Notas: Queridos lectores, estoy de vacaciones y ahora mismo voy en el coche intentando publicar esta parte del capítulo. Intentaré seguir escribiendo en los momentos de relax para continuar avanzando. Pero me gustaría decir que esta parte me gustó mucho porque me dio la oportunidad de cerrar muchas tramas abiertas desde hace muchos capítulos atrás y enrumbo la historia hacia la parte definitiva que nos llevará hasta el desenlace.
Hay muchas repuestas en este capítulo y explico el porqué de los enemigos de Bo, más el pasado de algunos personajes. Es una parte larga, pero necesaria para poder continuar sin perder el camino trazado desde el primer capítulo.
Espero que os guste y si alguien cree oportuno decirme algo, pues lo agradeceré. No sabéis cómo vuestra opinión me puede ayudar a hacer algo más tangible, pero no os rogaré que me dejéis una review porque ya bastante tenéis con leer mi interminable historia.
¡Disfrutad de la lectura!
"Dedicado a mi amiga Fernanda".
"Thank You (Segunda Parte)"
Recuerdo que aquellas palabras de Nacho, más el tono que empleó para trasmitirnos esa tristeza que tenía acumulada durante años, hicieron que se esfumara esa pequeña cuota de felicidad que había sentido con sólo por contemplar lo que quizás sería la habitación de nuestro hijo. Giré la cabeza para verte y encontré como asentías con solemnidad, dándome a entender que tú estabas al tanto de lo que pronto me revelaría mi tío o por lo menos parte de su confesión. Construí muchas teorías según pasaron esos segundos de silencio y lo más razonable fue que mi padre te comentara algo de Nacho cuando eras una adolescente, pero mis dudas fueron subsanadas según fue avanzado aquella extraña conversación con mi tío y luego con el resto de mi familia.
—Ignatius, luego Bo tendrá una reunión con el Morrigan y sabes que a Vex no le gusta esperar —dijo la valquiria desde el umbral de la puerta.
—Lo sé por experiencia —añadió Kenzi sonriéndole a Tamsin.
Supe que si mi amiga seguía con esa actitud hacia la valquiria, poco a poco perdería los escasos nervios que aún poseía en un rincón de mis pobres reservas.
—Tenéis razón, pero es mejor tener esta conversación en el salón dónde estaremos más cómodos —dijo mi tío indicándonos que saliéramos todos juntos de nuestra futura habitación.
Emprendimos nuestro camino de descenso por las escaleras mientras Nacho te comentaba sobre la biblioteca que mi padre había construido en el ático junto al salón de música que ocupaban toda la planta superior de esa casa. Por más que intenté intervenir en la conversación que tenías con mi tío, no pude porque mis ojos estaban puestos en la inusual cercanía de Tamsin y Kenzi.
—Chicas, necesito buscar algo para reforzar el hechizo que hay en la casa —dijo mi tío deteniéndose a medio camino.
—No te preocupes, Nacho —intervino Kenzi sin dejar de bajar la escaleras—. Tams y yo hemos conjurado dos hechizos de protección.
Contuve el aliento unos segundos, al escuchar como Kenzi se refirió hacia la valquiria. Descendí dos escalones de un solo paso, en un movimiento delicado y me planté detrás de ellas, pero tu mano intentó detenerme y fue cuando me relajé un poco, pero no lo suficiente.
—¿Tams? —pregunté tensando la mandíbula—. ¿Ya le has puesto un apodo cariñoso y todo?
—Bueno, es que Tamsin es demasiado formal y no quiero decirte lo horrible que sería llamarla Thomasina. Así que me he decidido por Tams. ¿Algún problema? —inquirió mirándome por encima de su hombro.
Sentí como tu mano se aferraba a la mía y respiré todo lo que pude, adoptando mi expresión más indiferente.
—No, pero después habláremos de algo importante, ¿ok? —contesté midiendo al milímetro mi reacción.
—Te dije que a la súcubo no le gusta compartir sus juguetes —murmuró la valquiria lo suficientemente fuerte como para que yo la escuchara.
La mirada que le lancé la atravesó de lleno, pero la valquiria sólo me sonrió de medio lado y continuó su descenso por las escaleras, rozando su brazo con el de Kenzi. Mis dientes chirriaron por la presión que ejerció mi mandíbula sobre ellos.
—Bo —susurraste tirando de mi brazo hacia ti.
Dejé que ellas bajaran primero los últimos peldaños de las escaleras y mantuve a raya no sólo esos celos sin fundamentos, sino la sensación de ignorancia que me carcomía. Todo era sumamente raro, sobre todo esa actitud protectora o amistosa de Kenzi por la valquiria y traté de maquinar alguna respuesta plausible a ese extraño comportamiento, pero volví a chocar contra ese muro de confusión que parecía estar presente en cada uno de esos días.
A Kenzi jamás le había interesado las mujeres o por lo menos eso fue lo que me dijo, por lo tanto una atracción física era imposible. Su situación sentimental con Nate podía ser la causa de su unión con Tamsin, pero no entendí para que acudía a la valquiria a buscar consejo o apoyo. Supe que por más que intentara entender lo que en realidad ocurría con Kenzi, nada sería lo suficiente para comprender esos motivos repentinos de una amistad dispar, pero me prometí averiguarlo lo más pronto posible.
—Chicas, tomad asiento, por favor. ¿Alguien desea tomar algo? —inquirió Nacho con cortesía.
Nosotras miramos a Tamsin que negó por lo bajo y se echó a reír por algo que Kenzi le había susurrado. La completa incertidumbre que sentí al verlas actuar de esa manera, me hizo querer preguntar sin más rodeos lo qué pasaba entre ellas, pero la conversación con Nacho era más importante. Resoplé todo el aire que tenía en mis pulmones, haciendo un ruido de hastío y frustración.
—Nena, tranquila, Tamsin sólo está jugando contigo —susurraste a mi oído, dejando un beso en mi mejilla.
—Pues no me gustan sus juegos y más cuando está Kenzi de por medio —murmuré sentándome a tu lado y lo más alejado de ellas dos.
—Kenzi te adora y ahora sólo está intentado ayudar a Tamsin a no sentirse tan sola —musitaste buscando captar mi mirada—. Entiende que para ella este momento no es el mas indicado por todo lo que ocurrió con Hale y su relación estancada con Nate.
Fue entonces cuando me di cuenta que mis celos era más que absurdos. La amistad entre ellas tenía un motivo y era la soledad o el despecho que padecían ambas. Comprendí que para Kenzi toda esa situación con Hale, Nacho y Nate la estaba consumiendo y para no preocuparme con sus problemas, decidió que con Tamsin podía descargar la frustración acumulada por no tener lo que para ella significaba su felicidad. Me sentí mal por ser tan pésima amiga y no ver antes lo que Kenzi podía estar sintiendo.
—Quizás tienes razón —dije agitando la cabeza—. Dejaré mi instinto primitivo de protección y me relajaré un poco... por ahora.
Me giré a verte a los ojos y contemplé por unos largos segundos esa sonrisa impresa en tus labios.
—Lo sé, nena —dijiste acariciando mi mano con tu pulgar—. Tamsin no es mala amiga y juntas se pueden ayudar.
Asentí repetidas veces, mirando de reojo como Kenzi le susurraba cosas al oído de Tamsin. No supe cuales eran las verdaderas razones de Tamsin para prestarle tanta atención a Kenzi, pero rogué que la valquiria no se aprovechara de su vulnerabilidad sentimental para meterla en su cama o hacerle daño con su típica arrogancia.
Alejé esos miedos para centrarme en lo que pronto descubriría de mi familia paterna y observé como Nacho arrastraba uno de los sillones para sentarse enfrente de nosotras. Sobre la mesa de centro habían unos papeles y la billetera de mi tío. Colocó todo en orden antes de acomodarse en el sillón, buscando el momento perfecto de mirarme a los ojos, pero yo no aguanté tanta tensión y respiré profundo controlando mis sentimientos.
—Nacho, ¿por qué no me dijiste que mi abuelo Ignatius era el heredero del clan Finarvin? —inquirí clavando mis ojos en las manos temblorosas de mi tío.
—Hay cosas que tienen su momento para ser reveladas y cuando te confesé que eras mi sobrina lo hice para ayudarte a encontrar a Lauren y porque mi hermano me lo pidió—adujo con semblante sereno dándole más veracidad a sus motivos.
—Ha pasado casi un año desde que nos conocimos y no me puedo creer que en todo este tiempo que hemos compartido no tuviese un momento para confesarme el pasado de nuestra familia.
—Bo, las lecciones hay que aprenderlas bien y todo lleva su tiempo —repuso mi tío con un tono severo e intransigente—. Hace un año estuviste a punto de renunciar a tu felicidad y dejar que tu mundo se convirtiera en una mierda. Yo aparecí para cumplir mi deber como tu tío y tomé las decisiones que fueron necesarias para que tu atención se centrara en la búsqueda de Lauren.
Apreté levemente tu mano, buscando en ese calor que transmitía tu piel la manera de no perder los papeles.
—Estoy hasta las narices de que utilices la excusa del momento perfecto, subestimando mi inteligencia para asumir las cosas que me afectan directamente. A mí me gustan las cosas claras y para medias verdades ya tengo a Trick.
Mi tío se movió en su asiento, adoptando la postura más defensiva que tenía. Pasó sus manos sudadas por la tela de su pantalón de vaquero, pero todo esto sin mirarme a los ojos.
—El descubrir todo esto hace un año hubiese desviado tu atención en la verdadera prioridad que era encontrar a Lauren —replicó suavizando no sólo su voz sino sus gestos—. No te das cuenta que desde que te enfrascaste en su búsqueda fuiste descubriendo aspectos importantes de tu pasado. Descubriste quién era tu padre, la verdad sobre Aife, lo que hizo Trick cuando fue el Rey Sangriento y muchas cosas más. El saber todo lo que te voy a contar ahora, es porque en este momento estás preparada para saberlo porque Lauren está sentada a tu lado sujetando tu mano.
Sus ojos abandonaron el brillo de los míos, descendiendo lentamente hasta nuestras manos juntas. Resoplé una vez más, tratando de obtener de nuevo su más absoluta atención. Lo que estaba a punto de preguntar eran interrogantes que pulularon en mi mente durante todo el tiempo que llevaba nuestra relación y necesitaba conocerle para comprender la profunda confianza que sentía hacia mi tío.
—Ok, pero deberías empezar por hablarme de ti —dije inclinándome hacia delante—. ¿Cuál fue la verdad en tu relación con Ingrid? ¿Por qué no quieres ser un semidiós? ¿Por qué permaneciste oculto al mundo fae y de repente has aparecido desvelando tu verdadera identidad? ¿Cuál es tu misión en la vida?
Mi tío se humedeció los labios, como si todo lo que tenía que responder hubiese secado todo su cuerpo. Por un instante supe que estaba siendo muy dura con Nacho, pero estaba cansada de descubrir la verdad por fascículos y si esos días tenían que ser duros o llenos de revelaciones, pues no existía más opción que enfrentarme al pasado que jugaba ese papel determinante en mi futuro.
