Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.
Capítulo Cincuenta y uno
—Bella no murió hoy, gracias a Dios, pero si algo hubiera pasado de manera diferente, no hubiéramos sabido qué quería hacer —dijo Carlisle.
—Bella dijo que querría ser cambiada —Rose dice de buenas a primeras.
Eso llama la atención de todos, especialmente la de Edward, quien mira amenazadoramente a Rose.
—Esa no es una op…
—¡Eso es lo que ella dijo que quería, Edward!
—Rose tiene razón —Bella dice antes de que Edward pueda responder. Él voltea a verla y ella lo mira a los ojos. Es difícil. Edward está claramente molesto y su rostro le suplica que cambie de opinión. Pero ella mantiene fija su mirada—. No estoy lista para perderte. Si tuviera ochenta años, sería diferente… o setenta, incluso sesenta. Estaría lista para irme. ¿Pero mañana? No estoy lista.
Sus ojos dorados se ven oscuros y duros mientras la ve en la noche fuera de la casa de Rosalie. Las luces de seguridad de la cochera marcan claras sombras en su rostro.
—Sé lo que la decisión significa —le dice sin dar marcha atrás—. Ya no tengo diecisiete. Entiendo lo que estoy eligiendo.
Y él baja la mirada. Es su consentimiento.
—Sé que lo sabes. Y respeto tu decisión.
La reunión en la entrada de la casa de Rose termina después de eso. Esme y Carlisle se van a casa y Rose y Emmett se van con ellos… quizá porque aún hay tensión entre Rose y Edward, o quizá solo para darles tiempo a solas. Ya que dejó su turno y no necesita dormir, tendrán tiempo esta noche y la mañana del siguiente día antes de irse a las 3 p.m.
Bella puede notar que sigue extremadamente estresado, pero ella se siente exhausta emocionalmente como para hacerse cargo de él también. Va a tener que ponerse sus pantalones de niño grande por un rato hasta que ella se tome unos minutos para ella misma. Se retira al baño para lavarse la cara y vaciar su vejiga e intestinos, ya que la excusa de baño de discapacitados de la estación era patética. Le había echado un vistazo y se había dado por vencida, aunque Rose la había hecho ir una vez con ayuda, "o la vejiga se podía perforar", le había dicho. Bella odio quedar sin opciones, y quizá debería pensar llevar un catéter con ella siempre, por si acaso. Se ha resistido a la idea por años, pero no es sensato ser tan terca. Sea como sea, se siente mucho mejor cuando sus necesidades humanas han sido satisfechas.
O la mayoría de ellas. Cuando sale, puede oler comida cocinándose y su estómago ruge como respuesta. No ha comido desde mediodía; ya son las 8 p.m. Edward está en la cocina haciendo queso fundido y sopa de tomate.
—Sé que te gusta el sándwich de queso fundido —le dice, escuchándola entrar, pero sin voltear.
—Comida de consuelo —le responde y acepta el plato que le lleva—. Gracias.
Come en silencio; él observa. Incluso después de tanto tiempo, se siente un poco extraño que sólo observe mientras ella come, pero tampoco está segura de qué decir. Sabe que los dos deben hablar del tema, pero no puede con otra conversación estresante por ahora. Cuando está casi por terminar, Edward dice:
—Te ves exhausta. ¿Quieres que te ayude a prepararte para la cama?
Ella se da cuenta de que la oferta es tanto para él como para ella. No estuvo ahí hoy, y ahora necesita mitigar la culpa (aunque sea inútil) cuidándola… cocinándole, ayudándola a ir a la cama. Ella ve cómo sus manos están juntas y apretadas sobre la mesa. Quizá no necesite dormir, pero necesita que lo abracen tanto como ella.
—Ven a la cama conmigo.
—Me gustaría eso —le contesta.
Alistarse para la cama con ayuda de Edward toma la mitad del tiempo y pronto están en la cama de lado, nariz con nariz.
—Hoy tuve tiempo extra temprano —dice—, así que busqué en línea propiedades en venta entre aquí y Atlanta. Sé que sugerí construir una casa para nosotros, pero podríamos salir de aquí más rápido si encuentro una para remodelar. —Después de esta noche, Bella cree que a Edward le urge más encontrar su propio espacio… y no deja de notar que no sugirió que Esme y Emmett hicieran la renovación. Por ahora, Bella duda que quiera pedirles algo.
