Todos pasaron varias horas avanzando a través de un río de aguas residuales, aunque tuvieron la suerte de que ésa asquerosa agua no cubría demasiado, el horrendo hedor era de lo más insufrible.
El oscuro lugar era alumbrado por una linterna acoplada en el ojo robótico de N. Gin y una luz atada en el casco del Engineer alimentada por el poder eléctrico de una patata, también atada en el casco.
Kairi no sabía que era peor: Si el miedo por lo que venía más adelante o permanecer un segundo más en ésa horrenda alcantarilla. Se volteó para ver a sus compañeros: Todos permanecían tranquilos, aunque se les notaba algo asqueados por estar en ése lugar, los que más se les notaba eran a Zelda y el Spy, quienes no disimulaban para nada el asco que les producía tal horrendo olor.
Todos permanecían en silencio, sabían que el eco en ése lugar era muy fuerte así que no querían arriesgarse a ser descubiertos.
Siguieron andando por ésa oscura alcantarilla hasta llegar a toparse con un pared de hormigón adornada con una escalera de mano hecha de acero, al mirar arriba no vieron ninguna luz, así que asumieron que la tapa de alcantarilla que se encontraba sobre sus cabezas permanecía cerrada. Al ver que no había peligro, Snake decidió dirigirse a los demás.
-Bien, aquí nos separamos, será mejor que nos mantengamos comunicados todo el tiempo.- El soldado metió su mano en una de las bolsas amarradas a su ceñidor para sacar lo que parecían ser audífonos.- Ajustad éstos comunicadores a mi frecuencia, si alguien dice algo, todos lo escucharemos.- Empezó a repartir dichos aparatos entre todos, pero Link se negó a aceptarlo.- ¿Y a ti qué te pasa?
-No tengo ni idea de cómo funciona este chisme.- Respondió el hyliano simplemente.- Pero tranquilo, ya me las apañaré.
-¿Y si pasa algo malo?- Inquirió Kairi con preocupación.
-Iré hacia los gritos.
-Mira, haz lo que quieras.- Concluyó Snake con decepción, luego se dirigió a los demás.- ¿Todos tenéis claros vuestros objetivos?
-Destruir el Metal Gear.- Dijo el Spy.
-Desactivar la Torre Oscura.- Anunció N. Gin con seguridad, algo inusual en él.
-Liberar a los prisioneros.- Añadió Kairi mientras que Zelda permanecía callada con los brazos cruzados, pero con una sonrisa en el rostro.
-Ir a por Volgin.- Murmuró Link con seriedad.
-Liarla parda...- Soltó Gant dándole una palmada en el hombro del Soldier, esté asintió con una amplia sonrisa.
-Impedir que éste par de cenutrios mueran.- Suspiro el Sniper.
-Bien, será mejor que nos movamos.- Anunció Snake empezando a subir por la escalera. Los demás lo siguieron.
-Kairi, aguarda.- Link se acercó a la joven, quién ya tenía una mano agarrando la escalera. El hyliano sacó un objeto de su alforja y se lo entregó.
-¿Un amuleto de invocación?- Ella se sorprendió.- ¿De dónde...?
-Ahora no importa.- Respondió con una sonrisa.- Vuelve de una pieza ¿De acuerdo?
-Lo mismo va por ti.- Ella soltó la escalera y abrazó a su compañero con fuerza.- Ni se te ocurra morir...
-Mi señor, me han comunicado que el Metal Gear ya está operativo.- Dijo Arktos ante el despacho de Volgin. Ésa noticia pareció haber entusiasmado a aquél hombre.- Han programado la primera prueba de campo para mañana.
-¿Pero ya funciona todo o será otra decepción?
-Aún no tiene capacidad nuclear, pero todo lo demás parece funcionar bien.
-Que refuercen la guardia de su hangar, no quiero sorpresas.- Volgin se levantó y miró por la ventana con tranquilidad.- Pronto tendremos lo que hemos estado buscando durante tanto tiempo, entonces, no solo éste mundo, tendremos cualquier mundo que queramos...
