Capítulo 23

En cuanto entró en la gran habitación, Voldemort lo empujó abruptamente contra la pared. Sus brazos fuertes se posicionaron a cada lado de su cuerpo aprisionándolo. Izar no podía borrar esa sonrisa ridícula de su rostro mientras miraba al Señor Oscuro. El hombre entrecerró los ojos mientras trazaba cada línea y curva de su rostro.

La tentación era demasiado fuerte. Izar no pudo evitar acercarse para rozar la mejilla de Voldemort con la punta de los dedos. El Señor Oscuro no se apartó sino que parpadeó un par de veces antes de volver a centrar su mirada. La tensión estaba ahí, esa misma estática a su alrededor. Se acercó más hasta que sus labios estuvieron muy cerca de los de Voldemort. Izar lo quería, pero no podía hacérselo así de fácil.

Con una sonrisa traviesa, Izar escapó por debajo de uno de los brazos del Señor Oscuro y se apartó de la pared. "Ha pasado tanto," admitió en voz baja. "Que casi olvido que tengo que negarte lo que quieres." Caminó hasta el fondo de la habitación consciente de los hambrientos ojos que seguían cada movimiento.

"Eso no me preocupa tanto," comentó Voldemort. "Solo porque sé que te lo niegas a ti mismo al mismo tiempo."

Izar miró por sobre su hombro y alzó una ceja. "No estés tan seguro de eso."

Voldemort lo estudió por un segundo. "Querías impresionarme esta noche," adivinó asertivamente. Sus pupilas divididas se dirigieron a su elegante túnica. "Aunque te queda bien la preferiría blanca. Eso lo sabes, chico."

"Ah pero si alguien está lleno de sí mismo esta noche," dijo Izar. Volvió voltear, se sentía insalubremente cautivado en su presencia. "No haría algo tan tonto como intentar impresionarte vistiendo bien." Era un mentiroso. Y ambos lo sabían.

Voldemort esbozó una sonrisa maliciosa por toda respuesta.

Izar suspiró por lo bajo y se quedó mirando una gran mesa de caoba llena de lujosa comida y postres. "¿No es en serio verdad? ¿Lucius?" preguntó acercándose más a la mesa. Todo estaba acomodado perfectamente. Las frutillas eran como rubíes, los mangos eran de una anaranjado sinuoso, las frutas eran suculentas y los chocolates estaban decorados con elegancia en blanco y negro.

"Por supuesto," comentó Voldemort. "Sólo lo mejor para mí." Hizo una pausa como si estuviera considerando algo. "Tal vez sería práctico que tomaras una hoja del libro de Lucius de cómo tratarme."

El joven mago resopló ante la idea. "No," murmuró inclinándose para inspeccionar qué postre le apetecía más. "Solo disfruto aprovecharme de estar tan cerca de ti." Izar tomó una frutilla y mordió con avidez. "Además, consentirte sería demasiado trabajo. ¿Qué hay de divertido en eso?"

"Efectivamente," respondió Voldemort. "No queremos que te esfuerces demasiado."

Izar miró al Señor Oscuro preguntándose cómo debía proceder. Olvidando los juegos, ambos tenían temas que tratar, cosas que pedir o demandar. No sabía que sería lo más conveniente. Provocarlo o discutir. Las dos ideas lo excitaban.

El heredero Black se volteó apoyándose contra la mesa a su espalda. "Tengo un regalo pata ti," confesó iniciando una estrategia. Era mejor exhibir un premio frente al Señor Oscuro antes de demandar nada.

Los ojos carmesí brillaron hasta tornarse rojo sangre. "¿En serio? ¿Un regalo de Navidad?"

Izar inclinó la cabeza hacia un lado considerando. "Podría considerarse un reglo de Navidad, pero prefiero que sea por tu cumpleaños. Sé que es a fines de diciembre." Se aclaró la garganta tratando de no reír. "Ochenta este año ¿no? ¿O ya estás cerca de los noventa?"

Voldemort permaneció impasible ni siquiera bizqueando ante la burla. Seguía junto a la pared y no parecía dispuesto a moverse. "Debo confesar que extrañaba tu descaro y comentarios exasperantes," dijo con seriedad. "Pero no dejes que se te suba a la cabeza. No fue un cumplido solo una afirmación." Voldemort dejó pasar el comentario y finalmente se apartó de la pared y comenzó a caminar lentamente hacia Izar.

Éste esperaba haber controlado su expresión a tiempo con la confesión. No era común que el hombre admitiera una vulnerabilidad. Sin embargo le encantaba. Los dos habían extrañado la presencia del otro. Y aunque su convivencia no fuera sencilla, se sentían cómodos. Disfrutaban sus desafíos mutuos… o… en el caso de Izar, intentos de.

"¿El regalo?" inquirió Voldemort cambiando el tema de conversación.

"El regalo," repitió Izar. "Te lo daré después que tratemos algunos temas. Hay cosas que tenemos que aclarar."

Izar le lanzó una mirada mordaz. "Quiero saber si estas satisfecho." Cuando Voldemort alzó las cejas con curiosidad, Izar elaboró. "Con mi lealtad. Quiero saber si estas satisfecho con mi lealtad," demandó. "Esa prueba que me pusiste con Scrimgeour fue excepcionalmente insultante para mí. ¿Renuncié a muchas cosas por ti y ni siquiera puedes apreciar la extensión de mis sacrificios?"

"Era necesario," explicó Voldemort con calma ciego al parecer a la ira de Izar. "Pero puedo asegurarte que no fue solo una prueba. Lo que discutimos en San Mungo después del ataque de tu padre era la verdad. Estabas débil. Y por eso te suspendí de los Mortífagos. No me arrepiento de mi decisión y lo haré de nuevo si vuelven a darse las circunstancias."

La afirmación era una advertencia disfrazada. Si Izar tenía otra decaída, Voldemort iba a alejarlo de la armada y hacer que se reconstruyera. Hacía que se sintiera como un niño petulante. ¿Acaso no había cambiado ni un poquito en un año la manera en que el Señor Oscuro lo consideraba? Izar creía haber mejorado desde el año pasado, pero tal vez no.

"Entiendo eso perfectamente. Lo que no entiendo es por qué fuiste con Scrimgeour a sugerirle que trate de manipularme."

"¿Trate?" susurró Voldemort encantado. "Desde mi punto de vista diría que a pesar de su falta se sutileza tuvo bastante éxito."

