LAS FLORES DE CEREZO DESPUÉS DEL INVIERNO.

En la academia de la Verdadera Cruz todo estaba muy elegante. No sólo por la graduación de los estudiantes, sino que ese año se celebraría el aniversario de la academia, por lo que irían los directores y profesorado de algunas sucursales.

Rin y Hikari se graduaron finalmente, aunque Hikari había obtenido puntajes muy altos no le dieron reconocimiento pues se había ausentado muchas veces. Ella no le tomó importancia pero Rin sentía que era injusto.

Después de la ceremonia, Rin quería ir a celebrar con ella en el karaoke, ya que los demás estaban ocupados. No podía porque tenía que trabajar. Entonces quedaron de ir junto con los muchachos al día siguiente.

Aun así, Rin se encontraba desanimado, así que va a casa y se sienta frente al televisor a comer.

Hikari llegó a la casa antes que Rin y se dio un baño rápido, tomó el uniforme, el cual se le hacía ridículo, pero Mephisto le daría lo que ella quería si trabajaba de mesera en la recepción de los invitados de las sedes.

El uniforme consistía en una falda larga y con holanes color negro, una blusa blanca y un moño negro y con blanco a juego. Y para completar el atuendo llevaba un delantal blanco.

A Hikari se había olvidado el delantal y fue a conseguir otro.

Estaba retrasada, tenía que reportarse con la capitana de los meseros, entonces corrió cuando tropezó con alguien, fue tan fuerte el golpe que ella calló.

— Discúlpeme. Eso dolió.

—Discúlpeme usted a mí, iba distraído... ¿Hikari?

Ella levantó la vista y vio a un hombre con semblante preocupado, esos lunares eran inconfundibles.

—O-Okumura, ¿qué te pasó? Estás...

—¿Me veo mal sin los lentes? —Sonrió a la vez que ofrecía a Hikari la mano para levantarse.

—No es eso... Te vez tan diferente, tu cabello...

—Ah, solo lo peine un poco y diferente, quiero dar una buena impresión.

Yukio llevaba el cabello peinado hacia atrás y había sustituido sus gafas por unos lentes de contacto. Además llevaba un traje negro con una corbata color vino, que le daba un aire de madurez.

—¡Sí que la darás! Si no fueran por esos lunares no te reconozco. ¿Por qué estás tan elegante?

—Voy a dar el discurso de bienvenida a los invitados de las sedes.

—No me sorprende, disculpa, tengo prisa. Te queda bastante bien ese atuendo, ¡adiós!

Hikari agitó la mano y se alejó corriendo.

—No le pude preguntar que hacía aquí, ¿por qué estará vestida así?

Continuó su camino hacia el salón principal.

Hikari llegó con la capitana. Se ganó un regaño pero le perdonaron el retardo al decir que Yukio le pidió ayuda, extrañamente se creyeron su mentira.

Yukio terminó de dar el discurso y todo le aplaudieron hasta los meseros le ovacionaron.

—Katsuragi-san, ¿no crees que es muy apuesto?

—¿Ah? ¿Quién?

—Okumura-san, nunca lo había visto sin sus lentes.

—¿Lo conoce, Minami-san?

—No en persona pero él es muy popular.

—Lo sé...

—Pareciera que no sabes quién es.

—Sí, sé que es un niño genio y es cosas.

—Sería maravilloso que fuéramos pareja, es tan atento, guapo, amable y caballeroso.

Hikari soltó una risita. No pudo contenerse.

—¿Que es tan gracioso? ¿No crees que se ve muy bien hoy?

—No creo que él tenga todas esas cualidades, aunque hoy se ve bien.

—¿De dónde lo conoces? —Le dijo con tono molesto.

—Su hermano es mi amigo. —Contestó secamente.

—¿No me digas que tú eres la que llegaba con él a la academia? Dijo que en voz alta y en seguida Minami se disculpó avergonzada.

—Voy por más copas.

Hikari se retiró y entró a la cocina, dejo la bandeja y se dirigió a una habitación.

—¿Lo conseguiste?

—Sí, solo me falta una joya.

—Bien, cuando la tengas me haces la señal, nos veremos en el estudio.