—Mi padre no sólo me ocultó del mundo fae para proteger su estirpe sino para alejarme del odio de los Scafati —respondió deslizando con su dedo hacia mí un pergamino desdoblado con el árbol genealógico de mi familia paterna—. Cuando la líder del clan Scafati, la reina Maeb Fleurett Marquise, logró asesinar a Cuchulainn, mi padre no quiso asumir el mando del clan Finarvin porque se había casado con mi madre y temía que su primogénito se convirtiera en el blanco de los enemigos de nuestro clan. Mi padre cedió el poder a Dubner McCorrigan, su hermano pequeño, que todavía no había contraído nupcias con Emma Zimmer y durante décadas mi padre asumió el cargo de consejero del clan. Pero dos años después de que yo naciera, ocurrió la masacre de la aldea de Roscreta y mi padre decidió que era el momento de abandonar el mundo fae para protegernos.
Solté tu mano para ver más de cerca el pergamino con los nombres de mi familia paterna. A la cabeza del esquema genealógico estaba Cuchulainn, héroe de la luz y líder del clan Finarvin. Estudié con detenimiento cada uno de los nombres hasta que mis ojos se posaron en las letras que desvelaban el nombre de mi padre junto con el de Aife y debajo de ellos estaba el mío.
—¿Duncan y Erin eran mayores que tú? —te escuché preguntarle a mi tío.
—Sí, Lauren —contestó al instante—. Cuando yo nací mi primo Duncan tenía diez años y Erin ocho. Jamás pude conocerlos en persona, pero siempre he admirado todas sus leyendas.
Inmediatamente, supe que tu pregunta se debía a ese sueño que tuviste con las memorias de Erin Oakes y sin dar más rodeos centré mi atención devuelta a esa parte del árbol genealógico donde el apellido de mi abuelo cambiaba a Lloyd. La sonrisa no tardó en aparecer cuando me di cuenta que mi padre y Erin fueron primos hermanos, algo que quizás explicaba esa conexión que te unió a mi padre cuando eras una niña.
—¿A dónde fue mi abuelo cuando abandonó el mundo fae? —pregunté pasando la yema de mi dedo índice por su nombre.
—Nos camuflamos en el mundo de los humanos y mi padre adoptó el apellido Lloyd para que no pudieran reconocerlo —respondió Nacho—. Pasó su vida ayudando a los demás con sus poderes de druida y le daba igual si eran faes o humanos, algo que Aidan también heredó de mi padre.
Mis ojos recorrieron las líneas de descendencia hasta el nombre de Ignatius Lloyd Aldaya, pero su nombre estaba en una tinta más tenue, debido a que mi abuelo paterno borró su identidad para protegerlo.
—¿Cuándo fuiste enviado a los antiguos templos aztecas? —inquirí levantando la mirada hasta la de Nacho.
—Cuando fui lo suficientemente mayor para entender de que se trataba el entrenamiento para ser un semidiós. Mi madre hizo un pacto con el dios azteca para que yo ocupara su lugar si mi vida corría peligro, comprometiéndose a ser la Emperatriz del Tiempo y cuando estalló la Gran Guerra de los faes, ella me envió a la Ciudad de los Dioses. Muchos años después, mi padre se vio obligado a volver al mundo fae para luchar por los ideales del clan Finarvin, pero antes borró cualquier pista de mi origen para que los miembros del clan Scafati no me encontraran.
Imágenes dispersas aparecieron en mi mente como si estuviera recordando algo que me pertenecía, pero al mismo tiempo era ajeno y borroso. La sensación fue la misma cuando se sueña algo, pero a la mañana siguiente apenas es un cúmulo de imágenes sin sentido. Aunque lo que sí recordé con claridad fue esa conversación con Trick el día que me confesó sobre las Arenas del Tiempo, pero no sabía que mi abuela paterna las había creado y su morada era la Isla del Tiempo.
—Ignatius Lloyd fue engañado por el Rey Sangriento —intervino Tamsin rompiendo el silencio transitorio—, quién acusó a Basil de querer esclavizar a los humanos y de la muerte de Isabeau y Erin. Tu abuelo paterno le creyó y luchó en esa guerra que se dilató durante años ocasionando miles de muertes humanas y faes. Pero en la última batalla el consejero del Rey Sangriento, David Arneaud, ordenó a la guardia real que mataran a Ignatius para que él no asumiera el mando del clan.
—Bo, mi padre se dejó matar por los lacayos de Arneaud porque durante la batalla él mató si querer a uno de sus mejores amigos, Haul Santiago, quién intentó detener el duelo de espadas entre mi padre y Horvis Peacook —añadió Nacho.
—¿Haul Santiago? —inquirí boquiabierta atando cabos.
—Sí, Bo. Haul Santiago era el abuelo paterno de Hale y Val —contestó Tamsin—. Pero todo eso lo podrás leer en el libro sin fin que te dejó Trick.
Cuando Nacho escuchó las últimas palabras pronunciadas por la valquiria, se puso en pie de un salto.
—Espera, ¿qué Fitzpatrick tenía el libro sin fin? —inquirió mi tío sorprendido.
—Sí, Ignatius, yo también me quedé impresionada porque se suponía que había sido quemado durante la guerra, pero Trick lo guardó durante todo este tiempo.
La valquiria y Nacho se miraron como si comenzaran a entender varios eventos del pasado, pero ninguno fue capaz de pronunciar palabra. Ese peculiar duelo de miradas me hizo creer que hasta podían estar comunicándose con telepatía, algo que forma parte de los múltiples poderes de mi tío. Me fue imposible no trasladar a mi memoria hacia esa noche cuando Evony cometió los atentados y mi tío fue capaz de entablar una conversación conmigo a través de mis pensamientos.
—Bo, ¿dónde está el libro? —inquirió Nacho rompiendo el contacto visual con Tamsin.
—En el hotel dentro de la mochila que me dio mi abuelo, ¿por qué? —contesté y pregunté a la vez, sin entender el agobio que representaba la voz de mi tío.
—¿Te llevaste el libro y los objetos mágicos al hotel? —inquirió la valquiria molesta—. ¿Has perdido la cabeza?
—No entiendo nada —repliqué elevando la voz—. Trick me dio esas cosas y me las llevé conmigo porque Brian me lo pidió.
—¿Quién se quedó en el hotel? —preguntó Nacho aproximándose hacia mí.
—El guardaespaldas de Kenzi —contestó la valquiria llevándose las manos a la cabeza.
—¿Trick sabe lo qué ocurrió ayer con el wendigo? —preguntó mi tío releyendo mi mirada.
—No he tenido tiempo de hablar con él.
Mi tío negó con la cabeza y sacando su móvil del bolsillo, comenzó a correr hacia la cocina, pero Tamsin lo siguió sujetándole del brazo.
—¿Adónde vas, Nacho?
—A buscar a Brian, alguien tiene que ir por ese libro antes de que caiga en manos de Evony —respondió mi tío, marcando un número en su móvil.
—Yo iré a por el libro —dijo la valquiria, posando su mano en la pantalla del móvil de Nacho.
—No, Liv, te quedarás aquí conmigo para protegerlas y Brian irá por el libro. Ahora no podemos ponerte en riesgo.
—Aun soy una valquiria, Ignatius —replicó casi gritando.
—Tienes una promesa que cumplir y no te volverás a arriesgar en vano —repuso Nacho, negando con la cabeza.
Mi tío desapareció corriendo hacia la cocina donde estaban Ted y Brian. Todas posamos nuestras miradas en los gestos de desesperación de Tamsin, pero entre más la veía menos entendía lo que estaba ocurriendo y fui incapaz de preguntar. Medio minuto después, Brian apareció corriendo por el salón y me preguntó donde había dejado la mochila con los objetos que me había dado Trick. No terminé de contestar cuando Brian ya estaba saliendo por la puerta, seguido por Ted que se apostó en la entrada custodiando cada rincón de la casa. Nacho le pidió a Tamsin que le acompañara hasta el ático para que juntos hicieran un hechizo que protegieran el libro. Intenté ir con ellos, pero no me dieron oportunidad de replicarles porque ambos corrieron escaleras arriba sin mirar atrás.
Sentí tu mano en mi hombro y al voltearme vi a Kenzi con el móvil en la mano. Le pregunté a quién llamaba, pero antes de que pudiera contestarme ya estaba pronunciado el nombre de mi abuelo y le pidió que conjurara un hechizo para inmovilizar a su guardaespaldas. Escuché al otro lado de la línea, la tenue voz de Trick preguntándole a Kenzi el nombre de su escolta y al contestar que se llamaba Oliver, mi abuelo maldijo con toda su voz el nombre de Vex. Después de unos segundos de silencios, Kenzi colgó la llamada después de despedirse con unas pocas palabras y me miró un poco más aliviada.
—¿Qué te dijo Trick? —inquirí desconcertada por todo lo que ocurría.
—Oliver no podrá hacer nada porque Vex lo tiene atado con un juramento de sangre, pero Trick y Vex irán al hotel para buscar con Brian los objetos mágicos.
—¿Vex no estaba en Berlín? —inquiriste acariciando mi espalda, tratando de calmarme.
—Quizás Vex ya hizo lo que tenía que hacer en Berlín, no lo sé, Lauren —contestó Kenzi posando las manos en cada lado de su cintura.
—No entiendo todo lo que se acaba de armar un por un simple libro —dije sentándome de vuelta en mi asiento.
—No es un libro cualquiera, Bo —repusiste acompañándome al sofá—. Las páginas del libro sin fin es el único sitio en el mundo donde el poder de la sangre de Trick no funciona y la heredera del clan Scafati es la única capaz de borrar cualquier ley que los semidioses celtas hayan escrito o modificar el pasado al completo.
—¿Qué? —pregunté aún más confundida.
—Según lo que me explicó el antiguo Ash —respondiste—, se desconoce el verdadero origen del libro, pero estuvo bajo la protección del clan Finarvin durante siglos. Cuando comenzó la Gran Guerra, Trick intentó escribir en el libro sin fin, pero sus poderes no funcionaron y por eso Lady Amanth quería hacerse con el libro para borrar el pasado y liberar así las almas de sus padres de la maldición con la cuál los condenó Dubner McCorrigan. Pero Trick lo quemó para que ella no pudiera reescribir la historia a favor del clan Scafati.
Maldije no haber leído más sobre la historia de los faes cuando Trick me dio el libro sin fin, pero no pensé que allí también estuviera escrita la historia de la zorra de Evony.
—¿Qué sabes del clan Scafati? —inquirí con curiosidad y pidiéndote con la mirada toda la verdad.
