Historias de Hogwarts

Por Cris Snape

Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JK.Rowling y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.

Resumen: Evan Rosier, Myrtle la Llorona, la profesora Sprout, Ritchie Coote... Los personajes olvidados de Harry Potter se dan cita en una serie de relatos breves. Porque ellos, también existen. Aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de Ron Weasley, Blaise Zabini o Sirius Black. Todos ellos están juntos, pero no revueltos. Espero que os guste.

56

Thomas Riddle Sr.

Como un sueño

Ella camina aferrada a su brazo, mirándolo como si fuera el ser más maravilloso del mundo. Él sonríe, sintiéndose afortunado de tenerla a su lado, y se inclina para besarla con suavidad, demostrándole todo el amor que corre por sus venas, envenenando su raciocinio y dominando su corazón. Ella responde al beso con la misma timidez de siempre, una punzada de remordimiento oprime su pecho y anhela que todo cambie. Él es feliz teniéndola a su lado, admirando su belleza, su inteligencia, su fortaleza...

No le importan las miradas de la gente. Ellos no entienden. Después de todo, sólo ven a un hombre excepcionalmente atractivo, de porte elegante y ademanes caballerescos, paseando con una monstruosidad desgarbada, delgada, torpe y temblorosa.

Thomas sabe que ninguna de esas personas comprende cómo es Merope de verdad. Ninguno de ellos ha escuchado su voz suave mientras cenan a la luz de las venas, ni la han visto estremecerse bajo sus caricias, ni la han visto cerrar los ojos mientras se entrega por completo al éxtasis. No conocen a la Merope pasional y tierna que le hace las noches más agradables, ni a la joven que le sirve el desayuno con una sonrisa todas las mañanas, ni a la muchacha que busca su calor y protección todo el tiempo, como si temiera que el hechizo del amor entre ambos fuera a romperse de un momento a otro.

No saben, en definitiva, lo mucho que la ama. A veces, la quiere tanto que se siente enfermo. En ocasiones, no puede controlar el deseo y toma su cuerpo con brusquedad, hasta hacerla llorar de placer. Otras, no soporta que ella se aleje de su lado y puede llegar a suplicarle que no le deje solo. Y los celos son demasiado fuertes para soportarlos. Cuando alguien la mira, cuando habla con sus vecinos, incluso si son mujeres, Thomas desea matarlos a todos. Quiere coger a Merope y llevársela lejos, tenerla sólo para él. Esconderla del mundo y disfrutarla día y noche, sin pensar en nada más que en ellos, juntos. Todo el tiempo.

Thomas la quiere tanto que duele. Cuando la mira y le sonríe, se siente mejor. Acostumbra a abrazarla posesivamente y, esa noche, aprieta el paso. Quiere llegar lo antes posible a casa. Quiere a Merope. Ahora.

Ella está encantada. Nunca antes la habían amado con tanta intensidad. Thomas es tan dulce, tan posesivo, tan maravilloso. Justo como ella siempre lo había imaginado. Y la mira con los ojos repletos de amor, como si ella fuera lo único que tiene importancia en el mundo. Como si realmente estuviera enamorado de ella.

Merope no quiere engañarse. No puede permitírselo y, aún así, cree que Thomas la quiere de verdad. Está segura de que el filtro amoroso ya no lo mantiene bajo el yugo de la pasión impuesta, y cree en un futuro feliz, en el que ambos son felices. Juntos y libres.

Siente el mullido colchón de lana acariciar su espalda desnuda. Thomas se ha dado prisa en llevarla a casa y ya la tiene desnuda, dispuesta para él. Merope sólo puede dejarse embargar por el placer mientras él la acaricia y le repite una y otra vez cuánto la ama. Después, ambos permanecer tumbados, juntos y desnudos, acariciándose mutuamente y repartiendo besos repletos de ternura, y Merope siente que es el momento de darle la noticia. Cuando lo sepa, no habrá motivos para seguir con el embrujo. Thomas la querrá. A ella. Por ella.

-Tom. Estoy embarazada.

Él no dice nada. Ha detenido las caricias sobre sus caderas y Merope lo escucha suspirar. Durante un segundo, tiene miedo, hasta que siente un mordisquito en la oreja y escucha una alegre risita plagada de sinceridad.

