DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes del magnífico anime y manga INUYASHA me pertenecen, pero la historia es completamente mía, así que cualquier tipo de plagio está prohibido.

ESPERO QUE HAYAN LEÍDO NUEVAMENTE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES, ASÍ NO ESTARÁN DEL TODO PERDID S. SI HAY DUDAS SOBRE CUALQUIER COSA, PUEDEN DECÍRMELO EN UN REVIEW O MENSAJE PRIVADO Y LES RESPONDERÉ POR PM

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LA MIKO DE LAS CUATRO ALMAS

CAPITULO FINAL PART 1

EL DIA D – UNA SEMANA ANTES

"Y así el tiempo volvió a correr frente a sus ojos"

Kagome se derrumbó, quedo arrodillada en medio del barro mientras intentaba asimilar todas las emociones que volvieron a producirse dentro de ella, el horror, la tristeza y la desesperación que estaba transmitiéndole Sesshomaru a través de la marca eran impensables, e inhumanamente doloroso. Puso las palmas de sus manos contra le tierra gredosa y fría y tembló por el viento seco y afilado, su cuerpo dolía, sus manos temblaban junto al suelo que se movía desequilibrándola, el ruido de las patas de Yakko estaba provocando grandes grietas contra el suelo mientras saltaba, golpeaba, tumbaba y arremetía contra su enemigo sin detenerse.

Le dolía el aullido de la bestia y ella intento tocar su cuello en donde le punzaba como un enorme puñal y lo sintió allí, intacto y caliente como una quemadura de agua hirviendo. Su cuerpo real e inconsciente y más muerto que vivo volvió a dejar escapar un palpito horrorosamente débil, para luego volverse a detener y volver a golpear, ni siquiera sabía que aquel tipo de vida era posible.

Escucho el retumbar de la tierra y vio al enorme dragón con ojos desorbitados de ira y desesperación correr en dirección en donde ella y su cuerpo estaban, casi al mismo tiempo Yakko se dio media vuelta y de un zarpazo de su pata delantera incrusto sus garras que crecieron doblemente en el lomo escamoso, reteniendo así el ataque del dragón. Pero Ryu se arrastró con sus propias garras con medio cuerpo en tierra para llegar a ella y aniquilarla completamente y así al menos cumplir su venganza con él.

Kagome vio horrorizada como el dragón estaba a solo a unos metros de ella luchando por llegar hasta su cuerpo moribundo, gruñendo y rascando la tierra intentando librarse de la garra de Yakko que le estaba atravesando el cuerpo. La cola puntiaguda del dragón se movió por detrás del pelaje blanco y lo azoto un par de veces apuñalándolo en varias partes de su lomo, aunque Yakko parecía no sentir dolor, mas solo una ira creciente.

Con su otra pata delantera Yakko comenzó a destazar varias partes del lomo color ébano, pedazos enormes de carne que sacaba con aparente facilidad y que tiraba lejos del cuerpo de Ryu provocándole una terrible agonía que hizo que Ryu dejara de luchar por alcanzarla e intentara en vez de eso quitárselo de encima, sin mucho éxito ya que Yakko duplicaba su tamaño ahora.

Chillo con un alarido de dolor, y Kagome pudo ver asqueada que ahora faltaba gran parte de su espalda, se estaba desangrando y muriendo poco a poco, las escamas negras brillaban como obsidiana tiradas en muchas direcciones y los ojos de la bestia negra sangraron y de pronto el dragón se destransformó y Ryu volvió a tener forma humanoide. Yakko perdió de vista a su enemigo que se había deslizado de su vista aprovechando su ahora pequeño tamaño. Yakko se movió de un lado a otro buscando a su enemigo que aprovecho el desconcierto y su última fuerza en su cuerpo mutilado y salto hacia ella. Ella por supuesto no podía hacer nada, solo era una espectadora mientras veía a Ryu acercarse a su cuerpo tirado sacando las garras y dejando en su camino un charco de sangre como un rio.

-¡INUYASHA! -Los bellos se le pusieron de punta cuando escucho la voz de Sesshomaru, el aún estaba en la transformación de Yakko y nunca lo había visto hablar a través de él. Solo fue un grito ronco, angustioso y desesperado, pero salió de la mandíbula de Yakko con la voz de Sesshomaru.

Su amigo que estaba algunos metros más allá y parecía en estado de shock reacciono a la voz de su hermano y se dio cuenta de que Ryu no estaba tan lejos de ella, corrió hacia ella, pero estaba más lejos y dudaba que pudiera alcanzarla. Saco el colmillo que reposaba en su cinto y lanzo su poder contra él alejándolo mientras lo cortaba más de lo que estaba. La había salvado, a un segundo de distancia.

**************….

Ryu fue lanzado metros más allá, la fuerza ya no le era suficiente para levantarse a pelear, el dolor era agudo, pero la muerte se acercaba y comenzaba a hacer su trabajo, lo estaba adormeciendo. En su visión periférica apareció él, lo odiaba porque seguía de pie y no parecía ni siquiera lastimado, aunque por supuesto eso era solo superficial, porque por dentro podía verlo, estaba destruido y sabía que no viviría demasiado tiempo con la pena de perderla. El terminaría por acompañarlo al más allá muy pronto.

Sintió el filo de su espada sobre su cuello y sonrió esperando la condena.

-Morirás. -Sentencio.

Él quiso asentir, pero ni siquiera podía moverse. -Pero parte de mi plan si funciono. -Susurro intentando no ahogarse con la sangre que invadía su tráquea.

Sesshomaru corto parte de su estómago de un rápido movimiento, pero él ya estaba adormecido, incluso podía ver a los mensajeros de la muerte acercarse a él esperando su último aliento. Él se rio con ganas sin importarle que la sangre inundo sus pulmones y tosió mucha de ella. -Al final ella me hablo, dijo que cumpliría mi deseo.

Sesshomaru puso la katana sobre su rostro y le exigió una explicación. Pero él no diría nada, él se iría guardando esa información, tendría ese deleite, y si todo marchaba a su favor, él nuevamente tendría una oportunidad.

No supo si estaba alucinando, pero escucho su voz. Giro los ojos a un lado y la vio, la sonrisa se esfumo de sus labios y nuevamente la admiro, era como siempre, incluso con la ropa desgarrada, y la sangre que la bañaba, seguía viéndose tan hermosa como la primera vez que la vio. Sus ojos eran tristes, pero seguían siendo firmes y valientes, quiso decir su nombre, pero no podía decir nada más. Sintió a las criaturas del yomi tocarlo, solo tenía un segundo más… su mayor enemigo estaba aún delante de él, pero él se daría el placer de mirarla solo a ella por última vez.

Sintió el tirón que lo separaba de su cuerpo, y como la vida se esfumaba y el adormecimiento invadía su cuerpo. Se paro lejos de su cuerpo y esta vez pudo verla con más claridad, intento acercarse a ella, pero un muro invisible los separo, miró a las criaturas del inframundo exigiendo una explicación del porque no podía tocarla, y lo que la viciosa criatura le dijo fue que ella aún no estaba muerta.

Kagome lo miro con frialdad, en ese momento solo eran ellos dos, y eso le dio un extraño placer. Las puertas del yomi se abrieron bajo sus pies y las criaturas del inframundo intentaron arrastrarlo lejos. Él se sostuvo como pudo, pero las fuerzas eran más fuertes que él. Un "volveré" fue lo último que intento decirle.

.*************….

Kagome tubo la asquerosa oportunidad de ver a Ryukuroi por última vez antes de que su alma fuera llevada al yomi en donde seguramente sufriría una condena de dolor eterna. No iba a negar que sintió un mal presagio cuando pudo discernir su última palabra, pero esperaba que simplemente sean ideas suyas.

