¡Hola una semana más! Fiel a mi cita, aquí tenéis el siguiente capítulo. Vamos a ver si son capaces de aguantar hasta el final, porque el partido no va a ser nada fácil, sobre todo para Jill.
44.
Terminamos el primer cuarto perdiendo de tres. A pesar de que no hemos jugado nada mal, el juego físico de Salt Lake City nos está sacando de nuestras casillas.
Me levanto junto al resto del banquillo y felicito a mis compañeros conforme van llegando. Todavía no he disputado ningún minuto, y la verdad es que me muero de ganas por salir y ayudar. A saber qué estará planeando el capullo de Irons.
Sin muchas esperanzas, me sitúo en el círculo que hemos formado en torno al jefe de policía. Comparto una rápida mirada con Chris. Está nervioso. No ha empezado como a él le hubiera gustado. Si es que cuando la pelota no quiere entrar…
-Han dejado muchos agujeros en la zona –espeta nuestro querido jefe dirigiendo su mirada porcina hacia cada uno -. Ellos están marcando el ritmo, y si esto continúa así… ya pueden despedirse.
Sabes infundir muchos ánimos, cabrón.
Día a día, y a pesar de que sé que no es lo correcto, empiezo a entender el odio de Chris por el jefe Irons. Sigue sin entrarme en la cabeza cómo ha sido capaz de llegar a ser jefe de policía.
-He realizado algunos ajustes de cara segundo tiempo –continúa explicando mientras escribe en la pizarra -. Valentine –y yo sonrío encantada. Bien, por fin voy a salir -, juego rápido para buscar tiros cómodos. Burton, Marini, bloqueos a los hombres altos para sacarlos de la zona. Atentos en defensa. No dejen que entren en la zona.
Me quito el chándal mientras suena la bocina. Observo sorprendida cómo Irons sienta a Chris y al capitán, y saca a Forest y a Joseph en su lugar. No es que jueguen mal… pero no es lo mismo. Nos toca a nosotros poner el balón en juego.
Me acerco al lateral a la espera de que Barry me la pase. Me sonríe, pero yo no puedo hacerlo. No sé a qué demonios está jugando Irons. El árbitro le da el balón a Barry, y con un pase picado, llega a mis manos.
El público no deja de animar en ningún momento. Es una sensación realmente gratificante. Me detengo en la línea de tres, y espero. Enrico acude en mi ayuda haciendo un bloqueo. Salgo de él pero ya tengo a dos defendiéndome. No puedo avanzar. Si lo hago, perderé el balón.
Uno de ellos me da un fuerte golpe en la mano. Grito de dolor y suelto el balón. El árbitro no pita nada. Suerte que estaba Joseph por allí para coger la pelota. Vuelvo a salir al perímetro con la mano dolorida. Imagino que será su forma de decirme que no se andan con contemplaciones.
Quedan diez segundos. Debemos ir creando la jugada. Camino hacia Joseph, y bloqueo. Avanza unos metros y me devuelve la pelota. Y entonces vuelvo a tener a dos defendiéndome. Escondo el balón. Tengo que pensar algo rápido.
Enrico levanta las manos llamando mi atención justo debajo del aro. Doy un pase picado por la izquierda, y cuando mis defensores se giran ya es demasiado tarde. Enrico deja una bandeja completamente desmarcado. Sólo estamos un punto por debajo.
A mi mente viene todo lo que hablamos Chris y yo en el último entrenamiento. Tengo mucha desventaja de altura, y necesito hacer todo lo posible para molestar. No le pierdo de vista. Fija su mirada en mí. Abro los brazos para mantener el equilibrio y espero.
De pronto, noto un fuerte golpe en las costillas y caigo al suelo sujetándome el costado. Cierro los ojos y aguanto las lágrimas. El árbitro no pita nada. Instantes después oigo un clamor general del público. Supongo que habrán anotado.
-Jill, ¿estás bien? –escucho la voz de Barry preocupado. Abro los ojos y asiento lentamente. El partido está parado.
Acepto la mano de Barry y me levanto con algo de dificultad. En el banquillo, la mayoría está protestándole al árbitro la jugada. No sé por qué, pero me da que esta vez vamos a tener la misma suerte con los árbitros que en el partido anterior.
El capitán intenta calmarlos ánimos. No queremos que nos pase como la otra vez. Camino con lentitud hacia la banda recuperando la respiración. El árbitro toca el silbato, y Enrico me pasa el balón. Lo dejo botar dos veces antes de cogerlo.
Corro hacia la parte derecha y espero. Barry hace un bloqueo y voy a canasta. Pero dos enormes brazos se interponen y me impiden avanzar. Están siendo tan duros como pensábamos.
Saco el balón hacia Joseph, que amaga con ir a la derecha, pero su defensor lee sus intenciones y no pica. Salgo fuera de la línea de tres. Joseph me devuelve el balón, y sin esperar, abro hacia Forest. Hago un bloqueo y Forest pasa por detrás.
