Hicieron falta dos días para que la presencia de los recién llegados en la base, se normalizara mínimamente para soldados y oficiales. Aun eran muchos los que se giraban en cuanto los veían pasar, para momentos después cuchichear entre ellos. Pero poco a poco, las sospechas se iban disipando. El hecho de que aun siguieran convida y con total libertad de movimiento, ofrecía cierta confianza a todos los residentes en aquel lugar.
Miller había dado las explicaciones justas y necesarias. Nadie sabía por completo que era lo que había ocurrido y que fue pactado, tan solo los implicados conocían todos los términos a los alcanzados.
A su vez, durante esos días, las tropas restantes en el destructor se fueron preparando para tomar tierra, y los heridos fueron rápidamente atendidos. Solo los mercenarios y mercaderes originarios de Nixus se mantendrían aun en el cielo, con el destructor a flote, bajo expresa orden de la ahora de nuevo Coronel.
-¿Entonces ya está claro? –La pregunta de Kylo recibió toda la atención posible por parte de los soldados que estaban frente a él.
-Sí señor. –Afirmó el de mayor rango respondiendo por todos los presentes.
-¿Hux? –Inquirió esta vez el moreno hacia el mencionado, que desde un lateral se cruzaba de brazos con clara molestia en su rostro.
-¿Qué quieres que diga? No tengo otra opción.
-Bien, entonces, poneos en marcha. –Debían traer en el menor tiempo posible a los soldaos que había hecho presos durante el conflicto en Nixus, al igual que los que habían capturado la resistencia junto al pelirrojo. Y para ello, era importante la colaboración de este último, ya que sus palabras serían las encargadas de explicarles la nueva situación a todos ellos, en busca de minimizar cuanto fuera posible, los altercados a causa de represalias.
-Esto puede salir muy mal, por muy soldados que sean, y que deban cumplir las órdenes que se les dan, el contarles que su vida fue expuesta de forma programada que han sido los suertudos de no haberla perdido, no es algo que sea fácil de asumir. Sed conscientes de que no van a quedarse callados. –Señaló Hux mientras se movia dispuesto a seguir el plan.
-Promételes una recompensa, un premio por el mérito de haber sobrevivido, lo que sea que pueda calmar su ira, un ascenso si hace falta. En cuanto vean los beneficios que han obtenido por seguir con vida se calmaran lo suficiente como para que sigan cumpliendo con su labor.
-Jamás pensé que diría esto, pero eres demasiado optimista Ren. –No escondió en ningún momento el tono burlesco de sus palabras, ni tampoco la risa que prosiguió a las mismas, antes de seguir a los soldados encargados de recibir a los que descenderían del destructor.
-Diría que se ha suavizado. –Susurró la castaña desde su situación. –No mucho, pero parece asumir que no tiene otra más que aceptar la situación.
-Es algo que tarde o temprano debía ocurrir, aunque aún no me fio, esta calma puede preceder a una tormenta sobre todo si la provoca él. –La vista de ambos se fijó en la espalda de Hux que desde la distancia ya comenzaba a refunfuñar quejándose de la situación.
-No hay que quitarle la vista de encima.
-No, una sabandija siempre es una sabandija. –Sentenció dispuesto a dar por zanjado ese tema. Se viró hacia la castaña que a pesar de estar en pie, y tras dos días de absoluto reposo, no se había recuperado del todo. -¿Han empezado ya con Yul?
Uri negó. –En breve, están preparando todo, el cirujano llegó esta mañana. –Alzó su vista hacia él. -¿Vendrás?
-Si nada me lo impide sí. –hizo una pausa, al fijarse en el rostro de Uri, le costaba hablar del tema. En los dos días que habían transcurrido, al contrario de como auguraron los doctores, la condición del muchacho había ido a peor. En la segunda noche, las fiebres lo acosaron y su estado se fue desvalorando progresivamente. Todo ello pesaba sobre los hombros de la castaña, que debido a su reclusión en el ala media, veía el inevitable deterioro del muchacho. –Saldrá bien…
-Eso espero, el cirujano ha dicho que es un caso difícil, pero no es el más complicado que ha sacado adelante, por lo que no debería preocuparme.
