Una cigarra. Una de las últimas supervivientes de la gula y la experticia de los sapos.

Ese fue el ruido que despertó a Naruto.

No tenía un reloj, ya que su nueva vida le había hecho adoptar los ciclos de los sapos con los que convivía habitualmente, y su día se repartía normalmente en: hora de levantarse, hora de aseo, hora de desayunar, hacer algo, hora de almorzar, hacer algo, hora de cenar, hacer poco de algo y dormir (y eso que la pareja de ancianos sapos en cuyo hogar residía cuando estaba en Myobokuzan sí tenían relojes y los usaban constantemente).

Aunque su futón estaba cómodo y relativamente caliente, el haber sido metido dentro de él vestido era bastante incómodo, por lo que decidió destaparse y salir a ver fuera de su tienda.

Pero sólo sacó la cabeza fuera de ella y miró al cielo, estrellado y sin nubes a la vista. La posición de aquellas luces parpadeantes en la bóveda celeste y el hecho que la luna creciente estuviese tan al oriente le indicaba que eran alrededor de las cuatro de la madrugada. El aire era húmedo, y probablemente pronto el rocío caería en el paraje, por lo que decidió regresar dentro de la tienda, de vuelta a su futón plegable.

Aprovechó para quitarse el uniforme y colocarse uno de los rústicos piyamas que usaba cuando el frio le impedía dormir en ropa interior. Y así, mudado de ropa, se arropó nuevamente.

No tenía sueño.

Recordaba lo sucedido en la noche, antes de ser derribado por el traicionero ataque de Gamakishi (porque, aunque derribado, alcanzó a oír los reclamos de Ren-chan a su compañero). Había jugado sucio, aprovechando el golpe que lo tendió al suelo para dejarse ir, cansado. Y así, con su cuerpo negándose a seguir, había terminado su día.

Es que todo había resultado más difícil de lo que pensaba.

Esa pesadilla había arruinado todo. Como si el chakra de la peliazul -que como un remanente todavía era conservado en el ojo que ahora usaba- hubiese lanzado una alarma en su cabeza, y su subconsciente reaccionara a esa presencia familiar rememorando en él culpas que simplemente no podía dejar atrás.

Lo recordaba perfectamente; un sueño nuevo, nuevas formas que tenía para torturarse a sí mismo. Como si cada uno de esos Naruto que le tocó enfrentar le recordaran todo lo que había hecho mal en ese fatídico día. Pero lo de matarlos… lo de matarlos era nuevo. Y lo comprendía, ya que recordaba cada pequeño detalle de esos encuentros y los sentimientos que lo alcanzaron: satisfacción, una satisfacción tan intensa, tan placentera, como si la posibilidad de hacerse pagar lo que terminó siendo el más grande fracaso de su vida le provocara un gozo indescriptible. Una parte de sí sabía que en realidad no había tenido la culpa, que la situación lo había superado de muchas maneras, que manos externas a él mismo habían intervenido, consciente o inconscientemente, para llegar a ese resultado fatal (como su padre y ese sello modificado o Nagato y su deseo de capturarle a cualquier precio), pero eso nunca había mermado la culpa que sentía respecto a la muerte de Hinata. Pero aún así, con todo, el tomar la estaca asesina y clavársela al inútil cuya debilidad provocó que ella tuviese que intervenir para salvarlo fue… sublime.

Y debía aceptar lo que lo último significaba. No era sólo que se culpara, si no algo más profundo y siniestro que eso: se odiaba; o, mejor dicho, lo odiaba a él, a aquella versión débil y patética de si mismo que cayó derribado ante Pain.

Y luego de todo, luego del inevitable final de todas sus pesadillas relacionadas con ese día, en que sin importar lo que hiciera ella siempre moría… estaba eso.

La visión de la agonía final de Hinata había sido tan fuerte, tan chocante. Todo ese detalle, esos sentimientos de dolor y miedo. Todo culminando en un sentimiento de resignación ante la muerte y un único deseo, un deseo que, insuficiente para el tamaño del sacrificio, no pudo ser cumplido. Hinata-chan se había ido pensando que lo había lastimado, que moría sin ser más de lo que había sido en la vida de Naruto, de su Naruto: poco más que una extraña, poco menos que una amiga. Su agonía fue tan larga, tanto. Y tan dolorosa.

Ningún consuelo recibió la joven por su muerte: no fue la heroína que debió ser; fue derrotada, apabullada, reducida rápidamente y abatida. No vio en el rostro de su amado más que miedo y desesperanza. Murió lejos de su familia, indigna del papel que debía honrar como heredera de su clan, sin conseguir la pequeña recompensa que esperaba por su sacrificio: la gratitud y la sonrisa de su amigo, aquél que había amado desde su más corta infancia y quien nunca fue capaz de verla como ella deseaba que la viera.

Porque no importaba lo que sucedió después, ni la imagen que su sacrificio dejó en la memoria de todos, o que él terminara dándose cuenta de lo maravillosa que era y que su amor, aquél que ella había atesorado tan secretamente, finalmente lo alcanzara y diera frutos. Todas esas cosas no importaban porque Hyuga Hinata no las conoció; no, ella se había ido como una fracasada, con una confesión no respondida y dando su vida por un tonto que nunca fue capaz de ver, porque simplemente no quería ver.

Y Kurama…

Oír todo eso del zorro, de su boca. Escucharlo quejarse de todo lo que había sufrido, y cómo dejaba todo eso de lado para afligirse por sus faltas. Si alguien tenía derecho a excusarse por sus errores era el Kyubi; es que, con una vida como la suya, ¿acaso alguien podría juzgarlo por ser como era y hacer las cosas que hizo?

Y no hablaba del ataque a Konoha, que había sido orquestado por el falso Madara, sino por querer acabar con sus padres y con su propia vida cuando era apenas un recién nacido. Si Kurama era un prisionero condenado por un crimen que no cometió, al que se le había arrebatado todo, partiendo por la esperanza, y al que un día se le deja abierta la reja de su celda y se le da la oportunidad de acabar con sus carceleros para poder huir. Es que, si se ponía en su lugar, si verdaderamente lo hacía, olvidando quienes eran sus padres y cual era su aldea, y juzgaba sus actos exclusivamente desde su punto de vista, sólo llegaba a una posible conclusión: que debió haber usado una bijudama en vez de servirse de sus garras para acabar con ellos, de manera de evitar darles la oportunidad de volver a encerrarlo.

Pero Kurama, en vez de usar su sufrimiento como excusa por sus fallas, lo usaba para aumentar la culpa sobre sí.

La única parte que tenía el zorro en toda esa tragedia es tratar de aprovechar la oportunidad que le dio la furia de su carcelero, al ver a la peliazul derribada, para huir, como lo hizo muchas veces antes. Naruto sabía como actuaba en esos casos el Kyubi, quien como el ángel malo respondía a cada petición del rubio por su poder para poder aplastar a sus enemigos dándole todo lo que pedía, con la esperanza de que Naruto terminara abusando de esa fingida generosidad e hiciera colapsar su prisión, permitiéndole capturar su cuerpo y reclamarlo como propio, a fin de contar con su ansiada libertad nuevamente.

Kurama había hecho lo mismo que siempre, y se arrepentía de aquello. No se detenía a pensar que esa Hinata no era la misma que había vivido dentro de su cabeza, o que si su fuerza no hubiese vulnerado el sello prisión nunca la hubiese conocido y, con ello, su condición seguiría siendo tan miserable como era antes de conocerla, con él estando sumergido en la humedad y lo sucio, con su espíritu apagándose día a día por toda su interminable pena. Para Kurama, la vida de Hinata, de la verdadera Hinata, valía lo suficiente como para que ella debiese haber vivido a costa de él seguir siendo el miserable prisionero que la ceguera de los hombres lo había condenado a ser.

