¡Buenas noches! Yo como siempre, actualizando a horas no apropiadas para todo público XD Pero es lo que pasa cuando llegas a una parte con mucha acción, y por ende, mucha descriptiva e_e y te demoras la vida escribiendo… Pero pasando a temas no tan deprimentes, aquí tienen la continuación. Disfrútenla, amen más a Kamui, odien más a Jirou y no me quemen en leña verde por (crear un harem inverso) dejarlo en lo más interesante lol

*Guest: Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior. Sé que disfrutarás mucho de la actualización :D

Capítulo 52

Fatal Error

Sus pupilas se mantenían enfocadas en su rostro, en la ausencia de gestos y misericordia, en ese extraño que tenía frente a frente. Ese al que alguna vez pudo considerar como un amigo y un compañero de peleas, y que ahora se había convertido en su verdugo; en esa persona que intentaba arrebatarle todo lo que era importante para ella.

Y entonces, mientras todos esos recuerdos compartidos venían a su mente, comenzó esa sensación de nuevo. Esa que le quemaba, que aceleraba el pulso cardiaco y que le provocaba retortijones insufribles. Una vez los espasmos quebrantaban la solidez de su postura y su voz no encontraba mejor manera para expresarse que a través de gritos.

¿Qué demonios era lo que habían introducido en su cuerpo que le estaba causando semejante calvario?

—Surtió efecto mucho más rápido de lo que teníamos previsto —continuaba con su peso aplastando a la Yato, impidiéndole escapar, contemplando desde tan cerca el dolor que la aquejaba.

—¿Y si muere antes de que logre hacer efecto por completo? —interrogaba la mujer viendo cómo la capturada enterraba sus manos sobre el suelo en un intento de dispersar su gradual agonía.

—Pues más vale que no sea de ese modo o nada de lo que hicimos habrá tenido sentido —estipulaba el tercero. Ese mismo que se había encargado de enterrar la jeringuilla que tenía en su mano izquierda.

—Ella no va a caer con algo como eso —Jirou se había apartado, había cortado al fin el choque de sus miradas—. Además, con esto Bisha perderá por completo su interés.

—…Ungh…J-Jir…Jirou…—gesticuló con dificultad, con la garganta tan seca y al mismo tiempo, sedienta de algo que no llegaba a saber qué era.

—Estás rota…Por lo que le resultarás inservible.

Ella únicamente podía escuchar palabras cortadas, frases inconclusas que la llevaban a experimentar confusión. Era como si cada uno de sus sentidos se fueran perdiendo gradualmente, como si hubieran encontrado una manera de aislarla de todo, de todos, de ella misma.

Y repentinamente todo se volvió oscuridad.

—El monstruo está a punto de despertar.

Quebró la pierna que le oprimía en el instante en que logró atraparla ente su mano. Crujiendo del mismo modo que lo hace un árbol cuando recibe el embiste fulminante de un hacha. Logrando que el equilibrio se perdiera y ese hombre cayera; proporcionándole la libertad que tanto ansiaba.

Uno a uno los eslabones empezaron a caer, dotándole de mayor movilidad, devolviéndole las únicas herramientas que necesitaba para que pudiera hacer escarmentar a quienes habían decidido jugar con su vida.

No obstante, no se trataba de la misma persona, de la misma chica a la que habían hostigado mientras se mantenía bajo su yugo. No. A quien tenían libre, clavándoles la mirada, era a esa entidad que vivía muy dentro suyo, bajo escombros de malos recuerdos y destructivos sentimientos.

Era una bestia.

—Estuvo a punto de pescarnos —mascullaba la fémina. Sólo ella y su otro compañero lograron evadir la muerte; el grandulón por su lado yacía muerto sobre el suelo con una tráquea completamente aplastada.

—Oshin, en este momento no eres diferente al hombre que más aborreces… Ahora estás sobre la misma línea de igualdad que Yomi —expresaba con cierto desagrado sin despegar su atención de quien ahora no era más que un cuerpo que se movía por mera inercia—. Lo único que desea tu quebrantado ser…es aniquilar a todo lo que se cruce en tu camino…

Ninguno de ellos poseía noción sobre el tiempo, sobre los destrozos que provocaban al imprimir por completo su fuerza dentro del campo de batalla; ninguno estaba interesado en el resultado de los que compartían su mismo destino; eran lo suficientemente egoístas para velar exclusivamente por su propia victoria, por su propia vida. ¿Pero no era de esa forma apasionada en la que los verdaderos guerreros se batían en la antigüedad?

Y hubieran deseado continuar de esa manera hasta vislumbrar el desenlace deseado. Sin embargo, debían moverse, encargarse de evadir lo que había sido dirigido hacia ellos antes de que fueran arrastrados.

—¡¿Pero qué cojones ha sido eso?! ¡¿Un cohete o qué?! —Shinpachi no fue el único que se movió en automático para resguardar su pellejo.