—Si, Mephisto.

Hikari sale y regresa a la cocina, toma una bandeja y sale de nuevo al salón.

—Oye, no me contestaste.

—Disculpa, si no trabajamos nos van a regañar.

Hikari se alejó y fue al otro extremo, el director de sede de Qatar fingió chocar y con ella dejó caer una servilleta con una esmeralda.

Hikari se disculpó por chocar, y le entregó otro pañuelo. Yukio le hacía señas y se dirigió donde él.

—¿Puedes beber?

—No, aún soy menor de edad. No sabía que trabajarías aquí.

—Le puedo ofrecer jugo de arándanos o de uva.

—No, así estoy bien. Mejor hablemos luego.

Hikari entra de nuevo a la cocina toma otra charola y se dirige al estudio.

—¿Aquí está, me puedo ir?

—Bien hecho. Me gustaría que te quedaras como anfitriona en la fiesta, necesito tener vigilados a los invitados.

—No, tú dijiste que trabajaría esta noche y me darías un arma.

—Es la segunda parte de tu trabajo. Hazlo bien y te daré una buena paga además del arma.

—Sólo porque necesito el dinero.

—¡Eins, zwei drei!

Mephisto chasqueo los dedos y la ropa de Hikari cambio por un vestido. Y su cabello ahora estaba peinado de lado.

—¿Por esto dijiste que no me cortara el cabello? —Dijo enfadada.

—No te quejes, después de hoy podrás cortarlo tanto como quieras.

—¿Algo más?

—Solo asegúrate que no estén intercambiando información, y si lo hacen averigua que fue, puedes retirarte.

Salió del estudio y se dirigió al salón, se sentía muy avergonzada en esa ropa, pero eso era nada si podía conseguir un arma con que defenderse.

Abrió las puertas del salón y al momento de entrar despertó enseguida el interés de los presentes. Ella sentía las miradas clavadas y en ella, se limitó a caminar por la orilla y parase junto a un florero.

—Que señoría tan bonita.

Yukio giro y vio a Hikari de espaldas pero no la reconoció, el solo mostró una sonrisa nerviosa.

—¿En serio? No pude verla.

—Si me disculpa...

El joven que platicaba con Yukio se dirigió dónde Hikari, iba a medio camino cuando ella se giró y Yukio la vio.

Al ver su rostro Yukio cerró los ojos, y pensó, "estas lentillas me hacen ver visiones". No pudo ver más pues sonó su teléfono y salió al balcón a tomar la llamada.

—Okumura-kun, la señorita Katsuragi va a decir y unas palabras, el invitado sorpresa no pudo venir.

—¿Katsuragi?

—Ah sí, perdón, la jovencita que está bajo tu tutela. Un empleado te dará la hoja con el discurso. Te lo encargo.

Mephisto colgó sin aviso. Yukio guardo su teléfono y volvió a la fiesta.

Al entrar al salón, un mesero se acercó a él y le entregó un sobre.

Después de que el mesero se giró, Yukio busco a Hikari con la mirada, y la encontró hablando animadamente con un grupo de extranjeros. Después de todo no eran alucinaciones lo que había visto.

Se dirigió a donde estaban ellos pero justo en ese momento abrieron la pista de baile. Aprovechó la oportunidad y saco a bailar a Hikari.

Hikari platicaba con un grupo de personas, se sorprendían por lo bien que hablaba inglés y parecía una persona culta.

Se estaba empezando a sentí incomoda por la presencia de tantos hombres preguntándoles cosas cuando sonaron los violines al tiempo que convocaba a abrir la pista de baile.

En ese momento un rostro conocido se asomó, lo que supuso un alivio para ella.

— ¿Bailaría está pieza conmigo? —Yukio se abrió paso extendiendo la mano a Hikari. Ella solo asintió con la cabeza y tomó su mano, sorprendida.

—Okumura, eres rápido. Le soltó y el joven con el que había estado conversando minutos antes.

Yukio sólo hizo un pequeño ademán y continúo caminando hasta el centro de la pista con Hikari de la mano.

—¡La primera pareja de la noche!

Anunció el maestro de ceremonias al momento que se escucharon aplausos y la música empezó a resonar por todo el salón.