-Entonces hazle caso. –Le acaricio la mejilla intentando animarla, lo que le sonsacó una escueta sonrisa a la castaña.
-¿Se sabe algo de los que escaparon? –Preguntó tras unos segundos de silencio.
-Pensaba ir ahora a informarme.
-Necesitamos un punto en la galaxia para poder focalizar la búsqueda o no será útil. En cuanto sepas algo avísame y redirige la búsqueda. –Se giró un instante para mirar una última vez el movimiento de naves, antes de voltearse de nuevo hacia el caballero. –Si no me necesitas más aquí, me retiro al ala médica. Si la operación empieza sin mí, no me dejaran entrar luego.
-Intentaré llegar a tiempo. –Un pequeño gesto de agradecimiento de la joven, fue lo único que dio por zanjada la conversación antes de que ambos se separaran cada uno en una dirección distinta dejando atrás las naves que en un ir y venir incesante no paraban de transportar tropas de un lado a otro, mientras la voz de Hux se escuchaba de fondo, gritándole a varios soldados.
El sonido de los pasos de los soldados se escuchaba por los pasillos, nadie estaba quieto, no en esos días, desde que el enfrentamiento se llevó a cabo en el lugar, no había ni una tropa parada. Escombros y naves decoraban el lugar, poco a poco se iban retirando todos los escombros, pero aún quedaba mucho trabajo por delante. Los cadáveres fueron incinerados en el primer día, y los agujeros en las paredes tapiados de forma provisional.
Kylo caminaba examinando cuidadosamente el lugar. Se notaban los avances, lentos pero constantes, sería cuestión de tiempo que esa enorme base retomara poco a poco la calma que solía caracterizarla.
Alcanzó el puesto de mando lugar donde Miller prácticamente se había trasladado de forma casi permanente después de que todo ocurriera. Varios de los presentes alzaron la testa para saber quién era el recién llegado, pero ninguno hizo nada para informar al resto, hasta que Hans, desviando su vita de la pantalla en su frente lo vio.
-Ren –saludó -¿Ocurre algo?
-No –respondió tajante, paseando su vista sobre los presentes antes de posarla en el hombre. -¿Hay algún avance en la búsqueda de los que escaparon de la resistencia?
-Sigue en progreso, aun no damos con la ruta que tomaron, hemos tenido avances, pero no han dado resultados positivos. –Informó cediéndole hueco para que pudiera ver la misma pantalla que el miraba. –Cuando llegan a estos dos planetas, la información que recibimos deja de ser fiable. Lo único que sabemos con certeza es el número de naves que han escapado. –El moreno fijó su vista atentamente en los planetas señalados, memorizó los nombres serian útiles para que Uri fijara el rumbo de sus indagaciones. –Han sabido huir, se han movido con cuidado, no acercándose a las zonas que controlábamos, su dirección se ve claramente trazada hacia puertos en conflictos que no permiten que la información sea verídica y fiable. –Hizo una pausa antes de suspirar. –Quien sea que los está guiando actualmente, conoce las pautas para poder moverse sin que los detectemos.
-¿Entonces es posible que alguien de sus altos cargos haya escapado?
-Es lo más probable, es eso o alguien muy cerca de su cúpula.
-Eso no me gusta. –chistó con molestia apretando el puño. –Se suponía que quedarían completamente descabezados, esta maniobra aseguraría el fin de la resistencia. –Alzó la voz molesto. Aunque el objetivo de sus acciones no hubiera sido ese en un principio, el giro de acontecimientos les había presentado una oportunidad única, pero no habían sabido aprovecharla, esas rutas que tomaban a la hora de huir lo demostraban, alguien que debería estar muerto seguía con vida. -Que alguien así aun siga con vida, no augura nada bueno. Priorizar la búsqueda. –Sentenció, recibiendo una afirmación de Miller, que dio las órdenes pertinentes.
-¿Han descendido ya todas las tropas? –Preguntó antes de que el caballero se marchara de la sala. –Hoy era el día que estaba asignado para ello ¿no es así?