De pronto un tremendo estruendo se hizo sonar por todo el lugar acompañado de una potente luz que alumbró el cielo nocturno que no tardó en desaparecer, luego empezaron a oírse disparos. Volgin se sobresaltó, se apresuró a sentarse en su silla y empezó a buscar su teléfono por toda su mesa. Cuando lo vio se lo acercó, descolgó y marcó un numero.
-¿Qué demonios es todo éste jaleo?- Se le notaba nervioso.
Pasó algún tiempo hasta que quién quiera que estuviese al otro lado del teléfono dejase de hablar. Volgin finalmente colgó de un golpe, mantenía la mirada fría y el ceño fruncido.
-Arktos, tendrás que actuar, tenemos compañía.- Gruñó.- Al parecer ésos desgraciados al fin han vuelto.
-Entendido, señor, si quiere que comande un escuadrón para darles caza...
-No, que se encargue Calw de éso.- Volgin se acercó al confundido Arktos.- Busca a la princesa del corazón, y encárgate de ella.
-Bien, te la traeré viva.- Respondió él con serenidad.
-Olvida éso, acaba con ella.- Luego, el hombre sacó una pistola Makarov de su chaqueta y se la entregó a su subordinado.- Déjate de truquitos de hielo, en cuando la veas, métele una bala en la cabeza.- Sonrió.- No dejaremos nada a la suerte.
-... A la orden, señor...- Arktos no pudo evitar titubear un poco ante éso, pero decidió no protestar.- ¿Y usted qué hará?
-¿Yo?- Dibujó una amplia y macabra sonrisa en su rostro.- Voy a adelantar la prueba de campo del Metal Gear.
-Vale, la distracción ha comenzado. Espero que todos tengáis claros vuestros objetivos, ¡En marcha!- Recalcó Snake.
Todo el grupo, exceptuando el Soldier, el Sniper y Gant, que no se encontraban con ellos, asintieron. Se dividieron y prosiguieron en cumplir sus propios objetivos. Kairi empezó a correr siguiendo a Zelda, buscaban un búnker dónde supuestamente mantenían cautivos a los prisioneros.
Las dos avanzaban por el recinto de la base a toda prisa, parecía que la hyliana se había estudiado los planos a rajatabla, pues no mostraba duda alguna en tomar un camino u otro.
Kairi pudo empezar a oír el aparatoso ruido de la alarma, también pudo divisar algunos soldados corriendo hacia el lugar en dónde sus compañeros estaban haciendo su particular "distracción", pues aún se escuchaban las explosiones del lanzacohetes del Soldier. Al parecer ninguno de los hombres de Volgin pensaba en otra cosa, ya que nadie se percató de la presencia de ellas dos.
Finalmente llegaron al dichoso búnker, antes de entrar, Kairi se volteó un instante, y vio algo un tanto peculiar: A la lejanía, iluminada por los focos, pudo ver la silueta del Soldier en el aire a bastantes metros sobre el suelo disparando su arma, había efectuado su famoso "salto cohete".
-Vaya, ése hombre, o es muy hábil o está completamente loco.- Murmuró Zelda asombrada, quién también había visto la escena.
-Ambas cosas.- Soltó Kairi sin poder ocultar una leve sonrisa, parecía orgullosa del equipo RED.- Demos gracias que ellos están de nuestro lado.
-Cierto, si todos son tan dementes, no me gustaría que intentasen matarme...- La hyliana negó con la cabeza y empuñó con fuerza su arco.- Bueno, no olvidemos nuestro objetivo.
Ambas abrieron cuidadosamente la puerta del búnker para acceder y cerrar ésa misma puerta después. Dentro del bunker estaba bastante oscuro, toda la estancia estaba escasamente iluminada por algunas luces fluorescentes, y algunas no funcionaban. Lo único que se podía ver era una larga escalera que descendía hasta niveles subterráneos, la oscuridad impedía ver hasta dónde llegaba tal descenso. Parecía la boca del lobo.
Empezaron a bajar escalones con suma delicadeza, al igual que en la alcantarilla, en ésa estancia había un tremendo eco. Descendieron hasta llegar ante una puerta blindada. Las dos se encontraban en una encrucijada: Si intentaban abrir ésa puerta por las buenas harían demasiado ruido y alertarían a los guardias que se encontrasen al otro lado.
