Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Está capítulo llega a ustedes por obra y gracia de mi novia que ha estado acosandome todos los días para escribir.
Saludos cordiales a Anahí Kyoko, tu detalle fue muy lindo, y a la chica que me escribió un inbox, Izabel.
Planeaba solo hacer dos capítulos más para terminar, pero debido a que no creo que eso sea posible y a que estamos dejando un poco de lado a los villanos, el siguiente capítulo será sobre ellos. Más que nada porque ya no lo pude meter aquí para no hacer tan tedioso que fuera muy largo y porque yo sé qué habrá quien espera leer la continuación. Lamento la tardanza.
~•~
Todo estaba pasando a cámara lenta. Tan horrible como podía ser, asqueada y mareada al ver el charco de sangre a sus pies de aquella mujer que se acababa de matar y su mano derramando sangre del mismo modo. Alcanzó a oír una voz que le llamaba pero solo podía ver su mano manando ese líquido rojo que la hacía querer vomitar. El dolor era solo como un sonido sordo y blanco que le aturdía todos sus demás sentidos.
Se arrodilló llenándose las piernas de sangre y ni aún el constante llamado ni el movimiento abrupto contra su persona la podían sacar de su estupor. Con ojos vacíos contempló a You y vio cómo está cubría su mano para parar la hemorragia. Miró a su alrededor y vio a Dia inconsciente sangrando también y a Ruby haciendo su mayor esfuerzo en detener la sangre. A su lado estaba Maru a la que Riko intentaba con desesperación tratar de reanimar mientras revisaba su estado.
Era demasiado para ella, demasiado para soportar. No podía más. Cerró los ojos, estaba cansada y un profundo pesar la inundó, era mejor dejarse llevar.
~•~
Estaba acostumbrada a despertar con la tranquilidad de la mañana, con el calor del cuerpo de Dia aún presente a su lado y con su figura deambulando por el cuarto alistándose para salir a cumplir sus obligaciones, sin embargo ese día no parecía ser así. Se despertó de pronto por el ruido proveniente del pasillo, era un grito ahogado y desgarrador que la asustó y alarmó. Esa era la voz de Dia. A prisa se apresuró a ponerse algo de ropa y salió a ver qué estaba sucediendo.
La escena parecía irreal. Su Dia yacía en el suelo en brazos de Ruby, llena de sangre, con el rostro pálido y sin ¿vida?
Un súbito mareo la tomó por sorpresa debido a la impresión y cayó cuan larga era en el piso de madera. No pudo soportar ver todo aquello.
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—¡Estoy bien! —Yohane gruñó de frustración tratando de apartar a su prima que la miraba afligida.
—No te muevas mucho, perdiste mucha sangre y aún estás débil —le pidió Riko retirando los materiales que había usado para curarla.
—Solo llévate eso de aquí de una vez —dijo hablando del paño donde yacían sus dedos mutilados—, no quiero verlo.
—Eso haré —la miró con preocupación por su reacción.
Yohane trataba de hacerse la dura pero Riko sabía que se estaba muriendo de miedo por dentro. No quiso discutir mucho con ella e hizo lo que le pidió. Tomó el paño ensangrentado, terminó de limpiar y la dejó.
La chica solo sostuvo su mano frunciendo el ceño. Jamás pensó que algo así pudiera pasarle y aún seguía molesta consigo misma por haber intervenido, si hubiera sabido cómo terminaría todo, habría dejado a esa mujer hacer su trabajo.
—¡Maldita Yohane metiche! Tenías que ir a hacerte el héroe para terminar así —se regañó en voz alta—. ¡Eres una estúpida como siempre!
—Eres estúpida, eso es verdad —la interrumpió Ruby que se acercó a ella de algún lugar, aún podía ver la sangre seca en su ropa—. Pero salvaste a mi hermana y me protegiste aunque no tenías que hacerlo.
—Si… bueno —agachó la cabeza metiendo debajo de sus ropas su mano mutilada.
—Gracias —oyó la palabra siendo pronunciada débilmente, apenas audible.
—¿Qué? —preguntó contrariada.
—Gracias por hacerlo —sintió los labios de Ruby sobre los suyos sin poder reaccionar mientras la chica sostenía a sus mejillas—. Lamento ser una caprichosa la mayor parte del tiempo, pero realmente te agradezco lo que hiciste. Si no hubieras intervenido habría perdido a la única familia que me queda.
—Yo… yo… —se quedó sin palabras.
Ruby busco su mano por debajo de sus ropas y la jaló hacia ella para dejar un beso en el dorso vendado. Acto que sorprendió aún más a la chica.
—¡¿Qué… qué haces?! —retiró su mano a toda prisa para ocultarla de nuevo, estaba sumamente enrojecida de la cara—. ¡Tú no eres así! —dijo escandalizada.
—No seas idiota —la jaló del cuello para atraerla—. Ahora no habrá impedimentos para que seas mía —se sentó a horcajadas sobre ella y sujetando su cara volvió a besarla con más fuerza.
Aún estaba adolorida por sus heridas y realmente no puso ninguna objeción a lo que hacía la pequeña Kurosawa. Era algo extraño, pero en realidad todos sus encuentros lo eran. Besarse hasta que ardieran los labios y sus pulmones pidieran un descanso, con la piel caliente por los juegos y los arañazos y su lengua pidiendo explorar más a fondo la de la otra.
—Ejem —se oyó un carraspeo y Ruby y Yohane se separaron velozmente—, lamento interrumpir pero… —You las miro a ambas—, este no es lugar para eso.
—Lo dice la que usa mi despensa —bufó con desdén Yohane y You se echó a reír.
—No tienes nada en que entrometerte —Ruby le contestó de mala manera.
—Creí que querrías saber que tu hermana y Maru están bien —se cruzó de brazos y luego se giró a ver a Yohane—. Tu despensa es un buen lugar, este no.
You se quedó allí esperando que Ruby bajara del regazo de Yohane y está a regañadientes lo hizo, aunque no quitó su pose. La despidió para quedarse a solas con Yohane y la pequeña Kurosawa se fue refunfuñando.
—¿Sigues aún con eso? —la regaño You y Yohane se encogió de hombros.
—¡Ella me busca! —se defendió pero You no le compro esa excusa pobre—. Está bien, también la busco yo —acepto—. Es solo que es algo que no puedo evitar, cuando me doy cuenta estoy de nuevo con ella peleando, besándola y luego volviendo a pelear. No sé cómo parar esto y no sé si quiero que pare realmente.
—Agradezco que hayas intervenido, porque era mi trabajo —se acercó para poner una mano en su hombro—. Sólo debes cuidarte de no morir en el proceso, sobre todo ahora que tienes quien atormente tus días.
—¡Cállate! —la quiso golpear pero aún sentía dolor.
—Mejor descansa —se rió de ella—, tendremos cosas que hacer ahora.
