28-10-1997
Estaban desayunando cuando las lechuzas entraron en el Gran Comedor, llevando paquetes y periódicos a alumnos y profesores. Un ejemplar gris se posó cerca del plato de tostadas de Séptima y Aurora. Dio un par de saltitos y ululó suavemente a la profesora de Astronomía. La mujer cogió la carta que había atada a la pata de la lechuza, y el ave remontó el vuelo.
-¿De quién es?- preguntó Séptima, que le robó la carta de las manos de su amiga- giró el sobre para leer el remitente- ¿Augusto Pye?- dijo en voz demasiado alta. Sprout y Slughorn, que estaban a su otro lado, se giraron para ver a las dos mujeres, antes de volver a retomar su conversación. Séptima miró de manera interrogante a su amiga.
-Es privado, Nana- respondió Aurora, y al decir esas palabras se arrepintió al momento. Quiso recuperar su carta, pero Séptima fue más rápida, la alejó y se puso de espaldas a ella. Oyó como rasgaba el sobre y leía en voz alta.
-"Querida Aurora"- miró por encima del hombro de marera significativa- "Siento haber tardado en responder la última carta, pero he estado muy ocupado con los últimos detalles, aunque supongo que lo hayas leído en El Profeta. Como te prometí, serías una de las primeras en saber sobre mi éxito. No lo habría logrado si no me hubieses puesto en contacto con el Señor Kanari, a quien he escrito el primero y he enviado cuantas muestras me han sido posibles- Séptima paró de leer, se giró y le devolvió la carta, que Aurora cogí con tanta rapidez y violencia que se rasgó en dos. Sacó su varita y la arregló- Ya te he hecho sufrir bastante ¿De qué va todo esto, Rori?
-Hace unos años retomé el contacto con Augusto. Trabaja en San Mungo y me interesé en su trabajo. Le di la dirección de alguien que podía ayudarle.
-Sí, es lo que acabo de leer, "Querida Aurora"- dijo con sonsonete su amiga- Pero ¿por qué contactar con un antiguo alumno? ¿Qué es esa medicina tan especial? ¿El "señor Kanari" es ese profesor de Uagadou del que me hablaste?
Aurora no la respondió. Se levantó de la mesa, algo molesta, bebió de un solo trago el café solo que le quedaba y se cogió una tostada, para comerse por el camino. Séptima la siguió.
-Anda, Rori, perdona- Suplicó su amiga, cogiéndola de la muñeca- Es que últimamente se te ve muy preocupada. Calculo que sea por exceso de trabajo.
-Sí, tengo los niveles de estrés al límite- respondió Aurora, sin dejar de ser cierto.
-¿Y qué tal si tú y yo nos vamos a Hogsmeade este fin de semana, a buscar algo con qué distraernos?- susurró Séptima. Estaban plantadas cerca de las escaleras, rodeadas de estudiantes que iban y venían a sus respectivas clases.
En otros tiempos, ese plan hubiese sido aceptado sin dudar por Aurora. Incluso hubiera sido ella quien se lo propusiera a Séptima. La cara de ilusión que tenía la profesora de Aritmancia arrancó una sonrisa a Aurora.
-Me encantaría. Hace mucho que no salimos las dos por ahí.
-Genial- sonó el timbre- Me tengo que ir, no es bueno que la profesora llegue tarde a su propia clase. ¿Lo hablamos a la hora de comer?
-Sí, sí, venga vete- rio Aurora. Su amiga la saludó con la mano, antes de empezar a subir las escaleras a toda velocidad.
OoOo
Aurora terminó de leer la carta que Pye en su despacho. Le pedía, si era posible, que fuese a verla al Hospital. No le había enviado una caja con las pastillas por miedo a que se lo confiscasen en el correo. Estuvo pensando, y era viable. Salir el viernes un rato con Séptima, coger el tren nocturno de Hogsmeade a Londres, pasarse el sábado por el hospital, coger un par de cosas que se había dejado en su casa de Londres y volver en el tren del domingo. Le quedaba pedir permiso al director... convencerle... sonrió pícaramente.
Ambas mujeres llegaron a un acuerdo a la hora de comer. Aurora dio sus clases. A la una, cuando terminó la última clase con alumnos de tercero de Hufflepuff y Slytherin, los acompañó a sus salas comunes. Fue cuando oyó el inusual y frenético ir y venir de los cuados a esas horas de la madrugada. Dejó a los alumnos en sus respectivas entradas y fue donde los cuadros la habían informado. Las voces enfadadas de los Carrow ya se oían desde el final del pasillo. Cuando giró, lo primero que vio fue a McGonagall, en pijama y con su bata de cuadros escoceses varita en mano. Severus se había puesto entre ella y los Carrow, que quedaban tapados de la vista. Y en el suelo, tres bultos atados con cuerdas. Todos se la quedaron mirando, mientras se acercaba.
-¿Qué pintas tú aquí?- gruñó Alecto.
Los tres bultos que había en el suelo eran estudiantes. Luna Lovegood, Ginny Weasley y Neville Longbottom. Al lado de la pelirroja, estaba la espada de Gryffindor.
-He tenido mi última clase ahora y he oído el revuelo por parte de los cuadros… ¿Qué ha pasado?
-Estos alumnos- Amycus le dio un puntapié a Longbottom, que era el que tenía más cerca- han intentado robar la espada del despacho del director- dio otra patada al muchacho.
