Cincuenta y cuatro: La advertencia.
Fue una sorpresa para todos en Hogwarts que llegara el veintitrés de junio, en medio de un clima de verano perfecto y varias especulaciones sobre lo que pasaría aquel día. La cita a orillas del lago, según dijo la profesora McGonagall a la hora del desayuno, era a las seis de la tarde, cosa que a muchos no les hizo gracia por el intenso calor.
—Y no lo olviden, jóvenes, por la noche tendremos el banquete de fin de cursos y con él, la ceremonia de premiación del torneo —les recordó la directora.
Los alumnos estaban felices por concluir el curso oficialmente, y más cuando el día anterior, todos los que no eran de quinto y séptimo habían recibido sus calificaciones.
—Rose¿qué dirán tus padres cuando vean tus calificaciones? —quiso saber Henry.
—Nada en particular —respondió la aludida con indiferencia —El año pasado eran casi las mismas y no se enojaron mucho. ¿Y a ti, qué te dirá tu madre?
—Lo mismo de siempre, que me mantenga así —Henry se encogió de hombros.
—Bueno, pero dejemos ese tema —pidió Sunny bruscamente —Yo quisiera saber cómo será la prueba del torneo. Parece que será algo largo.
—Visitas a la vista —soltó de pronto Thomas.
La Orden del Rayo, luego de almorzar, había decidido ir a dar un paseo por los jardines aprovechando el buen clima y justamente se encontraban en las puertas principales cuando Thomas dijo aquello. Desde las verjas, alcanzaban a distinguirse varios de los carruajes sin caballos del colegio, que andaban en dirección al castillo. Y fue toda una sorpresa para los niños cuando, al terminar ellos de bajar la escalinata de piedra, los carruajes se detuvieron casi frente a ellos y pudieron ver a quienes los ocupaban.
Del primer carruaje bajaron un par de adultos, un rubio y una castaña, ella llevando de la mano a un pequeño de unos siete años de cabello castaño claro. Los tres vestían ropas muggles muy coloridas y veían alrededor entre asustados y maravillados.
—El tesoro de Richelieu —dijo Thomas de pronto.
—¿Qué? —dejaron escapar sus amigos.
—Que ese niño es al que rescató Richelieu en la segunda prueba —explicó Thomas con calma, señalando a las personas que habían bajado del primer carruaje.
Sus amigos susurraron un "¡Ah!" de comprensión.
Así, poco a poco, los carruajes dejaron ver a toda clase de personas que al parecer, llegaban de visita, y que lucían la mayor variedad de estilos en sus túnicas y de razas en sus rasgos y su tono de piel, además de conversar en distintos idiomas. Pero al final de aquella caravana, pudo verse a…
—¿Pero qué…? —Rose no creía lo que pasaba frente a sus ojos.
Un enjambre de pelirrojos bajaba de dos carruajes consecutivos, sin parar de cuchichear y reír. Entre ellos, había unos cuantos que no eran pelirrojos, pero que mostraban el mismo entusiasmo. Entre ellos, un hombre muy joven, que no paraba de sonreír y que sostenía en brazos un par de pequeños bultos envueltos en mantas. Y no fue Rose precisamente quien reconoció a ese hombre.
—¿Pat? —se sorprendió Danielle.
Como si hubiera oído, aquel joven hombre, de cabello rubio platino y sin descuidar los bultos que cargaba, se volvió y sonrió.
—¡Hola, Danny! —saludó, sonriendo de oreja a oreja.
—¡Pat! —Danielle corrió hacia el hombre, dando pequeños saltos en el camino y siendo perseguida por sus amigos —¿Qué haces aquí?
Patrick Malfoy, sin dejar de sonreír, la miró con benevolencia.
—Frida recibió una lechuza de sus primos Dean y Samuel —explicó —Las familias de los campeones están invitadas a venir y aprovechamos que me dieron vacaciones en el trabajo para hacer un viaje familiar.
Danielle no comprendió hasta que notó los bultitos que su hermano cargaba envueltos en mantas. Miró a uno, luego a otro y casi enseguida soltó una exclamación de júbilo.