"Supe en el instante en que cambió su táctica que trataba de manipularme. Y enseguida supe que eras tú el que susurraba en su oído, maldito bastardo," siseó Izar mientras su visión volvía a ponerse borrosa. "La única razón por la que tuvo éxito fue porque los subestimé a él y a Oran. Para ser alguien tan brusco y apresurado, Scrimgeour fue bastante paciente y discreto en sus planes. Pero eso fue solo porque Dumbledore metió su retorcida barba."

Izar respiró profundamente por costumbre para calmar su temperamento. Entre más furioso se ponía más aumentaba su dolor de cabeza. El cansancio por crear el Horrocrux se estaba haciendo notar.

"¿Acabo de poner el dedo en la llaga?" preguntó Voldemort. "Es exactamente de lo que te había advertido ¿no es así? Justo como un gatito… tú y tu curiosidad. Tu fascinación con las personas y las cosas no es saludable."

Izar se apartó de la mesa y comenzó a deambular. "Admites haberle dado a Scrimgeour la idea de manipularme solo para probar mis lealtades. Pero luego afirmas que querías enseñarme una lección, una que me advirtiera que aun la gente más predecible tiene sorpresas." Juntó las manos tras su espalda acariciando su anillo plateado subconscientemente. "¿Cómo es entonces, mi Señor? ¿Por qué ayudaste a Scrimgeour solo para mortificarme?"

El Señor Oscuro se movió con lentitud hasta sentarse en la silla de cuero; su expresión indiferente como siempre. "¿Quién dice que no pude haberlo hecho por más de una razón? Tengo que admitir que hasta yo estaba sorprendido de lo regalado que estaba." La voz del hombre estaba saturada de arrogancia. "No solo evitaba que Scrimgeour te echara del Departamento de Misterios un mes antes, sino también podía probar tus lealtades y enseñarte una importante lección."

Izar soltó una carcajada, de alguna manera no le sorprendía la actitud del hombre. "Me pregunto," comenzó con sospecha. "Si no eres la clase de mago que actúa sobre la marcha sin pensarlo. Los resultados hacen parecer como si calcularas cada paso. Pero en realidad, solo seguiste la corriente." Izar observó cómo una pequeña sonrisa apareció en los labios de Voldemort. "Y por supuesto, al final del día solo te sientas frente a un vaso de whiskey y piensas cómo hacerlo parecer como si lo hubieras planeado todo."

Voldemort solo negó con la cabeza. "Supongo que nunca lo sabrás, chico."

"Sí lo haré," juró Izar. "Algún día… algún día voy a conocerte de adentro hacia afuera." Dio un paso en dirección a Voldemort antes que el Señor Oscuro lo convenciera de lo contrario. "Pero aun no respondiste a mi pregunta ¿Estás satisfecho con mi lealtad?"

Voldemort lo estudió por un largo rato. Juntó sus largas uñas debajo de su barbilla. "Creo que conoces la respuesta a esa pregunta, chico."

Izar se detuvo frente al Señor Oscuro, sus rodillas rozándose. El joven estaba de pie disfrutando de mantenerse erguido en la presencia de Voldemort mientras él permanecía sentado. Naturalmente, el hombre hacía que pareciera como si él estuviera en una posición superior.

El heredero Black se inclinó apoyando una mano en cada apoyabrazos. "Creí conocer la respuesta cuando casi me vuelvo demente frente a los Dementores por ti. Si no entonces, creí conocerla cuando renuncié a mi mortalidad por ti. Y si esas no fueron suficientes, tal vez… cuando dejé a mi familia por ti." Sus rostros casi se tocaban y ninguno apartaba la mirada. "Hice muchos sacrificios por ti, sacrificios que sé que por mucho que lo desee nunca voy a recuperar. ¿Cuándo vas a empezar a notar que soy leal? ¿Qué puedes confiar en mí?"

El ataque de Voldemort fue tan rápido como el de una serpiente furiosa. Esas manos tibias se cerraron en torno a la garganta de Izar acercándolo más. Éste se vio forzado a mirar a la pared por sobre el hombro de Voldemort mientras el hombre inhalaba su aroma y rozaba sus labios contra la delicada piel expuesta.

"La confianza que te doy no es la misma que a cualquier Mortífago. Y tu lealtad no se compara con la de un seguidor común." Sus dientes hicieron contacto con su cuello, sorprendentemente no lo bastante fuerte para hacerlo sangrar. "Estas pruebas, estos sacrificios fueron necesarios. Sin importar lo dolorosos que fueran para ti."

Izar se apartó apretando con fuerza las muñecas del hombre hasta que éste soltó su cuello. "¿Tengo tu confianza?" repitió con brusquedad.

La mirada de Voldemort se ensombreció de manera siniestra. "Si,"

A pesar de la pequeña victoria de Izar al lograr que Voldemort lo admitiera, ambos sabían que la confianza podía desmoronarse en un instante. Había una advertencia en los ojos del Seño Oscuro, una que susurraba que habría consecuencias si Izar se atrevía a abusar de esa confianza o romperla.

El joven mago no tenía intenciones de hacerlo.

"Eres un criminal buscado," continuo Voldemort con fluidez como si no acabara de confesar una vulnerabilidad.

Era obvio que el hombre estaba incómodo con el tema e Izar no podía culparlo. Había sido incómodo para él preguntar, pero necesitaba saber que las pruebas de lealtad de Voldemort habían terminado. Claro que aun habría desafíos e Izar los esperaba con ansias, pero ya no habría trampas que lo insultaran a él o a sus sacrificios pasados.

"A pesar de tu impresionante exhibición de poder la noche del ataque, cometiste un grave error."

Izar alzó la barbilla, inmediatamente poniéndose en guardia. "¿Por qué lo dices? No tenía alternativa. O revelaba ser un Mortífago o permitía que los otros perdieran su magia."

"No estoy hablando de tu revelación. Me refiero a la cacería que iniciaste después." Al ver la expresión desconcertada de Izar, Voldemort sonrió. "No creíste que no sabía lo que hacías ¿verdad? Sabía que los Inefables estaban desapareciendo, muriendo antes de que el público se diera cuenta. Fuiste en busca de aquellos que ayudaron con el invento. ¿El único problema? Te olvidaste del mago más importante involucrado."

"Oran," Izar escupió el nombre con asco. "Él no importa." Le dio la espalda al Señor Oscuro sentado, consciente de los ojos taladrándole la nuca. La magia del hombre siempre le cosquilleaba, lo atraía y advertía a la vez. Siempre con una advertencia.