Volvió a mirar a Sesshomaru que en algún momento cayo arrodillado, mientras miraba a algún punto lejano sin realmente ver nada. Su katana Bakusaiga yacía olvidada entre el agua y el barro. Y su cabello plateado siempre ordenado caía sobre su rostro. Ella no podía soportal tal vista.

Escucho la voz de Inuyasha, era casi un susurro, pero estaba parado detrás de él como si intentara mostrar su apoyo. -Sesshomaru… ella aún no ha muerto.

Kagome no podía soportarlo más, se fue de allí aun con las lágrimas cayendo, ella tenía el tiempo contado, pronto seguramente Izanami intentaría venir por ella, y quería despedirse de su hijo por si alguna cosa salía mal y ella no podría encontrar al ermitaño. Los escalofríos la recorrieron cuando escucho el rugido de pena de Sesshomaru, pero ella no podía mirar atrás, simplemente no podía ver en ese estado a alguien tan fuerte como él.

Camino con tal prisa que realmente no noto la velocidad que había utilizado para alejarse de allí, era más rápido de lo que un humano normalmente podría. Probablemente era por eso mismo, ella ya no era precisamente un ser humano en toda regla, suponiendo que las almas tenían más facilidad a la hora de recorrer grandes trechos de distancia avanzo sintiéndose liviana nuevamente.

Se alejo del campo de batalla y llego a ver el palacio en lo alto, estaba consumido por la oscuridad y ciertas áreas parecían haber sido destruidas y o incendiadas, incluso allí había algunos cuerpos, casi la mayoría de los trabajadores, o doncellas. Los conocía a todos.

Se detuvo en el escalón de la entrada y miro a los youkai reunidos, estaban conversando en susurros y ella los podía ver bien incluso si estaban en las sombras.

-Gracias por traerla. -Dijo él sosteniendo a Yume. Era evidente que incluso si intentaba pasar desapercibido era Lord Shiro, el Lord kitsune del Sur, que por obvias razones intentaba llevarse del Oeste a su sobrina.

Ella estaba de acuerdo, Sesshomaru en estos momentos estaba muy inestable y temía lo que pudiera hacerle a la niña. La pequeña no había tenido la culpa, Naraku la había manipulado.

-Creo que Lady Kagome lo hubiera deseado así, al menos esto lo hare bien. -Kagome pensaba irse inmediatamente, pero se detuvo un instante al reconocer a su dama de compañía, se veía decaída y algo lastimada. Se pregunto por un momento si lamentaría que ella muriera, ella pensó que por sus obvios sentimientos hacia Sesshomaru probablemente pensaría que su partida de este mundo sería bastante beneficiosa. Se dio media vuelta y volvió a su camino original ignorando los evidentes celos que no quería sentir en ese momento.

Recorrió los pasillos con rapidez, sentía un extraño frio soplarle la nuca, pero siempre que giraba a ver lo que era no veía nada ni a nadie. Un mal presentimiento se instaló en ella y corrió con más fuerza. La habitación en donde había dado a luz ya se encontraba a la vista y las puertas estaban completamente abiertas. Se detuvo en su apuro y giro para ingresar sorprendiéndose de ver a Kykio y a Irasue en la misma habitación, ambas se miraban fríamente y su madre sostenía en una de sus manos una flecha sagrada partida en dos, y en la otra una brillante espada plateada delgada y de hermosos acabados.

Entro en la habitación sintiéndose invisible al ver que ellas no parecían notar absolutamente nada. Ella miro temerosa hacia el niño que había dejado envuelto en mantas manchadas con su sangre. En el suelo había un revoltijo entre las sabanas, el futón y las yukatas manchadas, allí entre el mar de blanco y rojo estaba él. Kagome se derrumbó en el suelo cuando se encontró con la mirada de Kagemaru, la estaba mirando fijamente, ella sonrió con tristeza y derramo un par de lágrimas mientras se daba cuenta que él estaba siguiendo cada uno de sus movimientos con detalle. Un suspiro de asombro se estanco en su garganta cuando se dio cuenta de que el parecía poder verla perfectamente. Sus ojitos ámbar parecían incluso reconocerla.

Se desencanto del momento cuando el conocido sonido silbante de una flecha disparada resonó en la habitación. Se levanto para ir hacia él incluso si ella no podía tocarlo, pero se detuvo cuando Irasue volvió a partir la flecha en dos de un solo movimiento de su espada. Mas sorprendida aún estaba porque Kagemaru ni siquiera había separado sus ojos de ella, y no solo eso, un campo de energía de un color azul turquesa se levantó alrededor de él. Era él, él había sido el que lo había hecho.

-¿Se te acabaron las flechas onna? -Pregunto Irasue, su tono cruel disfrazado entre el desinterés y la burla no pasaron desapercibidos. Una vaga y horrorosa sonrisa baño su hermoso rostro mientras caminaba hacia Kykio que viéndose sobrepasada por la situación comenzó a retroceder por instinto.

-¡No le temo a la muerte! -Profirió Kykio.

Irasue soltó una pequeña risa cruda. -¿Quieres morir? -Le pregunto levantando su espada hasta llegar a apuntar al corazón de Kykio.

Kykio no contesto, pero tampoco parecía querer negarse, parecía lista para lo que venía.

-Soy muy buena leyendo a las personas… -Comento Irasue con voz sedosa. -Creo que, tu preferirías morir ¿cierto? -Kykio frunció el ceño ligeramente, pero se mantuvo en silencio.

-Apuesto a que ya sabes que tu maestro murió, todos pudimos sentirlo. -Se burlo ella. -Debes estar destruida, aunque por supuesto intentas fingir que no es así. ¿Acaso él era lo único que tenías en esta vida? ¿Después de él ya no hay nadie verdad? ¡Pobrecilla! Te has vuelto tan dependiente de él que prefieres morir ahora que tu vida no tiene propósito. -Irasue se rio con más fuerza al ver que Kykio comenzaba a temblar de ira reprimida. -¡Adivine! Ni siquiera lo amabas, tu simplemente quieres morir porque sientes que ya no serás útil para nada ni para nadie, ¡Patética!

Kykio grito de rabia e intento atacarla con su reiki, pero todo se detuvo en un segundo en el que la espada plateada surco una herida profunda en el rostro de Kykio. Había demasiada sangre, pero por lo poco que ella podía ver, parecía una herida que surcaba desde el final de la ceja derecha y bajaba por su pómulo hasta casi llegar a la esquina del labio. El sonido de la sangre salpicada mas el grito de sorpresa de Kykio fue terrible.

Kagome estaba sorprendida, fue testigo de la frialdad con la que podía manejar su suegra las cosas, y lo sabía más aún porque Kykio no estaba muerta, ella se había tropezado y caído hacia atrás golpeándose contra el muro mientras sostenía su rostro que sangraba profundamente.

Irasue se acercó hasta quedar a su altura en el suelo, la sostuvo de los hombros con fuerza y susurro algunas palabras haciendo que Kykio comience a gritar con todas sus fuerzas, para luego levantarse y dar unos pasos lejos sin perderla de vista.

-¿¡QUE ME HICISTE!? ¿¡QUE ME HICISTE!? -Grito histérica.

Irasue sonrió. -Puse un sello sobre ti, me temo querida que no podrás romperlo. Así sabrás como se siente tener que vivir una vida normal, sin hacer daño a los demás. ¡Ah! Pero no creas que fui amable, por supuesto que te has ganado mi odio y mereces la muerte, pero no lo hare. Yo no perdono nunca, y detesto a las personas débiles como tú.

Esa última palabra volvió loca a Kykio que intento en vano atacarla con su reiki sin lograr absolutamente nada, puesto que no había poderes que pudiera utilizar, gimió y lloro desconsoladamente al darse cuenta de eso.