—Gracias, me salvaste.

Yukio solo contesto con un sí, se miraba muy serio.

Y empezó la música...

—No se bailar esto, mejor sentemos.

—Yo te guio, solo sígueme.

Hikari solo obedeció, al principio parecía complicado pero pronto agarro el ritmo.

—Nunca me imaginé que supieras bailar esto.

—Soy un profesor, en ocasiones organizan estos bailes y tuve que aprender.

—¿Desde qué edad aprendiste?

—Los trece.

—Aún eras un niño...

—¿Dónde conseguiste ese vestido?

—Me lo dieron. Dijeron que tenía que hacer algo.

—Ya veo, te miras muy bien, soltando un leve rubor.

—No necesitas ser amable.

–Soy sincero, el cabello largo te sienta bien.

—No debiste beber, dices disparates.

En ese momento acaba la pieza y van a sentarse.

—No bebí nada, ya te lo dije antes, aún soy menor de edad.

—Actúas raro

En ese momento Yukio iba a decir algo pero es interrumpido por un joven de unos 18 años.

—¿Me acompañaría a la pista?

Antes de que Hikari contestara Yukio se interpone.

—Es mi acompañante.

—No te enojes, viejo. El joven se aleja molesto.

—¿Que fue eso?

Yukio enseguida recupera la compostura.

—El director me dijo que te diera esto, vas a leerlo a las once.

Le entrega el papel y se levanta de la silla pero Hikari lo jaló del saco.

–Quédate, por favor. No quiero que se me acerque la gente de nuevo, es abrumador hablar con desconocidos.

Yukio solo se sienta y mira a la pista. Hikari mantiene la mirada baja viendo el sobre.

Después de un rato, lo abre y lee el contenido. Eran instrucciones de Mephisto. Había otra hoja con el discurso que daría. Lo lee un par de veces y guarda la hoja en el sobre.

—¿Okumura, que se hace en estas reuniones?

—Pues solo beber, bailar y conversar. Se socializa más que nada.

—Ya veo...

—¿Ya terminaste de leer?

—Si. Estar aquí es muy aburrido.

—¿Bailamos de nuevo?

—¿Ah? Estás loco, eso es algo vergonzoso.

—¿Vergonzoso? Entonces porque no te dio pena bailar en el baile para los alumnos de la academia.

—Era diferente, no era algo tan formal como esto.

Se levantó de la silla y se paró frente a Yukio, extendiéndole la mano.

—Bailemos. Le dijo con un semblante serio.

Yukio solo sonrió y tomó la mano de Hikari, para después dirigirse a la pista.

—En verdad tienes facilidad para el baile, aprendes rápido.

—¿Lo crees? En realidad no es nada del otro mundo.

—Sí que eres buena. A mí me tomó seis meses bailar decentemente. Soltó una risita

—No intentes quedar bien, le contestó un poco enfadada.

—Estoy siendo sincero, le esbozó una sonrisa.

—Bien, te creo.

—Aunque creo nos vemos un poco raros, nuestra diferencia de estatuas es mucha.

—Tienes razón, pero esto me recuerda al festival deportivo.

—Fue curioso como terminamos siendo pareja.

—A pesar de todo fue divertido. Pensándolo bien, no eres alguien malo. Hay que tratarte mucho para conocer tu verdadero lado.

—¿A qué viene eso? —Le soltó Yukio sorprendido.

—Pues me has ayudado mucho hoy, es decir, siempre. De no ser por ti ya me hubieran descubierto los de la orden. Gracias.

En ese momento Yukio se sintió muy apenado, se formó un rubor en su rostro, por suerte para él la música había terminado y giró la cabeza. Vio a Shura con un vestido y la sorpresa hizo que se desapareciera todo rastro de aquel espontáneo rubor.

—¿Que miras? ¡Ah, es Shura San! ¡Vayamos con ella!

Hikari jala a Yukio y ambos caminan hacia donde se encontraba.

Shura se percató que iban en su dirección, al ver de dónde venían solo río.

—Shura, nunca te había visto con vestido. —Le suelta Yukio asombrado.