—No me molesta, Edward. He aprendido a no ser melindrosa con el lugar donde vivo. La mayor parte del tiempo, se tiene que lidiar con lo que se encuentra cuando eres como yo.
—No deberías tener que resignarte. No quiero que te conformes con nada nunca más —dice—. Pero no quiero estar aquí por meses mientras construimos algo desde el principio.
—Tendremos que quedarnos aquí hasta la primavera —dice—. Incluso si compraras una casa mañana, nadie trabajaría en ella en enero.
—Yo podría hacer el trabajo.
Esto la hace sonreír.
—Tienes muchos talentos, pero te confiaría mi cerebro antes de confiarte mi plomería. ¿Alguna vez has remodelado?
—¡He ayudado a Esme! —dice—. Y puedo leer uno o dos libros.
Bella se muerde el labio para evitar reírse.
—Eres todo un académico, amor. —Cuando Edward levanta la ceja, Bella explica—. Odias admitir que hay algo de lo que no sabes. Está bien que no seas el más grande sabelotodo del mundo con vida.
—Yo no creo ser…
Lo calla con un dedo en los labios.
—No lo pensarás, pero a veces actúas como si lo fueras. Deja que Emmett y Esme hagan lo que hacen bien. Después de hoy, nos deben.
—¡Pero no quiero que nos deban!
—Lo que quieres decir es que no quieres sentirte con alguna obligación hacia ellos por ahora.
Se pellizca el puente de su nariz.
—Es lo mismo.
—No realmente. —Rodea su mejilla con la mano observando su rostro en la oscuridad. A pesar de lo inmóvil que puede verse, sigue siendo un rostro bastante expresivo—. ¿No estás seguro de querer perdonarlos, verdad?
—Creería que, después de todo lo que ha pasado, sabrían que no deben ocultarnos este tipo de cosas. Bella, ¡pudiste haber muerto hoy y yo no hubiera estado ahí!
Ese es el meollo del asunto para él. Ella se sentiría de la misma manera de estar en su lugar. Lo jala hacia ella y acomoda su cabeza en su pecho, sobre sus senos, donde pueda escuchar su corazón. Él sólo respira, tratando de calmarse.
—A veces solo aprendemos de nuestros errores —le dice después de un largo minuto—. Si tenemos suerte, esos errores no nos dejan en una silla de ruedas. —Su voz es irónica, y Edward levanta la cabeza para mirarla como si fuera a protestar, pero ella niega con la cabeza en la almohada—. Te lo he dicho antes, si no me dejas adueñarme de mi error, me quitas el poder de superarlo. Justo como tú tuviste que adueñarte del tuyo hace diez años… y lo hiciste. —Le besa la frente porque es lo único que puede alcanzar—. Gracias, por lo de hoy. Me defendiste a mí; no te enojaste porque Alice no te dijo. Te enojaste porque no me dijo a mí. Sé que te vio sobreprotegiéndome, pero me hubieras dicho por qué… y eso significa mucho.
—Claro que te hubiera dicho. —Suspira y recarga de nuevo su cabeza en la almohada—. Sé que Alice probablemente está en lo correcto. Te hubiera sobreprotegido y te hubieras enfadado conmigo.
—Sin duda. Pero pudimos haber discutido el asunto y limpiado el aire de eso, y hubiera sido mejor que no saber nada por no hacernos pelear. Es lo que Alice necesita entender.
Levanta su cabeza para mirarla, luego se mueve para acostarse a su lado para verla mejor.
—¿Necesita entender que tenemos que pelear? —Se ve confundido.
—Claro que sí. —Y ahora están en su área de experiencia—. Edward, la comunicación viene de muchísimas formas, incluyendo las peleas, pero es esencial para que funcione cualquier tipo de relación, incluso un matrimonio. Especialmente un matrimonio. Si una pareja no está peleando por lo menos de vez en cuando no es una buena señal.
La idea parece sorprenderlo y se le queda mirando, confundido.
—Las peleas indican que hay un problema.
—¡No! —dice—. Es un concepto erróneo muy común, pero no pelear es lo que indica un problema. Atacar a tu pareja es malo. Incluso provocaciones de cierto tipo son malas. Pero las peleas significan que puedes ser honesto con la otra persona. Si nunca peleas, no puedes aprender cómo ser justo. Entonces cuando algo grande viene en lo que no se pueden poner de acuerdo, no hay idea de cómo resolverlo y todo se viene abajo. Pelear es bueno mientras sean peleas saludables… lo que significa que ambas partes sean honestas. Sin manipulaciones, sin tomar decisiones por el otro, sin hacer sentir culpable al otro para lograr algo. Eso es comportamiento pasivo agresivo y es comunicación que no ayuda a la adaptación. Funcionará por un tiempo, pero eventualmente explotará de la mala manera. Las discusiones son buenas, Edward… es comunicación saludable mientras se mantenga justa y las malas situaciones se entierren cuando se acabe.