Mi defensor se va con él. Levanto las manos para llamar su atención. Estoy sola. Recibo la pelota cuando veo que quedan tres segundos. Lanzo desde el perímetro… pero no tengo suerte. El balón da en el aro y cae en las manos de un rival.
Joder, estaba sola y he fallado. Sigo de cerca a mi defensa. Intenta pasar de la línea de tres, pero no le dejo. A pesar de que me saca bastante altura, no es capaz de irse. Esconde el balón cuando intento quitárselo; Barry acude en mi ayuda e intentamos forzar la pérdida. Meto la mano y me tiro al suelo en el momento que consigue evitarnos.
El tipo ve a uno de sus compañeros solo en la zona, y no lo duda. Cuando Enrico acude a estorbar ya es demasiado tarde: falta, canasta y tiro libre. El banquillo de Salt Lake City lo celebra con euforia mientras me levanto del suelo con ayuda de Barry.
Suspiro con resignación situándome fuera del triple. Me ajusto la cerpa antes de observar con impotencia cómo el tiro libre va dentro. Ahora estamos seis abajo. Salt Lake City serían los campeones en este momento.
Enrico me pasa el balón y cruzo casi corriendo la línea divisoria. No me dejan ni pensar. Ya tengo a dos armarios empotrados defendiéndome. Forest pasa por detrás y se la paso. Me adentro un poco en la zona. Enrico bloquea a mi defensor, y el balón me llega cuando estoy en la esquina.
Amago el tiro al ver a un tipo lanzarse sobre mí. Paso el balón hacia mi derecha, hacia Forest, que está desmarcado. Se levanta de inmediato y levanto el puño mientras vuelvo al área. El banquillo entero está levantado celebrando la canasta también.
A ver si podemos llegar al descanso con el marcador por delante o empatados. Agarro a mi marcador por el pantalón. Sé que no debo caer en ese juego, pero si entran en la zona no tendré nada que hacer.
Está de espaldas. Meto la mano, pero no consigo darle al balón. El árbitro toca el silbato. Me pita falta. Me llevo las manos a la cabeza. ¡Si no lo he tocado! Niego en silencio. Desde luego que están haciendo todo lo posible para perjudicarnos.
Presiono la salida de balón y casi consigo que Enrico la robe. Con un ojo vigilo a mi marca y con otro al que lleva el balón, que juega en el poste defendido por Enrico. Se levanta… ¡y vaya gorro de Enrico! El balón cae cerca de mí y lo cojo con fuerza.
Vuelvo al ataque. Barry bloquea y me meto en la zona. Corro hacia el aro para dejar una bandeja. Tengo vía libre. Me levanto y suelto el balón en el momento en el que noto un golpe en la mano, la misma de antes. La bandeja se sale y vuelven a coger el rebote.
-¡Falta! –grito al árbitro cuando paso por su lado. Me lanza una mirada de advertencia. Oigo a Irons gritar algo, y cuando me doy cuenta hemos encajado canasta.
Sólo eran cuatro defendiendo. Mierda. Irons pide tiempo muerto. Le choco las manos a mis compañeros cuando llego al banquillo sin demasiado ánimo. No me está saliendo nada. A este ritmo nos va a costar mucho darle la vuelta a la tortilla.
De no ser por Chris y por el capitán Wesker, iríamos perdiendo de veinte por lo menos. Le doy un gran trago a mi botella de agua recordando las indicaciones del médico sobre la importancia de hidratarse con la tensión baja.
Escucho a medias lo que dice Irons. No estoy muy concentrada. Miro al marcador. Quedan poco más de cinco minutos para el descanso. Aún hay tiempo de reacción. La bocina suena justo cuando terminan las explicaciones de Irons. Veo a Chris y al capitán Wesker quitarse el chándal. Sonrío. Ya era hora.
Pero la sonrisa se me borra cuando veo que, además de ellos dos, Irons les indica a Richard y a Edward que salgan. Le dice claramente a Richard que va a ocupar mi lugar. Barry y yo somos los sacrificados. Me pongo mi chándal con parsimonia mientras vuelve a reanudarse el juego. Me siento cruzada de brazos junto a Barry.
No es justo. Todavía siento las piernas frescas, y estoy seguro de que junto a Chris y al capitán puedo hacerlo mejor. Chris anota la siguiente canasta y aplaudo ausente. No sé a qué espera Irons para cambiar el rumbo del partido. Nos estamos estancando en los tres o cinco puntos de diferencia.
Es tal y como dijo Chris. Nos están dejando que llevemos el ritmo dentro de unos límites. Son conscientes de que si nos dejan más margen de maniobra nos pondremos por delante con toda seguridad.
-¿Todo bien? –me pregunta Barry en el momento en el que Edward hace una falta cuando el rival ha tirado. Otro dos más uno. Mierda.
-Claro. ¿Por qué lo preguntas? –respondo mientras los jugadores se colocan en sus posiciones.
-Por tu gesto… diría que no.
Miro de un lado a otro con desconfianza. Irons está lo suficientemente lejos. Está cerca de la zona arbitral gritando algo. Los gritos del público apenas me permiten oír. La actitud que están mostrando es ejemplar.
