Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.
Life's too short
Capítulo LV
~Tensión~
Estaba realmente furiosa, Elsa intentó hacerme la pelota durante toda la comida como si fuera a conseguir algo con eso. Le iba a hacer pagar por lo que hizo, no la perdonaría fácilmente.
— Oye, esta tarde podrías hacer uno de esos pasteles enormes como el que hiciste en mi cumpleaños, así practicas para el de Jack.
— Tenemos un montón de cosas que hacer… no sé si-
— Tienes, tienes un montón de cosas que hacer.— me miró resignada— Hoy nos pondremos las botas.
Después de comer, le dije en privado a Rapunzel que se largara, me estaba molestando su presencia. Se fue con Eugene y se llevaron a Eli también.
Cogí un libro y me puse a leer en el sofá como si nada, dejándole a Elsa el percal de los platos. Me entró una morriña increíble de golpe y las letras se empezaron a cruzar entre sí, por lo que subí a la habitación para echarme una siesta estilo Mandy.
Se me hizo difícil pegar ojo con todo, pero al final me quedé dormida.
Al despertar tenía un dibujo suyo en el que salía Elsa caricaturizada, de rodillas, con una cara triste y adorable a la vez. Encima ponía Perdóname. No era ni de lejos suficiente, hice una bola con el papel y bajé a la cocina para tirárselo a la cabeza. Estaba haciendo el pastel con Jack y Mandy.
— ¿Aún no has terminado?— dije, aunque sabía que se tardaban horas en hacerlo.
— No… Te avisaré cuando esté terminado.
— Pues espabila, y no hagas dibujos tan feos.— salí al jardín dispuesta a dar una vuelta por la ciudad y me encontré a Kristoff cuidando a los caballos.
— B-buenas…— estaba un poco extraño.
— ¿Por qué me miras así?
— No… nada, nada…— se frotó la nuca desviando la mirada. Subí a mi caballo— ¿A dónde vas?
— Quien sabe.— y empecé a irme.
— ¿Vas a volver?
— Supongo.
Necesitaba salir de allí, desconectar y tomar el aire con libertad. Me costaba mucho encajar la puñalada de Elsa, aún me dolía recordar el momento en que escogió a su hermana antes que a mí.
Quise comprarme todo lo que me apeteciera por el centro, pero la gran mayoría de tiendas estaban cerradas y poca gente corría por las calles, era muy deprimente. Aún así y después de dar unas cuantas vueltas, encontré una pequeña zapatería donde tenían unos mocasines muy monos, no demasiado elegantes y caros, sobretodo caros.
Volví a casa cuando me aburrí y entré con ganas de hacerle la puñeta.
— Ah, hola Anna. En una hora estará listo el pastel. ¿Qué has comprado?
— Un vestido de esos caros, es que cuando lo he visto no he podido resistirme.— reproché indirectamente, recordándole la excusa que puso el día anterior— Como no tenía suelto, he tenido que empeñar el anillo, espero que no te importe.
— ¿Qué…?— su cara no tuvo desperdicio.
— ¡Kristoff! Ven que te enseño el vestido nuevo en mi habitación, a ver qué te parece.— me acerqué a ella para susurrarle— Espero no quedarme embarazada.
Me lo llevé arriba dejando a Elsa tocada, habiendo arañado su corazón, pero seguía sin ser suficiente.
Me senté en la cama para probarme los zapatos mientras Kristoff me miraba extrañado.
— Vaya, es… ¿un vestido para los pies?
— Algo así. ¿A que son chulos?
— Bueno… … Oye… esto… Respecto al beso que me diste…
— Ah, ya, fue para vengarme.
— Vale, sólo quería estar seguro.
— Y un treinta por ciento por gusto. Creo que voy a darme un baño, me lo tengo merecido.— me puse a buscar ropa limpia.
— Aha… Sí, claro, yo voy a… sí…— y se fue.
Me entretuve dándome un baño, reflexionando sobre todo un poco, buscando formas de putear a Elsa.
Alguien tocó la puerta, imaginé quien era por la forma en que lo hizo.
— A-Anna, el pastel ya está casi listo, ve terminando.
— No me digas lo que tengo que hacer. Vete.— salí de la bañera al cabo de un rato, y bajé a la cocina con todo el tiempo del mundo.