-Están en ello, Hux se está encargando personalmente de la tarea.
-Bien, me gustaría tener un conteo real de las tropas restantes después de tantas perdidas.
-Aún quedan algunos por llegar, he mandado varias naves a que vallan en su búsqueda.
-Cundo estén todos en la base agradecería que se me informara. Sobre todo para saber cuántas estancias para civiles he de preparar. –Aquel comentario sorprendió al caballero.
-No habrá civiles aparte de Nut, el resto regresará a sus planetas de origen.
-Creía que se unirían a nuestras filas, después de todo lucharon esta batalla en nuestro bando. Sería bueno recompensarles con un buen puesto y alojamiento.
-Aun así, no se quedaran, son todos comerciantes, ayudaron a la academia cuando fue necesario, pero no se unirán a la Primera Orden. –Hizo una pausa un instante. –Solo hay una mujer que se quedará de forma temporal, pero no va a afiliarse a la Orden, me es más útil fuera que dentro. –El veterano lo miró con cierta duda, pero tras unos segundos afirmo.
-Bien entonces solo preparé dos estancias. ¿Preparo también una plaza para la academia para el muchacho? Lleva varios años de retraso en la formación. –Preguntó a sabiendas de quien era Nut.
-Eso no soy yo quien debe decidirlo. –Finalizó esta vez sí, dando por zanjada la conversación, saliendo momentos después de la sala.
Abandonó ese sector en cuanto pudo, pasando en su camino hacia el ala médica por la pista de aterrizaje. No tenía ganas de aguantar las quejas de los soldados, los gritos y mucho menos las estupideces del general. Miró de soslayo como poco a poco los nervios del pelirrojo se iban perdiendo, y alzaba más y más la voz, mientras que el gran número de soldados que fueron sido hechos presos días atrás, discutían sin miramientos sobre lo ocurrido.
Varios soldados de la base se acercaron como método preventivo a lo que pudiera ocurrir, provocando en el proceso la agitación en respuesta de los propios recién llegados, que ante la amenaza se veían cada vez más acorralados.
-Maldita sea Hux. –Se quejó desde la distancia, antes de verse obligado a acercarse al lugar. -¿Qué ocurre aquí? –Alzó la voz al llegar, captando las miradas de los presentes, cargadas de ira por parte de muchos.
-¡Mi vida la pusisteis en riesgo! –Gritó uno mientras dos intentaban sujetarlo. –¡Mis compañeros murieron por vuestra culpa! –Kylo hizo una mueca de molestia.
-Estoy harto de dar la misma explicación una y otra vez. –Alzó su mano, mientras se giraba hacia el pelirrojo. –Si no puedes acerté cargo de ellos, mándalos a todos a un reacondicionamiento. –Escupió las palabras, mientras que el soldado, que con anterioridad estaba intentando abalanzarse sobre ellos, se mantenía estático sin poder moverse. Los otros dos soldados, lo soltaron de inmediato en cuanto dejaron de notar la fuerza en contra.
-Reacondicionarlos era mi primera opción, erais vosotros quienes os negasteis a ello. –Imitó al moreno en tono y volumen. –Me sería mucho más fácil enviarlos a todos ellos, pero tú mismo dijiste que me limitara a darle premios. –Señaló a los soldados mientras encaraba al caballero. El mencionado chistó la lengua cansado, a la vez que con su mano libre se masajeaba el puente de la nariz. Esa había sido la decisión, debían mantener la fachada ante Miller, sin llevar a los soldados recién llegados a reacondicionamiento, aunque ello les supusiera un dolor extra de cabeza.
Espero unos segundos entre refunfuños, hasta que descendiendo la mano que limitaba los movimientos del soldado se viró hacia todos ellos y los encaró. El soldado que con anterioridad había sido el mayor exaltado acalló sus gritos, pero sin dejar de mostrar su descontento con la situación, como todos sus compañeros recién llegados.