-¿Estás hablando en serio?

-Sí.

Aunque Tom no de saltos de alegría, aunque permanezca muy quieto, como si nada hubiera pasado. Merope sabe que lo acaba de hacer el hombre más feliz del mundo. Ambos habían ansiado tanto la llegada de un hijo, que la dicha que los embarga es inmensa.

-Mañana regresaremos a Pequeño Hangleton –Afirma Thomas, y Merope comprende cuán importante es el bebé para él. Volver al pueblo, hacer oficial su relación... Él debe sentirse extremadamente dichoso –Te presentaré a mis padres, celebraremos una boda por todo lo alto y te convertiré en la señora Riddle.

Merope lo besa apasionadamente. ¿Puede ser la vida más maravillosa? Ni siquiera sabe cómo reaccionar ante esas palabras. Thomas ha hecho lo más grande que nunca nadie ha hecho por ella: la ha hecho sentir viva. Importante. Debe quererla mucho.

-Te amo, Tom –Musita, mientras se levanta de la cama y sale del dormitorio. Ha llegado la hora de la infusión nocturna de su hombre.

Camina con lentitud hasta la cocina y prepara una tila. Con la mano izquierda, cerca del corazón, sostiene el botecito del filtro amoroso que le ha permitido tener la vida más feliz que hubiera podido desear. Su parte racional le dice que Tom debe seguir tomándoselo, que sus sentimientos, sus miradas, sus palabras y sus promesas son una mentira, pero su corazón no opina lo mismo. Él le dice que Tom la ama por cómo es, le repite que ella es digna de recibir todo ese cariño, la anima a correr riesgos y dejar que él elija. Porque él merece elegir, y Merope necesita saberlo libre para no volver a sentirse culpable. Porque ella quiere un amigo, un amante y un compañero de vida, no un esclavo.

Y tira el contenido del frasco por el fregadero, esperando que la suerte premie su altruismo.

HG-HG-HG-HG-HG-HG-HG-HG-HG-HG

"Estoy embarazada"

Thomas Riddle está sentado frente al fuego, con la mirada perdida entre las llamas amarillentas. Esas palabras llegan a su mente como salidas de la nada, haciéndole sentir incómodo, preocupado y deprimido. Cada vez, piensa menos en ella, pero cuando lo hace, siente un inmenso dolor en el pecho, como si esa mujer le hubiera arrancado un pedazo de corazón.

Hace ya muchos años que la abandonó. Dieciséis, le recuerda la parte de su cabeza que no se cansa de recriminarle sus acciones pasadas. El horrendo rostro del demonio que lo mantuvo preso durante todos aquellos meses acude a su mente, haciéndole estremecer de miedo... Y culpa. Piensa en el niño. Ahora sería casi un adulto. Podría haber sido su sustituto en los negocios familiares. Podría haberlo visto crecer, haber podido gritar a los cuatro vientos que tenía un heredero, aunque fuera un bastardo hijo de un ser casi decrépito. Y también piensa en ella, en lo mucho que la odió cuando la vio tal cual era, en lo traicionado que se sintió cuando descubrió el engaño al que ella le había sometido. Y también se acuerda del inmenso dolor que atenazó sus feas facciones cuando la rechazó. Cuando la golpeó como un salvaje. Cuando ella le suplicó que no la violara, y él le dijo que jamás follaría con alguien como ella. Thomas no sabe si sentirse orgullo de esas acciones. Después de todo, la vida le ha enseñado que la belleza no está en el exterior, precisamente.

Le da un largo trago a su copa de brandy. Ya es casi la hora de cenar y su madre no tardará en ir a buscarlo. Suspira. Lamenta mucho no haberse podido casar. Ahora, añora tener una esposa, hijos, pero se siente manchado. No sabe por qué, pero no puede estar con ninguna mujer. No ha podido desde que la dejó a ella. Y no encuentra una explicación racional. Quizá, es un castigo divino por su debilidad, por haber tratado tan mal a Merope, por no haberse dado la oportunidad de amar a la mujer debajo del horrendo cascarón. A veces, piensa que su vida podría haber sido diferente de haberse quedado con ella. Piensa en el bebé y se pregunta qué fue de él, cómo sería, que haría con su vida. Se siente estúpidamente melancólico e, incluso, se plantea la posibilidad de volver atrás.