—Diría que fue más una estaca pasada de tamaño —Abuto sacudía sus ropajes del polvo y las piedras que salieron volando en cuando semejante proyectil pasó tan cerca de todos ellos—. ¿Quién demonios va por allí arrojando esta clase de cosas? ¿Están buscando métodos alternos para mandarnos al otro mundo?

—Admitamos que la creatividad no les falta —Eizen por su lado arrastró su mirada por el camino recién inaugurado hasta llegar a donde se había atorado semejante tranca.

—Vaya manera de interrumpir los combates que teníamos aquí —habló Akumu tras ver a cada pareja de duelistas lucir igual de perplejos como ellos tras ver lo que ocurrió.

—Parece que se deshicieron de alguien —Narue señaló las salpicaduras de sangre que existía por varias secciones del suelo, denotando que la herida había sido de cuidado—. Posiblemente se trate de esa tonta boticaria —¿su mayor deseo al fin se había convertido en realidad?

—Esa mujer tiene más vidas que un jodido gato —aseguraba el castaño con una sonrisa burlesca. El recuerdo de la boticaria tras la paliza que le dio su padre llegó a él.

El troncal tronaba. Crujía del modo en que lo hace la madera vieja ante el peso que sería incapaz de tolerar por mucho tiempo. Lo hizo hasta que colapsó por completo.

—Ey, ustedes juegan con cosas muy peligrosas —espetaba Gintoki sin despegar su atención del montón de tierra y rocas en las que se clavó esa lanza provisional—. ¿Y quién demonios se supone que disparó eso?

—Vaya moditos de empalar a la gente…—pese a sus palabras, Umibouzu no bajaría la guardia. Y mucho menos porque continuaba sin acabar con su enemiga.

—Pues parece que no hicieron del todo bien su trabajo —Kamui sonrió tenuemente. Lo hizo en el instante en que notó cómo esa pila de despojos empezaba a desmoronarse.

La tierra volvió a su origen fundamental. Las astillas de madera continuaban descendiendo desde su teñida mano hasta el suelo. Su espesa y carmesí sangre seguía goteando, manchándole los ropajes y la piel. Y pese a ello continuaba de pie, con vida y con una herida que debió de haberle llevado a la muerte.

—Sí que tiene agallas para haber hecho esto —decía con una mirada que intentaba inútilmente esconder su cabreo.

—Y pensábamos que no habíamos tenido suficiente mala suerte…—Shimura había observado al peli azul con cuidado. ¿Cómo podía habérsele ido semejante detalle de las manos?

Bishamon avanzó unos cuantos pasos ante las miradas que se negaban a despegar su atención de él. ¿Pero por qué? Quizá porque contemplaban el pequeño hueco que se alojaba donde en teoría debería estar su corazón. Técnicamente tendría que haber abandonado este mundo hace tiempo ya.

—Él fue demasiado ingenuo al pensar que podrían borrarme del mapa con esto —sonrió con guasa, como si intentara mitigar la carcajada que le nacía ante el fracaso de asesinato—. Primero deberían saber en dónde está mi corazón.

Era inevitable. El pelirrojo arremetería contra él. Lo había deseado desde el momento en que cruzaron caminos. Y parecía que había llegado el día predestinado para poder medir fuerzas.

—¿Qué te parece entretenerme un poco? —su parasol rozó la mejilla de su contrincante, logrando que ese vital líquido volviera a asomarse al mundo.

—No te sientas ofendido —siseaba al mismo tiempo que se encargaba de evadir cada uno de los golpes del Yato—. Pero no soy el tipo de hombre que le gusta ponerle las manos a las presas de otros. Y mucho menos si hablamos de mis propios camaradas —no le estaba dando importancia a sus palabras, pero si estaba mosqueándose por el hecho de ser tomado como un simple juego—. Además, no es a ti a quien tengo que corregir.

Bishamon guardó la distancia adecuada para dejar de ser el objetivo del pelirrojo. Estaba claro que no tenía ni las mínimas intenciones de encararle sin importar la intensidad de sus provocaciones.

—Seikka, Kashim, Akima…Parece que en verdad han disfrutado el pelear contra nuestros oponentes —veía a esos tres samuráis desde el rabillo del ojo, con una sonrisa que reflejaba una extraña manera de complacencia—. ¿Será que el tener oponentes dignos ha logrado despertar un poco esa parte que yace dormidos dentro de ustedes?

—De modo que has decidido posponer nuestro enfrentamiento —Sakata no miraba al pelinegro. Él sólo se enfocaba en quien indudablemente podría ser su peor pesadilla vuelta realidad.

—De manera que este es el momento en que nuestra cita exprés da por terminada —establecía con burla absoluta el pelado. Seikka por su lado le ofertó una fugaz sonrisa; de esas que gratificaban por haber contemplado un espectáculo de gran calidad.