Todos me esperaban en el comedor, con el pastel delante de mi silla vacía. Ponía un Te quiero con chocolate blanco por encima, tenía muy buna pinta.
— Pensé que era un pastel para mí, no para tu hermana.
Corté un trozo para cada uno menos para Elsa. Estaba tremendamente bueno, sería capaz de alimentarme a base de esto durante el resto de mi vida.
— Anna… lo siento mucho, yo-— me levanté para no escuchar sus disculpas, aún no tenía mi permiso para eso.
— Os felicito niños, os ha quedado muy bueno.— y me fui, con el plato a medias.
De vuelta a la habitación, abrí el cajón más valioso que tenía, donde guardaba pequeños fragmentos de grandes recuerdos, y en el que había la nota que encontré en la estantería años atrás, y empezaba tal que así. Mi pequeña princesa, mi amor, mi vida. El día que apareciste en mi habitación me diste un motivo por el cual vivir, me diste esperanza y un mar de cariño con sentir tu sola presencia. Ahora siento que tengo a alguien por quien valdría la pena morir…
Quise romperla de la misma forma que ella me rompió a mí, pero fui incapaz.
— Anna…— entró en la habitación.
— ¿Se supone que todo esto era mentira?— le enseñé la nota.
— No… no, claro que no, todo lo que pone ahí lo escribí con mi corazón. No lo rompas por favor, esto no.
— Pues habértelo pensado antes de liarte con tu hermana.— lo partí en dos— ¿Por qué no me lo dijiste desde un principio? Joder.
— No quería hacerte daño. Nos acabábamos de casar…
— Con más razón, hubiera aceptado un beso, pero no años de engaño y sexo.
— Lo sé, he sido inconsciente, estúpida y egoísta, perdóname.
— No te voy a perdonar, vete. Déjame tranquila.— se fue llorando. Realmente me supo mal romper esa nota, me arrepentí de haberlo hecho.
Me senté en la cama y por un momento me puse en su piel. Debió de ser duro para ella vivir tanto tiempo separada de su hermana, quererla tanto bajo tales circunstancias, mantenerlo en secreto con tal de no herirme. Pero ¿qué se supone que tenía que hacer yo ahora? ¿En qué situación me dejaba eso? Claro que quería hacerla feliz, pero no a cambio de destrozar la familia, y no sólo la nuestra.
Me dejé caer hacia atrás sin fuerza, no había solución, iba a terminar mal sí o sí. La perdonara o no, ella seguiría queriendo estar con su hermana.
Escuché mis pasitos favoritos entrando en la habitación.
— Mamá…— le tendí el brazo y se subió a la cama.
— Hola cielo…— le escondí los pelos detrás de su oreja.
— ¿Puedo hacer algo para que dejéis de estar enfadadas?— se me abrazó apoyándose en mi pecho— No me gusta veros así…
— Lo sé.— dejé mi brazo encima del suyo.
— Mami ha llorado un montón cuando te has ido esta mañana, y también cuando estábamos haciendo el pastel.
— Eso es porque mami es una llorona.
— Hm… ¿Es verdad que has vendido el anillo?
— Claro que no, jamás haría algo así.
— Pues mami cree que sí.— vi que Jack estaba medio escondido en el marco de la puerta.
— ¿Hasta cuándo vais a seguir así?— preguntó.
— Hasta que me dé la gana.
— Lo está pasando muy mal, no seas tan cruel. Se arrepiente mucho de lo que ha hecho.— Jack se puso de su parte.
— No es suficiente.
— ¿Qué ha hecho?— Mandy seguía sin saber cuál era el problema.
— Nada.
— ¿Por qué no me lo queréis decir?
— Porque eres una niña pequeña.— respondió Jack.
— Yo no soy pequeña, ya tengo nueve años y medio y soy más lista que tú.
— Eso no te lo crees ni tú.
— Basta chicos, no empecéis…— me incorporé— Siento que tengáis que pasar por esto, vosotros no tenéis la culpa.
— ¿Y quién la tiene? ¿La tía? ¿Por eso le diste un bofetón?— insistió.
— ¿Podéis salir a jugar un rato? Necesito estar sola.— sin duda no le estábamos dando el mejor ejemplo del mundo.
— Vamos Mandy…
— Jo…— suspiré.