-De acuerdo, Kairi, colócate en la parte izquierda la puerta.- Susurró la hyliana.- Yo aguardaré en la derecha.
-Entendido...
Ambas tomaron posiciones, se miraron a los ojos y asintieron. Contra todo pronóstico, Zelda golpeó la puerta varias veces, ambas vieron cómo una pequeña rendija de dicha puerta se abrió.
-¿Quién es?- Preguntó una voz ronca tras la gruesa puerta.- ¿¡Hola!?- Empezó a desesperarse.- Ésta area está en cuarentena, ¡Piérdete!
De pronto, la rendija volvió a cerrarse. Zelda decidió volver a llamar a la puerta, ésta vez con más fuerza. La rendija se volvió abrir.
-¡Maldita sea, he dicho que estamos en cuarentena!- La voz calló por un instante.- Será posible...- De pronto la rendija volvió a cerrarse y la puerta empezó a abrirse. Kairi se encontró cara a cara con el guardia que se encontraba tras la puerta: Un hombre fornido con equipación verde OD, pasamontañas y armado con una pistola Tokarev.- Un momento, ¿Quién rayos eres tú?
-Buenas...- Soltó Kairi sin pensarlo.
-Mierda, ¡Una intrusa!- Exclamó. De pronto, apuntó a Kairi en la cabeza.- Aquí acabamos con los intru...
No pudo terminar la frase, pues Zelda empujó la puerta atrapando la mano del guardia en el proceso. Él soltó un agudo alarido de dolor, no pudo sostener su arma y la dejó caer al suelo. Una vez desarmado el guardia, la hyliana volvió a abrir la puerta, liberando la manos de su enemigo, que estaba sangrando, seguramente tenía los dedos rotos. El hombre retrocedió mirando su mano destrozada y luego mirándolas a ellas con ira.
Ambas observaron cómo se aproximaban los demás guardias armados con subfusiles AK-74. Todos apuntaron a las dos intrusas. Zelda, rápidamente sacó un cuchillo, se lo puso al cuello al guardia de la puerta y se escudó tras de él, tomándolo cómo rehén.
-Kairi, ponte detrás de mi.- Ordenó ella, la joven obedeció sin rechistar. Luego se dirigió a los demás guardias.- Bajad las armas y vuestro amigo vivirá.
-No negociamos con intrusos.- Respondió uno de ellos.
De forma súbita, uno de sus camaradas disparó al guardia que tenía Zelda como rehén. La bala le atravesó el hombro, y por poco le da a la hyliana. Ésta lo soltó al ver ése resultado.
-¿Y ahora qué haréis?- Se burló uno de los guardias, todos se mantenían encañonando a las dos intrusas.
Kairi, al ver ésa situación tan lamentable, decidió dar un paso al frente, extendió la mano y una tenue aura violeta empezó a emanar de ella: Era la magia "Magneto". Ésa aura se intensificó, todas las armas de los guardias salieron volando de las manos de sus respectivos dueños hasta llegar al lado de Kairi, dónde cayeron al suelo.
-¿Qué demonios?- Soltó uno de los guardias mirándose las manos, perplejo.- ¡Ésa niñata es una bruja!
-Disparar a unos de vuestros compañeros por las buenas...- Empezó a decir Kairi claramente enfadad mientras se aproximaba a los demás guardias. Éstos empezaron a mirarla con miedo, incluso Zelda estaba sorprendida.- Sois despreciables.
La joven volvió a extender su mano, de pronto, una poderosa ráfaga de viento entró por la entrada del búnker, arrollando a todos los guardias, los únicos que no fueron afectados fueron Zelda, Kairi y el guardia herido. Cayeron al suelo totalmente noqueados, terminando así con la amenaza.
Una vez fuera de peligro, Kairi se acercó al guardia malherido, que se encontraba al suelo retorciéndose de dolor y desangrándose. Se arrodilló junto a él y posó su mano sobre el hombro del soldado, de ella, empezó a emanar una tenue luz verde que empezó a sanar la herida de bala y su mano destrozada. Finalmente, el guardia dejó de sentir dolor y se levantó por su propio pie.
-¿Por qué?- Preguntó él sin entender nada.