—Sé que no estás para nada contento, Kamui. Pero este no ha sido mi plan en lo absoluto —para cuando todos se dieron cuenta, esos ex compatriotas se hallaban al lado de Bishamon, sin dedicarle una mirada; y sólo unos cuantos seguros fueron suficientes para que se retiraran—. Sólo he metido un poco mi cuchara donde no me han llamado.

—¿Estás intentando ser el buena onda y has decidido perdonarnos la vida por esta noche? Pero qué personas tan nobles se han convertido los adversarios de estos tiempos —ironizaba Umibouzu.

—Somos enemigos. Por lo que tendremos que enfrentarnos tarde o temprano, para intentar matarnos en un intento de defender e imponer nuestros ideales —se giró hacia ese grupo de ocho personas, ensanchando su sonrisa—. Pero hoy no es ese día —¿era falta de motivación lo que percibían en él o era que les hablaba con la entera verdad?

—Sería más fácil acabar contigo en este momento y ahorrarnos futuros dolores de cabeza —se expresaba Gintoki entre broma y seriedad—. Considerando todos lo que somos y que tenemos a un par de bestias entre nosotros, podríamos terminar el trabajo de tu empalador personal.

—Si estuviera en mi mejor estado, podría pensármelo —añadía más que divertido—. Pero como pueden ver, estoy algo maltratado y tengo un hoyo en mi pecho. Así que sería algo injusto, ¿no?

—¿Acaso tenemos un villano que sigue las normas de etiqueta? —Sakata parecía haber atrapado el interés del peli azul. ¿Se debía a que ambos eran unos sádicos?

—Si tengo que ser quisquilloso y severo, diría que estoy totalmente en desacuerdo con lo que ha estado pasando aquí —empezó a movilizarse, con pasos calmos pero consistentes. Sin una pizca de temor ante la posibilidad de que cualquiera de ellos pudiera echársele encima—. Un enfrentamiento real se gana con fuerza y habilidades propias mientras te confrontas uno a uno, sin terceros, sin intervenciones. Sin la necesidad de recurrir a esta clase de trucos sucios. No puede existir ni honor ni gloria en hacerlo de esa manera —¿de verdad un enemigo tenía una mentalidad tan integra como esa? ¿Por qué pareciera como si se encontrara en el bando incorrecto?

—Vaya, parece que tenemos a un idiota más…—mencionaba Abuto—. Uno que parece querer jugar limpiamente pese a que está metido hasta el pescuezo de mierda.

—Que tenga las intenciones de borrarles del mapa no significa que tenga que hacerlo valiéndome del secuestro de dos niñas, ¿verdad? —calló en el momento en que regresó su mirada al punto en el cual fue tomado por sorpresa.

—E-Esperen, ¿por qué continúa habiendo tanto caos por allá? ¿No se supone que el oponente de Oshin-san está aquí con nosotros? —Shimura adelantó un par de metros. Su vista no le engañaba. Algo estaba ocurriendo a menos de veinte metros de distancia de donde se encontraban—. ¿Quiénes están peleando? —entonces puso mucha más atención. Aunque con ello se llevara una desagradable respuesta—. ¿Q-Qué…es lo que le ha pasado? ¿Por qué demonios…se ve de esa manera? E-Es como si…

—Lo consiguió… Logró que perdiera los estribos y le ha resumido a un monstruo sedienta de sangre —las palabras de Bishamon no daban a entender nada. No a primera instancia. ¿Pero lo harían ahora que estaban contemplando a lo que se refería?

Aquel cuerpo se había deslizado por el suelo, hasta donde se encontraban, sin chispa de vida y con una cabeza que recibió la suficiente fuerza como para quebrarse y llevar a una muerte instantánea a su poseedor.

¿Pero acaso el perecimiento del uniformado interesaba ahora? Por supuesto que no. Era un tema que quedaba en segundo plano. Porque lo verdaderamente apremiante residía en quién había arribado, en quién llevaba sus manos corrompidas por la espesa sangre mientras esa mirada no reflejaba nada más que una desquiciante locura y ansias de matar.

—O-Oshi… Oshin-san…—la última vez que Shinpachi había visto a un Yato perder la razón fue cuando confrontaron al hermano de Kagura! Y el infierno que tuvieron que soportar para hacerlo recapacitar no era algo que deseara repetir. ¿Pero es que les quedaba otra opción?

—Tiene que ser una jodida broma —Sakata observaba a la chica y le costaba creer que se hubiera dejado dominar por sus instintos. ¿Es que acaso se había topado con el hombre que juró asesinar o había pasado algo lo suficientemente grave como para llevarla a tal quebrantamiento? —. Gin-chan no está hecho para todo terreno… Con haber enfrentado al imbécil de Kamui fue más que suficiente para mí.

—Pensemos en los motivos después. Ahora tenemos que enfocarnos en impedir que nos mate y que se mate a sí misma en el proceso —Akumu no podía emplear sus eficientes cuerdas; si lo hacía, correría el riesgo de destazarle.

