7 de Septiembre 1980

7.19 pm.

Crack

El sonido de unas botas de combate estrellarse con un charco, fue el único sonido del lugar. Nadie asomaba su cabeza por las ventanas. Nadie podía ver a los tres encapuchados que acababan de aparecer. Dos figuras altas, y entre ellos, una mucho mas baja y mas delgada. Crack, Crack. Pronto, se comenzaron a escuchar mas ruidos. Mas botas chocando con los charcos, con el lodo, con hojas secas, con las ramitas, el movimiento de sus pies por el césped. Los aurores y la orden estaba llegando. Sus figuras obscuras cubrían los alrededores de Little Hangleton. Hermione inhaló profundamente. Olía a tierra mojada, pasto seco, y a viejo. No sabía por que, pero olía a vejez. Se dispuso a observar su alrededor.

Habían aparecido por todos lados. Los Black, estaban adentrados en el bosque. Saliendo de este, se encontraba el enorme cementerio. Lápidas grabadas con nombres de las muchas personas que había fallecido a lo largo de la historia. Unas se veían rotas y desgastadas, sucias y llenas de lodo. A unas cuantas, el nombre ya se les había borrado. Estaba al pie de la colina de la izquierda. Junto al cementerio, y dando vista al pueblo, estaba la catedral. Se veía hecha de un estilo gótico, con grandes bloques de piedra gris. Tenía al menos seis pisos, pero no era algo muy llamativo. Habían arcos cruzándose diagonalmente en cada planta, que suponían debía de ser muy "clásico" de la construcción. Arcos apuntados, bóveda de crucería, contrafuertes y vidrieras. Habían gárgolas con caras terroríficas sobre los techos, columnas o los arcos. Se veía vieja y en desuso. Para sorpresa de muchos, los ventanales largos y delgados que cubrían las paredes de la iglesia, estaban sucias, pero permanecían de pie. Tenía un campanario al menos diez metros mas alto que la construcción completa, y se podía ver un objeto dorado en la cima. La campana. Del otro lado, otra torre.

Saliendo de la catedral y hacia la derecha, se encontraba el pueblo de Little Hangleton. Casas de todos los colores y estilos, pero modestas y pequeñas. Habían luces encendidas en algunas ventanas y un poco de humo saliendo por las chimeneas. Unos que otros hogares tenían coches viejos en sus puertas. Definitivamente no era un lugar feliz. Los jardines estaban muertos y tristes.

Saliendo del bosque en el que se encontraban, cruzando el cementerio, a la izquierda y al pie de la colina de la derecha, se alcanzaba a ver una mansión salir de entre los arboles. Los productos de la naturaleza rodeaban al hogar, como si fueran una corona de vegetación. Los arboles eran altos y delgados, pero en gran cantidad. La casa estaba hecha de un material muy similar a la catedral. Grandes cuadrados de roca negra, que se apilaban una sobre otra. Tenía cinco pisos, un ático y una chimenea. Se podía ver, que con cuidado, la casa era muy lujosa y hermosa, pero a pesar de su majestuosidad, estaba desgastada, con ventanas rotas y la gran puerta de madera, estrellada. Era muy similar a la mansión de los Malfoy, pero mas pequeña. Habían columnas por fuera, y las ventanas tenían una gran decoración a los alrededores, hecha con piedra.

Finalmente, frente a la mansión, a varios metros y viendo directamente al cementerio, estaba la casa de los Gaunt. Una pequeña casa con puerta de varillas sucias, unas pocas ventanas y solo un piso. Las ventanas estaban cubiertas por tablones de maderas y el techo se podía ver que tenía unos cuantos hoyos. Un verdadero contraste con la casa que tenía junto. Estaba rodeada por una cerca de madera podrida y astillada. El césped que se encontraba dentro, había crecido mucho mas de lo normal. La hierva se enredaba y formaba arcos y flechas para todos lados. Solo un pequeño camino, daba paso a la puerta de la casa. Frente a la casa, un pequeño claro es lo que separaba a las construcciones, antes de conectarse con el resto del pueblo.

Había obscurecido mas rápido, cosa que los beneficiaba bastante. La luna estaba un poco escondida detrás de las muchas nubes que cubrían el cielo obscuro. Parecía que iba a llover, lo cual era extraño puesto que se encontraban en Septiembre. Había un ligero viento frio, que sacudía las túnicas de las personas, al igual que los arboles y el césped.

Hermione alcanzó a ver, que los hombres y mujeres que aparecían, se iban reuniendo con sus equipos y se disponían a caminar a su lugar de posición. Pudo ver a Alice y a Frank, dirigirse junto con Marlene y Hestia Bones, en dirección a la catedral. Iban acompañados de muchos otros magos y brujas que Hermione no conocía del todo bien.

Remus, Dorcas, Fabian, Gideon, Arthur Wesley, Molly y al menos diez encapuchados mas, se escondían en el cementerio, pegando sus pechos al piso y dejando sus varitas en alerta. El silencio era crucial, y lo estaban logrando. James y Lily, se escondieron por los alrededores de la catedral, junto con Diggle, y un mago mayor llamado Thomas Thompson, auror de alto rango. También, seis o siete miembros de la orden los acompañaron. Los demás, se escondían detrás de los arboles o de las grandes piedras que estaban en las laderas de ambas colinas. Otros se dirigieron a la mansión. No parecía suceder nada en Little Hangleton. Una noche normal, común y corriente, como cualquier otra.

Charlus y Moody, se acercaron a los Black, que permanecían en su lugar, esperando la señal de salida.

-Estamos en posición- dijo Moody en un susurro tan suave, que casi no se escuchaba por sobre la pequeña brisa. Su voz, sonando por primera vez calmada y sin gruñir. No había tiempo de pensar en eso. Los nervios de todos estaban por los cielos.

Ninguno dijo nada, solo asintieron comprendiendo, de que todo comenzaría pronto. Hermione sentía la sensación de los nervios crecer dentro de ella. Un mar que la ahogaba en el pecho y le hacía difícil respirar.