-En tu rostro llevaras un recordatorio de tu crimen. Quiero ver que intentes incluso formar una familia de esa forma. Si mis planes salen como espero terminaras por vivir en la miseria o por terminar con tu vida tu misma. Ahora querida, te doy la oportunidad de que te vayas antes de que mi hijo te mate y yo me quede sin el placer de disfrutar tu vida miserable.

Kykio se levantó como pudo, casi se arrastró hacia afuera, parecía lamentable mientras desaparecía en las sombras.

Un minuto de silencio después aun con la tensión en el aire Kagome sintió que por un segundo la mirada de Irasue había chocado con la suya, pero ahora simplemente veía de un lado a otro de la habitación buscando algo desconocido.

-¿Kagome estas aquí? -La voz de Irasue llena de cariño la emociono. Miro a Kagemaru que volvió su vista a ella y le sonrió al niño que pestañeo somnolientamente mientras chupaba con ahincó su pulgar.

Kagome se acercó hasta quedar frente a ella y la llamo, pero Irasue no parecía verla o escucharla.

-Lo lamento cachorra, solo puedo sentirte levemente y aun así ni siquiera estoy segura de que eres tú. Podría verte o escucharte mejor si estuvieras muerta, pero no lo estas, y aunque gracias a eso no nos podemos comunicar estoy muy agradecida de que no nos hayas dejado.

Kagome asintió, aunque no pudiera ser vista. Realmente no había nada que hacer, dejo el lugar junto a Irasue y camino hacia su hijo, intentaría tocarlo para saber si con él era diferente, ya que él podía verla.

Un escalofrío le recorrió la espalda y tubo que girarse hacia las puertas abiertas de la habitación en donde de las sombras una mujer con un hermoso kimono se arrastraba con sus manos y sus pies deformes mientras su cabeza colgaba de forma inhumana. Vio sus ojos hundidos de cuencas vacías y su cabello negro tan largo alrededor de su rostro. Dientes podridos y afilados le sonrieron mientras se levantaba del suelo y se tambaleaba hacia ella. Era Izanami.

Vio una última vez a su hijo antes de salir corriendo hacia el balcón mientras Izanami se deslizaba con fiereza hacia ella. No lo pensó dos veces antes de saltar, incluso sintió que la diosa de la muerte la había tocado a través de la tela de su traje de miko. Un hormigueo la recorrió desde su espalda y tuvo que tragarse el grito de espanto cuando sintió cientos de insectos recorrer su piel ahí donde la había tocado. El viento soplo con fuerza en su rostro y se preparó para el golpe de la caída.

***************….

ACTUALMENTE

Kagome no podía volver al Oeste, la diosa de la muerte Izanami era astuta, todas las veces que lo había intentado había tenido que evadirla cobardemente. Su reiki no funcionaba con ella, pero le había sido muy útil para evadir a sus lacayos, los sirvientes del inframundo, que se veían tan inmundos y desquiciados como su reina, aunque obviamente más inútiles, ella si podía desvanecerlos con su poder sagrado. La primera vez que volvió a utilizarlo fue por un acto inconsciente, ni siquiera sabía que podía utilizar poder sagrado en el limbo extraño en el que estaba, y siendo un alma en pena como se consideraba.

Se detuvo de su andar cuando se sintió terriblemente agotada, busco el árbol más grande y se deslizo en el hasta quedar sentada en el suelo con las rodillas juntas mientras su rostro reposaba en ellas buscando poder perder la conciencia por un momento y descansar su cansancio mental. No sabía cuánto tiempo habían pasado desde aquella vez, si ella misma pudiera adivinar pensaría que solo paso un día, un día bastante largo, pero no podía estar segura de nada, el tiempo en el limbo parecía andar de forma diferente al terrenal, no había día ni noche, era solo brumoso y lleno de neblina, era tétrico y pesado. Ella podía ver a los vivos, pero no a todos, solo a aquellos a los que conocía, si ella pensaba en ellos de pronto el camino en dirección a esa persona se iluminaba suavemente. Pero por mas que pensara en Sesshomaru o en su bebé, no podía atravesar el Oeste. No aun al menos, y aunque mayormente había vagado sin rumbo sabia cual era su misión, pero era difícil encontrar a alguien que no conocías.

Una de las peores cosas de su condición era que no podía dormir, ni comer, pero sentía el pesar de ellas, moría de hambre, y las jaquecas empeoraban. De vez en cuando sentía un horrible tirón que la hacía jadear, era un dolor sordo en su pecho, como si alguien intentara quitarle el corazón. Por supuesto ella sabía bien lo que era, mientras más se alejara de su cuerpo real menos posibilidades tenia de volver a él, estaría oficialmente muerta e Izanami podría capturarla con más facilidad, ya que la kami tenía el control de todas las almas muertas, ella por lo pronto la había evadido bien. Algo la estaba manteniendo en el mundo vivo, la jalaba y la forzaba a quedarse, y ella podía sentirlo en su cuello, era la marca.

Levanto la cabeza y suspiro al ver que no le faltaba mucho para llegar, había estado siguiendo a Inuyasha cuando lo vio salir de la frontera Oeste, pero él había sido rápido, y aunque ella podía moverse muy rápido siendo un alma, su cuerpo sufría.

Recordó el momento en el que lacero su propia marca de pareja, el rostro contorsionado de Sesshomaru ante el terrible dolor y el miedo en sus ojos cuando ella lo obligo a desgarrar su corazón. Había sido su única opción para que el la soltara, tenía la esperanza de que la marca se fuera y así el no viviría con locura como Irasue alguna vez le había comentado. Pero Claro la marca no desapareció, era un lazo eterno e irreversible, pero era un punto muy sensible de ataque, muy difícil de llegar. Ella creyó que moriría, pero ahí estaba en ese momento, aún con vida, de alguna forma bastante mala.

Se levanto apoyándose una última vez en el tronco y de un auto empujón se dio el impulso para seguir caminando. Camino lo más rápido que pudo, filtro un poco de sus reservas de energía y logro pasar las puertas del palacio Este. Siguió las voces, entro al enorme salón y encontró a Inuyasha, segundos después las imágenes de otras personas que estaban cerca de él se materializaron, sintió nauseas al ver a la fila de mujeres, todas y cada una eran una personificación de ella.

Un brillo de un rosa suave y bastante pálido le llamo la atención, por supuesto que los que estaban vivos tenían un brillo muy fuerte que los rodeaba que indicaba que realmente eran seres vivos, pero aquella joven ningen tenía un brillo extra, uno suave y no muy poderoso, pero era el brillo de lo celestial, era sangre de miko.

Floto con ligereza hasta ella y absorbió un poco de ese pequeño poder, fue como beber un energizante o tomar un analgésico, el dolor disminuyo en su "cuerpo" y el cansancio bajo unos pocos niveles, no había desaparecido, pero se sentía mejor. Algo le llamo a cruzar adelante y tocar a la ningen, pensó que realmente no pasaría nada malo si lo hacía. Toco la mano de la muchacha que tenía la vista baja y fue magnético, se movió y entro en aquel cuerpo, fue electrizante y vibrante, la energía de la chica la repelió con fuerza, ella no perdió tiempo y miro a Inuyasha mientras intentaba pedirle ayuda, pero su voz no parecía salir de los labios de la muchacha que estaba tensa y horrorizada. Finalmente, la elimino de su cuerpo, y ella cayo hacia atrás sintiéndose decepcionada.

Debía encontrar la forma de encontrar al ermitaño, pero lo único que sabía de él era que residía en el Este.

La tarde estaba cayendo.

La explosión que sonó le puso los pelos de punta. Ella nuevamente había causado que aquellos seres aparecieran en el lugar, al igual que con Koga. A donde sea que fuera ella, cuando la noche se asomaba esas "personas" aparecían.