—En la biblioteca de las luces apenas hay información sobre ellos, pero se supone que después de la muerte de los ancestros del clan Scafati ellos comenzaron a atacar a los otros clanes porque los Fomorians culparon a los humanos y a los miembros de los otros clanes de las muertes. La reina Maeb Fleurett Marquise, asumió el mando del clan Scafati y proclamó la unión de manos con su hermano Lugain. Maeb comenzó a conspirar en contra de Cuchulainn y del Rey Arturo para lograr el poder absoluto de los clanes y les tendió una emboscada asesinando primero al Rey Arturo y después a Cuchulainn. El mismo día que murió Cuchulainn, Dubner McCorrigan, el padre de Duncan y de Erin, se vio obligado a tomar el mando del clan Finarvin porque tu abuelo paterno no quiso asumir esa responsabilidad. Dubner con sus aliados del clan Zamora lograron encarcelar a Maeb, pero después de muchos años de cautiverio, Maeb se suicidó con cicuta.
»Lugain Fleurett Marquise fue asesinado por el mejor amigo de Cuchulainn, Sir William Kingsotone, y las almas tanto de Lugain como de Maeb fueron encerradas en una roca de granito negro. Esa roca está en el fondo del lago Ness, pero en el libro sin fin hay una profecía que explica como la muerte del legítimo heredero de los clanes, será responsable de la liberación de esas dos almas malditas y conducirá al clan Scafati hacia la victoria.
Recompuse cada una de tus palabras, entendiendo el porqué Evony iba detrás de mí y me quería muerta. Aún así, no entendí como ella no lo había logrado antes, cuando estuve en sus manos más de una vez. Sin ir más lejos, el día que la esposé al cabecera de su cama y la única repuesta lógica fue su desconocimiento de mi verdadero origen.
—¿Fleurett Marquise? —inquirí atónita—. ¿Ellos son los padres de Evony?
—No —contestó la valquiria sentándose en su asiento y con una botella de whisky en las manos—. Los padres de Evony fueron Lady Almant Fleurett Marquise y su medio hermano, Erc, el hijo de Lugain con la viuda del líder de los Fomorians.
—Dubner en un acto de bondad dejó en libertad a Lady Almant Fleurett Marquise, pero años después de la muerte de Maeb, Lady Almant asumió el mando del clan Scafati y juró vengar las muertes de sus padres, por eso conjuró el poder de un subfae llamado: Cherufe, para asesinar a Dubner McCorrigan, líder del clan Finarvin —añadió Nacho.
—Bueno, ya sabemos que el incesto genera zorras como Evony —apuntó Kenzi dando una patada al suelo.
—El incesto era una práctica muy recurrente en el clan Scafati porque así preservaban la pureza de su sangre —explicaste.
Aquel dato no encajaba en las sospechas de Vex del supuesto crimen que cometió Evony contra su propia familia.
—Cuando Vex estuvo con nosotras en Edimburgo me dijo que Evony asesinó a su propia hermana, ¿eso es cierto? —pregunté mirado a Tamsin y a Nacho.
—Según lo que tenemos entendido por las pruebas que tiene Vex, es posible que Evony cometiera ese crimen contra su hermana Raiza y eso la incriminaría ante los miembros del clan Scafati —respondió mi tío.
—¿Vex te mostró las pruebas? —inquiriste buscando la repuesta de Nacho.
—No, pero yo confío en su palabra —contestó dándole el voto de credibilidad al Morrigan.
—Vex puede ser cualquier cosa menos idiota y no se arriesgaría ante los ancianos sino tuviera pruebas —agregó Tamsin.
—Si el libro sin fin aparece cada evento trascendental en la historia de los faes, quizás allí está la prueba de que Evony asesinó a su propia hermana y los ancianos no podrán eludir el crimen de esa mujer —dijiste de manera convincente y decidida.
Tamsin te miró con una sonrisa de admiración que calcinó mis adentros, pero yo también me sentí orgullosa de tu manera de analizar objetivamente lo que pronto sería una de nuestras armas más poderosa contra Evony.
—Eso lo descubriremos cuando Brian vuelva con el libro —repuso mi tío mostrándose más calmado.
—Nacho, se supone que Bo es la heredera de los clanes, pero tú eres el primogénito de Ignatius Lloyd —terciaste.
—Sí, Lauren, pero yo no poseo un linaje tan poderoso como el de Bo —contestó mi tío mirándome a los ojos—. Por su sangre corre el legado de tres semidioses líderes de tres clanes, más la sangre de mi madre la última semidiosa azteca, y el poder del Rey Sangriento. Por eso, yo he sido relegado a la segunda línea de sucesión.
—No ha existido ningún fae con más poderes en su sangre que Bo y su linaje es puro en muchos sentidos, convirtiéndola en la única esperanza para los dioses Celtas —apuntó Tamsin resignada.
—Si a todo eso le añadimos la unión de vuestras almas, estoy seguro que vuestros hijos serán aún más poderosos y devolverán las almas de los dioses Celtas a su reino, otorgando el verdadero equilibrio a todos los mundos —añadió Nacho.
—Por eso es importante que esperéis hasta que tengamos más información de lo que piensa hacer Evony para proteger a vuestros hijos —advirtió Tamsin comenzando a exasperarse.
Para todo lo que estaba descubriendo, lo que menos me apetecía era volver a la discusión que tuvimos la tarde del lunes en el salón de mi casa. Me premiaba la atormentante necesidad de saber más sobre el pasado de Evony y buscar la manera de derrotarla porque quizás en el pasado estaba la respuesta del futuro.
—Ahora mismo no quiero hablar de eso y cuando encontremos el manuscrito de Erin tomaremos una decisión —dije concluyendo fallidamente.
—Yo tengo el manuscrito de Erin donde habla sobre las cualidades de las súcubos —dijo Kenzi mirándome a los ojos—. Cuando comencé las clases con Trick, busqué en sus libros algún hechizo para despertar a Hale del coma y entre esos libros estaba uno de Erin.
La voz de mi amiga rompió la tensión o quizás la elevó a su máxima expresión porque todos nos quedamos paralizados con la mirada puesta en sus gestos de vergüenza.
—Kenzi, ¿puedo hablar contigo un segundo? —inquirió la valquiria tomando su mano.
Aquello fue la gota que derramó el vaso y sentí como mis músculos reaccionaron solos, poniéndome de pie al mismo tiempo que lo hiciste tú. Quise avanzar los pocos metros que me separaban de ellas, pero tu mano se posó en mi hombro impidiéndome cualquier tipo de movimiento.
—Sé lo que pretendes, Tamsin, y no impedirás que sepamos como concebir a nuestros hijos —sentenciaste con dureza.
La valquiria te desafío con la mirada, mostrando su sincera preocupación. Te miré de reojo, sintiendo como tu mano descendía por mi brazo hasta mis dedos.
—Estoy intentando ayudarlas y también a vuestros hijos —replicó Tamsin incorporándose de un salto.
—Liv, no podemos impedir lo que ocurrirá y más cuando no es nuestra decisión sino la de ellas —intervino mi tío utilizando en antiguo nombre de la valquiria.
Tamsin se dio la vuelta para enfrentarse a él, buscando desesperadamente un aliado que la ayudara en su cruzada para hacernos entender que todo en la vida tenía un momento perfecto y si nos adelantábamos o atrasábamos las consecuencias podían ser devastadoras.
—Ignatius, sabes perfectamente lo que le puede ocurrir a esos niños sin nacen antes de tiempo y lo que le hizo Evony a Aidan no será comparable con lo que hará con esos niños o por lo menos con el primogénito de Bo —protestó desesperada la valquiria.
La mención de mi padre me recordó esa promesa silenciosa de hacer justicia y matar a Evony con mis propias manos.
—Por eso los defenderemos hasta el final y tú nos ayudarás a protegerlos —replicó una vez más mi tío.
—Evony mató a mi padre porque él dedicó su vida a los humanos renegando de los faes —mascullé entre dientes desprendiendo en cada palabra mi más profundo odio.
—Esa fue la excusa de Evony, pero lo que en realidad quiso hacer fue matar a Aidan pensando que era el verdadero heredero del clan Finarvin y así liberar las almas de Maeb y Lugan de la maldición que los condena en la roca del lago Ness. Si esa maldición se rompe, la heredera del clan Scafati será invencible —explicó la valquiria rellenando su vaso de whisky.
—Mi hermano se sacrificó para protegernos y cuando él murió, Evony pensó que todo había sido en vano porque la maldición que retiene a las almas de sus antepasados sigue en su prisión, pero ahora ella sabe quién eres y por eso desea matarte —apuntó mi tío con la misma desesperación que le acompañó durante mucho tiempo.
—Os puedo jurar con mi vida que esa zorra no se acercará a mis hijos —espeté con rabia.
—Ese es el problema, Bo —terció la valquiria señalándome con el vaso—. Cuando tengas a tu primogénito se convertirá en tu punto débil y perderemos cualquier posibilidad si Evony le hace daño.
—Quizás no esté todo perdido —dijo Nacho, evitando que Tamsin bebiera de su vaso—. Si Bo y Lauren tiene ese niño los dioses Celtas renacerán y el equilibrio volverá al universo.
—Pensaba que eras igual de listo que Aidan, pero veo que me equivoqué —murmuró apartando su mano de la de Nacho—. Sí el primogénito de Bo nace en tiempos de guerra las almas de los dioses no volverán. Evony se lo ha montado muy bien para que eso no suceda o acaso te crees qué el derrocamiento tan fácil que cometió Vex fue porque ella luchó con todo lo que tenía.
—Vex logró aliarse con muchos faes y con los ancianos de las sombras —explicó Nacho—. Mi hermano lo planeó todo, Tamsin.
—No, Aidan sólo le dio tiempo a Bo para entrenarse y afrontar la guerra que la conducirá a ocupar su verdadero lugar, no para que conciba a su hijo bajo estas condiciones —replicó la valquiria antes de beberse el contenido de su vaso.
La amenaza de la nueva guerra volvía a asombrase por los rincones ocultos de las palabras premonitorias que solía anunciar la valquiria, muchas veces sin querer y otras querido. Quizás si en su momento la hubiese escuchado con atención, ese error por el cual desperdicié todo, jamás hubiera ocurrido. Pero no importa arrepentirse por lo que pude haber hecho y no hice o lo que hice y no debí hacer.
—Tamsin, saber cómo podemos concebir a nuestro hijo es lo que nos ayudará a saber cómo evitarlo, pero esa es nuestra decisión —sentenciaste fusilándola con una mirada recelosa.
Observé como mi amiga se hundía cada vez más en el sillón, muerta de la vergüenza o arrepentida por haber revelado esa verdad.
—Kenzi, ¿por qué tomaste el manuscrito y desde cuándo lo tienes? —inquirí caminado hacia ella y me arrodillé para quedar a su altura.
—Cuando leí que se trataba de las súcubos, lo cogí para dártelo —murmuró mirándome con remordimiento—. Desde que nos conocemos siempre has querido saber más de tu naturaleza y por eso pensé que lo mejor era dártelo.
—Dios, Kenzi, siento que ahora mismo no te puedo querer más —dije abrazándola con fuerza para demostrarle que no estaba enfadada—. ¿Dónde está el libro? —susurré en su oído.