—Eres la última persona que pensé que podría terminar de esta manera —Kamui había atrapado sus dos puños entre sus manos. Y sus pies se habían enterrado en el suelo, en señal de que estaba imprimiendo más fuerza de la esperada para que ella no lograra zafarse y le proporcionara una bonita herida—. Parece que pierdo mi tiempo hablando contigo.

En esas carmesí pupilas sólo podía mirarse como lo haría una persona cuando se acerca a un espejo y no busca reacción alguna. Sus palabras rebotaban, sin la posibilidad de llegar hasta su interlocutor. No existía respuesta. Únicamente encontraba a algo intentando liberarse para quebrarle los dedos; a algo golpeándole el estómago con un sadismo que se reflejaba en esa sonrisa torcida.

¿Él se había visto de esa misma manera cuando dejó que su otro yo tomara las riendas de su pelea? ¿Ese mismo camino había tomado la boticaria?

—Desaparece —soltó en una especie de susurro rasposo ante un enfado que empezaba a volverse intolerante conforme continuaba mirándole y desconociéndole totalmente. Eso que intentaba matarle no era ni por asomo la fastidiosa mujer que no dejaba de arrastrarle a sus problemas—…Apártate…—le pateó el estómago, mandándole lejos, directo contra el suelo—. De este modo no voy a disfrutar de nuestro encuentro —él la conocía. Él sabía que no era débil mentalmente; y que por ello no perdería ante su parte más irracional. ¿Entonces por qué se encontraba en ese estado? ¿Qué o quién la había resumido a lo que sus ojos percibían? —. Estando así ni tus puños ni tus patadas duelen siquiera —¿había sido ese samurái? ¿Fue Jirou el que la convirtió en eso? Y si las cosas eran de ese modo, ¿por qué sus puños se habían vuelto mucho más compactos, mucho más ansiosos de resumirlo todo a ruinas?

—¡Imbécil, detente, detente ahora mismo! —le gritó Abuto en el momento en que el pelirrojo se abalanzó hacia la pelinegra para volverle a tumbar y depositar sobre su estómago un par de violentos puñetazos.

—¿Es de este modo en que murió tu convicción? ¿Acaso este es el elegante final que merece el que comanda al Hokusei? —estaba sobre ella, estampando sus muñecas contra el suelo, impidiéndole cualquier intento de escaparate—. Si ese es el caso… Déjame decirte que es sumamente patético —¿eso le había ofendido? Eso era lo único que podría explicar cómo logró quitárselo de encima con una limpia y poderosa patada directo a su epigastrio.

—¡Tenemos que detener a Kamui-san! Si sigue de esa manera va a asesinarla —Shinpachi intervino en pos de la boticaria. Un acto valeroso que recibiría por pago una arremetida de quien intentaba proteger; una que no llegó a algo grave gracias al samurái que había usado su espada para amortiguar el impacto—. G-Gin-san…

—No olvides que ella es mucho más terca que ese estúpido hermano mayor. Por lo que no entenderá tan fácilmente —verla en ese estado era como revivir esa parte del pasado que lo envolvió en un problema familiar—. Será mejor que te comportes o te iré a acusar con tu adorado papi de que estás haciendo destrozos y golpeando a tus aliados —una bien asestada patada bastó para hacer de esos dos samuráis adornos temporales del piso.

—Ya tuve suficiente aquella vez con ese imbécil. Así que no me provoques más dolores de cabeza innecesarios —Abuto jamás levantó su arma contra ella. Pero siempre había una primera vez—. Ey, dame un respiro —al segundo impacto ella sujetó su parasol, haciéndole añicos—. Sí, sabía que esto no iba a ser para nada fácil.

Pero el siguiente que habría de poner sus manos sobre la Yato sería el que tenía un enfrentamiento pendiente contra ella. Ese que sólo poseía una pequeña daga de arma.

—Jamás pensé que usaría "eso" en ti —Bishamon evadía como bien podía cada una de las arremetidas que la pelinegra le dedicaba con tanto énfasis, con un deseo palpable de arrastrarle al mismo sufrimiento que le llevó a ella a perder la cordura—. Es una pena que te hayas convertido en un ser irreconocible que sólo se detendrá cuando muera… Pensaba que tú podrías ser diferente al resto de presas que he cazado. Sin embargo, tal parece que eres mucho más débil de lo que pensaba… He desperdiciado mi tiempo contigo, Oshin.

¿Ese pequeño destello en sus pupilas significaba algo? ¿Es que hubo algo en su discurso que provocó que sus sentidos se reabrieran vertiginosamente, como una bocanada de aire fresco? ¿Por qué sujetaba su mano con fiereza, como si quisiera arrebatarle aquel punzocortante? ¿Qué le llevó a Bishamon a entregarle su única arma? ¿Qué es lo que buscaba en esa mirada que no le veía ni a él ni a los que se mantenían en guardia ante su extraviado estado?