Era como si el Zorro de Nueve Colas estuviese seguro de algo: que ella, fuera como fuera, sería la misma y que ambos, de conocerse, serían amigos. Una certeza que ni siquiera él, que para ese punto de su vida la amaba más que a nada, tenía. No, porque si a Naruto le preguntaban si estaba seguro que Hinata lo amaría de la misma manera si sus destinos hubiesen sido diferentes, él no podría responder que si.

Se había esforzado por poder olvidar eso, por aprovechar las horas y la compañía de Neji, un extraño que gracias a su peliazul conocía mejor que a nadie, y que ahora veía como su familia. Ciertamente había disfrutado mucho de ese día, tan diferente a sus días usuales, pero había terminado siendo superado.

Y mientras pensaba en que debería volver a dormir, a sabiendas que se le venía un día duro por delante, no pudo dejar de pasar su mano por su nuevo ojo derecho, acariciando el párpado que lo protegía.

Naruto decidió acomodase y tratar de descansar; estaba agotado: por una semana había estado ya sometido a la presión de no saber cuando ocurriría el ataque del enemigo, pero lo había afrontado con la idea de que, pasara lo que pasara, todo terminaría. Pero solo había sido una pausa, y ese sentimiento de tener el mundo sobre sus hombros lo estaba superando.

Ese maldito de Obito era listo, demasiado listo, y poco a poco lo estaba desgastando, preparándolo para el día en que lo enfrentara. El falso Madara demostraba su mayor experiencia y acomodaba todo para una fácil victoria. Pero ya no habían más alternativas.

Y Naruto se volvió a dormir, mientras una idea final llenaba su cabeza: la esperanza de que todos los esfuerzos y toda la carga que le representa llevar a Hinata sobre si fuesen suficientes, no para salir victorioso, sino para evitar que su enemigo triunfara.

Aquello tendría que bastar.


El inicio de esa nueva jornada fue amenizada por los cálidos rayos del sol, los que caían sobre el rostro de Gamakishi, quien apenas y podía permanecer despierto luego de su guardia nocturna.

El problema para el sapo armado era que ni siquiera había podido contar con la compañía de Ren-chan por unas horas, como usualmente ocurría en esos casos: la chica había terminado tan molesta por el pequeño incidente del palo que lo había dejado sólo, negándose a sacrificar parte de su descanso por hacerle compañía a un idiota de tal envergadura. Y sin los clones del rubio que usualmente se sumaban a esa labor, había sido una noche muy solitaria.

La visita de su invocador no había sido mejor, quien apenas se despertó lo buscó para pedirle cuentas por lo sucedido. Una poco sincera disculpa (que dejó entrever que el primogénito de Gamabunta culpaba en parte al rubio por dejarse derrotar tan fácilmente) y un comentario sobre su extraña nueva apariencia (que no había podido ver antes porque cuando lo tuvo cerca Naruto permaneció con sus ojos cerrados) fueron el cierre de su vigilia nocturna, luego de lo cual Kishi recibió autorización para retirarse a descansar.

La cascada, transformada en ducha comunal, recibió a todos quienes estaban en ese paraje (incluida Gamaren, quien no se aguantó las ganas de un chapuzón mañanero en compañía de esos dos humanos que le habían cambiado el ojo a Naruto, quienes vieron como ese sapo de diecisiete metros de alto copaba la caída de agua con su gran altura mientras ellos aprovechaban de hacer su aseo mañanero).

Un desayuno ligero y una revisión previa del nuevo ojo por parte de sus médicos tratantes dio paso al entrenamiento, con Neji como el profesor a cargo.

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Naruto se sentía raro. No tanto por como se veía (había podido ver su reflejo en las aguas y sinceramente no lo consideraba un cambio tan trascendental), si no por toda la atención que su nuevo aspecto había atraído sobre si: de los sapos, de los Hyuga, e incluso de Neji.

Y es que, a la luz del día, el cambio era evidente.

Lo más notorio era la naturalidad con que Naruto llevaba esa nueva parte de su cuerpo. Como si siempre hubiese estado allí. Y es que el trabajo de los encargados del trasplante había sido soberbio, y ninguna marca o cicatriz había que indicara que aquél extraño ojo pálido fuese un elemento ajeno a su portador.

Lo otro era la falta de expresividad. Y es que, si algo tenían los ojos azules del rubio, era que parecían evocar la gran gama de emociones que expresaba su dueño, como si gritaran sus pensamientos y sentimientos a viva voz. Pero ese ojo blanco era… mudo, a falta de mejor paralelismo. Emanaba una sensación de paz y tranquilidad, de sosiego y calma, que parecía ajena al rubio, y Neji tuvo que preguntarle a su primo político si es que ese sentía de alguna manera diferente comparado con su yo del día anterior.

Pero no, Naruto era el de siempre, pero era como si otra persona estuviese allí. Y el joven Hyuga tenía claro de qué se trataba: era su prima viéndolo a través de ese ojo, de su byakugan.

Finalmente dio inicio el entrenamiento

Las primeras pruebas fueron físicas. Una sesión de taijutsu entre el rubio y los tres guerreros Hyuga (Neji y sus dos escoltas), sólo para probar que su sentido de proximidad y percepción de profundidad funcionaban correctamente, y no habían sido desbalanceados por las capacidades diferentes de ese ojo ajeno.

La siguiente prueba fue persecución, en que Neji se ofreció como blanco para que Naruto lo siguiese a corta distancia, aprovechando los estrechos pasajes y recovecos del bosque que los rodeaba.

La última etapa fue la práctica de lanzamiento de armas, contra blancos fijos (dianas levantadas con troncos o en árboles del lugar) y móviles (unos infortunados kage bunshin de uno de los escoltas del Neji, creados al efecto). Cuando Naruto le consultó a su primo el porqué no le dejaba usar sus propios clones, éste simplemente le indicó que todavía no era el momento para aquello.

Cuando ya eran las diez y media y llevaban casi tres horas de ejercicios físicos se apareció en el campamento Fukasaku-gama, trayendo el reporte que Naruto esperaba sobre los preparativos para la próxima batalla.

Viendo la llegada del anciano sapo, Neji le concedió un descanso al rubio, a fin de que pudiera atender al visitante.


Naruto conversó con su maestro sapo a solas, alejado del resto del grupo.

Los informes eran favorables: los refugiados ya habían retornado en su totalidad a sus aldeas. Con la complicidad del Raikage, Killer Bee había sido confinado en el Monte Myoboku (a donde había concurrido llevado por Shima para cooperar con el entrenamiento de los sapos -aunque ocultándole el hecho de que lo retendrían allí-); Naruto le sugirió al anciano que lo mantuviesen ocupado, pero Fukasaku había ya pensado en eso y apenas comenzó a dar muestras de incomodidad al verse estancado allí lo había mandado a ayudar con el entrenamiento de Gamakoji, con la excusa de que el líder de Kumo lo había ofrecido a los sapos como ayuda, en pago a la asistencia que éstos brindaron durante la invasión de Akatsuki, y que él debía corresponder con cualquier tarea que le pusieran por delante.

El Maestro Sennin se había olvidado del detalle de Kenshin y su entrenamiento, en que supuestamente estaría con Kenshiro durante unos días. Al consultar al anciano sobre quien reemplazaba al hijo de Fujita en la formación de los sapos para la futura operación, Fuka-ojii le contó que la esposa de Gamabunta era quien estaba entrenando a los grupos de choque, al ser ella la con mejor manejo de chakra luego de Togo entre los cuatro grandes maestros que aún subsistían.