-Es hora- dijo finalmente la castaña viendo a Charlus. Su tono de voz había sido muy similar al del auror. Este asintió, con mirada nerviosa. Todos se encontraban en la misma situación. No había ningún sonido. Ni siquiera el de sus corazones latiendo. Solo el viento rozar con las hojas. El señor Potter levantó su varita y la apuntó al cielo. La mirada de los otros cuatro, al igual que del resto de aurores y personas que estaban escondidos esperando por ver el hechizo, se dirigieron a la luz que salió de la punta de la madera. Una pequeña esfera de luz plateada subió velozmente hacia el cielo, dejando un rastro casi invisible de espirales plateados, para después desaparecer. En fracción de segundos, lo que pareció ser la explosión de la esferita de luz, cubrió el cielo. Era casi imperceptible, prácticamente transparente. Solo el pequeño brillo de las orillas es lo que lo indicaba. Era como una tela que se extendía por el cielo, cubriendo lo planeado. Pudieron ver, que se extendió hasta cubrir toda la mansión de los Riddle. Siguió estirándose y cubrió el cementerio y parte del bosque. La luz pasó por sobre ellos, y desapareció. Siguió estirándose para llegar hasta la pequeña choza de los herederos de Salazar Slytherin y la luz bajó para perderse en la tierra, por entre los pocos arboles que estaban detrás. Continuaron viendo la luz, que cubrió el pequeño pueblo y finalmente, se extinguió. Ya no había luz, ya no había salida.

-Que comience el plan- dijo Regulus mirando como se alejaban Moody y Charlus, en dirección al otro lado del bosque, para reunirse con Podmore, Robert y Charis.

Regulus comenzó a caminar con escrupuloso cuidado en donde ponía sus pies, con dirección a la salida del bosque. Sirius y Hermione se miraron unos segundos.

-¿Te quedarás conmigo?- preguntó Hermione en un susurro que solamente fue escuchado por su esposo, gracias a su oído desarrollado.

-Siempre… hasta el final- aseguró en un débil susurro y brindándole una pequeña sonrisa.

Comenzaron a caminar con lentitud y suavidad, tratando de no causar ningún sonido con sus botas. Se fijaban con cuidado donde ponían sus pies, tratando de no romper ninguna vara u hoja. Se reunieron con Regulus, que los miraba desde la orilla del bosque.

Juntos, comenzaron a caminar por el cementerio. El viento movía las hojas secas, que volaban por entre sus pies y crujían con sus pasos. De ves en cuando, sus pies se encontraban con un charco y varis gotitas salían disparadas. Las respiraciones de ambos sonaba controlada y calmada, aunque sus corazones latían a mil por hora. Podían sentir la mirada de todos los aurores escondidos entre las lapidas, mirándolos atravesar a los muertos.

Después de lo que parecieron horas, llegaron a la pequeña reja junto a la catedral, que separaba a las lapidas del valle frente a ellos. Con cuidado y con una mano temblorosa, Hermione abrió un poco la puerta. El crujido que dio, hizo a todos los que lo escucharon erizar sus pieles. Sirius y Regulus inhalaron aire asustados y miraron rápidamente alrededor. Hermione simplemente cerró los ojos, al haber roto el silencio. Dejó escapar un entrecortado suspiro por entre sus labios y terminó de abrir la puerta. El sonido de la reja chocando con la pared de la catedral hizo a todos pegar un pequeño respingo. Las gotas que colgaban del metal, cayeron velozmente salpicando las túnicas negra. La respiración de Hermione fue entrecortada y asustadiza. Sus ojos estaba fijos en la casa a trescientos metros de ella, alumbrada por la poca luz que emanaba la luna. Inhaló aire y lo dejó dentro por unos segundos. No podía perder mas el tiempo con el miedo, debía de ir por el Horrocrux y destruirlo. Pero destruirlo significaba la llegada de Voldemort, y su llegada significaba batalla. Una batalla que para los recuerdos de la castaña, sería brutal y espeluznante. Llena de sangre y Merlín no lo permita, de pérdida.

Alejando estos pensamientos, comenzó a caminar. Si alguien se asomaba por su ventana, vería a tres figuras encapuchadas, caminar sigilosamente por el valle, pero no les daría mucha importancia. Después de todo, lo que sucedía de ese lado del pueblo, no les interesaba mucho. Sirius, al igual que Regulus, mantenían los ojos mirando hacia los lados, buscando alguna señal de movimiento, pero no había nada. No parecía haber vida en ese lugar. Solo el movimiento de los arboles. Hermione, por el contrario, no despegaba su vista de la casa. Su corazón latía fuertemente y con rapidez, y en sus venas fluía su sangre de manera muy rápida, extinguiendo el sonido a su alrededor. En es momento, no escucha nada, mas que el liquido rojo de su interior, surcar todo su cuerpo. Las respiraciones dadas por la bruja eran audibles apenas, pero se escuchaban entrecortadas, inundadas por el miedo. Los minutos pasaron y la distancia se fue acortando.

Llegaron a la cerca de madera. La puerta estaba rota y abierta, dejándoles el camino libre para caminar por el lugar. El primero en ir fue Regulus. Con mucho cuidado puso un pie dentro de la propiedad. Tragó saliva con dificultad. Sabía lo mal que podrían verse las cosas. Después de todo, el sabía de las cosas que Voldemort sería capaz de hacer para proteger un Horrocrux. Dio un ligero suspiro, agradeciendo de que nada hubiera pasado. Dio otro paso. Sentía la mirada de todos los aurores, miembros de la orden, y luchadores de paz. Todos expectantes a lo que pueda suceder. Hermione siguió después. Trató de poner sus pies en las huellas que habían dejado las botas de su cuñado. Con cuidado. Con calma. Sin precipitarse. Tenía la cabeza levantada y solamente veía le piso con los ojos. Su pecho subía y bajaba suavemente, pero sentía los nervios apresar su pecho, su corazón. Tragó saliva. Sirius siguió. Cada paso que daba, imitaba a su esposa. Ponía su pie sobre la huella distorsionada de su hermano. Cada paso que daba, volteaba a su espalda para buscar algún indicio de movimiento, pero siempre fue lo mismo. Nada. Estaban solos, aparentemente. Los tres tenían sus varitas en mano, apagadas. Sus túnicas se enredaban ligeramente en la hierba y tenían que jalarla con mucho cuidado. El sonido sonaba como trompetas, comparándolo con el silencio. Cada vez que uno tenía que desprender la tela del césped, suspiraban atemorizados y tiraban de la túnica. El resto cerraba los ojos con miedo y tensaban su quijada.

