Hola! Esta vez cumplí, menos tiempo que antes xD Muchas gracias por dejar reviews, aunque haya hecho que esperaran tanto, jaja. Bueno, acá tienen otro capítulo.. Los dejo, porque me quedo sin internet. Sí, eso dije. No es que la tengo con tiempo, es que anda como tortuga y cuando quiere. Es como una mula muy lenta. Bueno, ahora sí los dejo.
REMUS:
En cuanto abrió los ojos, supo que algo estaba terriblemente mal. Para empezar, era de noche, pero podía sentir por el tirón del lobo que habían pasado dos días desde la luna llena. Lo que quería decir que era el periodo más largo que había pasado en ese estado.
Segundo, estaba agonizando. Después de diez años de pasar por las lunas llenas y el maltrato de su padre, sabía que aguantaba mucho dolor, pero hasta él sentía que ese dolor no era como el de siempre. Al intentar mover su cuerpo, notó que estaba completamente tenso y cubierto en una mezcla de vendas y pociones.
¿Qué demonios había pasado?
Su pequeña habitación en la enfermería estaba oscura, la única luz venía de una vela en la pequeña repisa, cerca del cuenco. Chispeaba provocando sombras en las paredes, sombras que sabía habrían asustado a Sirius, de haber estado ahí. En el pequeño estante junto a su cama había una pila de golosinas y chocolates, además de una poción para el dolor.
-¿Madame Pomfrey? –su voz sonaba patéticamente débil y áspera, y sentía la garganta como si estuviera cubierta por una capa de pan rallado. Pero seguramente ella tenía un hechizo de alarma, porque a pesar de su inaudible llamada apareció unos segundos después, con los brazos llenos de pociones.
-Qué bien que finalmente te recuperas, Remus, -dijo, acercándose para comenzar a hacer un diagnóstico con hechizos. Suavemente le pasó los brazos por debajo de los hombros y lo sentó contra las almohadas.- Ten, bebe esto.
Levantó los brazos tensamente, impedido por las vendas, y torpemente tomó la poción que le dieron. Sintió la tensión y el dolor mejorar ligeramente.
-¿Qué pasó? –Preguntó, revisando sus recuerdos de después de la luna y solamente recibiendo una fuerte sensación de angustia y soledad. Recordaba haber gritado mucho, y personas –James, Peter y madame Pomfrey- intentando calmarlo. Además de eso estaba todo en blanco.- ¿Dónde está Sirius? ¿Qué está pasando? –Fue interrumpido cuando levantar la voz le irritó la seca garganta, lo que lo hizo toser.
-No hables, Remus. –Madame Pomfrey acercó una mano y le quitó el pelo de la frente, poniéndolo tras su oreja.- Creo que será mejor que tus amigos te digan lo que pasó. Están terminando de cenar. Seguramente volverán en cualquier momento.
-Merlín, -susurró.- Lastimé a alguien, ¿no? Fue a Sirius, ¿no? Por eso no estuvo aquí. Yo... –Nuevamente le dio un ataque de tos.
-¡No! –Madame Pomfrey se sentó al borde de su cama y le tomó la mano calmantemente.- Todos están bien. Te lo prometo.
No pudo evitar notar que no dijo "nadie salió lastimado".
-Por favor, -susurró- ¡Dime qué pasó!
-Remus, de verdad creo que…
-¡Lunático! –Los dos dieron un salto y giraron la cabeza para ver a James y Peter entrar a la habitación. Expresiones de gran alivio decoraban las dos caras al ver la apariencia tranquila y racional de Remus. Supuso, por el ardor en sus mejillas, que había llorado bastante los últimos dos días. ¡Dos días! La idea lo asustaba. ¿Qué pasaba si, algún día, su mente nunca volvía? ¿Y si se quedaba en ese estado para siempre?
-Hola, chicos, -los saludó. Miró detrás de ellos, esperando que Sirius apareciera.- ¿Dónde está Canuto?
