Planetarium del Cometa - Capítulo 53: Entonces, ¿dónde estamos?

—¡Derecha, derecha!

—¿Qué dices? Tampoco tanto.

—¡Kirby, pulsa tu botón!

Me encuentro en el puesto de gancho, dos días después del cumpleaños de Ike. La prueba transcurre con normalidad, pero ninguno de los dos equipos sabe cuál va ganando. El objetivo principal es llegar a cierto número de bolas rescatadas, la competencia que hay entre nosotros tan solo sirve de incentivo para llegar a dicha marca. De todas formas ya nos avisaron de que habría una gran represalia para el equipo que quedara en inferioridad, y no es nuestro plan serlo.

Suena una bocina para determinar que se acaba nuestro turno. Esta vez llevamos cinco papeles de diecisiete bolas que hemos conseguido y que suman cincuenta increíbles monedas, pero Pit no lo aprueba:

—Esto va muy mal, ¿eh?

—¿Por? —preguntamos Midna y yo.

—En total hemos sumado unas cien pelotitas solo, y mañana termina la prueba.

—¿Y qué…? —Kirby pregunta.

—Kirby, que nos pedían cuatrocientas pelotas.

—¡Hala, exagerado!

—¡¿Tantas?!

—¿Vosotros escuchasteis cuando leyeron la carta?

—Sí, pero cuatrocientos bolonchos de estos… —se queja Midna, desconfiada de la cifra.

Afortunadamente aparecen los del otro grupo para recibir consulta.

—Eh, ¿verdad que son cuatrocientas pelotas las que debemos sacar entre todos?

—Cuatrocientas veinte recuerdo haber leído yo.

Samus e Ike asienten con plena seguridad y nos quedamos a cuadros. El otro grupo ha tenido la prueba más clara que nosotros, pero tampoco sabemos si con su cifra llegaremos al número requerido.

—Zelda y yo vamos a cambiar esto —Midna se refiere a los papeles una vez estamos saliendo del ático.

—Voy sirviendo la comida —dice Kirby—, ¿ya habéis comido vosotros? Lo digo para hacer algo para cinco o para diez.

Ike, Samus, Lucario, Link y Sonic afirman agradecidos y bajamos por las escaleras. Kirby se mete en la cocina y nosotras dejamos a la princesa y al ángel solos en la mesa.

—¡Buenos días! —Midna entra cantando en la biblioteca, yendo yo detrás y saludando con normalidad.

—Buenas, chicas.

—Venimos a cambiar estas cosas. Son cincuenta monedas, no quiero timos —dice introduciendo nuestros premios en la máquina.

—Ahora nos esperamos aquí, ¿verdad? —digo.

—Sí.

Nos sentamos tras esa fría respuesta. Midna, a diferencia de mí esa vez, ve oportuno decir todo lo que se le pase por la cabeza mientras esperamos que la gran caja metálica termine de soltar nuestro oro.

—Yo quiero dar mi opinión de los nominados de esta semana.

—Adelante.

—¿Y eso? —le pregunto antes de que empiece.

—Cada semana lo hago.

Midna se ha fugado cada siete días a la biblioteca para dar su previsión meteorológica sin que nadie la viera. No me sorprende si se trata de ella.

—¿Me ayudas?

—Bueno…

—Mejor no. Quiero saber qué opinas tú antes que yo lo diga —me sonríe—. ¿Quién crees que se irá esta semana?

—Yo creo que…

Por primera vez desde que empezamos la semana me planteo esta pregunta.

—Sonic no creo —corrijo—, me parece que es de los concursantes que más quieren ahí afuera —empiezo a reflexionar.

—¿Segura? Sonic ganaba mucho teniendo a Amy al lado. Ahora está desprotegido.

—¿Tú crees?

—Igual pasa con Samus e Ike. Mientras sigan unidos será difícil que expulsen al primer de ellos.

—Pero Sonic y Amy no estaban unidos.

—Pero sí que formaban parte de la misma trama.

—¿Qué es eso?

A veces Midna me parece que es la que tiene la visión más objetiva del concurso de todos nosotros.

—Claro, ¿tú no te acuerdas de lo que hicimos de las burbujas y esas cosas?

