Ryan escuchó un ruido extraño y levantó la cabeza del manual que estaba ojeando. Parecía que venía de cerca. Se levantó y comenzó a recorrer los pasillos, con curiosidad. La biblioteca estaba prácticamente vacía, todo el mundo había preferido quedarse en sus habitaciones después del ataque, ¿quién podría ser? No tardó en encontrar la respuesta a su pregunta. En el último pasillo de la biblioteca, hecha una bolita y sentada en el suelo, había una figura pequeña, con el pelo rubio echado sobre la cara. Sollozaba levemente y temblaba un poco.
- Perdona, - Se atrevió a decir. – ¿estás bien?
La chica levantó entonces la cabeza y sus ojos se encontraron. Cassiopeia Malfoy.
- ¿Tú qué crees? – Replicó, fulminándolo con la mirada. – Menuda pregunta absurda.
- Los Ravenclaw sois un poco impertinentes, ¿lo sabías?
- Es que cuando ves a una persona llorando es obvio que no está bien. – Negó con la cabeza. - ¿Y tú quién eres?
- Joder, creía que era algo más famoso. – El rubio sonrió de medio lado. – Ryan Fortescue, soy…
- Ah, sí, ya sé. El amigo de Chad. – Lo cortó.
- ¿Conoces a Chad y no a mí? – Frunció el ceño sin poder evitarlo.
- Por Leah. – Murmuró. – Yo soy…
- Cassiopeia Malfoy. – Terminó de decir él. – Conozco a tu hermana.
- Solo Cassie.
- Ya que preguntarte si estás bien es absurdo, cambiaré mi pregunta. ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
- ¿Puedes conseguir que no intenten matar a mis padres? Bueno, y al resto de mi familia a ser posible. Porque si no puedes, entonces no.
- Vale, creo que lo mejor será que me vaya, no quería molestarte. – Ryan suspiró. Si lo hubiera sabido, no se habría acercado a hablar con ella. – Siento la interrupción.
- No… - La rubia se levantó. – Perdona, creo que he sido un poco borde.
- Bastante, más bien, pero creo que entiendo cómo te sientes.
- No, no lo entiendes y no me gustaría que lo entendieras. – Cassie se mordió el labio antes de seguir hablando. – Nadie se merece esto, ni siquiera esa gente.
- ¿No los odias? – Preguntó, extrañado.
- Odiarlos no sirve de nada. – Se encogió de hombros. – Lo único que quiero es detenerlos para poder recuperar mi vida.
Ambos guardaron silencio. Ryan notó una pequeña punzada en su pecho. Nunca se había planteado aquello, que no los odiaran ni les desearan algo malo. Tampoco se había parado a pensar en el daño que les hacían a los demás. A ver, no era estúpido, había estado en los ataques de Jane e Ingrid, pero para él todo se acababa con ellos. No había imaginado jamás que vería dos ojos marrones claros anegados en lágrimas y cargados de desesperanza mirándolo y diciéndole aquello. No tenía ningún sentido, ni siquiera él lo entendía. ¿Por qué de repente se arrepentía de lo que hacía? ¿Por qué parecía que era la primera vez que se daba cuenta de lo que sucedía realmente?
- Cassiopeia…
- Te he dicho que me llames Cassie.
- Me gusta más Cassiopeia. – Replicó el chico.
- Pero a mí no. – La Ravenclaw se cruzó de brazos. – Solo me llaman así mis padres cuando están enfadados por algo y mi abuelo Draco.
- ¿Siempre estás tan a la defensiva?
- ¿Y tú eres así de idiota siempre u hoy es un día especial? Por Merlín, los Gryffindor sois insoportables a veces.
- Está bien, me marcho y te dejo sola. – Bufó un poco. – Ni que creyeras que fuera a hacerte alg… Oh. – Ella apartó la vista y él guardó silencio. Recordó lo que había escuchado, lo que le había pasado a la chica con su anterior novio. – Lo siento.
- No quiero que me tengan pena, no quiero tu compasión ni la de nadie. – Sus ojos volvieron a encontrarse y él se fijó otra vez en lo bonitos que eran.
- No voy a dártela, Cassiopeia.
- ¿Ah, no? – Enarcó una ceja, sorprendida. No estaba acostumbrada a eso.
- Claro que no, no creo que tú la necesites. Pareces una chica fuerte, además, él fue un capullo contigo, tú único error fue tener buen corazón. No deberían sentir lástima por ti, eso lo único que hace es que te sientas peor. – Se atrevió a acercarse un poco a ella, que volvió a desviar la mirada de forma nerviosa. – No fue tu culpa.