—¿Quién fue la chica? —preguntó curiosa y asqueada, no había podido sacar esa imagen de ella muerta a sus pies, aún tenía la sensación del cuchillo hundiéndose en el cuello.
—Kazuno Sarah —You puso su rostro sombrío al pronunciar su nombre—, es la esposa de Chika.
—¡Ah! ¡Oh! ¡¿Qué?! —paso del asombro a la incredulidad en un instante.
Yohane no las conocía pero sabía de ellas, al menos por lo que Riri le había contado, todas las cosas malas que habían hecho en su contra.
—¿Cómo es que ella entró aquí? —dijo sin creer que un Kazuno hubiera podido llegar hasta un lugar de confianza.
—No lo sé, Sonoda-san está interrogando a toda la servidumbre de la casa para averiguar cómo es que pasó esto —estaba sumamente molesta, Yohane podía ver sus manos crisparse enterrando sus uñas en la carne.
—Dia-san, ¿realmente está bien? —dudó, sólo tenía el rojo de la sangre como último recuerdo.
—Si, un médico de confianza de la familia real la atendió, sólo fue una herida escandalosa pero superficial, no tocó partes vitales y gracias a ti no se llegó a nada mayor —suspiro dejando fluir fuera de ella su enojo por un momento.
—¿Qué hay de Maru-chan? —tenía miedo de hacer esa pregunta pero quería saber que había sido de la chica.
—Ella… ella es asunto aparte —frunció las cejas—. Ha tenido un problema con su embarazo, el médico que la ha atendido dijo que debía guardar reposo absoluto y no ser molestada con más emociones fuertes.
—¿Va a perder al bebé? —tantas preguntas rondando su mente, podía sentir la ansiedad en su cuerpo o quizás solo eran los resabios de la adrenalina que aún recorrían su cuerpo.
—No… si… no lo sé, debe estar tranquila —bufó y se revolvió el cabello con desesperación—. ¡Agh! ¡Maldita sea! ¿Por qué deben suceder estas cosas ahora? —se golpeó la cabeza un par de veces hasta que unas manos le impidieron continuar.
—No te hagas daño —Riko apareció de nuevo en la habitación sujetando por detrás las muñecas de You—. Es en este momento en que debes permanecer alerta ante cualquier eventualidad.
—Riri… —las miró Yohane cuando You se abrazó a Riko.
Pudo escuchar un pequeño sollozo proveniente de You y a Riko acariciando sus cabellos tratando de calmarla. Era lindo verlas de ese modo, apoyándose la una a la otra después de tantas cosas malas. Ella intentó levantarse pero de inmediato fue detenida por Riko.
—Debes descansar, aún no estás lista para volver a tu rutina normal —aún así Yohane no le hizo caso y antes de poder reaccionar, Riko tenía también a la chica sollozando en su pecho—. Esta bien, todo estará bien.
~•~
Un par de días pasaron en la casa Sonoda, luego del incidente, Dia se estaba recuperando aún pero había insistido en ver a Hanamaru y, después de eso, en ir y ponerse al corriente con todo los que se sabía del atentado en su contra.
Kotori-sama le había dado los pormenores sobre el estado de salud de su esposa. Hanamaru había tenido una amenaza de parto prematuro y por el desarrollo del bebé si eso llegaba a pasar no sobreviviría. Aquello fue como un balde de agua fría para Dia y de inmediato fue con ella sin terminar de escuchar a Kotori-sama, su prioridad era ver a Hanamaru y su hijo.
—¡Dia! —la llamó la pequeña chica en cuanto la vio—. ¡Dia, gracias a los dioses que estás bien!
Abrió los brazos para recibirla incorporándose ligeramente para sentarse en la cama. Riko estaba con ella y la ayudó para que pudiera sentarse sin tanto problema, estaban tratando de mantenerla bajo reposo absoluto.
—Lo estoy, lo estoy, no tienes que preocuparte por mí —acaricio sus cabellos castaños y deposito un tierno beso en sus labios—. Tienes que preocuparte por ti y el bebé, ustedes son mi prioridad.
—Creí que habías muerto… te ví ahí en un charco de sangre y… y… —comenzó a sollozar fuertemente y Dia la abrazó con más fuerza.
—Tranquila Hanamaru, no me pasó nada, estoy bien. Tienes que cuidarte y no alterarte —le dijo cuando vio el rostro de Riko por la reacción de la pequeña chica—, el bebé debe estar calmado igual que tú, no tienes de que preocuparte más.
—Lo siento —se limpió las lágrimas del rostro—, sé que tengo que estar en reposo pero sin saber de ti y… no he dejado de sangrar… ¡Tengo miedo Dia!
—Está bien tener miedo, pero no debes dejar que esté tomé lo mejor de ti —la atrajo a su pecho para abrazarla ignorando el dolor punzante de su herida—. Me estás viendo, estoy mejor, ahora hay que hacer que tu mejores. Vamos a hacer todo para que superemos este tropiezo.
Hanamaru solo asintió sin pronunciar una palabra, solo dejando que Dia la sostuviera entre sus brazos y se llevará todos los malos momentos de los últimos días. Estuvieron así por un buen rato, hasta que Hanamaru se sintió más relajada como para aflojar su agarre y dejar que Dia se hiciera un poco hacia atrás. Riko les había dado la privacidad abandonando el lugar.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó mientras Dia la recostaba en la cama.
—Aún no lo sé, pero no voy a dejar que esto pase así como así —trato de sonar calmada pero sus palabras eran duras—. Atentaron no solo contra mí, sino contra lo que más amo y eso no se lo voy a seguir permitiendo a Kanan.
—Ya no quiero más sangre derramada por este asunto —sus ojos se llenaron de agua otra vez—. No quiero que sigas exponiéndote así.
—¡Hey! No tienes que preocuparte por eso —le resto importancia suavizando su tono—. Aún debo ver al emperador para hablar con su majestad sobre esto.
—¿Lo verás? —se aferró a sus brazos—. Día, por favor, no quiero perderte.
—No me vas a perder, siempre voy a buscar la manera de volver a tu lado. Tenemos buenos amigos y aliados —acaricio su mejilla dándole un beso—, que no van a permitir que sigan ocurriendo este tipo de cosas. Puedes estar tranquila.
—Pues no lo estoy —dijo haciendo un puchero—. Ni lo voy a estar hasta que todo esto termine y tú y yo y nuestro bebé estemos lejos de todas estas cosas malas.
—Y estoy haciendo todo lo posible para que sea así —sostuvo sus manos—, pero tienes que ayudarme poniéndote mejor, cuidándote y cuidando de nuestro hijo.
Hanamaru ya no hablo de nuevo, se quedó en silencio atrayendo a Dia para que la abrazara de nuevo. Dia se acomodó en un costado de la cama acariciando su cabello hasta que la chica pudo respirar con más calma. Se quedó dormida luego de un rato pero no quiso apartarla, se quedó con ella dormitando un poco. No fue hasta que un hombre llegó, acompañado de Riko, para hacer la visita de revisión a su esposa y tuvo que dejarla.