Sus ojos dorados están ocultos.
—¿No crees que hay cosas que es mejor no decir?
—No. —Sacude la cabeza y le quita el cabello de la frente—. En mi experiencia no es el "qué" sino el "cómo" lo que causa sentimientos heridos. Hay buenas maneras de decir cosas, incluso cosas que podrían ser dolorosas… maneras de abrir la comunicación y maneras de cerrarla. Pero si se empiezan a ocultar cosas, especialmente en relaciones de intimidad, entonces… se convierten en un absceso, para usar terminología médica para ti. Se infecta.
—¿Y si no puedes llegar a un acuerdo?
—Entonces es importarte saberlo… confrontarlo y encontrar cómo vivir con ello… o no. Pero pretender que no existe no va a hacer que desaparezca. Si respetas a la otra persona, puedes respetar que no estén de acuerdo y que no es estúpida, o loca, o que quiere hacerlo sólo por dañarte. Sólo ve el mundo de una manera diferente.
Sus labios se tuercen.
—Mark Twain decía que la diferencia de opiniones es lo que hace posible las carreras de caballos. —La hace reír.
—Exactamente.
—¿Entonces pelear está bien?
—Claro que sí. Espero que peleemos de vez en cuando. O algo va mal.
—Entonces Alice estaba equivocada. Si hubiéramos peleado, no me hubieras dejado.
—¿Qué? ¡No! —Bella estaba sorprendida—. ¿Eso fue lo que te dijo por teléfono?
—Um… más o menos.
Bella sonríe y le toca una mejilla.
—Te dijo algo más, pero sabía que así lo escucharías, y te quitó de encima. Esa es la clase de comunicación que no es buena. Creo que tú, yo y Alice necesitamos platicar cuando regrese. Tiene buenas intenciones pero a veces su habilidad de ver el futuro interfiere con su presente.
»Y no, Edward, si me enojo contigo, lo sabrás de mí. Discutiremos y lo resolveremos. Te pedí que me prometieras que no me dejarías de nuevo. Bueno, te prometo que no te haré a un lado sólo porque esté enojada contigo. Sé que me amas, y sabes que te amo. Pero el amor por sí solo no es suficiente. Tenemos que creer en que el otro se quedará o jamás seremos honestos con el otro por miedo de perdernos. Eso es lo que significa un verdadero compromiso, está basado en esa promesa. Te has quedado atrapado conmigo, doctor Masen.
Y ahí viene la sonrisa de lado que tanto adora.
—No lo querría de otra manera.
Con eso dicho, Bella siente cómo se disipa un poco más de la tensión de esa tarde…al menos hasta que Edward vuelve a hablar:
—Lo que pasó hoy en la tienda de Alice con el esposo de Hannah… ¿es común, verdad?
Después de su discurso, sabe que debe decirle la verdad aunque ésta lleve a una discusión.
—Es más común de lo que la gente cree… pero no es tan común como te lo estás imaginando. Sé que te preocupas, y no te voy a mentir, Edward. Estas cosas pasan. La buena noticia es que generalmente terminan con menos sangre que hoy. Probablemente hubiera podido disuadir a Brady de que no hiciera nada si no hubiera sido por la reacción de Hannah. Contener situaciones tensas es a lo que me dedico, corazón. Es para lo que me entrenaron.
Edward se ríe un poco y pasa su pulgar por su brazo hacia arriba y hacia abajo.
—Es obvio que sabes cómo disuadirme a mí. ¿No es eso manipulación?