Sí, aquellos bultitos eran nada menos que sus sobrinos, nacidos hacía poco menos de dos meses. Danielle no pudo dejar de notar que eran idénticos, y en ese momento, parecían un par de angelitos, dormidos despreocupadamente en brazos de su padre. La única diferencia entre ellos era que uno tenía una diminuta peca en la nariz, mientras que su hermano carecía de ella.
—¿Quién es quién, Pat? —inquirió Danielle con curiosidad.
—Él es Lance —Patrick indicó con un gesto al pequeño con la peca en la nariz —y él es Ly —agregó, señalando al otro gemelo —Por fortuna, su nacionalidad se solucionó muy pronto y por eso estamos aquí.
Danielle asintó feliz.
—¡Válgame, mis sobrinos! —exclamó Rose de repente, a espaldas de Danielle —¡Miren, chicos, son mis sobrinos!
La Orden entera se arremolinó en torno a Patrick, quien no se veía molesto por tener tantos niños curiosos a su alrededor. Al contrario, se veía que el ser padre lo había dotado de cantidades industriales de paciencia.
—Pat¿te ayudo? —inquirió Frida, al ver que su prima y los amigos de ésta rodeaban al rubio con efusividad.
—Por favor —accedió Patrick, cediéndole a Ly a la pelirroja.
Las demás visitas también se sorprendieron al ver semejante cantidad de pelirrojos, pero no tuvieron la oportunidad de hacer comentarios dado que entonces, la profesora McGonagall bajaba la escalinata de piedra seguida por el profesor Lupin.
—Damas y caballeros, bienvenidos a Hogwarts —les dijo a los recién llegados —Si quieren hacer el favor de seguirme…
Todos la atendieron y la siguieron al interior del castillo. Los parientes de Dean y Sam tardaron un poco pues las chicas de la Orden del Rayo no querían dejar ir a Patrick.
—¡Son tan lindos! —decía Rose una y otra vez.
—Parecen muñequitos —susurró tímidamente Amy.
—¡Qué bonitos! —exclamó Sunny, para sorpresa de sus amigos.
—Niñas, si nos disculpan, tenemos que entrar al castillo —intervino Frida con una tierna sonrisa divertida ante aquella escena —Nos veremos después.
Las chicas accedieron no de muy buena gana y observaron cómo el clan Weasley completo y el matrimonio Longbottom subían la escalinata de piedra, siguiendo a las familias de los otros campeones. Los chicos las miraron con una mezcla de fastidio y extrañeza al continuar su camino hacia el sitio de reuniones de la Orden.
—No entiendo porqué se ponen así —comentó Thomas, frunciendo el ceño y adoptando un semblante serio que resultaba raro en él.
—Dos palabras —le dijo Paula entonces, sorprendiéndolo. Thomas no se fijó en qué momento su amiga Ravencalw se colocó a su altura —Instinto maternal.
—¿Y eso qué tiene que ver? —se fijó Walter, interiormente pensando como Thomas.
—Simple, todas las chicas lo tenemos —Rose sonrió de manera divertida y más al observar las caras atónitas que ponían sus amigos —Me lo contó mamá, no crean que lo invento. Ella me dijo que las mujeres, a cualquier edad, llegan a sentir debilidad por los niños pequeños, como si fueran sus propias madres¿me explico?
—¿Es mi imaginación o Rose está diciendo algo coherente? —soltó Henry.
La pelirroja lo fulminó con la brumosa mirada, ya que el tono de su amigo había sido entre burlón y sorprendido.
—Oye, para una vez que digo algo que tú no sabes, no deberías ponerte celoso —respondió, sonriendo aún más.
Henry le dedicó un mohín de fastidio, cosa que hizo reír al resto de la Orden.
—¡Fuera del camino! —les espetó una voz ronca de pronto.
Entre ellos, a gran velocidad, pudieron ver que pasaba un hombre alto, flacucho y moreno vestido con una túnica negra con botones plateados, con el oscuro cabello surcado por varios mechones blancos. Sus cejas eran gruesas y abundantes y un bigote le ocultaba casi por completo la boca. Tenía ojos oscuros y fríos que ni se dignaron a ver a los niños ni cuando les dio varios empujones. Al parecer, el hombre venía del castillo y se encaminaba a las verjas principales del colegio.
