Capítulo 55
Augurios
La madriguera ahora estaba en paz, luego de un día ajetreado parecía que las paredes de madera respiraban aliviadas ante tanta tranquilidad.
Sólo quedaban Molly, Arthur, Charlie y Ágatha que estaban de vacaciones, Albus y Minerva y por supuestos sus padres y los de Rodas.
Noviembre comenzaba a hacerse notar, el frío, no tan intenso como en diciembre, daba igual su parte de presencia y se instalaba ingresando por los gastados burletes de las ventanas y haciendo sonar alguna ventana mal cerrada.
Rose se sorprendía, como luego de tantos años, tantas guerras y tantas historias el lugar se mantuviera intacto, y no sólo eso, que cobijara cada una de las experiencias en ella permaneciendo estoica y erguida como una estatua de Miguel Angel, que a pesar de estar deteriorada por el paso del tiempo guardaba su majestuosidad.
Rose se despidió de todos y se retiró a su habitación fingiendo cansancio, Albus ya sabía que estaba mintiendo y acercándose al pie de la escalera le preguntó
- ¿Te encuentras bien? – La chica giró sobre sus talones y sonriendo afirmó con la cabeza
- ¿Dónde has enviado a Rodas? – Quiso saber. - ¿Es seguro que esté solo fuera? Ahora lo están buscando – agregaba para sonar preocupada más por la misión que por el chico en sí. Albus pensó por algunos segundos y luego acercándose unos escalones le dijo
- Él no está solo…
- Yo podría haber…
- Tu necesitas verlo todo Rose – la interrumpía Albus – hasta que no sepas la totalidad de tu historia y de todos los que te rodean no podrás superar el hechizo, y mientras lo tengas eres – se detuvo como midiendo las palabras a utilizar
- Peligrosa – agregó ella y él la miró sin hacer falta siquiera una afirmación de su parte.
Eso era verdad, Rose aún estaba dividida entre lo que aprendió toda su vida y lo que ahora sabía que era la verdad, lo correcto, y, a pesar de saber que lo que debía hacer era todo lo contrario que le inculcaron durante su estadía con Gunther, algo en su interior se negaba a entregarse por completa.
- Hay un lugar, un lugar sagrado – explicaba Albus ajeno a sus pensamientos
- ¿Cómo la pirámide de Sanatus? – Preguntó Rose
- Algo parecido – asentía Albus - ¿Por qué no me acompañas con un té y te comento? – Preguntaba bajando y la chica lo siguió, apenas verlos regresar Molly puso la pava en el fogón, mientras el agua hervía ellos tomaron asiento en sus lugares anteriores y, ante la mirada de los presentes Albus continuó – Hemos descubierto que hay un lugar en Ciudad del Cabo, llamado el pico del diablo, el templo de Rodas, creemos que allí está la fuente de poder que restaurará la profecía, aunque… - agregaba misterioso – también puede ser todo lo contrario. Además he visto que puede hacer algunas cosas más, como – hizo silencio
- ¿No confías en mí? – Preguntó Rose
- No es eso, es que… - dudaba Albus – puede influir en ustedes – terminó por declarar – en ese lugar su poder individual se ve mermado
- Entonces es peligroso – decía preocupada Rose - Podría conectarme con Rodas y…
- ¡No! – Exclamó Albus – utilizar sus poderes en este momento sería lanzar bengalas en el medio del océano, Gunther los podría contactar inmediatamente y debemos resguardar el secreto – agregaba – él también lo está buscando.
- Ya veo – declaraba Rose mientras Molly entregaba una taza de te humeante a Albus
- ¿Quieres una taza de té mi pequeña? – Le preguntaba la anciana
- No abuela, gracias – contestaba ella sonriendo - ¿Cómo es que no estás cansada a pesar de estar todo el día atendiéndonos? – Preguntaba
- La práctica hace al maestro – decía Arthur – Y tu abuela es una maestra en la casa – decía levantando el dedo índice de su mano – en sus hijos y nietos – acotaba levantando el mayor – en su esposo – señalaba sonriendo levantando el anular – y en gritar y retar – completaba levantando el meñique y todos se echaron a reír
- ¡Arthur! – Lo amonestaba la dama uniéndose finalmente a la risa general – Te faltaron en abrazos – agregó fingiendo estar ofendida.
