Capítulo 54
—Snape. —gruñó Moody como saludo desde la puerta del laboratorio.
Tres semanas habían pasado desde que enviaran al extranjero a aquellos que querían irse. Lily estaba histérica por el pronto nacimiento de su bebé y James ya estaba malcriándolo, aún antes de haber nacido. Aquella reunión tan extraña tomaba lugar después de una misión exitosa, donde el plan que se había seguido era el que proponía Severus. ¿Tendría algo que decir al respecto? ¿O era otro asunto?
—Moody. —susurró silenciosamente Severus como respuesta. Puso en éxtasis sus pociones, pues no se fiaba un pelo del antiguo auror, y se levantó.
—Acompáñame fuera. —le ordenó o pidió Moody. Severus no sabía muy bien cuál de las dos elegir, ya que sonaba a una mezcla de ambas.
Severus terminó de cerrar su laboratorio y salió fuera, con Moody, que le esperaba mirando la plaza central del santuario. El viejo le miró de reojo y comenzó a caminar, sin ningún rumbo. Severus le siguió, más intrigado por su actitud que curioso por la conversación que se avecinaba. Casi parecía como si quisiera echarlo de la Orden en una conversación privada, pero no había motivos. Lupin calmaba las discusiones entre los dos, pues Moody se tomaba una ofensa personal que alguien viera algo mejorable en su plan y Severus no tenía las habilidades sociales para suavizar sus palabras ni le importaba lo suficiente como para intentarlo.
—Tus recomendaciones resultaron ser útiles al final. —le ¿elogió? Moody. Casi parecía haber escupido ese cumplido, pero Severus se limitó a sonreír muy poco, obviando el tono que el otro había usado. —No me refiero solo al plan de ayer. Había olvidado que, además de ser retorcidos, los slytherins sois las mentes maestras que sacan los mejores planes y estrategias.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Severus, medio en broma. —No es algo que tú dirías.
—De hecho… Sí que es algo que yo diría. —Moody continuó caminando, su cara arrugada en una mueca de molestia. —O al menos, que yo habría dicho hace tiempo. No he sido justo contigo ni con tu compañero Black porque sois de Slytherin. Hmpf, nunca antes me había pasado.
—¿Estás queriendo decirme que antes no eras tan parcial?
—Eso mismo. Cuando estaba en el Departamento de Seguridad Mágica, y antes también, no era así. Siempre me he jactado de ser justo, pero últimamente no lo he sido mucho. No desde que Albus murió – bueno, fue asesinado. ¡Já! Pensar que era yo el que le insistía en que metiera a gente de otras Casas en la Orden…
Severus le dejó pensar, en silencio, mientras llegaban hasta las murallas de madera del santuario. Moody paseó por el extrarradio, mirando de vez en cuando a los vigilantes. Después de un rato de silencio, dijo:
—Luego el Innombrable asesinó a Albus y todo lo que vi fue a sus aliados… Todos slytherins. Por supuesto que erais los malos, todos vosotros. —se reprochó con cierto sarcasmo. —Lo que quiero decir es que no puedes juzgar a una Casa por un solo individuo. Albus me contó acerca de ti y de cómo te estabas llevando a sus preciosos merodeadores hacia los mortífagos, hacia Él; así que no juzgues a Gryffindor por mi comportamiento o el suyo, dejamos que desear.
—No te preocupes por eso, tengo suficientes gryffindors en casa como para caer en esa trampa. —Moody le miró y rió entre dientes. Severus rodó los ojos, pensando en James y Sirius, y sonrió pensando en Lily.
—No sé cómo has conseguido traer a tanta gente a la Orden. Todos los que se fueron, realmente. —Severus rió en voz baja.
—No fue cosa mía. No sabes lo persuasiva que puede ser Lily. Eso y que la Orden vuelve a parecerse más a lo que era en sus orígenes.
Moody se rió abiertamente. Su risa sonaba casi como un ladrido, áspera y seca, pero también llena de un humor rancio. Severus lo dejó estar, realmente sorprendido. Era extraño ver a Moody pedir perdón o lamentarse por algo que había hecho, más todavía por no ser justo. Claro, Severus lo había conocido cuando Moody ya era anti-Slytherin, y parecía como si hubiera cambiado muchísimo en muy poco tiempo. La muerte de Dumbledore era el catalizador de todo ese cambio y Severus no podía evitar chasquear la lengua al pensar que el propio director se había asesinado por no escucharles en su momento.
—Dejando atrás eso, —siguió Moody. —había pensado en afianzar nuestra posición aquí, en el santuario.
—¿A qué te refieres, exactamente?
—Incorporar a los vigilantes a nuestras filas. —Severus enarcó una ceja, entre confuso y escéptico. —No me refiero a hacerlos parte de la Orden, sino... A influir nosotros en ellos, o algo así. —Moody se aclaró la garganta, mirando a una de los vigilantes subida a la muralla. —Es todavía una idea, pero nos vendría bien poder coordinar una defensa rápidamente y mejoraría la imagen de la Orden.
—Podríamos entrenarlos y dedicar algunos efectivos a la gestión de los vigilantes. —murmuró Severus. —¿Tienen una jerarquía?
—El que los organiza es Davey Gudgeon. No hay más jerarquía. —terminó secamente Moody. —Entrenarlos no me parece mal, pero sobre dedicar gente a los vigilantes…
—Los Potter y los Longbottom tendrán hijos pronto y se retirarán, aunque sea por una temporada. Regulus Black tampoco está listo para salir afuera. Los Weasley podrían ayudar también.
—Esperaba que todos ellos se reincorporaran más tarde. —gruñó Moody.