—¿Y a ése qué le pasa? —se indignó Ryo.
—Pues parece que tiene prisa —dijo Bryan lentamente, aunque del mismo humor que Ryo —¿Quién es, eh? No lo recuerdo.
—Javacheff —respondió Thomas al instante —El director de Durmstrang.
—¿A dónde irá? —se intrigó Sunny —¿No se supone que debería estar con los demás jueces del torneo, preparando la tercera prueba?
—Pues tal parece que se le presentó un inconveniente —razonó Amy.
—¿Algo más importante que la tercera prueba? —inquirió Procyon, incrédulo.
—Por su cara, creo que sí —musitó Hally.
No sabía cuánta razón tenía.
&&&
Katrina Turner se removía nerviosa en su asiento y no era para menos. Hugo Hagen le había ordenado no moverse de la mansión de Newport en la que se hospedaban, ya que debía recibir unos informes de su espía en Hogwarts. Lo que para ella era una gran oportunidad, pues a pesar de saber de la existencia de dicho espía, desconocía por completo su identidad. Si lograba liquidar ese asunto pronto, podría ir a Hogwarts y…
—Buenos días —saludó una voz ronca, con acento entre búlgaro y griego —Siento la tardanza, Turner.
La mujer se sorprendió bastante al ver al dueño de la voz, pues su aspecto no correspondía con aquel a quien ella suponía.
—¿Onassis? —inquirió, dudosa.
El hombre sacó la varita con un movimiento lánguido, la agitó en torno suyo y su cabello dejó de tener mechones blancos, el bigote abundante en su cara se esfumó y su cuerpo dejó de verse flacucho.
—Buen disfraz¿no? —se enorgulleció Onassis, sonriendo con arrogancia —Nadie en ese colegio notó la diferencia, aunque costó trabajo quitar al idiota de Ivan del camino.
Katrina frunció el ceño, intentando atar cabos. ¿Ivan¿Onassis no se referiría a…?
—-¿Hablas de Javacheff? —inquirió, aparentando gran frialdad, como siempre.
—Sí, el muy tonto creyó que lo mantendríamos en la operación hasta el final —se burló Onassis —Ya le ha fallado varias veces al señor Hagen, y él no se lo perdona.
Katrina asintió en silencio, recordando el historial de Ivan Javacheff en el grupo de Hugo Hagen.
—Entonces, quien ha estado en Hogwarts todo este tiempo¿has sido tú? —quiso saber, procurando que su voz no delatara su ansiedad.
—No, solamente he estado ahí desde que acabó la segunda prueba —contestó Onassis con tranquilidad —Ivan se estaba poniendo pesado con eso de querer llegar hasta donde fuera en la misión, y eso no nos convenía. Empezaba a caerle mal a todo el mundo allá.
Katrina asintió vagamente, para disimular que eso ya lo sabía.
—¿Y dónde dejaste a Javacheff, por cierto? —preguntó como si no le importara demasiado, aunque la verdad le intrigaba la cuestión.
—Pues no sé, el señor Hagen lo mandó a quién sabe dónde en la Europa continental a desahogar su frustración mientras todo esto pasa —respondió Onassis con indiferencia —Seguramente está participando en el ataque a Linz.
La mujer arqueó las cejas, y para Onassis no pasó desapercibido el pesimismo encerrado en ese gesto.
—¿Qué tienes contra el ataque a Linz? —quiso saber.
—Es el interior de Austria —respondió Katrina serenamente, aunque Onassis siguió detectando algo de desconfianza en su semblante —La capital de la Alta Austria, además de importante puerto del Danubio. Sé que es bueno hacernos de respeto en ciudades importantes y no sólo en las fronteras, pero me parece algo apresurado atacar una ciudad que tiene varias embajadas mágicas emplazadas. ¿No has pensado que habrá infinidad de aurores que podrían causarnos problemas?
Onassis ladeó la cabeza, reflexivo. Él también sabía eso, pero no se le había ocurrido que había alguien más en el grupo que compartiera su punto de vista.
—Pues con un poco de suerte, nos libraremos de Ivan —fue lo único que se le ocurrió decir, provocando una mueca de inconformidad en el rostro de Katrina —Vamos, al menos así tendré la vía libre para seguirlo suplantando en Hogwarts.