Los dos hicieron una mueca y sintió que el corazón se le contraía horrorizado. Miró a madame Pomfrey.- ¡Lo prometiste! –Acusó ásperamente, odiando lo aguda e infantil que sonaba su voz. Podía sentir a Lunático caminar incansablemente cerca de la superficie, haciendo que le costara pensar.- ¡Me prometiste que no le había pasado nada! ¡Me dijiste que estaba bien! –Esta vez terminó tosiendo tanto que le caían lágrimas por las mejillas y le costaba respirar. Podía sentir un gusto ligeramente metálico en el fondo de la boca.
-Él está bien, Lunático, -aseguró Peter, acercándose a la cama rápidamente, seguido de cerca por James.- Por favor, sólo escucha. Tenemos que decirte lo que pasó.
-¿Qué? –Su voz ya era poco más que un murmullo.
-Eh… -Peter miró a James, obviamente no queriendo esa tarea.
-Me iré, -murmuró madame Pomfrey.- Intenten no molestarlo mucho, por favor, muchachos. –Se paró y abandonó la habitación, cerrando la puerta al salir.
-Lunático. –James se movió para ocupar el lugar de madame Pomfrey en el borde de su cama.- ¿Qué recuerdas?
-N-nada, -susurró, intentando no volver a agitar su garganta.- Sirius y yo tuvimos una pequeña discusión en la b-biblioteca, pero no fue tan mala, y como que nos arreglamos. Pero q-quise estar solo, así que vine a la enfermería temprano. Eso es todo lo que recuerdo.
-¿Discutieron? –Preguntó Peter, un poco alterado.- Ustedes nunca discuten.
-E-estaba tratando de hablar con Lily por ti, James, -explicó.- Para d-disculparme por lo que te hice. Pero Sirius vino y lo a-arruinó. No fue a propósito. S-sólo intentaba protegerme.
-¿Protegerte? –Extrañamente, Peter sonaba ligeramente incrédulo.
-¡Claro que sí! –Le respondió, subiendo la voz ligeramente más que un susurro.- Sabes que siempre lo hace. Snape me estaba m-molestando. Me d-dijo perro faldero.
-Ay, Lunático, lo siento, -habló James, acercando su mano para tocarle el brazo vendado.
Sacudió la cabeza impacientemente, e hizo una mueca al sentir un dolor en el cuello.- Sólo díganme lo que pasó, por favor. –No pudo evitar llevar sus ojos al piso. Si Sirius no estaba herido, ¿por qué no estaba ahí? Podía ser que se hubiera quedado en la cena por el postre. O quizás le estaba buscando un poco. A veces hacía esas cosas.
-Lunático, -habló Peter con la voz más suave que le había escuchado.- No va a venir. –Se sentó en la silla junto a la cama.
-¿Por qué? –Odiaba que su voz pudiera sonar tan patética.
James respiró profundamente, obviamente preparándose para algo difícil.- Después de que te fuiste a la enfermería, se emborrachó de nuevo. –Era claro que intentaba mantener una voz tranquila.- En realidad no sé todos los detalles, pero de alguna forma terminó recorriendo la escuela completamente fuera de sí. Se encontró con Que-Snape.
No se le escapó que James no había usado el apodo burlón de Snape. Ni siquiera quería imaginarse qué podía ser lo suficientemente serio como para que James terminara mostrándole ese pequeño respeto al Slytherin.
-Como sea, creo que se pelearon o algo, y Sirius… él… él… -James tragó saliva y apretó con las manos la manta roja y dorada.- Le dijo a Snape cómo… cómo pasar por el Sauce Boxeador. –Su voz sonó tan suave al final, que de no ser por su agudo oído, no lo hubiera entendido. Sintió como si alguien le pegara un tiro en el pecho con una bala de plata. Un dolor agudo le recorrió el pecho y un ardor fuerte pareció emanar de ahí a su cuerpo.- No… -Movió los labios, ni siquiera pudiendo decirlo en voz alta.
-¿Lunático? ¿Lunático? –James lo sacudía suavemente, intentando no lastimarlo, pero no debió molestarse. Se sentía tan distante de todo, que no sabía si llegaría a sentirlo.