-Porque no era necesario que murieras.- Respondió ella con una sonrisa.- Eres libre de marcharte de ésta base.
-Pero recuerda que nosotras no somos las peores de nuestro grupo.- Añadió Zelda con rudeza.- Si intentas delatarnos lo sabremos, y créeme, acabarás muchísimo peor de lo que estabas antes...
-¡Gracias!- El soldado dio un rápido abrazo a Kairi y luego empezó a ascender por las escaleras a toda prisa.- ¡No olvidaré lo que habéis hecho por mí!
Cuando al fin el soldado salió del búnker, Zelda suspiró y miró a Kairi con cierto recelo.
-¿Tú creés que has hecho bien dejándolo ir?
-Tranquila, no dirá nada, cuando vea la que se ha montado ahí fuera, recordará tus palabras...- Ella se volteó para ver a la hyliana.- ¿Seguimos?
Mientras tanto, el Engineer y N. Gin avanzaban a través de la base , ambos armados. En la dirección en la que iban, no se encontraron a ningún guardia de cara, los que vieron estaban lo suficientemente lejos para que les ignorasen, además, estaban ocupados dirigiéndose dónde se producían las explosiones.
No tardaron demasiado a llegar ante el edificio más alto de la base: Lo que parecía ser una altísima torre negra. Ambos vieron que la puerta contaba con un pequeño terminal a un lado: Una cerradura electrónica. El gyborg empezó a teclear códigos en dicho terminal.
-¿Seguro que sabes hackearlo, pequeño?- Preguntó el Engineer.
-Yo mismo diseñé el software.- Respondió con confianza.- Una vez dentro, podré controlar parte de los sistemas de seguridad. Así que vigila que no venga nadie.
El hombre preparó su escopeta y empezó a hacer guardia mientras que N. Gin continuaba con lo suyo. Al pasar unos minutos, la puerta al fin se abrió y ambos se dirigieron a entrar, aunque algo los detuvo.
-¡Intrusos en la entrada de la torre!- Exclamó la voz de un guardia que había a parecido de la nada.- ¡Solicito refuerzos!
Dicho guardia empezó a disparar con su fusil en modo automático. Ésos disparos eran rápidos pero muy poco precisos, pues el Engineer se bastó en girarse y disparle al guardia en el pecho con su escopeta, abatiéndolo en el proceso, el rostro de N. Gin mostraba horror al ver ésa escena, luego miró al Engineer.
-¿Acaso querías despedirte de él? ¡Vamos!- Soltó el hombre con prisa.
Ambos entraron en la torre y el Engineer atrancó la puerta con su llave inglesa. Acto seguido empezaron a ascender por una escalera de caracol para llegar a la sala de control.
-¿Y si dentro hay mas guardias?- Preguntó N. Gin sin parar de subir escalones.
-Pues "escopetazo" en la cara, así de fácil.- Respondió recargando su arma.- Ellos están dispuestos a matarnos y yo estoy dispuesto a matarlos.
-No sabía que fueras así, parecías un bonachón.
-Pues espera ver al resto del equipo RED, somos famosos por algo.- Luego se acordó de algo importante.- Ya que estamos, comunica con los demás, diles que nosotros ya estamos en la torre.
-Claro, ahora mismo...- Respondió él.
-...Bien hecho, N. Gin, nosotros estamos de camino al Metal Gear.- Snake hablaba por su comunicador en voz baja, a su lado se encontraba el Spy.
-Y dile al Engineer, que encienda su radio si no quiere que le plante un zapeador en el cráneo.- Añadió el otro con sorna.
Ambos estaban ocultos en las sombras, ya habían llegado al interior del edificio principal de la base: El único camino posible para llegar al hangar del Metal Gear, los dos notaron que bastantes guardias se quedaron en ése lugar.
-Va ser difícil avanzar sin ser vistos...- Mustió Snake mientras preparaba su Colt 1911 y su cuchillo.
-No para mi, tengo varios ases bajo la manga.- Respondió el Spy sacando un nuevo cigarrillo de su pitillera.- Lo único que me preocupa es que tú no puedas seguir mi ritmo...
-¿Me estás desafiando?