-¿A qué juega el capullo de Irons? Vale que no tenga ni puta idea de esto, pero podría mostrar un poco más de interés por el equipo.
Barry me sonríe.
-¿Qué está insinuando, jovencita? Voy a tener que controlar sus amistades.
Suelto una carcajada. Ya sé por dónde va.
-Barry, no me negarás que aquí está pasando algo raro.
-No soy quién para opinar, pero lo que me diferencia de otros es que sé morderme la lengua. Dar tu opinión libremente puede traerte problemas.
-Osea, que tú también lo crees.
Arqueo una ceja sorprendida. Jamás hubiera pensado que Barry preferiría callarse a decir lo que piensa. Siempre lo he considerado como un hombre sincero y honesto que se preocupa mucho por su familia y sus amigos.
Ya sé qué decir unas palabras u otras en un momento determinado pueden ser una auténtica bomba de relojería. El capitán anota una canasta en suspensión y aplaudo distraídamente. Vamos seis por detrás, y queda poco más de un minuto para el descanso.
Desde el banquillo puedo verlo todo. Tenemos más problemas de la cuenta con la defensa. Llegamos tarde a las ayudas, y dejamos desmarcadas a nuestras defensas. Y eso es exactamente lo que pasa. Chris llega tarde a una ayuda y comete falta cuando el balón va hacia canasta.
Enrico se levanta a mi lado y blasfema en italiano. Por sus gestos… diría que no está diciendo nada bonito precisamente. Para nuestra fortuna, el tiro libre no entra, y Chris se queda con el balón. El entrenador de Salt Lake City pide tiempo muerto.
-¡Valentine! –me grita Irons haciéndome una seña para que entre en la pista. Me levanto y animo a mis compañeros con palabras. Todavía no está todo perdido.
Me quito el chándal y me coloco la cerpa mientras nos situamos en círculo para escuchar a Irons. A ver con qué nos sorprende.
-Será un milagro si logran darle la vuelta a esto con la porquería que estoy viendo ahí fuera –pongo los ojos en blanco. Maldito cabrón. Chris tiene la mandíbula apretada, y apuesto cualquier cosa a que se está controlando para no decirle cuatro cosas -. Defensa cero. Ataque cero. ¿En qué piensan?
Realmente no estamos jugando mal del todo. No estamos teniendo mucha suerte. Eso es todo. Irons insiste una y otra vez en que debemos aplicarnos más en defensa, que hemos permitido muchas canastas fáciles.
Con sus berridos resonándome aún en los oídos, camino hacia la pista seguida por Wesker, Chris Joseph y Kenneth. Wesker pone en marcha el balón desde el lateral. Aguanto el balón con seguridad y espero. Mando el balón hacia la derecha, a Joseph. Hago un bloqueo y casi me caigo al chocar contra la mole que tengo delante. Joseph penetra un poco en la zona y vuelve a sacar el balón hacia Chris, que avanza de espaldas. Salen dos a marcarle. Se detiene y me la pasa. Se la envío a Wesker, que se levanta desde el perímetro, pero el balón no entra.
Los de Salt Lake City se quedan con la posesión. Es una lástima haber fallado esa oportunidad tan clara. Defendemos en zona. Sabemos que no tiran muy bien del exterior. Es con toda seguridad la última jugada antes del descanso, y debemos esforzarnos para que la sangría no sea mayor.
La recibe el capitán del equipo cerca del poste, donde Kenneth está vigilando. Estoy segura de que se lo va a poner difícil. Además, los casi dos metros que mide mi colega imponen bastante.
-¡Tira! –grita uno de ellos al ver que el tiempo de posesión se les está acabando. El tipo se da la vuelta… ¡y vaya tapón de Kenneth! El balón va directo hacia fuera, a la derecha de mi posición.
Corro hacia él y lo agarro justo antes de pisar la línea. Lo lanzo hacia el interior y me dejo caer sobre el banquillo. Me vuelvo a dar otro golpe en el costado, pero esta vez no me ha dolido tanto.
-¡Venga, vamos! –me anima Enrico ayudándome a levantarme y dándome un empujón hacia la pista.
Quedan cinco segundos. Echo a correr hacia la otra área. Chris tiene en ese momento la pelota en el perímetro. Está defendido de cerca por dos. Me mira. Me ve venir. Me pasa el balón y me levanto de tres cuando queda un segundo.
Suena la bocina, e instantes después, la pelota da en el tablero y entra. No puedo oír nada más. El rugido del público es ensordecedor. Levanto el puño y suspiro aliviada. Por fin he metido mi primera canasta.
Todos mis compañeros me felicitan con abrazos y halagos antes de poner rumbo al vestuario. Una ventaja de cinco puntos no es nada. El problema es que tenemos que remontar dieciséis.
Hasta aquí este capítulo. En el siguiente continuaré con el desenlace, donde sabremos que pasará... Muchas gracias a todos los que me seguís semana a semana.