"Oran es una niño patético que necesita figuras poderosas como Dumbledore o Scrimgeour que lo guíen de la mano," trató de defenderse. Odiaba sentirse frustrado por el comentario de Voldemort. Y odiaba la verdadera razón por la que todavía no había matado a Conner Oran. "Necesitaba al equipó de Inefables para que lo ayudaran con el invento. Estará demasiado asustado para pensar en repetirlo."

"Querías guardarlo para el final," murmuró el Señor Oscuro. "Lo querías consciente de las muertes de sus camaradas. Necesitabas que supiera que él era el siguiente. Algo bastante egoísta e infantil de tu parte, Izar. Especialmente porque él fue el cerebro detrás del invento. "Voldemort lograba provocarlo y parecía hacerlo sin esfuerzo.

La humillación era demasiado. Principalmente después de lo mucho que Izar estaba luchando por controlar su temperamento, no quería escuchar las opiniones de Voldemort en este asunto. "No se haga el superado conmigo, mi Señor," susurró Izar. Miró al Señor Oscuro, no encontraba razón para tomar las palabras del hombre en serio. "Es algo hipócrita de de tu parte llamarme la atención por mis placeres culpables. Después de todo, tú eres el que queda ciego al mundo cuando se trata de tortura."

En cuanto lo dijo Izar se dio cuenta que no debería haberlo hecho. A veces podía burlarse y mencionar las debilidades de Voldemort, pero el tono de voz que acababa de utilizar era increíblemente irrespetuoso. A pesar de su relación y la confianza que había entre ellos. Izar tenía que recordar que Voldemort era un Señor Oscuro y su Amo. Había límites que tenía que recordar.

Y acababa de cruzar uno.

Las sombras parecieron ceñirse en torno a Voldemort mientras este se ponías de pie, así parecía más alto de lo normal. Su sensibilidad a la magia podía ver el aura oscura vibrando lívida.

"Y tú no volverás a hacerte el superado conmigo," siseó Voldemort.

Izar frunció los labios y apartó la mirada en sumisión. Se preguntaba si el Señor Oscuro estaba enojado porque había señalado su única verdadera debilidad. Seguramente el hombre creía que no tenía debilidades y se negaba a que alguien las nombrara.

El tema de la fascinación que Voldemort tenía con la tortura también lo había tenido preocupado en cuanto a la guerra y el futuro, a su futuro eterno.

Había muchas cosas que quería aclarar pero sabía que el Señor Oscuro nunca era muy paciente cuando se trataba de largas conversaciones.

"Es verdad que solo quería que temiera mi llegada," admitió Izar en voz baja. "Pero voy a encontrarlo. Estoy seguro que Lucius puede averiguar dónde lo esconde el Ministerio. Ninguna barrera puede detenerme." Podía estar hablando de pura arrogancia pero ahora que tenía de nuevo su sensibilidad a la magia podía remover cualquier escudo con facilidad.

La risa siniestra del Señor Oscuro hizo que Izar alzara la mirada con curiosidad.

"Me diviertes, chico," comentó Voldemort. "¿En serio crees que voy a dejar que te alejes de mi protección ahora que eres un criminal buscado? Tu libertad se acabó. Si sales de esta Mansión o de la base necesitarás mi permiso y, esencialmente, mi protección."

Y súbitamente, la independencia y libertad que tanto había disfrutado las últimas cuatro semanas le fue arrebatada. Ahora estaba de nuevo en la red de Voldemort, una que cerraba cuatro firmes paredes a su alrededor y prevenía cualquier movimiento sin la aprobación del Señor Oscuro.

Izar inclinó la cabeza y comenzó a reír por lo bajo. Su risa fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una carcajada. Una risa histérica. "Ni siquiera sé por qué me molesto contigo," jadeó. Se sentía atrapado, claustrofóbico. El hecho de que no necesitaba oxígeno pero le estaba costando respirar evidenciaba su estado mental y emocional.

Incapaz de soportar esa habitación un segundo más, Izar pasó al lado de Voldemort y salió al pasillo. La penumbra en el corredor lo engulló y tuvo que someterse. Sus hombros y cuello se inclinaron hacia adelante. Lentamente apoyó una mano sobre la pared de piedra para balancearse. Aunque las sombras velaban su rostro sabía que Voldemort, que lo seguía por detrás, podía notar su estado deteriorado.

¿Así iba a ser de ahora en más? ¿Los ojos del Señor Oscuro siempre sobre él?

Por supuesto que no.

¿Qué le sucedía? Simplemente porque estaba inestable al crear el falso Horrocrux no quería decir que tenía que perder el sentido común.

Izar enderezó los hombros ignorando sus mareos. Vivía para molestar a Voldemort. Sabía que sería tan independiente como siempre, solo porque él se aseguraría de eso. El Señor Oscuro podría tratar de mantenerlo encerrado, pero el heredero Black solo iba a tratar de escapar. Escabullirse de la Mansión Malfoy o de la base del Señor Oscuro no podía ser tan difícil. Se aseguraría de eso.

Sus pies no resonaban en el piso mientras subía las escaleras en dirección a la habitación que había utilizado el año pasado. Ya podía sentir la magia oscura que había colocado en Nagini.

Izar decidió que no iba a dejar de dársela a Voldemort solo porque habían tenido otro desacuerdo. El hombre era un bastardo y era de esperarse. De cualquier manera, Izar necesitaba deshacerse de Nagini y podría irse a dormir después de dársela al Señor Oscuro.

"No te lo mereces," dijo Izar a la sombra que lo seguía. "Pero es prudente que recibas tu regalo lo antes posible."

Fue un alivio notar que su habitación era la misma que la del año pasado. Encontró su baúl junto a la cama gigante. A sus espaldas, en cuanto Voldemort entró, Izar cerró la puerta con su varita.

El hombre permaneció en silencio mientras se arrodillaba frente a su baúl. Agitó su varita frente a los cerrojos y éstos se abrieron. Izar esbozó una sonrisa torcida, orgulloso de sí mismo cuando notó la atracción que producía Nagini. No sabía si Voldemort también podía sentirla.

"Aquí," dijo Izar ofreciéndole la canasta al Señor Oscuro feliz de haberle puesto un encantamiento para hacerla pequeña por fuera y grande por dentro.