Le dió un beso en los labios y esperó con paciencia afuera en lo que hacía todos sus chequeos. You la acompaño, estaba esperando su salida en el pasillo que daba a la habitación, en lo que todo aquello sucedía. You le había informado que Sonoda-san pedía su presencia con ella una vez terminara de visitar a su esposa y ambas esperaron pacientemente.
Cuando el galeno salió del cuarto Dia lo abordó de inmediato con el corazón en las manos. Era tal su nerviosismo que se trabo un poco al inicio. El hombre le informó del estado de Hanamaru, además de que le llamó la atención por alterarla sobremanera aunque con ello ahora debía estar más tranquila después de haberla visto.
—El ajetreo de su visita ha hecho que sangrara un poco más —habló el médico—, aunque eso ha calmado algunas de sus ansiedades, ha creado otras nuevas. Kurosawa-sama debe descansar lo más posible que pueda y evitar más sorpresas como está.
—Lo lamento —se disculpó con la culpa remordiéndole la conciencia.
—Trate en lo posible de no traer malas noticias o hablar con ella de cosas que puedan sacarla de armonía, es imperativo que el ambiente que la rodea esté libre de situaciones o noticias que le puedan llegar a afectar —le dió las recomendaciones.
—Entiendo.
—Por ahora sus visitas deberán estar restringidas para no cansarla, reposo absoluto y tomar el medicamento indicado —dijo—. ¡Ah! Y nada de obligaciones conyugales —concluyó ganándose un fuerte sonrojo de Dia que se avergonzó con tal declaración.
El médico se despidió diciendo que volvería al día siguiente para otro chequeo. Dia volvió a entrar en la habitación para despedirse y decirle que regresaría más tarde para darle las buenas noches. Al menos hasta que el doctor lo permitiera, no podrían compartir las noches debido a su estado delicado.
Una vez la dejó, se dirigió con Sonoda-san que había vuelto de su visita a la casa imperial. Había informado de la situación en su casa al emperador en persona y este le había dado audiencia a Dia, como un favor personal, dentro de dos semanas, una vez que estuvieran en mejores condiciones.
El emperador haría una excepción, debido a las condiciones extraordinarias, para recibirlas en el palacio antes del tiempo estipulado.
También Sonoda-san le contó sobre las pesquisas que se habían llevado a cabo para encontrar al resto de los que habían confabulado en el atentado, aunque no habían podido encontrar más que los restos dejados atrás. El cuerpo de Sarah había sido dispuesto según las leyes, se le cortó la cabeza como última honra y sería enviada de vuelta con el que era su amo, Kanan, aún cuando esté solo fuera un usurpador.
En los días posteriores, fue llevada a cabo una minuciosa limpieza entre los siervos de la casa, se despidió a aquellos que habían sido responsables directos de contratar a los que se infiltraron, no sin antes darles un castigo, y se exigió el seppuku a los oficiales de la guardia que estaban a cargo de evaluar a la servidumbre. Sonoda-san era una persona sumamente estricta en cuanto a las normas y para mantener su honor realizó todas estas acciones. Dia lo considero una medida tajante pero no pudo decir nada.
Cuando Hanamaru estuvo en condiciones, aún en contra de la recomendación del médico, fue trasladada junto con Dia al palacio imperial. El emperador dispuso que se alojaran en una de las numerosas secciones del palacio, serían invitadas especiales por el tiempo que el emperador así lo considerara. Llegaron a caballo, con Hanamaru siendo transportada en una litera para evitar que el ajetreo le afectara demasiado.
—Conoce bien las normas de la corte —Umi dio unas últimas palabras a Dia antes de entrar por la puerta del muro del palacio imperial—, aún con la familiaridad con la que crecí al lado de la emperatriz y el emperador, se debe respetar el estatus y no caer en la deshonra a su rango. Cuide mucho sus modales, aunque las cosas ahora han mejorado mucho en la corte, hay situaciones que no se toleran.
—No se preocupe por ello Sonoda-san —hizo una ligera reverencia—. No creo que tengamos problemas de ese tipo.
—Nunca está de más el ser precavido —se aclaró la voz—. Su padre era un hombre querido por el emperador y la emperatriz pero no así por la corte.
—Es bueno saber eso, gracias por sus consejos Sonoda-san —le agradeció—. Ha sido usted y su esposa muy amables y generosos conmigo y mi familia.
—Le debo mucho a tu padre y es mi manera de resarcir lo que él hizo en el pasado por nosotros —Umi devolvió la gratitud—. Estaré con ustedes dentro del palacio lo más que mis obligaciones me lo permitan y decidas lo que decidas sobre la herencia de tu padre, la casa Sonoda te apoyará de manera incondicional.
—Le agradezco tanta amabilidad Sonoda-san, es bueno saber que contamos con amigos tan leales y fieles a la familia Kurosawa —contestó antes de detener su caballo, estaban cruzando el puente que daba acceso al castillo Kōkyo.
El lugar era majestuoso, grandes jardines llenos de verdor y hermosos árboles de cerezo, así como arbustos de flores de colores vibrantes y banderas que ondeaban el escudo de la familia imperial rodeaban al palacio. Había un estanque que era cruzado por un puente de piedra que dejaba ver esculturas con la flor de crisantemo labrada a relieve. El agua era cristalina y se podían ver los apacibles peces Koi nadando de un lado a otro del gran estanque. Sus colores anaranjados, amarillos, blancos y negros le daban vida al agua.
En el extremo del gran puente una comitiva los estaba esperando. Dicha comitiva estaba encabezada por un hombre maduro, alto pero de una larga cabellera rojo oscuro que dejaba lucir suelta. Sus ojos eran de un verde agua muy parecido al suyo y que además eran adornados por un lunar en la mejilla izquierda.
—Kurosawa Dia-san —la llamó el hombre haciendo una reverencia pronunciada—, es un gusto conocer a esta rama de la familia, hace mucho que no tenía noticias de Katsu-san y me apena lo que pasó con él —Dia se quedó un poco desconcertada—. ¡Oh cierto! Compartimos lazos consanguíneos de algún grado, nuestros padres eran primos.
—Desconocia eso —dijo a secas.
—No es que fuéramos particularmente unidos, aunque peleamos algunas batallas juntos, era un gran guerrero —Dia estudió su cara, parecía sincero sin embargo había algo que no terminaba de convencerle.
—Dia-san —Umi se introdujo en su plática—, él es Toudou Eren-dono, jefe de la guardia imperial personal del emperador —lo presentó.
—Y el principal consejero de su majestad —dijo con suficiencia ganando un bufido de Umi.
—Es mejor continuar —Sonoda-san dió por terminada la presentación y avanzó decidida con Dia a su lado.
—Veo que ha traído consigo a su esposa —señaló en la dirección donde algunos hombros llevaban la litera que transportaba a Hanamaru—. Muy apropiado para presentarse frente al emperador a reclamar su herencia.
