Yo no me pondré sentimental, porque bastante tuve anoche mientras traducía. Sin embargo, para mi ha sido una alegría el ver que esta historia ha tenido tan buena recepción, a pesar de mis altibajos con la traducción y por eso quiero darles las gracias a todos, tanto a los que comentan como a los que no. ^-^
N/A "Bueno, mis amigos, hemos llegado tristemente el final de La Princesa y La Prisionera, ya que este será el último capítulo. Gracias a todos por su apoyo y entusiasmo, como se puede ver, me pareció bastante inspirador, ya que está a punto de ser una novela de casi 500 páginas y escrito en menos de 30 días. Whoosh! ¡Gracias por la inspiración, todo el mundo! ¡Esto significa más de lo que imaginan!
Lloré como un bebé grande cuando escribí este capítulo, así que espero que se las arregle para evocar esas emociones en todos ustedes también. Para este capítulo, les suplico utilizar una banda sonora. El efecto es emocionante. Prueben la versión para piano se Yung Sam "My Heart" de Paramore, sólo esa versión, sin embargo. Pónganlo en repetición y déjense llevar lejos.
Tal vez, voy a compartir una secuela con todos ustedes pronto. ;) Síganme en Twitter, si quieren. El user es el mismo que mi nombre de usuario aquí. ¡Disfruten! XO-Chrmdpoet"
Capítulo Cincuenta y Cinco: Te Llevaré
Regina se quedó en silencio ante el gran espejo de-piso-techo de su dormitorio. Su aliento se quedó atrapado en su garganta mientras miraba su reflejo, sus nervios cantaron, agitando en su corazón y sus pensamientos chocaban suavemente con sus emociones. En el interior, debajo de su carne, había una hermosa tormenta, mientras que en el exterior era una impresionante estatua de regia compostura. Su cabello estaba recogido en un remolino elegante, con unos zarcillos colgando sobre su cara y una sola pequeña flor extraída de una orquídea blanca descansaba justo por encima de su oreja derecha, metida entre sus suaves hebras chocolate. Su cara estaba pintada ligera y natural, y el tono bronceado de su piel aceitunada contrastaba maravillosamente con el blanco suave de su vestido, mientras caía en cascada alrededor de su equilibrada figura. Cayendo en ondas suaves alrededor de sus pies, simple pero profundamente hermoso, apretado en la cintura y deteniéndose justo encima de su escote para dejar los hombros y los brazos desnudos.
La reina caída observó su aspecto y todo lo que ello representa—un nuevo comienzo, nuevo compromiso... matrimonio. La palabra rodó por el interior de su mente, una palabra que siempre había odiado, ya que el único matrimonio que había conocido jamás había sido con un viejo lujurioso que la había elegido por su juventud, su inocencia, y el enamoramiento que su hija tenía con ella. Ese matrimonio había drenado la vida de la morena; había penetrado en su corazón roto y desmenuzado, en su alma, y cruelmente había desviado lejos la pureza y la alegría restante que pudo haber quedado. Los recuerdos aún la perseguían, a veces, el dolor y la tristeza y el sufrimiento, la soledad amarga. Era una vida que nunca había deseado y que sólo la había llevado más lejos en la locura de su dolor, retorciéndola y enrollándola y manipulándola hasta que sólo vio rojo, hasta que sólo quería venganza, solo escapar. Ella había sido corrompida por su matrimonio, y realmente había creído que nunca volvería a someterse a un compromiso de tal unión.
Pero entonces, allí estaba Emma. La princesa de cabellos dorados que había entrado en su vida, siendo sólo una niña, cuya ternura y bondad habían caído sobre ella como una brisa cálida, una balada de amor y aceptación, la promesa de resurrección y redención. Emma era como un despertar, una oleada repentina de oxígeno a través de sus muertos, y desinflados pulmones. Ella era como una estrella ardiente en el tenebroso cielo nocturno, brillante y prometedora; un rayo caído de luz preciosa—un deseo cumplido. Ella era un pulso vibrante cantando debajo de los dedos de Regina, que se derramaba en las recámaras del corazón de la reina caída y un soplo de vida sobre las brasas agonizantes. Era el arte de la renovación, que pintaba las sombras del pasado de Regina. Era una promesa. Era el principio.
