Capítulo 54: El paradero de Soul Calibur
Kilik, Xianghua y Edge Master no tenían un rumbo fijo, ya que no tenían ninguna pista sobre dónde podría estar Soul Edge. Pero el maestro podía percibir la energía maléfica de la espada, así que seguían los pasos que les decía su instinto.
Estaban en un descanso para comer cuando Edge Master dijo, con cara de preocupación:
- Estoy notando algo.
Los otros dos lo miraron asustados.
- ¿De qué se trata? – preguntó su alumno.
- Es una energía más fuerte. Parecida a la que percibí el día que te encontramos, Xianghua.
Kilik lo recordaba muy bien. Siguiendo ese rastro habían llegado hasta ella y él la había mirado a los ojos para comprobar que no estuviera poseída por la espada.
Xianghua también se acordaba, ya que justo antes de que ellos la encontraran había tenido un encuentro con un misterioso encapuchado.
Los tres miraron a su alrededor, aterrorizados.
- ¿Y si es otra falsa alarma? – sugirió Kilik.
Edge Master cerró los ojos. Estaba altamente concentrado.
Cuando al fin los abrió dijo, con tono serio:
- ¡Corred!
- ¿Qué? – preguntaron ellos al unísono.
- ¡Corred! – repitió Edge Master en voz más alta, mientras se levantaba. – En aquella dirección.
Señaló hacia un punto y los jóvenes se levantaron.
- ¿No vienes con nosotros? – inquirió Kilik.
- No. Voy a enfrentarme a lo que se acerca.
- Pero...podría matarte.
- Si no podría matarnos a todos. – afirmó el maestro.
- Si tú te quedas yo también. – dijo Kilik con firmeza.
- ¡Kilik, no me lo pongas más difícil!
- ¡Ya te demostré que tengo tanta resistencia a la espada como tú! – gritó el chico.
- No es la espada lo que nos persigue.
Los tres se quedaron callados durante unos segundos.
- Kilik, creo que deberíamos hacerle caso. – sugirió Xianghua.
- Pero...
Lo cogió de la mano con suavidad y dijo:
- Yo voy a correr. Y tenemos que estar juntos, ¿recuerdas?
Él la miró a los ojos una vez más. Ella sonrió.
- Está bien. – cedió él con dudas.
- ¡Ya! – apremió el maestro.
Los dos jóvenes se alejaron corriendo, cogidos de la mano, en la dirección que Edge Master había indicado. Además, en la mano con la que no agarraban al otro, cada uno llevaba su arma: Kilik su enorme vara y Xianghua la pequeña espada corta que había sido de su padre.
El maestro se giró en la dirección por la que venía aquella fuerza maligna.
Tras unos pocos segundos, algo surgió de entre los arbustos.
Un hombre encapuchado.
Al ver al maestro, preguntó con tono amenazador:
- ¿Dónde está ella?
- ¿Ella? ¿Quién es ella?
- Chai Xianghua. – contestó el encapuchado. – La portadora de Soul Calibur.