Finalmente habían llegado a la puerta de varas. Se miraron. Ojos grises y chocolates se conectaron para asegurarse de que todo estaba bien. El corazón de los Black latía con fuerza golpeando sus costillas violentamente. Tenían miedo, de que el latir de su órgano los delatara. Temían que alguien pudiera escuchar como su cuerpo indicaba lo nerviosos y temerosos que estaban ante la situación.

Con un suspiro, Hermione comenzó a levantar su mano para colocarla sobre la manija de metal oxidado. Estaba a punto de colocar su delicada palma sobre la esfera, cuando la mano de Sirius se cerró violentamente sobre su muñeca. Regulus se tensó y miró a su alrededor. La castaña, asustada, pero sin hacer rudo giró fuertemente la cabeza para enfrentar a su esposo. Sirius subía y bajaba el pecho un poco mas rápido que antes, pero no la miraba. Sus ojos estaba fijos en las manos conectadas. La castaña no podía hacer ningún ruido, así que simplemente tiró de su mano, el deslizamiento causando un sonido de fricción, y puso su mano sobre la manija. De entre sus labios salió un aliento de alivio. Seguía viva. La giró y el seguro se quitó. La puerta estaba ahora entreabierta.

Si antes, los corazones de los tres latían con fuerza, ahora verdaderamente les estaba rogando que lo dejaran libre. El sonido de los músculos moviéndose frenéticamente, contrayéndose y expandiéndose, liberando la sangre con violencia. No había ningún otro ruido en todo el lugar.

Cerrando los ojos, la bruja empujó la puerta. La unión de las varillas con la pared, rechinó por falta de aceite. Un sonido que los congeló y erizó la piel. Les paralizó el corazón y sintieron el alma írseles a los pies. La habitación estaba obscura. No podían ver nada. Mirándose de reojo, optaron por encender sus varitas.

Una fina luz salió de las varitas. Su brillo iluminaba un poco la habitación. La primera en entrar fue la castaña, flanqueada por los Black. Todos miraban cada esquina del lugar. Habían mesas volcadas, al igual que sillas. Tazas de te rotas y regadas por el piso, al igual que cubiertos y otros utensilios. Todo estaba lleno de polvo. Al fondo había una chimenea, llena de telarañas, y a cada lado, había una puerta. el anillo estaría dentro de una de esas habitaciones, estaban seguros. Regulus comenzó a caminar en dirección de la puerta de madera de la izquierda, seguido muy de cerca por los otros dos. La madera a sus pies tronaba y rechinaba por el peso de sus cuerpos y congelaban el aire en sus pulmones cada que eso sucedía. Tragaban con dificultad y trataban de tranquilizar a sus respiraciones animadas. Se miraron en cuanto estuvieron frente a la desgastada madera. Esta vez, Regulus fue el que la abrió. En cuanto estuvo completamente pegada a la pared, rápidamente sacaron sus varitas y las apuntaron al fondo. Su luz iluminaba cada rincón pero no había nadie. Se adentraron con cuidado.

-¿Cómo se supone que lo encontraremos?- cuestionó Sirius en un susurro. Los demás no contestaron, simplemente comenzaron a esculcar las cosas. Regulus se asomaba en los cajones, abriéndolos lentamente para observar su interior y mostrar una mueca al encontrarlos vacíos o con objetos que no eran de su interés. Hermione, abría y cerraba cajas o envases que se encontraban en la cabecera o los burós. El sonido del metal rozar cuando despegaba una tapa de su envase, mandaba escalofríos en la espalda de todos. Sirius, comenzó a buscar en el ropero. Este estaba lleno de telarañas y ropa carcomida por animales. Estaba sucias y desgastadas. Pero no había señales de joyería.

Con un meneo en la cabeza, les indicó hacia la puerta para dirigirse a la otra habitación. Asintieron de acuerdo, y la primera que salió fue Hermione, al haber estado mas cerca de la madera. Para cuando Sirius salió, la castaña ya estaba frente a la otra puerta y con la mano en la perilla. Su pecho subía y bajaba nerviosamente, sus ojos clavados en su mano. Después de unos segundos, levantó la mirada y observó a los dos magos. Podían ver los sentimientos que cruzaban detrás de las esferas chocolates. Pero no había tiempo que perder. Solamente asintieron indicándole a la bruja que abra la puerta para buscar el Horrocrux.

Un aliento entrecortado que salió de los finos labios de la nueva madre, fue el único sonido del lugar. No hubo nada mas. Y sin nada que la detuviera, abrió la puerta.

Las varitas se levantaron para iluminar la habitación, de la misma manera en que lo habían hecho con la otra, pero esta vez, jadearon del susto.

-¿Buscaban esto?- preguntó Lucius Malfoy, sentado en una silla rota, pero manteniendo en alto, el anillo dorado que brilló por la luz de las varitas.

Hermione dio un paso para atrás, completamente asustada y pálida, pero chocó con su espalda con alguien mas. Cuando giró retrocediendo un poco, adentrándose mas a la habitación, pudo ver a dos enmascarados que sostenían a Sirius y Regulus, apuntándoles al cuello con la varita y tapándoles la boca. Abrió los ojos asustada, su mano inútilmente levantada, apuntando a los hombres.

-No es necesario que lo intentes- habló Malfoy, poniéndose de pie y caminando a hacia la castaña. La castaña observó como en un movimiento suave y casi imperceptible, Malfoy se colocaba el anillo en su dedo largo y afilado. Hermione podía sentir a Sirius luchar en el agarre al ver al rubio tan cerca de su esposa, pero estaba fuertemente sostenido. No había nada que pudiera elaborar.