—N-No…No…—balbuceos. Era la manera de correcta de referirse al monosílabo que emergía con soberano esfuerzo de sus labios—. T-Tú…no…

Retrocedió un par de pasos, manteniéndose completamente estática, con una mirada errática que luchaba por centrarse en un único objetivo. ¿Qué es lo que se supone que estaba cruzando por su cabeza en ese instante? ¿Recuerdos, palabras o el rostro de personas que le eran allegadas o repudiadas? ¿Qué estaba provocándole que apretara los ojos con tal énfasis y causara la suficiente debilidad en sus piernas como para que cayera de rodillas?

—…Tú…—Bishamon le observaba. Contemplaba con estupefacción cómo esa mirada que había perdido el rumbo intentaba encaminarse, regresar a la que él conoció mientras luchaban.

Sus ojos no le estaban engañando. Su incredulidad tendría que ser encerrada en un profundo baúl mientras la realidad destruía sus propias creencias y conjeturas. ¿Y es que cómo podría haberse imaginado que ella misma se clavaría el filoso objeto en el estómago?

—…N-No dejaré que él me convierta en su marioneta… No voy a dejarle que me use para lograr su cometido… No voy a permitírselo ni a él ni a nadie más —la daga bañada con su sangre había caído junto con ese miserable otro yo que sólo lograba despertar el hombre al que prefería no nombrar—. E-Esto aún no ha terminado —se levantó, resintiendo toda la extenuación y la injuria del que era acreedor su cuerpo. Era demasiado terca como para detenerse.

—¿Tantos son tus deseos de arrastrarlo contigo hasta el infierno que te has forzado a ti misma a entrar en razón? ¿Por qué desear ir tras él cuando tu estado es tan deplorable? —Bishamon no lo comprendía. No podía entender el porqué de su voluntad.

—T-Tú te pareces mucho a ese idiota pelirrojo. Hasta el punto de no entender nada —se tambaleó tras dar el primer paso, pero eso no la desalentó. Sus siguientes marchas eran lentas pero consistentes—. Jirou lo dijo… No existe nada más doloroso que asesinar a tu propio hijo —respiraba con dificultad, con una hemorragia que no hacía más que iniciar—. Jirou es el idiota hijo mayor mientras que yo soy la hija de en medio… La estúpida hija que ha sido devorada por la sed de la venganza…Y por ello, la única que tiene y puede cargar con el pecado de su muerte…

Aceleró su andar, como si hubiera recobrado sus fuerzas, como si su cuerpo hubiera dejado de sentirse tan pesado y herido. Como si hubiera encontrado la motivación que le faltaba. Como si nuevamente el destino le devolviera a la persona que se había vuelto en una más de sus pesadillas.

Su impulsivo y potente puñetazo se encontró contra la defensa cruzada de un par de espadas. Su mirada cargada de aversión se topó con otra que le guardaba el mismo sentimiento. Sus fuertes deseos no hacían más que entrelazarse e intentar asfixiarse.

Costaba demasiado creer que alguna vez esos dos pudieran llevarse bien y ser compañeros de tripulación.

—De verdad que te estás convirtiendo en un verdadero incordio —Jirou se encontraba en óptimas condiciones mientras que ella con esfuerzo continuaba de pie pese a la pérdida de sangre y lesiones previas.

—¡Si he de morir, lo haré tras haberte derribado! —el castaño detectó de inmediato el peligro. Simplemente no podía dar por sentado que sería fácil darle la estocada final sólo porque se encontraba en un estado tan precario.

Lo que se desató después sería la desesperada contienda de alguien que sabe que no durará por demasiado tiempo de pie para someter totalmente a su oponente. Y eran esas circunstancias que estaban obligando a esa mujer a omitir totalmente el daño que tenía todo su cuerpo; sacrificaría la más mínima de las movilidades por alcanzar su objetivo.

Pero incluso ella poseía límites.

—Es increíble que con el paso de los años hayas dejado esa faceta de niña llorona y temerosa que no hacía más que esconderse detrás de su padre adoptivo para convertirte en esto…—sus espadas llevaban como condecoraciones la sangre de la Yato. Al mismo tiempo que su cuerpo mostraba los impactos que ella logró acomodarle antes de caer al suelo al no recibir respuesta alguna de su cuerpo—. Los dos hemos avanzando mucho. Ambos hemos recorrido caminos diferentes que han logrado interceptarse pese a todo… Sin embargo, es hora de que nuestros encuentros terminen.

Una espada que estaba dispuesta a cegar su vida de un solo tajo y una barrera impenetrable que había surgido para aniquilar su tan codiciado capricho. ¿De qué manera mundos tan dispares y conflictivos habían logrado converger de una manera tan coordinada y perfecta?