- Eso ya lo sé. – Susurró ella. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse, el chico se dio cuenta de que los de ella estaban cargados de fuerza y determinación. – Aunque poca gente entiende cómo me siento.
- ¡Eh!
Aquel grito hizo que ambos se separaran y Ryan se girara. Al principio del pasillo estaba Orion con cara de pocos amigos. Avanzó rápidamente hacia ellos y se colocó junto a su hermana pequeña.
- Largo de aquí, Fortescue. – Le dijo al chico, fulminándolo con la mirada y agarrando el brazo de la chica con fuerza.
- No hace falta ponerse así, Malfoy. – Sonrió de lado antes de fijar su mirada en la chica. – Ya nos veremos, Cassiopeia.
- Es solo… - Ella suspiró. – Mira, de igual. Adiós, Ryan.
El Gryffindor se fue y solo entonces Orion aflojó su mano sobre el brazo de su hermana. La miró con preocupación y nerviosismo.
- ¿Estás bien? – Le preguntó.
- Claro que sí. – Ella arrugó la frente. – ¿Qué pasa?
- No quiero que te acerques más a ese.
- ¿Qué?
- Lo que oyes, Cassie, no quiero volver a verlo cerca de ti. – Respondió él. – Si se te acerca, tú mantenlo a raya y aléjate lo más rápido que puedas.
- ¿Crees que después de Ed tengo ganas de liarme con algún otro chico, Orion? – La Ravenclaw negó con la cabeza. – No tienes de qué preocuparte.
- No lo digo solo por eso. – Suspiró. – Tú solo hazme caso.
- ¿Por qué más lo dices?
- Por cosas.
- Orion, ¿qué me estás ocultando? ¿Qué sabes de Ryan que yo no sé? – Insistió Cassie.
- Ya lo descubrirás.
- ¿Cuándo vas a darte cuenta de que soy mayor?
- No lo eres.
- Si no me lo dices, no te haré caso. – Se cruzó de brazos y miró a su hermano con determinación. – Tú decides.
- ¿Me estás chantajeando?
- Básicamente. Soy una Malfoy, ¿no?
- Por Merlín, tienes que pasar menos tiempo con el abuelo y dejar de robarme las frases.
- Lo que tú digas. – Cassie sonrió de medio lado. – Y ahora, habla, hermanito.
- Ryan es uno de ellos.
- Espera, ¿sabéis quiénes son? – La rubia abrió mucho los ojos. – ¿Por qué no se lo habéis dicho al director?
- Porque queríamos tomarnos la justicia por nuestra mano. – Susurró. – Cassie, no digas nada, por favor, pero aléjate de él. Por tu propia seguridad.
- Tranquilo, lo haré. – Asintió. – De todas formas, apenas hemos hablado, me escuchó llorar y vino a ver qué me pasaba.
- ¿Estabas llorando? – La miró con preocupación. – ¿Por mamá y papá?
- Estoy preocupada, no he podido evitarlo. – Dejó que él la abrazara y se relajó. – ¿Tú crees que todo saldrá bien?
- Tú no te preocupes por nada, al final se arreglará. – Le dijo. – Lo haremos lo mejor que podamos.
- Te quiero, Ori.
- Y yo a ti, pequeñaja.
Dan esperó junto a la puerta de la Sala Común de Gryffindor hasta que vio a su hermana y Lyra salir. Las había oído decir que tenían que hacer el trabajo de Pociones y que iban a bajar a las mazmorras para poder hacer la poción con tranquilidad y sabía que era su oportunidad. Cuando las dos chicas se fueron, él pronunció la contraseña y entró al salón. Vio a Kate y Angela sentadas en un sofá y las llamó.
- ¿Qué haces aquí, Dan? – Preguntó la mayor de los Wood. – Leah acaba de irse.
- No la busco a ella, sino a… - No terminó la frase, vio al chico bajando las escaleras y señaló hacia allí con la cabeza. – Creo que ya lo he encontrado.
- ¿Quieres hablar con Chad? – Angela arrugó la frente.
- No le digáis a mi hermana que he estado aquí.
Las dos chicas asintieron y él les dedicó una sonrisa antes de dirigirse hacia el moreno, que palideció un poco al verlo allí. Recordó las palabras de Leah: "Mi hermano lo sabe, no sé cómo, pero lo sabe. He intentado guardar el secreto, le he dicho que no pasaba nada raro contigo, pero sé que no me ha creído"; y un estremecimiento le recorrió. Sabía a lo que había venido.
- Crawford, ¿tienes un momento? – Le preguntó sin rodeos. Él quiso decirle que no, pero no se le ocurrió ninguna excusa creíble.