Hermione simplemente no sabía que hacer. Estaba rodeada y Lucius tenía el anillo. Tenía que pensar. Ella era buena en eso. Pensar bajó presión. Cerró los ojos. Piensa Mione, piensa… tu puedes, piensa. Se decía una y otra vez. El pánico la atacó y sintió como si las cuatro paredes comenzaran a encogerse, encerrándolos mas. Calculó sus posibilidades en fracción de segundo. Tenía a dos en la puerta sosteniendo a los Black, y a Malfoy detrás, con el anillo. Una gota de sudor frio se escapó de su cabello y se deslizó suavemente por su cuello hasta perderse en la túnica negra que tenía. Abrió los ojos y actuó.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

7.38 pm

James observó con cuidado como se introducían a la casa de los Gaunt. Estaba sentado en cuclillas recargado en una pared de la catedral. Frente a el se extendían las casas de los muggles que vivían en Little Hangleton. Lo único que podía indicar que el joven se encontraba ahí, era le brillo de la luna que reflejaban sus anteojos. Su cabello enmarañado y revoltoso también podía verse. Un poco debajo de el, la punta de su varita, en alerta permanente, como diría Moody.

En cuento se cerró la puerta detrás de Sirius, James dejó escapar el aliento que no se había dado cuenta estaba reteniendo. Su corazón estaba latiendo velozmente mientras esperaba a que Hermione, Regulus y Sirius, salieran con el anillo destruido y esperaran la llegada de Voldemort. Hasta ahora todo estaba saliendo bien, de acuerdo al plan. Solamente esperaba que se quedara así. Que no hubiera ningún inconveniente. Tenía todo preparado. Al ver salir a Hermione, esperaría a que Voldemort llegue y actuaría sin pensar mucho en sus actos. Se acercaría rápidamente al hombre y diría las palabras que tanto teme en momentos como este. Pero tenía que hacerlo. Por Lily, por Harry. Por todos. Pero principalmente lo hacía por su familia.

-Están tardando mucho- dijo el heredero Potter, mas para si mismo que para los demás. Fue tan sutil, que solo su esposa lo escuchó.

-Es un anillo James… no es muy grande por si has visto tus dedos- dijo en un suave susurro pero sus palabras fueron duras. James no dijo nada, solo frunció los labios. Sabía que esta situación incomodaba a la pelirroja. Lily odiaba estar lejos de Harry. Pero sabía que estaba a salvo. Que nada le pasaría.

James se quedó mirando la casa en la obscuridad. El silencio reinaba, y la obscuridad la coronaba. Nada se escuchaba. Ni siquiera los sonidos provenientes del interior de la casa de los muggles. Ni siquiera el ruido de sus amigos buscando el objeto. Ni siquiera el sonido de todos los magos y brujas que estaba esperando tranquilamente, pero con el corazón en la mano, la llegada de todos los Mortifagos. Y del mismísimo Voldemort.

Antes de que nadie pudiera decir nada, un gritó perforó el silencio. Era de un hombre. Rápidamente se puso de pie y estaba por salir corriendo, cuando Thompson se interpuso en su camino y lo azotó a la pared con demasiada fuerza. No dijo nada, solo miraba a la casa, lugar proveniente del sonido. James no forcejeó. Solamente miró la casa por igual. Todos alrededor estaba atentos. Pendientes. Nerviosos. No sabían quien había gritado. Los del cementerio se habían puesto de pie, podían ver a Arthur. Estaban agazapados, expectantes. Varitas apuntadas en dirección de la choza Gaunt. Estaban seguros de que habían escuchado algo. De repente, una luz amarilla salió de las pequeña rendijas que estaban entre las maderas de la ventanas, y por debajo de lo que supuestamente era una puerta. Y todo comenzó a suceder muy rápido.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

7.47 pm

Abrió los ojos y actuó. Se giró rápidamente y apuntó su varita al pecho de Malfoy, que no reaccionó tan rápido.

-¡Depulso!- gritó la castaña lanzando al hombre contra la pared. El rubio, soltó un grito de dolor antes de chocar y caer pesadamente al suelo. Tenía cara de odio y miró amenazadoramente a la castaña mientras se comenzaba a poner de pie.

Hermione giró y alcanzó a ver que Sirius lanzaba fuertemente su cabeza hacia atrás, golpeando al enmascarado, que lo soltó debido al dolor. Regulus hizo lo mismo y pronto ambos estaban libres, apuntándole la varita a sus previos captores. Hermione apuntó su varita a la pared junto a la puerta y gritó.

-¡A un lado!- Regulus jaló a Sirius hacia un lado antes de que la pared les cayera en cima- ¡Reducto!

Una luz brillante perforó la habitación haciéndoles cerrar los ojos debido a la luminosidad. Se escuchó el estruendo del hechizo colisionar con la pared. Una gran nube de polvo inundo el lugar y los cimientos comenzaron a temblar.

La castaña giró al escuchar la risa de Lucius. Su corazón se estrujo, cuando lo alcanzó a ver presionar su varita al cráneo con una serpiente saliendo de su boca de su antebrazo. Los había llamado.

Hermione estaba por lanzársele y quitarle el anillo, pero el brazo de Sirius la detuvo.

-¡Tenemos que salir de aquí!- gritó ante los forcejeos de su esposa. El techo desprendía pequeñas rocas y varias partículas de polvo. La pared literalmente se veía temblar con los intentos de permanecerse de pie. Por unos lados, grandes rocas caían. Los muebles temblaban y se rendían ante el forcejeo. La casa se iba a caer.

-¡No! ¡el anillo! ¡Sirius, el anillo!- gritó Hermione suplicante tratando de liberarse de su esposo. Malfoy simplemente ría mientras levantaba su mano y mostraba la piedra de la resurrección.

-¡Hermione! ¡tenemos que salir de aquí! ¡de todos modos no va a poder desaparecer! – gritó Sirius, levantando por fin a la bruja y dirigirse corriendo a la puerta, Regulus a su lado. El pelinegro menor, pudo ver como el Mortífago elaboraba un hechizo y salió por el hoyo que había creado en la pared. Regresó la mirada al frente y abrió los ojos estupefacto.