¿Por qué ellos? ¿Por qué justamente cuando estaba a nada de terminar con la vida de esa mujer?

—Quiero creer que de verdad no nos parecemos tanto como para haber pensado lo mismo —Bishamon retenía el filoso avance de la katana con su mano desnuda, alimentándole con el néctar de vida que corría por sus venas.

—Oshin ha perdido su oportunidad de acabar con él. Por lo que tomaré el relevo —su parasol había interceptado de forma vertical el cuerpo restante del arma del castaño—. Yo no seré tan blando como ella.

—¿K-Kamui…? —incluso con su borrosa visión lograba distinguir su silueta sin dificultad alguna—. P-Por…favor…

—Te la vives criticando la estupidez de ese tonto cuando tú llevas las locuras a otro nivel —Abuto había llegado hasta ella, para alzarle y cargarle con un cuidado que jamás creyó que él poseyera—. Un poco más y tendríamos que darle cuentas a Tentei de por qué su hija no volvería jamás a su lado—Oshin le miró entre una mezcla de agradecimiento y preocupación antes de caer por completo en la inconciencia—. Sí, sí ya sé que quieres que vigile que ese idiota no se mate —se apartó lo suficiente para darle espacio a quienes habían decidido hacer de Jirou el siguiente trofeo a colgar en su sala—. Jamás imaginaría que fuera precisamente él quien interviniera para evitar que la asesinaran. Pero tal vez quien más asombro me ha provocado sea ese monstruo… ¿Qué significa que se haya metido entre Jirou y Oshin? ¿Por qué defenderla de quien en teoría es su aliado y con quien comparte objetivos en común? —regresó su atención en la dormida chica—. Siento decirte esto, pero los hombres que ponen tu atención en ti son verdaderos monstruos…Peligrosos y psicópatas monstruos.

—¿Acaso quieres competir por la presa? —interrogaba el pelirrojo a Bishamon en cuanto el samurái se apartó.

—En realidad estoy experimentando sentimientos encontrados con respecto al actuar de Jirou —observaba al aludido con una mirada relajada, con ese semblante que es tan característico de quienes están ocultando algo más.

—Tú mismo desististe de la elección —objetaba Jirou—. Deberías ser más firme y menos caprichoso.

—Bueno, ese era el caso, ¿sabes? —hizo una pequeña pausa, y con ello avanzó un par de pasos hacia él—. Pero con lo que hiciste he reconsiderado todo. Por lo que debería de agradecerte, ¿no te parece?

Las maneras que tenía ese hombre para dar las gracias eran muy parecidas a las que el pelirrojo poseía para dar inicio a un combate. Ambos eran esa clase de personas que les gustaba alardear sobre su fuerza y lo mucho que podían llegar a intimidar a sus contrincantes.

¿Cómo se supone que pudiera siquiera pensar en atacar cuando se tiene a dos peligrosas bestias abalanzándole sin descanso, con claras intenciones de arrancarle algo más que un simple miembros? ¿Es que alguien podría sobrevivir a la fuerza de esos dos? ¿Es que acaso no lucían como un par de críos que estaban compitiendo por quién devora primero el postre?

¿Qué eran esos dos pesados bloqueos que se interpusieron entre sus puños y el endeble cuerpo del samurái?

—Empieza a ser realmente molesto que estén metiéndose en mis peleas… Primero este idiota, después tú y ahora estos bueyes subdesarrollados de pésima calidad —el puño derecho de Kamui fue suficiente para resumir a pedacitos el par de gigantescos escudos que fueron puestos entre él y Jirou—. Desaparezcan de mi vista en este momento.

—Yo que ustedes acataría su orden—espetaba Bishamon con soberana burla. A escasa distancia de ambos se postraban esos dos enormes Amanto que podrían pasar sin dificultad alguna por minotauros y que sin embargo parecían contar con el don del habla.

Un oscuro y espeso líquido se esparció por los alrededores con rapidez mientras la pesada cabeza de uno de esos guardaespaldas rodaba en dirección opuesta a donde había caído su degollado cuerpo. Y antes de que el otro pudiera reaccionar, ya se encontraba compartiendo su mismo destino.

—¿No quieres unirte al bando de los malos? —interrogaba el peli azul a quien continuaba con el fuerte deseo de matar—. Porque eres perfecto como villano.

—¿Así que has venido a defenderlo? —aun cuando el pelirrojo llevaba sus manos corrompidas por la sangre del samurái y por la de esas bestias, seguían ansiosas por impregnarse con la de ese armado Amanto; ese que claramente estaba por arriba de las basuras a las que había vencido durante esa noche—. Tal vez te di demasiado crédito, Jirou… Tal vez no eres más que un niño llorón que no es lo suficientemente fuerte para conseguir lo que quiere y por eso debe usar a otros para conseguirlo —esos fríos zafiros no se despegaban del castaño mientras sus mordaces palabras estaban salpicadas de una palpable burla—. Parece que Oshin ha puesto demasiado empeño en algo que no valía en lo absoluto la pena —se percibía algo más que simple peligro. ¿Pero qué era ese sentimiento? ¿Furia? ¿Deseo de venganza? ¿Por qué lucía como si hubiera sido dominado por algo más que su instinto de Yato?