—No lo uso por gusto, no te atrevas a decir nada. —Aamenazó al Okumura.

—Tú vienes muy elegante, nunca te había visto con lentillas, ¿cambio de look?

—No, solo quise probar algo nuevo.

Hikari río por lo bajo y les dijo sin más:

—Ustedes parecen pareja, ya casi son las once, ¡nos vemos!

—¿Pareja?

Yukio y Shura se quedaron anonadados.

—Yo diría que quienes parecen pareja son otros. —Dijo Shura entre dientes.

—¿Que dijiste, Shura?

—Que ella se ve diferente.

—¿También lo crees?

—Sí, ¿algo pasó?

—No sé, la noto cambiada desde que la acompañamos a las montañas

—¿Ella que dice?

—Nada. No ha querido tocar el tema.

En ese momento anunciaron a Hikari y Shura aprovechó la oportunidad para separarse de Yukio. Él no le tomó importancia, solo caminó hacia el escenario para escuchar a Hikari.

Al terminar de hablar bajó del escenario, cuál fue su sorpresa al ver a Kaoru tras bambalinas.

—¿Qué haces aquí?

— Te estoy esperando.

— ¿Para qué me buscas?

— Para hablar contigo, tú me gustas y lo digo en serio.

—Ahhh, ¿por qué?

—¿Disculpa?

—Por qué te gusto.

—Pues... no eres como las otras chicas, además eres inteligente y bonita.

—Entiendo, pero tú no me gustas.

—¿Te gusta alguien más?

—Ya te lo dije antes, además, no estoy interesada en relaciones amorosas. Me retiro. —Dijo haciendo una reverencia.

Kaoru se quedó parado contemplando como Hikari se perdía a la distancia, hasta que la perdió de vista. Algo en ella lo hizo desistir de seguir insistiendo.

Hikari bajó del escenario y Yukio fue a encontrarla tras bambalinas pero escuchó una voz e inconscientemente dejó de avanzar:

— Te estoy esperando.

— ¿Para qué me buscas?

— Para hablar contigo, tú me gustas...

Retrocedió, no quería ser inoportuno. Él le quería preguntar si ya se iban a la casa, estaba cansado y supuso que ella ya no querría estar más ahí…

Se encontraba irritado, decidió irse del lugar pero lo interceptó un superior para presentarlo con un amigo de la cede de Corea. Dio los debidos saludos e intentaba despedirse pero sus superiores insistían en que se quedara. Estaba a punto de ceder cuando una voz lo salvó.

—Te estuve buscando, vayámonos ya.

—Lo siento, mi acompañante ya quiere irse, si me disculpan.

Hikari y Yukio hicieron una reverencia para después salir del salón.

Ella lo notó muy serio durante el camino pero no preguntó nada.

Como Yukio caminaba muy rápido ella intentó alcanzarlo y tropezó.

—¡Estúpidos zapatos! —Gritó al momento que se los quitaba y los aventaba en la orilla del camino.

Yukio paró en seco y se acercó.

—¿Estas bien?

—Sí, nos es nada. —Se levantó rápidamente pero sintió un dolor en el tobillo.

—Te lastimaste. —Sin preguntar, Yukio la toma en brazos.

—Bájame, puedo caminar.

—Nada, hasta que lleguemos a la casa.

—¡Te dije que puedo caminar! —Levantando la voz

—¡Entiende que primero tengo que revisarte!

—¡Bájame, tú no eres quien para darme órdenes!

—No seas necia, yo soy médico. ¡Si está muy lastimado el tobillo no podrás caminar en días!

—¿Que te molesta? No estas actuando así por mi tobillo.

—No es nada, solo cansancio.

—¿Seguro? No te exijas demasiado, podrías enfermarte.

—¿Ah? Estaré bien, no te preocupes

De alguna forma esto último sorprendió a Yukio e hizo que se le quitara el enfado.

Hikari empezó a tiritar y de frío y Yukio la colocó en unos escalones.

—¿Qué haces?

Observó como Yukio se quitaba el saco delicadamente, nunca había visto esa expresión en su rostro.

—Ten, te resfriarás.

—No hace falta.

—Por favor, le rogó.

