Capitulo 55
Raymond avanzó con cuidado, llegó hasta donde dormía la muchacha y sacó la daga del bolsillo de la sudadera, cuando volvía con su amigo tropezó con la silla provocando que algunas cosas cayeran de la mesa.
Ese ruido fue suficiente, el monstruo dejó escuchar un grito similar a un siseo abriendo su descomunal boca, comenzó a andar hacia la choza.
—¿la tienes?— le urgió Egon alejándose de la ventana, los chillidos del animal eran ensordecedores y despertaron a Venkman.
—¿ahora que?— gimió fastidiado, alcanzó a tirarse a un lado cuando el monstruo derribó parte de la pared de palma a su lado, acercándose amenazadoramente a la muchacha que no despertaba —¡alguien encárguese de ella!— gritó evitando un golpe que lanzara el invasor, su esfera se había destrozado y efectivamente no parecía sufrir daño alguno al respirar aire fresco.
Egon salió corriendo de la choza, abrió la camioneta y tiró de una de las mochilas, le pareció una eternidad el tiempo que tardó en ajustarla a su espalda y volver a la choza donde se escuchaban golpes y objetos rompiéndose.
Al entrar vio a Raymond empuñando la daga y cubriendo a Silvana que seguía inconsciente, tiraba golpes imprecisos que no tocaban la negra y viscosa piel.
—¡aléjense, sáquenla de aquí!— ordenó encendiendo el equipo, Peter saltó una de las camas y jaló a Sy de un brazo mientras Ray tiraba también de ella – ¡no se si sea un demonio pero necesito una trampa!— gritó a sus amigos, el rubio todavía arrastrando el cuerpo inerme de Silvana salió de la choza, Peter le lanzaba al monstruo lo que encontraba a su paso, tenía que distraerlo.
—¡heeeeey sardina!— alcanzó a golpearle con un recipiente —¡entra ahí que voy a hacerte estofado!— le lanzó algunos platos, Raymond entró con la trampa.
—¡Ahora Spans!— avisó mientras lanzaba el equipo a los pies del ser, al recibir el impacto de los rayos de protones de nuevo dejó escuchar el chillido que les erizó la piel —¡apesta a pescado quemado!— se quejo al momento en que pisaba el sistema de apertura.
No s esperaban la reacción del monstruoso ser al atraparlo.
Los rayos obligaron a la bestia a replegarse, falseo un paso y resbaló quedando dentro del haz de luz proveniente de la trampa, chillaba y se retorcía al quemarse con la radiación que le inmovilizaba; un impulso de energía hizo levitar al cuerpo arqueándose de dolor.
Trozos de carne carbonizada cayeron al piso, por unos segundos vieron la piel blanca de una persona, la tosca cara crujió y se partió como una mascara dejándoles ver el gesto agonizante de Martina.
—¡Spengler es Dubois!— le alertó Raymond —¡Detente!—
—¡No puedo detener el proceso!— contestó su amigo aguantando el reflejo de apagar el equipo, fueron fracciones de segundo pero para los testigos fue casi una eternidad.
Con sobrenatural dramatismo el cuerpo de Martina se derrumbó a un lado de la trampa, una sustancia blanca y vaporosa salió de su boca abierta en mudo grito de dolor, la luz le absorbió aunque no se cerró, inmediatamente después una figura serpenteante y negra salió también de entre los labios abiertos, retorciéndose en el aire también fue capturada. En ese momento la tapa se cerró, la alerta se encendió indicando que habían logrado atrapar algo.
—¡¿Qué diablos?!— Peter se acercó cauteloso al objeto que pitaba encendiendo las luces, propinándole una ligera patada lo giró —¿Qué fue eso?—
—Revisa a la chica— le ordenó Spengler levantando la trampa— debe existir alguna manera de liberar su esencia— murmuró colocándola en la mesa; Raymond entró a la choza con Silvana trastabillando.
—¡por fin despertó la bella durmiente!— graznó Peter —¡tienen muchas cosas que explicarme, les doy tres minutos para hacerlo!—
Sin otra opción, Ray comenzó a relatarle los descubrimientos hechos desde que llegarán a la Ciudad de México ya casi mes y medio atrás; cuando concluyó un silencio pesado envolvió el ambiente; amanecía cuando Ahharu apareció bajo el dintel de la puerta, dio un paso dentro de la choza y se percató del cuerpo tirado a un costado cubierto por una manta.
—¿a quien enviaron?—
—Es Dubois, suponemos que Seretta fue asesinado o convertido en una cosa similar— respondió Egon—¿averiguaron algo?—
—Sacrificaron a todos los secuestrados— confirmó sin inmutarse –Baal y Samael revisaron el lugar aprovechando que el enemigo descansaba—
—¿Cuántos niños?— murmuró débil Silvana.
