-¡Vamos! Empieza ya T.T
-Ya voy, ya voy.
-Qué horrible, qué horrible, tengo que saber más de esta chica.
-Calmaos, calmaos. Empezad ahora capítulo.
-Que naca me saliste.
Capítulo 54: La vida de Chrystelle, una respuesta.
-Hermanito… -dijo la mamodo.
-¡¿HERMANITO? –exclamaron los demás mientras Brago abría más los ojos.
-A ver, todos tranquilos, tal vez, sólo fue un malentendido, tú misma dijiste que los mamodos pueden parecerse mucho –trataba de decir la castaña.
-Sí, respecto a eso es cierto, pero no por esto –aclaró Chrystelle.
La mamodo desabrochó la insignia que tenía en su cinturón, extendió el brazo plenamente y se lo mostró a Brago.
-¿Y eso qué es? –preguntó Adrián.
-El símbolo de nuestra familia –respondió la peli-negra.
-¿Su familia? –inquirió también Ariasu.
-Sí.
-¿Y no pueden tener falsificaciones o algo así? –habló Joel.
-Claro que no. Brago…pensé que no te iba a volver a ver nunca.
El ser oscuro estaba completamente paralizado, las palabras de "su hermana" no le entraban para nada en la mente. Se estaba mareando ligeramente y se mantenía en pie con un poco de dificultad.
-Brago…¡Brago! ¡Reacciona! –le gritaba la peli-rosa.
-¿Qué? –preguntó él.
-¿Estás bien? –dijo sujetándolo del brazo.
-Sí…pero…no comprendo…¿mi hermana?
-Te ocultaron muchas cosas –comenzó a explicar Chrystelle.
-Entonces empieza a explicarte –demandó con rudeza.
-¿Así es siempre? –la mamodo se acercó a la castaña.
-Y no lo conoces del todo –le susurró Cymbeline al oído.
-¿Y bien? –el mamodo sólo esperaba.
-De acuerdo. Es una larga historia. Es mejor que se sienten.
Todos tomaron asiento, Brago se quedó de pie. Adrián se estaba durmiendo, bueno, despertar a las dos de la mañana para conocer a la mamodo que los salvó y enterarse que es la hermana de Brago sí es algo inusual, y más que ello, algo raro O.O
-¿Qué quieren que les explique? –preguntó Chrystelle.
-¡TODO! –respondieron los demás.
-Especifíquense.
-¿Eres mi hermana? –dijo Brago-. ¿Cuándo rayos apareciste? Mi madre nunca me habló de ti.
-Bueno…mamá nunca te dijo toda la verdad. Hay muchas cosas que decir. Primeramente, sí, soy tu hermana y soy dos años mayor que tú. Después…papá está vivo, no murió en ninguna guerra.
-¡¿Sigue vivo? –el mamodo realmente se sorprendió-. Pero…
-Ya te lo dije –contestó ella interrumpiéndolo-. Mamá no te dijo toda la verdad y yo no comprendía por qué hacían todo esto, pero hace unos años, logré saber por qué sucedió.
Mira, cuando yo nací, al igual que cuando tú naciste, sí había una guerrilla desencadenándose en los confines más alejados del mundo mamodo, en el sur, pero nada que nos tuviera que importar.
Yo conocí a mamá durante poco tiempo. Después de que cumplí los dos años, pocos meses más tarde, me enteré que mamá iba a tener un bebé, de hecho, ya tenía un tiempo embarazada, pero yo no lo sabía. Antes de que tú nacieras…papá habló conmigo de algo muy doloroso.
Pasado, mundo mamodo:
-Hija, tengo que hablar contigo de algo muy importante –habló un mamodo adulto.
-Claro papi…¿qué es? –preguntaba una pequeña.
-Tienes que ser fuerte –respondió su padre.
-Sí, yo me haré fuerte, como tú, papi.
-No hija, no debes ser fuerte sólo físicamente, sino también en la mente y en el corazón.
-Comprendo –respondió la niña.
-Tenemos que irnos.
-¿Irnos? ¿A dónde?
-Tú y yo, ha habido un grave problema.
-¿Problema? ¿De qué hablas papi? –seguía preguntando ella.
-Hija…te lo explicaré rápidamente. La guerra se está extendiendo más hacia lugares donde vivimos, están arrebatando a las niñas, niñas como tú. Tengo que protegerte a toda costa para evitar que te suceda algo.