El informe del sapo mayor pasó al plan de emergencia ideado por Naruto para el próximo enfrentamiento: luego de la batalla en las aldeas y la pérdida de varios de los sapos con alto manejo de chakra (imposibles de reemplazar en el corto plazo) el grupo debía ser reducido a dos mil setecientos, de los cuales poco más de mil ya estaban en entrenamiento. Los seis clones elementales creados durante la batalla previa y que se habían mantenido en Myobokuzan se habían encargado de crear los sellos escritos necesarios para el jutsu combinado, y aunque dos de ellos ya se habían disipado por agotamiento y que seguramente los restantes caerían durante lo que quedaba de la mañana, habían cumplido muy bien su trabajo y cerca de cinco mil sellos habían sido ya creados, por lo que podrían disponer de unos cuantos cientos de ellos para demostraciones y pruebas de campo. El campo de entrenamiento de los sapos gigantes había sido destinado para dichas pruebas (lo que seguramente lo dejaría irreconocible luego de tanta destrucción).

La última parte fue sobre los preparativos en el País de los Ríos. Los kages habían dado su aprobación a la operación, y Konoha, Suna y Ame serían los encargados de llevar a cabo la evacuación de los humanos que habitaban dentro del perímetro establecido, a cuyo límite estaban en ese momento. La instrucción era clara, debiendo vaciar el País de los Ríos de su población en los próximos tres días, aunque el perímetro de exclusión efectivo sería reducido a veinte kilómetros de la zona de la batalla el día de la misma, a fin de que la posible intervención de los sapos tuviese más posibilidades de éxito.

Viendo que Naruto aprobaba todos los preparativos y que el plan marchaba sobre ruedas, Fukasaku se despidió para regresar a su hogar.

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Cuando el esposo de Shima se apareció en el Monte, lo sorprendió la alarma, un ruido sostenido hecho por sapos aulladores, mientras unos pequeños sapos corrían anunciando una prueba de campo y le advertían a todos que tenían un minuto para prepararse.

Sabiendo lo que aquello significaba el maestro sapo cerró sus ojos y se tapó los oídos, esperando.

Todo su pequeño cuerpo vibró por varios segundos, mientras sentía en sus parpados un ligero cambio de tonalidad.

Cuando el estruendo pasó, el anciano corrió al campo de entrenamiento. Allí, en medio de los sapos que practicaban, retomando su entrenamiento luego de la demostración, pudo notar como Killer Bee, quien había llegado allí atraído por esa cosa tan extraña, estaba parado entre ellos. Al ver al anciano llegar, el shinobi de Kumo se le aproximo, preguntando qué rayos había sido eso, pero Fukasaku le ignoró, mientras veía el resultado del ataque, el que había impactado a tres kilómetros de ese punto, casi en el límite del territorio sapo.

Fue Gamani quien se aproximó al recién llegado, explicándole al anciano que los sellos funcionaban a la perfección, y que lo que veía lo había logrado con la mitad de su energía. Allí el anciano comprendió a cabalidad lo que hacían esos sellos del rubio -y el peligro que representaban-.

La maestra de la lanza le explicó que, de la prueba hecha, era evidente que podían impactar a algo a muchísima distancia, y era obvio que con ese nivel y en el número que se planteaba la operación la precisión no era un problema. Además, todo era tan rápido y tan masivo que seguramente el enemigo caería limpiamente, siempre y cuando Naruto hiciera su parte.

Ojalá y no fuera necesario llegar a tener que recurrir a eso.


Era mediodía, y el lograr que Naruto se acostumbrara a su nuevo ojo parecía no presentar problemas.

Extrañado por aquella facilidad, Neji le compartió sus dudas al rubio, quien sólo atinó a responder que probablemente su experiencia previa con capacidades sensoriales aumentadas (como las que le proveía su senjutsu) le estaba facilitando todo. Eso, junto con su aparentemente perfecta visión natural, como si su propio ojo estuviese igualado al que alguna vez fue de Hinata.

Y todo aquello era bastante bueno, ya que le permitía a todos ahorrar tiempo.

Una revisión de la pareja de doctores Hyuga (quienes realizaron un chequeo completo de sus sistema de chakra, así como del flujo del mismo alrededor del implante) fue el paso previo para la parte más sensible del acondicionamiento de Naruto a sus nuevas capacidades.

Teniendo a todo el grupo de testigos (salvo por Gamatatsu y Gamaren, quienes montaban guardia a esas horas), Neji hizo que su primo político se parara a unos metros de él, en posición de firme:

- Bien, Naruto-san; ahora pasaremos al manejo del byakugan propiamente tal.

- Ya era hora. Me temía que tendríamos que seguir hasta mañana en esos ejercicios tan básicos.

- Era una precaución necesaria, hace mucho que no se realiza una operación de este tipo y, considerando lo "especial" que eres, corríamos el riesgo de algún imprevisto. Por lo visto tus mismas cualidades, en vez de dificultar todo, han facilitado las cosas.

- ¡Eso es genial, dattebayo!

- Sin emocionarte, Naruto.

- Claro, disculpa.

- ¿Recuerdas cuando te indiqué que no era recomendable que crearas tus clones de sombras?

- Si, primo.

- Esto tiene una razón en particular. Pero primero dime qué sabes de los Kage Bunshin.

- A ver: son hechos de puro chakra, imitan el nivel del invocador y sus técnicas, son frágiles al punto de destruirse con facilidad al ser golpeados y están conectados al chakra del invocador, de tal manera que si hay una alteración en el original esa condición se replica en los clones. Ah, y también son ruidosos y con tendencia a desordenarse.

- Eso último es por tu personalidad, Naruto. Pero ahora nos interesa más lo del enlace entre los clones y su creador. Lo primero que debes entender que no es una especie de "control remoto", sino que es un enlace tangible, como un hilo de chakra que conecta al clon de sombras contigo.

- Eso no tiene sentido.

- Escucha. Este "enlace" se produce por la cantidad de chakra requerida para crear ese tipo de clon. En circunstancias normales un bunshin elemental se construiría a base de alguna sustancia sólida, para luego imbuir en ellos el chakra que los dota de la fuerza que requieren para moverse y combatir, luego de lo cual el lazo entre ellos se rompe, ya que esa materia es suficiente para por si misma sostener la integridad de la copia; pero el kage bunshin es tan inestable que requiere mucha energía para sostenerse por si mismo, e incluso así nunca logra ganar total independencia, como si requiriera la "sustancia física" de su original para mantener su propia integridad: es como si tu chakra, conectado al clon a un nivel infinitesimal, le dijera al clon que esa es la forma que debe tomar, alimentándolo constantemente con información nueva. El hilo que conecta a los clones con el creador es tan minúsculo que resulta imperceptible incluso para nuestros ojos, pero está allí, y es el responsable de que una vez que la técnica cesa lo que ha percibido o aprendido el clon se retro alimente a su creador.

- Espera, eso significa que mis clones… ¿están constantemente tomando energía de mí?

- No, Naruto. Tienes que verlos como extensiones de tu propio ser físico, como si tu chakra proyectara tu cuerpo más allá de los límites del mismo. En esas condiciones, el enlace de chakra entre el clon y tú es necesario porque apenas ese enlace se corte la masa de chakra que forma el clon se desmoronaría. Imagina que pudieras crear una mano o un brazo con puro chakra, y moverlo más allá de tu propio cuerpo, o darte a ti mismo muchos brazos.

- No necesito imaginármelo, es algo que hago con el chakra del nueve colas; Bee me enseñó.

- Hazlo.

Naruto se concentra y crea un par de brazos anaranjados, de puro chakra, los que salen de su espalda.

- Ya veo. Dime, ¿qué nivel de sensibilidad tienes en ellos?

- No entiendo…

- ¿Sabes lo que esos brazos tocan o como se mueven? ¿tienes total control de ellos?

- Sí, a menos que deje que sea el Kyubi quien los controle.

- Bien, ahora quiero que me digas qué sucedería si algo los cortara, interrumpiendo el chakra entre esa extremidad y el resto de tu cuerpo.

- Fácil, se deshace.

- ¿No se cae y queda allí tirado en el suelo?

- No, eso sería raro.

- ¿Porqué, Naruto?