—Bishamon, esto no tiene nada que ver contigo ni los tuyos. Este es un asunto personal —el Amanto que había llegado para respaldar al castaño portaba una llamativa armadura y una espada con la apariencia de un cuchillo carnicero—. Mantente al margen.

—Parece que trabajaron en equipo para armar toda esta trifurca, Osamu —Bishamon sonreía con cierta mofa; era como si en cierto modo disfrutara del acto del que estaba formando parte—. Y seguramente fue tu idea el haberle dado eso a Jirou.

—Esta es una buena oportunidad para poner en jaque a los miembros de la tripulación del Hokusei. Por lo que no permitiré que lo eches a perder.

—Las organizaciones criminales parece que ya no son como antes… Mira que ahora entre ellos mismos se sabotean —Abuto no hablaba por hablar. No, claro que no. Lo decía porque estaba viendo con sus propios ojos cómo a la distancia se vislumbraba una numerosa facción de Amantos—. Subir a esta mujer a nuestra nave seguramente haya sido el peor error de nuestras vidas, capitán.

—Deberías salir de aquí junto con tu subordinado, Kamui —el peli azul se le había adelantado. Además, ¿en qué momento se supone que tomó su parasol para adueñárselo? —. Porque esto se pondrá un poco movido… Además, ese hombre está por llegar y quisiera que viera un buen espectáculo desde primera fila.

—No eres nadie para darme órdenes —el oji carmín se limitó a carcajearse ante su objeción.

—Una verdadera pena que pertenezcamos a bandos contrarios y que nuestro interés radique en la misma persona —un limpio embiste bastó para sacar volando a quien hace unos momentos le ordenaba que metiera sus narices en otro lado—. Jirou, no te mataré en esta ocasión por haberme dejado contemplar algo realmente interesante. No obstante, vuelve a meterte en mis asuntos y yo mismo le entregaré de regalo tu cabeza al almirante del Hokusei.

—¿Cuál es la fascinación que todos tienen por esa mujer? ¿Qué es lo que la hace tan importante como para llegar a esto? —su mirada se encontraba ensombrecida, ocultando espléndidamente bien lo que en sus pupilas estaba naciendo; era como el nacimiento de un ciclón—. Primero Tentei, después los miembros de la tripulación… y ahora ustedes dos... Su vida vale tanto como la de ese hombre…

—No existe nada más lamentable que un samurái ahogado en la venganza —las miradas de todos se dirigieron de manera automática en la dirección en la que provenía tan familiar voz. Sí, al fin aquel hombre había dado la cara y no había nadie que no estuviera anonadado por su llegada—. Te di la oportunidad de jugar al cazador y la presa. Y sin embargo, lo que hiciste fue aliarte con idiotas que recurrieron a un truco tan bajo para conducir a mi tripulación y a mí a una trampa tan obvia.

—¡Tentei…! —ese sofoco que agobiaba a las personas y les encadenaba el alma para que poco a poco fueran perdiéndose, resurgió en él, con un énfasis abrumador.

—Esta es la primera vez que nos vemos, Tentei. Pero estoy seguro de que lograremos entendernos muy bien —Bishamon había provocado una marcada fisura sobre el suelo que tenía por delante para obligar a ese par de Yatos a que retrocedieran, a que llevaran su humanidad hasta donde se ubicaba el almirante del Hokusei—. Ha sido verdaderamente divertido verles pelear y zanjar todos los obstáculos que se cruzaron en su camino. Pero ha sido suficiente por hoy —ambos hombres se analizaban, intentando tal vez, entenderse mutuamente—. Como una manera de compensar por todo lo que han pasado, dejen que limpie un poco.

El aire que soplaba dentro del pequeño silbato de calavera que tenía entre manos, era extraño y escalofriante. Pero no era más que un señuelo. La manera perfecta para encubrir la verdadera advertencia que ese hombre había lanzado sin que sus víctimas se dieran cuenta.

—Debes de estar hambrienta después de haber pasado tanto tiempo durmiendo.

El suelo empezó a colapsar precipitadamente, como si un poderoso terremoto tuviera su epicentro justo bajo los pies del escuadrón de Amantos que Osamu comandaba. Aunque probablemente hubieran deseado que se tratara de eso y no de la criatura que había permanecida en la oscuridad e intimidad de la tierra hasta ese momento.

Tan blancas y pulidas eran sus escamas que reflejaban hermosamente la luz de la luna. Tan azules eran sus pupilas que embelesarían a cualquiera que se tomara el suficiente tiempo para admirarlas. Tan peligrosa resultaba ser la titánica serpiente que había asomado su cabeza con la única intención de lanzarse y engullirles sin miramiento alguno.