James lo miró con enormes y preocupados ojos marrones, y Peter acercó una mano para agarrarlo, justo encima del pie.- No… no creo que haya sido a propósito, -siguió James, con voz temblorosa.- Estaba borracho. Y trató de parar a Snape después de darse cuenta de lo que había hecho. Lo encontré corriendo por uno de los pasillos y le dije que buscara a Dumbledore. Entonces fui corriendo a buscar a Snape.
-¿Tú…? –Remus miró a James, sintiéndose mareado y confundido.
-Tuve que hacerlo, Remus. Tuve que detenerlo antes de que Lunático lo atrapara. Como sea, llegué justo para verlo desaparecer por la entrada bajo el sauce, así que lo seguí. Traté de decirle que parara, pero cuando me escuchó siguió más rápido, gritando "Demasiado tarde, Potter. Ya sé lo del túnel." –James enterró las manos todavía más en la manta, con la cara agachada para no tener que mirarlo.
-Lo perseguí, -continuó.- Y lo choqué, porque tú, me refiero a Lunático, comenzó a aullar de repente. Se detuvo y se puso blanco y me miró. Dijo "Esto va a la Casa de los Gritos, ¿no?" –Dejó salir una risa temblorosa.- Ni siquiera sonaba enojado. Sólo muy, muy tranquilo, como cuando estás muy asustado. Le dije que teníamos que correr, y creo que estaba por aceptar, pero Lunático empezó a aullar más fuerte, porque creo que nos olió. Lo escuché chocando con cosas en la habitación de arriba, y después bajar por las escaleras. Estábamos tan dentro del túnel que casi llegábamos a la Casa, y la puerta no estaba bien cerrada, así que corrí para tratar de hacer eso justo cuando Lunático llegó.
Sintió que comenzaba a hiperventilarse, la respiración le salía en alientos cortos y rápidos, e intentó controlarla. James lo miró preocupado, pero siguió hablando cuando Remus le dio una mirada suplicante.
-Lunático chocó contra el otro lado de la puerta y trató de sacarme de ahí. –James se tocó el hombro, que Remus notó tenía un bulto de vendas bajo la túnica de la escuela.- Tú… quiero decir, Lunático, intentó pasar y Snape empezó a gritar. En ese momento creo que hasta se hizo encima. Ni siquiera puedo culparlo. Das mucho miedo en esa forma, Rem. Tu boca y dientes ya estaban manchados con tu sangre, y tenías las garras sacadas. Te veías completamente salvaje. Por suerte no se me había caído mi varita y le envié una maldición explosiva. Le dio bastante fuerte, y de verdad lo siento. Te mandó volando por el pasillo y ese viejo armario se te cayó encima, creo. Como sea, cerré la puerta antes de que te recuperaras, y Snape, el maldito cobarde de Snape, me ayudó a mantenerla cerrada. Y menos mal, porque te levantaste y comenzaste a golpearla de nuevo. Creo que le lastimaste el brazo.
Peter resopló y James lo miró venenosamente.
-Por suerte, -dijo, haciendo una mueca y dándole a Remus una mirada arrepentida.- Lunático ya estaba bastante golpeado, así que no tenía tanta fuerza. Usé ese hechizo que puse en nuestros baúles para cerrarlos y agarré a Snape por la túnica hasta que llegamos al Sauce. El hechizo no es tan fuerte porque es sólo para baúles, así que justo antes de llegar escuchamos que la puerta se rompía. Saltamos fuera y pude tocar el nudo del árbol antes de que termináramos hechos pedazos. Dumbledore venía hacia nosotros, completamente descalzo y en pijama, y me temo que usó otra maldición explosiva con Lunático para evitar que escapara, antes de que el Sauce volviera a moverse.
Entonces James se detuvo, y no pudo evitar notar que las fuertes manos que sostenían la manta temblaban con emoción reprimida. Se preguntó qué emoción sería. ¿Miedo por haber visto ese lado suyo? ¿Disgusto? Sintió que una ola de culpa lo recorría.
-¡Por Dios! –Susurró.- PorDiosporDiosporDios. Casi te maté. Y casi m-maté a Snape. Por Dios. –Y entonces se dio cuenta de algo más.- Me van a expulsar, ¿no? –Miró a James, y sabía que en su cara no quedaba nada de color.- Snape les dirá a todos, y me expulsarán y enviarán al Ministerio y me m-matarán o me pondrán en una r-reserva. –Sabía que se estaba poniendo histérico, pero no podía evitarlo.- ¡Y Sirius me hizo esto! M-mi Sirius…
Para su vergüenza sintió que le bajaban lágrimas por la cara.