—Listillo. No. Eso sería manipulación si dijera "Pero es lo que quiero hacer, y no querrías hacerme infeliz, ¿verdad?" Eso es manipulación porque es usar culpa contra ti. Quiero ser honesta contigo, pero sin hipérbole ni melodrama. Trabajar en un refugio es peligroso. Sí llegan esposos y novios locos que quieren hacer violencia en contra de sus esposas o compañeras o contra los trabajadores del refugio. Es por eso que ellas vienen al refugio, para empezar. Nuestro trabajo en el refugio es re-entrenar a la gente para que solucione problemas sin recurrir a la violencia. Hannah es… está en el proceso. Está mejor, pero aún odia a Brady y sabe cómo hacerlo enojar. Lo verdaderamente triste de hoy es que hemos terminado con una situación que será tres veces más difícil de solucionar. Y mañana, tendré que levantarme temprano e ir a lidiar con eso. Pero es que… me gusta hacer esto, Edward. NO creí que me gustaría, y no soy buena con el lado empático del trabajo del refugio. Pero soy buena lidiando con situaciones malas. —Estudia su rostro. Su ceño se frunce y ella usa su pulgar para quitarle la expresión—. Sospecho lo que estás pensando. Estoy en la silla y eso me hace más vulnerable, ¿no?
—Sí. —La mira a los ojos—. Bella, quieres que sea honesto, pues vamos a ser honestos aquí. No puedes correr. No puedes moverte tan rápido como la gente completamente móvil. Sé lo mucho que sí puedes hacer, y no lo hago de menos, pero…
—No necesitas disculparte; no me he ofendido. Y tienes razón. Pero hoy, estar o no estar en una silla no hubiera marcado ninguna diferencia, ¿o sí? Tenía un arma. Sólo un vampiro puede correr más rápido que una bala. Lo que estoy haciendo es peligroso, pero creo que es lo suficientemente importante para que valga la pena el peligro. Creo en esto. A veces el triunfo supera el peligro.
Su sonrisa es casi irónica.
—Por eso te amo. Bueno, una de las razones. Eres más valiente que yo. —Se acerca a besarla. Es un beso suave—. No te voy a detener, Bella. Pero tendremos que hablar con Alice sobre las visiones. Y prométeme esto: sé valiente, pero no seas imprudente. Tienes a un montón de vampiros a tu alrededor. Déjanos protegerte.
—Oh, claro. Reconozco el peligro. No soy tonta. Si alguien quiere tomar una bala por mí, adelante.
La risa de Edward es cruda, pero es risa. Bella sabe cuánto le cuesta dejarla hacer esto… o más bien, llegar a un punto común entre los dos. No la está deteniendo, pero ella no está siendo terca en cuanto a sus límites.
Ahora ella necesita hacer la gran pregunta; confrontar el enorme elefante rosa que ha estado durmiendo en la habitación con ellos.
—¿Qué pasaría si me cambias? —Los ojos de Edward se ensanchan y sus labios se abren un poco por la sorpresa—. Rose me dijo que le dijiste que cambiarme no significa que caminaría de nuevo. Pensé que sí.
No responde a su pregunta; en cambio, hace una suya.
—¿De verdad quieres ser cambiada? Sé que dijiste que sí, pero Bella…
—No sé —admite—. Creo que lo querría. No estaba jugando cuando dije que no estaba lista para renunciar a ti. El problema es que no estoy lista para renunciar a mi familia tampoco, pero su estuviera muriendo, estaría renunciando a ellos de un modo y otro, así que si ser cambiada significa que me quedo contigo, optaría por quedarme contigo. Pero necesito saber qué pasaría si me cambiaran, antes de saber con seguridad lo que quiero.
Edward asiente contra la almohada.
—Quisiera poder darte una respuesta definitiva. NO puedo. Y le dije a Rose que cambiarte no significaría necesariamente que caminaras de nuevo… pero tampoco sería una sentencia de que no. Simplemente no sé, y no estoy seguro de querer tratarlo con esa enorme interrogación ahí. —Se humedece los labios a pesar de que no lo necesita. Es un hábito nervioso que le quedó de sus días humanos. Lo que sea que piense, aún puede actuar y reaccionar como humano—. He estado investigando esto por mucho tiempo.
—¿Por qué no me dijiste?
—Porque nunca me preguntaste, Bella. Pensé que sería… presuntuoso… de mi parte el decírtelo sin siquiera saber si querías ser cambiada. Y aún así… no ha cambiado mi parecer, de verdad. Preferiría que te quedaras humana. Me gustas humana. Hay tantas cosas… —Se pierde en el pensamiento y levanta una mano para pasar un dedo por sus mejillas. —Me encantan tus sonrojos, tus latidos del corazón, tu calor, tus canas, verte dormir, y todas esas cosas tan humanas que te avergüenzan. —Sonríe—. Incluso me gusta que puedas echarte un pedo o eructar. ¡No te rías! —Ella se está mordiendo los labios entre vergüenza y diversión—. Me gustas humana. Si pudiera tener un deseo, sería ser humano contigo. Hacerme viejo y arrugado contigo. Tener diecisiete para siempre suena mejor de lo que en realidad es.