-Pero…¿y mamá? ¿Y mi futuro hermanito?
-Tu mami estará bien, con tu hermano, no te preocupes por ellos. ¿Y cómo sabes que el bebé va a ser un hermanito y no una hermanita?
-Porque es indudable, ustedes ya tienen una niña y esa soy yo, ahora sólo falta otro niño.
-De acuerdo pequeña –sonrió ligeramente su padre.
Presente, mundo humano:
-Papá y yo nos fuimos a un lugar muy alejado y desconocido, donde casi nadie vivía y permanecí allí hasta darme cuenta que fui elegida para la batalla.
-Pero…¿por qué mi madre me ocultó todo esto? –continuó Brago.
-Es mucho lo que tengo que decir…trataré de responder a todas tus preguntas con esto.
Ella comenzó a relatar parte de su vida y plantear respuestas para Brago y los demás.
-Verás…yo no comprendía por qué habían hecho esto, pero papá me hizo ver que fue una gran solución. Tú llegaste al mundo y era momento de que nos marcháramos, eras tan sólo una bebé cuando te conocí. Papá y mamá se amaban como nadie, pero sabían que tenían que hacer esto porque era lo mejor.
Para prevenir que algo malo me ocurriera, papá me llevó con él y tú te quedaste con mamá, pero antes de irnos, él te dio la insignia de la familia y a mí también, nos dijo que la cuidáramos siempre. Después de marcharnos…no supe nada de ti o de mamá. Papá me entrenó para ser fuerte y creo que estuvo orgulloso, pero no había un momento en el que nos pensáramos en nuestra familia y de volverlos a ver.
Un día, nuestros padres lograron ponerse en contacto, no sé cómo, pero hablaron de muchas cosas, y llegaron a un acuerdo, que nunca te dirían nada sobre nosotros dos. A mamá le dolía más que nada mentirle a su hijo, pero era por tu bien, la guerrilla todavía no había terminado del todo, aunque disminuyó considerablemente, pero ese peligro se acercaba más a donde nos encontrábamos y mamá tuvo el mal presentimiento de que no regresáramos…así que no te dijo nada de mí y te contó que papá había muerto, sólo para que no te hicieras ilusiones de "mi hermana y mi papá regresarán" cuando no lo harían.
Pasó el tiempo hasta que nos avisaron de la muerte de mamá, papá se lamentó terriblemente por eso, sabía que había sido su culpa y llegó casi a un estado de depresión, pero logré animarlo con que su hijo, mi hermano, seguía allá afuera explorando el mundo y eso lo reconfortó…
Después…me llamaron para la pelea de mamodos y él me dio los mejores consejos que un padre pudiera ofrecer y ahora que te encuentro…no sabes cómo ansío volver a nuestro mundo y que lo conozcas…seremos una familia de nuevo y sabemos que mamá estará allí con nosotros aunque no la veamos.
Brago se veía más pálido de lo normal, pero había comprendido todo a la perfección.
-¡Pero vaya en qué muchacho se ha convertido mi pequeño hermanito! –exclamó Chrystelle.
-¿Pequeño hermanito? –se burlaba el mamodo-. Claramente soy más fuerte que tú.
-Soy mayor que tú –recalcó ella.
-Las apariencias engañan.
-Pero tú siempre vas a ser mi hermanito menor.
-¬¬ Qué bien, ésta me va a tratar como su muñeca.
-¿Te expliqué todo lo que necesitabas saber? –preguntó Chrystelle.
-Sí…
-De acuerdo, ya sabemos eso, pero ahora, ¿por qué estabas aquí? ¿Y cómo es que no habías conseguido compañero? –intervino la oji-verde.
-Oh, sí, es que…los idiotas que se encargan de trasladarnos al mundo humano me enviaron a otra dimensión, ¡donde estuve perdida! Hasta que lograron localizarme y me enviaron a la pelea.
-¿Y por qué nos salvaste? –inquirió Adrián.
-Porque pensé que Cymbeline sería mi compañera…pero me equivoqué…de hecho…pienso que es usted, Joel.
-¿Yo? –cuestionó el hombre.
-Sí…¿podría tratar de leer mi libro?
-Seguro, ¿por qué no?
Chrystelle sacó su libro gris oscuro y se lo entregó.
-En efecto, entiendo una sola palabra –habló él.