Las puertas de la habitación de Regina hicieron clic al abrirse sigilosamente, y sólo unos segundos más tarde, Snow White apareció tímidamente en el vidrio reflectante, justo detrás de la reina caída. Cruzaron miradas a través del reflejo, ambas en silencio recordando primera boda de Regina y cómo Snow, siendo una niña entonces, se había deslizado ese día también, con una brillante sonrisa pintada en sus facciones mientras observaba a Regina en su vestido de novia. Hoy, sin embargo, el corazón de Regina estaba lleno también, porque el día de hoy, finalmente iba a casarse por amor.
La reina caída se apartó del espejo, pero guardó silencio. Snow dio tímidos pasos hacia adelante hasta que no estaban a más de unas meras pulgadas de distancia y tomó las manos de Regina. Ella se las dio de buena gana y se quedaron de esta manera un largo momento, mano a mano y rodeadas de una delicada tensión en el aire. Una lágrima se deslizó de un orbe esmeralda mientras la Reina Blanca y la reina caída se miraron entre sí, sin saber qué decir, ya que parecía que su larga y compleja historia bailaba en el aire a su alrededor.
Finalmente, Regina rompió el silencio, aunque su voz era solo un susurro frágil. "Gracias, Snow."
"¿Qué tienes que agradecerme?" susurró Snow, respirando temblorosamente entre lágrimas.
"Por Emma," dijo Regina, sus labios se extendieron con una sonrisa mientras sus ojos brillaban bellamente con la luz del sol que entraba por las ventanas.
Snow le devolvió la sonrisa, apretando las manos de Regina cariñosamente. "Tal vez," dijo, "siempre debió ser de esta manera. Tú perdiste a tu primer amor por mí, Regina, y la culpa de la muerte de Daniel ha permanecido conmigo todos estos años. Parece lógico que mi deuda hacia ti sea pagada no con un derramamiento de sangre, sino con un nuevo amor; que tu Amor Verdadero naciera a través de mí. Tal vez, ahora, podremos empezar de nuevo realmente, ser verdaderamente esa familia que una vez desee que fuéramos."
Los ojos chocolate de Regina escocían ferozmente por el esfuerzo para mantener a raya las lágrimas mientras las palabras de Snow la inundaban y la llenaban de esperanza, una esperanza que le prometía libertad del peso del odio y del dolor. Tomó a la Reina Blanca en un abrazo suave, su nariz se clavó en la cascada de cabellos oscuros, y le susurró: "Me gustaría eso, Snow."
Ellas simplemente se quedaron de esa manera, sosteniéndose la una a la otra durante un largo momento, antes de que Snow finalmente se retirara del abrazo y le sonriera a la reina caída. "Ahora," dijo, "tenemos que asistir a una boda."
Regina dejó escapar un tembloroso suspiro y asintió. "En efecto," dijo mientras se ponía a caminar detrás de la Reina Blanca, dejando su habitación para hacer su camino a la pradera; a Emma.
Las lágrimas caían abiertamente de los ojos de Red mientras observaba la impresionante visión de su hija. Emma estaba en el centro de la habitación de Red esperando a que su madre le dijera algo, cualquier cosa. Su vestido estaba sentado maravillosamente encima de su limpia piel, un simple vestido ya que ella no había querido algo exagerado. Dos correas finas iban desde su pecho y sobre sus hombros y se conectan en un cordón trenzado entre sus omóplatos. El material era de un blanco nacarado y bastante ligero en su peso. La falda del vestido contrastaba agradablemente con su delgada cintura y estaba llena pero no ondeada y caía simplemente a sus pies. Sus largos mechones dorados caían en cascada sobre sus hombros en rizos perfectos con diminutas flores blancas tejidas en varias de las hebras. Era una novia radiante.
