Capítulo 54 Terquedad
El aeropuerto Ruso estaba lleno de gente. Tyson y Kenny, quién lo seguía insistiéndole que usara el abrigo, se adentraron a lugar.
- Tyson, no quiero ser pesimista pero no creo que la encontremos… Ella me dijo que se comunicaría con nosotros. Deberíamos esperar a que…
- ¡Jefe! ¡Mira! Ese tipo de allá es Michael de los All Stars…
Tyson aún no sabía que Hilary había acordado verse con Michael para viajar a Estados Unidos y, ante la precisa del tricampeón, Kenny no encontró oportunidad para enterarlo.
- Vamos con él, Jefe, tal vez sepa algo de Hilary…
- ¡Tyson espera! ¡Tienes que escucharme! – Kenny corrió, cargando el abrigo de Tyson en su mano, tratando de alcanzarle pero fue inútil.
- ¡Oye Michael!- Tyson llamó al beyluchador. Justo cuando se acercaba más a él, Hilary llegó al lado de Michael, el cual la saludó con un beso en la mejilla.
- ¡Hilary! – se dirigió Tyson a ella, luego la tomó de los brazos - ¡¿Estás loca o qué?! ¿Cómo crees que te irás de Rusia cuando todos tenemos prohibido salir del país por nuestra seguridad?
Hilary se soltó de Tyson mientras Michael miraba la escena con sorpresa.
- ¡Tyson! – le reclamó. Luego vio a Kenny que con la miraba baja se acercó. - ¡Kenny ¿cómo pudiste?! ¡Pensé que podía confiar en ti!
- No lo culpes a él. El jefe hizo lo correcto en decirme, sino fuera por eso hubieras cometido una torpeza. Ahora vámonos ya.
Tyson volteó y tomó a la chica de la muñeca y haló de ella, pero Michael la sostuvo del brazo. Al notar la resistencia de Hilary, Tyson volteó a mirarla. El chico reaccionó ante el semblante serio de ella y la mirada desafiante de Michael, por lo que soltó su muñeca.
- Bien… - dijo luego de una pequeña pausa incómoda- ¿qué está pasando acá?
- Tyson… me iré a Estados Unidos con Michael y Emily. No quiero estar en la BBA. – le dijo firmemente.
- ¡No sabes el error que cometes en irte! La BBA ha sido tu familia y la abandonas como si nada.
- Ya basta, Tyson. – dijo Michael – A ti no te importa la salud emocional de Hilary, ella estará mejor lejos de este lugar. Como siempre… quieres tener el control de todo.
Por el audio parlante se escuchó el número del siguiente vuelo. Tyson miró el tiquete que tenía Hilary en su mano, era el que mencionaban.
- Ya tenemos que irnos. Adiós chicos, les escribiré.
- Hilary perdóname, de verdad. – le dijo Kenny apenado.
- Ya no importa… - le dijo la chica.
- ¡No tienes que disculparte, Jefe!- Tyson volvió a tomar a Hilary de sus brazos. - ¡No permitiré que te vayas!
- ¡Ya basta Tyson! – Hilary enojada, se soltó de él - ¡Ya déjame! ¡Sólo mírate! ¿Te bañaste al menos? Pareces un loco suelto
Tyson se miró así mismo: había salido con sus zapatillas y pantalón que usaba de noche. Además, no se había cambiado la camisa del día anterior.
- ¿Y eso que tiene que ver? ¡¿A caso vine a un desfile de modas?!
- ¡Ese es tu problema! ¡Solo piensas en el beyblade, beyblade, beyblade! Yo ya no quiero más eso… Estar en la BBA sólo me ha causado problemas. No quiero terminar siendo esclava de esto, Tyson. Si no lo entiendes lo lamento mucho.
Tyson y Kenny se quedaron callados. Hilary también calló. El número del siguiente vuelo volvió a ser anunciado.
- Despídanme de los demás. –Hilary dio media vuelta y empezó a caminar.