—Sí, pero te descubrirán si llegan a matarlo y revisan su cadáver —le hizo ver Katrina de mal humor —No sé en dónde tienes la cabeza, Onassis.
—Orestes —soltó de pronto el hombre, repentinamente serio —Orestes Onassis.
Katrina lo miró un tanto contrariada. ¿Qué le pasaba a ese hombre¿Porqué le soltaba su nombre en un momento como ése?
—Sí, claro, como digas —decidió pasar ese detalle por alto para enfocarse en lo que debía hacer —Necesito que me informes la situación en la que está la seguridad en Hogwarts. Hugo quiere saberlo para lo de esta noche.
El griego asintió, sin inmutarse.
—De acuerdo, te la daré —accedió —Pero a la próxima, procura que cuando alguien te diga su nombre, también des el tuyo.
Katrina lo observó de cabo a rabo. Sí que Foss había tenido razón con ese tipo, diciendo que era extremadamente extraño.
—No creo que ese dato te incumba, Onassis —dijo, dejando zanjado el asunto.
Pero para Onassis, el asunto no quedó olvidado. Sólo pensó que debía retomarlo en un mejor momento.
&&&
Las familias de los campeones los recibieron en una sala cercana al Gran Comedor, luego que la profesora McGonagall y el profesor Lupin los guiaron a la misma. Los jóvenes contendientes, al ver los rostros de sus parientes, olvidaron lo que les esperaba ese día y fueron a saludar.
—No creí que vendrías, mamá —se atrevió a decirle Ton a una mujer morena, de largo cabello oscuro y ojos castaños —No con todo lo que te escribí.
La mujer, sonriendo serenamente, le pasó una mano por el cabello a su hijo.
—Esto no me lo perdería por nada del mundo —aseguró en español, divertida.
—Además¿para qué está la familia, si no? —intervino un hombre castaño, alto y fornido, que usaba bigote.
—Gracias, papá —Ton le sonrió al hombre —Ahora cuéntenme¿cómo anda todo en el pueblo¿Los macehualtin no han dado muchos problemas?
Mientras Ton y sus padres se ponían a conversar en español, podía observarse cerca de ellos a la familia entera de Paulo, incluyendo a todas sus hermanas. Las chicas, que iban de los veintisiete a los dieciocho años, habían hecho esfuerzos sobrehumanos para conseguir permisos en sus respectivos empleos y poder viajar a ver al chico, quien se sentía halagado por ello. Su charla, en un alegre portugués, no fue interrumpida ni cuando Catherine Bruce estalló en carcajadas ante algunas anécdotas que le contaban sus padres, su hermana Maureen, su abuelo y su prima Judith. Unos metros más allá, Richelieu platicaba con sus padres y su pequeño hermano en francés, aunque su voz denotaba cierta frustración al ver que ellos no dejaban de hacerles preguntas sobre el castillo y sus alrededores. Y es que la familia de Richelieu era muggle.
—Por favor, les contestaré todo luego —les pedía a sus padres con insistencia —Ahora quiero saber cómo está París.
Su madre, aún con una sonrisa de admiración y orgullo por la joven, asintió y comenzó a relatar las cosas más importantes ocurridas en la Ciudad Luz.
Mientras tanto, la familia más animada era, con mucho, la de Dean y Sam. Los Weasley y los Longbottom juntos eran dinamita y más cuando los dos campeones conocieron en persona a sus sobrinos.
—¡Son geniales! —dejó escapar Sam, procurando no hablar muy alto para no despertar a los gemelos Malfoy —Y se parecen mucho a ti, Frida.
—Gracias —Frida estaba encantada de que sus hijos les agradaran a todos.
—Seguramente cuando crezcan serán como ustedes —intervino Dean, un poco más serio que su primo —Por un lado, unos bromistas excelentes, y por otro, sabrán cómo tratar a las masas.
—¿Y eso a qué viene? —se interesó Frida.
—Oye, tu marido debe ser bastante astuto para haberse granjeado la confianza de esta familia¿no? —se limitó a decir Dean, guiñándole un ojo a su prima.
Frida, mirando cómo Patrick trababa conversación fácilmente con su hermano, John y Frank, no tuvo más remedio que asentir.