Cuando se fueron, se me ocurrió hacer una lista. Una lista con las cosas que quería que Elsa hiciera para compensarme. No tenía pensado dársela, simplemente plasmé ahí mis deseos.
· No volver a mentirme jamás.
· Terminar con Rapunzel y no tocarla en los próximos dos años.
· No enrollarse con nadie exceptuándome a mí.
· Demostrarme lo mucho que me quiere.
· Compensarme por el dolor que me ha hecho sufrir.
· Pedir perdón a los niños por lo ocurrido.
· Confesarlo a sus padres para que se avergüence de lo que ha hecho.
Dejé de escribir al darme cuenta de que quizás no sería capaz de cumplir alguna de estas. ¿Qué iba a hacer si después de todo prefería estar con ella antes que conmigo? Supuse que Elsa no quería acabar con lo nuestro pero, ¿y si no fuera así?
Me ofusqué dándole vueltas a eso. ¿Se habría casado conmigo si la hubiera conocido antes? ¿Hasta qué punto la quería? ¿Era realmente feliz conmigo? ¿Me estaría ocultando algo más?
Quise romper algo de lo frustrada que me tenía, ya no sabía si podía fiarme de sus palabras. Empecé a volverme loca.
Pasado un tiempo, bajé al comedor ante la atenta mirada de los niños, los cuales jugaban a cartas en la mesa. Salí al jardín al verla regando las flores.
— Elsa.— se asustó cuando dije su nombre.
— ¿S-sí?
— Demos un paseo.— dejó automáticamente lo que estaba haciendo y se unió a mi paso, yendo hacia las montañas en silencio.
— Anna… yo…-
— Calla, deja que hable yo primero.— seguimos andando unos metros más, hasta que terminé de organizar mi mente.
— Dime la verdad. ¿Te has aburrido de mí? ¿No te satisfago lo suficiente? ¿O a caso… ya no eres feliz a mi lado?
— Claro que soy feliz contigo, ¿cómo puedes dudar de algo así? Eres lo mejor que tiene mi vida, nunca me aburriría de ti…
— Entonces ¿qué necesidad tenías de hacer algo así? Arriesgando nuestra relación, como si no te importara nada.
— Es difícil de explicar…
— No me vengas con gilipolleces, dímelo y punto.
— Ella… es muy especial para mí, y no sólo porque sea mi hermana melliza. Nos entendemos muy bien y cuando estoy con ella las cosas parecen ser diferentes… Me hace sentir muy cómoda hagamos lo que hagamos.
— ¿Y yo no?
— Claro que sí, quizás un poco menos, pero te quiero muchísimo Anna.
— ¿Serías capaz de ni siquiera acercarte a ella durante dos años si te lo pidiera?
— Haré cualquier cosa con tal de que me perdones.
— ¿Te pasarías el resto de tu vida sin ver a tu hermana?— ahí su expresión cambió.
— No me pidas eso…
— Entonces no harás cualquier cosa, sé más sincera joder, necesito confiar en ti y no me lo estás poniendo fácil.
— Anna… aunque pudiera estar con mi hermana las veinticuatro horas del día, no soportaría vivir sin ti, tú eres mi mitad.
— Pues demuéstramelo, necesito saber que me quieres de la misma forma que te quiero yo, necesito estar segura de que no te marcharás de un día para otro diciendo que te has cansado de mí, necesito que me digas la verdad, tu verdad. Tengo que saber lo que te pasa por la cabeza.
— Lo que me pasa por la cabeza… Está bien… Me arrepiento de no habértelo confesado, no puedo decirte que hubiera preferido no haberlo hecho, porque lo que hice fue a razón de mis deseos, pero me siento muy avergonzada por no haber confiado en ti por miedo a que pasara algo así… Pensé que era algo que equilibraba la balanza de cuando tuviste sexo con Kristoff, pero ahora me doy cuenta de que eso fue distinto. Tú confiaste en mí y me lo pediste abriendo tu corazón, en cambio yo… sigo estando encerrada en mis cosas después de todo, ocultándote mi lado más privado para no herirte y para que no te enfades… para evitar conflictos más que nada. Lo siento mucho, estaba equivocada, a partir de ahora trataré de ser más transparente contigo, para las cosas buenas y para las malas.