Aurora se los quedó mirando. ¿En qué diablos estaban pensando? ¿Y por qué la espada? Se atrevió a dirigir una mirada a Snape. Éste estaba pálido, temblando de rabia. Aunque la cara de McGonagall también rezumaba odio.
-Tal vez un poco de disciplina les enseñe modales- la mortífaga se remangó la túnica, dejando visible parte de la Marca Tenebrosa, empuñó la varita y se relamió mientras miraba a Weasley. Aurora se sintió asqueada. McGonagall se interpuso entre la alumna y la fea mortífaga.
-No son horas para castigar a nadie- dijo la mujer con rabia. De las varitas de ambas mujeres salían chispas. Aurora se acercó a Minerva y la cogió con suavidad del brazo. Snape, en cambio, cogió la muñeca de la mortífaga con tanta fuerza que ésta soltó la varita y rodó por el suelo, hasta los pies de su hermano.
-Ciertamente, Minerva- dijo Snape- Pero no para decidir el castigo.
Aurora conocía a su marido mejor que nadie. Estaba en lo que ella acabó denominado "el momento". Frío, ya más calmado, calculador. Pensando las jugadas, como una partida de ajedrez.
-Creo que estos jóvenes van a perderse la fiesta de Halloween y harán una visita al Bosque Prohibido- Snape mostró su sonrisa burlona.
-Oh, me encanta- dijo Amycus- Una verdadera noche de terror…- ambos hermanos estaban complacidos- se nota que tienes experiencia en castigos, Severus…
-Pero- añadió Snape- para evitar papeleo a nuestra nueva sub-directora, por si son atacados o… algo peor- sonrió enseñando los dientes- los acompañará Hagrid.
Aurora no quiso decir nada, ni mirar a McGonagall. Pero estaba casi segura que ambas mujeres habían pensado lo mismo. El Bosque Prohibido aún mantenía por sí mismo respeto, sí, pero para esos tres alumnos precisamente, que habían ido al Ministerio de Magia para luchar contra mortífagos, ir al bosque iba a ser un picnic. Más, si iban acompañados por Hagrid.
La mirada "no se te ocurra decir nada" que la animaga digirió a Weasley, cuando esta fue a abrir la boca, confirmó las sospechas de Aurora. Y se sintió llena de orgullo por su marido. Cómo había encauzado la situación.
-Minerva, lleva a tus alumnos a su sala común. Aurora, encárgate de Lovegood- dijo el director, que la miró fijamente- Mañana por la mañana hablarás con Hagrid para explicarle el castigo impuesto.
-Sí, señor- respondió Aurora.
La profesora de trasnformaciones, con un pase de varita, hizo desaparecer las cuerdas. Los tres alumnos se desentumecieron, sin levantar la mirada del suelo. Snape se quedó delante de la gárgola de piedra, cogiendo la espada del suelo. Los demás se fueron separando por grupos, los Carrow por un lado, McGonagall con los jóvenes Gryffindor por otro, y Aurora con Luna. Ya las dos a solas, camino a la Torre Ravenclaw, la profesora se atrevió a hablar.
-Luna, no estamos en tiempos de Umbrigde. Vuestros actos pueden traer repercusiones más graves de lo que te imaginas.
-Lo sé, profesora, pero no podemos quedarnos mirando sin hacer nada.
-Eso es precisamente lo que debéis hacer- Aurora se paró un momento y cogió de la muñeca a la alumna- Dejadnos a los profesores pelear a nuestra manera.
-Sólo queremos ayudar, profesora.
-Y te lo agradezco. Pero dar dolores de cabeza al director no es forma. Bastante tiene que soportar, como tener que lidiar con alumnos rebeldes.
Luna le miró con esos ojos soñadores y curiosos que a Aurora tanto le gustaban. Casi podía oír los pensamientos que debía tener, pero no cuales eran a ciencia cierta.
-Luna- siguió diciendo Aurora- sé que lo que os diga no os va a detener. Pero ya que eres la Ravenclaw y, por tanto, la cerebrito del grupo, por favor, piensa por los tres antes de actuar. Pase lo de las pintadas, pero no vayáis a más. O que no os atrapen con tanta facilidad…
Si la joven rubia se sorprendió, no lo demostró. Se la quedó mirando un poco más en silencio, antes de volver las dos a retomar la marcha hacia la Torre Ravenclaw.
Ya casi al final del trayecto, fue Lovegood la que rompió el silencio.
-Lamento mucho que Rea se haya tenido que ir. Siempre era amable conmigo.
-Gracias Luna- a Aurora se le hizo un nudo en el estómago al recordar a su sobrina.
-La gente cree que usted se ha cambiado de bando. Me alegra pensar que están equivocados. ¿Ha ocupado usted ahora el puesto de espía?
Aurora rió ante el comentario de su alumna favorita. Siempre tan franca y abierta.
-Si te lo dijera, tendría que acabar contigo- respondió en tono misterioso, la alumna también se rió- Pero no. Estoy a merced de esos dos mortífagos como el resto del colegio.
-¿Dos? ¿No serán tres? - preguntó con ingenuidad la alumna.
-Eso, tres…- Aurora se contuvo la sonrisa- puede que se me haya metido algún Torposoplo y tenga el cerebro embotado…
Luna volvió a mirarla de manera reflexiva.
-Pudiera ser…- dijo la alumna, antes de entrar en su sala común.
OOooo
Pasad buen fin de semana, y hasta el miércoles que viene.
Un saludo, Robin Fleur