—Por supuesto que me acuerdo, pero…

—A partir de las burbujas se crean pequeñas historias. Por algo la gente sigue viendo el concurso. La competición entre los dos grupitos, las peleas que tengo con Samus y que tenía con Estela en su momento, las que tenían Bowser y Mario, esto que digo de Sonic y Amy, e Ike y Samus, tú y Link…

—Lo mío y lo de Link se ha apagado, ya están todas las decisiones tomadas y a juzgar por su comportamiento creo que ya veo lo que le importo.

—Que te quiere mucho, simplemente está pasando unos malos días y…

—Además, si las historias que estás diciendo son tan importantes a la hora de decidir expulsado —la interrumpo para cambiar de tema. Realmente hablar de Link me pone de los nervios—, ¿por qué Bowser, Mario, Estela y Amy han sido expulsados?

—Algo habrán hecho —dice sin más.

—¿Y tú qué crees? ¿Quién será el afortunado? —digo refiriéndome a los nominados actuales.

—Sinceramente pienso que será Peach.

—Peach cae bien.

—Batiéndose contra Link, Samus y Sonic no tiene nada que hacer —me dice convencida.

—A mí me duele decirlo pero creo que es Link el que está en inferioridad —cuento cabizbaja.

Y es totalmente en serio, e incluso creo que él también lo tiene asumido. Todo esto me hace sentir realmente mal conmigo misma, pues hemos estado más de dos meses viviendo en el mismo hogar y todo acabará con un sabor más agrio que dulce.

—¿Link? No —niega con la cabeza—, ya te he dicho que está pasando unos malos días, nada más. Todos estamos desgastados con todo esto, Zel.

Siento como si todas estas semanas se me posaran en la garganta y me la presionaran para arrancarme las lágrimas.

—Pero Link es el único, o por lo menos el que más cambio ha mostrado. Yo ya lo digo, espero que no sea así, pero en mi interior siento que estos serán mis últimos días con él.

—Mañana saldremos de dudas —me abraza.

Midna es la única persona que conozco que sabe cuándo necesito una muestra de cariño. Tan solo puedo soñar con una final donde estemos ambas juntas esperando el nombre de la ganadora, porque en este momento no puedo imaginarnos saliendo una más pronto que la otra del Planetarium.

A través de una pelirroja cortina y mientras estoy descansando entre sus azulados brazos, puedo ver cómo las monedas han dejado de caer en la trampilla de la máquina de intercambio. Me incorporo, la beso en la mejilla y le aviso de ello. Recogemos nuestro premio y salimos, con la mala suerte de chocarnos con Link.

—Perdón —decimos los tres casi al mismo tiempo.

—A la biblioteca, ¿no? —dice Midna.

—Sí, voy a solicitar una cosa de un tema que… bueno, ya lo veréis mañana.

Mientras dice eso nos mira, pero al fijarse en mí se percata de mis lágrimas.

—Eh, ¿qué te pasa? —dice tomándome delicadamente de la cara con una mano mientras me pasa el pulgar de la otra por la sien.

—Nada, tonterías —sonrío.

El segundo abrazo que recibo es de Link. Dejo reposar mi cabeza en su hombro como tantas veces he hecho en este juego. Abro los ojos para ver a Midna decirme con gestos que ella se va con los demás, posiblemente para dejarnos intimidad. Es estúpida, pero sonrío por ello.

—Link.

—¿Sí? —responde aun abrazándome

—¿Por qué estás tan distante? —digo habiéndome armado de valor.

—Porque mi concurso termina pronto.

No puedo decir que no lo crea. No encuentro la manera de apoyarle ahora.

—Pero puede que no sea así. Sois cuatro.

—No, no es eso. He estado pensando y…

De repente pasa algo que hasta ahora no habíamos podido imaginar ninguno de nosotros que sería posible: Una enorme explosión ajena a las instalaciones del Planetarium se deja escuchar hasta el punto que todas las luces y demás aparatos dependientes de electricidad se apagan. Link y yo nos separamos debido a esto y me toma de la mano para conducirme hasta la pared para no tomar el riesgo de tropezar con cualquier cosa hasta que podamos volver a ver. El suelo tiembla un poco pero pronto estoy segura de que nada irá más allá de un pequeño terremoto sin importancia.

Tan solo escuchamos gritos de fondo, claramente de los demás concursantes.

—¡Tranquilos! —nos grita la Voz por todos los altavoces posibles— El sistema se está restableciendo.

En cuestión de segundos se resuelve todo, aunque seguimos intentando asimilar más la explosión que el apagón. La energía regresa y, con ella, puedo volver a ver a Link.