- Porque el chakra es sólo energía, sin algo que la sostenga sólo… se va…

- Veo que lo has entendido. De la misma manera, el Kage Bunshin está unido a tu cuerpo, aunque no seas capaz de verlo, y es esa unión la que permite que tú recibas lo que el clon a visto y oído, porque ese chakra está todavía conectado a tus sentidos.

- Pero si fuera así, debería poder verlo todo siempre, y no sólo cuando son destruidos.

- ¿Acaso no te cuesta mover cuatro brazos a la vez?

- En realidad no puedo a menos que me concentre mucho en ello, de allí que mi biju sea quien me ayuda en eso.

- Nuestros cuerpos están diseñados para dos ojos, dos brazos y manos, dos piernas. Multiplícalos y no sabrás qué hacer con todos ellos. Tu propio cuerpo aísla a tus kage bunshin de tu control consiente, por lo que todos ellos funcionan, por así decirlo, en modo automático, tal como tú lo harías. En realidad el Kage Bunshin es la forma más básica de clonación, y los bunshin elementales, sus derivados, nacieron para evitar el problema de la dependencia del clon al cuerpo físico de su invocador, así como disminuir los requerimientos de chakra necesarios para crearlos y mantenerlos.

- Creo que entiendo, pero no sé en qué se relaciona todo eso con el byakugan.

- Recuerda que el ojo blanco aumenta tu rango sensorial, funcionando como un "sexto sentido", que se suma a los cinco usuales. Esa sensación es nueva para tu cuerpo, y tus clones no pueden procesarla con total libertad; es como si los kage bunshin dotados del byakugan alimentaran con su propia información al cuerpo real, porque la técnica no sabe que no debe dejar que dicha información fluya entre los clones y su invocador.

- Pero eso es bueno, significa que podría tener cien clones y coordinarme para ver lo que todos ven, usarlos como extensiones y aumentar así mi rango…

- (interrumpiendo) Lo cual es algo muy malo. Recuerda: tu cuerpo no fue creado para procesar cien pares de ojos, todos viendo en diferentes direcciones. Aunque no es que suceda realmente así, ya que el enlace entre cuerpo y clon de sombras es muy limitado, por lo que nunca podrás recibir todo lo que ellos ven, pero incluso ese poco de información te confundirá, y no te servirá de nada. Sólo lograrás terminar con un horrible dolor de cabeza.

Para demostrarle lo que le acaba de explicar, Neji le ordena al rubio que vaya creando clones de sombras, de a uno, y los envíe a unos cientos de metros de él, en diferentes direcciones.

Los Kage Bunshin comienzan a aparecer y corren para separarse de su creador.

Cuando llega a once clones Naruto comienza a percibir una sensación de incomodidad. Al clon número veinte se detiene, visiblemente aproblemado.

Neji le pregunta si se siente bien, a lo que el rubio, pretendiendo ser más duro de lo que realmente es, contesta que sí. Al ver como el maestro sennin no quiere reconocer su condición, el Hyuga le ordena a sus escoltas que salgan a cazar a los clones de sombras, los que no atinan a defenderse de quienes evidentemente no son enemigos.

Cuando el primer clon es destruido Naruto siente su cuerpo temblar, mientras su cabeza resuena con la ola de información que ha recibido de golpe. Más clones caen en sucesión. Cuando el quinto ha caído, el rubio cae de rodillas, tomándose la cabeza con sus manos.

Tres clones más son eliminados, y Naruto le pide a Neji que le ordene a sus escoltas que se detengan. Pero el guardián de Hanabi no logra impartir la orden a tiempo y otros cuatro clones caen, provocando que Naruto se desmaye.

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Un poco de agua basta para hacerlo reaccionar. El rubio mira a Neji, desde el suelo, mientras le dice:

- No comprendo, si cuando uso mi senjutsu puedo manejar mucha información, pero… esto…

- Por lo que he podido entender, tu senjutsu funciona igual que el byakugan. Debes comprender que una cosa es, desde un sólo punto de atención, observar una gran superficie, eligiendo donde concentrarte, y otra muy diferente es tratar de copar la misma área pero desde muchos lugares diferentes. Es esa orientación desde diferentes ángulos la que te confunde, ya que tu cerebro no sabe cómo ensamblar todo de manera coherente.

- Antes nunca me sentí así, aún cuando mis clones desaparecieran por docenas, siempre podía manejar ese flujo de información.

- Aprendiste a hacerlo, Naruto. Los años que han transcurrido te han enseñado a hacerlo. Ahora estás ante una experiencia nueva, una que no puedes dimensionar totalmente. Estás viendo el mundo de una forma diferente, una a la que no estás acostumbrado. Multiplícala muchas veces, todas ellas llegando a ti de golpe, y es natural que te veas superado por la misma.

- Pero si es así, entonces yo… no, no puedo renunciar a mis clones.

- Por ahora tendrás que limitar su uso. Mientras más uses el byakugan tu cerebro aprenderá más rápido a procesar ese tipo de información. Practica con un par de clones, deja que tu cuerpo vaya comprendiendo cómo canalizar y ordenar lo que tus ojos ven desde diferentes puntos, pero tienes que tener la paciencia necesaria para no acelerar el proceso. Otra cosa que podrías hacer es cerrar tus ojos mientras combates con clones y dejar que sean tus otros sentidos los que trabajen.

- Pero incluso con los ojos cerrados el ojo blanco debería funcionar, cerrarlos no serviría de nada.

- En activo, si. Pero si los mantienes en su forma pasiva la ausencia de luz los lleva a un estado de relajación, desactivando sus capacidades sensoriales de chakra. Si así no fuera los Hyuga no podríamos dormir.

El rubio asiente con la cabeza, mientras se levanta con esfuerzo. Neji le ofrece su mano para ayudarlo, dejándolo respirar unos instantes antes de proseguir a la siguiente fase:

- Si ya estás mejor, te enseñaré la forma de pasar al modo activo del byakugan.

- Estoy listo.

- Escuchame bien, ¿has visto a un Hyuga activar su byakugan antes?

- Varias veces.

- ¿Qué has podido notar?

- Básicamente que los más jóvenes no pueden hacerlo sin recurrir a una secuencia de sellos de manos, y que ha medida que se hacen mayores los sellos disminuyen hasta poder lograrlo sin sello alguno, como en tu caso y en el de Hinata-chan.

- Entonces sólo debo explicarte una cosa previamente: el byakugan, en su forma activa, no es un jutsu tal como los entiendes. Los que lo activan usando sellos no ejecutan un ninjutsu especial; la única función de la secuencia de sellos es decirle al propio cuerpo en donde debe concentrar la alimentación del chakra.

- No entiendo.

- Como debes saber, los Hyuga somos expertos en el conocimiento del sistema de chakra en un cuerpo humano, así como de los puntos en donde dicho chakra se concentra y se integra al físico a nivel celular.

- Los tenketsu.

- Así es. Como el activar el byakugan implica sobrecargar una parte de nuestro propio sistema de chakra, les enseñamos a los niños de nuestro clan a ver su cuerpo como un conjunto ordenado de partes, cada una de ellas delimitada por determinados puntos de chakra y vasos que conectan de un punto a otro, permitiendo al chakra fluir dentro de si mismos. Cuando logran mentalizar eso, los instruimos a que guíen las corrientes de chakra abriendo y cerrando determinados puntos en un orden determinado, proyectando el mapa que es su propio cuerpo dentro de sus cabezas; allí cada punto específico del organismo es delimitado con un sello de manos único, los que al ejecutarse completan el proceso de alimentación. El byakugan activo implica desviar parte de las propias reservas de chakra a los ojos, de allí que resulta en extremo complejo y es el motivo por el cual siempre se inicia a los principiantes con una secuencia de sellos de manos completa.