Los campeones pasaron un rato agradable, y más cuando les informaron que podían salir de aquella sala para dar una vuelta breve por los alrededores antes de la prueba. Todos aprovecharon eso, y uno de los más entusiastas fue Salomón, que llevó a sus padres por los jardines para hacerles una pequeña reseña de los lugares de hospedaje de las otras escuelas y contarles todo lo que había aprendido. Y lo mismo pasaba con Sakura Kiyota, que con voz serena, les hacía una detallada descripción en japonés a sus padres y hermanos acerca de lo que había visto y vivido. La única que deambulaba sola era Yue Lin Ming, por razones obvias.
—Yue Lin¿cómo estás?
El saludo tomó desprevenida a la campeona de Zen, pero al darse la vuelta logró sonreír. Quien le hablaba no era otro que Lalo.
—Bien, dentro de lo que cabe —se decidió a responder, esbozando una ligera sonrisa.
—Espero que te vaya bien en la prueba —deseó Lalo, que por alguna razón, no parecía tan entusiasta como de costumbre —Aunque no sé a quién le voy a echar más porras, si a Ton o a ti. ¡Es que los dos me caen muy bien!
Yue Lin volvió a sonreír, pero ahora de manera triste.
—¿En serio? —preguntó.
—Bueno, a Ton lo conozco desde hace mucho —confesó Lalo, pateando una pequeña piedra en el camino —Recuerdo cuando su madre lo llevaba de visita al orfanato…
El chico se calló de pronto, consciente de que iba a hablar de más, pero fue tarde. Yue Lin se había dado cuenta de un detalle.
—¿Orfanato? —inquirió con cierto temor.
—Olvídalo, no es importante —Lalo movió una mano en señal de indiferencia —Pero cuéntame¿porqué andas sola¿No hay nadie de tu familia aquí o…?
—No, por supuesto que no —la chica se sintió dolida —¿No recuerdas que te conté lo que me dijo el fantasma de mi madre?
Lalo frunció el ceño, y a continuación hizo una mueca de pesar.
—Sí, ya me acuerdo. Perdona, Yue Lin.
Eso sí que desconcertó a la joven campeona.
—Lalo¿qué sucede? —preguntó —A ti te pasa algo.
—Solamente me quedé pensando… —Lalo fijó la vista en el vacío frente a él, pensativo —Yue Lin¿tú me harías daño?
—¿A qué viene esa pregunta? —Yue Lin se asustó, ya que eso le recordaba la extraña visión que le había provocado el dementor de la primera prueba.
—Nada más tenía curiosidad —repuso Lalo.
—No, nada de eso, a mí no me engañas. ¿Tú crees de verdad que te haría daño¿A ti¡Pero si te quiero más que a mi vida!
Al instante en que terminó la frase, Yue Lin se tapó la boca con una mano, sorprendida de sí misma, para acto seguido salir corriendo de allí, dejando atrás a un atónito Lalo. La chica apenas si se fijaba por dónde iba, pero después de un rato lo hizo, porque chocó con alguien y cayó al suelo hacia atrás.
—¡Vaya, eso me dolió! —se quejó malhumoradamente en mandarín, para luego recordar lo que había ocurrido —¿Se encuentra bien? —le preguntó en inglés a la persona con la que chocó, una joven con la túnica de Hogwarts —¡Mara!
La joven era Mara Kreisky, quien de inmediato comenzó a incorporarse lentamente, dado que ella también había caído por el encuentro. Sin que ninguna de las dos se diera cuenta, Lalo se había acercado con la intención de ayudarlas.
—¡Mara, lo siento¿No te lastimé? —quiso saber la oriental, poniéndose a gatas y acercándose a la rubia —¿Mara? —llamó con cierta duda.
Y es que Mara tenía la mirada perdida, sus ojos carecían de su habitual brillo misterioso y sagaz. Y sin previo aviso, comenzó a hablar con una voz que aunque era suya, carecía totalmente de sentimiento alguno.