Al cruzar la puerta a gran velocidad, tuvo que lanzarse, al igual que su hermano y su cuñada, por el aire y buscar refugio. En cuanto salieron, un hechizo colisionó en la tierra de donde se encontraban, haciendo que polvo y pedazos de césped y rocas salieran volando. Los vestigios del hechizo los cubrieron y se pusieron de pie rápidamente, Sirius ayudando a su esposa.

Frente a ellos, había un campo de batalla.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

7.56 pm

Remus se puso de pie, pero permaneció en su lugar. Estaba agazapado y su varita temblaba ligeramente debido a su fuerte agarre. Estaba detrás de una estatua de un ángel de piedra. ¿Qué había sido esa luz? giró su rostro y pudo ver a unos cuantos metros a Dorcas, que estaba entre un árbol y una lápida en la misma posición, con la misma expresión de incertidumbre. Todos los aurores y miembros de la orden que estaban escondidos en las lápidas, estatuas y arboles solitarios, se habían puesto de pie sin saber que hacer. La humedad impregnada en sus túnicas les perforaba el corazón al igual que el miedo y la desesperación de no saber que hacer. Remus tragó con muchísima dificultad mientras miraba a la casa de los Gaunt. Podía ver que estaba temblando como si fuera a caerse. Y todo comenzó a suceder demasiado rápido.

Del cielo, formas negras borrosas que apenas se veían en la obscuridad, caían en la tierra y comenzaron a lanzar hechizos sin fijarse un poco a donde iban. Remus miró alrededor y pudo ver rayos de luces que comenzaban a salir de lo alto del campanario en dirección a las formas que llegaban a la tierra o que simplemente volaban por el pueblo. Lo mismo sucedía con los magos que estaban en la mansión Riddle. Los rayos azules y dorados salían y chocaban con personas, arboles, roca o tierra.

Jadeó con miedo al ver como un hechizo por poco y les cae a sus amigos, que estaban saliendo por la puerta de la casa. En unos segundos, después de que se pusieran de pie, la casa cayó estrepitosamente. Remus miró hacia donde habían estado los pelinegros y la castaña, y encontró el lugar vacío.

El también, se lanzó a la lucha.

Comenzó a correr flanqueado por Arthur Weasley a la izquierda, y por Fabian Prewett a la derecha. Corrían con las varitas extendidas y miradas determinadas. Arthur se detuvo y por la vista periférica del hombre lobo, alcanzó a ver un hechizo salir de su varita y estrellarse sobre un Mortífago, que quedó petrificado y cayó sordamente sobre un charco. Estaba llegando a la orilla del valle cuando vio a una figura negra y borrosa llegar de la nada y posarse frente a el.

-¡Desmaius!- gritó antes de que el Mortífago apareciera del todo en el lugar y lo mandó a volar muy lejos, gritando con dolor. Unos segundos después, otro encapuchado llegó a su lado y se enfrascó en un duelo violento con el hombre.

Los hechizos salían de sus varitas con velocidad y ferocidad. Se escuchaban los jadeos de ambos, mientras luchaban pero no bajaban su intensidad, si todo, la aumentaban. Los rayos de colores salían disparados y eran desviados o apaciguados con hechizos protectores. Lo rayos variaban de color. Azules, dorados, rojos y verdes. De todo. Remus luchaba con lo mejor de el. De repente, un hechizo pasó sobre la cabeza de ambos magos y se estrelló en la catedral de pie detrás de ellos, justamente por entre dos ventanales. Varios cristales y piedras, comenzaron a caer sobre ellos.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

8.15 pm

Hermione ya estaba en la mitad del valle, con Sirius a su lado. Regulus al otro, pero mas alejado. Este ya estaba luchando contra dos Mortifagos, y Hermione agradecía de su habilidad para los duelos. Todo era un caos. Los rayos iluminaban la noche como relámpagos furiosos y esporádicos. Se escuchaban los gritos de los aurores o los seguidores de Voldemort, ya sean de dolor o de ira. Pero los gritos perforaban su mente. Alcanzaba a ver los hechizos que colisionaban con la tierra, ocasionando hoyos en esta y grandes bocanadas de tierra, lodo y rocas salían disparadas. Cada que esto sucedía, podía ver a una persona salir disparada. Solo esperaba que sean de los Mortifagos. En el valle, ya estaban varios aurores, miembros de la orden y encapuchados. Habían duelos a cada grado a su alrededor. La casa detrás de ella, había caído y por un hechizo que la alcanzó por equivocación después, la había encendido en llamas. Podía sentir el fuego que emanaba calentar su espalda e iluminar varios metros a la redonda. La noche parecía estar mas obscura.

Observó un hechizo colisionar con la chimenea de la mansión Riddle y romperse en pedazos, dejando caer grandes y pesadas rocas. La gente gritó y comenzó a dispersarse, huyendo de la inevitable amenaza. Las llamas comenzaron a formarse y podía escuchar gente dentro, alejarse asustados. Con mucho pesar, sabía que eran miembros de la orden. El cielo estaba plasmado por las formas de los Mortifagos que comenzaban a llegar. Uno tras otro aterrizaba sobre la tierra y comenzaban a lanzar hechizos a todos a su alrededor.

Giró y miró a Sirius. Sus ojos se conectaron en una fracción de segundo y supieron que hacer. Dieron un paso hacia el otro y secuestraron sus labios con pasión veloz y amor marital. Duró solo unos segundos donde demostraron todo lo que sentían con un suave movimiento. Una de las manos de cada uno en la mejilla de su pareja y la otra sosteniendo sus varitas con demasiada fuerza. Sintieron el cabello bailar debido a la velocidad de un hechizo que pasó cerca de ellos. Se separaron y se vieron a los ojos. Ambos cargados de emoción. Sus respiraciones aceleradas, mas por el miedo y los nervios que por el intimo gesto. Sirius abrió los labios para decir algo.