-Así es más divertido, ambos sabemos dónde tenemos que ir, veamos quién llega primero.- La mirada del hombre enmascarado se afiló.- Así no habrá duda de quién es mejor espía.
De pronto, el Spy apretó un botón de su reloj y desapareció ante los ojos de Snake, luego se oyeron los pasos de los elegantes zapatos del Spy que se iban alejando.
-Camuflaje óptico, éso es jugar sucio...- Mustió él, aunque soltó una pequeña sonrisa.- Pero yo no necesito ésos aparatos tan sofisticados.
Snake empezó a avanzar por los pasillos de la base con pies de plomo, nada iba a entorpecer su misión, sabía que tenía que hacer, lo había hecho muchas veces, demasiadas... Empuñaba con fuerza su fiel Colt y su viejo cuchillo con decisión, se habían acabado las contemplaciones. La hora de la verdad se acercaba...
Solo le faltaba hacer una última cosa. Volvió a comunicar por radio una vez más.
-Equipo de distracción, nos aproximamos al Metal Gear, mantened ésos fuegos artificiales...
-¡Oído cocina!- Respondió Gant a voces tratando de sonar más alto que los disparos.
Se encontraba cubierto tras la esquina de un muro dónde no paraban de llegar disparos al otro lado. De la nada se oyeron unos cuatro disparos más potentes que el resto y luego se hizo el silencio por un instante.
Gant se asomó y vio a los cuatro guardias que anteriormente estaban disparando sin cesar al suelo, sin moverse. El mercenario alzó el pulgar en señal de agradecimiento. Al parecer, el Sniper, quién se mantenía apostado a lo lejos les había plantado una bala en la cabeza de cada guardia.
Aprovechando éso, y el hecho que la mayoría de guardias intentaban alcanzar al Soldier sin demasiado éxito, ya que no paraba de efectuar sus famosos "Saltos Cohete", Gant se dispuso a acabar con los guardias restantes antes que viniese la siguiente "oleada".
Lo primero que hizo fue concentrar energía oscura en sus pies y dar un potentísimo salto. En el aire, invocó su llave-espada y desplegó la hoja dentada de su brazo robótico. Una vez iniciado el descenso, activó el propulsor del codo, empezando a girar sobre él mismo hasta perder totalmente el control. Finalmente aterrizó sobre la mayoría de guardias que estaban tratando de disparar al Soldier, arrollándolos en el proceso, aunque Gant no pudo evitar aterrizar mal, salir patinando por el suelo de hormigón y acabar completamente mareado.
-No entiendo cómo Link puede hacer ésto sin vomitar...- Soltó viéndose incapaz de levantarse.
-¡Maldito traidor, acabad con él!- Exclamó uno de los guardias que había salido ileso de ése ataque.
Él y unos cinco soldados más se voltearon y apuntaron a Gant con sus fusiles. Se dispusieron a apretar el gatillo, pero un cohete disparado desde arriba impactó con el grupo de guardias, mandándolos a volar a todos ellos. Luego el Soldier aterrizó al lado de Gant.
-Excesivo...- Soltó el hombre de negro.
-¡Pero estás vivo!- Respondió el otro mientras ayudaba a su compañero aponerse de pie, con dificultad.- No se tú pero yo me lo estoy pasando francamente bien.
-Que loco...
Una vez ambos recuperados, se percataron de que más soldados se aproximaban y tomaban posiciones. No venían solos, pues la figura de un enorme hombre con armadura les acompañaba.
-Vaya, traidor, sigues con vida...
-Claw... - Mustió Gant con rabia.
-Soldados, dejad a éste para mi.- Soltó tras voltearse hacia sus hombres.- Acabad con los dos restantes...
Al oír éso, el Soldier se limitó en bajar su lanzacohetes, dar un pequeño salto y disparar al suelo, saliendo disparado por los aires a causa de la honda expansiva del proyectil. Los demás guardias empezaron a avanzar tomando posiciones de cobertura y tratando de abatir al Soldier mientras estaba en el aire, cosa complicada.
-Bueno, Gant... Ahora solo estamos tú y yo.- Dijo Claw con una sonrisa en el rostro mientas desenvainaba su mandoble plateado y preparaba su grueso escudo.