"Oh, Emma," susurró Red entre lágrimas. "Eres hermosa, mi niña." El corazón de Emma cantó en su pecho. Su felicidad estaba más allá de las palabras, más allá de la expresión. Todo su ser estaba hinchado con el sentimiento, deliciosamente adolorido con las tiernas pero potentes vibraciones de su alegría. Este día, estaría eternamente ligada a su Alma Gemela en matrimonio y ella simplemente estaba rebosante de dicha. Regina era una revelación en su corazón, una melodía en sus células, y ella sólo quería bailar ese ritmo, ahogarse en el, para siempre.
"Gracias, Mamá," dijo en voz baja, aunque su sonrisa era tan brillante y tan radiante que podría haber rivalizado con el sol. Red se acercó a la princesa y fue entonces cuando Emma se dio cuenta de la pequeña caja de madera en las manos de la loba.
"Tengo algo para ti," dijo Red, enjugándose las lágrimas mientras abría la pequeña caja. La loba metió la mano en ella y sacó un collar de adentro, una delgada cadena de oro blanco con un pequeño, y único rubí colgando de ella.
"Hace muchos años, conocí a mi madre," dijo Red, "y poco después, me vi obligada a matarla con el fin de proteger a tu madre, Snow. Snow era mi familia y yo habría dado mi vida para protegerla ya que ella fue la primera en aceptarme y protegerme siempre a pesar de saber lo que soy y las cosas terribles que había hecho. Poco después del día que enterramos a mi madre, Snow me dio este collar. Hasta el día de hoy, estoy insegura de cómo o dónde lo obtuvo. Debió pagar mucho por él. Ella lo abrochó alrededor de mi cuello y me dijo que nos representaba, la cadena blanca de Snow y el rubí de Red. Me dijo que representaba el amor y la amistad incondicional, que representaba la familia. Ella y yo... nosotras éramos una familia, y ella siempre será mi familia, Emma, al igual que tú. Tú eres mi ahijada y mi hija. Tú eres mi amiga y mi confidente. Tú eres mi consuelo, mi corazón. Tú eres la familia más real que he conocido, y mi amor por ti es incondicional. Este collar ha significado más para mí de lo que las palabras pueden decir y ha traído mucha alegría a mi vida, y si te place, Emma, quiero que lo uses este día, el día más alegre de tu vida."
Las lágrimas de Emma caían rápidas y continuas por sus pálidas mejillas mientras ahogaba un sollozo y asentía con la cabeza, llevando sus suaves manos a recoger sus cabellos dorados y dejaba que su madre le colocara el broche del collar alrededor de su cuello. Una vez que la cadena estaba perfectamente en su lugar con el pequeño rubí ubicado suavemente contra el pecho de la princesa, Red ahuecó con sus manos las mejillas de Emma y se inclinó para presionar un tierno beso en la frente de la rubia. "Te quiero, hija mía," susurró antes de tirar de su cría en un cariñoso abrazo.
Emma apretó a la loba lo más fuerte posible, con la esperanza de transmitir todo lo que giraba y luchaba dentro de ella. Ella no estaría aquí si no fuera por Red. La mujer había sido su fortaleza y su alivio, su consuelo y su única alegría durante muchos años. El corazón de Emma estaba lleno de ella—la loba que la había cuidado, la mujer que había cambiado su vida para mejor. "Te quiero, mamá," le susurró de vuelta y apretó sus labios contra la mejilla de Red.
Se aferraron con fuerza la una a la otra, disfrutando de la calidez compartida entre ellas, antes de que Red se retirara suavemente del abrazo y le sonriera a la princesa, sosteniendo su mano ante ella. "Vamos," dijo, "no debemos dejar esperando a Regina."