—Las cosas no son lo que parecen, aunque se vean con los propios ojos. El cascabel de la luna será inculpado de la extinción del dueño del cabello dorado por el lucero de la tarde, pero para guardar apariencias. Nadie se extinguirá si el último ruiseñor llega a tiempo con su canción y se la entona al sol azteca. Las cosas no son lo que parecen, aunque se vean con los propios ojos…
Luego de eso, Mara inclinó la cabeza, quedándose callada y cerrando los ojos. Yue Lin la miró con el terror reflejado en la cara, comprendiendo de inmediato, pero Lalo no entendía y prefirió mantenerse unos pasos atrás, para observar la reacción de la campeona de Zen, que tal vez le aclarara las cosas.
—Yue Lin… —llamó quedamente Mara, un tanto preocupada y abriendo los ojos —¿Acaso… acaso dije lo que creo que dije?
La campeona oriental no pudo evitar asentir con la cabeza.
—Pues no hay tiempo qué perder —Mara se puso de pie de un salto, asustando a Yue Lin —Hay que encontrar al ruiseñor.
—No te entiendo absolutamente nada —soltó la china sin tapujos, sorprendiendo a su rubia amiga —¿Acaso sabes de quién estás hablando?
—Por supuesto, me fijo mucho en los detalles —Mara apresuró el paso y le hizo un gesto a Yue Lin para que la imitara —Tendrán que armar bien la farsa, te lo aseguro. Y para eso, necesitan al ruiseñor. ¿Tú no has visto algo más allá últimamente?
Yue Lin sabía de lo que Mara hablaba, no por nada en el corto tiempo que tenían de conocerse había comprendido que ella solía hablar así, como en clave. Asintió.
—Pues bien, entonces sabes que lo que digo es muy probable —Mara siguió andando, y cuando Yue Lin se dio cuenta, estaban subiendo la escalinata de piedra, adentrándose en el castillo —Solamente que fingiremos lo visto para despistar.
Yue Lin, totalmente confundida por lo que sucedía, no comprendió más que una sola cosa: que a Lalo no le pasaría nada.
&&&
La tercera prueba, como indicó la profesora MacGonagall, inició puntualmente a las seis de la tarde, cosa que sorprendió a muchos. Y más cuando los guiaron a la orilla del lago, cerca del barco de Durmstrang, donde se instalaron pequeños muelles en los que había varios botes sujetos con amarras. Dichos botes tenían capacidad para alrededor de seis personas y lo extraño era que no tenían remos.
—Son como los botes que nos trajeron en primero al castillo —comentó Thomas, observando las pequeñas embarcaciones con interés.
En las horas antes de la prueba, la Orden del Rayo había podido contemplar desde su lugar de reuniones en los jardines cómo instalaban parte de esos muelles y hacían aparecer los botes, pero lo que no se explicaban era porqué William Bluepool había tenido que entrar al lago con un morral firmemente sujeto con ambas manos y volver casi una hora después totalmente sofocado.
—Seguramente lo mandaron a preparar la prueba —había supuesto Paula.
Eso parecía, pero las sorpresas aún no acababan. El público, diseminado por los muelles improvisados, contemplaba a los campeones en distintos puntos de la orilla del lago, viendo fijamente el agua y con cintas de raso de colores en las manos.
—Atención, damas y caballeros, bienvenidos —dijo de pronto el señor Word, habiendo usado el Sonorus —Como se habrán dado cuenta, la prueba será en el lago, así que les pido de favor que aborden los botes. Los profesores de Hogwarts les ayudarán.
Y dicho y hecho, los profesores les indicaban a los espectadores cómo abordar sin volcar los botes. La Orden del Rayo se disponía a embarcarse en dos botes consecutivos cuando Mara Kreisky, de improviso, se acercó a ellos seguida de cerca por Itzi Salais.
—¿Quién de ustedes es Turner? —interrogó sin más la rubia.
Los niños la miraron como si se hubiera vuelto loca, mientras que Itzi, de reojo, vigilaba a los campeones a la orilla del lago.
—Ninguno —respondió por fin Amy —¿Porqué preguntas?
Pero Mara frunció el ceño en actitud concentrada, como si meditara algo, para luego volverse a Itzi con expresión severa.
—Aún no —le dijo.
Itzi la miró, compuso una mueca de desaprobación y negó con la cabeza.
