Y el último anexo!
15 de Marzo
Por los Años: la herencia Black
Corazón pervertido y servicial
Akira hacía un buen rato que estaba siguiendo a Aiko. No sabía el motivo, pero desde que la había visto hablando con esa chica de falda larga y que llevaba una barra de hierro, que no podía quitarse la chica de la cabeza. Y menos después de ese extraño sueño que llevaba en la cabeza desde que se había levantado por la mañana ¿Qué estaba ocurriendo? Aiko parecía tranquila, aunque esa chica hubiera dado verdadero miedo. Ni siquiera se había dado cuenta de que había salido del barrio y que estaba llegando tarde a la comida que tenían con los Hattori y su familia. Cuando la vio sacar la llave de su casa, suspiró tranquilo. Al menos había llegado en casa. Pero antes de girarse para volver, escuchó un golpe fuerte dentro de la casa. Las llaves de Aiko cayeron al suelo y la chica se arrodilló a cogerlas con las manos temblorosas. La escuchó murmurar algo que ni siquiera entendió. Akira se apartó de golpe cuando vio que había dos chicas más como la anterior llegando con ellos. Las dos lo miraron con una mirada llena de odio y él solo sonrió amablemente. Las dos chicas fruncieron su nariz con enfado, claramente no esperaban esa reacción. Akira las vio acercarse a Aiko y cogerla por el jersey para que les diera las llaves de la casa. Ella rodó los ojos y les dio sin rechistar. Akira frunció el ceño. ¿En qué estaba pensando? Antes de que esas dos mujeres pudieran abrir la puerta, la puerta se abrió, dejando ver a un hombre ya mayor y de pelo blanco, con un aspecto parecido al de Aiko, pero un poco más grueso y más bajito que ella.
— ¡TE HE DICHO QUE TE VAYAS DE AQUÍ! ¡NO TIENES NADA QUE HACER EN ESTA CASA! —gritó el hombre mientras tiraba de alguien y la empujaba. La mujer, vestida con la misma falda que las otras dos y con una máscara en su rostro, chocó contra Aiko que se apartó en seguida trastabillándose—. Aiko, ya era hora… —dijo con enfado pero sin la voz tan alta—. Entra a dentro, vamos —el hombre cogió a la joven y tiró de ella hacia dentro de la casa.
— Papá me haces daño —se quejó ella con un hilo de voz que todos escucharon. La mujer que había sido sacada de la casa con fuerza, la cogió por el otro lado y tiró de ella, haciendo que se quejara aún más de dolor—. Oneechan…
La mujer abrazó a la joven con fuerza mientras miraba con odio al hombre.
— ¡¿QUÉ NARICES ESTÁS HACIENDO BRUJA?! —gritó el hombre—. ¡SUÉLTA A MI HIJA!
— ¡Es mi hermana y no tienes derecho a tratarla así! —se quejó la mujer gritando con una voz un poco más baja que la de el hombre—. ¡¿Cómo puedo dejarla con un borracho como tú, eh?!
— ¡¿QUÉ SABRÁS TÚ DE FAMILIA?! —gritó él—. ¡TÚ YA NO ERES MI HIJA! ¡VETE DE AQUÍ!
Aiko miró a su padre asustada. Parecía ser la primera vez que el hombre decía algo por el estilo.
— Sí, por eso te he dicho que me iba después de recoger mis cosas —respondió la hermana mayor de Aiko bajando la voz. Estaba claro que ella estaba acostumbrada a escuchar esas palabras de su padre, porque ni una pizca de tristeza recorrió sus ojos—. Pero Aiko tiene derecho a una vida mejor.
— ¡¿Y UNA DELINCUENTE COMO TÚ SE LA VA A DAR?! —preguntó el hombre con ira.
— Al menos soy mejor que…
— Disculpad que interrumpa un segundo… —Akira entró en el jardín mirando el lugar como si estuviera distraído—. He venido solo a coger algo y me voy antes de que corra la sangre.
Todos lo miraron confusos.
— ¡¿QUIÉN NARICES ERES TÚ?! ¡LARGO DE AQUÍ! —gritó el hombre con rabia.
— Señor le presento mis respetos —Akira hizo una reverencia con una mano en su pecho, como si de un príncipe se tratara—. No sabía que usted fuera el gran hombre que dio la vida a estas dos bellezas. Mi nombre es Kyogoku Akira solo soy un sirviente de Aiko-san.
— ¿Sirviente? —la hermana de Aiko miró a su hermana confundida. Al ver que Aiko tenía la misma cara de sorpresa, volvió a mirar a Akira.
