PAWNS 31X3

REBOTE

Ed bajó corriendo por las escaleras, la adrenalina hacía que su sangre corriera con fuerza, la escuchaba en sus oídos. Se sentía bien. Era como volar. Y estaba volando ahora, sobre el barandal y hacia abajo, aterrizando en el siguiente rellano, doblando las rodillas, preparándolas para el impacto.

Le ardían los pulmones, le ardía el estómago, se sentía como un calentador a punto de explotar. Nunca había visto al Fuhrer antes, oído su voz, ni siquiera había visto su foto en el periódico. Tal vez era la única persona en el país que podía decir eso. Pero no importaba, por que él sería quien lo haría caer.

Ed pasó entre soldados del doble de su peso y que le sacaban una cabeza de altura. Le temblaban las manos con la anticipación de una palmada y el calor de la alquimia corriendo por su cuerpo. Rodeó otro rellano, ahora por delante del sonido de los pies de los soldados con un círculo. El iba a ser el primero.

Esto se iba a poner muy físico.

Los guardias del Fuhrer lo vieron acercarse, lo escucharon. Era imposible que no lo hicieran. No estaban seguros de lo que estaba pasando, pero no les pagaban por adivinar. Tenían las armas listas antes de que Ed pudiera brincar sobre el último barandal. Incluso sintió el viento de alguna de sus balas (Eso estuvo cerca) antes de aterrizar directamente sobre los hombros de uno de ellos.

Juntó las manos mientras bajaba y cayó al suelo, presionando el círculo virtual en el cemento. El suelo se derritió con un estruendo, moviéndose como una gran ola y mandado a los hombres contra la pared, uno cayó por las escaleras, rodando hasta el siguiente rellano.

El resto de su gente lo estaba alcanzando con las armas listas.

Nadie gritó 'Ríndanse.'

Nadie pidió que bajaran las armas.

De hecho nadie hablo. Confundidos, dos dispararon de forma descontrolada, solo para recibir balas de regreso. Uno en el estómago, el otro en la rodilla. Estaban fuera de combate. Los otros tres fueron sometidos rápidamente.

Ed transmutó algo de cuerda de una manguera para incendios para que la gente de Roy pudiera asegurar a los soldados. Miró hacia arriba y vio a Roy y Al bajar la escalera cuidadosamente. Levantó los pulgares y les sonrió.

Roy habló por el radio. "Cinco en la escalera fuera. Abran la puerta del cuarto sótano. Cambio."

"Entendido." Dijo la voz de Devers por la radio. "Alguien presionó el botón de pánico. Iniciaré el cierre total de puertas. Eso les comprará algo de tiempo, pero no cuenten mucho en ello. Hagan lo que tengan que hacer rápido. Yo diría que tienen unos diez minutos para terminar la misión antes de que llegue la artillería pesada. Cambio."

"Entendido. Cambio."

Las luces cambiaban de rojo a blanco. Sin que nadie lo tocara, el seguro en la puerta hizo un ruido y Ed oyó un zumbido bajo pero constante. Tomó la manija y empujó. La puerta era pesada pero estaba bien balanceada e hizo un satisfactorio estruendo cuando chocó contra la pared.

El cuarto sótano era el nivel e la prisión. Algunos sonidos emergían de las puertas de las celdas, y Ed creyó ver un par de ojos mirándolo entre los barrotes de una pequeña ventana. Sabía que había otros prisioneros, pero nunca supo por que estaban ahí o para que los usaban. Se preguntaba si debería tomarse un momento para liberarlos.

No. Ese no era su trabajo, y lo que necesitaban era menos caos y confusión, no más. Cuando Roy fuera Fuhrer le insistiría que averiguara sus historias, pero por ahora se podían quedar. Había estado en una celda como esa por meses... no era tan malo.

El elevador era lo que requería su atención en ese momento. Roy y Al se quedaron atrás, en la escalera, mientras Ed y muchos de los hombres de Roy se recargaban en las paredes junto al elevador. Ed vio un radio colgado del cinturón de uno de los hombres y lo tomó, poniendo sobre su boca

"Devers abre las puertas del elevador."

También aquí parpadeaban las luces y de repente el elevador el elevador pareció cobrar vida. Después de largos segundos las puertas empezar a abrirse. Los hombres a su alrededor se voltearon, apuntando sus armas hacia adentro. Ed gritó, aun en cubierto "BAJEN sus armas y ríndanse."

"Estamos seguros aquí." Dijo una voz desde adentro. Ed la reconoció, era de Ashfell. Vio que los hombres se relajaron, sus armas aun apuntaban pero ya no estaban a punto de disparar.