Emma se echó a reír por la alegría y puso su mano en la de su madre, mientras Red la sacaba de la habitación y la llevaba con su amor.
El sol brillaba con fuerza sobre el verde de la pradera mientras Emma y Red caminaban por las hierbas ondulantes, los deslumbrantes ojos esmeralda de la princesa se centraron en los cabellos chocolate y el impresionante vestido blanco de una mujer a la distancia. Regina estaba en el prado delante de una radiante Snow White mientras que Blue se situaba a la derecha de Regina, todas ellas esperando a que la princesa llegara.
Regina, sintió la repentina presencia de Emma, volteó la cabeza y su aliento instantáneamente se enganchó en su garganta, sus células ardían en gloriosa vida mientras contemplaba el halo de rizos dorados que brillaban bajo la luz del sol y los brillantes ojos esmeralda que bailaban mientras la observaban desde la distancia, acercándose cada vez más. Ella no pudo evitar la sonrisa que se pintó en sus suaves labios mientras asimilaba la imagen y la encomendaba a la memoria eterna, el fluido vestido blanco de Emma bailaba ligeramente en la brisa mientras la rubia sonreía tímidamente. Nunca había visto nada tan hermoso, nunca había sentido nada tan bien.
Emma apretó la mano de Red ferozmente, necesitando el apoyo para calmar sus pasos cuando los ojos de su amada se hundieron en ella y le derritieron de adentro hacia afuera, sus rodillas temblaban y amenazaban con ceder debajo de ella. Regina era un retrato de la perfección, una diosa que brilla intensamente en un campo iluminado por el sol, y Emma estaba asombrada por su belleza. Las lágrimas se enredaban en sus pestañas mientras su corazón latía al ritmo de su asombro y de su alegría. Nada la había tocado así, nada jamás la había movido tan profundamente, como este momento, como esta imagen, como el día de hoy.
Y finalmente, se encontraron, Emma ahora de pie ante Snow en el espacio justo al lado de Regina y con Red a su izquierda. Su orbes esmeralda se pegaron los chocolate de Regina, ambas brillaban con sus lágrimas mientras que al mismo tiempo extendieron sus manos y entrelazaron sus dedos juntos, sus cuerpos se buscaban siempre el uno al otro en los espacios que permanecían entre ellas. La electricidad chispeó cuando sus dedos chocaron suavemente, susurrando unos sobre otros. La magia de su amor eterno coloreaba el aire bailando en fragmentos púrpura entre sus palmas juntas. Era realmente una hermosa vista.
Snow observó a las dos novias, las lágrimas corrían por sus mejillas, antes de tomar aire para estabilizarse y se dispuso a hablar. Tanto Emma como Regina le habían pedido que no fuera formal, le habían pedido a la Reina Blanca que hablara sólo desde su corazón, y eso era exactamente lo que Snow se proponía hacer. Se aclaró la garganta con suavidad antes de limpiar rápidamente sus lágrimas mientras comenzaba a hablar.
"Cuando yo era niña, me encontré con una joven y bella mujer," comenzó, con la voz un poco quebrada mientras los recuerdos se precipitaban hacia ella. "Y me enseñó del amor. Las palabras que me dijo, incluso entonces, alteraron mi vida para siempre. Dieron forma a mis esperanzas y decoraron mis sueños. Me dijo que el amor, el Amor Verdadero, es magia y tenía razón, ya que esa misma mujer está delante de mí con esa misma magia bailando bellamente en sus dedos."