Michael les hizo un ademán de despedida pero los chicos no le correspondieron. Solo los observaron irse.
Tyson levantó su brazo y olió su axila.
- Jefe…
- ¿Qué?- le respondió mientras aún observaba a la distancia.
- ¿De verdad luzco como que no me haya bañado?
Kenny asintió con la cabeza lentamente.
- Ajá…
- Dame ese abrigo.
El jefe le pasó el abrigo sin voltear a verlo. Luego los dos comenzaron a caminar lenta y silenciosamente para volver a la BBA al mismo tiempo que Tyson se colocaba el abrigo.
Temprano en la mañana, una chica vestida con sus pantalones deportivos y su sudadera gris, golpeaba una y otra vez la bolsa de boxeo que se movía de un lado a otro mientras ella sudaba intensamente. Era Roxie. Se encontraba en una de las salas de entrenamiento, la cual ella y Hiro se habían encargado de acondicionar con modernas máquinas de ejercicios e implementos deportivos tiempo antes de que partieran a Inglaterra antes del torneo pasado en el mismo país. No muy lejos de ella estaba Lila. Apuntaba con su beylanzador hacia el plato mientras una computadora le indicaba la potencia.
Las compuertas de la sala se abrieron cuando Karisa entró buscando a su hermana. Se quedó asombrada de mirar la nitidez del lugar, y al escuchar el grito "Let it rip!" no tardó en identificar a la pequeña, quien justo como su estrella favorita, vestía una gorra hacia atrás.
- ¡Lila! ¿qué haces acá? Pensé que me ayudarías a limpiar nuestra nueva habitación. – luego suspiró con pesar – después de todo no podremos irnos dentro de un buen tiempo y eso significa que debemos intentar sentirnos como en casa.
- Karisa… tenemos mucho tiempo para limpiar… yo ya me siento como en casa, solo desearía que mamá pudiera venir también. Por favor déjame entrenar un poco más… - le suplicó.
- Oh de acuerdo… - se resignó. De repente el sonido de los guantes de boxeo hizo que buscara de donde provenía. No tardó en divisar a Roxie.
Karisa se acercó poco a poco hasta hacer que la chica se detuviera.
- Hola… - la saludó Roxie jadeando.
- Hola… ¿cuánto tiempo lleva haciendo eso?
- ¿Te refieres al boxeo? Pues… empecé hace unos años, pero solo soy una aficionada, practico cuando quiero des estresarme.
- Ya veo… - Karisa volteó a ver cada una de las máquinas con curiosidad.
- Dime, ¿te gusta el deporte?
La chica de ojos claros rió un poco.
- En realidad nunca he sido muy buena para ellos… ya sabes quien es la deportista en mi familia. – señaló a Lila que practicaba una simulación contra otros beyblades.- pero quisiera intentar algo que me volviera… ya sabes… más fuerte.
- Claro, te entiendo. Hoy estaré por acá la mayor parte del día. ¿Por qué no vienes y comienzas un programa de entrenamiento?
- Oh, te lo agradezco, pero hoy voy a limpiar la habitación que nos asignaron. Está un poco sucia y quiero mover algunos muebles…
- Bueno, avísame cuando quieras venir y te ayudaré a ejercitarte más.
Luego de agradecerle, Karisa salía del salón al mismo tiempo que topaba con Hiro, quien diplomáticamente la saludó, pero ella respondió con un escueto "Hola" sin ni siquiera voltear a mirarlo.
- Roxie, ¿te enteraste de lo de Hilary?
- Sí… es una lástima que no haya querido quedarse.
- Lo sé. Pero Judy estaba enterada de todo, solamente que no quiso crear mucho escándalo.
- Será difícil que la BBA sea la misma después de todo lo que ha pasado… Quisiera poder ir a un torneo sin sentir la amenaza de un maniático que quiera conquistar al mundo o algo así…
- Lucharemos para tener los juegos más limpios posibles.