—Lo tengo yo en la caja fuerte de la habitación —contestó con una sonrisa ladeada de alivio—. Además, conjuré un hechizo para que nadie abra la caja sin mi permiso.
—Necesito leer ese manuscrito, Kenz —dijiste posándote a mi lado—. Lo que hay escrito en esas páginas dependen nuestros hijos.
—Tranquila, Lo, apenas lleguemos al hotel te lo doy porque hay algunas cosas muy complicadas de entender.
—Kenz, ¿leíste algo sobre los procesos reproductivos de las súcubos? —inquirí sujetando sus manos.
—Claro que lo leí y por eso digo que es complicado.
—¿Qué leíste? —preguntaste sentándose en la mesilla de centro.
Kenzi cogió el vaso de Tamsin, sin atreverse a mirar la cara de decepción marcada en el rostro de la valquiria, y rellenó el vaso antes de beber un pequeño sorbo.
—Las súcubos tienen tres maneras de reproducirse —contestó Kenzi sintiendo el ardor del licor en su lengua—, pero hay dos factores muy importantes de los cuales depende todo el proceso. Las energías entre una súcubo con un humano o fae deben ser compatibles, pero lo más importante es el amor que pueda sentir la súcubo por su pareja. Si estas dos condiciones se cumplen, la súcubo puede reproducirse sin problemas, aunque el proceso es un poco más complicado cuando la pareja de la súcubo es una mujer.
—¿Por qué? —inquiriste nerviosa.
—A ver como lo explico —dijo resoplando—. Según lo escrito por Erin Oakes, cuando una súcubo se acuesta con la persona o fae de quién está enamorada, su naturaleza reclama tomar el control porque es la manera que tiene su género para engendrar. La primera opción es la forma tradicional: la súcubo se enamora de un chico y todo ocurre como lo dicen los libros de biología o la teoría de las abejitas, pero tiene que succionar el chi del chico para quedarse embarazada. La segunda opción es la que yo considero la asquerosa: la súcubo se enamora de una mujer, pero para concebir un hijo necesita un donante de esperma.
—¿Qué? —preguntamos tú y yo a la vez.
Kenzi asintió, bebiendo un poco más de whisky.
—La súcubo tiene que acostarse con un hombre y retener su esperma dentro de ella para que luego sé lo dé a la chica que es su pareja —explicó aclarándose la voz—. Pero no me preguntes cómo es el proceso de la segunda parte porque no tuve estómago para leer más.
—¿Y la tercera opción? —inquiriste conteniendo el aliento.
Kenzi jugó con el líquido de su vaso, decidiendo como soltar la verdad.
—Esa es la que yo considero la peligrosa: la súcubo mantiene relaciones con la chica de quién está enamorada y cuando están en el punto más cerca del clímax debe succionar el chi hasta el penúltimo latido del corazón de su pareja. Luego la súcubo debe devolvérselo hasta el último latido de su corazón y de ese intercambio de energías se concibe el bebé, pero se corre el riesgo de morir en el intento, aunque es la opción que garantiza al cien por cierto el embarazo.
En mi cabeza sólo habían dos palabras: «No puedo». Me repetí lo mismo varias veces, sujetando tu mano, sin el valor para decirte que jamás haría eso.
—Kenz, ¿estás segura de qué no hay otra forma? —preguntó Nacho.
—Según el libro de Erin, no creo que exista otra opción —contestó, dándome el vaso para que bebiera un poco de whisky.
No me lo pensé dos veces y lo que quedaba en el vaso comenzó a descender por mi garganta, afincando esas dos palabras en mi cabeza como una tortura sin tregua. Si el sueño que mi padre me había regalado era cierto, yo debía drenar tu chi hasta el penúltimo latido de tu corazón, pero yo no podía hacer algo así. Aunque la opción de concebir a ese niño a través de la segunda opción que nos explicó Kenzi tampoco entraba en mis apetencias de la relación monógama que deseaba tener contigo.
—Bo, quizás…
—No, Lauren —corté tus palabras—. Yo no pienso drenar tu chi hasta el penúltimo latido de tu corazón porque no sé como hacerlo y quizás lo único que consiga es matarte.
—Escúchame, nena —replicaste quitándome el vaso de la mano para posarlo en la mesilla—. Sé que tienes miedo, pero ahora tenemos una pista para comenzar a buscar lo que ambas queremos. Haremos esto juntas e investigaré como hacer algo menos peligroso, ¿ok?
Era absurdo discutir sobre eso y más con la imagen de ese sueño del nacimiento de nuestro hijo incrustada en mi cabeza. Decidí que debía confiar en mi padre, aunque retrasaría cualquier plan que pudiera ponerte en peligro.
—Ok, pero no quiero arriesgarme a nada que pueda hacerte daño —dije sujetando tu cara con mis manos.
—Lo sé, Bo. Confía en mí —dijiste dándome un pequeño beso en los labios.
Nos miramos compartiendo el miedo, la incertidumbre, pero al mismo tiempo la esperanza. Fue evidente que eran ciertos esos deseos o promesas de mi naturaleza de no hacerte daño cuando estaba contigo en la cama, pero cómo podía confiar en mi súcubo después de tantas muertes.
—Chicas, ambas debéis saber que vuestros hijos deben ser faes para que los dioses Celtas vuelva a su reino —explicó mi tío.
—Lo que me faltaba por saber —repliqué agotada—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Lauren, por favor, puedes entregarle a Bo los diarios que escribió mi hermano —dijo Nacho.
Vi como sacabas de tu bolso los mismos cuadernos que estaban sobre la mesa de centro el lunes por la tarde cuando tuvimos esa conversación con Trick, Brian, Tamsin y mi madre en mi casa. Subí la mirada y en tus ojos encontré una extraña tranquilidad que fue calmando poco a poco mis nervios, lo malo es que esa calma sólo duró hasta que leí las primeras palabras de mi padre. Eran tres diarios con la letra de mi padre en la portada y en uno de ellos en tinta de color ocre llevaba impreso: The House Of The Rising Sun. Abrí la cubierta hasta la primera página del diario y me quedé sin aliento cuando leí:
"Para mi hija, nietos y sobrino".
Alcé la mirada buscando los ojos de mi tío, pero mi vista se empañó por las lágrimas que se formaron en mis ojos. Me sentí profundamente decepcionada porque lo primero que le pregunté a Nacho cuando me confesó que él era mi tío, fue si tenía hijos, pero lo negó sin ninguna demora. En ese momento tenía el diario de mi padre que me decía algo diferente y no pude descifrar o expresar el dolor que estaba viviendo hasta que las lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas.
—¿Tienes un hijo? —mascullé entre dientes.
Nacho me observó sin pestañear, caminado de vuelta a su asiento.
—No, Bo, pero estuve a punto de ser padre —murmuró antes de esquivar mis ojos.
No entendí esa reacción como un acto de dolor y me dejé llevar por la frustración.
—Habla claro, Nacho —espeté—. Este no es momento para frases colgadas.
—Joder, Bo, no te das cuenta que para él es difícil lo que está a punto de confesar —dijo la valquiria defendiendo a mi tío.
Nacho abrió su billetera y extrajo la fotografía donde aparecía él con esa chica parecida a Kenzi, posando frente a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Recordé ese momento cuando hablamos de Ingrid en la habitación del hotel en Nepal y como mi tío me confesó que estaba enamorado de Kenzi.
—Durante los primeros meses de mi entrenamiento —comenzó a hablar mi tío mirando la foto de Ingrid—, uno de los maestros del templo me concedió un deseo y pedí soñar con mi futuro. En ese sueño vi a la mujer que me cambiaría la vida, enamorándome de ella incluso antes de conocerla. Luego esperé durante muchos años a que llegará ese día. Cuando vi a Ingrid Suárez visitando las pirámides de la Ciudad de los Dioses, creí que al fin tenía lo que había soñado. La atracción fue de inmediata, mis sentimientos también fueron correspondidos y entre más tiempo compartía con ella más seguro me sentí de que debía abandonar los antiguos templos para arriesgarme a hacer realidad el sueño que me concedió mi maestre. Comenzamos una relación que duró casi ocho años. Aidan la conoció y se hicieron amigos. Lo tenía todo, Bo, y fui infinitamente feliz cuando ella aceptó casarse conmigo, pero días después de anunciar nuestro compromiso, Ingrid me confesó que estaba embarazada y que tendríamos un bebé.
Me llevé las manos a la boca recordando la conversación que había tenido con Tamsin esa misma mañana sobre las valquirias y rogué en silencio que esa sospecha que acechaba a mi corazón no fuera cierta, pero al ver como mi tío se deshacía en lágrimas, observando la foto de Ingrid, me confirmó lo que pocos segundos después escuchamos de su voz rota.
»Cuando le comuniqué a mi hermano la noticia —continuó Nacho después de una pausa—, supo que mi hijo debía ser fae porque todos creían que de mí dependía que los dioses Celtas volvieran a su reino y Aidan se dedicó a investigar la forma para que cuando naciera mi hijo pudiera convertirlo en fae y así yo no tendría que renunciar a mi relación con Ingrid. Mi hermano se fue a Nueva Orleans donde tenía su laboratorio principal y estuvo recluido allí día y noche buscando la manera de conservar mi felicidad. Pero Aidan no pudo hacer nada la noche cuando Ingrid tuvo el accidente.
Mi tío volvió a hacer una pausa para recomponerse de ese nudo atorado en su garganta y del dolor al tener que recordar aquello por lo cual se había esforzado a olvidar. No aguanté más e intenté parar su sufrimiento.
—Nacho, lo…
—No escuché cuando ella se levantó de la cama —interrumpió mi réplica—, no escuché cuando ella salió de la habitación a oscuras, no escuché cuando ella se resbaló con unos de los escalones, no escuché cuando su cabeza se estrelló contra el filo de uno de los peldaños de mármol y su cuerpo rodó por las escaleras... No escuché cuando Ingrid dejó de respirar y murió sola con nuestro hijo en su vientre. No escuché como Freyja se llevaba su alma a Vingólf para convertirla en una valquiria y lo único que me quedó fue el vacío de perder a mi familia porque fui incapaz de despertarme para buscarle un simple vaso de agua.
Contuve la respiración, mordiéndome los labios y sintiéndome culpable por haber obligado a mi tío a liberar los fantasmas del ayer que aún le seguían atormentando. Por más que traté de no soltar el llanto, fue una tarea en vano porque al ver como Nacho contemplaba la fotografía de Ingrid con tanta melancolía, sentí como mi corazón se rompía en dos. Quizás jamás sea capaz de describir esa estampa de dolor acumulado en los ojos llenos de estrellas de Nacho porque ese día, por unos segundos, aquel brillo se apagó al recordar lo que tanto anhelaba y que en un abrir y cerrar de ojos lo había perdido todo.
