Capítulo 51: Bienvenida a casa, Lily
Los Merodeadores, Theo y Mary se encargaron de relajar a Lily, aclararle que James había quedado inconciente tantas veces en su estadía en Hogwarts, que una más, no sería un problema. James pasó toda la noche en la enfermería, Madame Pomfrey se había encargado de reconstruir huesos, aliviar sus moretones y cuando al fin despertó a las cinco de la mañana, retarlo como siempre lo hacía.
- Ya verás cuando tu madre se entere – alegó la joven enfermera – siempre soy yo la que debe avisarle de tus locuras.
Madame Pomfrey le dio una serie de pociones para impedir el dolor, activar su recuperación y por último, una poción para dormir sin sueños, gracias a la cual despertó cuatro horas más tarde con la espalda de Lily Evans en a su vista.
- Remus, si te juro que se cayó por mi culpa, ¿Cómo no me voy a sentir mal? – oía que decía la chica.
- Lunático – dijo James despertando somnoliento y aun drogado por las pociones medicinales – déjame con Lily solos.
Remus sonrío a Lily burlonamente y se despidió, dejando a los tórtolos juntos.
- Buenos días, James – saludo la chica sonrojándose - ¿Cómo te siente?
- Pésimo – afirmó el chico mirándola fijamente a los ojos viendo como a la pelirroja le temblaba el labio inferior de pena – Me siento horrible.
Lily se sentía como la peor persona del mundo y se lo estaban recordando, diciéndoselo a la cara, como no esperaba que el chico lo hiciera. Pero sabía que se lo merecía, debió ser más responsable, él la salvó de caerse, pero gracias a lo mismo cayó al suelo.
- No sabes cuanto lo siento, James – sollozó la chica mientras se lanzaba a abrazarlo, te juro que pensé que estabas muerto. Madame Pomfrey dice que ya vas a estar mejor. ¡Lo siento!
- Lily – le detuvo el chico aun algo drogado por las pociones - ¡Lily! – gritó nuevamente al ver que la chica seguía hablando rápidamente pidiendo perdón - ¡Lily, no me siento horrible por la caída!
- ¿No? – reaccionó la pelirroja.
- No – repitió el chico incorporándose en la camilla – me siento horrible porque en toda la cita, que fue perfecta para mi, no pude hacer esto.
James puso su mano sobre la de Lily y se acercó rápidamente, para darle un suave beso, que Lily, luego de haber reaccionado algo tardía, correspondió. James sabía a poción medicinal, mientras que Lily sabía a cafeína que la mantenía despierta, era un beso disfuncional, en la camilla de la enfermería de Hogwarts, pero sin duda, era un beso perfecto para James Potter y Lily Evans.
- ¡Por Merlín! – gritó la enfermera – Señorita Evans, por favor fuera de aquí, vaya a preparar su bolso para irse del castillo y permita descansar al señor Potter.
Lily, que ya se había separado de James, no entendió mucho lo que dijo la enfermera, pero sin decir una palabra se fue confundida a la sala común, mientras James seguía sonriendo.
- Tienes una cara de felicidad, Lils – se río Mary que hechizaba sus objetos personales para que entraran en su baúl – de seguro Potter tiene que ver con eso.
- Nos besamos – informó la chica, sin poder contener la sonrisa de la cara, que ya le entumecía las mejillas.
Mary se pasó toda la tarde molestando a la pelirroja y ordenando las cosas de la habitación, odiaba tener que meter todo en su baúl, no solo era aburrido, sino que sentía que muchas cosas perdía importancia y terminaría botando la mitad de sus cosas, era como mudarse de una casa cada año.
- Remus me dijo que James estará para la cena de despedida – dijo la pelirroja animadísima – los chicos fueron a verlos cuando yo me fui.
- No puedo creer que ustedes dos estén de novios.
- Bueno, novios, así como novios, no lo sé – se complicó la pelirroja asegurando las botellas de sus pociones – aun no me lo pide.
- A ver, se besan, salen juntos, se quieren, no dejan que salgan con otros – enumero Mary divertida - ¿Qué son si no novios?
- Cuando él me lo pida, yo aceptaré – se dijo la chica más para si misma, que para otra persona – pero debe pedírmelo, yo no puedo suponer que soy su novia.