—En fin, me voy a la biblioteca antes de que vuelva a apagarse todo —me dice.

—De acuerdo —digo quedándome sola para secarme las lágrimas.

Entra en nuestra puerta más cercana y yo me reúno de nuevo con Midna, Peach y Pit. Nuestra principal preocupación es hablar de lo que acaba de ocurrir, pero decidimos aparcar el tema para la cena, que estamos todos:

—¿Qué ha pasado este mediodía? —pregunta Lucario.

—¿La explosión, verdad? —responde Samus—, a nosotros se nos ha parado la máquina de peluches.

—Lo he pasado fatal, colgado y sin ver nada —dice Sonic, que le tocaba turno de garra en ese entonces.

—Habrá sido un corte en el suministro.

—Eso no ha podido ser —discrepa Link—, Estela me contó que la astronave funciona con la energía de las estrellas. En principio no hay nada que pueda desfallecer.

—¿Y el apagón de cuarenta y ocho horas que hubo, en el que teníamos palitos luminosos? —pregunta Kirby

—Pero eso era el castigo de la prueba de los infectados —responde Ike.

—De todas formas no hay manera posible de que el programa apague las estrellas, es demasiado.

—¿Qué queréis decir con eso? —pregunta Midna con la boca llena, escupiendo un trozo de lechuga y asqueando a Samus con eso.

—No sé —responde Lucario hablando por todos—, pero un concurso no puede tener tanto poder como para superar la energía del cosmos.

—Pues entonces han desenchufado al Planetarium del cosmos y lo han puesto en corriente eléctrica para gastar menos —comenta Peach, feliz.

—¡¿Qué dice esta?! —pregunta Samus buscando una respuesta lógica.

—Bueno, que tampoco es nuestro asunto —dice Pit para evadir el tema.

Todos empezamos a hablar a la vez para exponer nuestra opinión, pero solo la de Ike pisa la de los demás una vez se levanta y da un golpe en la mesa.

—¿¡Cómo que no es nuestro asunto?! ¡Depende de lo que haya pasado puede correr riesgo nuestra vida!

—¡No seamos exagerados! —Link defiende al ángel.

—Hasta el suelo tembló, yo tengo miedo —comenta Peach descansando sin pretender que nadie la oiga mientras todos siguen argumentando en voz más que alta.

¿Temblor en el suelo…?

—¡Escuchad! ¡Creo que hay algo que pasamos por alto! —intento hacerme hueco entre las imponentes voces que tienen algunos de mis compañeros.

De repente, Link silva extremadamente fuerte y todos callan.

—Di, Princesa.

—Gracias —digo de forma para que tan solo él me escuche—, decía que hay algo que no tenemos en cuenta.

—¿El qué? —me mira Samus, suspicaz.

—El suelo ha temblado. Si estamos en el espacio no debería hacerlo.

—Cuando Luigi se caía con los zumos también temblaban las macetas del impacto —trata de responderme Sonic.

—Pero solo nos afecta la gravedad a nosotros y a las cosas que hay en el Planetarium, no a la estructura… ¿no? Es decir, la base de la astronave y todo lo que podemos considerar suelo y paredes no pueden tambalearse como si dependiera de otra fuerza gravitatoria mayor.

—Pero Zelda, ¿no ves las estrellas que nos rodean? —me pregunta a modo de respuesta.

—Dejemos esto ya, en serio —Pit se rasca la cabeza.

—Oye, ¿y si ha sido porque está viniendo un meteorito y resulta que nos hemos salido de órbita? Como no está Estela esto se está desencaminando.

—Seguro que nos ha puesto ella en la autopista de pedruscos, para que nos maten —suelta Midna.

—¡Estela no haría eso! —dice Link casi interrumpiéndola.

—Ya lo sé, era una broma. Tranquilo, ¿eh?

El chico se incorpora correctamente en la silla sin cambiar su seria expresión. Pit logra disolver el tema de conversación y rápidamente acabamos de cenar.


¡Hey! hacía capítulos que no dejaba una nota de autor en el final de un capítulo xD. Solo anunciar que el próximo capítulo ya contiene gala, y diré que es, si más no, la más rara y determinante hasta ahora xD habrán varias sorpresas.

Nada más que eso, solo que espero que os siga gustando el fic (cada vez queda menos para conocer el nombre ganador :v

¡Nos leemos!