaban como yo, luchando por sobrevivir, pero si aquello era lo que creía que era, no sobreviviríamos si continuábamos así durante un tiempo.
-El agua bendita es horrible para las criaturas, pero es la única manera de que se estén quietecitas –escuché un susurro de uno de los chicos.
No quería gritar, no quería darles el placer de saber que estábamos sufriendo. Mi pecho comenzó a arder y noté como la piel iba deshaciéndose como si fuera ácido. Las lágrimas de mis ojos salieron por propia voluntad. Poco a poco mi cuerpo dejó de sentir aquel dolor, pero tanto mis piernas como mis brazos, y el resto del cuerpo habían quedado inutilizados. Las chicas estaban igual que yo, sin poder moverse. Vi como unas botas se iban acercando a mí.
-Sé que te duele, pero si funciona, prometo que no volverás a sentir dolor nunca más.
Aquella voz se acercó a mí. Apoyándose en mi condición actual, Yû depositó un suave beso sobre mis labios. Miré al chico con odio y con deseo de matarle, ahora más que nunca. Vi que volvía a sacar de su chaqueta el frasquito con el líquido de color azul. Inclinó el frasco para que cayera sobre mis labios. Impotente y solo pudiendo hacer movimientos con los ojos vi que una figura negra alejaba al cazador de mi lado. Solo cayó sobre mis labios una gota que se coló en mi boca.
-¡Aléjate de ella! –escuché que decía una voz profunda.
Intenté levantarme, pero el dolor me lo impedía. Intenté girar la cabeza para saber que era lo que estaba pasando, pero solo vi un gran ser de pelaje negro delante de mí.
-¡Ellas no son asunto vuestros! –escuché que decía otra voz menos profunda.
No podía relacionar un mensaje con otro, por que las contestaciones las escuchaba muy lejanas y no conseguía saber que era lo que decían.
-¡Si las hacéis algo! –dijo otra voz distinta a todas las anteriores-. ¡La guerra empezará antes de lo que esperáis.
Tras aquellas tres conversaciones noté como unos brazos cálidos me levantaban del suelo. Alcé la vista para ver a mi salvador. Vi un licántropo de pelaje completamente negro, y el ojo que me quedaba más a la vista era morado y lo atravesaba una cicatriz realizada hacía años atrás. Aquel licántropo, estaba en su forma de hombre-lobo, aspecto de lobo que se sostenía solo sobre dos patas. Al sentir aquellos brazos cálidos me dejé llevar por él.
-Ella no te pertenece –Escuché decir con claridad.
-Eso ya lo veremos –escuché antes de que aquella criatura comenzara a correr hacia el bosque.
Tiempo después de notar que el bosque había quedado muy atrás y de que ya no estaba bajo el cielo azul noté que mi cuerpo comenzaba a responder a mis órdenes. Pude abrir los ojos y me encontré con una mirada heterocromática preocupada.
-¿Te encuentras bien Raisa? –me dijo.
-S-si –pude responder por fin.
Me levanté lentamente de la cama en la que me encontraba. Recordé lo que había pasado y acto seguido me miré la zona del pecho. Lo tenía completamente vendado.
-Te lo hemos vendado por precaución, tienes la piel bastante quemada por la acción del agua bendita que ese cazador te ha echado.
-¿Y Juvia y Akane?
-Ellas están bien, despertaron unos minutos antes que tú –me explicó-. Ahora están con Tiky y Aoba.
Sonreí. Goshia me devolvió la sonrisa antes de posar sus labios sobre los míos.
-Siento que os haya pasado eso, no volveré a dejarte sola.
-Estoy bien. Es solo que ese nuevo cazador nos ha cogido por sorpresa, y después han ocurrido algunas cosas que no sé como explicar.
-Ahora será mejor que descanses y que no le des más vueltas.
Goshia empujó suavemente mis hombros y me volvió a tumbar en la cama.
-¿Cómo nos habéis encontrado?
-Hacia horas que os habíais marchado y decidimos salir a buscaros. Seguimos vuestro rastro y os encontramos en aquel pueblo. Menos mal que llegamos justo a tiempo de que os hicieran algo.
-Gracias – dije con una sonrisa.
-Dije que cuidaría de ti pasase lo que pasase, ¿no es así? –contesté con una sonrisa.
No estuvimos mucho más tiempo en aquel lugar, que era la Sede de los vampiros, solo lo necesario para que no de los consejeros pudiera verificar que ya estábamos en condiciones para volver al castillo.
Al llegar a él Kyo, Frosh y Kirt corrieron hacia nosotros huyendo de dos lobas y un perro demonio que los seguían. Los chicos se pusieron delante de nosotras parando a las chicas que venían corriendo.
-¿Qué está ocurriendo? –dijo Goshia-, quedamos en que dejaríais a los niños en paz.
-Tú no te metas en esto, ellos están aquí para servirnos, si no lo hacen deben ser castigados –dijo Ceres.
-En primer lugar: a cada criatura le fue asignado un niño, no podeís tocar los de otros. Y en segundo lugar –Dijo Tiky cogiendo a Kisa del cuello de la camiseta y levantándola del suelo-: la única que castiga es La Reina, vosotras no tenéis autoridad ya que os encontráis en una propiedad de los vampiros.
-Ya vale Tiky –dijo Akane poniendo una mano sobre el brazo de Tiky. El vampiro soltó a la loba.
-La próxima vez que os vea maltratando a uno de los niños seréis expulsadas de la casa.
Ceres nos miró a las chicas con odio y se marchó a la sala principal junto con las lobas.
-Traed tres copas de sangre –ordenó Aoba a los niños, que salieron escopetados a la cocina.
Tras bebernos la sangre, cada chico llevó a su chica a una habitación. Aoba dejó a Juvia en la suya. Tiky acompañó a Akane a la de ella y Goshia llegó hasta la mía.
-¿No entras? –dijo Goshia cuando abrió mi puerta y veía que yo no entraba en ella.
-¿Puedo dormir esta noche contigo? –dije mirándole a los ojos.
El chico sonrió y me sujetó de la cintura para que pudiera caminar mejor. Me llevó hasta su habitación. Él se tumbó primero poniéndose al lado de la pared, yo me tumbé a su lado y me arrimé a él buscando el calor que su cuerpo desprendía. Así me quedé dormida al instante.