- Ya…

- Teniendo eso claro, es obvio que no podemos recurrir al mismo sistema para ayudarte en la activación, pero debo suponer que puedes canalizar tu chakra hacia ciertos puntos de tu cuerpo si lo deseas. He visto tu sistema de chakra, y tienes los puntos de chakra más grandes que haya visto en ninguna otra persona; he de suponer que se debe a la presencia del Kyubi dentro tuyo. ¿Eres capaz de canalizar tu chakra hacia una parte específica de tu cuerpo y que no sea a tus manos?

- Creo que si. Lo he hecho hacia mis piernas cuando deseo darme mayor velocidad, y hacia zonas de mi cuerpo que han sido heridas para que se curaran más rápido, aunque lo último era hace mucho tiempo y ahora esa tarea es de mi biju.

- Bien, entones haremos esto: yo realizaré los sellos básicos para la activación de mi byakugan, tal como lo haría un principiante. Usa las capacidades de tu senjutsu para identificar los cambios dentro de mi cuerpo y como se manifiesta el flujo de mi chakra hacia mis ojos. Después trataremos de replicar dichos cambios de la forma en que te resulte más cómoda.

- Está bien, pero quizás debería usar mi byakugan.

- No, eres demasiado inexperto y no quiero que una mala lectura de lo que ves nos cause algún problema, no en algo tan sensible.

- Entiendo, primo.

Naruto cierra sus ojos, mientras activa su forma de sabio.

Una vez que los cambios en la cara del rubio se hacen notorios, Neji comienza. Uno a uno los nueve sellos de la secuencia básica del byakugan activo son ejecutados, en ritmo pausado pero sostenido, mientras Naruto va percibiendo el cambio y el movimiento en el sistema de chakra de su profesor.

Al último sello sigue una palabra del joven Hyuga, el que evoca su dojutsu liberado: "¡byakugan!"

Naruto desactiva su senjutsu, ahora que tiene claro lo hecho por Neji.

El maestro sennin abre sus ojos, para ver como los vasos hinchados que rodean los globos oculares de su primo anuncian su técnica en todo su esplendor.

Neji sostiene sus ojos reforzados y le pregunta a su aprendiz si ha logrado captarlo todo.

Naruto asiente. Luego, le pide a su primo que le de una media hora, mientras trata de replicar las transformaciones del chakra hechas por él.

Neji accede, dejándolo un rato a solas, a fin de que trabaje en su propia versión de la técnica especial.


Naruto llevaba ya cuarenta minutos de entrenamiento solitario, tratando de replicar lo hecho por Neji.

Al principio, creyendo que quizás bastaría con aquello, trató de repetir los sellos hechos por su primo político, pero sin obtener resultado alguno. Por lo visto el joven Hyuga tenía razón, y sin esa imagen mental de su propio sistema de chakra los sellos no servían para nada por si mismos.

La mayor parte del tiempo había tratado de proyectar esa imagen mental, incluso tratando de usar su propio byakugan en su modo pasivo para "verse a si mismo", pero aquello no lo conducía a ningún lado. Era evidente que sin los años de experiencia de los infantes del clan de los ojos blancos era imposible conseguir similares resultados; ni todo su talento le serviría para vencer aquél obstáculo.

Pensó en sus años con Jiraiya, y el cómo afrontaba los problemas que le planteaba Ero-sennin mientras entrenaban: atajos. Y Naruto era bueno con los atajos.

Recordó el efecto que la activación del byakugan tenía en Neji, y las veces que vio a Hinata hacerlo dentro de su cabeza (la chica temía que llegara el día en que el rubio debiera recurrir a su regalo, por lo que se preocupó de darle las nociones básicas sobre el funcionamiento del mismo). Sabía que aquello no era nada más que canalizar un extra de chakra tanto a los ojos como a los nervios que los conectaban al cerebro, de la misma manera que el chakra podía imbuirse en brazos y piernas para fortalecerlos.

O sea, el problema se reducía a canalizar su chakra, sin usar sus ojos. Y es que, a diferencia de lo que hizo cuando aprendió el rasengan, en que sus ojos le ayudaban a saber si es que la acumulación de chakra estaba o no resultando con sólo verlo -y en que, asociando lo que veía con lo que sentía en su propia piel le ayudaban a saber si estaba haciéndolo bien o no- ahora lo tenía que hacer a ciegas.

Intentó canalizar el chakra en su rostro, e incluso se arrimó a la corriente de agua para ver en su reflejo si es que su experimento resultaba, pero simplemente no podía darle la precisión requerida. Lograba iluminar su rostro de tanto chakra que reunía en él, pero nada más.

Al final, media hora de trabajo sin resultados lo llevaron a sentarse y relajarse: sabía que así su cabeza trabajaba mejor. Pensó y pensó en su problemas; luego, para distraerse un poco, comenzó a amasar chakra con su mano izquierda para crear un pequeño rasengan, jugueteando con el mismo. Tan frustrado estaba que siguió haciendo aquello, olvidando su tarea y enfocándose sólo en hacerlo más y más pequeño, como si aquello fuese una especie de reto.

Y le fue bien. Tan bien que en sólo cinco minutos pudo hacerlo con la punta de su dedo índice, creando un pequeño punto brillante que contenía el él la esfera giratoria dentro de su campo de contención base, el que en medio segundo creció hasta alcanzar el tamaño de un rasengan normal.

Estaba satisfecho: su control de chakra estaba ya a un nivel tal que no necesitaba más que esa pequeña partícula para crear el jutsu, y su propio cuerpo podía alimentarla con rapidez abismal.

Eso le dio la idea. Pero debía comprobarlo.

Todo el grupo fue sorprendido al ver como Naruto se ponía de pie y, con su mano derecha alzada, apuntaba su índice al cielo. Al segundo se formó una esfera de energía tan grande y masiva que sintieron como el aire silbaba alrededor de ella. Los sapos, extrañados, no entendían qué pretendía hacer con esa cosa, y Gamatatsu se movió, pensando que su invocador había detectado algún enemigo.

Neji y los demás Hyuga activaron sus byakugan, pero nada había a los alrededores. El guardián de Hanabi se concentró entonces en Naruto, quien ya llevaba medio minuto allí, alimentando su esfera de energía de tres metros de diámetro, la que se mantenía estable. Viendo su sistema de chakra, Neji se dio cuenta que Naruto no estaba inyectando energía en ella, sino que su cuerpo, de forma automática, alimentaba su técnica con un flujo constante de chakra a medida que la misma se disgregaba.

Un golpe de chakra, emanado del interior del rubio, hizo crecer la esfera rasengan a cinco metros de diámetro, para luego sostenerse otro minuto; el sistema de chakra del maestro sennin había sentido ese incremento de chakra y había aumentado el suministro de dicha energía, sosteniéndola sin problemas.

Finalmente, la esfera se achicó a medio metro de diámetro, permaneciendo veinte segundos así hasta que simplemente desapareció. Naruto se volteó, disculpándose por asustar a todos, para luego preguntarle a Neji: "Lo viste, ¿verdad?"; el Hyuga respondió: "Si, lo vi. ¿Puedes replicarlo en cualquier parte?". Naruto sonríe, mientras le responde: "Sin problemas".

Mientras los demás presentes allí no comprenden lo que ambos quieren decir, Neji se aproxima a Naruto para hablarle:

- ¿Comprendes que es una solución transitoria?

- Un atajo, es un atajo. Ya con más tiempo podré hacerlo de la manera correcta.

- Pero deberás ser muy preciso en la cantidad de chakra para desatarlo.

- No hay problema, he podido medir con mis sentidos el chakra que tú mismo usas para activarlo, por lo que puedo partir con un poco menos que eso y desde allí probar. Seguramente con mis grandes reservas de chakra puedo sacarle un muy buen rendimiento a mi propio byakugan.

- Seguramente.

Los escoltas de Neji, que han llegado junto a él, le preguntan qué rayos pretenden hacer, a lo que su líder les responde: "Naruto va a forzar su chakra a su ojo, directamente".