La charla continuó sobre anécdotas familiares comunes, caídas de dientes, cicatrices en las rodillas y corridas al hospital producto de tener en la casa a docenas de niños en ella.
Luego poco a poco se fueron marchando y finalmente Rose se quedó sola observando los lugares ahora vacíos.
Entonces tocaron a la puerta y se levantó, al instante, Ron y Hermione vestidos de pijama se aparecieron blandiendo sus varitas.
- ¿Esperamos visitas? – Preguntó Hermione cuando Albus apareció
- Siempre las esperamos – contestó el hombre acomodándose sus gafas y se asomó por la ventana entonces hizo un gesto con la mano que todo estaba bien y abrió la puerta
- ¡Sam! – Saludó - ¡Melina! – Y una pareja ingresó.
Rose ya conocía a Sam Winchester, cuando era más joven, aunque aún conservaba esa mirada de cachorrito en desgracia, que ocultaba su gran poder. Sam tenía la fuerza de un demonio y la sagacidad de un ángel, con lo cual era muy poderoso y fuerte. El muchacho, luego de saludar a sus padres y a Albus se acercó a ella.
Su cabello estaba apenas cano, como el de su padre pero de un castaño muy claro, y sus ojos bicolor de un raro verde azul la miraron sonrientes y su sonrisa completaba el marco de una cara que Rose sólo podía calificar como angelical.
- Hola Rose – la saludó tendiéndole la mano – Has crecido – le decía – la última vez que nos vimos…
- Prefiero no recordarlo – lo interrumpía ella – es muy penoso
- ¿Penoso? – Preguntaba él – A quien nos pateaste el trasero fue a nosotros – aclaraba y todos sonreían – Igual más tarde derrotamos a Lilith, lo cual fue para peor – declaró meneando la cabeza – Pero bueno – dijo agitando la mano – historia antigua. – Agregó y pasó a saludar a Molly y Arthur quienes se levantaron al escuchar tanto alboroto, Charly y Ágatha saludaron y regresaron a su habitación y los demás los fueron imitando poco a poco.
A quien Rose no conocía era a la mujer que estaba ahora frente a ella, la había visto en el funeral y peleando en la casa de Albus, elevando árboles e incendiándolos al lanzarlos como lo hacían Alejandra y Celina, pero no era una bruja.
La dama era hermosa, tenía largos cabellos ondulados, de un color castaño, las ondas caían con gracia por su espalda, su perfil era casi perfecto, y sus ojos expresaban una calidez y confianza que inmediatamente hacia que la persona frente a ella se sintiera cómoda y tranquila y a la vez esa mirada irradiaba un misticismo que la hacia enigmática.
- Soy Melina – se presentó tendiéndole la mano y Rose correspondió el saludo – Es bueno tenerte entre nosotros – le decía
- Es bueno estar aquí – decía ella y la dama volteó su mano y mirándola sonriente le dijo
- ¿Puedo leerte la fortuna?
- No creo que sean buenos augurios – declaraba Rose sin alejarse
- Podría verte el futuro – decía la mujer aún sin mirar el dorso de la mano izquierda extendido hacia ella
- Como gustes – dijo Rose y Melina bajó los ojos de un brillante color marrón a la mano de ella y los mismos se abrieron de par en par sorprendidos – Tan malo es – bromeaba la chica pero la mujer no la escuchaba, analizaba cada una de las líneas que marcaban su mano como sacando cálculos mentales, como leyendo tal cual un libro esas marcas que, para Rose no eran más que algo común y cotidiano.
- Será difícil – decía – has tenido una vida complicada
- No se necesita ser gitano para saber eso – la interrumpía Sam y ella lo miraba por el rabillo del ojo haciendo que el hombre ya no interviniera más.