Hilary y Michael viajaban cómodamente en primera clase. La chica miraba por una de las ventanillas con un poco de nostalgia.
- ¡Anímate, Hilary! Una vez que lleguemos a los Estados Unidos todo será distinto para ti. No pienses en lo que te dijo ese ridículo de Tyson. Parece que nunca va a madurar.
- Sí… supongo que tienes razón. – la chica lo miró tratando de sentirse mejor.
- Ya verás que nos divertiremos mucho. ¡Brindemos por tus merecidas vacaciones!
Ambos chocaron sus copas. "Michael tiene razón. En la BBA no me necesitarán mucho. Estaré mejor lejos de ellos y, además Judy no se opuso a mi viaje. Tal vez cuando llegue a los Estados Unidos olvidé todos estos malos recuerdos."
Había atardecido, Alana se acababa de bajar del coche negro.
- Señorita, lleve esto. – el chofer la detuvo para que tomara la sombrilla.
- Ah... sí. – la chica la tomó sin darle mucha importancia mientras el chofer la observó preocupado mientras ella cruzaba la entrada del cementerio.
Alana caminó lentamente, con su mirada agachada, hasta llegar a la lápida donde estaba inscrito el nombre de sus padres y de su abuela. Se mantuvo frente a ella por varios minutos mientras dejaba caer en silencio una lágrima tras otra. Algunas gotas de lluvia comenzaban a caer y mojaban de vez en cuando su vestido turquesa y su abrigo gris. Al cabo de un rato, se levantó y se dirigió a la tumba de Brooklyn. Cuando llegó, dejó caer la sombrilla a sus pies y sacó una hoja de papel de uno de los bolsillos de su abrigo. La leyó por unos momentos. Luego la guardó de nuevo, pareció tomar aire y comenzó a cantar con su voz entre cortada. Se detuvo después de la primera estrofa. Comenzó a llorar. Un trueno se escuchó a lo lejos y al instante la lluvia se volvió un poco más intensa mojando su rostro poco a poco.
De repente, alguien tomó la sombrilla negra que estaba a un lado de sus pies.
- Alana, debemos irnos, lloverá más fuerte. – Era Kai.
La chica reconoció la voz de él. No volteó a mirarlo.
- No puedo irme aún…
Kai le extendió la sombrilla.
- Cúbrete y vámonos de acá, esto es una tormenta eléctrica y se pondrá peor.
La chica tomó la sombrilla sin mirarlo a él, luego la dejó caer al suelo de nuevo. Dio unos cuantos pasos al frente quedando más cerca de la lápida y la lluvia empezó a empaparla más y más.
- Puedes irte, no me importa cuanto llueva.
Un relámpago alumbró a la distancia. Kai la tomó del brazo izquierdo con un poco de fuerza, volteándola hacia él.
- ¡Entiende, es peligroso! – le gritó, pues la lluvia era ensordecedora.
Ella forcejeó para soltarse. Kai la sujetó fuertemente y la hizo mirarlo de frente.
- ¡Escúchame bien! Sé que es duro pero debes aceptarlo ¡Brooklyn está muerto y tienes que dejarlo ir!
Al ver el rostro asustado de Alana, Kai la soltó lentamente. Ella dio un paso atrás.
- ¿Por qué me hablas así, Kai?- le inquirió un poco paralizada.
Repentinamente, un relámpago cayó sobre uno de los árboles muy cercanos a ellos, causando un gran estruendo que hizo que Alana se estremeciera asustada. Kai la volvió a tomar de los brazos. Ambos estaban totalmente empapados por la lluvia.
Nos iremos ya. – le ordenó.
Alana agachó la mirada, apretó sus puños y luego tomó la sombrilla sin abrirla, sabiendo que ya no le serviría de nada. Se adelantó a Kai y luego ambos subieron al auto. El chofer los miró sorprendido pero optó por no hacer comentarios. Ya en los asientos traseros, ambos miraban con seriedad a través de sus respectivas ventanas que destilaban agua de lluvia por fuera al igual que ellos.