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"¿Estás listo, Naruto?"

"¡Sí, listo!"

"Entonces hazlo".

El Maestro Sennin se relaja, respirando profundamente, mientras reúne chakra en estado puro en la punta de su mano derecha. Debe calibrar muy bien la cantidad.

Son tres puntos los que debe tocar: uno arriba de su ojo, sobre sus cejas; el segundo en la parte baja de su parpado inferior, cerca del conducto lagrimal, y el último a la derecha del ojo, en el límite del orbital, sobre el hueso. Esos tres son los lugares por donde pasan los conductos de chakra principales que alimentan al byakugan activo.

Neji cuenta con que con esos tres canales liberados el ojo blanco pasará a su forma activa, y el cuerpo de Naruto reaccionará a dicha activación solventando el requerimiento de energía con más chakra, completando todos sus puntos de liberación y sosteniéndolo (de la misma forma que ha reaccionado al rasengan sostenido alimentándolo automáticamente). Luego, para detenerlo debería bastarle relajar toda esa zona de la cabeza, cortando el flujo de chakra en aquél lugar.

Naruto inicia.

Concentra su chakra en sus dedos índice, medio y anular. Luego, coloca esos dedos en los puntos precisos, para luego inyectar el chakra dentro de si mismo.

Lo siente. Siente como su energía viaja al ojo blanco, llenándolo.

Luego, el choque, que como una onda surge del mismo ojo, visible para si mismo, la que se expande. Un momento de claroscuro, y su visión cambia, como si el chakra de las cosas que lo rodean, antes perceptible como un tono más de luz blanca, se hiciera más fuerte, superponiéndose a los colores reales, como si todo fuese pintado de un tono blanco plateado. Se ve obligado a cerrar su parpado izquierdo, lo que le ayuda a enfocarse.

Percibe como su visión aumenta, y alcanza hasta los límites del bosque que lo rodea. Es siente extraño, y abrumador, pero logra concentrarse lo suficiente para poder identificar elementos dentro de todo lo que ve.

Neji le habla, indicándole que correrá detrás suyo. El Hyuga toma dos kunai de sus ropas y los sostiene en ambas manos, mientras le dice al rubio que se quede quieto, mirando al frente, debiendo decirle cuando lo deje de ver y cuando vuelva a entrar en su campo visual, fuerte y claro. Naruto asiente.

El primo de Hinata corre, hasta ponerse a doscientos metros de Naruto, corriendo en arco detrás del joven. Un primer grito y una primera marca; luego, la segunda.

Neji corre al frente de Naruto, para ordenarle que termine con su byakugan.

Naruto se relaja, mientras reduce su flujo de chakra en todo su cuerpo. Dos segundos tarda el ojo blanco en pasar de activo a pasivo, desapareciendo la marca de las venas hinchadas alrededor del mismo.

Los tres sapos, que están ya con sus tamaños reales, aplauden emocionados.

Neji se aproxima a Naruto, quien se ve cansado y no disimula tu maltrato:

- Te vez agotado, Naruto.

- No es eso, primo, sólo que ha sido demasiado que manejar. Sinceramente no creí que fuese tan difícil poder lidiar con tantas cosas pasando ante mi vista a la vez.

- Pero lo manejaste bastante bien.

- Tenía razón, mi experiencia con el senjutsu ayudó bastante.

- ¿Qué distancia alcanzaste?

- Al frente, creo que cuatro kilómetros; atrás poco menos de la mitad de eso.

- Entiendo. Con mayor experiencia podrás equiparar esas distancias y mejorarlas.

- Creí que vería a la misma distancia en todas direcciones.

- Se llega a eso eventualmente, pero tú tienes que lidiar con tu cabeza.

- ¿Mi cabeza?

- El chakra contenido dentro de tu cabeza, el que interrumpe en parte la sensibilidad de tu ojo en esa dirección. Pero no te preocupes, con suficiente práctica tu cerebro ignorará esa masa de chakra.

- Pude ver esa onda que decías, fue exactamente como lo dijiste.

- La primera es la más notoria, pero esa emisión de chakra del cuerpo es constante y requiere mucha energía, así que trata de no descuidarte o puedes verte en ceros de chakra de golpe. Ahora, tu visión es de trescientos treinta grados.

- ¿Tanto?

- Sí. Seguramente tus grandes reservas de chakra junto al nivel de desarrollo del ojo de Hinata-sama dieron esos resultados. Si hubieses tenido sus dos ojos lo más probable era que tu visión perimetral fuese completa. Sinceramente no me esperaba estos números.

- Pero no es lo ideal.

- No con esa forma tan extraña de activarlo. ¿Qué tan rápido puedes hacerlo como para usarlo en batalla?

- Considerando los pasos, puede que dos o tres segundos para no correr el riesgo de equivocarme en los puntos de inyección de chakra. Aunque considerando que estoy haciendo trampa es un tiempo bastante bueno, creo.

- Yo no lo diría así, pienso que es más bien… original.

- Gracias, primo.

- Bien, ya es tarde y estamos todos agotados. Sugiero detenernos para comer algo y seguir después. Al ritmo que vamos deberíamos poder terminar con las bases hoy mismo; más allá que eso dependerá de tu propio entrenamiento.

- De acuerdo. Crearé un par de clones para preparar la comida. Además, ese tipo de cosas me ayudará a ambientarme a la sensación de saturación que tengo por usarlos.

Mientras los Hyuga siguen a los clones al campamento, Naruto decide despojarse de sus ropas y, con sólo sus pantalones, ir al riachuelo a recolectar camarones (ha visto muchos de ellos con su byakugan activo, y considera que será una buena práctica para su nuevo ojo una tarea de ese tipo).


Luego del almuerzo, y tras una nueva revisión de sus ojos de parte de los doctores Hyuga (preocupados por lo que esa inyección directa de chakra pudiera hacerle al ojo trasplantado), siguió la práctica de activación y desactivación de su byakugan.

Aquello se parecía a la época en que aprendió el hiraishin, básicamente repetición del ejercicio una y otra vez. Aunque con un cambio: luego de la primera media hora Neji cambió el ejercicio, enfrentando a Naruto en combate a fin de entorpecer la activación.

La intervención del joven Hyuga molestó bastante a Naruto al principio, haciendo que fallara cuatro de cada cinco veces, pero era algo esperable dada la habilidad de Neji en combate cuerpo a cuerpo. La mayor dificultad era el concentrar el chakra en su mano, ya que al menor ataque de su profesor el chakra concentrado alteraba su composición o cantidad.

Hora y media después Naruto había encontrado el ritmo necesario para ejecutar la activación de su byakugan, incluso mientras Neji atacaba con su juken.

Aún fallaba en la activación en razón de una de nueve oportunidades, pero aquél nivel de precisión era suficiente a juicio del joven Hyuga.

El probar su modo senjutsu con el ojo blanco en modo pasivo causó una reacción extraña, de la que no se había podido percatar cuando lo había hecho antes, con los parpados cerrados: el aumento de su chakra corporal (ya que el modo sabio reforzaba sus capacidades físicas imbuyendo directamente el chakra natural en sus físico) causaba un modo intermedio, que sin activar claramente su byakugan aumentaba su capacidad ocular, como si fuese alguna forma de activación incompleta del ojo blanco. No era suficiente para aumentar su rango de visión más allá de su vista normal, pero le permitía la vista del chakra en aquello que lo rodeaba casi con la misma claridad que el byakugan activo, como si la combinación de ambos le diese una percepción más precisa del chakra.

Obviamente desde ese punto la siguiente meta era probar qué tan lejos podía llegar.

El byakugan activo combinado con el senjutsu no le daba mayor alcance visual, pero le daba imágenes mucho más detalladas y precisas de aquello dentro de su rango.