..**************…

Nuevamente se había ido de ahí, había sido testigo de cómo aquellos que estaban muertos volvían a la vida, Ryukuroi estaba presente y él la había visto, lo supo porque poso sus ojos vacíos en ella, era como un muerto viviente, estaba acompañado de muchos como el, ninguno más que ella conociera, pero todos tenían el propósito de atacar a los que si estaban vivos, excepto él, el dragón había intentado atraparla, no sabía si realmente podría tocarla pero no espero a averiguarlo, solo dio una última mirada a Inuyasha que veía a Ryu con ganas asesinas.

*************….

El recorrido por el Este había sido extenso, no había tenido ningún tipo de pista hasta ese día, cuando se encontró con el espíritu en reposo de un monje que parecía haber dejado el mundo terrenal hacia poco. El hombre se había negado a hablarle de cualquier forma, y paso mucho tiempo siguiéndolo e incluso intentando forzar su voluntad, pero el monje parecía que tenia otras prioridades, Kagome pregunto por ellas muchas veces, pero era terco y solo hablo de ello recientemente diciéndole que esperaba al "faro" la persona que lo transportaría al mas allá. Kagome entendió por qué el hombre seguía vagando sin rumbo, cuando le explico que no podría cruzar al más allá mientras ella estuviera plantada en ese limbo él se detuvo y la escucho al fin. La información que le brindo no era detallada, pero pudo discernir una ubicación posible. Y es así como empezó su búsqueda nuevamente.

Sintió el sonido del ataque y su kekkai se irguió en un segundo, lo había visto venir desde hacía poco, la había seguido mientras ella continuaba con su búsqueda. Se dio la vuelta lentamente y miro al samurái que había caído con una fuerza electrizante hacia atrás y dejado su katana de lado.

-¿Quién eres? -Kagome pregunto analizando al hombre ensangrentado, de rostro pálido y con ojos vacios.

Por supuesto el samurái no respondió, ni siquiera parecía haberle escuchado del todo, sino más bien se había vuelto a levantar y levantado su katana para arremeter contra su campo de fuerza.

Habían pasado más de quince minutos y el no parecía ni remotamente cansado a pesar de que golpeaba hacia ella con todas sus fuerzas. Ella no pudo discernir nada más de lo que inicialmente había visto en él, era prácticamente un zombi. Dejo caer su kekkai con un fuerte empuje que logro nuevamente derribarlo, aprovechó que él estaba desarmado y lo toco, le había llamado la atención su piel que parecía comenzar a sudar, se suponía que los muertos no sudaban. Su piel era fría y dura, pero cuando ella lo toco se calentó y volvió a tomar color, la vida volvió a sus ojos y el la miro con horror.

-¡No me lleves! -Le rogo. Kagome no comprendió.

-¿Quién eres? -Le interrogo ella.

-Soy solo un samurái. -Contesto levantándose y alejándose cautelosamente de ella. -Realmente no debía salir, pero quería ver a mi esposa e hijos, ellos no saben que morí. ¡No desee matar personas inocentes, pero era lo único que podía hacer si quería regresar y verlos! ¡Izanami nos dio libre albedrío y yo necesitaba salir de ese lugar infernal así que aproveche las puertas y…!

-¿Qué puertas? -Interrumpió ella.

El detuvo su confesión y la miro. -Las que se abrieron en el inframundo, decenas de ellas, son pequeñas y frágiles así que difícilmente unas pocas decenas de nosotros puede atravesarlas. Por supuesto los más fuertes son los que obtienen tal oportunidad, pero yo tuve suerte.

Kagome asintió pensativa. La preocupación embargándola poco a poco.

-¿Sabes por qué se abrieron las puertas?

El negó, pero después de pensarlo un poco comento algo angustiante. -Escuche algo acerca del desequilibrio entre el yomi y el mundo celestial. Pero realmente no sé por qué sucedió esto.

-No puedes estar aquí. -Le dijo ella viendo con pena al hombre que asintió.

-Incluso si quisiera ya no puedo hacerlo, no pude intercambiar mi lugar con nadie, tenemos un tiempo corto para hacerlo, es como un intercambio, tomo la vida de otra persona y su alma ira directo al yomi en nuestro lugar. Y ahora que me ha tocado me ha quitado mi tiempo.

El hombre alzo el brazo que ella había tocado y le mostro como el color brillante de la vida pasaba a transformarse en blanco purificado. Pocos minutos después el hombre se desintegro sin dejar rastro y dejándola con mas dudas que antes.

************…

Decir que el mundo celestial estaba desequilibrado era poco, los kamis más temperamentales exigían reuniones, conferencias e incluso los mas osados deseaban forzar el transito al mundo terrenal para intervenir personalmente. Algo que el no estaba dispuesto a permitir. Los kamis mas tranquilos prefirieron enclaustrarse en sus templos y esperar lo que venga susurrando sus opiniones acerca de cómo no debieron intervenir desde un principio.

El palacio de Inari estaba clausurado y con cada movimiento del reloj se resquebrajaba un poco más. Cada avance de la manecilla del enorme reloj era más de un mes en la tierra, y aunque ahora ya ni siquiera miraba el transcurso del tiempo, sabía que había avanzado bastante. Según su conexión con uno de sus oráculos terrenales la situación de sus creaciones estaba pasando una terrible crisis que si seguía por ese rumbo terminaría por extinguirlos.

En medio de sus pensamientos detuvo sus pasos frente a la puerta del palacio de su pequeña hermana, no había mostrado ningún tipo de expresión cuando todo ocurrió, pero por dentro lo sentía profundamente. Había sido una pérdida irreparable, y más al saber que con ella toda la venia que bañaba a las creaciones de Inari desaparecería, incluyendo las bestias que realmente eran fracciones de poder de los dioses convertidos en cúmulos de energía pensante e instintiva, regalados en los primeros años a los youkais de la línea de creación de cada uno de ellos. Los Kitsune, Nekos, Leopardos, y cualquier otro youkai afiliado a Inari que tuviera las capacidades físicas para sostener a una bestia actualmente había perdido a aquel compañero dual que se le otorgaba desde su nacimiento. Era trágico.

Actualmente Tsukuyomi intentaba por todos los medios hacer contacto con sus mejores oráculos en la tierra, para advertir de lo ocurrido y encaminar hacia la solución inmediata. Aun en su mente retumbaba el congreso de emergencia que se había levantado tiempo atrás.

FLASH BACK.

-¡Tsukuyomi debes hacer algo! ¡Es tu decendencia! ¡Deberías poder contactarte con ella!

El kami apretó los puños con fuerza ante la afrenta, ofendido por las miradas acusadoras. El realmente lo había intentado, pero no podía contactarse con ella, como si hubiera desaparecido del mapa, permanecía oculta de sus ojos y de sus visiones, aunque varias veces había soñado con ella, pero solo podía verla cansada y huyendo, pero su paradero o alguna señal de ella se ocultaba de sus ojos.

Había llamado a Irasue, pero la conexión era tan vaga, que realmente no pudo hacer nada, más que esperar que la dama de la luna regresara al palacio blanco sagrado en donde el templo erigido para él se encontraba y en donde las energías entre abajo y arriba eran más firmes.

..*****************…..

Kimira aterrizo secamente sobre las hermosas baldosas de su palacio privado, no le importo el sonido del rompimiento del hermoso suelo, ni la desesperación en los ojos de sus preciadas aprendices que parecían inquietarse con su llegada, como si supieran realmente la gravedad del asunto. Irasue escucho atentamente a Kimira susurrándole la desgracia en el Sur, y aunque conocía a su bestia y su actitud desinteresada, podía escuchar el pánico en su voz. Incluso ella podía sentirlo ahora que había pisado suelo consagrado, algo iba bastante mal arriba, y estaba repercutiendo entre los mortales.