-Lo se- lo cortó Hermione sin querer escuchar lo que sabía que le iba a decir. Después, se giró para enfrascarse en un duelo con un mago.

El encapuchado avanzaba haciendo a Hermione retroceder tratando de evitar que algún hechizo la alcance. Perdió de vista a su esposo, que había corrido en ayuda de Moody. Estaba luchando con fuerza y un pequeño rocío comenzó a cubrir su frente y su cuello. Las gotas se comenzaron a formar y se deslizaban por la piel, humedeciendo el cuello de su túnica.

-¡Protego!- gritó con ojos muy abiertos, al ver un rayo verde venir directamente a su corazón.

-¡Crucio!- gritó el Mortífago lanzándose hacia ella. La mujer abrió los ojos y se lanzó en el aire para evitar el contacto.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

8.24 pm

-¡Incarcerus!- gritó Regulus hacia su contrincante. Las sogas similares a serpientes salieron volando por su varita y se dirigían al encapuchado. Este, con una habilidad excepcional, quemó las cuerdas que cayeron como cenizas al suelo, perdiéndose en un charco.

-¡Crucio!- gritó rápidamente el hombre dando un paso hacia delante para poder apuntar mejor.

-¡Protego! ¡depuslo!- el escudo y el hechizo fueron realizados con suma rapidez, pero no lo suficiente como para atacar a su enemigo. Regulus jadeó ligeramente cansado al ver que no importaba que hechizo utilizara, simplemente no podría contra el.

-¡Avada Kedabra!-gritó para sorpresa de Regulus, que comenzó a retroceder con ojos muy abiertos. Solamente le daba tiempo de ondear su varita de un lado a otro para protegerse.

Un rayo de luz dorado aterrizó violentamente en la tierra entre ellos. Los grandes espirales de humo y piedritas salieron de la tierra para chocar con cualquier objeto a su alrededor. Ambos duelistas se cubrieron del humo y comenzaron a toser debido a su inhabilidad para respirar bajo estas condiciones.

-¡Confringo!- gritó Regulus sin ver muy bien a donde apuntaba, solamente se estaba dejando guiar por el sonido de su atacante tosiendo. Tenía los ojos entrecerrados y parpadeaba rápidamente. Pudo escuchar el grito de dolor de su contrincante. Cuando el humo se disipó pudo ver el cuerpo del Mortífago cubierto de fuego. Ya no se podría reconocer al hombre puesto que la mascara se había derretido y se había impregnado a su carne viva. Tenía visibles los músculos y la sangre salía de su piel. La túnica estaba en llamas y carcomía la piel de debajo de esta. Asqueado, desvió la mirada.

Tenía un corte en la ceja y una línea de sangre corría de esta. Cerró los ojos. Los gritos de las botas correr y chocar con el césped y los charcos. Los gritos de dolor. Los rayos estrellarse con la roca y mandándola por el aire. El sonido de los hechizos estrellarse en otros lados, como los rayos, las lapidas, los arboles. Abrió los ojos.

-¡Desmaius!- gritó en dirección a la forma borrosa negra que se movía por el cielo. La figura soltó un alarido y fue a estrellarse al piso, causando que la tierra se estriara por donde había sido arrastrado el Mortífago. Pudo ver a un auror saltar su cuerpo y enfrascarse con un duelo con dos encapuchados que acababan de aterrizar. Repitió su movimiento con otra figura. Esta vez, el Mortífago cayó por entre los arboles que estaban detrás de la choza de los Gaunt. Miró a su alrededor. Habían cuerpos de heridos y muertos en el piso, pero no podía decir con certeza si era de los Mortifagos o los de los aurores. Había perdido de vista a Sirius y a Hermione, desde que todo comenzó. Se estaba desesperando. Habían perdido el anillo y Lucius Malfoy no estaba a la vista. Comenzó a correr sin dirección alguna. Aturdía a encapuchados de vez en cuando mientras se acercaba un poco a la catedral. Sus zancadas eran grandes y recorría varios metros en cuestión de segundos. Lanzaba hechizos aturdidores intentando derribar a cuanto Mortífago comenzaba a aparecerse en el lugar, pero no siempre tuvo una buena puntería. Sus botas estaban húmedas, al igual que su túnica. Se agachaba para esquivar hechizos, al igual que a veces saltaba hacia un lado, para evitar una que otra maldición. Miraba hacia todos lados, seguro de que no había un rayo verde llegando a su pecho, y su cabello se le pagaba a la piel. No podía ver a alguien conocido.

-¡Regulus!- gritó la voz de alguien a su izquierda. Rápidamente y con la varita en alto, el pelinegro giró.

-¡Remus!- exclamó feliz de ver un rostro conocido. Ambos se agacharon de repente, para evitar un rayo rojo que se estrelló con unas lapidas dentro del cementerio.

-¿Dónde están todos?- cuestionó el hombre lobo acercándose a su amigo. Ambos mantuvieron su espalada a la catedral y apuntaban sus varitas hacia la batalla.

-La ultima vez que vi a Sirius y a Hermione, estábamos fuera de la casa- dijo apuntando a trescientos metros a la choza destruida que estaba cubierta por unas llamas enormes que iluminaban el valle. Y después gritó por sobre los ruidos que ahogaban sus voces- ¡no he visto nadie mas!

-¡Reducto!- gritó Remus al ver a un encapuchado que iba a aterrizar.- se que Alice y Frank siguen en la catedral… James, la ultima vez que lo vi, corría tratando de alcanzar a Charis, que estaba luchando con tres Mortifagos. ¡Protego!

El escudo fue hecho justo a tiempo, antes de que el Mortífago lograra asesinar a Regulus.

-¡Vaya! Regulus, encantado de verte- espetó Gerard Yaxley sonriendo macabramente y apuntando su varita a ambos magos.

Comenzaron a luchar contra el hombre rubio. Jadeaban mientras retrocedían tratando de evitar las maldiciones imperdonables. Ya no les quedaba mucho espacio detrás. A un par de metros estaba la reja que separaba el cementerio del valle. Muy cerca de su derecha, la pared de la catedral. No tenían salida.

