Llegó la hora de los famosos zapatos altos. Nunca lo he entendido. ¿Llevar tacones significa "hacerse mujer"? Pero si mi abuela lleva menos que yo y es mucho más mujer que yo, pero en fin…
-Chicas, venid aquí, anda.
Mi madre nos vuelve a llamar para subir al escenario, con tono lastimoso como si nos marcháramos de casa. Ahora se ve que toca llorar…
-¿Qué ocurre?-pregunta Kya, que parece que no se ha enterado.
-Pronto lo veréis. Sentaos aquí, anda.
Mi madre nos señala a unas sillas que hay encima del escenario, adornadas coquetamente. Cada una ocupa una de las sillas. Kya está algo despistada, pero yo sé perfectamente lo que me espera. Todo el mundo nos mira, desde abajo del escenario.
-Bien, ahora vamos con la conocida ceremonia simbólica de los zapatos.
Suena algo extraño.
-Vamos a cambiarles a las chicas los zapatos planos que llevan por unos más altos, más dignos de una mujer joven.-dice mi madre, con una sonrisa orgullosa en el rostro.
Ahora le toca al viejo Hyde salir a escena. Nunca se hubiera imaginado que acabaría así, me imagino. En una mesilla cerca de nuestras sillas hay un par de cajas, una de color rosa y otra de color rojo. Creo que ya sé para quién es cada una.
-Vamos, Kyle, te toca a ti.-"obliga" mi madre. Se la ve muy emocionada, y se queda mirando el cuadro con una cara inocente.
Mi padre coge la primera caja, la de color rosa, y se acerca a Kya. Le toca a ella primero.
-Bien, veamos…
Lo que no sabía es que tenía que dar otro discursito. Ya me estoy cansando.
-A ver…-empieza mi padre, dubitativo.-Kya, sé que tú no eres mi hija biológica, pero en cierto modo es como si lo fueras. Nos conocemos desde hace unos escasos dos años, pero me ha bastado para ver que eres muy buena persona, muy amable y muy fuerte, a pesar de que tu vida no ha sido precisamente fácil. Seguro que tus verdaderos padres estarían tan orgullosos de ti como lo estoy yo ahora, porque desde que llegaste, eres como de la familia. Así que, bienvenida a la familia, Kya.
Todo el mundo aplaude, y yo no dudo en acompañar al coro. Qué bonito discurso. La pobre Kya no puede contener las lágrimas, pero son de felicidad. Esto la ha puesto muy contenta. Mientras que duran los aplausos, papá le pone sus zapatos altos, de color rosado con los tacones negros y una gargantilla de un corazón colgado. En cuanto ya las tiene puestas, mi padre la ayuda a levantarse de la silla, y Kya, nada más está de pie, se funde en un abrazo con papá.
-Muchas gracias por todo…-agradece Kya el discurso, aunque estoy convencida de que no se trata solo del discurso, sino de muchas más cosas en general.
-No hay de qué…-sonríe mi viejo, al tiempo que ayuda a Kya a volver a sentarse. Con esos tacones, a ver quién es la guapa que no se mata.
Kya me dedica una mirada, indicándome lo feliz que se siente y que ahora me toca a mí. Le sonrío para decirle que me alegro por ella y que ya lo sé.
Acto seguido, mi padre se me queda mirando con una sonrisa y un suspiro.
-Bueno, Kylie, creo que te toca.-me dice mi viejo con una media sonrisa.
Me enderezo en la silla, dispuesta a escuchar lo que me tiene que decir. Esto es realmente importante para mí.
-En fin… Tú sí que eres mi hija biológica, y como tal, te conozco desde hace mucho más tiempo. 15 años ya. Sé que muchas veces, y remarco lo de "muchas", nos peleamos como dos críos. Y aunque me dé rabia admitirlo, casi siempre ganas tú. Lo que quiero decir es que eres raramente espabilada para tu edad. También eres lista: ya has sido capaz de seguir la pista de un asesino.
Risas leves del público.
-Las chicas corrientes no siguen pistas de destripadores. Y con esto, quiero decir que tú no eres corriente, en el buen sentido de la palabra. Eres única. Y espero que no cambies nunca, pelirrojilla.
Sonrío ampliamente. La gente también empieza a aplaudir, incluida Kya y mi madre, que parecen estar tan contentas como yo. Al igual que a Kya, me toca recibir mis zapatos altos. Son muy extravagantes, de color negro, rojo y rosa. Me gustan, al fin y al cabo.
Aunque yo no lloro de la emoción, también le doy un abrazo a mi viejo, que me recibe tan bien como a Kya, todavía envueltos en los aplausos de la muchedumbre. Me he puesto muy contenta, realmente. Esto es algo que verdaderamente aprecio de mi viejo.
Una cosa que sí que no esperaba tener que vivir nunca sería lo siguiente.