¿Por qué viniste con migo?- Alana rompió el silencio con su voz melancólica sin despegar la mirada de la ventana.
Solo para asegurarme que no cometas ninguna tontería. – le respondió Kai luego de una breve pausa.
No hablaron más durante el trayecto. Cuando llegaron a la casa de Alana, ya había dejado de llover. El chofer abrió la puerta de la chica y una mucama los recibió.
- Joven, hay algunas ropas secas que dejó la vez que vino a quedarse. ¿Quiere pasar a cambiarse? – le dijo después de observar a Kai más de cerca.
- Está bien. – le respondió con seriedad.
Alana y Kai iban subiendo las escaleras en silencio, con distancia entre sí.
- Quédate para el té, Kai. – le dijo la chica antes de que tomaran direcciones distintas a sus habitaciones.
Kai observó por un momento el rostro de Alana que mostraba el mismo decaimiento cuando la vio en el cementerio. El le asintió con su cabeza.
Hiro iba pasando cerca del dormitorio de Karisa y Lila cuando escuchó el ruido de varias cosas que cayeron al piso. Luego escuchó un "¡Auch!" departe de Karisa. Se asomó a ver que ocurría. La puerta estaba entre abierta y varias cajas con libros y papeles estaban regados en le piso. Karisa estaba sentada en el piso tratando de levantarse.
- ¿Ocupas ayuda? – le preguntó.
- No. – le respondió cortante. Luego, haciendo fuerza, se enderezó.
- ¿Tratabas de sacar estas cajas repletas de libros tu sola?
- Así es… no me gusta como lucen en esta habitación, si vamos a estar acá quiero que haya más espacio. Así que las llevaré a la bodega.
- Pero son muy pesadas para ti. Déjame darte una mano.
- ¿Insinúas que no puedo llevarlas por mí misma?
Hiro miró alrededor.
- Digamos que los hechos me dicen que no podrás sola...
- Eso fue porque intenté llevar varias al mismo tiempo, si llevo una en una lo lograré.
- Sí… y te tomará la noche y la mitad del día siguiente. No seas orgullosa, déjame ayudarte.
- ¡Ustedes los hombres creen que las mujeres no podemos hacer nada sin necesitar su ayuda! No necesito que me ayudes, aunque me tome mañana lo haré yo sola.
- Oye, y ¿por qué no te vas a otra habitación? Hay otras que ya están listas para usar.
- Esta me gusta por la vista de la ventana, y además está más lejos de tu habitación y la de Tyson. – decía mientras recogía los papeles del suelo.
- ¡Qué terca eras! Yo pensé que mi hermano era el que se llevaba el premio a los obstinados pero ya veo que es cierto lo que dicen…
- ¿Qué? – le preguntó enojada.
- Que siempre hay alguien que te supera. Bien, suerte con todo esto. Si cambias de opinión sólo búscame… y si crees que no soy digno de ayudarte al menos pídele ayuda a alguien que esté desocupado.
Dicho esto, Hiro salió del lugar. Karisa se quedó mirando a la puerta y luego sacó la lengua.
- Ya verá ese engreído que entrenaré para ser muy fuerte y no necesitar ayuda de un tipo como él.
Trató de levantar una caja pero la volvió a dejar caer. Luego se tendió en uno de los sofás.
- ¡Ay no! – se quejó – ¿a qué horas terminaré esto?
El doctor tomaba el pulso de Voltaire Hiwatari. Luego de unos minutos el viejo inquirió.
- ¿Y bien doctor? ¿Qué tal?
Una vez de mirar los reportes, el doctor respondió luego de dejar oír una pequeña risita.
- Esto es increíble, señor, se ha mejorado notablemente. Parece que sus defensas están aumentando. Pero no por eso deberá descuidar el medicamento.
- Me alegra escuchar eso, doctor.