Aquel comentario iba lleno de doble intención y aunque Dia quiso contestarle, se abstuvo de entrar en una confrontación innecesaria.
—Es obligación de una esposa estar donde su esposo está —dijo simplemente.
—Es eso verdad —le dió la razón sonriendo de lado—, si no fueran ambas mujeres —la sorna de la burla implícita hizo enojar a Dia que iba a rebatir esas palabras.
—Toudou-dono, no debería importunar de esa manera a un miembro de su familia —intervino Umi—, deje a un lado sus ideologías políticas que en este momento no tienen cabida.
—Solo era un comentario, después de todo usted ha traído esas ideologías políticas, como las llama, a esta corte —dijo molesto—. Sea como sea, si se tiene el favor del emperador aunque Japón esté en contra.
—¿No está de acuerdo en las decisiones de su majestad? —preguntó Dia apretando los dientes del coraje.
—Por algo soy su consejero personal, además de su guardia —guiño un ojo—. Aunque su majestad es sabio y justo, no debe perder en cuenta los deseos del pueblo y de la corte, el ejército no siempre actúa de la manera más adecuada para las buenas costumbres de la sociedad.
Fue notorio que entre Sonoda-san y Toudou-san había discordia y disputas viejas que salían a colación a la menor provocación. Si eso era así, teniendo el favor de la casa Sonoda, seguramente sería atacada por Toudou-san mientras estuviera en la corte.
—Si me permite a partir de este punto —habían llegado a las puertas del palacio principal—, la autoridad de Sonoda-san se acaba y comienza la mía, así que debo solicitar la revisión de todas sus pertenencias —hizo una señal y un grupo de hombres se acercaron a ellos para comenzar.
—No hay nada que ocultar aquí, Toudou-san, no es apropiado importunar de esa manera a una mujer convaleciente en su embarazo —Umi detuvo a los hombres de su rival poniendo en guardia a los suyos.
—Son precauciones que se deben tomar para ingresar, es parte del protocolo aún cuando sean amigos del emperador —movió la cabeza y continuaron con su labor—. No es nada personal, es por razones de seguridad.
Los guardias imperiales del palacio revisaron a conciencia cada maleta, bolsa o compartimiento que transportaban. Incluso uno de ellos tuvo el atrevimiento de mirar dentro de la litera para disgusto de Dia que tuvo que ser detenida por Umi antes de ir a por él y atravesarlo con su espada.
Hanamaru se asustó al ver al hombre, después de todo había estado escuchando parte de la conversación desde su posición, por lo cual trato de guardar la calma para no crear un conflicto. Al igual que Umi había dado sus advertencias a Dia, Kotori-san lo había hecho con ella.
—Todo está en orden —habló Umi—. Retira a tus hombres.
—Es una simple formalidad —dijo haciendo la señal para que se apartaran—. Ahora vamos, su majestad espera.
~•~
La corte, no era más que un grupo de personas ataviadas con trajes impecables de hechura de alto costo que debatían desde su pedestal sobre los problemas que acontecían al imperio sin saber nada de a quienes gobernaban. Siempre lo imagino así, por como eran descritos en los libros que leía. Sin embargo, aunque con las debidas diferencias, la realidad no distaba mucho de la fantasía de sus libros. Hanamaru pudo ver con sus propios ojos cómo era la corte imperial de Japón.
Ella caminaba detrás de todos y podía contemplar como se comportan los demás frente a su visita. Ella llevaba un tocado sobre su cabeza del cual descendía un velo que cubría su rostro, siendo una mujer casada debía evitar la mirada de los curiosos. Eso en cierto modo le había dado su libertad, la de poder ver lo que quisiera. Delante de ella iba Dia caminando apenas detrás de Sonoda-san y ambas por detrás de Toudou-san. En ese lugar Toudou-san estaba un nivel arriba de Sonoda-san y como tal iban caminando.
Llegaron a la antesala de la sala de la corona, donde el emperador presidía sus reuniones cada día y decidía sobre el destino del imperio. Estaba flanqueada por diversos guardias que abrieron las puertas para dar el paso. La sala era sencilla, desprovista de toda la santuosidad de las salas previas, aún así tenía un aire solemne y regio que imponía una sensación de espiritualidad solo comparable a la que sentía en las partes más sagradas de los templos. Por algo el emperador era considerado un dios entre los hombres y la máxima autoridad religiosa del imperio.
Los crisantemos adornaban algunos dibujos en las paredes, simples trazos en color dorado que no rompían la sencillez del lugar. Había, además, un fuerte aroma de flores, crisantemos seguramente, que inundaban los pulmones y relajaban la tensión. También había una ligera música que se escuchaba provenir de algún lado. Era la música típica del imperio, gagaku, reservada para las familias ancestrales de músicos que deleitaban al emperador y sus allegados. Los sonidos lánguidos y acompasados parecían transportar los pensamientos a tiempos pasados, a sentimientos antiguos en un ambiente agradable que te hacía sentir casi etéreo y conectado con los dioses.
Sin duda alguna el emperador podía ser considerado fácilmente como un dios ante tanta ceremoniosidad que lo rodeaba. Lo imaginó, al emperador, como un ser gigante de presencia avasalladora que podría hacer temblar a cualquiera. Tenía que ser así para poder gobernar.
Se detuvieron ante lo que parecía ser el trono del emperador pero había un velo blanco que cubría y difuminaba la imagen detrás del velo. Toudou-san se acercó inclinándose de manera pronunciada y hablo algunas palabras con la figura que estaba sentada al trono. Sonoda-san y Dia se arrodillaron inclinándose de tal manera que su frente tocó el suelo y Hanamaru las imitó detrás.
—Soberano celestial, su majestad imperial —Toudou-san se arrodilló también sin levantar el rostro—, Tsubasa-tennō.
La figura detrás del velo se incorporó de su lugar dando algunos pasos al frente, un par de sirvientes ataviados con trajes ceremoniales en color café, corrieron el velo a un lado dejando libre el camino para el emperador.
—Kurosawa Dia-san —la llamó con una voz calmada y digna—, Sonoda Umi-dono, es un gusto tenerlos en mi hogar.
—El honor es nuestro su majestad —Umi respondió aún con la cabeza agachada—. Gracias por recibirnos y concedernos esta audiencia fuera de tiempo, su majestad es magnánimo por darnos está oportunidad.
—Levántense y expliquen qué es lo que ha sucedido con el daimyō de Fuji e Izu —ordenó el emperador.
—Su majestad —tomó la palabra Umi que es quien tiene el rango más alto—, se habían recibido noticias provenientes del daimyō sobre la muerte del jefe del clan Kurosawa y amo del daimyō…
El emperador alzó la mano para silenciar a Sonoda-san y dando algunos pasos fue hasta donde estaba Hanamaru, ignorando a Umi e incluso a Dia.