Terminaron de ordenar sus baúles, su lado de la habitación y se despidieron de sus compañeras de cuarto. Una de ellas odiaba a Lily por estar con James, pero sabía que mucho no podía hacer. Bajaron a la sala común y Lily se encargo de responder preguntas de los de primero, que por ser su primer año, no sabían si, en el caso de dejar algo olvidado en el castillo, si podían encontrarlo el próximo año, pero que era muy difícil que pasara.
- Es hora de irse al Gran Comedor – anuncio Lily a los de primero y todos los alumnos – No querrán llegar tarde.
Mary se fue antes de la pelirroja y Remus llegó para ayudar a guiar a los alumnos, los fantasmas se despedían de los alumnos, Pevees aprovechó de hacer las últimas bromas del año escolar y los de Slytherin aprovecharon de gritarle cosas a los de Gryffindor como siempre.
El gran comedor no estaba decorado como los otros años, no había ganado ninguna casa, por respeto a los fallecidos de aquel año, no se pudo terminar tampoco la copa de quidditich y por lo mismo los puntos no se sumaron.
- Un año más a pasado – dijo Albus Dumbledore cuando Lily ya estaba junto a Mary y buscaba a James por todos lados – Y debo recordarles que tengan cuidado, ya no estamos a salvo, este año tuvimos que lamentar la muerte de alumnos y sus familias – todos se estremecieron, hace ya un tiempo que no se hablaba del tema - aprovechen a sus familias y amigos – miró con los ojos celestes y vidriosos a la casa de la serpiente – porque hay algo más importante que el poder que nos da la magia y es el amor, que es más poderoso que cualquier cosa.
Sin decir más Albus aplaudió y aparecieron platos rebosantes de comidas, nadie supo si podía comer luego de las impactantes palabras del director, pero luego de unos minutos de silencio todos comenzaron a cenar como de costumbre, Lily le preguntó a Sirius, dónde estaba James, pero este le dijo que estaba haciendo los últimos exámenes de salud.
- Madame Pomfrey me contó que te echó de la enfermería, Evans – aprovechó de burlarse Sirius – no me lo esperaba de ti.
Todos rieron con ganas, mientras Lily se sonrojaba y comía el puré de patatas que se había servido.
- Supongo que hablan de mi, ¿verdad? – preguntó la voz de James justo detrás de la chica – permiso, me sentaré aquí.
Sin más, James se sentó junto a Lily y le plantó un beso en los labios, dejando celosas a la mitad de las chicas de Hogwarts. Sin esperar más respuestas se sirvió un gran asado de cerdo, con patatas cocidas. Alego que Madame Pomfrey no lo había dejado comer en todo el día y que lo único que quería era comer hasta morir de gordura.
La cena transcurrió normal, James tomaba de la mano a la pelirroja de vez en cuando, mientras reía con sus amigos de las cosas que harían en el verano, Mary le contaba a Lily que ya le habían arreglado la habitación para que sea toda de ella y que a la vuelta tendrían que tomar un taxi para ir a casa, porque sus padres estaban de viaje.
La Familia de Mary era mitad muggle, mitad maga, su padre había visto a su madre sentada en una banca de una plaza mientras hablaba con un gato que pasaba por ahí. El promitente empresario había decidido que debía tener una cita con aquella alta y hermosa muchacha. Luego de ser rechazado por la extraña mujer, el gato de la muchacha saltó sobre el hombro de la muchacha y le lamió su oreja y sin que el hombre entendiera, la muchacha acepto su invitación a almorzar.
A los dos meses la muchacha le confeso su pequeño don al empresario, que quedó más maravillado que asustado y así luego de dos años de relación tuvieron una hermosa hija, Mary.
- Es hora de irse – guiaba Lily junto a Remus a los alumnos de Gryffindor – no se atrasen o el tren los dejará.
Lily y Mary se sentaron solas en uno de los últimos vagones, subieron sus baúles y se recostaron como lo hacían todos los años. Cerraron con magía su vagón y se pusieron a conversar.
- ¿Estás conciente de que ya somos mayores de edad? – gritó Mary mientras comía una paleta de aniz que le había comprado a la señora del carrito – Podremos hacer magia en casa.
- Y podemos aparecernos – dijo animada Lily – no puedo creer que solo nos quede un año para salir de Hogwarts.