-¡CORRE! -Grito su bestia. -Se deslizo de su transformación y prácticamente se teletransporto con rapidez adentro, silenciando los gritos de sorpresa de las pequeñas estudiantes que se habían acercado a recibirla.

Las puertas del templo parecían llamarla, como si tuvieran vida propia y palpitaran de urgencia, incluso ya podía sentir el escalofrió de la conexión. Abrió las puertas de lado a lado y vio el hermoso monumento brillando con fulgor, se tiró al piso de rodillas, no tenía tiempo para ceremonias, cerro los ojos y comenzó a pronunciar sutra sobre sutra. Al tercero de ello lo sintió, como su alma parecía ser sacada de su cuerpo y transportada con más prisa que nunca, tan fuerte que Kimira gruño en advertencia por el shock doloroso.

Irasue se dio la vuelta cuando se percató de la presencia detrás. Miro los ojos preocupados de su kami regente y le dio una discreta venia, no demasiado llamativa ni alegórica, pero lo suficientemente respetuosa para no parecer ofensiva frente a una deidad, no es como si realmente importara en ese momento, lo sabía al ver los ojos violetas de su Dios.

-Esta conexión no durará demasiado, te he forzado demasiado querida Irasue, no será beneficioso para ti. -Irasue asintió.

-Debes saber, que el equilibrio entre los mundos, celestial, infernal y terrenal sigue un patrón desencadenante, en el momento en el que nosotros metemos nuestras manos en asuntos terrenales, así mismo el yomi responde de alguna forma para complicar la situación, es causa y efecto, pero el punto medio, ósea el ser o momento que fue el intervenido, el protagonista principal de nuestra intervención tiene el poder de cambiar el rumbo de la situación, nosotros el Yang les damos la oportunidad, el Ying se encarga de poner los obstáculos y el sujeto deberá inclinar la balanza. En nuestro caso Kagome ha sido nuestro sujeto, las cartas fueron lanzadas muchas veces, lo he visto en el reflejo de la luna, he visto muchas vidas, muchas profecías, muchos finales, y en ellos Kagome siempre tomaba una decisión importante, por supuesto ella no fue el primer sujeto, hubo muchos más, y estos también tuvieron muchas vidas alternas, mundos paralelos, pero nunca consiguieron inclinar la balanza por el lado del Yang. La joven a la que le dejaste una marca hace poco, ella fue un sujeto, la estudie, intente intervenir, pero ella siempre cometía el mismo error, ella era defectuosa para ser un sujeto de cambio. Pero cuando mire más allá del presente, cuando pose mis ojos en aguas futuras vi el nacimiento de mi niña, Kagome. Estuve presente, porque ella me llamo, sentí su aura más fuerte que nadie y supe que la había encontrado, era lo suficientemente fuerte para poder con todas las pruebas, pero ella estaba en el tiempo equivocado, quinientos años más allá de donde era necesaria. Tenía que haber alguna forma, no podía dejarla en ese mundo, porque en ese mundo ella moriría, ella era ingenua, no sabía de sus poderes, pero algo iba a pasar en ese futuro, el mundo que ella conocía de pronto se vendría abajo y todo por lo que estamos peleando ahora sucedería en ese momento quinientos años de ahora en adelante, pero con tanto tiempo de preparación, de maquinación, ella, la pequeña no podría lograrlo, incluso si aprendía a manejar ese enorme poder dentro suyo. Un poder tan grande en un cuerpo frágil.

Irasue estaba tan impactada que tuvo que intentar sostenerse a sí misma. El dolor de estar separada de su cuerpo comenzaba a acrecentarse.

-Tuve que intervenir, debía hacerlo. Metí mis manos en ello, y sé que los Dioses supremos me juzgaran en algún momento, pero era necesario, así que convertí el pozo de aquel templo en un portal del tiempo, tenía que ser un lugar sagrado, y ese lugar ha visto mucha historia. Yo lo abrí, ella tenía un campo de fuerza instintivo que la protegía de mostrar sus poderes, yo se lo quite y logre conectar el pozo con la perla, así fue como ella fue arrastrada atrás. Pero ella se rehusó, ella se asustó y sus poderes surtieron efecto pausando el viaje dejándolo incompleto, así fue como ella viajo por primera vez, la perla se había completado y yo no podía dejar que eso pasara, la perla era lo que hacía funcionar el pozo, así que tuve que intervenir nuevamente, y la perla se fusionó con ella, así ella podría viajar nuevamente. Y lo hizo.

La cara de Tsukuyomi parecía derrotista y culpable.

-Ella llego al tiempo adecuado, ella supero todas las pruebas, ella se volvió más fuerte, más inteligente, pero ella deseaba huir, aún era temerosa, le temía al futuro, la balanza se inclinó a mi favor y tu hijo pudo reconocerla como su compañera, cuando la mordió firmo un acuerdo eterno, que no negare que me dejo más tranquilo, porque incluso si ella intentaba irse nuevamente, su destino estaría influenciado a él, así que ella tendría que volver siempre a la misma época, y así cumpliría con el destino que yo egoístamente planifique en cierta medida.

-Como pudo. -Irasue estaba realmente sorprendida, y no negaría que ella era manipuladora por naturaleza, pero el kami frente a ella se llevaba el premio, era calculador ciertamente, pero lo más increíble era que había proferido un enorme cariño por la cachorra, y, aun así.

-Yo la quiero, no creas que no lo hago, amo a todos mis hijos, a mis preciosas creaciones, y a ella aún más. Pero tengo un deber, incluso si tengo que poner en riesgo su vida, no me lo perdonare, aunque realmente no sé si tendré tiempo de vivir mi castigo y mi culpa, porque he visto mi futuro más probable, y me temo que yo seré el siguiente en desaparecer.

Irasue cerró los ojos tensos mientras Kimira hundía las garras en el suelo ante el impacto de la noticia, que implicaría la desaparición de todas las bestias Inus, Okamis, y demás. Kimira se iría, así como Yakko y Yasha. Era un futuro horrible.

-¿Porque en esta era? ¿Porque ahora?

-Porque este es el punto cúspide, tenía que ser ahora, porque si hubiéramos esperado no habría habido muchas posibilidades para haber ganado. Cuando el dragón intento forzar las puertas celestiales creo un daño colateral. No debía haber resultado de esa manera, el destino de la niña era morir y con ella la posibilidad de que alguna vez alguien más pudiera usar la perla para intentar algo parecido. Porque ella era la perla. Realmente odiaba esa opción, era la que más detestaba, y no la hubiera utilizado si no supiera como acababan las demás, en donde Kagome perdía o vivía, pero no acababa con el mal, simplemente lo retrasaba, esta era la única opción e intente retrasarla lo más posible por el cariño que tenía hacia ella. Pero tuve que decidir.

-Pero ella no murió, porque su el corazón que fue destruido no fue el suyo, fue el de aquel ser creado de maldad a manos del dragón. Por supuesto el corazón de la niña fue mortalmente dañado, pero ella vivió el tiempo suficiente para que el dragón utilice esa oportunidad e intente convertir su corazón en la perla, en un objeto. Estuvo a punto de lograrlo, lo sé porque incluso yo escuche la voz de la perla emergiendo de Kagome como un individuo ajeno al cuerpo de ella, escuche claramente el deseo del dragón de dejar las puertas abiertas, y todos los dioses escuchamos las grietas en el cielo, pero fue en ese momento que Kagome tomo la decisión de morir, si hubiera esperado un poco más probablemente se hubieran abierto por completo y la situación sería peor que ahora. La esfera dejo de materializarse y volvió a ser parte del alma de Kagome que casi no tenía vida. Todo termino con ello, el causante murió después de eso, sus planes terminaron y el trágico futuro cambio, pero las consecuencias de la balanza dictaminaron otra cosa. Y aunque no se abrieron las puertas, si hay una terrible grieta que está filtrando y conectando directamente nuestros mundos. Y es por eso por lo que nuestra madre la diosa de la muerte Izanami puede salir del inframundo, porque si en el cielo hay una fuga en el yomi también. Estos son los pequeños agujeros que han dejado salir a los muertos para intercambiar sus vidas con los vivos. Y así como ustedes tienen sus muertos, los dioses tenemos los nuestros, kamis renegados, destruidos por sus malas acciones regresaran a este plano, y la balanza no hallara la manera de que todo concuerde, y si unos viven nuevamente los que siempre vivieron tienen que desaparecer, es por eso por lo que sufrimos la perdida de Inari.