La siguiente prueba, con los clones y el byakugan activo, era incluso peor que la prueba previa, y al sexto clon Naruto se veía superado en sus sentidos. Pero con su senjutsu, llegaba a quince clones y una mejora aún mayor en la definición de lo que veía, principalmente a nivel de chakra.

Naruto estaba extasiado. Era hora de probar aumentar el nivel de chakra en su ojo blanco, esperando así aumentar su rango de alcance visual. Pero la emoción le ganó.

Dos aumentos mínimos le permitieron llegar a seis kilómetros. Ya estaba a un ciento veinte por ciento del chakra que Neji utilizaba para activarlo, y pensó que con su experiencia y su muy desarrollado sistema interno de chakra podía subirlo a ciento cincuenta por ciento sin problemas, superando así el alcance del propio Neji.

Naruto hace la prueba, siendo ésta todo un éxito.

Tres segundos después un grito de dolor alcanza a todos los allí presentes. Un sonido que nunca pensaron oír del rubio, quien se apoya en el suelo, incapaz de soportar el fuego que quema su nuevo ojo. Es tanto su abatimiento que es Neji quien logra llegar donde él y, usando su puño suave, cierra uno de los conductos principales de chakra que alimentan al ojo blanco, terminando la activación del byakugan.

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Ninguno de los presentes sabe qué ha sucedido.

Cuando Naruto estuvo lo suficientemente recuperado tuvieron que replicar la experiencia, a fin de descubrir si ese dolor era causado por algún problema de la cirugía.

Pero los doctores no descubrieron nada.

Todo el sistema del chico estaba perfecto. El dolor era real, pero no se generaba en ninguna de las terminaciones nerviosas que rodeaban al ojo. Tampoco era que el exceso de chakra lo estuviese dañando; es más, a ojos de los doctores el byakugan de Naruto funcionaba excelentemente, pero el chico insistía en que si volcaba demasiado chakra le dolía.

La única parte del cuerpo del rubio en que ese dolor era evidenciado físicamente era en el cerebro del chico, en donde las zonas asociadas a dicha sensación se "iluminaban", como cuando una persona es sometida a un estrés físico muy grande.

Pero no era real, no en el sentido de que su cuerpo estuviese siendo sobre exigido. Era más como si el ojo enviara a su cerebro señales de dolor artificiales, o quizás era otro tipo de señales, desconocidas tanto para ellos como para el maestro sennin, y que el cerebro del joven interpretaba de esa forma.

O sea, como un "dolor falso". Era algo que simplemente ni tenía nombre.

-Ese es el problema cuando te encuentras con algo que simplemente no debería existir-.

Naruto estaba preocupado de que su ojo hubiese sido dañado, como si la integridad del mismo fuese más importante que su propia salud, y se alegró enormemente al saber que nada pasaba con el implante, al menos a nivel físico-celular. Luego, con esa certeza, se disculpó con quienes en ese momento lo trataban: realmente no tenía experiencia con el dolor físico (una de las pocas ventajas de tener al Kyubi dentro suyo desde su primera infancia era que su resistencia física y capacidad de recuperación acelerada le habían privado del verdadero dolor que otros sentían al herirse) y lo sucedido le había sorprendido; de allí su reacción tan escandalosa.

Obviamente Neji no se tragó esa disculpa, al menos no en su totalidad.

Varias pruebas más se hicieron, en que el dolor se hacía más fuerte a medida que el chakra alimentando el ojo blanco aumentaba.

Neji le sugirió a Naruto deshacer el trasplante: una cosa era la saturación sensitiva que podía controlarse sin usar clones o recurriendo al modo sennin, pero otra muy diferente era llevar sobre si algo que te podía tumbar de dolor si es que te descuidabas. Y es que, ante rivales de la talla del falso Madara, con Naruto debiendo pelear con todo su poder, era un riesgo demasiado alto que su propio poder se desbordara y el dolor terminara derribándolo, dejándolo totalmente vulnerable ante su enemigo.

Pero Naruto insistió en usar ese ojo: su vulnerabilidad ante los genjutsu era demasiado grave para arriesgarse a ir contra su enemigo sin esa ayuda. Encontraría la forma de evitar saturar de chakra al ojo blanco, y podía aprovechar los días que quedaban hasta la batalla para acostumbrarse a esa sensación quemante.

Viendo que no podría convencer a Naruto de deshacer aquello, Neji se concentró en acelerar su entrenamiento. Eran las cinco de la tarde y sólo contarían con unas cinco horas más para acondicionarlo y lograr descubrir si es que presentaba algún otro problema.

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Eran las nueve y media de la noche. Los doctores fueron los encargados de preparar la cena.

En medio del campo, a bastante distancia del campamento, estaban tirados los tres sapos gigantes, Neji y sus escoltas. Todos ellos sin energías para continuar.

Un poco más lejos, Naruto con su byakugan activo peleando contra cuatro clones de sombras, sirviéndose de su ojo blanco para ver el flujo del chakra de sus enemigos en todas direcciones, esquivando ataques de energía y de armas arrojadizas cargadas de chakra futon.

La joven doctora fue quien los fue a buscar, a fin de que pudieran comer algo para luego descansar.

El día había sido demasiado agotador, y seguramente nadie querría seguir por esa noche.

Naruto derribó rápidamente a sus clones con sendos cortes de chakra de su wakizashi, para luego ayudar a los derribados proporcionándoles del chakra del nueve colas a fin de reponer sus cuerpos y curar sus magulladuras.


La noche era oscura, y entre unas cuantas nubes que cubrían el cielo (arrastradas por un viento del sur y que aparecieron con las primeras estrellas) se asomaba de repente la luna creciente, que con su brillo alteraba totalmente el espacio que rodeaba el campamento, iluminando todo como rápidos destellos que eran pronto suprimidos por alguna nube pasajera, oscureciendo todo nuevamente.

El fuego se había apagado hace ya un buen rato, y en la oscuridad un sólo par de ojos, uno azul y otro plateado, que se enfocaban en la lejanía.

Naruto había elegido hacer la primera guardia, en consideración al estado en que habían quedado tanto los combatientes Hyuga como los sapos de su propio equipo, molidos por la acción de su invocador.

Debían ser ya medianoche, y todavía le quedaban un par de horas de esa soledad nocturna antes de tener que despertar a los hermanos sapos, hijos de Gamabunta, para que lo relevaran.

Había aprovechado esas horas de soledad para entrenar su vista, probando sus capacidades y acostumbrándose a usar sus dos ojos a la vez, sorteando el problema de la diferente percepción de cada uno. Ya le había advertido Neji que un golpe de chakra podía dejar su byakugan ciego, y por lo mismo no podía enfrentar su pelea de un par de días con sólo uno de sus ojos.

También insistía con lo de sobrecargar su ojo blanco. Necesitaba superar esa sensación quemante, o al menos acostumbrarse lo suficiente para que no le estorbara en caso de ver su chakra descontrolado y que un aumento del mismo durante la pelea le causara ese problema nuevamente.

Era un ejercicio simple: ir subiendo la cantidad de chakra volcado en su ojo blanco hasta que éste comenzaba a doler; luego, subir su intensidad hasta llegar al límite de lo tolerable y aguantar, al menos un minuto; después, relajarse por un par de minutos y retomar la operatoria. Al menos sus sentidos le permitían calibrar con precisión cuando chakra usaba en cada prueba, por lo que sabía el punto exacto en que el dolor se manifestaba y cuanto podía subir o bajar antes de que se volviera demasiado.

No era alguien masoquista, pero Naruto sentía que debía poder aguantar aquello y repetía el ejercicio una y otra vez. Una parte de él temía que ese dolor no fuese más que un castigo de la peliazul, como aquella visión de muerte que tuvo: Kurama ya le había advertido que el chakra de Hinata, almacenado en su ojos, aún no se disgregaba por completo en su sistema interno, por lo que cabía la posibilidad de que todo ese sufrimiento fuese producto de aquello.