Voldemort miró la cesta con sospecha negándose a tomarla. Era obvio que el hombre podía sentir la magia poderosa en el objeto. Los ojos carmesí lo miraron directo y lo estudiaron con cautela. Frunciendo el seño, Voldemort tomó asiento al borde de la cama de Izar y abrió sus manos en aceptación. "¿Tengo que ponerme en guardia?"

Izar gruñó. "Ábrelo."

El Señor Oscuro tomó la canasta y la colocó sobre su falda. Lentamente comenzó a abrirla mientras Izar se acercaba estudiando su reacción.

Nagini, como frustrada por haber estado en su prisión todo el día, se lanzó con rapidez. Voldemort igualó sus reflejos y cerró su mano sobre sus fauces abiertas. La sostuvo con firmeza del morro, controlando sus movimientos. La serpiente y el hombre se miraron a los ojos. Con interés por parte de Voldemort y cautela de Nagini.

"Una serpiente," comentó Voldemort con placer. "Una muy atractiva serpiente." Inhaló con fuerza. "También es la dama que había olido en ti."

Izar presionó su frente contra el baúl en exasperación. "Tonto," murmuró como reprimiéndolo. "¿Es todo lo que crees que es?"

Voldemort le dirigió a Nagini una última mirada complacida antes de forzarla nuevamente en la cesta. Izar se quedó mirando, mitad divertido y mitad preocupado por la cordura de la serpiente. Sus ojos lo acusaron desde su jaula antes de que Voldemort la cerrara.

"Ella esperaba poder hablar contigo," Izar se sintió inclinado a defender a la gran serpiente.

"Eso puede esperar," respondió Voldemort con brusquedad inclinándose para agarrar a Izar por el cuello de su túnica. Y tan rápido como había detenido la acometida de Nagini, lo alzó del suelo y lo subió a la cama.

Antes que Izar pudiera comprender por completo su posición, unos dedos largos aferraron su cabello y tiraron su cabeza hacia atrás para exponer su garganta. Luego sintió unos labios posesivos en su cuello.

"Es mi Horrocrux," respondió Voldemort a su primera pregunta. "Es impresionante. eres impresionante," susurró con voz ronca contra la piel húmeda del cuello de Izar.

Ahora, esto era algo a lo que Izar podía acostumbrarse. El hombre podía continuar si lo deseaba…

Gimió suavemente, nunca se había sentido tan estimulado como ahora. Él estaba sobre Voldemort. ¿Lamentablemente? No lograba excitarse. La fatiga confundía sus ideas y su visión volvió a ser borrosa. Sus ojos rogaban por un descanso. Izar luchó por ponerse a la altura de las circunstancias—algo que sabía probablemente no se repitiera.

Control. Aquí estaba, sobre el Señor Oscuro y en lo único que podía pensar era en lo tentadoras que se veían esas almohadas en el cabecero de la cama.

Voldemort pareció notar la falta de excitación de Izar porque invirtió sus posiciones abruptamente. El Señor Oscuro estaba duro y pesado, la evidencia presionaba contra la pierna de Izar. El joven mago jadeó por la sorpresa, apenas sí consciente de su posición.

Esta era la primera vez que Voldemort se había echado completamente sobre Izar. El peso era abrumador y la postura era posesiva y dominante. Si así lo deseaba, podía luchar por salir de abajo, pero se encontraba conforme en su posición actual. El colchón en su espalda era increíblemente suave…

Cerró los ojos fingiendo placer mientras Voldemort frotaba su entrepierna por sobre su túnica en un intento por excitarlo.

Izar solo podía pensar en cómo el día había sido todo un éxito. Había aparecido ante los Mortífagos después de una larga y sospechosa ausencia, había matado uno de los últimos Inefables que habían intervenido en el invento de Conner, había creado un Horrocrux para que buscaran los magos de la luz y se había desenvuelto bien frente a Voldemort.

Con eso en mente, Izar cayó dormido.

(Death of Today)

"Black."

La voz no era muy fuerte e Izar se mantuvo en estado de semiinconsciencia. Hasta que el llamado persistió.

"¡Black!"

Izar despertó, somnoliento y confundido. Un hilillo de baba mojaba la esquina de su boca y la sábana. Por un momento se quedó viendo su cuerpo aun vestido—su túnica de vestir toda arrugada. Sus pies, aún con zapatos, colgaban por el borde de la cama.

Entonces recordó todo.

Su mente se aclaró al ver al hombre sentado en la silla junto a su cama. Voldemort se había cambiado la túnica, prueba de que no había pasado la noche en la habitación de Izar y de que era un nuevo día. Nagini estaba encantada, toda enroscada sobre los hombros del Señor Oscuro, prácticamente ronroneando mientras el hombre acariciaba la piel sensible bajo su mentón. Los dos lo miraban con disgusto, ambos por razones distintas.

"Hazme el favor," murmuró Voldemort con calma. "De invitar a tu invitado a pasar. Ansío saber qué tiene que decirte el joven Malfoy."

Izar se sentó y frotó sus ojos con las palmas de las manos. Recién comenzaba y el día ya no se veía muy bien. ¿Despertar para encontrarse con un Señor Oscuro molesto y un Malfoy desesperado? Al menos su cansancio había disminuido, sólo dejándolo desorientado por la larga siesta que había tomado.

"Siempre que puedas desaparecer," contrarrestó Izar. El joven mago se levantó al oír otro golpe en la puerta. No sabía si podría reunir la paciencia para lidiar con Draco Malfoy.

"Demonios, Black, abre esta—"

Teniendo fe en que el Señor Oscuro se ocuparía de desaparecer, Izar abrió la puerta de par en par y frunció el seño en dirección a Malfoy. "Me gustaría informarte que has tenido éxito," siseó.

Draco estudió su apariencia antes de invitarse a la habitación. "¿Y en qué?" preguntó el rubio. "¿Despertarte?"

"No," respondió Izar cerrando la puerta. "En hacerme creer que eres un mocoso imposible de soportar."

Con ojos similares a los de su padre, Draco miró alrededor de la habitación. Por suerte ni el Señor Oscuro ni Nagini estaban a la vista. Solo estaba la cama desordenada. Viendo el colchón, Izar no pudo evitar pensar en lo que había pasado la otra noche.

No podía creer que se había quedado dormido mientras Voldemort trataba de excitarlo. Hubiera sido una oportunidad si Izar no hubiera caído inconsciente. Estaba listo para tener sexo. Y anoche Voldemort había estado lo bastante complacido con él como para permitirle algo de control. Algo era seguro, el Señor Oscuro iba a ser totalmente insoportable la próxima vez que las cosas llegaran tan lejos.