Los llorosos ojos chocolate de Regina miraron a Snow al oír esas palabras y las dos mujeres intercambiaron una mirada tierna de comprensión y de respeto, antes de que la reina caída volviera de los ojos esmeralda de su pasado y mirara de nuevo a los de su futuro. Emma le sonrió dulcemente mientras Snow continuaba. "El Amor Verdadero es una rareza preciosa, una conexión de enlace entre corazones abiertos y dispuestos . Es una maravilla para ser adorada, un milagro para ser apreciado. Hoy, ambas hacen este compromiso, para ser unidas en el matrimonio confirmado por la magia del Amor Verdadero y el raro poder de las Almas Gemelas destinadas. Hoy, ustedes compartirán sus corazones con nosotras y con cada una a través de sus votos de promesa y compromiso." dijo Snow, su voz se rompía nuevamente con sus lágrimas, se volteó hacia la princesa y le dijo: "Emma, puedes decir tus votos ahora."
Emma liberó su mano derecha y la sostuvo con la palma hacia arriba, en el pequeño espacio entre ella y Regina. Un remolino de humo púrpura apareció antes de disiparse para revelar un brillante anillo de oro blanco. Ella sonrió entre las lágrimas que fluían mientras deslizaba el anillo en el dedo de Regina antes agarrar la mano de la bruja, una vez más. "Regina," comenzó, con el corazón agitándose violentamente en su pecho y su voz temblorosa, "la vida puede ser cruel. Te ha mostrado mucho dolor y sufrimiento, y aunque no puedo prometer que te protegeré de las pruebas que esta vida nos puede traer, puedo jurarte que nunca volverás a superar esas pruebas sola. Nunca llevaras una carga por tu cuenta. Voy a compartir tus obstáculos. Voy a compartir tu dolor, y si te cansas, te llevaré. Voy a protegerte. Voy a compartir contigo todo lo que soy, mi risa y mis lágrimas. Voy a construir una vida contigo, una vida hermosa, te adorare. Te apreciare, y sobre todo, te amare. Te amaré sin condiciones y sin falta. Regina, este anillo es un símbolo de la eternidad, ya que nuestras almas han nacido de una magia que existe más allá del tiempo y del espacio, más allá de la razón o de la medida, y es por eso que hago este compromiso contigo el día de hoy. Prometo amarte más allá del tiempo, más allá del espacio, más allá de la razón, y sin medida. Soy eternamente tuya."
No había un solo ojo seco al rededor, ya que cada mujer lloró al escuchar las palabras de Emma, la sinceridad y la promesa se incrustaban tan bellamente dentro de ellas. El cuerpo de Regina se estremeció mientras lloraba con su alegría y con las promesas que su amada acababa de hacer. Emma le había dado más de lo que nunca soñó posible y eso la sorprendió de principio a fin hasta darse cuenta de que esto era sólo el comienzo.
Tanto Snow como Red sorbieron en varias ocasiones y la Reina Blanca tuvo que aclararse la garganta varias veces antes de que fuera capaz de expresar sus siguientes palabras. Se volteó hacia la reina caída y dijo: "Regina, puedes decir ahora tus votos."
Regina levantó la mano justo como Emma había hecho y sus dedos temblaron mientras el humo púrpura se disipaba para revelar un anillo a juego con el suyo. Ella deslizó el anillo en el dedo de la princesa y dio un tembloroso suspiro antes de mirar a esos ojos esmeralda de nuevo y decir sus votos. "Emma, tu amor es un milagro en mi corazón. Es una melodía en mi alma, y me llena con su ritmo. Tu amor se derramó en mí, como una luz en mi oscuridad, y me despertó de un sueño. Me has dado una nueva vida después de décadas de sólo dolor y sufrimiento, y me cambiaste. Me salvaste. Me enseñaste a amar otra vez, a amarte a ti. No puedo prometer que nunca voy a titubear, que no voy a fallar, o que no voy, en ocasiones, a deslizarme una vez más en las sombras de mi pasado, pero puedo prometer que siempre voy a volver a ti. Seré fuerte para ti. Te protegeré. Te sanaré como tú me has sanado. Voy a compartir contigo, todo lo que soy, mis alegrías y mis tristezas, mi placer y mi dolor. Yo cuidaré de ti. Te amaré, Emma. Te voy a atesorar con cada respiración, con cada latido de mi corazón, y cuando esta vida llega a su fin, voy a seguirte en todo lo que aguarde, y allí, yo te seguiré amando. Siempre seré tuya."