Escucha la voz de su madre en el comedor. Cada día que pasa, los soporta un poco menos. A sus padres, que insisten en tratarlo como si fuera un niño, que no ven en él al hombre que es. Piensa, incluso, en revelarse, pero no puede. Se ha acostumbrado a esa clase de vida. Es una rutina sin la que ya no podría vivir.

Sus padres ya están acomodados frente a la vieja mesa de roble del comedor. Le miran con su característico desdén, y Thomas se sienta en medio, a la misma distancia de ambos progenitores. Lejos. Sabe que ellos no le han perdonado la vergüenza que les provocó en el pasado, pero hace mucho que dejó de importarle. Ellos nunca han intentado entenderle. Siempre juzgándolo, exigiéndole cosas que no podía darles.

-Hemos invitado a cenar a los Murray mañana por la noche –Su madre habla con frialdad, alzando su copa de vino y examinando su contenido. Thomas lucha por no pones los ojos en blanco. Diane Murray, la última muchacha estúpida que sus padres pretendían encasquetarle –Su hija es muy agradable. Acaba de dejar el colegio. Es una joven decente, no como todas esas locas que se pasan el día fumando y visitando los cuarteles de los soldados.

-Y su padre tiene una preciosa propiedad que linda con nuestras tiendas, en el norte –Su padre, siempre tan práctico, apenas levanta la vista del plato.

-Y Diane es bastante agraciada –Añade la señora Riddle, y mira a su hijo acusadoramente, logrando que Thomas vuelva a acordarse de ella. Merope. –Podrías tener unos cuantos hijos con ella, conseguir algún heredero digno en la familia Riddle.

La acusación duele. Thomas había dejado de ser considerado como un heredero digno el mismo día que se fue con Merope. Está seguro de que, de no haber sido hijo único, sus padres lo habían desheredado mucho tiempo atrás. Pero a los viejos Riddle no les queda más remedio que aceptarlo. Y a Thomas le agrada el dinero, puede soportar a sus padres un poco tiempo más. Sólo espera que la muerte llame a su puerta lo antes posible, o terminará matándolos él mismo.

En ese momento, se escucha un ruido como de explosión en el comedor, y Thomas se ve a sí mismo a los dieciséis años. Sin mediar palabra, el recién llegado alza la varita, hay dos fogonazos verdes, y Thomas ve a sus padres caer sobre la mesa. Muertos y con los ojos aún abiertos.

Thomas se pone de pie y mira al muchacho.

"Estoy embarazada"

La voz de Merope es más clara que nunca. En su último segundo de vida, Thomas comprende el alcance de sus acciones pasadas y, aunque el chico que tiene frente a sí, su hijo, nunca vaya a saberlo, se arrepiente. De haber dejado a Merope. De no haber querido comprender que, en cierta forma, había pasado todos esos años echándola de menos. De haber abandonado a su hijo antes de que naciera, e impulsarlo a convertirse en lo que ahora era.

Pero ya es tarde. Thomas Riddle Sr. yace muerto junto a sus padres, mientras su hijo comienza a perfilarse como el mago oscuro más temible de todos los tiempos.

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Hasta aquí por hoy. No os voy a soltar mucho rollo, no os preocupéis. Kitty-yagami4, petición concedida ;). Espero que te haya gustado. He querido que Thomas Riddle Padre se arrepintiera un poco de lo que hizo, porque, vamos, que lo de Merope tuvo delito, secuestrar al pobre hombre y tenerlo hechizado, pero es que él, ni siquiera se preocupó por su hijo, y algún remordimiento tenía que tener. ¿No? Lo de la muerte de los Riddle es una versión muy libre. Supongo que sería más violenta. ¿O no?

Ná, que no me voy a enrollar mucho. La próxima viñeta será para Alphard Black. ¡Uhm...! Un Black... No sé yo si se me dará bien... ¡Uhm...! Aunque ya hay varios Blacks por ahí (hay muchos, jeje) A ver que consigo sacar.

Besos

Cris Snape.