—doscientos seis— contestó Ahharu inclinándose sobre Dubois –la mujer no está muerta— confundido vio a los humanos —¿Por qué la dejan así?—
—¿Qué más da chupasangre?— molesto Peter intervino –la matamos, sacamos su alma y la tenemos confinada en esa caja junto con el monstruo que la poseía—
—¿la tienen ahí?— incrédulo tomó la caja en sus manos agitándola curioso.
—si, y a menos que sepas como matar al monstruo y reintegrar el alma al cuerpo, te sugiero no abrirla— resopló Ray, la sensación de haber matado a una persona inocente apabullaba totalmente a los cazadores.
—¿eso les preocupa?— Ahharu dibujo una sonrisa burlona y presiono el botón que improvisara Egon, la trampa se abrió con un pitido y la luz iluminó el lugar.
Dentro del brillante haz la esfera y la serpiente flotaban ingrávidas, esta última repto en el aire buscando escapar y el demonio la tomó con su mano izquierda, comenzó a apretar con tanta fuerza que la partió a la mitad. Dirigió su atención a la esfera y con sumo cuidado la tomó con la mano derecha, la puso sobre la boca abierta de Martina, la impulsó dentro de la garganta con su aliento y cerró la boca rápidamente.
—¿va a vivir?— un toque de esperanza brilló en los ojos de Raymond, Ahharu terminaba de revisar el cuerpo.
—no— en ese momento la mujer se contorsiono dolorosamente, unas lagrimas surcaron sus ojos cerrados y dejó escapar un suspiro de alivio quedando inmóvil de nuevo –ustedes necesitan del corazón para vivir— le señaló la cicatriz fresca en el pecho –ella no lo tiene— chasqueo los dedos y una flama azulada envolvió el cadáver convirtiéndolo en cenizas en menos de un minuto –no se preocupen, ya está descansando—
—¡Descansando! ¡Tan sencillo!— gritó furioso Peter —¡Esta niña lleva años aguantando a un malnacido que la tortura todos los días!— señala el espacio donde yaciera Martina —¡Esa mujer no la conocí, pero era joven y no merecía una muerte así!—
—Peter cálmate— Ray intentó controlarlo más se zafó de su mano.
—¿Calmarme?— bufo enojado— estos juegan a las guerritas y no consideran a quienes dañan— señaló furioso a Ahharu — ¿Cuántos años tienes? ¿Mil, dos mil?— soltó una carcajada sarcástica –el tiempo que sea no se compara con el tiempo que nosotros vivimos, caemos como moscas y ustedes solo juegan a la guerra—
—Tratamos de controlar una rebelión— respondió el joven demonio sin inmutarse –Nosotros no comenzamos nada, fue Ah Puch, él hizo prisionera a Nahama, él es quien daño a la niña y mató a esa mujer, él bebió la sangre de esos niños… ¡no fuimos nosotros!— dio un paso amenazador hacia Peter, Silvana lo detuvo.
—¡Ya basta ustedes dos!— gritó haciendo acopio de fuerzas —¡se supone que estamos en el mismo bando!— mareada trastabillo, el vampiro la detuvo a tiempo evitando que diera con su humanidad en el suelo de tierra.
—Lo siento— musitó Peter –solo… apenas tengo dos días aquí, no he tenido tiempo de entender todo esto—
—Esta noche atacamos— interrumpió Egon, necesitaba cambiar el rumbo de la discusión –Baal, Botis y Andras marcaron los sitios donde vamos a colocar las trampas—
—Aproximadamente al atardecer se van a reunir— continúo Raymond visiblemente afectado –nena, lo siento pero vas a tener que presentarte—
—Si, te entiendo— murmuró sonriéndole –tengo que cumplir con mi parte— se encogió de hombros –no se como pero algo tengo que hacer—
El amanecer iluminó el lugar, el hijo de Lilith desapareció para darles un espacio y dejarlos organizarse mientras repartían los equipos existentes entre ellos.
—Antes de irnos necesito saber que trato hiciste con ella— discretamente Raymond se acercó a Egon mientras Sy y Peter se preparaban con las trampas.
—Es solo por sobrevivencia Raymond— contestó entre dientes –no puedo asegurar nada en este momento, solo sé que Silvana no va a morir—
—¿y tu?— tragó saliva —¿nosotros?—
—Lo ignoro— se encogió de hombros –depende mucho de cómo vayan dándose las cosas— terminó de ajustarse la mochila –confía en mi, hice un buen trato con Lilith—
—¿trato o pacto?—
—un trato, solo eso— sonrió dándole una palmada en el hombro –confía en mis decisiones—
—esta bien— le devolvió la palmada –cuídate Spans, si algo me pasa…—
—lo se, y mi petición es idéntica, cuídalas mucho— sin más dio la vuelta llamando a Venkman y a Silvana dejando un poco confundido a su amigo.