Irasue cayo arrodillada al suelo, ya no podía soportar más tiempo, sentía un dolor indescriptible.

-Ha sido demasiado tiempo querida Irasue. Esta es tu misión, debes encontrar el alma de Kagome, ella debe volver a su cuerpo, debe vivir, y me temo que pronto se agotara su tiempo, la marca de la pareja no durara lo suficiente para atarla a tu mundo. Ella está en una búsqueda, busca a su antagónico, un antiguo ermitaño ningen que vive en el Este, él es la contraparte de Kagome, ella es el faro que lleva a las almas a la purificación para que vayan al yomi o al mundo celestial según sus opciones, muy parecido a un shinigami, pero con capacidades sin iguales para una mortal. Contrariamente el ermitaño es aquel faro que guía a las almas viejas desde el yomi o mundo celestial a renacer o reencarnar al mundo de los vivos según sus acciones. Si ella toca a esta persona ella podrá volver a su cuerpo. Si ella lo consigue, mientras sea consciente de su poder y sus capacidades podrá sellar todos los orificios del yomi y así sellar nuevamente a las almas a quedarse donde deben estar, y a su vez el ermitaño podrá sellar las grietas del mundo celestial. Y todo debe hacerse desde el mundo terrenal, porque ahí fue donde todo surgió.

Irasue asintió aun cuando casi estaba recostada del dolor. -Intentare contactarla lo mejor que puedo y juntas buscaremos al ermitaño.

El negó. -El ermitaño ha dejado de ser el regente de la reencarnación, porque murió hace algún tiempo.

-¡¿Que?! -Irasue no podía creerlo, como el destino parecía jugar sucio, matando al único que podría traer a Kagome de vuelta, simplemente no podía creerlo. -Tsukuyomi sama debe tener otro plan, porque si no toda esta charla habría sido en vano.

Él sonrió levemente. -Ya ha nacido el nuevo regente de la oscuridad, el don se le ha otorgado a alguien más como siempre debe ser cuando uno de los dos regentes muere. Y en esta ocasión me lavo las manos, no he tenido nada que ver con ello, fue una sorpresa para mí como para los otros kamis.

Ella no podía creerlo, pero ya sabía quién era ese niño. Una sonrisa surco sus labios.

El asintió a sus pensamientos. -Su nombre es Kagemaru, y es el primogénito de Sesshomaru y Kagome.

**************…

Se tambaleo de un lado a otro mientras intentaba dar un paso firme sobre otro, hacía mucho tiempo que buscaba aquella maldita cueva en donde vivía el famoso ermitaño. Sus piernas ya no podían caminar rápido ni establemente y por eso había tardado más, había buscado mikos o monjes para intentar abastecerse de energía y poder caminar más rápido, pero al parecer habían desaparecido o eran muy escasos. Ya no sentía con la misma intensidad el tirón de la marca y eso comenzaba a asustarla. La tierra del camino era pedregosa y desnivelada, ya había caído muchas veces, y mientras más lo hacía más le costaba levantarse. Cayo nuevamente al suelo, su cuerpo era manso y débil, ni siquiera pudo proteger su rostro cuando cayo y golpeo el suelo con su mejilla, claro que ella era solo un alma, pero podía sentir el dolor, y apostaba que su cuerpo igual lo sentía.

-¿Has venido por mí? -Una voz rasposa y vieja resonó en sus oídos, levanto la vista y miro los alrededores, solo encontró bosque y un camino. -Aquí estoy. -Volvió a llamarla desde la espesura del monte. A duras penas ella se levantó y siguió la voz. Muy al fondo a través de la maleza hallo una pequeña choza construida en la entrada de una pequeña cueva baja, la madera estaba mohosa y húmeda, todo parecía silencioso y brumoso, pero la puerta estaba abierta como si le estuviera dando la bienvenida.

-¿Eres el ermitaño de la noche que se encarga de reencarnar almas? -Pregunto ella parándose en el marco de la puerta y haciendo a un lado la delgada estera de paja que le cubría la visión.

-Lo era si, lo era. -Pronuncio cansadamente y Kagome pudo verlo, un hombre demasiado mayor, arrugado y casi calvo acurrucado en una esquina de la casa, mientras sostenía un hermoso báculo de madera en sus manos.

Kagome se encogió y dejo caer su cuerpo deslizándolo por el marco de la puerta, no podía creer lo que estaba pasando. -Estas muerto. -Susurro para sí misma, suspirando y dejando reposar su cabeza en la madera firme. Quería maldecir, gritar y llorar.

El anciano se rio. -Tú eras mi contraparte, pero también sigues el mismo camino que yo. Realmente esperé tu llamado, pero nunca lo hiciste, así que pensé que habías muerto como yo, pero al parecer solo estas en una pausa momentánea. Tendré que esperar un poco más, y cuando mueras alguien más tomara tu papel.

Ella lo miro fijamente. -¿Significa que alguien ha heredado tu don?

El asintió. -Al fin sentí paz, aguante lo más que pude, pero ya no podía con la carga, viví toda mi vida mortal siendo el regente, era un don que no pedí, ni siquiera pude tener una familia por este deber, lo peor de todo fue que este don alargo mi vida más de lo que un humano normal viviría, fue una tortura, tener que escuchar en mis oídos sus peticiones, tener que usar mi cuerpo para dejar pasar a aquellos bendecidos, era cansador, pero ahora después de casi doscientos años puedo ser libre, y resulta que la regente de luz que tenía que llevarme al más allá no puede hacerlo y tampoco puede dejar que otro lo haga porque esta tercamente aferrada a esta vida. -Se burlo. -No vale la pena jovencita, será mejor que te rindas, no te condenes a vivir como yo.

Ella sonrió cansadamente. -Soy muy terca para rendirme. Pero sabes, he aprendido algo, mientras más rechaces el don más insoportable es, sin embargo, mientras abraces tu poder y dejes de temer esto fluirá con tranquilidad.

El la miro seriamente. -¿Y entonces jovencita, todo fluyo tranquilamente para ti? ¿O cómo es que estas en estas condiciones ahora?

Ella se rio y pensó "Touché" la había desarmado, no pudo evitar reírse con más ganas.

-¿Quieres encontrar al actual regente de la oscuridad cierto? -Pregunto él acariciando su bastón con cariño.

Ella asintió con un por favor cansado saliendo de sus labios. Ni siquiera tenía fuerzas para esperanzarse.

Él lo pensó por un momento. -No puedo decirte quien o donde esta, pero lo más probable es que sea un bebé en este momento. Y tiene que haber nacido el día de mi muerte. Es una información vaga, no creo que puedas encontrarlo, pero es lo único que sé.

Ella apretó los puños y se concentró en la sinceridad de sus palabras, creía tener una sospecha. -Cuando moriste exactamente.

El sonrió. -El día en el que el cielo y el inframundo se rasgaron. En el ocaso de ese día.

Kagome respiro hondo "Kagemaru" pensó.