Hanamaru pudo ver al emperador de cerca. Era un hombre bajito de cabellos castaños y cortos, con unos profundos ojos esmeralda de forma avellanada que le hacían ver como un guapo japonés de líneas finas y elegantes. Sin duda se notaba su porte real, casi divino. Tenía una cadencia en la voz, como terciopelo que deleitaba los oídos, sin embargo eso no parecía minar su temple y su presencia. Tenía la esencia de un líder, el digno y supremo emperador del imperio.
—Un nuevo hijo para el imperio —dijo colocando la mano sobre el vientre de Hanamaru que empezaba a abultarse—. Espero sea el próximo líder de uno de mis más querido daimyō. Una próspera y larga vida de entrega al imperio.
—¡Su majestad! —Maru se sorprendió por el gesto, pero siendo el emperador no podía negarse—. Gracias por sus buenos deseos.
—¿Cuál es tu nombre Hime-sama? —preguntó retirando su mano y levantando el velo que cubría su cara.
—Kurosawa Hanamaru —contestó aún por encima de su miedo—, esposa de Kurosawa Dia…
—¿Dia? ¿Kurosawa Dia? —se giró para ver a la nombrada—. La hija de Kurosawa Katsu —se acercó a ella y Dia se inclinó en reverencia—, una mujer casada con una mujer, interesante… mi querido sobrino logró su cometido —esbozo una sonrisa—, sin embargo eso le ha costado la vida lamentablemente. Cuéntame qué ha sucedido.
Caminó de un extremo a otro de la sala mientras escuchaba en silencio el relato de Dia. Le contó desde el inicio, desde el momento en que su padre le notificó de su compromiso, del acuerdo con su hermano bastardo para dar el heredero que buscaba, el cómo se negó a eso y tuvo que pagar las consecuencias. La traición de Kanan, la muerte de su padre y la huida al monte Fuji, después la salida de allí al conocer la última voluntad de Kurosawa-dono. El difícil camino hacia la capital, el recibimiento en la casa Sonoda y el atentado en su contra donde tanto ella como su esposa resultaron afectadas.
—Umi-san, espero que se haya encontrado a los perpetradores de tal falta en tu casa con tu invitada —habló al fin.
—No se preocupe por ello su majestad, los que cometieron tal acto cobarde han sido ejecutados, sin embargo los que ordenaron tal cosa aún no han sido llevados a la justicia —se inclinó avergonzada.
—¿Cuál es la razón? —la cuestionó con severidad.
—Matsuura Kanan, ha tomado el dominio del daimyō de manera forzada y hecho lo posible para reclamarlo como suyo después de matar a Kurosawa-dono —el emperador meditó las palabras de Umi.
—Tengo entendido que él es el primogénito de Katsu-san, pero Dia es la legítima heredera —puso un dedo sobre su mentón y fue hasta su trono donde se sentó.
—Si me permite la palabra su majestad —solicitó Toudou-san y el emperador hizo la señal para que hablara—. Ambos tienen derecho sobre el daimyō, Matsuura-san es el varón primogénito, hijo no reconocido oficialmente que reclama lo que es suyo. Kurosawa-san tiene el apellido y el favor de su padre pero es una mujer a quien se le ha impuesto la ley Sonoda.
—Eren-san, es eso verdad y sin duda le daría el control del daimyō al primogénito, pero Katsu-san jugó de manera correcta sus cartas —el emperador volvió a sonreír—. Dió su apellido a su hija legítima dentro de las leyes, se aseguro de darle un compromiso y un heredero, que aunque ha sido malhabido, es el hijo legítimo de la hija legítima.
—Su majestad, suficiente ha hecho ya está ley que atenta contra las costumbres —Tsubasa-tennō calló a su consejero.
—Esa ley fue mi primer edicto al subir al trono, en agradecimiento con cada uno de los daimyō que lucharon a mi lado para unificar este imperio de nuevo —de nuevo se llevó una mano al mentón—. Aunque de nada servirá deliberar y discutir sobre ello, esta ley es algo que no voy a cambiar.
Umi respiro con tranquilidad al oír aquello. El emperador no había dejado de lado su palabra hecha ley.
—Kurosawa Dia-san, usted tiene el favor sobre el daimyō, sin embargo es su hermano quién lo gobierna ahora, ¿qué es lo que usted desea hacer? —dirigio la atención hacia ella en espera de su respuesta—. ¿Va a reclamar su herencia o la cederá a su hermano?
Dia se quedó en silencio, frunciendo los labios y arrugando el entrecejo, Maru que la conocía muy bien supo que estaba luchando consigo misma. En un momento dado buscó en el interior de sus ropas y sacó el pergamino donde su padre daba su última voluntad y el edicto donde le legaba la potestad del daimyō.
Lo sostuvo con algo de temblor en sus manos. No habían podido hablar de eso de manera apropiada, aunque fuera la que fuera la decisión que tomara Dia, Hanamaru iba a apoyarla. La única preocupación de Hanamaru, ahora era el bienestar de su esposa y de su hijo. No quería perderla por seguir adelante en esa guerra que se habían metido por un poco de poder.
—Este es el legado de mi padre, el gobierno sobre Fuji e Izu, la dirigencia del clan Kurosawa y la responsabilidad de otorgar un heredero que continúe con el apellido y el honor de la familia —extendió el pergamino con una inclinación hacia el emperador.
Toudou-san lo tomó y lo paso a las manos del emperador no sin antes autentificar su procedencia. Contenía el sello real y la firma del legítimo dueño, ahora finado, del daimyō otorgado por el emperador.
—Es correcto —dijo Tsubasa-tennō—, eres dueña del daimyō si lo deseas y obtendrás el favor del imperio para reclamar tu herencia, ¿es eso lo que deseas o estás regresando la herencia de tu padre para ser entregada a tu hermano? —volvió a enrollar el pergamino manteniendo en su mano el anillo con el sello real esperando una respuesta—. Debes saber antes de que decidas que tu esposa no es tuya, ella también es parte de la herencia del daimyō, como tú misma lo has dicho, al ser portadora del hijo del clan, ella solo servirá a su amo, el señor del clan Kurosawa y del daimyō de Fuji e Izu.
—Yo… su majestad… —Dia titubeo sorprendida, esperaba que el emperador no tomara a Maru como una propiedad más del daimyō sino como su esposa simplemente.
Estaba deliberando en su mente aún renuente de dar el último paso que sabía debía dar, parecía inevitable la confrontación con Kanan si era el único modo de poder estar con Hanamaru y su hijo.
—¡Tsu-chan! —se escuchó una voz venir de la puerta principal de la sala real y todos se giraron a ver de donde provenía.
Una linda pelirroja de piel clara con unos expresivos ojos azules irrumpió en el lugar dejando a todos estupefactos por la manera tan familiar de llamar al emperador.
—¡Tsu-chan! —volvió a chillar pasando de largo hasta el emperador que ya la esperaba con los brazos abiertos.