"El sentimiento es mutuo," concordó Draco.

Izar apartó la mirada de la cama y la dirigió al mago a su lado. Prestándole atención al heredero Malfoy, podía notar que estaba con problemas. Aunque lo ocultaba bien, su mejorada visión podía ver los círculos negros alrededor de sus ojos enrojecidos y su pálida tez… todos signos de algún agotamiento emocional. Izar hasta podía ver que el aura de Malfoy estaba apagada, titilando como desesperada antes de volver a aclararse.

Volteó lentamente fingiendo no haber notado el estado del chico. Dudaba si no decirle a Malfoy que debían hablar más tarde en privado, pero por otra parte no le importaba para nada que el Señor Oscuro los oyera.

"¿De qué querías hablar conmigo?" preguntó Izar. "¿Tiene algo que ver con lo que Daphne quería comentarme anoche?"

El chico dejó escapar un suspiro cauteloso mientras tomaba algo del escritorio. Izar lo estudió de cerca notando cómo presionaba los labios con fuerza.

"No quería acudir a ti. Pero no tuve otra opción. Daphne me convenció de que ayudarías."

"Voy a ayudarte si puedo," respondió Izar con escepticismo. "Si sé lo que es."

Draco continuó evitando su mirada mientras trazaba con los dedos las curvas del pisapapeles de vidrio. "El Señor Oscuro me encomendó una misión."

Izar se enderezó inmediatamente, listo para intervenir, pero Malfoy continuó.

"Una misión para probar mi valía, mi lealtad. Si tengo éxito voy a ser promovido al segundo rango. Él lo dijo. Dijo que si la completaba sería digno de avanzar. Y como mi padre, algún día sería del Círculo interno." Draco volteó mirando a Izar con fiereza. "Quiero esto más que nada, Black."

Había dos clases de Mortífagos. Algunos como Lucius, los Lestrange e Izar que eran crueles—fuertes—y tenían cierta demencia. Y luego estaban los otros Mortífagos que seguían con la corriente porque creían que era lo que se esperaba de ellos o querían encajar en el molde. Draco era de estos últimos. Quería la aprobación de su padre.

"¿En serio?" susurró Izar. "¿O crees que tu padre lo quiere más que tu?"

Draco lo miró antes de dejar el pisapapeles con fuerza en el escritorio. "Sabía que no ayudarías. Fui un tonto en venir aquí. Olvídalo, Black."

Izar alzó la mirada haciendo acopio de toda la paciencia que tenía antes de detener a Draco por la muñeca. "Deja de sentir lástima por ti mismo, Malfoy," lo reprendió. "Dije que ayudaría si sabía lo que era. Todavía no me dices."

No presionaría en su status de Mortífago. El chico podría ser un gran político, pero parecía estar solo enfocado en destacarse en la armada.

Draco suspiró entre dientes mirando a Izar. "Quiere que encuentre una manera de introducir a los Mortífagos en Hogwarts."

Izar soltó su muñeca y su mente se congeló por la sorpresa. Probablemente Voldemort estaba molesto porque Draco había contado a alguien de su misión. Aunque sí era obvio que a juzgar por la sombría apariencia del chico, no lo estaba llevando bien.

"Hay un armario, dos en realidad," continuó Malfoy. "Es un pasaje entre dos lugares—"

"El armario evanescente," dijo Izar, recordaba haber leído sobre eso en uno de sus libros. Malfoy lo miró con desdén por saberlo. Izar lo dejó pasar. "Es una idea bastante brillante. ¿Dónde está en Hogwarts? ¿Dumbledore no lo quitó todavía?"

Malfoy miró hacia abajo mientras se acomodaba la túnica. "Uno está en la Sala Multipropósito y otro en Burkes. El Director aun no se da cuenta de su importancia." Draco miró a Izar con algo de desesperación. "Lo intenté todo. Cada vez que coloco algo me es devuelto muerto o… o completamente destrozado." El chico tenía una expresión trastornada en sus ojos.

Izar parpadeó y rió con suavidad. No fue su intención, pero lo hizo y Malfoy lo oyó.

"¿Crees que esto es gracioso?"

"En realidad no," respondió Izar controlándose. Le dio la espalda a Malfoy sonriendo a la pared para expresar su diversión. El chico estaba histérico. No tenía nada de malo en que Izar lo encontrara gracioso. "Confieso que no conozco todas las propiedades del Armario Evanescente. Voy a tener que investigar al respecto. Pero o bien tienes problemas en la recepción del objeto en Burkes o en el armario de Hogwarts."

Simplemente estaba pensando en voz alta, preguntándose si era posible ayudar a Malfoy si no podía ver el Armario personalmente.

"¿Vas a ayudarme?" preguntó Draco.

Buen chico. El rubio se había recuperado de su desesperación y ahora exhibía su máscara fría que Lucius era famoso por haber creado. Y aun así… había algo más en su tono. Algo que Izar pudo identificar como vacilación.

"Tal vez," comenzó. "Puede que sea capaz de viajar a Borguin & Burkes y verlo más de cerca. Pero…" se volvió y miró a Draco con los ojos entrecerrados. "Solo si me dices qué más te está molestando."

Draco se enderezó y resopló. "No sé de qué hablas."

Izar dio un paso hacia adelante. "Yo creo que si. Aunque, si no me dices, puedes ir con nuestro Señor y contarle cómo no puedes completar la misión que te asignó. Estoy seguro que estará más que complacido—"

"Eres igual a Bella," lo acusó Draco con brusquedad. "Los dos tienen ese tono dulce, pero debajo de ese brillo demente hay una perra traicionera."

"Vamos, vamos," lo reprendió Izar con suavidad. "Una cosa es que me acuses de ser una perra, pero otra es que permitas que tus celos hablen por ti." Ignoró la mirada indignada de Draco. "A veces creo que hubieras encajado mejor de mi lado de la familia. Si hubiéramos podido cambiar de lugar…" se calló pensando en cómo sería su vida si Lily se hubiera acostado con Lucius en vez de Regulus.

Pero rápidamente dejó de pensar en eso.

Aunque Draco hubiera encajado bien con Regulus y Sirius e Izar con Lucius, los dos sobrellevaban bastante bien sus situaciones. Izar con la demencia de los Black y Draco aceptando los mimos de su madre y padre.