— ¡LARGO DE AQUÍ! —el hombre levantó una mano dispuesto a empujarlo, pero Akira se apartó sonriendo y haciéndose el despistado mientras se ponía delante de Aiko.
— Cada día que os miro me parecéis más bella —le cogió la mano y le dio un beso en el reverso.
— Akira-kun, ¿qué haces? —Aiko habló casi sin voz y demasiado sorprendida para articular otra palabra de más.
— ¿Le conoces, Aiko? —preguntó su hermana.
Ella afirmó con la cabeza mientras seguía viendo al chico que sonreía con una sonrisa llena de autosuficiencia. El padre de Aiko, enfurecido, levantó su mano para golpear al chico que se había vuelto a incorporar, pero Akira de nuevo lo esquivó en medio de una disimulación llena de despiste.
— Usted también está terriblemente preciosa esta noche —sonrió Akira rodeando con un brazo la espalda de la hermana de Aiko y luego mirando a sus compañeras—. Al contrario que esas dos chicas de allí, que no concuerdan con el ambiente de este lugar.
— ¡APARTATE DE MIS HIJAS! —gritó el hombre fuera de sus casillas.
— Ah, ahora son las dos suyas, creía que solo lo era Aiko-chan —Akira sonrió haciendo enojar aún más al hombre que esta vez intentó darle un puñetazo en medio de la cara, pero Akira lo esquivó de nuevo y lo cogió por detrás de la espalda con un brazo en un acto de cariño y afecto hacia el hombre—. Bueno, ya le he dicho que solo me iré cuando recupere algo que he venido buscando.
— ¡Cógelo y lárgate! ¡No te metas en nuestros asuntos! —dijo el hombre apretando con fuerza los dientes para evitar intentar golpear de nuevo y ser esquivado.
— ¿Seguro? ¿No se va a arrepentir luego de dármelo? —Akira sonrió hacia el hombre con satisfacción.
— ¡HE DICHO QUE LO COJAS Y TE LARGUES! ¡¿O ES QUE ADEMÁS ESTÁS SORDO?! —gritó el hombre fuera de sus casillas.
— De acuerdo —Akira se encogió de hombros y sonrió hacia Aiko.
— Creo que te devolví todo esta mañana, ¿no? —preguntó ella confundida.
— Casi… —respondió él cogiéndola de la mano y tirando de ella—. Se la devuelvo más tarde y completamente entera, hasta luego.
— ¡¿PERO QUÉ ESTÁS HACIENDO?! ¡DEVUÉLVE…!
— Disculpa, le dije que se arrepentiría de decirme que lo cogiera —dijo Akira parándose un momento y encogiéndose de hombros—. En unas horas se la devuelvo entera y yo mismo la acompañaré hasta aquí. Si me disculpa… necesito de unos minutos con su hija. Señorita… —se giró hacia la hermana de Aiko y le hizo una pequeña reverencia.
Ella se rió a carcajadas mientras veía a Aiko roja como un tomate.
— Iros, venga —dijo ella—. Antes de que mis amigas te detengan por no decirles cosas bonitas.
Akira sonrió y tiró de Aiko corriendo. Ella seguía su paso con trabajos, pero aún así nada los detuvo hasta que estuvieron más de 4 calles lejos de allí. Akira se sentó en la barandilla que delimitaba uno de los parques infantiles cercanos y solo entonces soltó a Aiko. Ella se cogió las rodillas con cansancio mientras miraba al chico.
— ¿Qué hacías allí? —preguntó la chica sorprendida.
— Bueno, te vi hablando con alguien que más bien a mí me daría miedo —dijo Akira—. Realmente ese par daban miedo. Luego pensé que te harían daño así que te seguí hasta que las vi verte de nuevo allí y qué miedo daban ese par de amigas de tu hermana. Me pareció extraño.
Aiko se sentó a la otra barandilla y sonrió.
— Gracias —lo miró. El chico ni siquiera parecía estar pendiente de ella.
— ¿Hace mucho que te encuentras en esta situación? —preguntó mientras notaba su teléfono móvil vibrando en su bolsillo. Seguramente su hermana estaba muriéndose de hambre—. Digo…
— No importa —respondió Aiko rápidamente—. Desde que murió mi madre, cuando yo tenía 4 años, que mi padre se emborracha cada día y mi hermana carece del afecto necesario para crecer un poco honradamente. Mi hermana creció de golpe y solo tenía los 14 años… —Aiko miró sus manos que se movían con nerviosismo y Akira la miró a ella—. Ella era quién cuidaba de mí desde siempre. De día los estudios, de noche trabajos a medio tiempo… hasta que cayó enferma. Esas chicas la encontraron y la ayudaron a reponerse mientras yo me hundía junto a mi padre. Cuando volvió, mi padre empezó a gritarle de tal forma, que ni siquiera entendí el motivo por el que ella volvía cada día a casa. Aún así… esta es la primera…
— ¿Es la primera vez que le escuchas decir que ella no es su hija, cierto? —Akira la interrumpió y Aiko la miró con tristeza.