—¿Qué ha pasado ahora Honoka-chan? —la sonrisa en el rostro del emperador se ensanchó divertida al ver a la mujer.
—¡Prometiste venir conmigo y jugar con Tsukasa-chan! —gimoteo y Dia pudo ver como la vena de la frente de Sonoda-san se hinchaba de puro enojo.
—¡Honoka-chan! ¡Su majestad está en un asunto de estado en este momento! —la reprendió.
—¡Umi-chan! ¡Viniste a visitarnos! ¿Donde está Kotori-chan? —la mujer dejó los brazos de Tsubasa y fue a colgarse del brazo de Umi con tal naturalidad que cualquiera podría encontrar escandalosa por estar en presencia del emperador.
—¡Honoka! —pronunció su nombre con el rostro completamente rojo de vergüenza.
—¿Te quedarás a comer? ¿Todos se quedarán a comer? —miró a la audiencia que la contemplaba sin dar crédito a sus actos infantiles.
—Por supuesto que sí, Honoka-chan —el emperador se acercó tomandola de la cintura y hablándole al oído—. Ve por los niños y dispon todo lo necesario para nuestras visitas.
—¡Claro que sí Tsu-chan! —dijo con bastante júbilo y plantando un beso en la mejilla del emperador que resultó ser un poco más corto de estatura que la mujer.
Así como entró, cual huracán, volvió a salir. En la puerta de entrada se encontraba otra mujer que la recibió para llevársela de allí. Toudou-san estaba echando chispas y Hanamaru se percató de la mirada terrible que dedicó a la mujer que se llevó a la pelirroja. Está, la mujer que esperaba en la puerta; por lo que alcanzó a ver, era de una larga y esponjosa melena castaña y unos lindos ojos purpureos que estaban en pánico.
—Será mejor que vayamos al comedor —dio la orden Tsubasa y nadie más comentó de lo sucedido—, aunque antes demos un paseo por el jardín. Es un hermoso día para apreciar las flores y se que mi esposa apreciará un ramo de sus flores favoritas para su deleite en la cena.
El emperador se echó a andar sin esperar al resto, aunque al pasar al lado de Toudou-san le dedicó un par de palabras que el hombre se apresuró a ejecutar.
Anduvieron por algunos de los pasillos del castillo yendo siempre el emperador al frente con Umi a un paso atrás junto con Dia y detrás de todos Hanamaru.
—El clima en estas épocas suele ser algo caluroso —inicio la charla Tsubasa—, y las flores están en su punto más vivo.
—Veo que Honoka sigue tan vivaz como siempre —comentó Umi y el rostro de su majestad se puso serio.
—Es agradable tenerla en estos periodos cortos de lucidez —dijo con la mirada triste.
Nadie más habló nada.
Era notoria la tensión que se había establecido, como un peso abrumador que solo se disipó ligeramente al llegar al jardín.
—Kurosawa-himesama, me ayudaría a escoger los brotes en flor que más le gusten —le solicitó con voz amable y Hanamaru se apresuró a buscar entre las diferentes variedades que crecían en el jardín.
Tsubasa se entretuvo algún tiempo con ella pues Hanamaru había visto ilustraciones de muchas de las flores que crecían en el jardín del palacio. Le contó al emperador de sus significados y ambos conversaron sobre ello.
En ese tiempo Umi y Dia se quedaron a solas solo mirándolos.
—Ella es la razón por la cual su majestad no recibe visitas en esta época del año —rompió el silencio Umi—. Dedica toda su atención a su posesión más valiosa, su esposa la emperatriz.
—No quiero ser entrometida pero, ¿qué sucede con la emperatriz? —preguntó con genuina preocupación—. Ella parece…
—Estar en otro mundo —completó con tristeza—. Es una historia vieja que aún duele —Umi suspiró—, y es algo que solo compete a sus majestades, sin embargo te pido tener paciencia con ella, es como una niña.
—Entiendo —dijo Dia sin embargo tuvo que preguntar—, ¿tiene esto algo que ver con la razón de que Hoshizora-san se haya negado a venir a la capital?
—Si —fue su única respuesta antes de ir con el emperador que la llamaba.
Sonoda-san tomó las flores que Hanamaru había escogido y el emperador había cortado. Había una pequeña variedad de flores, magnolias, camelias y violetas, además de los conocidos crisantemos, abundantes en el palacio.
—Una selección por demás acertada —comentó Umi—. Nobleza de espíritu, pureza, amor eterno y afecto por nuestros familiares en el más allá.
—A Honoka le encantará —se acercó una magnolia al rostro de la cual aspiró el aroma de su perfume.
—Sin duda le gustarán —le dió la razón Hanamaru—, su esposa la emperatriz parece una persona de carácter energético y alegre.
—Lo es, ella lo es sin duda —Tsubasa sonrió de manera sincera y le entregó la flor colocándola en su cabello—, y es tiempo de ir a buscarla.
Salieron del jardín con rumbo del comedor, el aroma de las flores fue dejando su rastro detrás. Al llegar al comedor la emperatriz estaba dando algunas indicaciones a la servidumbre que las atendía de forma inmediata. Con ella estaba la otra mujer que habían visto previamente y también Toudou-san junto a una joven de cabellos pelirrojos y ojos esmeralda que sin duda era la hija menor del matrimonio real.
—¡Tsu-chan! —Honoka corrió a los brazos de su esposo a quien recibió con un beso en los labios—. Ven a la mesa, he preparado manjus para ti. Tsukasa-chan casi acaba con ellos pero he logrado salvar algunos para que puedas probarlos.
—¡Mamá —la niña refunfuño—, eso no es cierto! ¡Has sido tú quien se los ha comido!
—¿En verdad? —Tsubasa se lamió los labios y pudo sentir las migajas pegadas en la comisura de su boca y el sabor dulce del azúcar—. Creo que Tsukasa-chan tiene razón —volvió a besar a su esposa para comprobar que en efecto, Honoka sabía a manjus.
—Je, bueno tal vez comí uno o dos —dijo con cara traviesa al ser descubierta—. Pero tengo más para ti —sacó uno de entre sus bolsas y se lo ofreció a Tsubasa que solo abrió la boca para que Honoka metiera el pequeño dulce redondo.
—¡Hummm! ¡Matcha! —reconoció el sabor, Honoka sabía que era uno de los favoritos del emperador—. También tengo algo para ti —señalo hacia un lado donde Umi, Dia y Hanamaru sostenían las flores.
—¡Qué hermosas! —brinco de felicidad y se acercó a oler cada uno de los ramos que había hecho Hanamaru—. ¡Por los dioses estás embarazada! ¡Tsubasa mira! ¡La chica está embarazada!
Honoka se olvidó de la flores y solo se concentró en tocar el vientre de Hanamaru que del mismo modo que antes, tuvo algo de temor. Aún estaba lidiando con el miedo de perder a su bebé después del atentado a Dia que ahora le parecía extraño los acercamientos de las personas, sobretodo si no los conocía.