Kenzi fue la primera en levantarse y sin medir silencios, miradas o permisos, se arrodilló ante Nacho y lo abrazó como si su vida dependiera de ese gesto. Yo permanecí inmóvil, con un dolor terrible en el corazón y observando como el rostro de mi tío se hundía entre el cabello de Kenzi cuando escondió la cabeza en el hueco del hombro de mi amiga. El silencio se comió cada simple sonido que no fuese ese ligero sollozar de Nacho o las respiraciones contenidas de los que estábamos presentes, incluso Tamsin dejó de ser esa valquiria orgullosa, petulante y arrogante para mostrar ese lado sensible en el momento que sus lágrimas aparecieron marcando su rostro. No pude negar que mi tío y Tamsin se habían conocido en el pasado, quizás por la amistad que unió a la valquiria con mi padre, pero no comprendí por qué Nacho no me lo había dicho antes.
Días después, horas antes de esa tensa cena en la casa de Nacho, él me relató con más detalles la historia entre él y Ingrid Suárez, una mujer que fue hija de un empresario español y una arquitecta sueca, que se habían mudado a Ciudad de México por el trabajo de su padre y que la condujo hacia la relación que a mí tío le marcó y fue el motivo por el cual Nacho abandonó por primera vez los antiguos templos aztecas. Pero después de la muerte de Ingrid, mi tío sintió que todo había sido un castigo por negarse a ser lo que se suponía había sido encomendado. La segunda y última vez que Nacho renunció al entrenamiento que le convertiría en un semidiós, fue cuando supo que mi padre había muerto y comenzó a buscarme hasta esa noche antes de mi viaje a Asgard que marcó el sendero a seguir para luchar por ti.
Sentí tu mano aferrada con fuerza en la mía y aunque quise mirarte, no tuve fuerzas para observarte llorar. Con mi mano libre, cerré el diario de mi padre, comprendiendo el porqué de esa dedicatoria y queriendo imaginar que su labor sería útil si esa imagen que tenía ante mí de Nacho llorando en los brazos de Kenzi, se trasformaba en una preciosa estampa de felicidad si ambos se atrevieran a luchar por lo que sentían. Mi amiga se separó de Nacho, pasando sus manos por las húmedas mejillas de mi tío y contemplando como a sus ojos volvían las estrellas.
—Ingrid ahora es una valquiria y podréis estar juntos, ¿verdad, Tams? —inquirió Kenzi, mirando a la valquiria.
—No, Kenzi, las cosas en Vingólf son muy diferentes —contestó Tamsin haciendo un esfuerzo por hablar con claridad—. Ingrid ahora es una valquiria, tiene una nueva misión y será incapaz de sentir amor por Ignatius.
—Pero cuando Bo rompió la maldición de Lauren, vi como ella besó a Nacho en el Dal. Eso tiene que significar algo —profirió Kenzi debatiéndose entre sus sentimientos por mi tío.
—Significa el final —sentenció Nacho, separándose de Kenzi, con la fotografía todavía en su mano.
—No te rindas, Nacho —replicó Kenzi pasando sus manos en las mejillas de mi tío—. Tú soñaste con ella y ahora podréis ser felices, sólo tienes que luchar —su voz se apagó en la última frase.
Ambos se miraron un largo rato, mientras mi tío intentaba alejarse del tacto embriagador que Kenzi ejercía sobre sus sentimientos.
—Mira la fotografía —susurró Nacho tendiéndole la lámina de papel.
Kenzi la tomó con cuidado como si fuese una pieza exclusiva y costosa de cristal de Swarovski. Supe porqué mi tío le mostraba esa fotografía y comprendí el inmenso parecido que tenía Ingrid con Kenzi.
—No lo entiendo —musitó mi amiga con las manos temblando.
—Yo soñé contigo muchos años antes de que nacieras y tardé mucho tiempo en encontrarte, Kenzi —dijo mi tío depositando en su confesión la última esperanza de conquistar el corazón de mi amiga.
Vislumbré en cámara lenta como la fotografía se balanceaba cayendo al suelo de mármol blanco, cuando Kenzi posó sus brazos alrededor del cuello de Nacho y lo besó con todo lo que ella se había impuesto a no darle por miedo o confusión. Aquello ocurrió tan rápido que no nos dio tiempo a asimilar lo que estaba pasado, pero ese beso fue el inicio de algo que mi tío se merecía, aunque no le fue fácil conseguir. Observé como ellos dos se fundían en un abrazo, alargando el beso hasta casi lo imposible y entre lágrimas comencé a sonreír. Giré a mi derecha y vi como Tamsin miraba al suelo un tanto apenada, disimulando darles esos minutos de privacidad tan necesarios, pero cuando volteé hacia la izquierda vi como tus ojos buscaban los míos, transmitiéndome que el futuro quizás sería incierto, pero mi deseo de ver a Kenzi con la persona que seguro la haría feliz, era algo más que posible.
—Necesito tiempo, Nacho —susurró Kenzi posando su frente en el pecho de mi tío.
—Te he esperado durante siglos, Kenz, y ahora sé que te esperaré todo el tiempo que necesites —repuso Nacho acariciando el cabello de mi amiga.
En ese instante comprendí la instantánea atracción que ambos sintieron cuando se conocieron esa noche lejana en el Dal.
—No quiero hacerte daño porque ahora mismo estoy muy confundida y ya no sé lo que siento —dijo Kenzi separándose de los brazos de mi tío.
—Intenta descubrirlo, pero cuando lo sepas, yo estaré aquí para aceptar lo que hayas decidido —sentenció Nacho con ese brillo especial en los ojos.
Kenzi lo arropó de nuevo en sus brazos y a pesar de que ella tenía puesto unos tacones que la hacían parecer diez centímetros más alta, sólo pudo llegarle a la altura de la barbilla de mi tío. Ambos respiraron tranquilos, como si todo lo que los rodeaba sólo fuera un espejismo de irrealidad, sensación que yo también conocía muy bien cuando estábamos juntas. Aún así, el remordimiento por haber forzado a mi tío, a esa conversación que removió sus adentros, estaba enquistada en mi cabeza.
—Nacho, te debo unas disculpas —dije agachando la cabeza—. No debí presionarte para que me confesarás todo lo que viviste.
—Somos familia, Bo, y tarde o temprano esta conversación la debía tener contigo —profirió con la voz dulce y suave—. Pero lo que más me alegra es que fuera en este momento cuando Lauren está a tu lado y eres feliz.
Alcé la mirada y vi tu sonrisa.
—Lo soy y mucho —dije suspirando.
Tamsin no soportó más pruebas de sentimientos que hacían añicos a los suyos y se sentó en el sillón que había compartido con Kenzi, tomando el vaso con una mano y con la otra la botella de whisky. Se bebió de un trago lo que había puesto dentro de su vaso, intentado anestesiar a su corazón roto. La tristeza que profesaron sus gestos melancólicos, más la impotencia por un destino tan injusto, me hicieron sentir una profunda pena por ella. Pero sabía que la valquiria no me permitiría cualquier muestra de afecto por compasión y lo único que pude hacer fue coger el vaso intacto que no había utilizado Nacho y servirme un trago para acompañarla.
Kenzi se percató de todo lo que le podía estar pasando por la cabeza de Tamsin y se sentó a su lado, posando su mano en la rodilla de la valquiria, dándole un apoyo que de poco servia. No sentí celos, pero no pude evitar la incomodidad.
—Lauren, mi hermano no terminó la investigación porque no tenía elementos que ahora si están disponibles en el campo de la medicina humana —dijo Nacho guardando la fotografía en su billetera para no sacarla más—. Quizás tú quieras darle continuidad a su obra y puedas brindarnos la posibilidad de cambiar la relación entre faes y humanos.
—No te preocupes que será un honor continuar con el legado de Aidan —repusiste asintiendo con la cabeza.
Bebí un sobro de mi whisky, organizando cada información que había recibido esa mañana, pero la inminente reunión con el Morrigan, más la llegada de Trick con Brian a la que sería nuestra futura casa, llenaron de más incertidumbre mi embotado cerebro y volví a beber para calmar mis nervios.
—Chicas, ahora me gustaría entregarles algo que creo que os gustará, pero es una responsabilidad muy grande y debéis decirme si estaréis dispuesta a asumirla —dijo Nacho poniéndose en pie y caminando hacia la puerta de cristal que conducía hasta el patio trasero de la casa.
—¿De qué se trata? —inquirí extrañada.
—Esperad unos minutos que voy a por ellos —contestó guiñándome un ojo.
Nacho salió por la puerta y nos dejó con la intriga hasta que de repente escuché a lo lejos unos ladridos, pero no pude imaginarme de qué se trataba hasta que vislumbré la silueta de dos perros que conocía muy bien y que había echado de menos desde aquel viaje a Edimburgo. Kenzi y yo nos levantamos de un brinco, mirándonos con una sonrisa porque sabíamos perfectamente cuál era la sorpresa de mi tío.
El primero en entrar a la casa fue Bobby que corrió hacia nosotras, ladrando y buscando nuestras caricias. Luego entró Mcgee que se acercó primero a Tamsin para que la acariciara como si la conociera de toda la vida. La valquiria jugó con ella hasta que la perra se dio cuenta de que Kenzi estaba en la misma habitación. Los perros estaban igual de emocionados que nosotras, pero no pude dejar de pensar como Mcgge había mostrado esa familiaridad con Tamsin. Luego los perros se intercambiaron y Bobby pasó a los brazos de Kenzi y Tamsin, mientras Mcgge corrió hacia nosotras.
Los recuerdos de ese viaje a Edimburgo volaron a mi memoria, desatando emociones y encontrando el significado a todo el dolor que viví esos días de búsqueda por una pista que me indicara tu paradero. Supe que mi tío no se equivocó cuando dijo que por ese afán de encontrarte fui descubriendo lo que era mi pasado, respuestas a mis sentimientos, decisiones que me causaron un sufrimiento inicial, pero que al final había logrado entregarme la felicidad. Entendí que todo tenía su momento y que a las personas que fui conociendo en ese camino turbio de desesperación, al no encontrarte, fueron los que poco a poco me guiaron hasta ti.
—Bueno, ¿os ha gustado la sorpresa? —inquirió Nacho cerrando la puerta corredera de cristal.
—Claro, les echaba de menos —contesté arrodillada, acariciando la cabeza de Mcgge.
—Y ellos a vosotras —replicó Nacho, jugando con Bobby—. Pero ahora son vuestra responsabilidad y os aseguro que nadie os protegerá mejor que estos perros tan especiales.
—¿Nos los regalas? —preguntó Kenzi asombrada.
—En realidad Bobby y Mcgge eran los perros de Aidan, pero ahora son vuestros —respondió Nacho cuando Bobby corrió hacia tu regazo.
Aunque para ese entonces no era una experta en lo relacionado con los perros, sabía perfectamente que era imposible que Bobby y Mcgge fueran de mi padre, porque él había muerto diecisiete años antes de ese momento y los perros tenían un plazo de vida no superior a los trece años y más siendo una raza como los husky que su periodo de vida rara vez supera esa edad.
—¿Cuantos años tienen los perros? —inquirí dándole un beso a Bobby.
—Bobby y Mcgge nacieron el mismo día y a la misma hora que Aidan —repuso Nacho, sacudiéndose los pelos que le había dejado Bobby en su pantalón.
