Sam se dejó caer en la cama y miró a su hermano que todavía estaba limpiando las armas. Había sido un día duro persiguiendo demonios, buscando la Lucifer, pero al menor de los Winchester no le importaba. Ya todo daba igual. Cada día que despertaba, se daba cuenta que era una día más en el que podía estar con su hermano, en el que no estaban muertos y todavía podían luchar. Lo que pasara al final de ese día, la posible muerte, el final del Apocalipsis o la victoria de Lucifer; eran cosas en las que Sam, cuando se tumbaba en la cama y miraba a Dean no le importaban.
"Ven a la cama, tienes que estar agotado, porque yo estoy molido."
"Espera, todavía me quedan un par de cosas por hacer." Le contestó Dean, sin levantar la mirada del arma que estaba limpiando.
"Eso puede esperar, igual que el final del mundo puede esperar."
Dean se dio la vuelta, no podía creer lo que estaba escuchando, después de todo lo que habían luchado para llegar hasta allí, para tener los cuatro anillos de los jinetes y ahora Sam se daba por vencido.
"No es lo que piensas, no me mires así. No voy a dejar de luchar si es lo que crees, pero esta puede ser nuestra última noche, igual que puede serlo la de mañana o lo pudo haber sido la de ayer. ¿No crees que nos merecemos un descanso después de todo lo que hemos trabajado?"
Dean dejó el arma y el trapo con la que la estaba puliendo encima de la mesa y se sentó junto a su hermano en la cama. Suspiró con fuerza, pues aunque no quisiera reconocerlo, estaba terriblemente agotado, no tanto por el trabajo realizado, sino por el peso que guardaba en su interior.
Todavía no le había dicho a Sam y no tenía ninguna intención de hacerlo, que había hecho un trato con Muerte, que le había prometido empujarle a la trampa de Lucifer cuando tuviera al demonio en su cuerpo. sabía que Sam lo comprendería, incluso le diría que tenía toda la razón; pero la sola idea de tener que matar a su hermano… tantas veces había pensado en algo así, incluso su padre se lo había dicho, que no podía ni quería pensar que fuera realidad.
Las manos de Sam se deslizaron desde su espalda, hasta llegar a su pecho y lo apretó con fuerza. Comenzó a besarle el cuello y lo atrajo hacia si, tirando de él, que pese a forcejear un momento, al final se fue acomodando en la cama.
"Estás muy tenso, es normal teniendo en cuenta lo cerca que está el final de todo." Sam le susurraba a su hermano al oído de una forma, que siempre le había encantado, que volvía loco y que le daba ganas de olvidarlo todo y dejarse llevar, sin más, por la pasión del momento. "Pero te vuelvo a repetir que nos merecemos un descanso, aunque sólo sea media hora, para nosotros sólos."
"Sólo media hora, pensaba que necesitaríamos más tiempo para relajarnos." Dean se dio la vuelta y miró de reojo a su hermano, sonrió levemente, intentando hacerse el duro y aceptó los labios de su hermano que empezaron a besarle la comisura de su boca. "Ahora en serio Sam, estamos a punto de morir, el mundo entero, toda nuestra existencia, creo que esto puedo esperar a que terminemos con Lucifer."
Como si de un gatito buscando calor se tratara, Sam rozó el cuello y la mejilla de su hermano con su cabello y le escuchó suspirar. Movió las manos para aprisionar todavía más su cuerpo, así aunque hubiera intentado escapar de él, jamás lo hubiera conseguido.
"¿Y si morimos? ¿Y si uno de los dos muere?"
"Sam no hables así."
"Hay que aprovechar el momento Dean, puede que no haya un mañana, que dentro de diez minutos Lucifer aparezca y nos mate. Pueden pasar muchas cosas Dean. Pero ahora mismo, estamos tu y yo solos en esta habitación, tu y yo en esta cama." Le besó el cuello apasionadamente y bajó las manos hasta su pantalón. "Tu y yo solos Dean. No te pido más que media hora, una hora siguieres, pero un momento para ser simplemente eso, tu y yo."
Sabía que tenía razón, antes de darse cuenta podían estar ya muertos y podían no haber disfrutado de los últimos minutos que tenían para ser felices. El mundo estaba completamente loco, Dios había decidido tomarse unas largas vacaciones y desentenderse de la humanidad. ¿Por qué ellos no iban a poder hacerlo aunque tan sólo fuera durante un rato?