—Lo sé —se aproximó para tratar de contenerla, Honoka estaba siendo aún más entusiasta que él al respecto.
Dia estaba algo preocupada, podía ver el rostro turbado de Maru por la familiaridad espontánea de la emperatriz y trató de calmarla poniendo una mano en su hombro. Hanamaru volteó a verla y al mirarse en esos serenos ojos aguamarina se relajó.
—¡Deben quedarse con nosotros! —Honoka pidió suplicante a Tsubasa que solo acarició su cabello rojizo—. Al menos por unos días, esto es algo hermoso que debemos festejar. ¡Un bebé! —se giró a ver a Umi—. Trae a Kotori-chan, Umi-chan, me encantaría que estuviera aquí.
—La familia Kurosawa está de visita, Honoka-chan, pero no creo que les moleste quedarse por algún tiempo en el palacio mientras se desarrolla el bebé, ¿no es así Kurosawa-san? —el emperador preguntó a Dia, sin duda jamás le negaría nada a su querida esposa.
—Sera un honor su majestad —dijo haciendo una reverencia—, mi familia y yo estaremos gustosos en su hospitalidad.
—¡Asombroso! —exclamó Honoka feliz—. Tsukasa-chan ven aquí mira esto, es un bebé.
La pequeña niña se acercó y con algo de timidez puso su palma en el vientre de Hanamaru. La niña frunció el ceño y sacó la lengua tratando de encontrar lo asombroso que había, solo que no vio nada como tal, hasta que un gruñido se escuchó y todos se quedaron mirando entre sí.
—Lo siento —Honoka se rió—, creo que mi estómago tiene hambre.
Tsubasa se echó a reír y con eso se interrumpió la plática. Cada uno tomó su asiento en el comedor y los sirvientes hicieron su aparición llevando los platillos que habían sido preparados para la ocasión.
La comida transcurrió entre pláticas y risas, ahora tanto Dia como Hanamaru estarían en el palacio por tiempo indefinido, aunque aún estaba en el aire la respuesta que debía dar al emperador sobre su herencia. Cómo lo había pensado, aunque le doliera en el alma tener que enfrentarse a su hermano, él merecía el castigo a sus crímenes. Además de que por nada del mundo perdería a Hanamaru de su lado, por su esposa haría todo lo necesario y más para estar con ella.
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Los días en el palacio eran bastante tranquilos en general, solo se volvían más movidos cuando la emperatriz tenía alguna ocurrencia y todos en el lugar se ponían de cabeza para cumplir su petición. El emperador le consentía cada una de sus travesuras, incluso participaba en ellas de vez en cuando.
Hanamaru se había vuelto de pronto uno de sus blancos favoritos para sus aventuras. Tanto Honoka como Tsukasa encontraron que oír a la chica leer los cuentos de los libros era emocionante, y fue aún más cuando decidió que debían representarlos. Fue así como nació la pequeña compañía imperial de Japón.
—¿Qué es lo que harán? —preguntó Dia un día que llegó a verlas después de hacer algunos pendientes con Umi-san.
—Estamos preparando la puesta en escena de la leyenda de Hime-sama y el emperador ~zura —su esposa sonaba genuinamente divertida—. ¡Es emocionante!
Hanamaru quiso levantarse, ya que estaba sentada en el suelo, y Dia la auxilió de inmediato pues en su estado le era difícil moverse. Su vientre se había abultado bastante en esas semanas desde que habían accedido a quedarse en el palacio. Honoka y Tsukasa la consentían demasiado dándole dulces y panes de todo tipo y, aunque sus antojos habían disminuido, su pancita solo había crecido más y más.
A Dia le resultaba fascinante este proceso, en sus ratos libres mientras su esposa leía, ella pasaba el tiempo recostada en sus piernas acariciando su abdomen. Su sorpresa fue mayúscula cuando uno de esos días algo se movió dentro. Fue casi imperceptible pero Dia lo había visto y sentido. ¡El bebé empezaba a moverse! ¡Y era bastante inquieto! Cuando Tsukasa estaba cerca, pues a la pequeña princesa le encantaba platicar con el bebé, Maru podía sentir sus pataditas por todas partes. Aunque al parecer al bebé le gustaba escuchar la voz de Dia más que otra cosa, pues cuando su madre aparecía lo hacía también el movimiento.
Sólo que con el embarazo a mitad de su tiempo, Hanamaru empezaba a sentir los estragos en su cuerpo. Se cansaba más rápido y no podía permanecer mucho tiempo en la misma posición. Dormir se había vuelto algo complicado, amaba que Dia la abrazara pero ahora tenían que hacer malabares antes de que la pequeña Maru encontrará el lugar correcto para conciliar el sueño. Cosa que a veces ponía en aprietos a Dia que se contorsionaba para seguir siendo la almohada favorita de su esposa.
Aunque había una ventaja en todo ello, de cierto modo. El tiempo de pareja entre ellas había mejorado o más bien se había vuelto más constante. Hanamaru amaba estar en los brazos de Dia y está la complacía tanto como podía. Debía cuidar de no lastimarla o agotarla debido a su estado. Sin embargo unos besos no hacían mal a nadie, con eso la engatuzaba la chica para que accediera y gustosa Dia lo hacía.
—¿En verdad? —la sostuvo con fuerza atrayéndola a un casto beso.
—Su majestad se interpretará a sí mismo zura~ y la emperatriz ha querido ser Hime-sama —Maru tomó la mano de Dia y la puso sobre su vientre—. Las dos te extrañamos.
—Solo me fui medio día —Dia se agachó para dejar otro beso en el borde de su abdomen—. Aunque también las extrañe.
—¡Son tan lindas juntas! ¿No lo crees Kotori-chan? —Honoka exclamó desde el otro extremo de la sala donde estaban ensayando.
—¡Lo son! Me recuerdan tanto a Umi-chan y a mí cuando éramos jóvenes —se rió tímidamente al ver la escena y evocar el recuerdo.
Ambas chicas se pusieron rojas de la cara y trataron de disimular su vergüenza mirando hacia todos lados. Para su suerte el emperador, que estaba llegando también en ese momento, interrumpió su plática.
—¡Papá! —la pequeña Tsukasa corrió a los brazos de su padre y con ella Honoka también.
—Me alegro de verlas —las sujetó a ambas y aún con su corta estatura las levantó levemente del suelo.
Umi acompañaba al emperador y Kotori fue a recibirla del mismo modo. Estaban contagiados por el romanticismo de las más jóvenes.
—Han regresado antes de lo que creíamos —comentó Kotori.
—Dia-san quería estar presente en la revisión de su esposa —dijo Umi al tiempo que movía un mechón de cabello cenizo detrás de la oreja de Kotori.
—¡Oh! ¿Hoy vendrán los médicos? —Honoka preguntó con algo de recelo.
—Si —el emperador la sujetó dejando a su hija a un lado—, solo algo de control del bebé y tal vez podamos aprovechar el momento para ver cómo estamos nosotros.