Malfoy negó con la cabeza como para aclarar su confusión. "Eres totalmente ridículo Black. No tengo idea de qué estás hablando. Otra vez."

Izar sonrió pasando junto a Draco y hacia la puerta. "Solo estoy informándote que no vas a obtener mi ayuda a menos que me digas lo que te está molestando en realidad, además de no ser capaz de de arreglar el Armario Evanescente."Se apoyó contra la puerta y le ofreció al chico una sínica sonrisa. "Los insultos no van a ayudarte en nada."

Como había predicho, el chico siseó con furia. Se notaba su lucha por mantener su rostro confiado y frío contra su temperamento de niño consentido. Izar sabía que Lucius lo había criado mal. Se había enfocado en lo que Draco debía ser, pero en la privacidad de su hogar padre y madre lo consentían—volviéndolo un mago que tenía todo lo que quería y no aprendía de sus errores.

"Quiero…" Draco respiró hondo cruzándose de brazos. "Hogwarts es mi casa fuera de la mansión Malfoy. Solo quería que le pidieras al Señor Oscuro que no destruyera el castillo en su ataque y tal vez no matara a la mayoría de los estudiantes…"

Izar podía ver que arreglar el Armario Evanescente no era lo que le estaba molestando a Draco. Era el ataque en sí, lo que sucedería después que lo lograra.

"Me intriga," susurró Izar "que te intereses tanto por los estudiantes que juraste que odiabas." Presionó con fuerza la manija de la puerta mientras estudiaba a Draco con cuidado. Otros debían haber notado esas sombras debajo de sus ojos. Izar tenía que admitir que cualquier otro chico de diecisiete años en la posición de Draco estaba en todo su derecho de actuar así. Eran niños, hijos de magos oscuros, pero niños al final. No sobrellevaban con facilidad la muerte y la destrucción.

"¿Es l cuerpo de estudiantes el que quieres salvar? ¿O una persona en particular que no apoya a la oscuridad?" presionó Izar estudiando la reacción del chico.

Malfoy inclinó la cabeza. "No me hagas responder eso."

La respuesta confirmaba sus sospechas. La única pregunta era a quién quería salvar. Izar recordaba que Draco se enfocaba primeramente en su odio por esa sangresucia de Revenclaw, Granger y Weasley por supuesto. ¿Podía ser ese odio su manera de ocultar lo que sentía en realidad?

"Sabes que no puedo pedirle nada al Señor Oscuro. ¿Qué te hace creer que puedo hacerlo cambiar de opinión si quiere destruir Hogwarts?" Izar decidió no presionar con los deseos secretos de Malfoy.

"Si algún Mortífago puede hablar abiertamente con el Señor Oscuro, eres tú," dijo Malfoy. "Te mira como con estrellas en sus ojos. Tú eres su favorito. ¿En serio crees que soy tan ciego como para no notarlo?"

"Me estoy cansando de esto," dijo Izar. "Voy a informarte cuando salgamos para Bogin & Burkes. Hasta entonces, puedes retirarte."

Antes que pudiera abrir la puerta para despedir a Draco, el rubio se detuvo frente a él. Su mano cálida se apoyó sobre la suya helada. "No eres ni de cerca tan cruel como te gusta creer que eres," Draco se acercó más tratando en vano de agregarse unos centímetros para poner sus ojos al mismo nivel. "Sé que tienes unos poco magos elegidos por quienes harías cualquier cosa con tal de protegerlos. Un complejo de héroe, supongo. Y aunque probablemente no encajo en esa categoría, sé que tienes una clase de punto débil por mí. Y espero nunca hacer algo para destruirlo. Aprecio tu ayuda."

El rubio apartó su mano y dio un paso atrás. Izar se recuperó con rapidez y abrió la puerta al mago mayor, preguntándose si había más del heredero Malfoy de lo que había creído. El chico estaba al borde de la adultez, perdiendo algo de su inocencia. Tal vez en unos años Izar podría reevaluar su carácter y ver más a un joven Lucius que a un heredero Malfoy consentido.

Mientras abría la puerta, Izar notó que había otro rubio justo afuera. "No sé si pueda soportar más Malfoy esta mañana…" comentó más emocionado al ver a Lucius que molesto.

Lucius miró a su hijo con severidad mientras Draco lo esquivaba y desparecía por el pasillo. "Lamentablemente, no vine aquí a hablar contigo," murmuró volviéndose hacia Izar y estudiando con sospecha su desaliño. "Hay alguien que quiere verte. He intentado echarlo de mi propiedad, pero insiste…"

La expresión de Izar se ensombreció al ver aparecer a Sirius es su uniforme de Auror. Le ofreció a su sobrino una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos. "Hola chico."

"Sirius," lo saludó Izar ominosamente y sus ojos verdes se dirigieron a Lucius. "Gracias, Lucius." Se suponía que era una despedida, pero Malfoy permaneció donde estaba.

"No aprecio la influencia que este vagabundo tiene en ti, tampoco la de tu padre," susurró siniestramente mientras sus ojos color del hilo estudiaban a Sirius de cerca. "Acordé a que lo vieras solo porque amenazaste con introducir a un pelotón de Aurors en mi casa. Pero no consentí a que conversaran."

Izar solo deseaba haber estado ahí. Lo que no apreciaba era ser observado todo el tiempo como si tuviera niñera. "Respeto tu posición como Lord de la casa Malfoy, Lucius, y tienes el control de las protecciones de tu casa. Si crees que hay que echar a Sirius siéntete en la libertad de hacerlo. Por otra parte, me gustaría pedirte que nos concedieras unos minutos."

Sirius se apoyó contra el marco de la puerta observando la interacción. Igual que Draco, su tío mostraba signos de fatiga emocional. Esas semillas de duda que Izar había plantado en su mente parecían haber tenido efecto. Y pensar que Sirius lo había buscado a él en vez de ser al revés, era prueba de que había logrado manipular a su tío.

"Nada me gustaría más que otorgarte eso," respondió Lucius mirando hacia el pasillo. "Sin embargo nuestro Señor me ordenó específicamente que escolte al Señor Black fuera de la residencia en cuanto te viera. Ni un minuto después. Hay otros Aurors en la zona que querían revisar la mansión para buscarte. El Señor Black los convenció que él sería quien debía hacerlo arriba." Lucius sonrió. "Cómo logró algo así está fuera de mi comprensión."