Un soldado de la base a un lateral suyo armado le llamó la atención y rápidamente se giró hacia él quitándole el arma de mala manera, sorprendiendo a todos los presentes. El incitador se acongojó y así lo demostró con una serie de pasos hacia atrás, al igual que sus compañeros.
-No lo hagas. –Le señaló Hux, sabiendo que cualquier acto en contra de esos soldados podría acarrearles más problemas de los que ya tenían.
-¿Hacer? –Sonó ofendido el moreno, antes de girarse hacia el resto de los soldados armados que rodeaban a los recién llegados. –Maldita sea bajar las armas, ¡no son nuestros enemigos! –Le reprochó, retándoles con la mirada. -¿Creéis que ayudáis así? ¡No hacéis más que empeorar la situación! –Alzó el arma y apuntó con ella a la cabeza del soldado a quien se la había arrebatado. -¿Te fiarías de alguien que te apunta a la sien? –Le escupió la pregunta. Los gritos llamaron la atención de más soldados en la zona, que se pararon para saber que pasaba, pudiendo ver, como el caballero apuntaba sin miramiento al soldado. Un sutil gesto negativo fue la única respuesta que recibió. –¿Entonces que se os pasa por la cabeza para pensar que haciéndolo mejorareis la situación? –Descendió el arma y se la entregó empujándolo con ella en el pecho. Miró a Hux y vio su rostro de incomprensión. –No soy estúpido, se lo que me conviene y que no.
-Antes no lo sabias. –Se excusó rápidamente el pelirrojo.
-Será que me hago mayor. –Ironizó el caballero, fijando su vista en los recién llegados que mudos los miraban ya sin protestar. -Asígnalos al destacamento de Uri.
-¿Con los cadetes? –Preguntó incrédulo. –¿Estás loco? Ellos son quienes los atacaron. Haciendo eso provocaras más conflictos. –Le refutó en un susurró.
-Hemos perdido hombres en la batalla, estos ya no están en las mismas condiciones que tus marionetas estándar, incluso se están alzando contra nosotros. Uri sabrá sacarle provecho.
-Se mataran entre ellos.
-No lo harán si saben lo que les conviene. –Sentenció también en susurros, antes de mirar a los soldados, que esperaban expectantes cual sería el resultado de la situación que tenían.
–Esto no augura nada bueno. –Masculló molesto antes de girarse hacia los soldados. –Vuestra situación se debió a una sucesión de difíciles decisiones. –Alzó la voz llamando la atención de todos los presentes. –Y por ello es que se os va a compensar, a pesar de vuestro comportamiento inadecuado. –Reprochó sin centrar su visión en ninguno de ellos. –Es escuadrón de la Coronel Uri, ha tenido un gran número de bajas en los últimos tiempos…
-¿Los traidores? –Sonó ofendido en un susurro uno de los soldados. –Ambos hombres clavaron su vista en él provocando que retomara el silencio al instante.
-Cómo iba diciendo. El escuadrón de la Coronel ha tenido bajas, al igual que vosotros, pero se sabe que sus hombres son de una gran valía y aspiran a próximos ascensos. Seréis asignados a él, se os entrenara… -Conforme hablaba y ante la quietud de los soldados, el caballero, dio por finalizada su presencia en el lugar. Los ánimos se habían calmado y con ello su presencia allí sobraba.
Se viró sobre sus talones, su objetivo inicial había sido el ala médica, y sabía que debido a esa interrupción ya le sería casi imposible llegar a tiempo para la intervención de su discípulo.
Apenas le costó minutos alcanzar su destino y como bien predijo la posibilidad de acceder había desaparecido. Un enfermero le informó brevemente de la situación, hacia minutos que había comenzado y la intervención duraría varias largas horas. Masculló entre dientes, antes de afirmar concediéndole, solo un cristal en uno de los pasillos podía permitirle ver qué era lo que estaba sucediendo.
No supo exactamente cuánto tiempo estuvo en silencio mirando a través del cristal. Los doctores se movían de un lado a otro siguiendo las instrucciones del cirujano especialista en este tipo de operaciones, mientras la figura estática de la castaña, ataviada con las ropas que le habían dado para mantener el espacio libre de contaminación externa, se mantenía estática mirando al muchacho tendido sobre la camilla, inerte y siendo monitoreado constantemente, sin ocultar su ceño fruncido y sus puños apretados a causa de la impotencia que le suponía el estar ahí sin poder hacer nada.