—No… no creo que sea… —la emperatriz comenzó a forcejear para liberarse.
—Solo es una plática y yo estaré contigo todo el tiempo —trato de calmarla pues su nerviosismo había aumentado—. Tsukasa-chan también estará allí, todo estará bien —suavizó su voz mirándola con amor—. ¿No es así, Tsukasa-chan?
La niña asintió agachando la cabeza, tampoco era agradable para ella tener que ver a los médicos reales.
—Ves, podemos hacerlo —Tsubasa depósito un beso en sus labios pero aún estaba tensa—. Vamos.
La sostuvo sin dejarla ir y avanzó casi llevándola a rastras con su hija caminando a su lado. Dia y Hanamaru también se unieron, solo Kotori y Umi se quedaron al margen aunque estuvieron al pendientes.
Las revisiones del médico eran algo que podían poner nervioso a cualquiera y Hanamaru sintió empatía con la emperatriz, a ella también le causaba un poco de temor. Desde el incidente en el que había tenido aquella amenaza de perder a su bebé, le daba miedo pensar en que algo así pudiera pasar. Sin embargo yendo de la mano de Dia y compartiendo estos últimos días, podía descansar un poco más de esos temores.
El médico hizo su trabajo bajo la mirada escrutadora de Dia. No quería perder ningún momento ahora que era más palpable la vida que crecía en el vientre de su hermosa esposa, así que estaba al pendiente de cada uno de sus movimientos. Se preocupó cuando vio fruncir el ceño del doctor.
—¿Hay algún problema? —se removió inquieta en su lugar.
El doctor no le respondió de inmediato, siguió haciendo su auscultación en el abdomen usando un pequeño artefacto para escuchar en el interior. La preocupación de Dia solo hizo más que incrementar, tenía ganas de ir sobre el doctor y obligarlo a hablar.
—Vaya, vaya —comenzó a reír divertido por algo que Dia no alcanzaba a comprender.
—¿Qué sucede? —Dia se acercó bastante mosqueada.
—Nada malo —el hombre terminó de guardar su aparato raro e hizo algunos otros movimientos en sus manos para palpar toda la superficie—. De hecho todo va muy bien, tendrán que comenzar a elegir los nombres pronto pues ya que estamos a más de la mitad del periodo de gestación. ¿Han pensado en que nombres ponerle a sus hijos?
Hanamaru y Dia se miraron por un momento sin saber que decir o hacer. ¿Qué era de lo que estaba hablando?
—Espere… ¡¿Qué?! —Dia reaccionó por fin.
Hanamaru se incorporó con dificultad sentándose a duras penas y con la sorpresa también en el rostro. El médico las vio con una sonrisa que no había dejado su cara.
—Esto es poco común —comenzó a explicar—, sin embargo no imposible.
—No entiendo de qué está hablando —un nudo en la garganta se instaló en Dia.
—Su esposa, tiene un embarazo…
—¡Eso es evidente! —dijo exasperada.
—…gemelar —terminó de decir después de la grosera interrupción.
—¡Zura~! —Maru se tocó el vientre sin dar crédito a las palabras del médico—. Eso significa que… ¿hay dos bebés creciendo dentro de mí?
—Así es —miro a la chica y asintió—, por lo que deberá guardar reposo y aún mayores cuidados. Los partos gemelares suelen ser más complicados por obvias razones —se giró a ver a Dia con algo de enojo pero está estaba anonadada—. Por lo que debemos mantener todo en orden para que no exista ningún tipo de problema.
El doctor se despidió después de un rato en el que Hanamaru aprovechó a preguntarle todas sus dudas. ¿Cómo era posible que fueran dos bebés? ¿Cómo es que no se habían dado cuenta antes? ¿Qué tenían que hacer ahora?
Había escuchado sus respuestas con atención haciendo nota mental de todo lo que era pertinente para sus cuidados. En ese tiempo Dia simplemente se había quedado pasmada aún estaba tratando de procesar la información. Si era un bebé, bueno, sabía cómo lidiar con uno o al menos eso pensaba. Sólo que dos, eso volvía todo más complicado.
No salió de su estupor hasta que Hanamaru la trajo de nuevo a la realidad cuando colocó una mano sobre su hombro y la agitó un poco. Día la miró y de inmediato la abrazo tratando de abarcar toda su circunferencia, Dia estaba de rodillas y Hanamaru de pie a su lado.
—Tendremos dos hijos —murmuró poniendo su oído en su pancita para tratar de oír—. ¡Dos hijos! —dijo con algo de risa loca.
—¿Estás bien? —Maru acarició su cabeza.
—Si —meditó sus palabras—. Yo… no puedo creerlo… dos bebés… nuestros hijos.
Una leve sonrisa asomó en los labios de su esposa mientras seguía acariciando sus cabellos negros.
—Eso explica algunas cosas —volvió a reír.
Como su tremenda apetencia, que no era inusual pero que con su embarazo parecía haber aumentado en exceso. Sus pies que se hinchaban más a menudo y su incomodidad a su vientre que había crecido más de lo que podía considerarse normal, sobre todo porque había crecido de súbito. Ahora había una explicación a todo ello.
—Sigo sin poder creerlo —beso su pancita y alguno de los bebés reaccionó pateando al frente—. Esta bien, ya lo puedo creer —respondió riéndose por la acción.
Era increíble que algo como eso les hubiera pasado. Dos bebés. Eso hizo que Dia fuera paranoica por dos, más bien por tres. Ahora con más razón estaba al pendiente de cada detalle con Hanamaru. Ruby, que hasta ese momento había permanecido aún en la casa Sonoda con el resto de las chicas, fue trasladada al palacio junto con Riko, You e incluso Yohane. Dia quería una vigilancia sobre Maru de veinticuatro horas, más que nada por el tiempo en que debía salir a cumplir algunos deberes y debía dejarla sola.
La afluencia de personas que no pertenecían a la corte y no seguían al pie de la letra las reglas estrictas de la misma, relajo en mucho a la familia real, aún con el casi infarto que le dió a Toudou-san por su comportamiento. Honoka disfrutaba de las ocurrencias de Yohane y de You, Tsukasa se apegó a Riko y a Ruby a quienes veía como unas lindas chicas que no tenían nada que ver con las que la rodeaban.
—Su majestad —Dia solicito la atención de Tsubasa una vez terminó su representación con su esposa a su nueva audiencia—, debo hablar con usted.
La seriedad que imprimió en sus palabras hizo que Tsubasa adoptará una posición similar. Podía deducir por la manera de actuar y después de la noticia que les fue comunicada el que ahora actuará así.
—Ha tomado ya una decisión —dijo con solemnidad—, me parece bien.
—Es así, tengo un deber que cumplir, por mi familia —se inclinó con una reverencia.
—Es tiempo de alistar las armas —el emperador sonrió de medio lado—, hay un daimyō que recuperar.
~•~