No tendría que sorprenderle que el Señor Oscuro estuviera detrás. Expandiendo u sensibilidad a la magia notó que ya no podía sentir a Voldemort en la habitación. ¿Cuándo se había ido? Era tonto de su parte no permanecer consciente del Señor Oscuro. Y por la barba de Merlín, el hombre era imposible.

"Necesito hablar contigo," interrumpió Sirius. "Es sobre nosotros. Sobre Regulus y Lily… es importante."

Izar los miró a los dos, notó como Lucius se acercaba a Sirius—listo para usar la fuerza de ser necesario. Suspiró antes de voltear y comenzar a desvestirse. Lucius hizo una mueca en desacuerdo pero él no le prestó atención mientras se quitaba su túnica arrugada y tomaba una negra simple. Con suerte la costura plateada fuera suficiente para satisfacer el sentido de la moda de Lucius.

"Yo voy a escoltarlo hasta afuera, Lucius."

El rubio parecía a punto de contradecirlo pero se contuvo. Con una leve inclinación Lucius se marchó. El hombre era bastante sobre protector cuando de Izar se trataba. Nunca le había gustado Regulus y creía que era una mala influencia para él.

"Ricachón presumido," gruñó Sirius mirando la espalda de Lucius con una sonrisa mordaz. "Te tratan como un prisionero, Izar. No entiendo cómo los soportas."

Izar salió de su habitación y tomando a Sirius del codo lo guió por el corredor. A pesar de ser media mañana el sol aun no entraba en las profundidades de la mansión. "Y yo nunca voy a entender por qué insistes en seguir a un hombre cuyas morales están tan arrugadas como sus testículos."

Sirius no tenía otra opción que seguir a Izar. El hombre se rascó la barba con su mano libre mientras se formaba una pequeña sonrisa traviesa en su rostro. "Eso no puedo discutírtelo, chico."

"Las bromas para otro momento, ¿Por qué viniste, Sirius?" persistió Izar mientras guiaba a su tío por un oscuro pasillo. Los políticos invitados a la mansión Malfoy durante las fiestas seguramente ya estaban despiertos, disfrutando un suculento desayuno en el salón principal mientras loa Mortífagos permanecían en el patio trasero otra vez.

El rostro de Sirius se contrajo en una mueca lastimera mientras miraba por el pasillo. "No quiero que creas que toda tu familia te abandonó. Regulus se siente terrible, Izar. Está en Grimmauld Place cuidando de Aiden y ha estado re mal."

"Lo visitas. Eso es bueno. Y yo que creía que te habías dado por vencido con tu familia."

Súbitamente Sirius lo tomó por los hombros y lo empujó contra la pared. Izar trató que no se notara su diversión, pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro al ver lo frustrado que parecía Sirius.

"Te lo dije, la familia es importante para mí. Tal vez necesitaba que me zarandearan un poco ese día en el Ministerio lo admito, pero necesito que entiendas que tu y Regulus siempre van a significar mucho para mí. No sé cómo hacer que te entre que te quiero y que Regulus haría lo que fuera por ti. No escapó contigo porque necesitaba mantenerse impune en caso que fuera beneficioso para ti después."

"No quiero hablar de Regulus," dijo Izar. "No quiero hablar de ti. Y por qué exactamente estás aquí."

El hombre siseó frustrado empujando contra Izar antes de voltear. Se llevó una mano a la cabeza mirando los retratos de las paredes. "Deberías saber que tu familia te ama. No quiero que Bellatrix sea la única Black en tu vida. Con la demencia de los Black ya en nuestras venas no es recomendable que estés siempre con alguien tan inestable. Ella sólo sacará lo peor de ti."

Izar permaneció apoyado contra la pared, intrigado por como las cosas estaban saliendo con Sirius. Y aun así, sentía algo de culpa. Una clase de culpa que Izar nunca sentía cuando se trataba de salirse con la suya. Sirius siempre había sido un mago orgulloso. Verlo tan perturbado le producía una ligera presión en el pecho. Pero ligera.

"Si mostrarte mi apoyo quiere decir que tengo que hacer sacrificios, entonces voy a hacerlo," dijo Sirius sacando la mano de su frente y volteando hacia Izar. "Nunca voy a unirme a los Mortífagos por voluntad propia. Pero estoy listo para actuar como un espía para ti. No estoy de acuerdo con Dumbledore y Rufus está hambriento de poder. Riddle está tan desquiciado como los otros, pero a ti te apoyo. Creo que de alguna manera vas a hacer que funcione."

"¿Estás dispuesto a espiar para mí?" susurró Izar.

Sirius miró por el pasillo, algo inquieto. "Tengo que irme, Izar. Pero aun tenemos mucho de que hablar. Lily y James… ellos quieren hablar contigo también."

Oír hablar de los Potter debió haberlo molestado, pero no lo hizo. No estaba en malos términos con ellos y la visita podría resultar ser útil para el lado oscuro. "¿Cuándo querrías que nos viéramos?" murmuró en voz baja. "Mañana es la cacería y notarán mi ausencia. ¿qué te parece la noche después?" se aseguró de sondear los alrededores en busca de auras.

No había nadie cerca.

"Podría funcionar. ¿A las diez? La heladería de Florean Fortescue probablemente sería el mejor lugar para vernos. Todas las casas están bajo vigilancia últimamente, encontrarnos a la vista de todo el mundo sería el mejor plan. Un simple disfraz será todo lo necesario."

Izar solo asintió, pensando en cómo escaparía de la Mansión Malfoy.

Sirius comenzó a trotar por el pasillo antes que pudiera sugerir otra locación. Sin embargo, Izar no dejaría que se fuera sin una amenaza.

"Sirius," lo llamó Izar cuando ya se alejaba. "Tengo algo parecido a confianza en ti. Solo sabe que, si intentas cualquier cosa, no voy a dudar…" se calló dejando que sus palabras quedaran flotando entre ellos.

El hombre inclinó la cabeza un momento, los hombros le temblaban y tenía los nudillos blancos de tanto presionar los puños. "Me lastima oír eso. Pero entiendo." Los ojos grises miraron a Izar con seriedad. "Entiendo."

Lo saludó con una inclinación de la cabeza y se marchó.

Medio cubierto entre las sombras, Izar lo miró irse con una sonrisa sádica en su rostro. Aunque creía que había logrado convencer a Sirius, sus pensamientos estaban enfocados principalmente en su próxima batalla con Voldemort. Iba a ser una intelectual e Izar tenía toda la intención de ganar esta vez.

