Chapter 50:
Severus tragó copiosa saliva mientras llamaba a la puerta de la habitación del Lord. Después de dos días de descanso se sentía ya casi totalmente recuperado gracias a todas las pociones que había bebido. Llevaba el estómago vendado por la cesárea que habían tenido que practicarle, pero por lo demás estaba intacto. El ritual de cesión de magia que había hecho con su Señor se había roto el treintaiuno de Julio y, por supuesto, el Lord ya sabría quién era el otro padre. James.
Entró cuando se le ordenó pasar y se arrodilló delante del Señor Tenebroso, esperando su castigo. Durante unos segundos se quedó en silencio, sintiendo la respiración acompasada del Lord desde arriba. No parecía enfadado, pero seguramente eso sólo fuera una fachada para ocultar la enorme posesividad que parecía haber desarrollado con él.
- James Potter.- susurró su Señor, enfadado.- James Potter. De todos los inútiles que podían haber sido tu amante, has escogido al peor de todos.- dijo. Severus no se extrañó: en ese tiempo que James y Lily llevaban en la Orden del Fénix, habían tenido tres enfrentamientos directos con el Lord, y de todos ellos habían salido impunes. "El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca...Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...", recordó Severus. Esperó que el Lord no lo recordara.- Estoy pensando que ellos podrían ser los misteriosos padres de los que habla la profecía, Severus. Quizás deberíamos… Erradicarlos.
- Pero, Señor, yo nunca lo he desafiado.
- Te negaste tres veces a decirme el nombre del padre, Severus. Eso es un desafío abierto por parte de mi subordinado.- le recordó Voldemort. Severus casi podía sentir su ira haciendo que temblara de miedo.- Pero no habló de ti, sino de la sangresucia. Tanto James como Lily Potter me desafiaron tres veces y dado que son ellos quienes van a criar a mi enemigo…
- Milord, no comprendo.
- Ellos le darán el poder para derrotarme, o eso se supone desde el principio.- explicó.- Pero dejemos de hablar de profecías, Severus, y hablemos de ti.- Snape tragó saliva: casi prefería seguir hablando de profecías.- Me siento traicionado de la peor manera posible.
- Merezco un castigo, Milord.- aceptó Snape, todavía arrodillado. Escuchó como una voz lejana susurraba la maldición imperdonable antes de caer al suelo, convulso, intentando no gritar. El dolor le carcomía por dentro pero el Lord odiaba que gritara antes de tiempo. Mejor tenerle contento, pensó mientras se mordía los labios.
El castigo duró más rato del que había esperado. Si había entrado en la Mansión Tenebrosa al anochecer, salió de allí al despunte del alba, pálido, tembloroso y a punto de perder el conocimiento. Recordó que Lucius le había ofrecido su casa para ayudarle y decidió ir allí antes de caer inconsciente. Su cuerpo golpeó la puerta antes de caer al suelo, cerrando los ojos.
Severus se despertó a media mañana. Deseó morir: si por algo se caracterizaba la maldición cruciatus era precisamente porque tenía unos bonitos efectos secundarios que le dejarían en cama por días. Narcissa estaba a su lado, sentada con naturalidad en una silla mientras acunaba al pequeño Draco. Había crecido mucho desde la última vez que le había visto, pelón y lloriqueando, el mismo día que nació. Narcissa le sonrió mientras rellenaba un vaso con poción calmante y se lo dio, antes de incorporarle en la cama y dejarle sentado.
- Buenos días, Severus. ¿Te encuentras mejor ahora?
- Sí. Gracias, Cissy.- Narcissa sonrió y le pasó al pequeño Draco. A pesar del dolor en las articulaciones, Severus le cogió bajo las indicaciones de Narcissa y le miró: sus ojos grandes y grises como los de Lucius, las mejillas sonrosadas, los labios rojos y brillantes, el pelo tan rubio como sus padres y la barbilla llena de saliva le hacían ver como un pequeño angelito. Severus sonrió, besándole la frente y sintiendo un gran sentimiento de abandono: no podría hacer eso con Harry.
- Así que el Lord ya sabe los detalles de tu oscura relación con Potter.
- Lo haces sonar como algo enfermo, pero sí, ya sabe quién es el otro padre.- Narcissa y él sonrieron con suavidad y luego le retiró a Draco de los brazos.
- Deberías descansar. No creo que el Lord se contente con tan poco castigo.- dijo finalmente Narcissa, arropándole. Le dio a beber un sorbo de poción para dormir sin sueños y Severus volvió a dormirse con rapidez.
Despertó de noche, acongojado. La Marca quemaba o más bien ardía dolorosamente, irritando su piel. Tomó varios sorbos de la poción calmante y se levantó cojeando para volver a ponerse la túnica de mortífago de nuevo. Desapareció en dirección a la Mansión Tenebrosa y esquivó lo mejor que pudo las miradas de curiosidad y satisfacción de los demás mortífagos: parecían saber que había fallado, pero no cual era su misión. Llegó renqueante hasta la puerta de la habitación del Señor Tenebroso y llamó. Entró cuando se le dijo y en cuanto cerró la puerta, volvió a caer al suelo, como la noche anterior.
Cuando el castigo terminó, sin todavía haber cruzado palabra con su Señor, Severus tosió un par de veces, sintiendo la sangre en su boca. Eso no estaba bien, pensó, pero intentó concentrarse lo mejor que pudo en no hacer enfadar más al Lord.
- Snape.- habló por fin el Lord, avanzando hacia él. Ante la sola mención de su nombre, Severus se encogió un poco más en el suelo.- Ya que pareces haber hecho tan… Buenas migas con el enemigo, quiero que vayas a Dumbledore y le espíes. Supongo que teniendo a James Potter- escupió el nombre con veneno en la voz.- de tu lado, no te será difícil hacerles creer que me has traicionado.- Severus aguantó las ganas de asentir únicamente con la cabeza y respondió educadamente:
- Sí, milord.
- Espero la primera información dentro de un mes, Snape.
- Sí, milord.- asintió por segunda vez. El Lord no hizo además de dejarle marchar y después de unos segundos, volvió a levantar la varita, con ira renovada. Por primera vez en toda la noche, gritó de dolor, esperando que el Lord se compadeciera de él. Pero, una vez más, el Lord sólo volvió a levantar la varita contra él. Y al amanecer le despidió de malas maneras con una frase seca:
- Te quiero ver aquí todas las noches hasta que yo desee que esto pare.