— Por fin.— raras veces me soltaba parrafadas desde su corazón, me alegré de que lo entendiera— Cuéntame más, no pares.
Entonces, vi a una Elsa que nunca había conocido, una Elsa que no dejaba de hablar de sus sentimientos, de sus preocupaciones y de sus miedos, una Elsa sincera que por primera vez se mostraba como un libro abierto de par en par, confesándome lo que le gustaba y lo que no, lo que apreciaba y lo que le daba igual, lo mucho que me quería y lo mal que lo pasaría sin mí.
Esa era la Elsa que siempre quise conocer a fondo, y aprendí mucho de ella en apenas media hora de charla. Me di cuenta que había muchas cosas que había malentendido de ella, cosas que hacíamos del revés por creer que nos gustaba más de esa forma cuando en realidad no era así y otras tantas que ni siquiera sabía de ella hasta ese momento.
— Quiero que me hables así más a menudo.
— ¿No estás disgustada con lo que he dicho?
— Cuando me casé contigo fue para lo bueno y para lo malo, no sólo para lo bueno. Necesito que me digas esas cosas, que me critiques y te enfades cuando algo no te guste, no que te lo guardes todo para ti. Parece mentira que tenga que contarte algo así a estas alturas.
— Perdona… La verdad es que me siento mejor ahora.
— Menudo desastre estás hecha.— llegamos a casa y se puso a hacer la cena.
Reflexioné sobre todo lo que me había contado. Aún teníamos mucho que mejorar como esposas y nuestras disputas y discusiones eran prueba de ello.
Cenamos como si hubiera que pagar por cada palabra y fui directa a la cama para pensar, pensar y pensar.
Vino Elsa cuando terminó de hacerlo todo.
— Hola…— cerró la puerta como si fuera a romperse.
— ¿Qué haces aquí?— se pensó su respuesta.
— … … ¿Puedo dormir contigo?
— No. Te vas al sofá.— bajó la mirada retrocediendo. Sus ojos se abrieron cuando se fijó que en la mesita de noche tenía mi anillo. En parte quería que lo viera, sería capaz de salir a la ciudad para recuperarlo.
— Buenas noches…— cerró la puerta y empecé a dar vueltas por la cama. No tenía mucho sueño después de la siesta del mediodía y tampoco tenía la mente muy calmada como para poder descansar.
Bajé sin hacer ruido a por un vaso de agua cuando ya no pude más. Al llegar en la cocina, la escuché lloriquear.
Me acerqué por detrás del sofá sin que me viera.
— ¿Por qué lloras?— se pegó tal susto que por poco cae al suelo.
— A-Anna…— aún en medio de la oscura noche, podía ver el brillo de sus ojos por las lágrimas.
— ¿Por qué lloras?— repetí.
— Me he puesto a pensar en cómo sería mi vida sin ti… en todo lo que perdería…— me di cuenta del frío que hacía cuando la vi tiritando, con la pobre manta que la cubría.
— Levanta.
— ¿Eh?— le ofrecí la mano y la levanté.
— No quiero que te congeles aquí abajo.— subimos y la dejé en nuestra habitación. Yo me fui a la de Mandy, colándome en su cama sin despertarla.
Conseguí dormir escuchando las tranquilas y leves respiraciones de mi pequeña. A su lado todos los problemas se empequeñecían.
A media noche, Mandy me despertó con su pesadilla. Otra vez la misma pesadilla. Pensé que podría ser causada a raíz de la inestabilidad que había en casa, pero la última vez que le ocurrió iba todo bien.
Me planteé buscar ayuda profesional, a alguien que pudiera ayudarla más que yo para que dejara de sufrir de esa forma, para que pudiera dormir en paz.
Mandy: Haha, por supuesto que duerme en el sofá, aunque sólo un rato xD Anna la quiere demasiado *-*
Elsii: ¿Entonces ahora te gusta más Anna que Elsa? Me encanta el caos que se ha montado en un momento, lo estoy disfrutando como el que más. En cuanto al :D del PM, es sólo el asunto del mensaje, el cuerpo del mensaje está al hacer clic sobre él, no sé si me explico. PD. 260 palabras de review, omg.
Veremos (vaya si lo veremos) como acaba todo esto *risa maléfica* Ya tengo el final pensado *risa maléfica x2*
El viernes/sabado más.