- Ya – dijo soltándole la extremidad y sonriendo
- ¿Y? – Quiso saber Rose
- Todo va a estar bien – le decía la dama palmeándole el hombro derecho y volteó a hablar con Albus
- Estamos en el horno – dijo Rose y todos sonrieron pero Melina negó con la cabeza
- No, no estamos en el horno – repetía – pero, estamos cerca – agregaba – si eres tenaz, perspicaz y persistente todo saldrá bien, no será fácil, nada lo es, tu ya lo sabes, pero para que esto tenga un final feliz deberás entregarte sin miramientos a los diferentes sentimientos que ahora te embargan, será un proceso complicado, y no tenemos tiempo para que pasar por una etapa de adaptación de todo ello, pero, con tus habilidades lo lograras… espero – agregó.
Rose se quedó pensativa, y luego se levantó de hombros, los gitanos tenían la capacidad de decir lo malo de forma buena y generalmente no daban malas noticias, era perjudicial el negocio, así que en general no confiaba en ellos, aunque la mirada de Melina la invitaba a creer en cada una de las complejas palabras que le había dicho. Luego sacudió la cabeza para despejar su mente y preguntó
- ¿Ustedes también tuvieron que ir por una piedra? – Y la pareja se miró sonriente
- Si – dijo Sam
- Pero te contarán mañana – declaró Albus acompañando a los muchachos a las habitaciones – ellos vienen de Rumania, deben estar cansados por el viaje
- Un poco – declaró Melina siguiendo al anciano
- ¿Se contactaron con los chicos? – Preguntó Dumbledore
- Si – dijo Sam – están bien y pronto regresaran
- Ya lo sé, les he dado una orden precisa y solo ante una situación de extrema necesidad no la pueden evadir – decía Albus
- Ya lo sabemos – agregaba Melina – fue una buena decisión - agregaba sonriendo
Rose se quedó parada, mirando ahora el lugar desierto ya que todos se habían ido a acostar nuevamente, a los pocos minutos apareció Albus, se lo veía cansado
- Estás cansado – le decía la chica – ve a descansar, mañana hablamos
- Gracias – decía Albus – Sólo quiero decirte que te tengo preparada una sorpresa, te gustará, pero debes esperar un tiempito más – acotaba sonriendo y se marchó a su habitación.
Como todas las noches Rose se quedó mirando por la ventana, ya no sentía que era vigilada, calculaba que la madriguera tenía muchísima más protección que la casa de Albus, y no se equivocaba.
Se quedó pensando en todo lo que Albus y Melina le habían dicho.
Desconocía el lugar que hacia referencia Albus y por una parte estaba agradecida, una preocupación más en su mente no era buena en este momento y por el otro estaba preocupada por Rodas y aunque ya le había informado Albus, estaba protegido, por alguna extraña razón no lograba dejar de sentirse insegura en cuanto pensaba en él.
Además estaba lo que Melina le había vaticinado, a modo de acertijo prácticamente, no sabía que significaba el hecho de entregarse a estos nuevos sentimientos, porque, a decir verdad, en este momento su mente era un cúmulo de sensaciones contradictorias y si, tenía que elegir, en ese instante saldría corriendo sin importarle nada, ni los que creía buenos que eran los malos, ni los que creía malos que eran los buenos.
En la mansión de la logia Leonid avanzaba por el amplio pasillo que daba a la oficina de Gunther, y sin golpear entró.
Pudo ver a su jefe de pie, teniendo sexo con una mujer de regordeta figura que de espalda a él y plegado su torso sobre el escritorio, soportaba las embestidas salvajes de Gunther.
- Lo siento – dijo intentando retirarse Leonid
- Ya termino – declaró el otro lanzando un gemido gutural y aplastando la cabeza de la mujer más sobre la mesa.
Luego se separó y acomodó la ropa, mientras abría un cajón del escritorio y, lanzaba unos billetes a la mujer que, acomodándose la ropa a su vez los tomaba y salía mirando al vampiro sin temerle a pesar que Leonid mostraba sus colmillos mortales.