El radio que tenía hizo un ruido de nuevo. "Nuestra posición esta siendo asaltada," dijo la voz de Devers. "Podemos detenerlos unos minutos, pero no más."Ed se movió y miró dentro del elevador. Había hombres tirados por el suelo, Ashfell y Midnight estaba de pie. Contra la pared estaba un hombre de mediana edad con ojos fríos que contradecían con la señal de rendición que daban sus manos levantadas.

"¿Tienen a los hombres de la escalera?"

"Si."

"¿Algún herido?"

"Dos de su lado, ninguno en el nuestro."

"Excelente." Dijo Ashfell. Se dio la vuelta y puso una mano sobre el Fuhrer, empujándolo hacia afuera del elevador. "Creo, señor, que ¿Quería ver la celda?"

El Fuhrer miró directamente a Ed, midiéndolo fríamente. "No creas que tu genio te va librar de esta." Dijo a través de sus dientes apretados. "Ni a ti ni a tu hermano."

Ashfell lo empujó hasta que llegaron a la celda. Deslizó una tarjeta metálica por el cerrojó y se abrió. Empujó la puerta.

Era la primera vez en una semana que Ed estaba en su celda. La última vez que estuvo aquí, estaba frotando la espalda de Roy, asegurándole que todo iba a estar bien. La habitación se veía exactamente igual. Los mismos libros, las mismas camas, lo mismo todo. Era como si esa semana nunca hubiera pasado... hasta que el Fuhrer entró y se dio la vuelta, mirándolo de forma desafiante.

"¿Dónde está Mustang?" Preguntó el Fuhrer.

"Estará aquí pronto." Dijo Ashfell.

"Que no se mueva." Dijo Ed. "Mejor empezamos de una vez." Y juntó sus manos.

El Fuhrer no se quedó quieto, pero Ashfell era más grande y fuerte, y pronto su abrigo estaba abierto, su camisa levantada, su pálido y flácido estómago al descubierto.

Ed presionó la palma de sus manos contra la piel del Fuhrer. Sintió los musculos bajo la grasa apretarse bajo sus manos. El Fuhrer se sacudió de las manos de Ashfell, pero el daño ya estaba hecho. El círculo, perfecto, resaltaba en contraste contra la piel casi azul sobre la que estaba.

Ashfell lo dejó ir. Sonrojado, el Fuhrer se bajó la camisa y los vio de una forma malvada.

"Es tú culpa." Dijo Ed. "Si andas haciendo armas como esta, deberías asegurarte de que las haga gente que esta de tu lado."

"No te hagas el listo conmigo." Dijo el Fuhrer. "Ya va a ser tu hora. ¿Crees que alguien me va a aceptar cuando este bajo el control del círculo? Sabrán que algo anda mal. No hay forma de que puedas ganar esta pelea"

"Oh" dijo Roy desde la puerta. "Yo diría que las cosas se ven bien para nosotros."

"Ya lo tiene." Dijo Ed.

"Supongo que es mi turno." Dijo Al, caminando desde atrás de Roy y hacia el Fuhrer.

Y se detuvo, con los ojos muy abiertos. Ed se dio la vuelta a tiempo para ver como el Fuhrer sacaba un arma de su abrigo y la apuntaba directamente a Roy.

"¡NOOOO"! Ed gritó e hizo lo único que tenía sentido en ese momento. Saltó entre el arma y Roy.

Todo se detuvo.

Primero, un ruido ensordecedor, haciendo eco en las paredes de la celda. Inmediatamente, Ed sintió una presión inmensa en su brazo de automail, donde la bala había rebotado. Gimió, adolorido, pero también sintiéndose victorioso. Había bloqueado el disparo. Roy estaba a salvo.

Ashfell se lazó al mismo tiempo, tomando la mano del Fuhrer y volteándola brutalmente hacia atrás. El arma cayó y golpeó el suelo, rebotando y rodando hasta quedar bajo el escritorio.

Ed oyó un sonido fuerte tras el. Se volteó y vio a Roy de pie, sin ningun daño, pero inclinado hacia adelante con las manos levantadas en un gesto de protección, los ojos desorbitados. Ed siguió mirando y vio...

Oh Dios... vio...

"¡AL!" Ed se aventó entre el Fuhrer y Al, como si quisiera proteger tambíen a su hermano. Sus ojos vieron cada detalle simultáneamente: el extraño ángulo de los brazos de su hermano, la forma en que estaban sus piernas, su boca, abierta y relajada. Los ojos cerrados.

Era tan pequeña, apenas notable a través de su cabello rubio oscuro, pero estaba ahí. Una gota de sangre justo sobre la frente, bajo la línea del cabello. Tan pequeña como una moneda. Como la quemada de un cigarro. Tan limpia. Algo tan pequeño no podía ser tan malo.

Ed levantó a su hermano en sus brazos. Al se sentía pesado, sin fuerza, pero con vida. No como un cadáver se sentiría.

La herida de bala en su cabeza ni siquiera sangró, además de esa única gota.

No podía ser tan malo.

No podía.