—No es por nada, pero lo que dices es prácticamente imposible —apuntó Kenzi.
Observé como Tamsin jugaba con Mcgge y la perra se dejaba acariciar por la valquiria como si el vínculo entre ellas fuera algo desde hacía mucho tiempo. Lo mismo ocurrió con Bobby que parecía hechizado por el sutil roce de tus manos detrás de sus orejas. Entendí que quizás los perros te reconocieron porque viviste en Edimburgo y las visitas recurrentes que hiciste a la casa de mis abuelos, habían hecho más estrecho tu cariño por los perros de mi padre.
—Estos perros tiene muchos siglos de vida y fueron un regalo del Rey de las Bestias a Aidan por la ayuda que le prestó Ignatius Lloyd a la enfermedad que azotó la aldea de los Chukchi al nordeste de Siberia —contestó la valquiria acariciando el lomo de Mcgge.
—¿Son perros faes? —inquirió Kenzi.
—No, son perros muy especiales y significan parte de la historia de nuestra familia —respondió Nacho—. Unos meses antes de que mi madre diera a luz a Aidan, mi padre fue solicitado para curar una enfermedad muy rara que afectaba a los Chukchi. El jefe de la tribu era fae, pero también había escapado de las leyes que nos regían por aquel entonces y protegía a los humanos que vivían en su tribu. Mi padre dedicó todo su tiempo a buscar la cura a la enfermedad, pero se perdió el nacimiento de Aidan.
»La noche en que mi madre dio a luz a Aidan, también nacieron Bobby y Mcgge. Pero como esa aldea queda en una zona muy hostil con inviernos muy fuertes, los perros que no cumplían con los requisitos para trabajar con los Chukchi eran sacrificados. La comida era muy escasa y por eso sólo escogían a los mejores perros. La perra que alumbró a Bobby y Mcgge era demasiado mayor para dejarla vivir y su camada de cachorros murieron menos Bobby y Mcgge, pero al ser tan débiles también iban a ser sacrificados. Cuando mi madre utilizó su vínculo telepático para comunicarle a mi padre que Aidan había nacido, escuchó los gruñidos de la perra y salió a ver lo que ocurría. Se encontró a la perra con una lanza en el pecho, pero luchando por proteger a sus cachorros. A mi padre le conmovió la escena de ultranza protección e impidió la muerte de esos dos cachorros.
»Al día siguiente, el jefe de la tribu fue a agradecerle a mi padre por salvar a su hijo humano de la enfermedad y como ofrenda le regaló a los dos perros, conjurando un hechizo que los mantiene inmortales y para defender a nuestra familia de todo lo que nos pueda hacer daño. Mi padre se los regaló a Aidan y desde entonces forman parte de nuestra familia.
—Entonces, ¿tenemos unos perros siberianos inmortales? —inquirió Kenzi sin dejar de ver la Mcgge con una sonrisa—. Esto si es tener una mascota y no sufrir.
—Bobby y Mcgge son más que unas mascotas —profirió la valquiria—. Ellos poseen un instinto de protección que las protegerán de las personas o faes que intenten hacerles daño. Además, los perros cuidarán de las generaciones venideras de la familia Lloyd.
—Según lo que me comentó Olson cuando volví después de la muerte de Aidan —agregó mi tío—, días antes de que mi hermano fuera apresado por la guardia secreta de Evony, Bobby se escapó de casa y fue encontrado a pocos kilómetros del sitio donde ejecutaron a Aidan. Los días después de la muerte de mi hermano, los perros estuvieron a punto de morir por inanición voluntaria, pero cuando me vieron supieron que debían protegerme y ahora están más fuertes para cuidar de vosotras.
Bobby se acostó a nuestros pies, disfrutando de tus caricias mientras Mcgge posó su cabeza en el regazo de la valquiria, complacida por recibir ese afecto.
—Tamsin, se nota que Mcgge confía en ti —dije sonriendo.
—Si esta perra pudiera hablar yo estaría en graves aprietos —repuso la valquiria profesándole gestos de cariño a la perra—. Cuando conocí a tu padre, Mcgge se unió a mí y yo a ella. Jamás he tenido una mascota, pero lo más parecido es esta perra.
—Pues cuando te mudes al piso que te está remodelado Vex, me ayudarás con los paseos y no quiero que utilices como excusa tus resacas para escaquearte, Valqui —le advirtió Kenzi golpeando su brazo sin mucha fuerza.
—No me importa dar los tres paseos con los perros y lo haré aunque la cabeza me reviente —profirió la valquiria sin dejar de acariciar a Mcgee.
La información que había soltado Kenzi, se estrelló en mi cara como una bomba nuclear en pleno estado de detonación.
—¿Qué piso te está remodelado Vex? —inquirí intrigada.
—Hoy por la madrugada le escribí un correo a Vex pidiéndole que acondicionara uno de los pisos abandonados que hay en el edificio que esta al lado de casa, para que Tamsin esté más cerca de nosotras y ahora los Brownies están haciendo las obras —adujo Kenzi mirándome fijamente.
—Tamsin, ¿eso es lo qué quieres? —le preguntaste, midiendo tus palabras.
—Aunque la idea no me hace dar saltos de alegría, creo que es la mejor opción para cumplir con mi misión —contestó elevando los hombros en señal de resignación.
No supe si sentirme enfadada porque Kenzi tomara esa decisión sin consultarme primero y más sabiendo la tensión latente que había entre la valquiria y mi relación contigo. Aún así, la idea no me pareció tan mala y en ese momento yo no era nadie para oponerme a que Tamsin cumpliera con su misión, aunque supe que me tendría que armar de una infinita paciencia para convertirme en un ser civilizado cuando la arrogancia de la valquiria hiciera acto de presencia en nuestra cotidianidad.
—No creo que ahora los podamos llevar al Four Seasons —dije mirando a mi tío y cambiando el tema.
—Tranquila, me los quedaré hasta que volváis a vuestra casa —aclaró Nacho con su típica sonrisa.
—¿Te quedarás aquí? —inquirió Kenzi.
—No, tengo mi ático y es lo suficientemente grande para que estén los perros —contestó Nacho guiñándole un ojo.
—Olson y Eleanor los van a echar mucho de menos —dije mirando como la respiración calmada de Bobby.
—Bo, tengo que decirte algo sobre ellos —repuso mi tío en un tono funesto.
—Miedo me das cada vez que me quieres decir algo.
—Bueno, esto no es una buena noticia —replicó respirando todo lo que pudo—. Eleanor se está muriendo y tenemos que decidir a dónde enviamos a Olson.
Es noticia no me la esperaba y sentí como el aire en mis pulmones se reducían a un soplo de angustia. Me quedé en blanco durante unos segundos, con un incipiente temblor en mis manos.
—¿Qué Eleanor se está muriendo? —inquirí con un hilo de voz—. ¿Cómo?
—Hace un par de meses le diagnosticaron un cáncer muy agresivo y no tiene ninguna esperanza de sobrevivir —contestaste sujetando mi mano.
—¿Tú lo sabías? —inquirí indignada.
—El lunes fui a Edimburgo y la revisé para intentar ayudarla, pero no hay nada que hacer —contestaste en voz baja.
—¿Por qué diablos nadie me dijo nada? —pregunté lanzándole una mirada recelosa a Nacho.
—Olson no quiere que nadie lo sepa porque él está casado con una humana que desconoce de los faes. Es su decisión, Bo —contestó mi tío, bajando la cabeza.
—Tengo que ir a verla, despedirme de ella —dije tratando de controlar mi enfado.
—No puedes, Bo. Debemos respetar la decisión de Olson y él no quiere que asistamos al funeral de Eleanor para protegernos a todos.
—Nena, yo me despedí por las dos —dijiste intentando calmarme.
—No me lo puedo creer —musité con tristeza.
Un nudo asfixiante presionó mi garganta y el estómago me dio un par de vueltas. Eleanor había sido encantadora durante esos días que pasamos en Edimburgo y me fue imposible no cogerle cariño por ser de esa manera tan extraordinaria.
—Bo, más tarde llamaré a Emilia para que nos informe de todo lo que pueda ocurrir y estoy segura que ella cuidará de Olson —dijo Kenzi con el rostro desencajado por la noticia.
—Nena, mis padres no dejarán solo a Olson porque él ha sido amigo de mi familia desde hace muchos años.
Las lágrimas no tardaron en descender por mis mejillas y me sentí en un estado de bipolaridad extrema. De repente estaba llorando por la revelaciones de mi tío sobre su pasado con Ingrid Suárez, luego feliz al tener a los perros de mi padre y de vuelta a estar derrotada con la noticia de la inminente muerte de una mujer que se había ganado a pulso mi cariño. Me pregunté cuánto más tendría que descubrir para vivir un sólo día de paz, que parecía ser un mito o leyenda urbana en mi vida.
—Bo, debemos decidir a dónde enviáremos a Olson después de la muerte de Eleanor —dijo Nacho rompiendo el breve silencio que nos invadió después de la noticia.
—Nosotros no tenemos que decidir nada —repliqué—. Olson es libre de hacer lo que quiera, como si quiere quedarse en la casa de Edimburgo o viajar por el mundo entero. Habla con Sebastian y que se encargue de suministrarle a Olson todo el dinero que necesite para que él haga lo que le ayude a superar el dolor.
—Bo, nosotros dos tenemos que decidir el sitio donde queremos enviar a Olson para que cumpla con su naturaleza y él no puede tomar esa decisión sin el consentimiento de sus dueños —dijo Nacho tanteando mi reacción.
Como se había hecho habitual cuando entré en el mundo de los faes y supe como algunas cosas se manejaban en ese mundo de arrogantes y seres con el complejo de superioridad con los demás, me encendí de pura rabia al escuchar que yo era la dueña de otro ser.
—Espera un momento; ¿cómo qué dueños? Olson es un fae libre y yo no soy su dueña —dije tensando la mandíbula con la simple idea.
—Los Brownies no son faes libres porque su naturaleza los obliga a estar atados a sus amos o a la familia a la cuál juraron servir —contestó la valquiria.
—¿Cómo? —inquirió Kenzi, adelantándose a mi pregunta.
—La naturaleza de los Brownies es muy compleja, pero si no tienen dueños o alguien a quién servir, poco a poco morirán. Ellos se alimentan de las obras que puedan hacer por sus amos —contestaste un tanto asqueada por esa regla.
—Una de las pocas cosas acertadas que intentó hacer el Rey Sangriento fue otorgarles la libertad a esa raza porque Emma Zimmer pertenecía a la antigua familia de ese género, pero muchos Brownies murieron porque no se podían alimentar y Fitzpatrick tuvo que reescribir esa ley para conservar la raza de los Brownies —añadió la valquiria.
Escuchamos el timbre de la puerta principal y Kenzi se levantó para abrirle a Brian. Mi tío guió a los perros hasta el jardín trasero de la casa, mientras Tamsin me servía un poco más de whisky. Sentí como mis ojos se tornaron en azul al pensar que los Brownies era igual de esclavos que los humanos, pero dejé que mis dudas fueran resueltas en otro momento cuando observé como entraban Vex, Trick y mi madre que había utilizado el hechizo de su pergamino.