-Lunático. –James se acercó y muy, muy suavemente puso sus brazos alrededor de Remus.- No te van a expulsar. Dumbledore hizo que Snape prometiera no hablar. No lo hará. No va a decir nada.
-Pero debería, -respondió, con todo el cuerpo temblando.- Anoche c-casi maté a dos personas. Deberían dormirme.
-No. –Esta vez fue Peter quien habló, tentativamente tomando una de sus manos en las suyas e intentando abrir los dedos que estaban tan fuertemente cerrados que le clavaban las uñas en las palmas.- No fue culpa tuya, Lunático. Para nada. Fue culpa de Sirius, y de Snape por buscarlo. Y también de la familia de Sirius por volverlo tan loco.
Era rara, pensó Remus, la forma en que se sentía. Parte de él estaba quieto y todavía en shock en su cabeza. Otra parte estaba furioso con Sirius por lo que había hecho. Una parte todavía mayor intentaba desesperadamente conectar la historia de James para que entrara en su cabeza y cobrara sentido. Lunático no ayudaba para nada al mantener un constante aullido mental por la traición del más preciado miembro de su jauría.
Era como un sueño, pensó; uno de esos sueños dónde vas de estar en la escena y dentro de tu cabeza, a estar fuera y ver desde lejos. Y sabes que todo lo que ves es correcto, pero al mismo tiempo no tiene sentido.
-¿Lunático? –James intentaba llamarle la atención.
Remus lo miró vacantemente.- Déjenme solo, por favor.
-Remus…
-Por favor.
James y Peter se miraron entre sí, y después se pararon para irse. James dudó, parado junto a la cama, cerrando y abriendo los puños, agitado. Remus sabía que quería darle uno de sus típicos abrazos, pero no lo hacía por sus vendajes. En un repentino, impulsivo y torpe movimiento James se agachó y apretó sus labios suavemente contra la frente de Remus. Era un gesto tan raro de su parte que una ligera sorpresa pudo atravesar su estado, haciendo que mirara a James, que parecía ya estar arrepintiéndose de su acción. Apretó su puño fuertemente contra sus labios, como para retarlos. Peter lo miraba boquiabierto.
-Sólo no –por favor no- hagas nada tonto, -murmuró alrededor de su mano.- Merlín sabe que Sirius está haciendo suficiente como para cubrir por los tres. –Rojo de la vergüenza, giró y salió de la habitación, seguido por un sorprendido Peter.
Remus lenta y dolorosamente llevó una mano para tocarse la frente. Había sentido todo lo que James no podía no podía decir en ese beso. Todas las cosas que había querido pasarle en un abrazo. Inevitable afecto. Protección como el líder no oficial de los Merodeadores. Una disculpa por el que no podía pedir perdón, no todavía. Quizás nunca.
Decía, atravesando todas sus barreras de shock y dolor y rabia y confusión, no estás solo. No estás solo.
Sabía que tenía que estar enojado. Tenía que seguir enojado, porque lo que había hecho Sirius era imperdonable. Los días siguiendo su estadía en la enfermería, tuvo que forzarse a ignorar completamente la patética y flaca sombra de persona que se ubicaba al fondo de cada clase en posición defensiva, enfocado en su tarea.
Tenía que ignorar el hecho de que la misma persona-sombra no estuvo en el dormitorio ni en el desayuno ni el almuerzo ni la cena por días que se volvieron semanas. Tenía que ignorar el hecho de que esta persona se ponía más flaca más defensiva y más sombría cada día.
Tenía que ignorarlo, porque el minuto en que parara y levantara la vista, y viera el vacío, frágil y débil cuerpo de Sirius –su Canuto- le perdonaría todo. De nuevo. Como siempre. Perro faldero… lobo faldero… eso era. Un perdón total, furioso e irreprimible que sería incapaz de contener.