—Tiene que ser ahora —replicó con vehemencia —Por favor…
Mara suspiró.
—De acuerdo —aceptó, volviéndose hacia los miembros de la Orden de nueva cuenta —¿Quién de ustedes es pariente de Turner? —preguntó esta vez.
—Yo —respondió tímidamente Walter, para asombro de sus amigos —¿Qué quieres?
Mara lo miró atentamente, asintió y le dijo a Itzi.
—Ahora sí —indicó.
Itzi dejó de mirar a los campeones y se giró hacia Henry.
—Acab, adelántense —mandó.
—Oye, no me llames así —se quejó Henry, pero con su Legado captó que había algo más que autoridad en esa orden. Había un dejo de preocupación inequívoco y se preguntó porqué —No me hago a la idea de que ése es mi segundo nombre.
—Llegamos a un acuerdo —le recordó Itzi en español.
Henry, al oír aquello, asintió de mala gana.
—Pero no lo entretengan mucho —le advirtió a Itzi en español, para luego decirles a sus amigos en inglés —Vámonos.
—Pero Walter… —intentó replicar Sunny.
—Él vendrá luego —aseguró Henry, aunque no estaba muy convencido.
A los otros no les quedó más remedio que subir a los botes, viendo a sus espaldas cómo las dos chicas conversaban en susurros apresurados con Walter, quien por cierto, a cada momento se ponía más serio. Luego de unos segundos, notaron como los tres abandonaban el muelle y se encaminaban hacia donde estaba el profesor Lupin, el más cercano de los docentes de Hogwarts.
—Me pregunto qué diantres estará pasando —se quejó Thomas —Esto no es normal.
—Oigan¿queda un sitio libre? —inquirió entonces una voz a un lado del bote que ya ocupaban Thomas, Danielle, Hally, Procyon y Sunny.
Los niños se volvieron y Procyon hizo una mueca al descubrir a Emily Lancaster con una sonrisa medio boba.
—Pues la verdad… —comenzó Thomas, pero Procyon lo interrumpió.
—Es el sitio de Walter, ahora viene.
Emily le dedicó un mohín de disgusto a Procyon, antes de alejarse de ellos.
—Sí que las chicas te adoran —se burló Thomas, para luego ponerse a reír.
—Muy gracioso —masculló Procyon, molesto.
—Disculpen¿puedo subir aquí? —pidió otra voz.
—¡El sitio está…! —comenzó Procyon con impaciencia, pensando que sería Lancaster de nuevo, pero se sorprendió cuando oyó que Hally contestaba despreocupadamente.
—Sí, puedes subir, Melvin. Solamente ve si no viene Walter.
—¿Poe? —inquirió el recién llegado, que no era otro que Melvin Corner —No creo, acabo de verlo ir al castillo con Lupin, luego que el profesor supervisara cómo estaban los campeones. ¿Acaso le estaban guardando el lugar?
Hally asintió.
—Pues creo que se tardará bastante, tal vez no llegue —supuso Melvin, para luego encogerse de hombros —Pero si le están guardando el sitio…
—No importa, sube ya —indicó Procyon con ligero mal humor —Sólo esperemos que Walter no se vaya en un bote con el quinteto de tarados.
—¿El quinteto de tarados? —se extrañó Melvin, subiendo al bote y sentándose a un lado de Hally —¡Ésa sí que es buena¿Son los de Slytherin que siempre los molestan, no? —preguntó, dirigiéndose a Hally.
Ella asintió, sonriente, al tiempo que Thomas, Danielle y Sunny ponían caras largas y empezaban a imaginarse lo larga que sería la travesía.
—Creo que a ellos no les irá muy bien —comentó Paula en un bote cercano al de sus amigos, volviéndose hacia Bryan —¿Crees que Corner bajará de ese bote completo?
—Yo digo que sí —repuso Bryan, aunque tenía sus dudas.
—Procyon no querrá quedar mal ante Hally —apuntó de pronto Ryo.
—Quizá tengas razón, pero sigue preocupándome —reconoció Paula.
—Por ahora vamos a ver para qué nos quieren en estos botes —sugirió Amy.
—Sí, ya que lo de Walter va para largo —comentó Henry de pronto.
—Sí, tu tía está medio loca —argumentó Rose —Y Kreisky también.