—U-Una…¡maldita serpiente gigantesca que podría romper en dos a Godzilla si se lo propone! —le había llegado el momento a Gintoki para entrar en pánico.

—H-Ha barrido con todo ese escuadrón… Se los ha engullido y ahora está encargándose de pasarlos por su garganta —Shinpachi había conocido a los Syx y después estaba ese engendro de la madre naturaleza.

—Yo me preocuparía más por el que controla a esa aberración que por otra cosa —Umibouzu sabía que su instinto no le había falló cuando vio a Bishamon y detectó una amenaza silenciosa.

—Por algo es el jefe…—Abuto estaba acojonado. ¿Y cómo no estarlo cuando tienes tantos metros de musculatura, constricción, reflejos envidiables, velocidad y un par de colmillos combinados en una sola entidad? Y lo peor es que esa Jiu estaba mirándoles detenidamente mientras dejaba que su bífida y negra lengua probara el ambiente.

—Vine buscando a un samurái traidor y terminé encontrándome con un hombre mucho más fuerte y lleno de sorpresas —Kamui no despegó ni un instante la atención de quien le había importado un bledo masacrar a los de su propio bando—. Dices que te llamas Bishamon, ¿cierto? No olvidaré tu nombre —¿acaso estaba complacido? Tal vez algo más que eso.

—Es la responsabilidad del segundo al mando el poner en cintura a los que quieren pasarse de listos mientras intentan imponer sus caprichos a los que están por encima de ellos —estableció tranquilamente. En este momento sólo se hallaban él y Jirou; el resto habían sido borrados del mapa por tan mortífera mascota—. Dejaremos su revancha contra este idiota para otro momento.

—No pudimos encontrarnos a un peor bastardo para tenerlo de enemigo —ironizaba Tentei para quien había dejado a todos pasmados por su incuestionable crueldad y frialdad hacia sus aliados—. No voy a agradecerte por lo que has hecho. Pero te agradecería que no tocaras la cabeza del imbécil que tienes de aliado —¿qué era lo que en verdad reflejaban sus pupilas? ¿Qué clase de sentimientos eran los que despertaba en él ése al que alguna vez consideró como un hijo? —. Porque es mi deber el hacerle pagar por lo que ha hecho.

—Pido disculpas por mi brusquedad, pero es la manera menos agresiva para hacerlo.

Habían tapado sus oídos con rapidez, tan fuertemente que estaba resultándoles doloroso. Pero no tanto como lo era escuchar la poderosa onda sonora que provenía de sus espaldas; esa que se propagaba, se intensificaba y los obligaba a olvidarse de lo que ocurría a su alrededor. Y cuando el maltrato auditivo cesó, pudieron entender el significado detrás de sus palabras.

Poco interesaba quién era la menuda joven que estaba al lado de Bishamon o cómo es que había aparecido tan de repente. Porque lo que era apremiante resolver era por qué habían alejado a la boticaria de ellos para retenerla.

—Sé que tú mejor que nadie lo entiende… Sabes que sólo es cuestión de tiempo —el pelirrojo apenas estaba recuperándose del estupor en el que fue hundido, pero podía escucharle y verle claramente—. Aun cuando nos acabamos de conocer, sé más cosas sobre ustedes de lo que podrían imaginarse. Así que tu pequeño secreto es bien conocido por mí, Tentei —el samurái atendió con cuidado a sus palabras. Al resto no les causaba más que confusión, pero a él le abría una nueva panorámica con respecto a su persona—. Descuida, te la devolveré en dos días.

Antes de que pudiera reaccionar e intentar rescatar a su hija adoptiva, todo el suelo comenzó a vibrar, a gritar ante la repentina intromisión del reptil. Esa serpiente no sólo estaba enterrándose una vez más, sino que movía su cola de un lado a otro, con soberana violencia, como una medida que evitaría que cualquiera intentara seguirles y detenerles.

Pero no todos habían sido tan lentos en reflejos. No todos habían cometido el suicidio de saltar hacia lo que podría considerarse una tumba de tierra. ¿Es que poseía tanta impaciencia por encarar a ese hombre?

—¡Maldito idiota, regresa aquí! —Abuto estaba atónito ante lo que había visto. Su propio capitán se había lanzado muy literalmente a las fauces de una muerte segura. Es que no existía modo en que pudiera seguir el camino que la Jiu había hecho por sí misma para iniciar su huida sin perecer en el intento—. ¡Ey, un momento, no lo hagas! ¡Detente!

El Hemu le había agarrado de la capa, haciendo que despegara los pies del piso para convertirse en una especie de juguete que tremenda criatura podía llevar de un lado a otro. Pero lo peor es que se había lanzado en la misma dirección que el estúpido pelirrojo que lo comandaba.