No era bueno que también intentara ignorar los comentarios de Snape sobre una "sucia criatura oscura" y "pervertido" y "animal", y la inevitable expresión piadosa de Lily, además de los intentos de James y Peter para calmarlo y aconsejarlo.
Sabía que no podía perdonar a Sirius, pero todo en él rogaba que lo hiciera. Lo extrañaba con una intensidad que casi daba miedo. No podía comer bien, no podía dormir, no podía concentrarse en sus clases. James y Peter, en una extraña muestra de compasiva sutileza, no comentaron la primera vez que se metió en la cama de Sirius en vez de la suya por la noche, y se acurrucó alrededor de su almohada, inhalando lo que quedaba del olor a tormentas cercanas que se hacía más débil con cada noche.
Pero claro que Sirius, siendo Sirius e imposible de ignorar incluso en un estado de profunda depresión, tenía que atravesar sus frágiles defensas y entrar al dormitorio. Y lo peor era que no había ido a pedir perdón. No había ido a perturbarlo intencionalmente en lo absoluto. Sólo se había quedado en silencio junto a la cama, viéndolo dormir. Pero Remus no estaba durmiendo, y la culpa, pena y odio por sí mismo que sentía era tan potente que podía olerlo, fuerte y amargo y plateado, como una aguja que pasa por un limón congelado.
Y estaba furioso, porque podía sentir esa ola de irreprimible perdón levantarse como respuesta.
No recordaba completamente la conversación. Recordaba, con demasiada claridad, la historia de Sirius de lo que había pasado la noche de La Broma. Y entendía, como sabía que lo haría. Y lo perdonaba. Y el hecho de que lo hacía le provocó temblar de rabia y le decirle cosas. Eran sólo un montón de furiosas ideas a medio formar, llenas de acusaciones de precio y pertenencia y perdón. Era un dique abriéndose y no podía detenerlo, incluso al ver la forma en que las palabras le daban como si fueran golpes físicos, y su cuerpo flaco y tembloroso se alejaba más y más de él.
Su corazón le gritaba que parara, y eventualmente lo hizo. Pero ya era demasiado tarde, y ahora tenía que ver cómo Sirius volvía a irse. Lo dejaba de nuevo, y –Merlín- se merecía cada minuto de dolor que le causaba.
-Eso fue duro, amigo, -le dijo James, interrumpiendo el opresivo silencio que siguió la partida de Sirius.
Se quedó sin aliento.- Lo sé, -susurró.- Pero no pude p-parar después de que empecé... no pude parar. Debería ir a b-buscarlo.
Intentó salir de la cama, pero James lo detuvo.- Es la mitad de la noche, Lunático. No puedes ir por los pasillos como si nada.
-Tengo que. Viste lo que le pasó.
-Fue duro, -interrumpió Peter.- Pero nada fue mentira. Fue cierto, todo lo que dijiste de él.
Se alejó de James y se bajó de la cama de Sirius.- Pero no quise decir nada de eso. Se me salió. ¿Y qué pasa si… si se va a cortar las muñecas o algo así?
Tanto James como Peter se pusieron pálidos.- ¿Crees que lo haría? –Preguntó Peter temblorosamente.
Remus simplemente lo miró.
-¡Por Merlín, tenemos que encontrarlo! –James se levantó de la cama y recorrió la habitación para abrir el baúl de Remus.- Mapa, mapa, ¿dónde está el maldito mapa?
¡Mapa! Maldijo el hecho de que su cerebro estuviera tan lento. Debió haber pensado en el mapa.
-¡No está aquí! –Exclamó James, tirando las cosas de Remus en el suelo.
-Quizás lo pusimos en uno de nuestros baúles, -sugirió Peter.- No lo hemos usado desde… ya saben… Sirius…
Rápidamente fue hasta el baúl de James y comenzó a revisarlo, mientras Peter intentaba con el suyo. James terminó con el baúl de Remus y comenzó, dudosamente, en el de Sirius. Casi diez minutos después James dejó salir un grito triunfal, sosteniendo el pedazo de pergamino en blanco.
-Necesitaremos la capa de invisibilidad, -dijo, apenas acelerando su cerebro para funcionar.
