Mycroft no era de ninguna manera estúpido. El sabía que Londres no tenía escasez de adolescentes apáticos dispuestos a hacer de niñera por salarios miserables. No había necesidad de que Greg mintiera y le dijera a Diane que no encontraría una niñera en el ultimo minuto, cuando en realidad se estaba ofreciendo de todo corazón.

Mycroft sabía lo que quería Greg.

Podía verlo en sus ojos cada vez que pasaban por un parque o veían un cochecito. El querer, la necesidad.

Tenía sentido, la verdad. Tenía cuarenta y siete años, su "reloj biológico" (a falta de un término mejor y más apropiado) había estado marcando desde hace algún tiempo. Era natural para un hombre de su edad querer un hijo propio. No es que alguna vez se lo mencionaría a Mycroft. Ese era el problema, Mycroft con gusto le daría a Greg cualquier cosa que quisiera, cualquiera en absoluto, pero Greg nunca se tomaría la molestia de preguntar por lo que quería. Estaba en su naturaleza, el estar cómodo sin preguntar por nada.

Mycroft no tenia ninguna duda de que Greg seria un padre excelente.

Era el mismo quien le preocupaba.

Nunca antes en su vida se le había ocurrido la idea de ser padre. Trabajaba constantemente, y había pasado décadas cultivando una persona fría y distante. Cierto, Greg había roto parte de esa frialdad, pero todavía estaba allí. La imagen de si mismo empujando un cochecito de niño era ridícula en el mejor de los casos, y francamente aterradora en el peor. Podía hacer frente a expatriados furiosos cualquier día de la semana, pero no tenia la menor idea de como manejar a un bebé.

Él era muy firme en esa creencia, hasta que una noche Greg llegó a casa después de haber cuidado a los niños luciendo tan desamparado de una forma en la que Mycroft nunca le había visto.

"Gregory, ¿Qué pasa?", preguntó, una pequeña medida de alarma colándose en su voz.

"Er, nada", dijo Greg, frotado la parte posterior de su cuello con la palma de su mano.

Mycroft levantó una ceja.

Greg abrió y cerró la boca un par de veces antes de reiterar su declaración anterior.

"Bueno, quiero decir, no es realmente nada. Esta noche llevé a los chicos a dar un paseo para tomar un helado. Llegamos a un cruce de peatones y yo extendí la mano para tomar la de Clara, pero ella se apartó y dijo que solo los bebés toman la mano de su tío. Luego me recordó que ella ya tiene nueve y no es una bebé. Entonces Jaime se molestó y tampoco quiso tomar mi mano", Suspiró. "No lo sé, supongo que ya no necesitan a su tío nunca más".

El corazón de Mycroft se hincho al oír al otro hombre.

"¡Gregory!" gritó, acercándose y poniendo una mano en la mejilla de su marido. "Esos niños te adoran, siempre te van a necesitar".

Gregory se encogió de hombros, obviamente no muy convencido.

Por alguna razón Mycroft solo lo hizo. Ese encogimiento de hombros. Esos ojos tristes.

"Gregory, he estado pensando", dijo lentamente, retirando su mano de la mejilla de Greg y colocándola en su bolsillo con nerviosismo. "Tal vez podríamos posiblemente discutir la idea de tener un niño propio..." su voz se apagó y miro al otro hombre con expectación.

La mandíbula de Greg cayó. "¿En serio?"

Mycroft sonrió y asintió con la cabeza.

La mirada de Greg se iluminó como las luces de navidad. "¡Por Dios!". Se movió para abrazar al otro hombre, pero se detuvo.

"My, ¿estás seguro de que esto es lo que quieres?, quiero decir, es una gran cosa. No quiero que estés de acuerdo con esto si es algo que no quieres y solo lo haces por mí".

"Gregory".

Mycroft cerró la distancia entre ellos y apoyó su frente contra la de Greg.

"No hay nada que me gustaría más en la vida que criar un niño contigo".

Y en ese momento, era cierto.


Cincuenta capítulos! ya queda cada vez menos para terminar esta historia, muuchas gracias por sus comentarios y por leer :) tratare de actualizar lo mas pronto posible, lo juro!