Capítulo 49: Ajena
Hermione posó la mano en el espejo donde la imagen de Amy acababa de desvanecerse.
-no.- murmuró.
¿Caos? ¿Fin del equilibrio? ¿Destrucción? ¿Muerte? ¿Mágia? No le gustaba nada. Sólo quería volver a su mundo. Aquí se sentía... sola. No tenía a nadie. A nadie. Nadie en quien confiar... nadie. Era tan... tan... triste.
Ahora entendía porqué Amy había querido cambiar lugares con ella. Sí, era genial todo, el basquetball, el equipo de beis... El estilo, la apariencia, las bromas, sí, todo era genial.
Pero estaba sola.
Le tembló la mirada. Su único contacto con su vieja vida destruído... sentía que su corazón se había destruído con el paso, con la esperanza. ¿Volvería alguna vez a ver su mundo? ¿A Harry? ¿A Ginny? ¿A Ron? ¿O estaba atorada para siempre en éste sitio ajeno, chocante?
Se le escaparon un par de lágrimas. Comenzó a temblar.
Pero no temblaba de miedo ni de tristeza. Realmente, el suelo bajo ella estaba moviéndose. La tierra estaba temblando. El planeta entero estaba temblando. La realidad entera estaba temblando.
Estallaba el caos.
...
Luis iba rumbo a casa de Amy. Sentía la necesidad de aclarar sus ideas, de explicarse a sí mismo lo que sentía... Talvez hablar un poco con Amy le aclararía las cosas, y si no... y si no... bueno, esperaba que lo hiciera.
Sintió el temblor e instintivamente supo que algo andaba mal. Sin saber realmente el porqué de su preocupación, echó a correr hacia la puerta del departamento. De algún modo, sabía que no era un temblor como los otros. Talvez se lo advirtió el hecho de que nada parecía temblar por separado, sino que todo temblaba junto... hasta él, podía caminar como si nada se moviese, como si todo estuviese en orden... de hecho, no estaba temblando. ¿Qué le había hecho pensar eso?
pero entonces... ¿Porqué estaba tan preocupado por Amy? ¿Porqué le parecía que temblaba? ¿Porqué tenía la sensación de que estaba temblando? ¿Porqué creía que algo no estaba del todo bien?
La puerta del departamento estaba abierta. Luis entró sin pensar en llamar o pensar que a Amy podría no gustarle que entrara. Lo único que importaba en aquél momento era que ella podría estar en peligro. Abrió la puerta de la habitación de Amy y la vió, con una mano posada en el espejo y lágrimas en los ojos.
Era ella la que estaba temblando. Pero no de un modo natural, factible. Flotaba sobre el taburete donde debía de haber estado incada. Como si fuera otra clase de ser, un ángel o algo ajeno a éste mundo.
Ella lo miró, los ojos brillando con un resplandor extraño, ajeno. Y entonces él supo que no era algo de éste mundo.