—Oh —dice, sonriéndole—. Odiaría tener diecisiete para siempre. Pero debo admitir que hay ventajas cuando se trata de tu, eh, vigor. —Bella piensa que si Edward pudiera, estaría sonrojado, pero él la hizo sonrojarse con eso de las "cosas humanas", así que no se siente tan mal—. Pero dejar a mi familia… —Se detiene hasta que él le pide que continúe—. Martha… la lastimaría. Perdió a Mark y luego perderme a mí… pero aún tiene a Jada y Rosa. Sé que los hijos no son intercambiables, pero no estaría sola. Y mis padres, soy todo lo que tienen, su única hija. Lidiar con la idea de que estoy en una silla fue suficientemente duro para ellos. Si "muriera", los mataría. Especialmente mi papá. No lo dice mucho, y quizá no hablamos tanto como hablo con mi madre, pero ella lo superaría eventualmente. Podría creer que me verá en el más allá, y además tiene a Phil que la cuide. Pero Charlie… no lo superaría. Y está solo.
Ahora es el turno de Edward de levantar la mano y pararla.
—Bella, escúchame. Me gusta que pienses en otros primero. Siempre lo hiciste, incluso cuando apenas te conocí. Pero esto es acerca de ti. Tiene que ser sobre ti. No sobre Renée, ni Charlie, ni Martha. No sobre mí. Tú. Así que si tú no quieres ser cambiada, no se hace. No es algo que yo te pediría; no es algo que yo quiera para ti. Pero voy a hacer lo que tú elijas porque, al final, no se trata de mí. Es tu vida.
Y por la segunda vez esa noche, la garganta de Bella se cierra de pura emoción.
—Te amo —dice, por fin, y sabe que está llorando. El picor caliente en sus ojos la hace parpadear y Edward limpia las lágrimas, tocando una a su lengua para probarla. Si cambiara, perdería eso, y sabe que es una de esas cosas que Edward encuentra preciosas de su humanidad—. Parte de mí quiere quedarse contigo para siempre… la parte romántica. Pero una parte más sabia cree que una vida sería suficiente, e incluso mejor.
—Una vida es todo lo que siempre he querido, Bella. Lo sabes. —Hace una pausa deliberando si continuar—. Te seguiría. Te seguiría cuando termine tu vida.
—Lo sé —dice, y le molesta mucho menos que hace unos cuantos días. Hablar con Rose le ayudó, y si ella quiere que él respete sus decisiones incluso si no son las que él haría por ella, Bella debe hacer lo mismo por él—. Mi alma esperaría por la tuya.
—Si es que tengo un alma.
—Oh, la tienes. Sabes que la tienes, Edward.
—Carlisle me dijo una vez que la mejor prueba de que tengo alma es que me preocupo de no tenerla. No le había creído antes.
… lo que implica que ahora sí cree.
Después de estos intercambios, Bella odia tener que regresar a lo mundano, pero la gran pregunta no fue respondida.
—¿Qué sabes de lo que pasaría si me cambias? ¿Por qué el veneno no me curaría?
—Porque la fractura de la médula espinal está sanada. —Se voltea boca arriba, mirando al techo—. Debes entender que esto es mera especulación. Hasta ahora no he encontrado a un vampiro que siquiera se acerque a tu situación, y tampoco Carlisle sabe de ninguno. No somos… no somos muy abiertos en general sobre nuestras vidas humanas, incluso si las recordamos. Sabemos que el veneno cura heridas, o algún otro corte o imperfección al momento del Cambio. —La voltea a ver—. Carlisle me dice que tenía un mal caso de acné. El Cambio lo resolvió a pesar que no tenía nada qué ver con la influenza que me mató. —Bella sonríe ante la idea de Edward con acné, pero quizá no debería estar sorprendida. No es como si hubiera vivido en una era de dermatólogos y ácido salicílico—. Pero, em, otras cosas no cambiaron. —Echa un vistazo hacia la parte inferior de su cuerpo y Bella siente su timidez—. Has visto que, em, bueno, sigo circuncidado.
—Sí, sí noté eso. —Mark no lo había estado, pero hay muchas diferencias entre los cuerpos de Mark y de Edward, empezando por el color de la piel, así que la circuncisión no había resaltado tanto para ella.