— No sabía que las palabras podrían ser tan dolorosas —suspiró Aiko—. Solo esperaba que entre ellos pudieran solucionar las cosas, porque mi padre se hunde cada día un poco más y mi hermana está intentando resistir por mí. Pero cuando mi hermana se vaya…
— No pienses en que se irá —sonrió Akira mirando hacia el oscuro cielo de la noche. Ella lo miró confundida—. El futuro es algo incierto y no sabes jamás lo que te va a suceder mañana o pasado. Además, mucho me temo que si tu hermana se ha quedado hasta ahora en esa casa, es porque tú estás allí y no quiere abandonarte.
— Mi hermana creyó que mi madre murió por culpa de él —dijo Aiko mirando al suelo, intentando retener sus lágrimas—. Jamás he entendido el motivo. Jamás he podido entender el motivo por el que ellos dos se llevaban tan mal. Mi padre a mí jamás me levantó la mano, pero sí lo hizo con ella —Akira se sentó más cerca a ella, rodeándola con un brazo por detrás de la espalda. Ella dejó que él la abrazara y escondió su cara entre sus ropas, intentando esconder sus sollozos que ahora ya no se detenían—. Sigo sin entender porqué estás aquí.
— Porque ahora mismo este es mi sitio —respondió él sonriendo—. Nos has estado ayudando con lo de Asami-chan y aún así aguantando todo en tu casa. Es mi turno ayudar a una amiga, ¿no crees?
— No lo entiendo —susurró ella.
— Sé que me has visto, Aiko-chan —respondió Akira—. Sé que crees que soy alguien muy pervertido, pero aún así jamás me viste hacer nada contigo. Así que sigues preguntándote como soy en realidad y no te gusta estar cerca de mí. Pero ahora ni siquiera te resistes —Aiko intentó apartarse de él, pero él la mantuvo firmemente agarrada—. No quiero perder a una amiga.
— Viniste a ayudarme porque…
— Te quiero —le interrumpió él—. No me importa si no sientes lo mismo, yo solo quiero que estés bien —Akira la miró con tristeza mientras le acariciaba levemente la cabeza. Lentamente ella se tranquilizó—. ¿Quieres ir a comer algo?
— ¿Qué? —ella lo miró confundido.
— Cuando tengo miedo me coge hambre —él se encogió de hombros apartándose de ella y ella lo miró con el ceño fruncido.
— Eres raro —se rió ella.
— Te juro que ese par me dieron miedo —se quejó él—. Si llegan a atacarme me hubiera defendido y luego hubiera huido corriendo —se rió.
— ¿Dejándome allí?
— Llevándote conmigo hasta el fin del mundo —sonrió él levantándose—. Ven. Conozco un sitio al que podemos estar tranquilos.
Akira la cogió de la mano y tiró de ella calle abajo. La llevó por unas cuantas manzanas hasta que volvió a reconocer las calles. Se quedó observando un pequeño bar, muy desolado y triste. Aiko lo miró con el ceño fruncido. Él entró en el lugar y tiró de ella. Aiko prefería ir a otro sitio, pero cuando entró a dentro, se dio cuenta de que era, tal vez, el mejor lugar al que habría podido ir con él. Solo, tal vez. Era un restaurante muy pobre y prácticamente vacío. El camarero que estaba detrás de la barra tenía ya más de 70 años. Cuando los vio entrar, el hombre solo hizo un pequeño movimiento de cabeza que Akira le devolvió. El chico siguió hasta el fondo del lugar, en dónde había una puerta en la que ponía prohibido el paso. Aiko miró confusa la espalda del chico mientras él entraba a dentro. Encendió las luces del lugar y cerró la puerta asegurándose de que Aiko había entrado del todo.
— Bienvenida a mi mundo —dijo él sonriendo mientras sacaba su teléfono móvil y escribía un mensaje rápido.
Aiko observó el lugar. Era un espacio muy grande con una mesa enorme al centro. Encima de la mesa, estaba la ciudad de Tokio en miniatura, aún por terminar.
— ¿Qué…?
— Ni una palabra de crítica, me estoy esforzando en esto desde que tengo 14 años —dijo Akira interrumpiendo sus palabras.