Henry no pudo negar eso, por lo que sus amigos lo miraron con extrañeza.
—¿Pasa algo, Henry? —le preguntó Paula.
—No sé, tendremos que esperar a que la prueba acabe para averiguarlo. Aunque conociendo a Itzi, no creo que me diga gran cosa.
De repente, la voz del señor Wood volvió a escucharse.
—Damas y caballeros, disculpen por la tardanza —comenzó, sonriendo levemente desde un bote un poco más grande que el resto, donde iban tanto él con todos los miembros del jurado —Ahora mismo les explicaremos en qué consiste básicamente la tercera prueba del Torneo de las Tres Partes, cosa que estoy seguro esperaban.
El público se puso a cuchichear con entusiasmo.
—En primer lugar, les hago notar las cintas de colores que los campeones portan en esta ocasión —continuó el señor Wood con una leve sonrisa nerviosa —Esas cintas les indican a cada uno dónde está lo que deben conseguir en el fondo del lago, de manos… o mejor dicho, de tentáculos del calamar gigante…
Los murmullos se detuvieron de pronto. ¿El calamar gigante?
—Así que sujétense bien a sus asientos que esta prueba será demasiado activa —pidió el señor Wood, un poco más animado que antes —¡Ahí vamos!
Y al sonido de un cañón, los campeones se lanzaron al lago y los botes que contenían al público comenzaron a moverse, pero para asombro de sus tripulantes, se comenzaron a sumergir. Varias chicas, sobre todo las de Beauxbatons, lanzaron gritos de susto, pero pronto los cambiaron por unos de pasmo al contemplar cómo entre más se hundía el bote, alrededor de éste parecía formarse una especie de burbuja que protegía a las personas en él. La gente se quedó maravillada con tan excepcional acontecimiento, viendo que de verdad los organizadores del torneo de habían esmerado para que el público viera en vivo y en directo la tercera prueba.
Ahora solamente faltaba distinguir, entre aquellas oscuras aguas, a dónde se habían ido los campeones.
&&&
Hola, gente. Creí que tardaría más en terminar este capi, luego de dejarlo medio botado por casi dos meses (lo que es un récord para mí, créanme). Pero luego de publicar ayer 30 de noviembre los tres anteriores, aprovechando que los releí para las revisiones de rigor, creo que la inspiración decidió hacer una breve parada por mi confusa mente, jajaja. Creo que ya estoy divagando. Mejor paso a los comentarios.
Sé lo que estarán pensando (o al menos lo supongo): que este capi es una confusión total. Se revelan muchas cosas y eso es porque… Bueno, decidí que combinara con el título del anterior, "Precipitación". A veces las cosas se dan tan rápido que uno no puede seguirles el hilo¿no les parece? Espero que puedan darme la razón.
Katrina sí que tiene de qué preocuparse, pues ahora el que actúa raro con ella es el tal Onassis. Pero calma todo el mundo, que Onassis no quiere nada malo con ella… creo. La verdad, Onassis tiene más vela en el entierro de lo que parece, pero con la baja de inspiración que tenía, no pude desarrollar la idea completa. Pero la sabrán pronto.
Y ahí va Mara a soltar una profecía¿pues esta niña no tiene nada mejor qué hacer? Sin embargo, a quienes les gustó el personaje de Lalo agradecerán dicha profecía, pues aclara un poco de lo que Yue Lin e Itzi pudieron ver, cada una por su cuenta. O mejor dicho, lo complementa. A quien no me entendió, no lo culpo. Creo que ni yo me entendí.
Además, la presentación de la tercera prueba, que quizá Corner no baje vivo del bote (sí, claro, eso quisiera Procyon), que Henry llegó a un acuerdo con Itzi que incluye que ella lo llame Acab (no es feo el nombre, pero algo raro sí) y no sé qué más detallitos se me escapan es lo que se mostró aquí. Y mejor me despido, porque siento que la inspiración quiere volver y mejor la aprovecho para comenzar el siguiente capi (lo que provoca un día sin clases y luego de haber visto el zafarrancho de la toma de posesión del ya presidente de mi país, Felipe Calderón¿no?)
En fin, cuídense y nos leemos pronto.