.*************…

-Un poco más… Un poco más… Un poco más… -Susurro para distraerse, mientras intentaba olvidar su cansancio y su agonía, pensó un par de veces en lo fácil que sería rendirse, usar aquel chal que rodeaba sus caderas como un cinturón y que le había sido de mucha utilidad en el momento en el que tuvo que tirarse del balcón del Oeste, si no fuera por las cualidades de flotar de la delgada tela probablemente ella no podría haber huido de Izanami, y nuevamente el Hagoromo la había ayudado a sobrevolar territorio Este y llegar a Oeste, pero su rendimiento había bajado junto a su conciencia, mientras más cansada y débil este ella menos capacidades tiene el Hagoromo de llevarla a cuesta. Ahora después de usarlo se encontraba caminando de vuelta a donde todo inicio, con el soplido frio de la muerte en su nuca, incluso podía escuchar el sonido viscoso de insectos en su cuerpo, incluso si realmente no había nada en él. Era una técnica especial de la kami de la muerte, enloquecer a sus presas y esperar sus rendiciones.

Se detuvo cuando decidió que debía reposar para recuperar energía, había estado almacenando un poco que le arrebato a la miko del palacio Este, no lo había utilizado por si tenía una emergencia, y aunque realmente en todo momento creía estar en peligro mortal, sentía que no podía usarlo aún, puesto que desde que dejo la casa del ermitaño envuelta en su Hagoromo sintió la presencia de alguien que conocía perfectamente, no pudo hacer nada más que huir de su encuentro despreciable, porque de todas formas no podía desperdiciar más tiempo.

-¿Me estabas esperando pequeña Kagome? -Pregunto.

Ella sonrió cínicamente. -Nunca lo haría Ryu, tu eres el que se empeña en buscarme. -Kagome se dio la vuelta para mirar la cara del dragón, y se halló con sus ojos pálidos y piel cetrina. -Me pregunto porque sigues deambulando, tu tiempo ya debería haber acabado.

Él sonrió. -¿Tienes curiosidad acerca de mí?

Ella hizo una mueca de disgusto. -No de ti, si no de lo que planeas que pueda o no afectarme a mi o a mis seres queridos.

Él sonrió, como si lo último que hubiera dicho hubiera sido una simple escusa que guardaba otra verdad más profunda que ella creía que solo existiría en la mente loca y obsesiva de él. -Me comí a otros como yo, les arrebaté su tiempo y así pude permanecer en este estado por más días

Kagome sintió repugnancia. -¿Porque? -Lo cuestiono. Ella realmente hubiera esperado que el matara a uno de los vivos y regresará al plano real rápidamente así buscar su tan añorada venganza. Ni siquiera podía darse una idea de que era más importante que volver a estar con vida y dejar de ser un muerto viviente ambulante.

Él se rio satisfecho por la curiosidad que ella tenía sobre él. -Créeme pequeña que mi objetivo era volver y matar a Sesshomaru, pero cuando te vi, simplemente me di cuenta de que si volvía no tendría la capacidad de verte, así que decidí seguirte, mate a mis compañeros de escape y a otros que encontré en el camino, tome sus tiempos y te seguí todo el camino.

-¿Porque harías eso?. -Ella no comprendía, porque simplemente él era el tipo de persona que piensa primero en sí mismo.

-Tú sabes por qué. -Dio un paso tentativo hacia ella.

Ella hizo una mueca de desagrado mientras se hacía una leve idea de lo que intentaba decirle. Solo pudo juzgarlo de demente. El volvió a dar un paso largo cerca de ella, pero ella aun así no retrocedió, no tenía miedo, además si la tocaba sería él quien saldría perdiendo, porque le ocurriría lo mismo que al samurái que toco, desaparecería. -Te advierto que si te acercas más probablemente desaparezcas y no cumplas tu estúpida venganza.

Él sonrió y asintió. -Probablemente no lo haga. -Dio un último paso y quedo frente a frente.

Ella levanto el mentón osadamente y con los ojos lo reto a atreverse a tocarla. Él no se atrevería, porque él era demasiado egoísta y narcisista para hacerlo.

-Eres hermosa. -Le dijo y ella solo pudo pensar que había perdido la cabeza, sus comentarios no le afectaban en lo más mínimo, no hizo ninguna mueca para demostrarle que realmente no le importaba lo que creía.

-Pero aun así intentaste matarme. ¿Estas feliz con todo lo que paso hasta ahora? -Le pregunto ella.

Él lo pensó por un instante y al final respondió con un simple "no"

-Pequeña Kagome… -La llamo, levanto su mano y lo paso cerca de su rostro sin realmente tocarla. Era una caricia alejada, pero igual de perturbador para ella, que sintió que quería retroceder de su presencia, pero si lo hacía se sentiría derrotada. Ella no le temía. -Ahora que estoy en estas condiciones me he dado cuenta de algo importante, realmente no me interesan los dioses, solo quería ser reconocido, pero ellos no valen la pena. ¿Por qué tendría siquiera que esforzarme por ser reconocido por ese tipo de seres que se creen omnipotentes?

-No estás en condiciones de criticarlos. -Lo interrumpió ella.

-Cierto, pero lo que pude ver hasta ahora, solo me indico la debilidad de los dioses aun cuando supuestamente son los seres más poderosos del universo. ¿Tienen que recurrir a los mortales para que ellos peleen sus batallas, tuvieron que utilizarte a ti para salvarse a ellos mismos, y ellos que hicieron? ¿Observaron todo desde lo alto, acaso eso no te suena ridículo?

Ella no contesto.

El asintió para sí mismo -Es ridículo sin duda. Y yo, aunque mi plan no haya funcionado, creo que les he enseñado una valiosa lección, así que después de todo, me siento satisfecho de demostrarles a ellos que son inútiles. Sin embargo, hay algo de lo que me arrepiento profundamente… -El bajo su mirada a la de ella, Kagome ni siquiera podía ver un atisbo de chispa de vida en sus ojos, pero podía sentir la seriedad con la que pronunciaba sus palabras. -Es haberte empujado a su lado.

Ella apretó los labios de malestar, cuando una nueva oleada de dolor la golpeo, pero no movió sus ojos de los de él, no le daría el gusto de verla quejarse.

-Si simplemente pudiera regresar en el tiempo, no tomaría esa decisión, buscaría la manera de obtener mis deseos sin que tú y Sesshomaru se encuentren. Realmente lo pensé, quería traerte conmigo y darte un trato parecido al de Kikyo, pero si hubiera hecho eso, probablemente mis planes no hubieran funcionado, porque te hubiera quebrado pequeña Kagome, y yo te necesitaba como eras, fuerte y capaz, no una simple muñeca que haría todo lo que le pidiera.

Ella ni siquiera podía imaginar que le había hecho a Kikyo.

-Eres un maldito loco, psicópata. -Lo insulto ella.

Él se rio. -Yo lo llamaría amor.

Ella esta vez sí retrocedió un paso ante la palabra, nunca creyó posible pensar que este youkai podría estar más desquiciado que cuando pronuncio esa palabra con tal seriedad. Era ilógico y repugnante. -Tu no me amas, es más, tu no amas a nadie, no creo que tengas esas capacidades.

-Si lo hago. -Reitero él. -A ti.

-Intentaste matarme por tus deseos egoístas. -Reitero ella.

El asintió. -Si, realmente te hubiera asesinado incluso si te amaba. Tu sacrificio en mis manos, tu sangre y tus lagrimas solo para mí, es una extraña fantasía que me da placer. En el momento en el que vi esa escena que protagonizaste con él, sentí tanta envidia que no podía con la rabia, quería ser él, quería ser quien te quitara el último aliento de vida, probablemente nunca te olvidaría después de eso, permanecerías marcada en mi piel como yo lo haría en la tuya, ¿acaso no te parece la prueba más grande de amor eterno?

-Estas enfermo. -Susurro ella, sintiendo una fuerte lastima y repulsión por su carencia de buenos sentimientos. No sabía si era una sádico desquiciado o un masoquista interno.