-Señor. –La voz lo sacó de su ensimismamiento, cuando un oficial de bajo rango se situó a su lado, esperando algún gesto para continuar. El moreno lo miró sin apenas moverse a lo que el oficial continuó. –El General Hux ha dado orden de informarle de la llegada de la nave procedente de la antigua base de la resistencia. –Esa información, valió lo suficiente para que el caballero prestara completa atención.
-¿Ya han llegado? Es demasiado pronto.
-Desconozco las razones por las que han llegado antes. Pero el muchacho ha insistido numerosas veces en que quería verlo cuanto antes, que tenía algo que darle. –El caballero alzó una ceja curios ante esa información, y con un gesto de la mano, le incitó a traerlos.
-Que venga también la doctora. –No hizo falta una afirmación, para que el oficial saliera de inmediato en busca de ambos.
Fue cosa de pocos minutos lo que tardó el caballero en escuchar los pasos apresurados del menor, recorrer todo el pasillo, mientras que con cierta agitación, se dirigía directamente hacia él.
-¿Están bien? -Se abalanzó contra el cristal pegando sus manos y frente contra él. El golpe alertó a los que en el interior se encontraban, incluso Uri sobresaltada se giró hacia el pequeño regañándole desde el otro lado. -¿Estáis bien? –Preguntaba a gritos contra el cristal, sabiendo que si no lo hacía así la castaña no podría escucharlo. Uri, se llevó una mano a la frente mientras afirmaba con cansancio. -¿Y Yul? ¿Ese es Yul? –Insistía, mientras miraba al muchacho sobre la mesa. –¿Ese es Yul? –Le inquirió a prisa al caballero, antes de volver a pegar su frente al cristal. -¿Eso es su sangre? ¿Qué le ha pasado? ¿No está muerto verdad? ¡Uri! ¡¿No está muerto verdad?!
-Ya para, para. –El caballero tuvo que cogerlo en brazos para apartarlo del cristal, mientras este pataleaba para volver contra el cristal. -¡Nut! ¡Basta! –Alzó la voz, a la par que lo dejaba en el suelo y lo giraba para poder encararlo. –Están operándolo y necesitan calma y tranquilidad, que des gritos no ayuda. –El pequeño intentó por todos los medios mirar tras de él, mientras el mayor hablaba, no fue hasta que el Kylo se agachó y le sujetó el rostro con ambas manos, que el pequeño no se centró en sus palabras. –Necesitan silencio. –Repitió lentamente para que Nut entendiera, y eso pareció hacer cuando en silencio lo miró por largos segundos, hasta que al fin afirmó lentamente.
El caballero le permitió moverse al verlo en silencio, y este rápidamente se giró de nuevo para ver lo que ocurría en el interior, mientras los pasos de una segunda persona se escuchaban acercarse, hasta alcanzar al mayor, situándose a su lado.
-Sabía que estaba mal, pero no tan mal. –Susurró la mujer mirando al igual que los otros dos a través del cristal.
-Es la columna vertebral. –Informó escuetamente el caballero. Una mueca de preocupación se mostró en el rostro de la recién llegada, que conocedora de lo que suponía, sabia de lo difícil de la cirugía.
-Ya. –Sonrió levemente. –Fuimos los primeros en salir de la base, el resto han partido hacia la nueva ubicación.
-¿No ha habido problema?
–Por el momento no, van sobre seguro. No repiten la ruta y buscan alternativas para no ser seguidos. -El moreno afirmó satisfecho. -Las naves que enviasteis se harán cargo del transporte, hasta que el destructor pueda moverse.
–No está listo aun, habéis llegado antes de lo que esperábamos. –Una pequeña carcajada escapó de la mujer ante ese comentario, antes con un gesto señalar al pequeño.