-De acuerdo, no la diga. Todo está dicho, ¿acepta ser mi compañero? –preguntó la mamodo.
-Mmm…seguro…ya me sentía excluido del grupo.
-"Qué bien". Otro que se une a la batalla –dijo el tío Kei.
-Tranquilícese tío, no pensamos luchar entre nosotros, ¿o sí? –dijo la castaña.
-Por mí…no –contestó la peli-negra.
-Ya está decidido ¿está todo aclarado aquí? Sí, ¿verdad? –comentó el oji-azul.
-De hecho, yo les expliqué algunas cosas, pero ustedes a mí no –contradijo Chrystelle.
-Espera, antes que eso, yo tengo que saber otra cosa…¿tu libro es gris oscuro? –intervino Ariasu.
-Exacto, ¿por qué?
-Porque el del Brago es negro –respondió Cymbeline interrumpiendo.
-¿Qué acaso también influyen los colores de los libros de una familia? –siguió Ariasu.
-Por supuesto –respondió la mamodo-. Verás, en el mundo mamodo no tenemos que cargar con los libros para realizar conjuros, pero a lo que me enteré, nuestra madre tenía el libro de color azul pálido y papá, morado oscuro, casi negro, de ahí los colores. De hecho, mamá pensaba que mi libro iba a salir parecido al suyo, por eso me llamó "Chrystelle", nombre parecido al "cristal", pero a fin de cuentas, salió gris, no me quejo, me gusta ese color y mis poderes.
-¿Y qué clase de poderes tienes tú? –preguntó Arashi con curiosidad.
-Mmm…según yo, tengo dos capacidades, la de destruir los conjuros de otros y poder usarlos en su contra al crear una réplica.
-No entiendo O.O
-Soy como una anti-materia, pero cuando tenga desarrollados varios conjuros, tal vez se los pueda mostrar mejor –dijo Chrystelle.
-Bien, ahora, ¿cuáles son tus preguntas? –inquirió el tío Kei.
-Mmm…primeramente, ¿quién es el lector del libro de quien?
-Mi tío era de Zophise, Ariasu era de Mitsuko, Adrián es de Arashi y como ya te había mencionado, yo de Brago –aclaró la castaña.
-De acuerdo, por lo que veo sólo quedan tres mamodos, contándome.
-Pronto quedará sólo uno –reiteró Brago.
-¿Qué acaso eres así de arisco y cruel siempre? ¿Qué no conoces lo que es ser alegre? –cuestionó su hermana.
-Ya no lo recuerdo…yo no tuve la facilidad de ser como tú y así estoy mejor.
-¿Qué quieres decir?
-Yo estuve entrenando en una escuela especial y muy dura para cualquiera, tú estuviste con nuestro padre.
-Es cierto…lo siento.
Chrystelle era muy fuerte, gracias al afanoso entrenamiento que su padre le había puesto, pero aún así, vivió con su compañía.
Ella era completamente lo contrario a Brago, a ella nunca le faltaba una sonrisa, y le encantaba estar de buen humor.
-No sé ustedes, pero ya es tarde y ¡yo tengo sueño! –habló Adrián.
-Esperen, a ver, estábamos repartidos en las habitaciones, ni modo que Chrystelle se quede afuera –dijo Cymbeline.
-Oh, no se preocupen, yo puedo…
-Nada de eso, yo tengo otra solución –intervino la peli-rosa.
La mamodo se le quedó viendo a Brago con ojitos tristes.
-¡Ni siquiera lo pienses! –le contestó el mamodo.
-¡Por favor! ¡No será eternamente!
-¡Sí, Brago! ¡Por favor! ¡Aleja a la rara de mí! –le rogó también su compañera.
-¡No soy rara! / -reclamó Arashi.
-Aaa, lo olvidaba, ¡la loca! –corrigió la castaña.
Ambas comenzaron a mirarse lanzando rayos y centellas.
-Cálmense las dos –trató de decir la peli-negra.
-¡Por favor! –volvió a decir Arashi recargándose en el hombro del mamodo.
-¿O prefieres dormir con tu hermana? –cuestionó Cymbeline.
-¡Está bien! ¡Ya cállense! –Brago se tuvo que resignar.
-¡Gracias! –respondió la peli-rosa muy feliz.
Lo abrazó por el cuello casi ahorcándolo.
-¡Arashi! ¡Suéltame! –le gritaba el mamodo.