—Pon a Arthur Weasley al cargo. El resto volverán a la pelea, pero de mientras pueden ayudarle a manejar las cosas por aquí.
—¿Weasley? —preguntó Moody. —Si pusiera a un Weasley a cargo de los vigilantes, sería a Molly y no a Arthur.
—Dale algo de crédito. Y Molly jamás aceptaría el puesto, menos acabando de dar a luz a un niño.
—Arthur, entonces. —suspiró Moody en acuerdo reticente. Severus tan solo esperaba que Weasley estuviera a la altura de sus expectativas, o más bien, las de los Longbottom, que a su vez eran las de James y Lily. Tener información de tercera mano no le molestaba, pero no estar seguro de sus decisiones sí. —No estaría mal enseñarles planes de acción. —murmuró.
—Si piensas que nos pueden atacar, deberíamos tener sitios a los que huir.
—Casas francas. —acordó Moody. —Estuve intentándolo hace unos meses, pero resulta complicado cuando todo el mundo reconoce tu cara.
—¿Has pensado en ir al mundo muggle? Ahí nadie te busca.
—¿Con esta cara? Creo que no es algo normal tener un ojo mágico. —se burló Moody.
—Los hechizos de glamour se inventaron para algo. —Moody resopló. Era demasiado orgulloso para su propio bien, pensó Severus.
—No me convence la idea. Aún así, lo pensaré. —añadió al ver la mueca escéptica de Severus.
Moody lo llevó de vuelta al edificio central. Caminaron un rato en silencio, hasta que el hombre preguntó:
—¿Cómo vas con el Innombrable?
—Planeando algo todavía. Antes de intentar cualquier cosa necesito saber cómo es, cómo se mueve, cómo lucha…
—¿Eso significa que saldrás pronto? —preguntó Moody. Severus se encogió de hombros, sin responderle directamente.
Se separaron antes de que Moody pudiera presionarle. Severus se escondió en su laboratorio, no queriendo soportar el insufrible interrogatorio al que podría someterle Moody. Había sido decentemente cortés hasta ese momento, y Severus había actuado en consecuencia, sin ser grosero a conciencia. Tenía que pensar muy bien sus siguientes pasos, ya que si se lanzaba a por el Señor Oscuro sin un plan meticuloso (y varios planes de reserva) terminaría muy, muy mal.
Pensaba en cómo llevar a cabo dicha proeza cuando un ciervo plateado apareció en su laboratorio. Severus frunció el ceño inmediatamente, esperando oír las alarmas del santuario alertando de un ataque. Era muy tarde, de noche ya, y Severus no había ido a casa a cenar, enfrascado en sus planes e investigaciones. Seguro que James no le mandaba un patronus por no haber ido a cenar, ¿no?
—Severus, Lily está – ha roto aguas. —la voz nerviosa de James le sacudió como si le hubiera pegado una bofetada. ¿Lily estaba…? No, eso no podía – no, no. —Dorcas está aquí, pero – no sé qué hacer. Ven, por favor. —lo último parecía ya una súplica.
Severus saltó prácticamente del taburete donde estaba sentado. Meadowes no se había equivocado con la fecha del parto: era justo 30 de julio, aunque pronto sería 31. Recogió su capa de viaje al vuelo y cerró mágicamente el laboratorio detrás de sí. Ya no quedaba nadie en los pasillos del edificio central, así que nadie vio a Severus correr como un pobre diablo hasta casa. Las luces estaban encendidas y parecía haber bastante gente dentro.
—¡Severus! —le llamó Regulus. Sirius y Lupin estaban sentados en el sofá, junto a Regulus. Los tres estaban muy pálidos. —James está arriba, con Lily. Meadowes está – bueno, haciendo de comadrona, con Molly Weasley. Dicen que va a ser lento, igual no nace hasta el alba.
Se escucharon ruidos en la cocina. Alguien cacharreaba allí y Severus, repentinamente hambriento ante el olor de la comida, acudió. Amelia Bones estaba allí, haciendo algo de comer con la ayuda de Edgar, su hermano. Ellos dos lo saludaron, también algo pálidos porque los gritos de Lily llegaban hasta el piso inferior bastante audibles.
—Menuda coincidencia. —murmuró Edgar. —Esta mañana Alice y Frank han tenido a su bebé, y ahora son Lily y James.
—¿Los Longbottom también han tenido ya al niño?
—Neville Longbottom, le van a llamar. —contestó Amelia de espaldas a Severus. —¿Tienes hambre? Dicen que va para rato. He hecho col para todos.
—No sé si alguien la va a apreciar con estos gritos de fondo, hermanita. —se rió Edgar.
Llevaron la olla y platos a la sala de estar. Nadie se había movido de su posición, pero estaban un poco más blancos que antes. Comieron en silencio, aunque los gritos de Lily resonaban de fondo y les producían un malestar y un horrible peso en el estómago. Amelia y Edgar Bones se marcharon poco antes de medianoche, dejándoles a cargo de darles la enhorabuena a los padres una vez el bebé naciera. El resto se quedó en silencio de nuevo. No tenían ninguna excusa para marcharse, pero estar allí era horrible y opresivo.
—¿Vosotros creéis que están bien? —preguntó Lupin al cabo del rato. —Llevan desde las once ahí metidos y Lily no deja de gritar.
—Tranquilízate, Lunático. —intentó quitarle peso al asunto Sirius. —Si estuvieran mal las cosas ahí arriba nos habrían avisado. Esto solo es… Bueno, lo típico de los partos, ¿no? —preguntó, más que afirmarlo.
—Ni idea. —respondió Regulus. Severus inclinó la cabeza, concordando con el menor de los Black.
—Espero que estén bien. —casi rezó Lupin.
Esa noche iba a ser muy larga.