–Aquí el renacuajo tenía prisa. –informó con sorna, provocando un gruñido por parte del pequeño. –Ha estado todo el trayecto en la cabina insistiéndole a los pilotos para que se dieran prisa. No los ha dejado tranquilos ni un segundo. Y ya ni qué decir de lo mucho que insistía en tierra en buscar una nave para venir a ayudar. En cuanto supo que ya era seguro venir, se preparó y estuvo vigilando el cielo en todo momento.
-¿Para qué tanta prisa? –Preguntó curioso el moreno.
-¡Quería ayudar! –se quejó sin apartarse del cristal, hasta que el pequeño recayó en algo e ignorando por primera vez el cristal, se viró para enfrentar al mayor, mientras buscaba algo entre sus ropas. –Además Leía me dio esto para ti. Dijo que no te lo diera hasta que la batalla acabara. Dijo que era muy importante y que lo guardara bien. –Le enseñó un pequeño dispositivo de datos. La rostro de la doctora dejaba en claro como esa información por parte de Nut le había pillado por sorpresa, desvió su vista del pequeño al caballero. Estaba en silencio mirando fijamente el dispositivo sin moverse de su situación. –No he mirado nada, dijo que era para ti. –Se excusó antes de tiempo incomodo por el silencio. –Lo prometo. –Agregó mientras se removía de su posición con la mano en alto, esperando a que el caballero cogiera el dispositivo. Kylo miró por largo tiempo el dispositivo, hasta que Nut impaciente, le agarró la mano y se lo colocó en ella. –De verdad que no lo he mirado. –Le aseguró una última vez a ambos, antes de volver su atención en lo que ocurría tras el cristal.
-¿Sabes qué es? –Habló sorprendentemente calmado hacia la doctora.
-No sabía que tenía algo así. –Negó con la cabeza, curiosa de saber qué era lo que ese dispositivo podría contener. –Pero imagino será importante.
-Es posible… -Fue apenas un susurró, sin apartar la vista del pequeño objeto en su mano. -¿Te importa quedarte con Nut un rato más? Aún le quedan varias horas a la operación, tengo que saber qué es esto.
-Si claro, no te preocupes, si hay algún cambio buscaré a alguien para que te avise. –El caballero afirmó con la testa, en silencio dispuesto a salir del aquel hermético corredor, no sin antes pasar su mano por la cabellera del pequeño.
Las horas siguientes pasaron en silencio. Nut se movia de un lado a otro impaciente mientras miraba a través del cristal, siguiendo cada uno de los movimientos de los doctores. Kanna, a su lado buscaba una y otra forma de tranquilizarlo, ya fuera con simples comentarios, como ofreciéndole asiento o comida, pero nada de ello serbia. La situación era tensa, el rostro de la castaña al otro lado así lo demostraba, al igual que los intentos por acercarse hacia la mesa de operaciones que nunca llegaban a alcázar su objetivo por propio autocontrol.
Cuando el cansancio del pequeño hizo mella y se dejó caer sobre el banco corrido en la pared del corredor, los doctores dieron como finalizada la intervención.
-Ha ido bien. –Le informó a la mujer. –La recuperación y la rehabilitación será lenta, pero si es paciente y sigue las instrucciones no debería haber problema. –Hizo una pausa mientras se retiraba los guantes. –La prótesis está completamente integrada, el material es de la más alta calidad, por lo que el rechazo del mismo es casi imposible.
-Entonces ¿podrá volver a andar?
-Si no hay ningún problema durante su recuperación, sí. –Una pequeña sonrisa se apoderó del rostro de la castaña.
-¿Puedo acercarme? –Preguntó mirando al muchacho tendido sobre la mesa. –La afirmación del hombre, le dio pie a moverse, hasta que un sonido contra el cristal tras suyo le hizo pararse.
-¡¿Qué ha dicho?! –Se escuchó velado desde el otro lado al pequeño, que de nuevo con la frente pegada al cristal preguntaba a gritos.
-Por favor Nut compórtate. –Le espetó desde el interior, vocalizando para que este pudiera entenderlo. -¿Puede pasar? –Preguntó al doctor que negó rotundo.