"Tu y yo solos." Dijo el mayor de los hermanos en poco más que un susurro. Elevó las manos para poder acariciar el rostro de Sam y notó como este bajaba por su cuello hasta su hombro, introducía la mano bajo su camiseta y se la quitaba, sin que Dean opusiera ninguna resistencia. "Pero luego tenemos que volver al trabajo." Aquel suspiro sonaba cada vez más fuerte y cada vez se parecía menos a una frase muy convincente.
"Claro, media hora para nosotros…"
"Que sea una hora, creo que el mundo podrá esperar un poco más." La risa de Sam hizo también sonreír a Dean. lo cierto era que no tenían un momento para pasarlo bien, divertirse y sobretodo reírse, desde hacía demasiado tiempo.
Casi había olvidado el tono de voz de su hermano cuando se reía. Las cosas se habían puesto tan difíciles durante los últimos meses, que reír no había sido nada fácil y mucho menos pasar un rato agradable con Sam sin tener que pensar en nada más.
"Espera." Dijo Dean voz tan baja que Sam apenas pudo escucharle.
"¿Qué ocurre?"
Dean se arrodilló en la cama y miró a su hermano a los ojos, tomó su rostro entre las dos manos y le besó en los labios, no fue más que un simple roce, una caricia inocente, que hizo sonrojar a Sam.
"Necesito que me prometas una cosa."
"Dean no, por favor, no me vengas ahora con esas. Vamos a ganar, vamos a terminar con Lucifer y todo va a salir bien." Sam trató de coger las manos de su hermano entre las suyas, pero Dean se movió con rapidez y no se lo permitió.
"Necesito decirte esto, porque si ocurre algo y no lo hago, me arrepentiré siempre." Sam se mordió el labio, no deseaba escuchar aquello, no quería estropear el único momento de esparcimiento con el que habían contado en días. Pero su hermano lo necesitaba, tenía que decirlo. "Si mueres y tengo que quedarme aquí solo por el resto de mi vida, no creo que pudiera soportar no haberte dicho…"
Las palabras se atascaron en su garganta, había pensando en ello durante días, mientras peleaban contra demonios, en sueños mientras dormía, comiendo en cualquiera de los bares de carretera en los que se detenían a descansar. Por más que lo había intentado, no había podido quitárselo de la cabeza y ahora, antes de que fuera demasiado tarde, tenía que decirlo.
"Vale, vale… dilo, di lo que quieras, te escucho."
Dean respiró profundamente antes de decidirse a hablar.
"Recuerdas que te pedí que te casaras conmigo." Sam asintió en silencio, no quería hablar para su hermano no se arrepintiera y decidiera no continuar hablando. "Pero con todo lo que ha pasado últimamente, la verdad es que no ha sido el mejor momento par hacerlo."
Las manos comenzaron a temblarle. Dean no era de las personas que tuviera miedo a decir las cosas o que le costara hablar por miedo a lo que la otra persona pudiera pensar. Le gustaba ser franco, decir las cosas a las claras y sobretodo, por nada del mundo deseaba hacer daño a su hermano.
Pero ahora, no estaba seguro si decirlo, tal vez fuera un mal augurio, como si decir aquello pudiera significar no volver a ver a Sam, que uno de los muriera. Porque su Sam moría, significaba el final de su vida, para siempre.
"¿Estás bien?" Le preguntó Sam al ver lo que le costaba seguir hablando.
"En realidad no, porque no estoy seguro… no se si debo decir esto, por miedo a estropear este momento, pero al mismo tiempo creo si no lo digo ahora, podría no tener otro momento para hacerlo y entonces… Sam he estado pensando mucho y tienes razón, podemos estar muertos para mañana por la noche y no te habría dicho…"
Los brazos de Sam alrededor su cuerpo, le dejaron sin respiración. Le gustaba estar así, sentirse seguro durante un momento y no tener que comportarse como el heroe que iba a salvar el mundo entero.
"No se lo que quieres decirme y no se si quiero saberlo en realidad." Como si de un niño se tratara, Sam besó la frente de su hermano. "Pero si tan importante es para ti decirlo, entonces… vamos, suéltalo."
Una sonrisa se dibujó en los labios de los dos hermanos y aunque ninguno de los dos podía ver al otro, ambos se imaginaban la expresión en el rostro del otro. Dean se sentía bien, sabía que Sam estaba tan aterrado como él por lo que pudiera ocurrir al día siguiente, pero durante ese momento, se sentía bien, protegido, feliz incluso y sobretodo fuera de todos los problemas que pudieran significar el fin del mundo y la victoria de los ángeles o los demonios.