—El prepucio no creció de nuevo. Como lo dije, la mayoría de nosotros no somos muy abiertos sobre nuestras apariencias o nuestras vidas antes de esta, así que sólo puedo estar seguro de mi propia familia y ninguno de ellos tuvieron alteraciones permanentes en su cuerpo como la circuncisión. Eso es quizá, cómo decirlo, ¿demasiada información? —Se ríe un poco—. Lo más cercano a eso de lo que puedo estar seguro es la fractura en la pierna de Esme que pasó cuando ella tenía dieciséis. Los rayos X del hueso de su pierna aún muestras calcificación de la herida sanada. El hueso está completo, pero no está como nuevo.
Bella entiende lo que dice.
—Así que si el daño está sanado, o algo se amputa, ¿no crece de nuevo?
—Creo que es así. Aunque ahora tengo una teoría de cómo poder superar el problema de la fractura de tu espina.
—¿Volver a fracturarla? —sugiere. Parece lo obvio.
—No. No entendemos bien cómo funcionan los nervios del cuerpo y tendría que cortar toda la cicatrización… lo que significaría quitar casi media pulgada de médula espinal. ¿Qué tal si no vuelve a crecer, como mi prepucio? El cerebro y la médula son únicos.
—Pero dijiste que la incisión del prepucio había sanado, por eso es que no volvió a crecer.
—Es verdad. Pero de nuevo… no estoy seguro. Y no voy a ir a amputarle alguien un brazo o fracturarle la espina, luego cambiarlo, solo para ver si se sanó. ¡Eso sería muy poco ético!
No puede guardarse la sonrisa.
—Es cierto. Pero tenías una teoría, ¿no? ¿Una que no requiere volver a lastimarme?
—Sí, es muy similar a lo que curaría LME a final de cuentas.
—Células madre —dice, por fin entendiendo.
—Células madre —confirma—. Si pudiera introducir células madre en el lugar de tu herida original, durante el Cambio, podrían convertirse en nuevas neuronas. Es por eso que las células madre son tan invaluables, y no solo por esto. Son indiferenciadas, y pueden volverse especializadas dependiendo de la necesidad. Cuando por fin las podamos manipular, revolucionará la medicina. Hay tantas enfermedades y heridas incurables que se volverían curables… no solo LME, pero la diabetes, Alzheimers, Lupus… —La emoción en su voz es palpable—. Es por eso que quería trabajar en este campo. Puedo ayudar a cambiar la vida de la gente. La tuya, sí, claro, pero la de otros también. —Se detiene—. Digo, sí, tú me inspiraste, pero…
—Está bien, Edward. —Se acerca para besarlo en la barbilla—. Me gusta que quieras ayudar a más gente.
—De todos modos, creo que las células madre son la respuesta. Estamos tan cerca. Han hecho tan buenos trabajos en otros países, y ahora que se han levantado las prohibiciones aquí… los trabajos de investigación se están moviendo a velocidad luz. Te veré caminar de nuevo, o por lo menos sentir de nuevo. Lo juro.
La emoción había regresado, y la hace sonreír. Es contagiosa. También hace su decisión más fácil.
—Si pudiera caminar de nuevo como estoy, estaría feliz así.
—Yo también.
—Y si pudiera caminar como vampiro… Supongo que también estaría feliz así. En una emergencia. —Frunce el ceño.
Él asiente, estudiando su rostro.
—¿Qué tal en diez años? ¿O veinte? —Se moja los labios de nuevo—. Sé que dijimos que estaría bien si tuviéramos una larga vida feliz. Y lo estaría. ¿Pero qué tal si te da cáncer a los cincuenta? Eso no es mañana… pero tampoco son 70 años.
—No sé —le dice—. No sé qué querría hacer. Sé que no querría estar vieja y decrépita e inmortal. ¿Pero cincuenta e inmortal? No es joven, pero no es vieja. Aún así, te verías de la mitad de mi edad.
—Voy a verme de la mitad de tu edad de todos modos si te quedas humana. Y no es tu cuerpo lo que veo cuando te veo… no en verdad. Es tu espíritu.
—Lo sé. Lo mismo de mi lado. No tienes diecisiete para mí; eres único. ¿Podemos… podemos cruzar ese puente cuando lleguemos a él?
—Ok. Pero no me importará si tienes cuarenta o cincuenta, Bella. —Sus labios se fruncen.
—No me importa cómo te veas. No es lo que eres… o lo que soy.
—No, no lo es —concuerda, luego se acurruca contra él y deja que la abrace y sobe su espalda hasta quedarse dormida.