-Enseguida lo cambiaran a una de las habitaciones, ahí podrá verlo.
-Entiendo. –Agradeció la información, antes de girarse hacia el cartel. -En cinco minutos podrás verlo. –Le señaló con su mano en alto señalando la cifran, Nut arrugó la nariz al no entenderlo, hasta que la mujer a su lado se lo tradujo, entonces afirmó y apartándose del cristal quedó estático esperando a que sacaran a su primo.
No hizo falta esperar mucho, fue cuestión de minutos lo que los enfermeros y algunos droides tardaron en moverlo de estancia. Nut se apegó a su cama desde el primer momento en que lo vio aparecer por la puerta, mientras que el agotamiento en la castaña hacia mella y se quedaba rezagada.
-¿Dónde está Kylo? –Preguntó dejándose caer sobre el banco. –Lo vi antes.
-Se fue. –Se sentó junto a ella. –Leia le dio algo a Nut…
-¿Leia? –Se sorprendió.
-Sí, me he enterado en cuanto hemos llegado aquí, no sabía nada Nut lo ha mantenido escondido hasta ahora, según ha dicho tenía que dárselo a Kylo, que era algo importante. En cuanto se lo ha dado se ha ido. –Hizo una pausa ante el rostro de incomprensión que la castaña mostraba. –Dejó dicho que le avisáramos en cuanto hubiera cambios, ahora mismo iba a avisar a un soldado para que le informara.
-No hace falta, iré yo misma. –Susurró escuetamente antes de añadir. -¿Y hace cuanto que se ha ido?
-Cerca de dos horas, quizás algo más, poco después de que llegáramos. –La castaña afirmó con seriedad. Le preocupaba que era su madre podría haberle dejado. Se alzó y con un simple gesto se despidió de la doctora.
No le hizo falta preguntar a nadie por la ubicación del caballero. Se encaminó directamente hacia su estancia privada. Notó su presencia, estaba ahí, lo sabía. Llamó a la puerta un par de veces, esperó pacientemente, notaba algo extraño, poco habitual en él. –Kylo. –Lo llamó en un susurro ante la falta de movimiento al otro lado. Esperó un par de minutos, hasta que un segundo llamado ocasionó que la puerta se abrirá, apenas lo suficiente para que Uri entrara.
Se adentró en la escancia y buscó con la mirada al caballero. Caminaba dándole la espalda hacia la cama, se sentó con pesadez sobre ella. Uri cerró la compuerta, antes de acercarse a él. No le veía la cara, pero algo había pasado lo tenía claro, sus movimientos y comportamiento así lo demostraban.
Se acercó él y cuando estuvo lo suficientemente cerca lo vio. Tenía el rostro marcado por las lágrimas. Alzó sus manos a su rostro, antes de pasarlas por la cabellera. –Lo sabía. –Susurró el caballero, sin alzar la vista. –Ella lo sabía todo, no sé en qué momento lo supo, o como lo supo, pero lo sabía. –Habló con dificultad. –Incluso lo del bebe. –Hizo una pausa para coger aire. –Preparó todo para que escaparan los máximos posibles, poniéndose en el frente como carnada. Me perdona por lo que hice, que sabía que ese momento llegaría, y que no me guarda rencor. –Uri se acercó en apenas un par de pasos hasta el para rodearlo con sus brazos.
El caballero rompió a llorar escondiendo su rostro en el cuello de la castaña. Se aferró a sus ropas, mientras notaba las manos de su mujer pasearse por su espalda. -Maldita sea Uri. –Un lamento camuflado en queja. –Me ha pedido que haga lo que haga, escoja el camino que escoja, no le arrebate la decisión de elegir su propio camino a su nieto. –Se separó lentamente, lo suficiente para poder apoyar su frente contra la de la castaña. –No quiere que le robemos la posibilidad de vivir una vida lejos de esto.
-¿Y tú qué quieres? –Le preguntó aferrando su rostro entre sus manos, para mirarlo fijamente, mientras retiraba con sus pulgares el resto de lágrimas.
-No lo sé.