- Y ser grandes – suspiró Mary.
- Pero siempre juntas – agregó Lily.
- Claro, ahora que tienes a Potter, no tendrás tiempo para mi.
- No seas tonta, Mary, cuando tu estabas de novia, seguimos siendo amigas.
- No me recuerdes a ese imbécil – le rogó Mary llevándose la mano en la frente – quiero estar sola por siempre, o encontrar a un hombre maduro, inteligente, que me de seguridad y claro, millonario.
- No quieres nada – río Lily.
- Por eso voy a estar sola – decidió Mary entre risa y seriedad – hasta encontrar alguien que de verdad valga la pena.
- Debiste haber conquistado a Remus, harían linda pareja – comentó Lily imaginándoselo – pero Matilda me cae bien, así que perdiste.
Pasaron el resto del viaje conversando estupideces, todo lo que harían en la casa de Mary, como hacer tartas de calabaza a las tres de la mañana, o asustar a los vecinos muggles. Tenían tantos planes para esas vaciones que ni todo el largo viaje a casa logró contener todas sus ideas.
- Ya casi llegamos – se oyó desde los pasillos del tren.
- Primeras vacaciones sin mi familia – suspiró Lily vestida como muggle al bajar del tren con la maleta.
- Y las primeras vacaciones conmigo – le gritó James que bajaba justo después de ella y la abrazaba – espera mi lechuza, ¿ya?
- Claro, James – dijo Lily sonriendo y dándole un suave beso en la mejilla – más te vale que me llegue esa lechuza.
- Créeme que te llegará – James le apunto hacía la derecha – porque ellos querrán conocerte.
Lily vio a una pareja ya mayor que hablaba animadamente en la estación, era inevitable saber quienes eran, los Potter, esa sonrisa encantadora, un cabello que aunque canoso era revoltoso y esa mandíbula marcada que le recordaba a James.
- Mis padres te querrán conocer – agregó James al ver que Lily se ahogaba sin explicación – me voy, mi vida.
Sin más que un beso en la frente, Lily vio como James y Sirius se acercaban a los ancianos y desaparecían por los ladrillos de la estación.
- Me va a volver loca – dijo la chica mientras se despedía de Remus, Matilda y todo aquel que se le cruzaba - ¿Vamos?
Las chicas pasaron por la pared de ladrillos que las llevaba a la estación muggle, entre la plataforma nueve y las diez. El lugar estaba abarrotado de gente, podían identificar muggles, de magos, por sus ropas, su actitud y lo que hablaban.
- Te juro, Lils, aun no sé como los muggles nunca han encontrado a los magos – comentó la chica indicándole que debían salir de la estación.
- En especial, por que algunos no saben vestirse – agregó la chica apuntando a un padre mago que llevaba una falda hasta las rodillas color negro y una camisa a cuadrille roja – pero bueno, también hay muggles locos.
Mary hablo con un taxista y le indicó a Lily que se subiera, se fueron silenciosamente en el taxi, le encantaba Londres por la noche, era como mágico con todas las luces prendidas y los rojos obnibuses que pasaban cerca del taxi. Ya había ido a la casa de Mary antes, la casa era una envidia para cualquiera, en pleno centro de Londres era una mezcla entre el mundo muggle y la magia.
- En la esquina, por favor – detuvo Mary al taxista luego de unos minutos de viaje y cancelándole el viaje – muchas gracias.
- A ustedes – agradeció el taxista deteniéndose y ayudándoles con el equipaje – Buena noches.
Vieron como el taxista se largaba y ambas chicas subieron las escaleras que daban a una hermosa puerta de roble, de una magnifica casa color verde escuro, en pleno centro de Londres.
- Bienvenida a mi humilde hogar – dijo Mary abriendo la puerta y pasando a un lujoso comedor – siéntete, literalmente, como en tu casa.
oOo
Compensando la demora del capítulo anterior, les dejo este pequeño capítulo que espero les guste
Si, ya se acabo el año escolar y James y Lily, aunque juntos, no son novios oficiales.
Pero no se preocupen, ya no queda nada, para que ocurra.
Muchas gracias por sus comentarios, me alegran los días, espero más comentarios, para subirme el autoestima
y seguir escribiendo con ganas, pero ya saben, aunque tenga un solo lector, seguiré escribiendo por ese lector.
Simona