Simplemente, tal y como los dos querían, eran ellos, ellos dos y nada más, nadie más en aquella habitación de motel que pudiera molestarlos, ni un ángel, ni un demonio, ni un inocente, nada podía evitar que aquella noche, que aquella hora que habían decidido tomar de tregua, pudieran ser felices y nada más.
"Vale, te lo diré, pero prométeme que no te vas a reír."
"Te lo prometo."
"Cásate conmigo, aquí y ahora."
Dean se dio cuenta que su hermano se había puesto tenso en menos de un segundo, el abrazo que un momento antes había sido tierno y sincero, ahora parecía el de dos columnas de piedra aprisionándolo.
"Sam…"
"No se lo que decir, no se, esperaba otra cosa, pero no algo tan… ¿Crees que no lo vamos a conseguir verdad?" Dean tampoco había esperado aquella respuesta por parte de su hermano, pero trató de mantener la compostura.
"¡No! No lo digo por eso, no lo digo porque crea que vayamos a morir… Bueno un poco si, pero no quiero perderte y saber que no… Dios, no soy nada bueno para decir estas cosas, supongo que por eso, nunca he conseguido tener una relación estable con alguien que fueras tu. Tu me conoces Sammy, sabes porque lo digo así que por favor no me lo pongas todavía más difícil. Sólo quiero que me prometas que me querrás siempre, pase lo que pase, vivamos o muramos, que si sales vivo de aquí, me recordarás como el tío que más te ha querido y si tengo que seguir sin ti, sólo quiero saber… que estés donde estés, me quieres, que por muy culpable que me sienta por no haber podido salvarte, me sigues queriendo, porque aceptes estar a mi lado ahora y siempre, porque decidas decir que si, que quieres casarte conmigo, aunque no sea nada oficial, aunque nadie lo sepa, ni siquiera Bobby o Cass. Simplemente, quiero decirte que… quiero pasar el resto de mi vida contigo, aunque esa vida sea de dos horas."
Dean exhaló profundamente. Nunca había sido tan sincero con nadie, nunca se había atrevido a decir ese tipo de cosas a nadie y nunca lo había hecho sin saber como iba a reaccionar la otra persona.
Por eso, miró a Sam, se quedó contemplando sus ojos castaños, esperando que su hermano le dijera algo por fin, rompiera aquel incómodo silencio y dijera lo que sentía tras lo que le había dicho.
Sin embargo, Sam ni dijo nada. Para sorpresa de Dean y sin dejarle reacción, empujó el cuerpo de su hermano contra la cama y se sentó encima. Le besó apasionadamente, le besó una y otra vez, hasta que ya pudo respirar y se quedó a menos de uno centímetro de su rostro, sintiendo su acelerada respiración, que se mezclaba con los nervios de por la reacción de Sam.
"Eso significa… Sam aunque no te lo creas todavía no he conseguido aprender a leerte la mente y no se porque has hecho eso, así que preferiría que me dijeras lo que está pasando por tu cabeza ahora mismo y luego siguieres podemos seguir con esa hora de diversión."
"¿Cómo que no sabes lo que estoy pensando? ¿Cuántas veces te he dicho que te quiero? ¿Cuánto tardé en aceptar casarme contigo, por muy rara que sonara la idea? Dean te quiero, te quiero con toda mi alma y si tengo que seguir adelante, como tu dices," Sam decidió no pararse a pensar en los meses en los que había tenido que seguir adelante sin Dean, porque más de una vez había pensando en dejarlo todo y marcharse al infierno con él. "Entonces quiero que sea de verdad, quiero hacerlo, como el hombre que ha conseguido arrancarte el si quiero y ese beso que cierre lo que sentimos. Así que, por si todavía no te ha quedado claro del todo, Si quiero, Si quiero Dean, quiero casarme contigo ahora mismo, aunque sólo lo sepamos nosotros dos."
"¿De verdad?"
"Dean," Sam se incorporó y se arrodilló en la cama, tiró de su hermano para que hiciera lo mismo y una vez que lo tuvo delante de él, con la mirada y la atención plenamente puestas en él, lo dijo. "Si quiero, ¿quieres ser mi compañero por el resto de tu vida?"
La sonrisa en los labios de Dean, fue completamente amplia en ese momento y sincera como hacía días, incluso meses que no lo era.
"Si quiero."