Cuando Aife se hizo visible, corrí a abrazarla, agradecida que estuviera a salvo. Brian me entregó la mochila de cuero negro que me había dejado mi abuelo, diciéndome que él se quedaría en la puerta con Ted porque al estar todos juntos en una misma casa, suponía una situación de riesgo. Tamsin intentó acompañarle, pero Aife la cogió del brazo con delicadeza y le rogó que se quedará unos segundos. La valquira supo que mi madre ya sabía lo que ella había hecho para salvarme del wendigo y volvió al sillón junto con Kenzi.
—Bo, ¿estás bien? —inquirió mi madre, inspeccionándome cada centímetro de mi rostro.
—Sí, mamá, lo de ayer fue sólo un susto, pero ya estoy perfectamente gracias a Lauren —contesté buscando tu mano.
—¿Drenaste su chi? —preguntó mi madre con los ojos abiertos como platos—. ¿Cómo?
—No hizo falta, Aife —respondiste en un tono calmado—. El poder de mi alma fue suficiente para curar a Bo y a Tamsin.
—Chicas, no hemos conseguido nada sobre las súcubos —dijo mi abuelo cuando mi madre terminó de comprobar que estaba perfectamente.
—Nosotras si lo hicimos y tenemos la información que necesitábamos —contesté tomando la mano de mi madre y le pedí que se sentara a mi lado.
—Lauren, ¿estás embarazada? —inquirió mi madre debatiéndose entre la emoción y la preocupación.
—No, todavía no, pero ya sabemos como es el proceso de reproducción de una súcubo —contestaste sonriendo.
—¿Cómo lo consiguieron? —inquirió Trick mirándonos extrañado.
Observé como Kenzi se tapaba la cara, avergonzada por haber tomado el libro de Trick sin permiso.
—Recordé algo que había leído en la biblioteca sobre las súcubos y en esa información estaba todo —mentiste ayudando a que Kenzi no se sintiera tan mal.
—¿En la biblioteca de las luces? —preguntó mi abuelo incrédulo—. ¿Estás segura?
—Sí, creo que fue allí, pero lo importante es que ya lo sabemos —mentiste zanjando el tema y mirando a Kenzi.
Mi amiga susurró un: «gracias», con una leve sonrisa impresa en los labios. Cuando te vi guiñándole un ojo, busqué con la mirada a Aife.
—Mamá, necesito que me enseñes como drenar el chi sin hacer daño.
—Claro, cariño, pero qué habéis leído —repuso mi madre sin evitar la sonrisa.
—Las súcubos deben drenar todo el chi de su pareja hasta el penúltimo latido de su corazón y después devolverlo hasta el último latido. Esa es la manera que tienen las súcubos para dejar embarazada a una mujer. ¿Tú alguna vez lo has intentado o te ha pasado por error?
Mi madre enarcó una ceja, repasando mentalmente su pasado para responder esa pregunta. Agitó la cabeza como si no le diera importancia a ese pensamiento que cruzó por su mente, pero cuatro días después descubrí cuál fue el pensamiento que tuvo mi madre.
—No lo recuerdo muy bien, quizás una vez, pero eso no funcionó o quizás no lo hice bien —contestó con la mirada extraviada en el pasado—. De todas maneras, no te preocupes que te enseñaré todo lo que sé para que el proceso no sea tan peligroso para Lauren.
—Debemos hacer algo —sentenció con firmeza mi abuelo—. La situación de ayer con el wendigo no se puede volver a repetir.
—Estamos trabajando en eso —rebatió Vex, sentándose en el brazo del sillón donde estaban Tamsin y Kenzi—. Mis hombres custodiarán a las chicas las veinticuatro horas del día y la choza que tenían como casa está siendo protegida con nuevos sistemas de seguridad.
—Fue la zorra de Evony quién envió al wendigo, ¿cierto? —espetó mi madre con los ojos en azul.
—Aparentemente, pero no estamos seguros —contestó Nacho.
—Sabes perfectamente lo que hizo Aidan contra los wendigos y al parecer Irons está vivo con ganas de venganza —añadió Tamsin mirando a mi madre.
—Liv, ¿dónde puedo encontrar a ese cabrón? —masculló con rabia Aife—. Yo me encargaré de hacer que su último aliento sea más que doloroso.
—Sé que quieres hacerlo sufrir por todo lo que ha hecho ese bastardo y nadie más que yo lo quiere ver rogando por su miserable vida, después de lo que le hizo a mi única hermana, pero tenemos que ser más listos y esperar —dijo Vex intentando controlar a mi madre.
Mentalmente repetí en mi cabeza las palabras de Vex, pero por la tensión del momento no le preste demasiada atención y me enfoqué en las reacciones de odio que reflejaba el rostro de mi madre.
—¿Poniendo a mi hija como cebo? —inquirió Aife con sus ojos aún más en azul—. Ni lo sueñes, Vex.
—Aife, ahora mismo no estás en posición de arriesgarte y sabes que la historia se puede repetir si Bo no está entrenada —rebatió la valquira.
—¡Basta! —grité cuando la conversación se convirtió en un cruce de réplicas sin descanso—. Podéis dejar de hablar como si yo fuera una pobre desvalida. ¿Cómo mi padre pudo convertir a los wendigos en humanos?
—El proyecto Black Hole Sun fue creado para eliminar a los wendigos —contestó Nacho.
—Los wendigos fueron una raza muy violenta y fuera de control —adujo Tamsin bebiendo un poco más de whisky—. A ellos le daba igual matar a humanos como a faes, demostrando una crueldad extrema y amenazaban a todos por igual. Por eso, Aidan y yo nos camuflamos entre ellos para convertirlos en humanos y poco a poco se fueron extinguiendo, pero ahora han reaparecido de la mano de Evony.
Aquello se estaba tornando en un entramado que parecía ser algo premeditado desde muchos años atrás. Observé como abrías tu bolso, escondiendo los diarios de mi padre.
—¿Cómo Evony fue capaz de reconvertirlos? —pregunté sentándome en la mesilla de centro y cogiendo el vaso de Nacho.
—Isaac Taft —contestó Vex, quitándole el vaso a Tamsin y bebiéndose su whisky—. Creemos que él ha descifrado las fórmulas para invertir el procedimiento del proyecto Black Hole Sun.
—Lauren, ¿cuándo Isaac te pidió ayuda qué fue lo que le diste? —preguntó Nacho
—Cuando hablé con él hace dos años, él me pidió mi opinión para una enfermedad congénita del corazón, algunos datos sobre el cáncer infantil y me preguntó sobre mi investigación de los radicales libres, pero no le di ningún procedimiento del proyecto Black Hole Sun.
—Fue Brad Julius Oppenheimer —espetó mi madre—. Ese bastardo estuvo utilizando la clave de Lauren en la base de datos de las luces para extraer información del proyecto Black Hole Sun.
—Kenz, ¿tú puedes saber qué fue lo que Brad extrajo del proyecto? —pregunté desviando mi cuerpo hacia el rostro colmado de vergüenza de mi amiga.
—Imposible —contestó agitando la cabeza varias veces—. Ha pasado casi un año y Lauren modificó varias veces al mismo tiempo el proyecto Black Hole Sun desde un programa que evitaba saber la IP desde donde se conectaba, algo que le dio más margen de maniobra a ese cabrón.
—Yo tengo recursos que quizás nos den algo de luz —dijo mi madre posando su mano en mi hombro.
—Es evidente que Brad obtuvo información necesaria para suministrársela a Isaac y la prueba está en los wendigos —interviniste—. Lo que he hecho fue volcar toda la información del proyecto de Aidan en un archivo encriptado donde sólo yo sé como descifrarlo. Aún así, creo que lo mejor sería borrar cualquier dato que nos ponga en peligro y evitar que caiga al completo en manos equivocadas.
—Lauren, ahora mismo no podemos borrar el proyecto —protestó mi abuelo—. Entre más sepamos lo que está haciendo Evony, más ventajas tendremos en el caso de que ella utilice esa información en nuestra contra.
—No lo entiendes, Trick —replicaste gesticulando también con las manos—. El proyecto Black Hole Sun ya ha sido descifrado y están trabajando no sólo para reconvertir a faes que Aidan volvió humanos, están buscando la manera de convertir a humanos en faes.
—¿Es posible? —inquirí boquiabierta.
Resoplaste arrastrando los dedos por tu cabello, completamente desesperada.
—No lo sé —respondiste bajo la atenta mirada de todos los que estábamos en el salón—, pero Lachlan me pidió que empleara el proyecto de Aidan para hacer un ejército que luchara contra el Garuda, utilizando a los humanos para convertirlos en faes. El problema es que el ADN humano no es capaz de soportar la metamorfosis de una especie a otra y Evony está creando monstruos.
Nacho le indicó a Vex dónde estaban los vasos, porque la conversación cada vez se hacía más complicada, pero al mismo tiempo se fueron aclarando dudas que llevaba encima desde hacia varios meses.
—Ahora la desaparición de tantos chicos humanos tiene sentido y el cuerpo del Gama-Sennin que encontró Bo en la antigua prisión de Hecuba nos puede dar una pista —apuntó mi abuelo.
—Cuando encontramos el cadáver, Dyson me dijo que ese chico era uno de los primeros en desaparecer y su nombre era David Myres —añadí mirando a Nacho para rebuscar en sus gestos alguna otra pista.
—¿Dónde está el cuerpo del Gama-Sennin? —inquiriste tomando mi vaso y bebiendo un poco de mi whisky.
—Congelado en el complejo de las luces —contestó Trick—. No pudieron hacerle la autopsia porque era una trampa de Evony para matar a los que intentaran abrir el cuerpo.
Observé como Vex volvía con seis vasos en sus dos manos. Los posó en la mesilla, justo al lado de la botella de whisky, antes de comenzar a distribuirlos entre los que estábamos en ese salón. Sin duda aquella reunión se fue complicando al punto de tener que recurrir al licor de la verdad, o del valor, para asimilar o confesar todo lo que cada uno de los presentes sospechábamos y sabíamos.
—Lauren, hace un año encontramos una fosa común con cuerpos de lo que en un principio creímos que eran faes, pero quizás son los primeros chicos desaparecidos que no soportaron los experimentos de Evony —adujo mi tío aceptando el vaso con whisky que le entregó Vex.
—¿De qué edad eran los chicos que secuestró Evony? —inquiriste negando con la mano el ofrecimiento de Vex.
—Entre los catorce y veintiún años. ¿Por qué? —preguntó mi tío extrañado.
—Evony sabe más de lo que pensamos —respondiste frotándote la cara con ambas manos—. Esta haciendo experimentos con humanos donde la mitosis de las células comienzan a perder el ritmo vertiginoso de la fase de la infancia y se van estableciendo las pautas del desarrollo humano definitivo. Por citar un ejemplo, el cáncer infantil es mucho más rápido porque la división celular es más acelerada y los tumores se esparcen en órganos sanos con mucha más velocidad, pero en adolescentes el proceso es algo más lento.