Encontrarse con James, Lily y Sirius no era tanto por querer hablar con ellos sino que era la victoria de escapar del agarre de Voldemort.

E Izar tenía una buena idea de dónde empezar.

(Death of Today)

Una mano arrugada acarició la larga barba mientras los ojos azules se entrecerraban pensativos.

"Lo que me dices es una acusación grave, aunque increíblemente útil."

"No es una acusación cuando es verdad," murmuró el hombre frente a Dumbledore. "Izar Black es, en realidad, un vampiro. Ya te di mis pruebas. No muchos saben que Black viajó a Francia acompañado por su propio grupo de Mortífagos. Cuando estaba ahí, desafió a Acelin Morel. Y ambos sabemos qué criatura era Morel antes de morir. A manos del Señor Oscuro por cierto. Black no logró asesinarlo lo que solo quiere decir que fue víctima de los colmillos de Morel."

Dumbledore se acomodó en su silla. Miró durante un rato a Fawkes que dormitaba, su plumaje dorado y rojo lo apaciguaba. "Pero la otra evidencia…" Se volvió hacia el hombre frente a él. "¿Estas seguro que tu fuente estaba lo bastante lúcida para observar todo?"

El hombre de negro se incorporó juntando las palmas. "Hay una posibilidad de que Black no sea un vampiro, sí. Pero lo dudo mucho."

"Por alguna razón, Tom encontró su mando derecha en el joven Señor Black." Dumbledore intentaba completar el rompecabezas frente a él. En efecto, era uno de los más complicados en los que había tenido que trabajar. Cuando de Tom Riddle se trataba, Dumbledore siempre encontraba difícil descubrir lo que planeaba el Señor Oscuro.

"Al Señor Oscuro le gusta tener a Black cerca, claro que le gusta mantener cierta distancia. En público."

"Lo cual es sorprendente siendo que Tom es un mago posesivo." Dumbledore se quedó mirando un remolino danzante en su túnica. "El Señor Black es un prodigio," razonó. "Tiene una mente muy despierta y observadora para alguien tan joven. Y las pocas veces que conversé con él, me pareció bastante encantador. No es de extrañar que a Tom le guste. En cierta forma, Izar Black se parece mucho a Tom Riddle." Dumbledore suspiró con tristeza. "Aunque si veo que le falta algo del sadismo que Tom posee. ¿Dices que es algo renuente a la tortura?"

El hombre asintió. "No, no disfruta con la tortura. Pero no te confundas, Albus. No puedes apartarlo del lado oscuro. Cuando se enfrenta con un oponente que cuenta con medios para defenderse, se parece al Señor Oscuro como nadie que yo haya visto."

"No planeaba tratar de manipularlo a nuestro lado," Dumbledore negó con la cabeza. "Solo estoy midiendo su valía. Yo fui quien convenció a Rufus de que colocara al Señor Black dentro de la máquina de los Inefables para deshacerse de él. Sin embargo, él quiso jugar con su mente al haberlo mirar a sus subordinados morir.2

Tamborileó con los dedos en el escritorio. Izar Black era un mago que sabía que no podía dejar con vida, a pesar de su actitud honorable hacia aquellos más débiles que él. El chico era peligroso en manos de Tom. Especialmente porque él sabía cómo explotar todo su potencial.

"Estoy tratando de determinar por qué Tom a tomado tanto interés en el chico. ¿Es solo la mente del Señor Black la valiosa o hay algo más de lo que no sabemos?" Aunque ¿con qué frecuencia nacía un prodigio y dispuesto a trabajar con un Señor Oscuro? "No importa, el Señor Black es un enemigo peligroso y tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en él. Aunque a mi mismo me cuesta creerlo, puede que perder a Izar deje a Tom invalidado por un tiempo:"

"Izar Black es solo una persona. ¿En serio crees que es tan indispensable para el Señor Oscuro?"

Dumbledore razonó por un momento, su atención se enfocó durante un rato en la bandeja con caramelos de limón. Se incorporó separando las esferas amarillas que no le llamaban la atención. "Así es. En serio creo que Tom se está apoyando en el Señor Black en algún aspecto. ¿Creo que la muerte de Black va a destruir al lado oscuro? No, claro que no. Pero le tomará a Tom un tiempo reevaluar su estrategia y recuperarse de la pérdida de su mano derecha."

"Ajá," Dumbledore tomó el caramelo más grande y volvió a apoyarse contra el respaldo de su silla. Lo hizo rodar entre sus dedos mirándolo mientras pensaba. "Matar a Black va a ser un desafío, pero ahora que sabemos de su inmortalidad podemos idear algún método."

El viejo Director se llevó el caramelo a la boca y cerró los ojos. Inmortalidad. Albus mordió con fuerza el caramelo mientras comenzaba a especular sobre Izar Black y Tom Riddle. ¿Sería posible que Black hubiera sido inmortal antes de enfrentar a Morel en Francia? Si ese fuera el caso, alguien debió pasarle la maldición.

Tom…

Aunque, Tom no podía ser un vampiro ¿verdad?

No, claro que no. Era una idea tonta. Tom Riddle consideraba a las criaturas como seres inferiores a él. Los vampiros tenían demasiadas debilidades y eran fáciles de matar. El Señor Oscuro no se arriesgaría a ser un blanco tan fácil.

"Ahora que Tom finalmente ha tomado el título de Señor Oscuro, creo que deberíamos volver a entablar la búsqueda de los Horrocruxes." Dumbledore abrió un ojo y miró al hombre sentado frente a su escritorio. "¿Tienes alguna idea de dónde comenzar, Severus?"

Severus resopló. "No tengo tiempo para pensar en cosas que no se sabe qué son, Albus. Hasta que me necesites en verdad, voy a estar en mi laboratorio."

Dumbledore lo miró marcharse agitando su mano en aire como para eliminar la negatividad en él. Permitió que su mente se centrara en Tom Riddle e Izar Black hasta que lo llamó otro caramelo de limón.


Nota de Traductora: Me tomó algo más que de costumbre : ) pero no dejé que pasaran dos semanas jeje. Me gusta como sigue esta historia. No tienen idea de todas las sorpresas que Epic les tiene reservadas chan chan chan! Gracias muchas a los comentaristas, es lo segundo que más me gusta leer después de las actualizaciones de esta historia en inglés.