Los tres miraron el caos de pertenencias mezcladas y dejaron salir un quejido simultáneo. Entonces Peter dejó salir un quejido más fuerte y se golpeó la frente. Sostuvo su varita y dijo- Accio capa de invisibilidad.
James y Remus evitaron mirarse entre sí, los dos sintiéndose bastante tímidos.
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. –Murmuró James, tocando el mapa con su varita. Remus y Peter se le acercaron, recorriendo con los ojos los pequeños puntos que marcaban los ocupantes de Hogwarts. Afortunadamente, la mayoría estaba en su cama, lo que quería decir que habría menos confusión por la gente que se movía.
-No está ahí, -susurró eventualmente, con voz quebrada.- Y si ya… si ya…
-Tiene que estar en algún lado, -dijo Peter, acercándose al mapa todavía más. Sonaba tan angustiado como Remus se sentía.
-No veo…
-¡Ahí! –Interrumpió James a Remus, tocando el mapa con un dedo. Remus creyó que el corazón le iba a explotar de alivio al ver un pequeño punto con el nombre "Sirius Black" atravesar torpemente el túnel que iba a la Casa de los Gritos.
-¿Crees que esté borracho de nuevo? –Preguntó James, dándole una mirada preocupada.- No se ve muy firme. Se la pasa chocando con las paredes del túnel.
-No me importa. –Le dijo, sacando la capa de las manos de Peter y yendo rápidamente hasta la puerta.- Vamos, en cuanto llegue al final del túnel va a desaparecer del mapa.
James y Peter rodearon el desastre que cubría el piso para unírsele. En realidad no cabían los tres bajo la capa, especialmente dado que iban tan rápido. Remus se preguntó si sería mejor o peor que Filch viera tres pares de piernas sin cuerpo recorriendo los pasillos en vez de tres personas completas. ¿Quizás su sorpresa les daría tiempo para alejarse?
No debió haberse preocupado. James mantuvo el mapa vigilado y los alejó de los pasillos donde estaba Filch. Fueron hasta la puerta que daba al exterior, en el pasillo de la enfermería. Ya estaba ligeramente abierta y chillaba por el viento de Octubre que soplaba por ella.
-Rápido, -rogó, cuando James paró para cerrar la puerta detrás suyo.
-Si se golpea por el viento, Pomfrey despertará y se dará cuenta de que Sirius se fue, -respondió molesto, su preocupación quitándole la paciencia.
-Soy tan estúpido, -murmuró, mientras se sacaban la capa e iban al Sauce.- Todo esto es mi culpa.
-No, Lunático, -respondió James agitadamente, buscando un largo palo para pinchar el nudo en el árbol.- Es sólo un horrible e inevitable desastre que vamos a arreglar en cuanto lo encontremos.
Encontró una larga rama flexible y empujó el nudo, dándole en su segundo intento. Remus no esperó a Peter ni a James. Tomó velocidad y se tiró por la entrada del túnel secreto, corriendo, tropezando, bajando por el largo camino, parando sólo para sacar su varita de la cintura de su pijama para iluminar el lugar. Podía escuchar a James y Peter detrás, esforzándose por alcanzarlo.
Finalmente llegó a la puerta que iba hasta el vestíbulo de la Casa de los Gritos. Estaba rota y rebotaba por los eventos de la última luna llena. Dudó por un segundo antes de abrirla y subir.
¿Dónde estaba Sirius? Levantó la cabeza e inhaló profundamente. Toda la casa olía a humedad, polvo y madera podrida, cubierta de sangre y lobo. Era fuerte y nauseabundo, pero entre esos olores, apenas podía sentir el de Sirius, subiendo por las escaleras. Había algo ligeramente distinto en él. Algo no exactamente Sirius, y sintió que el estómago se le retorcía por la preocupación.
Rápidamente subió por las escaleras y abrió la puerta de la maltratada habitación. Estaba por entrar cuando se detuvo. Dentro, agachado bajo la ventana, con las garras fuera y los labios formando un gruñido defensivo por la sorpresa, estaba el Grim. Era un enorme perro negro; con el cuerpo tan grande y desalineado como el de un osezno, y orejas puntiagudas, idéntico a las ilustraciones.