—Entonces, ¿Evony sólo necesita a adolescentes? —preguntó Kenzi imitando tu gesto de desesperación.
—Por ahora —contestaste intercambiando miradas con Kenzi—. Lo que creo es que Evony necesita humanos en fase de desarrollo moderado para que la metamorfosis sea gradual, ni tan lenta ni tan rápida.
—Os dije que esa mujer era el diablo en la tierra y ninguno me habéis escuchado —terció Vex dando el último vaso de whisky a mi madre—. A saber lo que ha hecho esa zorra o lo que pronto hará contra nosotros.
—Evony está haciendo un ejército como pensaba hacer Lachlan —sentenciaste robándonos el aliento—. Ella asistió a esa reunión que tuve con el Ash y allí fue donde se enteró de mis estudios de bioquímica en el MIT y de Isaac Taft, porque el Ash se lo confesó en un acto de desesperación buscando el apoyo de las sombras para luchar contra el Garuda.
—Ya no podemos negar que la guerra ha comenzado —murmuró Trick negando por la bajo.
—¡Al fin te das cuenta! —exclamó Vex señalándolo con el dedo—. Has tardado más de un año, pero menos mal que yo si he hecho mi trabajo y voy más avanzado.
—Tenemos que hablar con Val y los ancianos —dijo Trick con un tic nervioso en las manos.
—¿Para qué? —replicó Vex con impotencia—. ¿Quieres qué Evony se entere de nuestros planes?
—Necesitamos unir fuerzas o estaremos perdidos —dijo Trick aclamando con la mirada un poco de cordura—. Las nobles familias no aceptarán a Bo como su reina ni cederán su poder por una súcubo que no tiene bando.
—Lo que necesitamos es ser más listos que esa zorra y precavidos con nuestros aliados —espetó Vex habiendo un ademan de desprecio—. Reúnete con tu gente de confianza que yo ya tengo a la mía dispuesta a jurar lealtad a la nueva reina está misma tarde.
—Todavía no podemos proclamar a Bo como la nueva reina —dijo mi madre, preocupada.
—Nadie está diciendo que lo hagamos público, sólo nuestros aliados sabrán a quién le juran lealtad —rebatió Vex manejando la situación como un maestro de ceremonias—. Trick tiene que seguir las pautas que le he dado y buscar a los faes de las luces que le deban la vida a Aidan Lloyd porque esos son los que apostaran a favor de la victoria de Bo. Todos los demás quedan fuera del pacto hasta que estemos preparados.
—No podremos ocultarle esto a la Ash ni a los ancianos —replicó Nacho con una postura tensa.
Di un pequeño repaso con la mirada y me di cuenta que todos estábamos bebiendo antes de las doce del mediodía, algo que demostraba que todos teníamos los nervios de punta.
—Con que hagas tu trabajo con Val estaremos seguros de que ella es de confiar y por los ancianos no debemos preocuparnos porque ahora están más acojonados en proteger los puñeteros árboles sagrados, que en meter sus narices en donde no les llaman —indicó Vex sentándose en el sillón que tenía a mi lado.
—Vex, será inútil ocultarle esto a Val porque Hale sabe que Evony está creando un ejército —repusiste con un timbre de voz tambaleándose entre la desesperación y el intento de calma fallida—. Yo se lo dije el día que me otorgó mi libertad y durante la reunión que mantuvimos el domingo por la tarde, ella insinuó que hará lo posible por no crear un ejército para luchar contra Evony y por eso ahora están trasladando el bosque secreto a los jardines del complejo de las luces.
—¿Val ha perdido la cabeza? —inquirió Trick casi gritando—. ¿Cómo se atreve a romper el balance del bosque secreto?
—Yo también pienso lo mismo, Trick —aclaraste mascullando entre dientes—. Pero Val y los ancianos creen que los árboles sagrados detendrán a Evony de un ataque contra los faes.
—Vex, ¿tú estabas al tanto de semejante locura? —inquirió mi abuelo en un tono severo.
—No, está es la primera noticia que tengo al respecto —respondió el Morrigan tensando la mandíbula—. No hace falta que os repita que la niñata de Val nos esta jugando a dos bandas. ¿Sabéis a qué tonto enviaron al suicidio involuntario? —preguntó Vex con desdén.
Sentí como mi sangre poco a poco se helaba en mis venas y temí por mi amigo.
—Val envío a Dyson al bosque secreto —dije con la voz temblando de miedo—, pero los ancianos le dieron un permiso especial para trasladar los árboles hasta aquí y él nos dijo que los ancianos de las sombras también estaban de acuerdo.
Trick cerró los ojos tapándose la cara con su mano derecha. Mi madre hizo un gesto de pena, pero tampoco se le podía exigir mucho después de lo que ocurrió entre ella y Dyson. Tamsin se quedó observando el vaso como si buscara leer el futuro de Dyson en ese licor de color ámbar. Mi tío comenzó a dar vueltas, sintiéndose estafado por la supuesta confianza que él tenía depositada en la nueva Ash. Vex se levantó de la silla y caminó hacia la puerta de cristal mirando fijamente como jugaban los dos perros. Te miré para ver cual era tu reacción, pero esa mirada perdida en el anillo de compromiso que posaba en tu dedo, me hizo sentir completamente desolada.
—¿Qué pasa? —inquirió Kenzi a punto de gritar
—Nacho, ¿cómo has permitido que enviarán a Dyson a la muerte? —le recriminó la valquiria.
—Yo no sabía nada —respondió mi tío con un gesto de dolor—. Val no me dijo de sus planes.
—Hale tampoco lo sabía y Dyson nos hizo prometer que cuidaríamos a Eukene —dije sintiendo el ardor de las lágrimas en la comisura de mis ojos.
—¿Cuándo se fue al Bosque Secreto? —inquirió Trick.
—El lunes de madrugada —respondiste en forma de un ligero susurró.
—¿Alguien ha hablado con Dyson? —preguntó mi madre sin atreverse a mirar a Trick.
En ese momento no lo sabía, pero para mi madre Dyson había sido una especie de rival cuando supo la unión que había entre él y Trick. Aunque Aife se esforzó en odiar a mi abuelo, por más que pasaron los años fue incapaz de aborrecerlo como ella deseaba y parte de su frustración la vertió en Dyson. Pero en ese momento, mi madre sabía cuán importante era Dyson para todos nosotros, en especial para mí.
—Quizás Eukene, pero no lo sé —dije presagiando lo peor.
—Joder, Nacho —replicó Vex con los puños apretados—. Se supone que debes controlar a la niñata de Val y ahora esa idiota ha enviado a Dyson a la muerte.
—¿Perdona? —inquirió Kenzi gritando.
—Si Dyson toca algún árbol del Bosque Secreto, la Dama del Lago lo matará sin contemplación —explicó Trick.
—Gwyddyon, semidiós celta y ancestro del clan Finarvin —añadió la valquiria—, conjuró un hechizo muy potente para hacer invisible el Bosque Secreto, escondiéndolo en Annwn, el otro mundo, y si alguien llega a encontrarlo lo verá del revés, con la tierra en el cielo y el firmamento en los pies. Así el intruso se desorientará perdiéndose en la infinidad de la lógica o la ilusión. También ordenó a miles de criaturas custodiar los árboles sagrados, dispuestas a matar si alguien toca algún árbol.
—La Dama del Lago protege el Árbol de Cristal donde esta prisionera el alma de Merlin, semidiós celta y ancestro del clan Finarvin —añadiste evitando llorar—. Dyson no tendrá ninguna oportunidad de acercarse al Árbol de Cristal porque morirá al cruzar los límites de Annwn.
Hundí la cara entre mis manos, deseando no escuchar aquello que sería un golpe para Eukene. No podía creerlo, pero todo apuntaba a que mis sospechas serían más que ciertas. Sólo rogué para que Dyson tuviera la oportunidad de ver a su hijo y ser feliz como él se lo merecía, pero ese deseo parecía diluirse con cada segundo. Apartaste las manos de mi rostro y entrelazaste tus dedos con los míos, demostrándome que no estaba sola.
—Voy a llamar a Eukene para saber si ella sabe algo de Dyson —dijo Kenzi tomando su móvil con el cuerpo entero temblando.
La valquiria posó su mano sobre la pantalla del iPhone, buscando la mirada teñida de resignación de mi amiga.
—Kenz, lo más seguro es que Dyson ya esté muerto —susurró Tamsin quebrándosele la voz con cada palabra.
—¿Qué demonios estás diciendo, Tamsin? —preguntó Kenzi sabiendo cual era la respuesta.
—Debo ir a buscarlo y si ha muerto contactar con Freyja para que me confirme que el alma de Dyson está en Valhalla.
—No irás a ningún sitio, Tamsin —dijo Vex con dureza—. Ahora no podemos perderte a ti también.
—Es Dyson quién puede estar muerto y si es así debo luchar por su alma.
—Intenta contactar con Freyja para saber si Dyson ha muerto y que envié a alguna valquiria en labor diplomática para que saque su cuerpo de allí. Es la única opción para ganar un poco de tiempo —ordenó Trick conteniendo las lágrimas.
Tamsin asintió antes de avanzar unos pasos hacia atrás, alejándose de nosotros. Trick nos pidió a mi madre y a mí que estuviéramos preparadas para darle a la valquiria nuestro chi porque el trance que padecería Tamsin sería muy peligroso. Kenzi se abrazó a Nacho llorando al creer que Dyson podía estar muerto y yo apenas podía ver por las lágrimas que nublaron mis ojos. Pensé en lo injusto que sería para Dyson, cuando comenzaba a ser feliz, después de muchos años de soledad y de mi detestable indecisión, pero todo indicaba que él había muerto antes de ver a su hijo.
Vex contempló lo que pensaba hacer Tamsin incapaz de mover ni un sólo músculo, al igual que estaba Trick. Los ojos verdes claros de la valquiria se posaron en los tuyos, buscando la manera de concentrarse en lo que estaba a punto de hacer y de un momento a otro Tamsin llevó ambas manos hacia el collar con forma de alas que tenía en el pecho, desatando una fuerte luz de color rojo y sus alas blancas se desplegaron por su espalda con algunas plumas manchadas de su sangre. El cuerpo de la valquiria se iluminó por completo y la expresión de dolor se instaló en cada unos de sus ademanes. Tamsin sufrió un daño físico insoportable mientras se comunicaba con la diosa de las valquirias, pero se arriesgó para descubrir si Dyson había muerto.
Final de la segunda parte...
Ultima nota: Cuando llegue al hotel, actualizaré el blog que sirve de anexo a este fic y quizás por la noche (Horario español peninsular) estén disponibles esas partes que se encuentran bloqueadas. Recuerden que la dirección del blog se encuentra en mi perfil de esta página.
Perdonad los errores que hayáis conseguido.
Muchas gracias.