-Ya veo. ¿Ahora es cuando me invitas a cenar o algo?- Respondió con sorna poniéndose en guardia.- Al menos ten la decencia de invitar a Arktos a la fiesta, así nos reiremos todos.
-Cuando Arktos llegue no va quedar nada de ti, solo verá carne picada...- En ésas Claw dibujó una grotesca sonrisa en su rostro.- Te dejaré peor de lo que dejé a Rourke.
-Fuiste tú...- La mirada de Gant empezó a mostrar ira.- Me han tratado de traidor por algo que tú hiciste... - Sus ojos empezaban a enrojecerse.- Antes de matar a Arktos, te mataré a ti, así vengare la muerte de Rourke...
-Vamos, basta de hablar... ¡Empecemos!
Claw se abalanzó sobre Gant mandoble en mano, éste lo imitó, no quería dar un paso atrás ante él. Ambos se lanzaron al ataque con todas sus fuerzas hasta que chocaron espadas. El impacto fue tal, que el pesado sonido metálico ensordeció el ruido de disparos y de explosiones. Por un momento la base se quedó muda hasta que volvieron a conectar un nuevo golpe.
Ambos luchaban con ira en el corazón, con el deseo de matar al otro en sus mentes. Los dos mercenarios habían empezado un duelo encarnizado por su propia supervivencia...
Link avanzaba por los pasillos de la base sin demasiada cautela, casi todos los soldados estaban ocupados corriendo a toda prisa a intentar acabar con el Soldier y el Sniper, así que los pasillos en dónde él se encontraba estaban prácticamente desierto.
El hyliano igualmente blandía la Espada Maestra y mantenía su fiel escudo en alto, siempre era posible un ataque por sorpresa.
Siguió andando sin ningún rumbo en específico. Tenía su objetivo en mente: Acabar con Volgin. Pero cayó en la cuenta de que no tenía ni idea de donde podría estar, ésa base era demasiado distinta del Castillo de Hyrule. Finalmente se topó con una puerta con un cartel al lado: "Laboratorios". Pensó que Volgin podría encontrarse tras ésa puerta, así que se decidió a abrirla lentamente. De pronto empezó a oír una voz algo familiar.
-Muy bien, caballeros, ya es oficial: El sujeto T-22 es un éxito, podemos descorchar el champán.
Ante Link se encontraban un puñado de personas vestidas con batas blancas rodeando a un pequeño hombre cabezón de piel amarillenta: El Doctor Cortex, quién daba la espalda a la entrada del laboratorio, dónde se encontraba Link. Al parecer nadie se había percatado de su presencia.
Uno de los doctores sacó una botella de champán y la abrió, dejando que el corcho saliese disparado.
-¿Dónde ha ido el tapón?- Soltó otro doctor entre risas.
Cuando el susodicho se volteó vio a Link, quién había atrapado el corcho con la mano. Ante la cara de asustado del hombre todos se voltearon y sus sonrisas empezaron a borrarse de sus rostros.
-Oh, no...- Alcanzó a decir el doctor Cortex.
-Largaos de aquí...- Dijo Link con semblante serio para luego dejar caer el tapón.
Todos obedecieron con temor en su mirada, pasando por los lados de Link mientras que él se mantenía inmóvil. Cuando le tocó el turno a Cortex se encontró con la hoja de la Espada Maestra bloqueándole el paso.
-No, tú quédate.- Soltó el hyliano con una expresión casi gélida.- Tengamos una conversación, doctor...
Link cerró la puerta y Cortex retrocedió aterrado. El hyliano avanzaba por el enorme laboratorio mientras lo observaba: Paredes blancas, mesas metálicas, ordenadores por todas partes... Y un enorme tanque de agua.
-¿Por qué me suena éste lugar?- Mustió él.
-Pasaste aquí un buen tiempo.- Soltó Cortex sin pensarlo demasiado.- Bueno, cuando permaneciste sin vida.
-Hasta que usaste a Kairi para despertarme, ¿Cierto?- Le reprochó Link con dureza, causando que el pequeño doctor se asustase.- Y ella sufrió por ello, para que tú pudieses jugar a ser un Dios.