Los dos comenzaron a jalarse, Brago la trataba de quitar pero Arashi lo sujetaba con fuerza.
-Mhm…parecería que no lo quiere soltar –decía Chrystelle.
-Ja, conociendo a Arashi…no –contestó la castaña.
-¿Y por qué hace eso?
-Bueno…
-¡Es su novia! –interfirió el oji-azul.
-Ay, Adrián –se quejaba la castaña llevándose una mano a la frente-. Tú siempre hablas antes…y no sólo eso, lo dices todo, ¡lo sueltas todo!
-Vaya, vaya, así que mi hermano se consiguió una novia –contestó la peli-negra.
Arashi lo seguía rodeando por el cuello y Brago tenía su pie en el abdomen de ella, tratando de apartarla. Ambos se detuvieron al sentirse observados.
-¿Qué? –preguntó el mamodo oscuro.
-Con que Arashi es tu novia –contestó su hermana.
-¡Ustedes dos! –gritó Brago.
-¡Fue Adrián! –respondió Cymbeline.
-¡Hey! –reclamó el chico.
-Si quieren seguir gritando, por mí está bien…me voy a dormir –aclaró Kei.
-Te sigo –contestó Joel.
-Igual, se me están cerrando los ojos –dijo también Ariasu.
-Sí…este…y yo…este…¡me largo antes de que me maten! –y Adrián salió corriendo.
Los 4 desaparecieron. Joel se llevó el libro de Chrystelle a su habitación, para tratar de examinarlo más a detalle.
-Mhm…¿quieren hacer algo? –preguntaba Cymbeline.
-¿Y no vas a dormir? –inquirió la peli-rosa.
-No tengo ganas.
-Hmp…quiero ver qué te enseñó papá –comentó Brago.
-Será un placer –respondió su hermana.
-¿Que te derrote? El placer será mío.
-Ja, todos se confían al verme. No ganarás.
-Ya lo veremos.
Arashi se soltó por fin del mamodo y los cuatro salieron.
Brago y Chrystelle estuvieron combatiendo cuerpo a cuerpo, ninguno se rendía y ambos estaban casi al mismo nivel, Brago, por su parte era más fuerte, pero su hermana tenía muy buenos reflejos y una excelente defensa. Mientras, Cymbeline y Arashi estaban platicando, aunque no se llevaran tan bien.
-Estoy aburrida –decía la peli-rosa.
-Yo igual, esto va a terminar en un empate, te lo aseguro. Increíble que a Brago no le dio un ataque, y mucho menos a mí, al enterarme de que esa mamodo era su hermana… -contestó la castaña.
-Sí…creo que ahora será un poco más "feliz" al saber que aún tiene una familia que lo espera.
-En eso tienes razón…me gustaría conocer a su padre.
-Parece que a Brago lo único que le importa por el momento es probar que es más fuerte que Chrystelle. Por cierto, qué nombre tan raro…
-Es lo mismo que le dije y dijo que el mío era más extraño. Dime algo, ¿por qué tú yo no nos soportamos?
-No lo sé…creo que tenemos demasiadas diferencias.
-Brago y tú también, pero se llevan bien…la mayoría del tiempo –aclaró la oji-verde.
-Supongo que no nos ponemos mucho de acuerdo.
-Te propongo algo.
-¿Cómo qué? –Arashi se mostró interesada.
-Hay que encontrar algo en lo que nos parezcamos.
-A ambas nos gusta fastidiar a Adrián.
-Jaja, claro. Hay que hacer una promesa.
-Tratar de ser mejor una con la otra.
-¿Amigas?
-Seguro –contestó la mamodo.
La noche seguía transcurriendo bajo la hermosa luna blanca en lo alto del firmamento. La pelea de los hermanos parecía que nunca iba a terminar. Cymbeline se había dormido y Arashi encima de ella, recostadas sobre el tronco del árbol.
-Mmm…el capítulo me quedó más corto de lo que esperaba ¬¬
-A mí me gustó, órale, así que Brago tiene una familia O.O
-¿Ya te saqué de tu inquietud?
-¡Posolutamente!
-¿Posolutamente? ¡¿Qué rayos es eso?
-Es una mezcla entre positivamente y absolutamente.
-Eres raro O.o.
-¬¬ No más que tú.
-¬¬. Bueno, yo me voy.
-Igual.
-¡Sayonara!