Obviamente ante tal idea el zorro se indignó: era imposible que su amiga, consciente o inconscientemente, les estuviese haciendo eso, porque simplemente no estaba en su naturaleza. Y es que una parte de él tenía que reconocer aquello: Hinata-chan no sería capaz de torturarlo de esa manera, no cuando ella misma le había legado aquél ojo que ahora portaba.

Luego, tenía que haber alguna explicación para todo ese dolor, uno que se iniciaba cuando su chakra llenaba al byakugan y que cesaba cuando ese chakra se cortaba, como si el ojo lo consumiera. Algo pasaba, y ni Neji ni el añoso pergamino del clan Hyuga en que se detallaban los cuidados y ejercicios necesarios para garantizar a los extraños el uso del ojo blanco tenían la respuesta a su problema.

Porque Naruto quería pensar que había algo oculto allí, detrás de todo ese sufrimiento.

Porque la alternativa, con su difunta esposa torturándolo a través de su legado, era una idea simplemente inaceptable.

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Neji llegó a eso de las doce y media de la madrugada.

Ya llevaba una hora despierto, vigilando los ejercicios de Naruto con su propio byakugan, metido dentro del futon plegable de su tienda de campaña.

Al principio pensó dejarlo sólo. Mal que mal al día siguiente se separarían y el rubio necesitaba habituarse a continuar con sus ejercicios de acostumbramiento por si mismo. Pero el verlo así, aguantando el dolor, le hizo salir de su lecho.

El Hyuga habló primero:

- ¿Sigues tratando de aumentar el alcance de tu byakugan, Naruto-san?

- No exactamente, primo. Sólo quiero habituarme al dolor.

- Podrías probar algún otro medio…

- (interrumpiendo) Ya usé el chakra del zorro y chakra natural, pero sea cual sea la energía que utilice para sobre alimentarlo el dolor es persistente.

- Me di cuenta de que tu reacción de dolor no es inmediata, pasa unos instantes entre que activas el byakugan y que tu cuerpo reacciona al mismo, y el tiempo entre una cosa y otra transcurre es más corto mientras más chakra utilizas.

- Gracias por el dato. Aunque no pensé que me vigilarías desde la tienda.

- Se lo debo a Hinata-sama.

- Lo sé. Yo también le debo el dominar este ojo, a fin de no parecer débil usando algo que era parte de ella.

- Hiashi-sama dijo algo parecido.

- ¿Cuándo?

- Cuando me prestó el pergamino que te pasé.

- ¿Era de él?

- Del clan, pero se me adelantó cuando traté de conseguirlo. Sinceramente creí que se negaría a que tú lo usaras, pero parecía preocupado de que no hicieras el ridículo llevando el legado de mi prima contigo.

- Ya veo. Parece que si coincidimos en algo ese viejo y yo.

- Dos cosas.

- ¿Dos cosas?

- En dos cosas coinciden: en eso y en su amor por Hinata-sama, aunque cada uno a su manera.

- Al final de todo parecerá que mi tonto suegro no es más que un incomprendido, y no el villano sádico que aparenta ser.

- No diría tanto, sólo es… estricto, y muy exigente.

- Lo mismo que me dijo Kurenai-san una vez. Bien, si es así, creo que deberé esforzarme para no decepcionarlo. No sólo por él, también por Hanabi-chan, por ti, y por los compañeros de equipo de Hinata-chan. Todos ustedes se merecen que les diga que logré acabar con el responsable de su muerte.

- Lo que sea que vayas a hacer no lo hagas por venganza, Naruto-san. La venganza nunca ha sido una buena motivación, ya que termina sacando lo peor de uno; lo sé mejor que nadie, ya que ese sentimiento casi provoca que hiciera algo que nunca me habría perdonado.

- Lo recuerdo. ¿Sabes? Lo único que deseaba cuando dejaste a Hinata-chan moribunda era destrozarte con mis propias manos.

- Lo cual fue extraño, si lo piensas bien. Todo ese deseo de sangre no tenía sentido, cuando ella no era nada suyo en ese entonces.

- Si… nunca supe porqué tuve ese arrebato. Quisiera pensar que ella significaba algo importante en mi vida, aunque no supiera qué era con exactitud. Tal vez sólo fue la rabia por esa escena tan injusta; o tal vez… tal vez algo me decía que esa chica menuda y tímida llegaría a ser lo más valioso de mi vida algún día, y tú estuviste a punto de quitármela.

Neji abre sus ojos, sorprendido por las palabras de Naruto. Se coloca en posición de combate, mientras le dice: "Es muy tarde para disculparme con usted por eso, Naruto-sama, pero trataré de compensarlo, aquí y ahora"; el rubio reclama: "No deseo golpearte, Neji"; el aludido contesta: "No golpearme. Entrenaremos juntos. Me esforzaré para estar a su altura y poder darle al menos una hora de combate".

Naruto se inclina, agradeciendo el gesto, para luego adoptar su posición de pelea, activar su byakugan y decirle a su oponente: "Veremos si puedes aguantar siquiera diez minutos, primo"; el joven Hyuga activa a su vez sus ojos blancos y responde: "Veremos, primo".

La luna se asoma nuevamente, como si pretendiera observar la pelea de los dos jóvenes que lucen su imagen en sus rostros.


Eran las ocho de la mañana.

Gamatatsu observa atento los alrededores.

Gamakishi sólo bosteza, prestando más atención a los humanos que levantan el campamento, prontos a regresar a Konoha.

El doctor mayor trata el cuerpo de Hyuga Neji, quien presenta moretones en todo su cuerpo, como si lo hubiesen apaleado. Junto a él, Naruto comenta con desgano que debería sentirse decepcionado al haber aguantado apenas cincuenta minutos. El joven Hyuga, como si quisiera incomodar al rubio, le responde que ninguna vergüenza hay en caer ante el más fuerte de todos, y que seguramente esos cincuenta minutos es más de lo que cualquiera aguantaría al medirse con el Maestro Sennin.

Naruto ríe. Luego, le devuelve el pergamino de su clan a su primo, a fin de que se lo entregue a su suegro con su agradecimiento.

Antes de que el equipo Hyuga se marche Naruto les pide que observen su próxima práctica, a fin de que con su byakugan puedan darle una impresión precisa de sus habilidades y su propio uso del ojo blanco.

Intrigados, los Hyuga aceptan, mientras Neji pregunta contra quien se medirá.

Naruto responde: "Contra mi mismo".

Al principio el guardián de Hanabi cree que se tratará de una pelea contra clones, pero el rubio lo sorprende al hacer aparecer un pergamino que contiene cuatro marcas en él. Una vez liberados esos cuatro sellos, se aparecen en una nube de humo cuatro copias del rubio, una de las cuales saluda a Neji y le pregunta qué tal se encuentra Hanabi de su ojo.

Allí el joven Hyuga comprende que ese debe ser aquél que estuvo batallando en Konoha, el creador de los clones que lo asistieron junto a los sapos para capturar a su padre revivido.

O sea, esos deben ser los clones especiales del maestro sennin, copias perfectas del mismo, cuya existencia se divulgó cuando la batalla en las cinco aldeas terminó y los informes sobre la intervención del joven rubio en cada una de ellas se difundió.

Y era evidente que no eran simples clones de sombras, porque ninguno de ellos lucía un ojo blanco sobre si, sino que llevaban los dos ojos azules que eran propios de su creador antes de todo eso.

Naruto les pregunta a sus avatares si están listos para medirse con él. Los cuatro asienten. El Maestro Sennin se preocupó de recargar sus reservas de energía la noche de la batalla para tenerlos listo para esa pelea, y ahora podrá probarse ante rivales de un poder igual o superior al del mismo Obito.

Esos cuatro son la vara que medirá qué tanto le significa llevar el legado de Hyuga Hinata consigo.