— No, si no iba a… criticar —Aiko se acercó un poco para ver—. ¿Lo has hecho todo tú?
Akira sonrió mirando a la mesa mientras afirmaba con la cabeza. Aiko sonrió al verlo. Su rostro sonreía con sinceridad. Algo que pocas veces le había visto al chico.
— ¿Es precioso no crees? —preguntó él.
— Sí —respondió ella sin preocuparse en dejar de mirarlo. Akira la miró y luego desvió la mirada ruborizado—. ¿Sabes? Hace tiempo que quería saber acerca de tus sentimientos —ella miró de nuevo hacia la maqueta mientras daba una vuelta alrededor de la mesa—. Me parecía extraño que pudieras cogerte algo en serio, pero en cambio a mí, jamás me trataste con perversión o con esa mirada de complicidad. Ahora, puedo entender el motivo, pero…
— ¿Pero? —Akira la miró con tristeza desde el otro lado de la mesa.
— Tratas las cosas que te importan con extraña delicadeza, pero en cambio te peleas cada dos por tres, eres amable, pero sabes tratar a todos como objetos, eres sincero y a la vez retorcido y mentiroso —Aiko suspiró bajando la mirada—. Me confundes mucho —Akira se quedó callado. De algún modo sentía que debía de intervenir sus palabras, pero finalmente dejó que ella siguiera hablando—. Tienes un lado oculto que no sé por donde cogerlo y cada vez que lo descubro, me apareces con otro más impactante. Siento que no te conozco en absoluto —debería de haberla interrumpido y ahora se arrepentía de no haberlo hecho. Akira movió un coche de juguete que había en una de las calles hacia otras calles—. No te conozco en absoluto y eso me hace querer descubrir más de ti. Quiero… quiero saberlo todo de ti —Akira la miró parpadeando confuso—. Pero me siento frustrada por no conocerte nada.
— Yo no siento, que sea tan cambiante… —susurró él bajando de nuevo la mirada.
— No cambias en nada, pero has llevado tantas máscaras en tu vida que es como si los únicos que tuvieran derecho en conocerte fueran Asami-chan, Mamoru-kun y Chieko-chan —susurró Aiko.
— ¿Máscaras? ¿Eso es lo que crees? —preguntó Akira. Ella afirmó con la cabeza—. No es que haya mantenido mis lados ocultos de nadie… —respondió él sin mirarla—. Pero tal vez me sienta más cómodo con Hattori y los demás y por eso inconscientemente me he protegido. Siempre he procurado que todos vieran lo cruel que puedo llegar a ser.
— Y tal vez eso haya sido lo único que no ha cambiado en ti —respondió ella terminando de dar la vuelta y poniéndose a su lado—. ¿Sabes? Aunque me sienta frustrada por no conocerte, Akira-kun —ella sonrió y él levantó la mirada hacia ella. Se estaba acercando demasiado—. Eso es lo que me hace intentar conocerte cada día más. Ser así de impredecible para mí es una sorpresa cada día y eso me emociona de algún modo también.
— Eres rara —se rió Akira.
— Tal vez sea eso —respondió Aiko—. La rara soy yo y por eso no puedo llegar a entenderte. Desde el fondo de mi corazón, sentía como si estuvieras enamorado de Asami-chan…
— No es que no haya pensado eso montones de veces —dijo Akira desviando la mirada—. Pero de repente, hubo un día en que me di cuenta de que mis pensamientos me traicionaban —Aiko frunció el ceño, confusa—. Tuve una extraña pesadilla una noche. Ni siquiera quiero recordar eso pero, yo pensaba más en salvarte a ti que en salvar a Asami. De algún modo, sentí que no podía dejar a Asami, pero aún así, aunque ella fuera mi amiga, no podía dejar que tú sufrieras daño alguno.
— ¿Por eso hiciste ese extraño espectáculo en mi casa? —Aiko se rió tímidamente y Akira afirmó con la cabeza ruborizándose—. Entonces…
— ¿Puedes darme una oportunidad? —preguntó Akira mirándola a los ojos—. Prometo descubrirme ante ti.
— Si es con ropa vale —se rió ella.
— ¿En qué andas pensando? —se quejó él cruzándose de brazos—. Y luego dicen que el pervertido soy yo.
— Lo eres —respondió ella—. Y creo que por primera vez acerté en tus pensamientos…
— No es cierto —se quejó él sonriendo.
— Claro —Aiko sonrió abriendo sus brazos y Akira se acercó a ella para abrazarla.
Asahara Aiko y Kyogoku Akira (sus hijos serán con A (?) si Kyogoku tuviera un apellido mejor XDDD)
^^Shihoran^^