Se quedó helado por la sorpresa. Todo lo que podía pensar era en una frase de su libro de DCAO de tercer año. El Grim es señal de muerte. Tener una visión del Grim puede predecir la muerte de uno o de un ser querido…
Escuchó rápidos pasos en las escaleras, y repentinamente James se detuvo junto a él, de la misma forma que Remus había hecho.- Por Merlín, -murmuró horrorizado.- Es demasiado tarde.
Entonces llegó Peter y, no teniendo la misma bendita coordinación que James y Remus, se tropezó con ellos, tirándolos al suelo. Remus recibió una bocanada del pelo de James y tierra del piso, y su mano se terminó en un charco seco en el suelo que su sensible nariz reconoció como sangre de hombre lobo.
Se tensó al escuchar el grito emocionado de Peter.
-¡Canuto! ¡Lo lograste!
Confundido e intentando escaparse del nudo de chicos en el suelo, Remus giró la cabeza para mirarlo sorprendido. El merodeador miraba al perro-demonio con una expresión de deleite en la cara, y repentinamente entendió todo. Podía recordar la exclamación alegre de Sirius después de salir de su meditación con la poción de los animagos.
-¡El Grim! ¡El Grim! Soy el Grim. ¡Tomen eso, tontos erizos!
El enorme perro negro, que en ese momento se alejaba y se metía bajo la cama, era Sirius en forma animaga. ¡Por supuesto! ¡Era completa y totalmente estúpido! Claro que era Sirius.
Notó que James también parecía bastante avergonzado.
-¿Canuto? –Remus se alejó de la pila de Merodeadores en la que había caído y se arrastró por el piso para mirar bajo la cama. A esa distancia, su nariz no podía confundirse. Definitivamente era Sirius el que estaba ahí abajo, aunque su olor tuviera un nuevo aspecto canino.- ¡Canuto, lo lograste!
Se escuchó un chillido desde abajo de la cama, lleno de angustia canina.
-Siento haberte gritado, -dijo, mirando en las sombras para ver la oscura forma de Sirius. El aire bajo la cama apestaba a arrepentimiento y dolor y culpa, pero no había nada de miedo. Se preguntó el Sirius había superado su miedo a la oscuridad, o si era un miedo psicológico tan complejo que simplemente no cabía en el simplificado cerebro canino.
-Claro que te perdono, -siguió, manteniendo su voz tan suave cómo fue posible.- Y quiero perdonarte. Siento haberte dicho esas cosas, mi Canuto. Vales cualquier precio que tenga que pagar. Te extrañé tanto estas semanas, debes saberlo. Me encontraste en tu cama, por Merlín.
Se escuchó un sonido desde abajo y un movimiento en las sombras. Una cabeza negra y peluda salió para mirarlo con enormes ojos grises.
-Vamos, -susurró, acercando su mano temblorosa para tocarle la cabeza.- Ahora eres un perro. ¿No hueles cuánto me arrepiento?
El lenguaje canino no estaba equipado para lidiar con las complejidades de la situación. No contenía palabras como "inconsolable" o "corazón roto" o "culpa arrasadora". Ni siquiera tenía las palabras para una frase como "lo siento tanto, tanto que no creo poder arreglar lo que hice."
Pero Sirius hizo lo mejor posible bajo las circunstancias. Mientras Remus metía sus brazos bajo la cama y rodeaba el tembloroso cuerpo peludo para arrastrarlo hasta su regazo, Canuto dejó salir suaves quejidos que podían ser traducidos por su lado lobuno a "perro malo… perro malo… ¡canuto perro malo! Lastimar Lunático, lastimar el lunático de Canuto. Perro malo…"
Y no pudo evitar que una risa rota se le escapara de los labios mientras agachaba la cabeza y la enterraba en el grueso pelo del cuello de Canuto. Odiaba poder sentir cada una de las costillas de Sirius definidas claramente bajo la cubierta de su negro pelaje.
Le pasó sus manos por la cabeza, hombros y costados, tratando de calmar y tranquilizar.
-Sí, -murmuró contra su oreja.- Sí, fuiste un perro malo, pero eres mi perro malo y siempre te querré de todas formas.