-¡Desmaius!- gritó Remus, pero el hechizo fue hábilmente desviado.

-¡Expelliarmus!- intentó Regulus, pero nuevamente, Yaxley pudo detener la maldición y lanzó su hechizo.

-¡Avada Kedabra!- sus ojos estaban abiertos de par en par, cargados de locura e inanidad.

Los jóvenes se lanzaron, uno a cada lado, para evitar el impacto del rayo verde. Este se estrello en un mausoleo, que lanzó miles de piedras por el aire.

-¡AH!- gritó Remus en cuanto una piedra de gran tamaño cayó sobre su pierna izquierda, justo debajo de la rodilla. Se podía ver un liquido rojo que emanaba y manchaba el granito. Yaxley gritó deleitado por el dolor.

-¡Remus!- gritó Black asustado y comenzando a lanzar hechizos no verbales a diestra y siniestra. Los rayos colisionaban con los miles de escudos que el encapuchado ponía delante de el, sin oportunidad alguna de contra atacar. Finalmente, el rubio fue lanzado en el aire perdiendo su varita y cayó muy lejos, cerca de un árbol que ardía en llamas. La manga de su túnica se encontraba en contacto con el fuego, y el hombre trató de desaparecer. Después de unos intentos inútiles, se dio cuenta de que estaba atrapado en ese valle. Movió su mano desesperadamente de arriba hacia abajo tratando de detener la expansión del fuego. Regulus abrió los ojos con sorpresa, al ver una enorme roca que voló desde el campanario, y le cayó encima. Simplemente no pudo ver el desastre que había causado.

-Ese definitivamente no es un buen final- dijo Remus a su lado, sobresaltándolo. Black giró para ver al pálido hombre lobo. Tenía un terrible corte al comienzo del cabello y su rostro estaba manchado por el liquido rojo. Estaba cubierto de polvo y tierra. Una pequeñas piedritas estaban entre sus cabellos. Cojeaba debido a su nueva herida en la pierna.

-Definitivamente no lo es, ¡protego!- gritó mientras estiraba su brazo para detener el hechizo que mandaba uno de los Mortifagos que acababan de aparecer. - ¡Petrificus totalus!

Regulus enfrentó al valle. Estaba claro que la situación se había deteriorado enormemente. Simplemente no podía ver bien. El polvo llenaba el aire. Ráfagas de luz verde y roja. Fuego por parte de la catedral y las casas de los Riddle y Gaunt. Habían gritos y figuras negras borrosas surcaban el cielo. Explosiones repentinas del suelo y arboles que se doblaban, rotos debido al impacto de distintas maldiciones. Ruidos, alaridos, y el sonido inconfundible de duelo inundaban el lugar. El corazón les fallaba un poco al ver que mas Mortifagos llegaron al lugar.

-No somos los suficientes- dijo Remus, tomando a Regulus por el cuello de la camisa bajo la túnica, y lo jaló hacia el cementerio fuertemente, sobresaltando al pelinegro al sentir la fuerza tirarlo desde el cuello.

Ambos jóvenes corrieron adentrándose por la reja que Hermione había abierto hace una hora. Había vestigios de la guerra, pero no habían luchadores dentro. Corrían girando a veces la cabeza, para ver si no había nadie mas detrás de ellos. Saltaban piedras o las esquivaban. Agachaban la cabeza para evitar rayos perdidos. Estos chocaban con la roca y la rompían. Corrieron hasta ponerse detrás de un enorme mausoleo que estaba a la espalda de la catedral, algo alejados de la guerra. Remus empujó a Regulus con un poco mas de fuerza necesaria, y la espalda del pelinegro chocó con la piedra de la tumba. Remus se colocó en cuclillas y Regulus lo imitó. Ambos estaban jadeando de cansancio. Regulus levantó la manga y se limpió el liquido escarlata que manchaba su frente.

-No somos los suficientes- repitió el hombre lobo mirando a los ojos grises con profunda tristeza. El sonido de la batalla aun podía perforar sus oídos. – cada vez hay mas Mortifagos… ¿dónde está el anillo?

-No lo tenemos- dijo en un susurro el oji gris, mientras negaba con la cabeza y desviaba su mirada, claramente enojado.- Malfoy lo tiene.

-¡Malfoy!- espetó enfadado mientras comenzaba a arrancar la tela negra que rodeaba su cuerpo. Esta estaba rota por varios lados y manchada de polvo y lodo por los pies. Regulus hizo lo mismo y se preguntó por que no lo había hecho antes. Ahora podía moverse con mucha mas libertad.

-¿Qué vamos a hacer?- cuestionó Regulus lanzando la túnica lejos.

-Dumbledore- fue la única respuesta del licántropo, que no miraba a su acompañante. Sus ojos dorados miraban la túnica que acababa de lanzar, volar hasta aterrizar sobre un montón de piedras. Pudieron escuchar el sonido de tela pesada chocar con la roca.

-¿Dumbledore?- cuestionó desconcertado el mago mientras desesperadamente comenzaba a remangar los brazos de su camisa. Remus hacía los mismo. Sus movimientos eran rápidos debido a la presión que estaban sintiendo.

-Dumbledore- afirmó Remus poniéndose de pie. Regulus lo imitó y miró desconcertado al hombre que hacía un movimiento con la varita y una luz azulada salía disparada de la punta. Un lobo de gran tamaño rodeado por la luz azul comenzó a correr alejándose de los magos, hasta perderse por entre los arboles al fondo del cementerio.- antes de salir de la casa de los Potter, me dijo que si las cosas no salían bien, le avisara. Algo así de que Hermione y Hogwarts y creo que mencionó ayuda.

Regulus no entendió ninguna de las palabras, pero asintió.

-Tenemos que regresar- dijo finalmente mirando por la esquina del mausoleo. Su vista fue recibida por grandes llamas y nubes de humo y polvo.