Por instrucciones del joven demonio echaron a andar internándose en la selva, el calor aumentaba y los tres hombres se esforzaban por aguantarlo con las mochilas y el equipo encima dificultándoles el avance; la muchacha se quedó rezagada, debía esperar a que instalaran las trampas para entrar en escena.
La luz del sol comenzaba a pintar de dorado las palmas y matorrales, sin necesidad de que alguien le diera indicaciones Silvana comenzó a andar hacia donde horas atrás se internaran sus amigos.
No se escuchaba siquiera el rozar de las hojas por la brisa, el calor caía a plomo sobre ella por lo que sudaba copiosamente, la ropa deportiva aunque ligera se le adhería incomodándola; por un segundo creyó escuchar algo, se detuvo y palpo con discreción la daga oculta en su ropa, posiblemente Fernando o la misma abuela enviarían a alguien a buscarla, procuró no mover ni un musculo y de nuevo echo a andar cuando constató que estaba sola.
Las ramas rotas y las hojas rasgadas le marcaban el camino, sus amigos no habían sido muy cuidadosos y en esa situación donde debían ser discretos, al parecer gritaban su presencia.
Tras varios tropezones y golpes en la enramada alcanzó un espacio despejado, a unos cien metros de donde terminaba la selva se distinguía la vetusta hacienda semiderruida y el caserío humilde que le rodeaba, ni una sola persona o animal de granja eran visibles y el silencio era apabullante. Avanzó con lentitud buscando evidencia de que los chicos ya hubieran tendido las trampas pero no vio nada; suspiró controlando su temor y echó a andar decidida hasta las ruinas del lado más antiguo de la construcción.
Un olor pútrido comenzó a invadir sus sentidos, las moscas zumbaban pegándole en el rostro y los brazos, cuando giró para entrar a lo que sería el atrio de la capilla de la hacienda tuvo que sostenerse del mohoso muro impactada por lo que encontró.
La montaña de huesos era casi tan alta como ella, algunos perros y coyotes se disputaban los que mantenían algún trozo de carne adherido, las aves de rapiña picoteaban la parte superior del montón de restos, obviamente se trataban de restos humanos, de huesos de niños.
El sabor ácido de los jugos gástricos subió a su garganta, retuvo el impulso de vomitar y también el de respirar con fuerza, las moscas la rondaban al grado de quererse meter por sus fosas nasales; caminó hacia la capilla evitando el macabro montón y a los animales salvajes, pasó de lado por una construcción de roca cubierta por helechos y enredaderas que para su mentalidad moderna le pareció un ridículo trono prehispánico y se encontró de frente con la enorme estatua dorada de Ah Puch.
—¿Qué traman tus amigos flaca?— la voz de Fernando hizo eco en la plaza provocándole un salto de sorpresa; lo buscó con la mirada pero no vio a nadie.
—¡Nada!— respondió —¡estoy harta de todo esto, cansada de huir!— gritó y no pudo reprimir un gemido para aguantar el llanto — ¡ya terminen con todo esto por favor!— y se dejó caer de rodillas con los ojos anegados.
—Tus protectores han matado a muchos de los nuestros— la cascada voz de la abuela se dejó escuchar, sonaba triste y con reproche –nunca creí que nos traicionarías, que me traicionarías mi niña—
—¡abuela esto es una locura! ¡Hay que detenerlo en este momento!— Sy no podía dejar de llorar, estaba asustada, quería salir corriendo, no era tan valiente como creyó en un momento dado.
—¡Eres arrogante como esos blancos!— gritó Federico con voz vieja y cansada, la chica buscó con los ojos llorosos pero seguía sin encontrar pistas de donde se encontraban —¡no eres digna de llevar nuestra sangre!—
—¿Qué hay de digno en matar? ¿En asesinar inocentes?— le reprochó a gritos, necesitaba ubicarlos —¿Qué culpa tenían esos niños?— señaló hacia donde se encontraban los huesos.
—Los blancos vinieron a matar, a violar a nuestra gente y a robarnos— respondió el viejo, al parecer se encontraba al lado izquierdo de ella, evitó mirar hacia ese rincón —¡te has entregado a ellos traicionando a tu familia!—
—¡Mi familia me traiciono! ¡Tu no eres parte de mi familia pero los has manipulado!—
—Te rendiste ante el poder de la extranjera— la voz de Angélica llena de odio sonó a su lado —¡yo debí ser la encargada de traerlo al mundo!— gritó furiosa lanzándole un golpe con un extraño artefacto de madera con un trozo de obsidiana negra muy afilada, alcanzó a golpearle en la espalda causándole un dolor tremendo.
Comment
la orquesta comienza a tocar los primeros acordes de esta fiesta.