- Disculpa – repitió el vampiro
- No es nada – declaró Gunther revisando unos papiros sin notarse siquiera que acababa de tener relaciones con una mujer – aunque sería más apropiado que aprendas de una maldita vez a golpear antes de entrar – acotó
- Esa mujer no me tiene miedo – decía Leonid cambiando de tema
- Sabe que tienes órdenes de no dañarla ni tu ni ninguno de los otros aquí, ella me sirve para… - se detuvo mirando al vampiro y acotó regresando a la lectura – para mis necesidades
- Extraño cuando acechábamos a jovencitas, tu las mancillabas y luego yo las mataba – decía el demonio sentándose en una amplia silla frente a la mesa de trabajo y tomando unos papeles él también
- No tenemos tiempo para divertirnos – entonces dijo Gunther.
- Tengo malas noticias – declaró el vampiro levantando levemente los ojos de la lectura par observar la reacción de su jefe que se detuvo y lo miró casi mortalmente
- Te advertí que no quería más malas noticias – agregaba dejando el pergamino sobre el escritorio
- No es tan grave – decía el vampiro intentando suavizar el ambiente – La madriguera está muy protegida, ninguna de las bestias y tampoco seres humanos pudieron ingresar.
- ¿Es solo eso? – Entonces preguntó Gunther
- Si – dijo Leonid
- Ya lo sabía – repuso el hombre retomando la lectura – tiene un hechizo por el cual quien quiere encontrarla con fines malvados termina perdido en medio del bosque
- Exacto, eso fue lo que sucedió, en todos los casos – dijo Leonid molesto porque Gunther no lo advirtió
- Por el momento debemos enfocarnos en esto, debemos ayudar a Danu ya que no logra avanzar por si sola
- Que extraño – declaró el vampiro – me cuesta creer que haya algo que esa mujer no pueda hacer
- A mi también, pero es un lugar muy poderoso y si nuestro Lord está en lo cierto y hay dos elegidos hay un lugar que debe de ser idóneo para lograr el ritual de Horalcol. Y debemos encontrarlo antes que ellos. – Dictaminó Gunther sin saber que el bando contrario ya conocía perfectamente ese lugar.
De repente alguien irrumpió abriendo las puertas de par en par y gritando
-¡cuando dejarás de mandarme al fin del mundo sin poder hacer nada! – Era Danu que miraba a Gunther con furia.
Leonid, ya conocedor de la mujer se levantó y salió volando de allí.
Gunther ni se inmutó, levantó lentamente los ojos del manuscrito que estaba estudiando y la miró penetrantemente.
Danu tampoco se perturbó, mantuvo la mirada firme, sus ojos de un marrón muy claro parecían penetrar y su cabello de un castaño largo y brilloso caían largos hasta casi su cintura.
Vestía un traje de cuero negro, que aparentaba ser especial y efectivamente lo era, ya que era el mismo que el de Rose.
Gunther se puso de pie lentamente, se dirigió al bar y sirvió un par de vasos con whisky, y se acercó dándole uno a la mujer que tardó en recibirlo.
Ambos bebieron, sin apartarse la mirada, luego Gunther se acercó a ella y declaró
- Sabes que no me gusta que me griten en público
- Sabes que no me gusta que me hagan perder el tiempo – respondió ella
- Sigo sin entender cómo es que no te intimido – llegó a preguntarle él acercándosele más
- No soy de las que si intimidan – simplemente respondió ella sin retroceder
-No entiendo como es que aún te mantengo con vida – dijo él escudriñándola para poder detectar una sensación, al menos en sus ojos
- Por que soy tu nexo con el exterior, sin mí no podrías operar, ni estarías enterado de nada
- Sabes que te perdono la vida porque eres mi mejor hombre – entonces le dijo Gunther volteando de regreso a su escritorio, allí pudo verse un destello de ira en Danu, que duró fracción de segundos pero luego declaró mordaz
-Me perdonas la vida porque soy la única persona útil aquí, tus seguidores apestan – dijo cruzándose de brazos – de no ser por mi habrían atrapado a Rose mucho tiempo antes y lo hicieron porque me alejaste de ella, de lo contrario eso no hubiera sucedido – reprochó
- Tenemos nuevas metas – decía Gunther sentándose
- Si, Rodas White – dijo ella avanzando y él la miró interrogante - ¿Acaso te sorprende que sepa de su existencia? – Preguntó sarcástica – Sabes que lo sé todo
- Entonces dime todo lo que sabes – ordenó Gunther
- Rodas White, hijo de Ronald Stephan White y Hermione Jenifer Greatest – Gunther la miró - ¿Te suenan los nombres no? – declaró sonriendo maliciosamente – y si, estás en lo cierto, son idénticos a Ron y Hermione Weasley – declaró haciendo que Gunther se sorprendiera y ella sonrió más
-¿Cómo sabes todas estas cosas? – Preguntó extrañado Gunther.