Red y Blue estaban sollozando abiertamente, con sus manos sobre sus bocas para acallar sus gritos de alegría mientras Regina y Emma se miraban entre sí, ambas temblando visiblemente. Snow limpió furiosamente sus lágrimas en un intento de mantener la compostura mientras se inclinaba hasta el suelo y sacaba una corta, cuerda blanca, trenzada de una pequeña mochila que descansaba sobre la hierba. Entonces se levantó y la envolvió sin apretar la cuerda alrededor de las manos unidas de Regina y Emma mientras las dos se sonreían la una a la otra. Luego Snow puso su propia mano sobre las de ellas y habló entrecortadamente de nuevo.
"Este cordón trenzado representa el entrelazamiento de las almas unidas por el Amor Verdadero. Representa el compromiso que están haciendo el día de hoy, el compromiso de estar atadas en matrimonio. Regina, repite después de mí, por favor," dijo Snow, sonriendo a la reina caída. "Emma, me ato a ti en matrimonio, para que podamos ser una ahora y siempre."
"Emma," Regina repitió con voz temblorosa: "Me ato a ti en matrimonio, para que podamos ser una ahora y siempre."
"Ahora, Emma," dijo Snow, asintiendo con la cabeza a la princesa, "repite después de mí. Regina, me ato a ti en matrimonio, para que podamos ser una ahora y siempre."
"Regina," repitió Emma con su voz en un susurro entrecortada mientras tragaba la picazón sollozo en la garganta, " me ato a ti en matrimonio, para que podamos ser una ahora y siempre."
Cada una de las mujeres en el prado sonrió cuando Snow liberó sus manos y retrocedió un centímetro, diciendo: "Emma, Regina, las amo muy profundamente, y estoy abrumada por la alegría de ser capaz de compartir este día con ustedes. Gracias por permitirme ser parte de esta preciosa celebración, y es con gran placer que yo regiamente apruebo esta ceremonia y este compromiso. Por el poder investido en mí como reina reinante de este reino, yo os declaro oficialmente casadas. Pueden besarse."
Emma simplemente no pudo evitarlo. La risa burbujeó bellamente de su garganta para bailar con sus lágrimas mientras acariciaba con sus suaves dedos las húmedas mejillas de Regina. Sus ojos brillaban y centelleaban bajo el glorioso sol mientras se miraban entre sí sólo un momento antes de que sus labios se encontraran con suavidad, devorando el espacio entre ellas. Se abrazaron, sus labios apretados dulcemente juntos mientras su familia aplaudía y gritaba con alegría a su alrededor. La magia chispeaba en sus manos, bailando a lo largo del roce sus labios mientras estaban bajo el sol en medio de los verdes prados. El viento soplaba suavemente a través de ellas mientras las confesiones cantaban en su vínculo sentimental— palabras de amor, de esperanza, de promesa. Su amor era una tranquila, pero potente sinfonía, preciosa y rara. Susurraban su melodía al ritmo de sus corazones y tocaba maravillosamente a los que las rodeaban. Sólo aumentando con su alegría, su amor abarcaba toda la pradera, un amor que envolvía al mundo.
No tengo nada que decir de este capítulo, él lo dijo todo. Este es el fin, y agradezco una vez más a todos los que han llegado hasta aquí, es realmente un honor para mi el saber que les ha gustado, aunque el fic no sea mío.
Con respecto a la N/A, donde la autora dice que posiblemente escriba una secuela, pues al parecer si lo hará. No estoy segura si será pronto o no, lo que si sé es que si la escribe, le pediré su permiso para traducirla y les prometo mejorar la traducción. Aunque si alguno de ustedes quiere encargarse de ese trabajo, yo se lo cederé amablemente, siempre y cuando me avisen a mi y le pidan permiso a la autora. ^-^