-Podría ser, pero nunca encontraras a nadie que te ame con este tipo de pasión. -Sonrió satisfecho.

En ese momento sintió una nueva ola de dolor, y el sonido de insectos se acercó con fuerza, podía incluso sentir a Izanami en las inmediaciones, y ella no podría pelear con ella, solo le quedaba escapar. Fue en ese preciso instante de distracción que sintió como el la atrapaba y levantaba del suelo, soltó un leve grito de sorpresa antes de que su boca fuera impactada por la de él. Su piel era rígida, fría y repulsiva, sintió náuseas y su cuerpo se sacudió ante el malestar, fue tan fuerte que probablemente su cuerpo físico también lo sintió. Su única reserva de reiki había estallado y alejado al asaltante lejos de ella dejándola caer con poca gracia sobre el suelo en donde ya no le quedaba nada de fuerza. Había sido su fin. Aun desde el suelo, donde ahora estaba tirada vio a Ryu mirarla con la satisfacción bañando sus facciones. -¡Eres un maldito! -Le grito.

Él sonrió con euforia. -Ahora te iras conmigo Kagome, iremos juntos al inframundo, ya puedo saborear la idea de una eternidad contigo, incluso si fuera en la agonía. Segundos después su cuerpo comenzó a desaparecer con pequeñas esferas purificadas de energía.

Kagome se sintió libre de llorar lo que le quedaba de lágrimas, porque incluso ahora podía escuchar la voz nada humana de Izanami rastreándola muy cerca de allí.

Sintió que alguien la cargaba y cerró los ojos con fuerza.

El viento, las hojas y ramas le rasguñaron el cuerpo y el rostro, abrió los ojos y vio a la persona que la llevaba a cuesta.

-¿Hotaka? -Ella estaba realmente sorprendida de ver al hermano mayor de Hotaru allí, por supuesto él era pálido y frio. El la miro una sola vez con una extraña mueca de cansancio, mientras su piel cetrina y pálida comenzaba a tener color poco a poco. -¿Porque me tocaste? ¡Ahora también desaparecerás! -Le grito.

-Lady Irasue me ayudo a salir del yomi y me mando a buscarla, ese era mi único propósito. -Contesto él apresurándose, mientras corría con todas sus fuerzas hacia el palacio del Oeste que ya se podía ver cerca. -Y también… me gustaría que le dijera a mi pequeña hermana que no lamente mi muerte, que viva muy feliz y que tiene mi bendición para emparejarse de aquí a DOS MIL años. -Kagome sonrió.

-Creo que ya no podré llevarla más mi señora. -Susurro él dejándola en el suelo lentamente, estaba en uno de los jardines del palacio, realmente muy cerca del castillo. -Por favor recuérdele a Hotaru que realmente la quiero.

Ella asintió y lo vio desaparecer en un brillante color.

..*************….

El lugar era oscuro, niebla gris inundaba los pasillos. Podía ver a los vivos caminando como también a veces no podía verlos, era bastante aleatorio si se atrevía a decirlo.

Marcho por los pasillos, pero todo parecía como un laberinto que cambiaba de forma, no reconocía las rutas, tampoco tenía un excelente sentido de la orientación, pero estaba segura de que muchos de esos pasillos se repetían constantemente.

-Niña. -Aquella voz inhumana y viciosa resonó en su oído izquierdo justo cuando pasaba por una de las puertas del pasillo, fue tanto el impacto del sonido chirriante que de un susto ella se abalanzo a la pared contraria esperando ver salir de esas puertas a Izanami que venía por ella; sin embargo, nadie emergió de aquel lugar y ella solo pudo intentar acompasar la respiración que ya de por si era dificultosa por sus energías al límite de cero.

-Niña. -Nuevamente el susurro esta vez en su oído derecho la hizo casi arrastrarse lejos de aquella pared a la que se estaba aferrando, pero nuevamente no había nadie.

-¿A que estas jugando? -Pregunto levantándose con precaución ante cualquier nuevo ataque auditivo.

La carcajada que le invadió ambos oídos resonó con fuerza, Izanami se estaba divirtiendo demasiado.

-Hueles a la sangre de mi querido esposo ¿Eres descendencia de Izanagi? -Pregunto, aunque obviamente era una pregunta sarcástica, puesto que la deidad de la muerte sabia de su árbol genealógico.

-Supongo que así seria. -Contesto Kagome dando pasos tentativos, mientras intentaba alejarse de aquel laberinto en el que se había convertido el palacio del Oeste.

-Izanagi no debió abandonarme en ese sitio oscuro, se olvidó de mí y de sus promesas de amor. Sin embargo, me dejo de lado y me suplanto por sus hijos, aquellos que creo y que ahora regentan el mundo como si fuesen superiores a mí, la que debió ser su madre. -La cólera y resentimiento invadía la fría voz, mientras Kagome luchaba por no congelarse en el intento moviéndose de esquina es esquina en busca de la salida.

-¿Mi niña, tu debiste ser mi niña… no quieres venir conmigo al inframundo? -Su voz había cambiado a una dulce y tierna en cuestión de segundos, mientras una mano huesuda y negruzca sobresalía de la esquina de una habitación justo frente a Kagome, mientras sostenía un rosado y jugoso melocotón. -Ten mi niña, si comes esto podrás despertar de esta ilusión. -Le ofreció.

Kagome vio la apetitosa fruta hipnotizada, y luego de su fugaz atracción por la dulzura que baño su paladar solo de imaginar mordiéndola, se rio. -Realmente crees que soy tan ignorante para no saber que si pruebo incluso una minúscula parte de cualquier tipo de alimento del inframundo me tendré que quedar allí y no podré salir más? ¿Piensas engañarme como lo intentaste con Izanagi?

De pronto no solo la mano salió de la habitación, si no todo aquel cuerpo esquelético y putrefacto envuelto entre cientos de insectos y serpientes viscosas, sus pies distorsionados se doblaron hasta quedar a la altura de sus hombros y las manos se estiraron asta parecer garras de algún tipo de ave, los dientes podridos se ensancharon y abrió la boca tan grande que ya ni siquiera podía ver el contorno de su rostro. -¡Te comeré! -Grito, y Kagome no perdió el tiempo y salió corriendo de allí, mirando debes en cuando hacia atrás en donde la mujer la perseguía con una rapidez aterradora aun arrastrándose sobre sus pies, mostrándole a Kagome uno de sus mayores temores de pequeña.

Estaba a punto de derrumbarse por el agotamiento extremo cuando sintió una presencia familiar, sintió que iba a llorar del agradecimiento y de la congoja que le hizo sentir volver a sentir esa energía, aquella que solo había sentido una vez cuando su pequeño nació. Y como si toda la ilusión se hubiera roto ella encontró el camino, la puerta en donde lo sentía. La abrió con fuerza y casi se abalanzo sobre el suelo al entrar. Izanami aun gritando horrorosamente no pudo atravesar la puerta porque un campo de energía de color turquesa le impidió el paso. Ella vio dentro del lugar y aguanto la respiración cuando vio su cuerpo sobre un futón y a un niño pequeño sentado a su lado, mirándola profundamente con sus ojos de un azul eléctrico.

CONTINUARA…

Seré breve, pensé que este capitulo podría pulirlo hasta ayer, pero al parecer corregir casi veinte hojas de Word tarda mas de lo que había calculado inicialmente. Hice mi mayor esfuerzo, así que espero que les guste, y si no es así… me temo que no puedo hacer nada.

A las personas que me enviaron sus mensajes de apoyo y cariño, les agradezco y los quiero, me han levantado el animo y me hicieron sentir bien conmigo misma. Explayare mas mis palabras en el ultimo capitulo. Un beso y nos leemos pronto.