- Soy reportera, eso hacemos los periodistas, investigamos – declaró ella soberbia – Me retiro, voy a descansar, soy humana aunque no lo parezca – reprochó
- Luego necesito encargarte algunas cosas – dijo Gunther
- No más misiones imposibles – declaró ella
- Pensé que no tenías imposibles – entonces declaró él sonriendo maliciosamente y por primera vez ella se desestabilizó haciendo que él riera más – me gusta cuando veo tu lado humano – llegó a decirle e incluso pudo ver apenas un rubor en las mejillas de la mujer
- Encontrar el templo de Horalcol es imposible, lo más probable es que Albus Dumbledore ya lo haya encontrado y lo tenga muy asegurado – declaraba
-¿Eso crees? – Preguntó Gunther
- Estoy casi segura – respondió ella
- Entonces no hay nada más que hacer – dijo Gunther poniéndose de pie – Cuando termines de descansar necesito que vayas al ministerio Chileno, al amazonas y con las brujas de Eastwich – la chica asintió – debemos poner más aliados a nuestras filas – aclaró
Danu se retiró, necesitaba demostrar fortaleza y sinceramente mucho no le costaba, pero a pesar de disimularlo muy bien Gunther la alteraba, era el único hombre que lo hacía y por eso le atraía muchísimo, por eso seguía allí, y pensó levantándose de hombros la paga también era muy buena. Ella había estudiado en las tres escuelas mágicas, podría no haber cambiado pero a ella le pareció buena idea experimentar las diferentes formas de enseñanza mágica así que sus primeros años estuvo en Hogwarts, luego sus padres se divorciaron y su madre fue a Francia, parís, su ciudad natal, con lo cual retomó los estudios en Beauxbatons y finalmente su último año fue a Durmstrang , ya que su padre era Noruego, allí en Rumania aprendió que ser malo era mejor que ser bueno, que mostrar inflexibilidad era mejor que suavidad que no debía dejar que nadie se acercara a ella, bajar la guardia no estaba permitido.
Se dirigió a su recámara y se desvistió para tomar una ducha, mientras el agua caía sintió que la puerta del sanitario se abría y sin dudar tomó su varita.
Era Gunther que la miraba por sobre la mampara que solo cubría su cuerpo pero no su cabeza
-¿Qué demonios haces acá? – Llegó a preguntar evitando notarse perturbada
- He cambiado de opinión – decía – Necesito que me prestes tus servicios de guardaspaldas por unos días
-¿Qué? – Llegó a decir ella
-¿Te molesta? – Preguntó irónico
- Ninguna tarea me molesta – se apuró a contestar rápidamente - ¿Y Leonid? – Preguntó
- Tiene otros labores – respondió – Pero no tengo porque darte explicaciones – se apuró a declarar
-Lo que tu digas – contestó ella continuando con su baño. Él se quedó algunos segundos observándola ese silencio hizo que Danu volviera a mirarlo inquisisita.
- ¿Algún día me dirás tus secretos? – Le preguntó él notando que estaba burlándose
- Nunca, eso es lo que me mantiene con vida – contestó ella – Vete de mi habitación…
- ¿O que? – preguntó Gunther ya riendo
- Te haré bueno – le dijo ella y él la miró extrañado – no lo dudes, hay un hechizo para eso – ahora ella era la que reía.
Gunther se marchó y ella resopló, a él le gustaba llevarla al límite, y eso la sacaba más de quicio, sin embargo internamente hubiera deseado que el entrara en la ducha con ella y le hiciera el amor salvajemente, era una de sus más alocada fantasía, en realidad la única, que Gunther le hiciera… ¿El amor? Pensó y luego negó con la cabeza, ninguno de los dos podrían sentir tal cosa.