-No, no... Eran órdenes...- Intentó exculparse, aunque sin demasiado éxito.- Además, si no hubiese sido por eso, tú y yo no estaríamos teniendo ésta conversación. Tú continuarías muerto y éste mundo no tendría a su salvador.
-Ésa es otra, ¿Quién os ha contado la historia de Hyrule? Dudo que lo hubiese hecho algún hyliano.
-Lo tienes detrás de ti...
Link apuntó a Cortex con la espada, diciéndole que no intentase huir, aque el otro no lo pretendía, sus piernas cortas no le ayudarian de mucho... El rubio se volteó, lo único que encontró fue una mesa dónde reposaba un antiguo y grueso libro antiguo con cubierta de cuero. Link lo abrió y leyó un pequeño fragmento de sus páginas, escritas a mano en hyliano antiguo.
-El Libro de Mudora...- Mustió sorprendido.- Creía que se perdió.
-Lo encontramos, aquí esta escrita toda la historia de Hyrule, todas sus leyendas... Dónde tú no paras de salir en ellas...- Explicó Cortex mientras se acercaba algo más tranquilizado.- Tomamos los escritos de este libro al pie de la letra, después de traducirlos, claro...- Luego miró a Link, quien se mantenía receloso, aún con su espada en la mano.- Ven, te enseñaré algo.- Dijo finalmente mientras se aproximaba a una puerta que accedía a otra estancia del laboratorio.
-Oye, ¿Que crees que haces?
-No tengas miedo, solo quiero presentarte a tu familia...- El doctor abrió la puerta y encendió la luz de ésa estancia.- Venga, hecha un vistazo.
Link, aunque permanecía algo receloso, accedió. Entró en aquella extraña sala y sus ojos se abrieron de par en par, su rostro mostraba horror ante lo que tenía ante suyo: Se trataba de una larga sala repleta de tanques de agua en ambos lados, la mayoría de dichos tanques albergaban seres de aspecto humano, orejas puntiagudas, pelo rubio... Iguales a Link...
-Esto es...
-Son los intentos fallidos, hubieron más, pero los incineramos, no nos quedaba espacio... A éstos los teníamos que incinerar mañana.- Explicó el doctor mientras retrocedía.- Se podría decir que son tus hermanos...
Link permanecía ahí horrorizado, aquél sitio echaba por tierra cualquier otra explicación, todos aquellos seres iguales a él: Clones... Él simplemente era el único de todos ésos experimentos que había dado resultado, la existencia de esos seres lo confirmaba claramente.
Finalmente Link se giró y cerró la puerta, buscando enterrar aquella visión. Estaba pálido, sus manos temblaban, hubiese deseado no haber visto todo aquello. Cuando levantó la mirada, Link vio a Cortex sosteniendo un frasco de cristal con un líquido rojo en su interior.
-¿Qué es lo que tramas ahora?- Alcanzó decir el hyliano intentando recomponerse.
-Un salvoconducto...- Respondió simplemente.- Ésta es una réplica de la poción de un viejo socio: El doctor Nitrus Brio.
-¿Debería importarme?
-Si quieres seguir con vida...- Antes de acabar la frase, Cortex se bebió el contenido del frasco y para luego estamparlo contra el suelo. Luego el cuerpo del pequeño doctor empezó a presentar convulsiones.- Sí... debería importarte.
-Esto no me gusta nada...- Mustió Link preparando su escudo y empuñando la Espada Maestra con fuerza.
De pronto, la delgada silueta del doctor empezó a deformarse: Su estatura aumentó, sus músculos se ensancharon hasta tal punto de destrozar su bata de laboratorio a excepción de sus piernas, que continuaban siendo iguales que antes. Se convirtió en una enorme masa de músculos algo más alta que el propio Link, incluso su enorme cabeza lucía normal ante su nuevo cuerpo tan grande.
-Odio tener que destruir mi creación.- Soltó Cortex, su voz era dramáticamente más grave que antes.- Pero lo divertido que va a ser, no tendrá precio.
-Inténtalo...
Link se puso en guardia ante ése monstruo que minutos antes era el doctor Cortex. No estaba dispuesto a dejarse intimidar, mucho menos después de ver lo que ése hombre había hecho...