-Regresemos- concordó el hombre lobo, comenzando a correr torpemente por su herida, de regreso al valle.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

9.13 pm

-¡James!- gritaba Lily por entre las llamas. Con su mano sacudía el humo que salió disparado en cuanto un hechizo colisionó con la tierra muy cerca de ella. Una roca voló y le cortó de un tajo el brazo. Sangre escurría por su miembro, desde el hombro hasta el codo. No le importaba. Buscaba desesperadamente a su esposo por entre la gente que corría. No podía entender en que momento habían llegado tantos Mortifagos. La orden parecía haberse multiplicado, o simplemente no se había fijado del numero exacto desde el principio. En su mente solo aparecían muchas cabezas de magos y brujas que se habían reunido en la casa de los Potter. Ciento cincuenta o doscientos, no estaba segura. Pero los Mortifagos comenzaban a superarlos en numero y eso lo sabía. Su corazón latía con fuerza mientras miraba a todos lados en busca del padre de su hijo.

En cuanto comenzó la batalla, James se separó de ella para ayudar a la señora Mckinnon, dejándola atrás con Thompson en la entrada de la catedral. Huir de ahí, fue difícil. Los Mortifagos que llegaban atacaban la construcción y los aurores que estaban en el techo o en el campanario, contraatacaban. El suelo que los separaban, poco a poco fue perforándose por las maldiciones. No podían poner un paso en esta, sin la amenaza de ser aplastados por las orcas que caían o por los hechizos que llegaban.

Thompson se enfrascó en un duelo con Gordon Goyle. Ambos eran excelentes duelistas y al ferocidad de su batalla estaban comenzando a tener consecuencias a su alrededor. Unos arboles que estaban cerca se prendieron con un hechizo, y las ramas comenzaban a caer encendidas sobre miembros de la orden y Mortifagos. Lily, un poco asustada, aprovechó al distracción para comenzar a correr rumbo la dirección que había tomado su esposo.

-¡James!- gritó nuevamente, tratando de que su alarido sonara por sobre los estallidos. Giró hacia su derecha y abrió los ojos estupefacta. En tan solo unos segundos, la mujer estaba pecho al suelo, evitando ser golpeada por un rayo rojo que había lanzado el encapuchado.

Ella giró a su espalda y comenzó a retroceder, intentando alejarse del encapuchado.

-No- intentó suplicar pero el hombre ya había levantado su varita y la direccionó a ella.

-¡Crucio!- el grito de dolor escapó por entre la garganta de la pelirroja, haciéndola retorcerse violentamente sobre el húmedo césped. Su cabello se enmarañaba y sus dientes estaban fuertemente apretados. Abría los ojos unos segundos y podía ver los rayos cruzar el cielo. Los cerraba con fuerza. Los volvía a abrir y veía las figuras negras volar por el aire y grandes bolas de humo. Los cerraba otra vez. Los volvió a abrir y pudo alcanzar a ver a un gran perro negro lanzarse sobre el Mortífago. El dolor se detuvo. No tenía tiempo de pensar y descansar un rato. Se sentó y se puso en cuatro patas, tratando de buscar su varita. Después de unos segundos de palmear el piso, la encontró medio sumergida en un charco no muy hondo. Su mano temblaba ligeramente y su respiración estaba agitada.

-¡Lily!- gritó Sirius ayudando a la mujer a ponerse de pie.

-¡Sirius! ¿como estas?- cuestionó preocupada la bruja, mientras inspeccionaba el cuerpo del animago.

Sirius ya no llevaba su túnica, y una parte de su camisa, por el torso, estaba abierto y la tela estaba manchada del liquido rojo que emanaba de su cuerpo. Tenía un corte sobre el puente de la nariz y el labio partido. Su cabello se pegaba a su cuello y a su rostro, el cual brillaba por el sudor.

-Nunca mejor- dijo sonriendo antes de ponerse serio y lanzar una maldición a alguien a la espalda de Lily. La pelirroja hizo lo mismo y protegió a Sirius de ser victima de un hechizo rojo.

Sirius tomó a Lily de la mano y comenzó a correr rumbo a la mansión de los Riddle. Desde las ventanas, se podía ver que unas habitaciones estaban en llamas, al igual que la chimenea. Varias partes de las paredes estaban ausentes de rocas por los hechizos que colisionaban y podían ver a los Mortifagos perforar los hoyos de las paredes y comenzar duelos con los miembros de la orden que estaban dentro. Ya estaban muy cerca.

Sirius, captó algo con su vista periférica

El animago empujó a la pelirroja hacia los arboles que rodeaban la majestuosa casa. Se escondieron cada uno detrás de un árbol, antes de que una bocanada de fuego que les habían lanzado, les quemara el cuerpo. Las llamas pasaron a los lados de la madera, pero no tocaron a los magos. Se miraron y escucharon a Charlus gritar.

-¡A mi nuera no! ¡A mi nuera no!- gritó enfurecido mientras se acercaba corriendo con la varita en mano. Lily y Sirius salieron de entre los arboles con mucha rapidez y pudieron ver al padre de James, que sangraba de la nariz. Su rostro al igual que sus ropas, estaban sucias y cubiertas de lodo. El resto de su cuerpo se veía bien.

Los jóvenes pudieron ver, que su atacante era nada mas y nada menos que su antiguo compañero Antonin Dolohov. El hombre giró al escuchar las palabras del señor Potter y comenzaron a luchar. Para ser un hombre de tan solo veinte años, era bastante habilidoso con la varita. Jamás lo mostró en sus años de Hogwarts. Lily miraba embelesada como los hechizos salían de su varita sin decir palabra alguna y a una velocidad impresionante. Era mas temible que Mulciber, nunca se dio cuenta. Sirius estaba con el mismo pensamiento que su prácticamente cuñada.

-¡Protego!- gritó Charlus dando un paso hacia atrás.-¡Protego!

Dolohov sonreía maliciosamente al ver que el señor Potter estaba comenzando a caminar sobre tierra cubierta de rocas de todos los tamaños, haciéndolo perder un poco el balance.

Lily gritó asustada.

-¡Avada Kedabra!.

El hechizo le dio de lleno a Charlus Potter en el pecho, lanzándolo por el aire y cayendo a varios metros con la quijada rota, las manos torcidas y los ojos vacíos e inexpresivos