- Yo… Sí, claro. – Accedió finalmente. – ¿Qué quieres?
- Mejor acompáñame, hablamos fuera.
Dan lo cogió del brazo, lo sacó de la Sala Común y lo condujo hasta un balcón. El Gryffindor estaba cada vez más nervioso, no debería haber aceptado ir con él. Los dos se apoyaron en la barandilla, en silencio, sin saber muy bien qué decir.
- ¿Qué quieres de mi hermana? – Se atrevió a preguntar el menor de los Potter por fin.
- ¿Esta es una de esas charlas de hermano mayor a novio? – Contestó el otro, dibujando una sonrisa burlona en sus labios. – Porque, te recuerdo, Leah y yo no estamos saliendo y, además, ella es la mayor.
- Solo por diez minutos, pero no es nada de eso. – Dan lo encaró y le dedicó una mirada firme y decidida. – No sé si eres de esa organización, pero estoy prácticamente seguro de que sí y no me hace ninguna gracia que tengas acceso a mi hermana.
- ¿Por qué crees eso, Potter?
- Porque Leah puede engañar a todo el mundo menos a mí. Soy su mellizo, la conozco como a mí mismo. Cuando me di cuenta de lo que pasaba quise hablar con quien hiciera falta y hacer cualquier cosa necesaria para mantenerte lejos de ella, pero después pensé que Leah no es tonta y que si sigue contigo es por algo así que decidí venir a tener una pequeña conversación contigo. Quiero saber por qué estás haciendo esto y, si mientes, lo sabré así que lo mejor será que no lo hagas.
Ambos guardaron silencio unos instantes, Chad estaba pálido y miraba el horizonte sin saber bien qué decir. Lo habían descubierto, Dan Potter sabía la verdad y él no sabía qué hacer. Finalmente, se atrevió a romper aquella tensión, aunque su voz fue únicamente un murmullo.
- Jamás le haría daño.
- ¿Esperas que te crea? – Negó con la cabeza. – ¿Qué quieres de ella, Crawford?
- Yo nada, te lo juro. – Contestó antes de suspirar. Sabía que no tenía escapatoria, tendría que contárselo todo. – Empecé con ella antes que con esto y ahora mismo quiero lo mismo que tú: protegerla.
- ¿Por qué debería hacerte caso?
- Porque la quiero. – Confesó en un murmullo. Dan lo miró, sorprendido, y él se encogió de hombros. – Estoy enamorado de Leah y no dejaré que nadie le haga daño.
- La quieres…
- Sí. – Chad sonrió levemente. – Tú sabes lo que es estar enamorado. ¿No harías cualquier cosa por Alex?
- Pero ya la dañas perteneciendo a ese grupo.
- ¿Te crees que es fácil salir de esta mierda? – Negó con la cabeza. – Además, tengo mis motivos para querer revelar el secreto. No me gustan los muggles, no creo que lo que hagamos sea tan malo, aunque no estoy de acuerdo con los métodos.
Volvieron a guardar silencio, sin saber cómo seguir aquello. Dan estaba en estado de shock. Chad quería a su hermana, le había dicho que estaba enamorado de ella y no parecía estar mintiendo. Y él sabía que ella lo quería a él. Aquello era un auténtico desastre, no podía ni imaginarse cómo debía ser eso. La imagen de Alex apareció entonces en su mente. Él no sabía qué haría si ambos estuvieran en bandos contrarios. Suspiró. Por mucho que quisiera, no podía hacer nada por Chad y Leah, ellos eran quienes debían aclararse, pero todavía podía hacer algo por la pelirroja. El Gryffindor tenía razón: haría cualquier cosa por ella.
- No sé si esto servirá de algo, pero ni se os ocurra tocarle un solo pelo a Alex.
- Ya te he dicho que no estoy de acuerdo con los ataques, pero yo no decido nada. – Murmuró Chad. – Sin embargo, haré todo lo que pueda. Sé que si le pasara algo a ella, sería como si te pasara a ti y, si te pasara algo a ti, como si le pasara a Leah.
- Entonces, ¿trato? – El Slytherin le tendió la mano. Sabía que estaba siendo un egoísta al garantizar únicamente la seguridad de su novia y su hermana, pero no podía evitarlo. Tenía que salvarlas como fuera, eran las dos personas que más quería en el mundo.
- Trato. – El otro se la estrechó.
- Pero si le pasa algo a cualquiera de las dos, tendré que tener una seria conversación con mi hermana y plantearme si contarle o no a los demás lo tuyo.
- Tranquilo, Potter, haré todo lo que esté en mi mano para que tanto Alex como Leah estén bien.