—Si te pones así yo no me puedo negar.

Tomó el saco y se lo puso, le quedaba muy grande. Pudo sentir el aroma de la colonia de Yukio, nunca se había percatado de eso.

Yukio la tomó en brazos y siguieron su camino, estaba todo muy silencioso hasta que Hikari habló.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Si

—Tal vez sea una pregunta personal pero, ¿a que huele tu saco?

—¿Mi saco? Una colonia que siempre uso. ¿Huele mal?

—No, no es eso, solo que no me había dado cuenta hasta ahora.

—No me la pongo como si esperara que lo notaran.

—Comprendo, ¿puedo preguntarse otra cosa?

—Sí, pero primero deja te pongo en mi espalda, llevarte en brazos todo el camino es incómodo.

—Sí, claro.

Ya en su espalda, Yukio le dice:

—¿Me quieres preguntar algo más?

—Sí. ¿Cómo rechazas a alguien?

Al escuchar esas palabras sintió un escalofrío en todo el cuerpo, se sentía confundido.

—Okumura, ¿san?

—Eh, disculpa. No sé en realidad como. Solo soy sincero al momento del rechazo. Intento ser amable pero es contradictorio ser amable cuando rechazas a alguien, ¿no crees?

—Si, en eso tienes razón. Creo entender por qué les gustas a las chicas de la academia. Una vez que uno te conoce eres fascinante.

—Dices cosas embarazosas.

Pero la última frase de Yukio no fue escuchada, pues Hikari había caído rendida.

Al día siguiente van al karaoke. No supieron como pero Shura se les unió. Rin, Yukio, Hikari y Shura se dirigieron al punto de encuentro y llegaron al mismo tiempo que Riuji y sus amigos solo esperaban a Izumo.

Unos minutos más e Izumo se divisaba a la distancia.

El viento soplaba suavemente meciendo los árboles de cerezo cuando Hikari soltó de la nada:

—Este día será muy hermoso. —Dando una sonrisa serena.

Yukio volteó sorprendido y Shura contempló la expresión de este, y susurro para ella misma, "Ya te estás dando cuenta".

—¡Sí, este será un día genial! —Exclamó Rin al momento que le hacía señas a Izumo.

Shima volteó a ver a Hikari y se sorprendió por su expresión. Siempre le había parecido algo extraña pero al verla tan apacible pensó que solo era una chica como cualquier otra.

—¿Qué pasa, Shima-san? Preguntó Konekomaru.

—No es nada, sólo he aprendido algo nuevo, lo dijo con su clásica sonrisa.

Miwa no entendió pero no le preguntó más.

Se dirigieron al karaoke y pasaron un día divertido. Después todos fueron a cenar a casa de los Okumura.

—¿Estás seguro que no hay problema en que tú cocines? Este día estamos celebrado tu graduación. Cuestionó Izumo.

— Está bien, amo cocinar. Además es un buen momento para estrenar esta cazuela.

—¿Ah, es nueva?

—Sí, Hikari me dio un juego de sartenes en mi cumpleaños y esta es la única que me falta por estrenar.

—¿Y qué le regaló a usted, sensei? Pregunto Shima con interés.

—Chocolates.

—¿Cómo regalas chocolates en un cumpleaños? —Izumo se dirigió a Hikari.

—Era lo que había —Dando un sorbo a su té y encogiendo los hombros.

—Sí, le dio sus preciados chocolates.

—¿Esos que te quisiste comer y se enfadó contigo? —Preguntó Shima

—Sí, esos. —Cruzando los brazos y con una cara de confusión.

—¿Hikari se enojó con nii-san? —Soltó Yukio sorprendido.

—¿Qué pasa, tan raro es? —Preguntó Bon.

—Nunca la he visto enojarse con nii-san. —Espetó lamentándose haber abierto la boca.

—A veces se enoja porque pongo zanahoria en su comida, porque me pongo a jugar con Kuro, porque leo manga en la sala y la lista sigue.

—¿Cómo es que nunca la veo enojada contigo? A mí siempre me grita. —Protestó Yukio.

—La verdad ella es un poco malhumorada. —Dice Rin con una sonrisa nerviosa, podía sentir la mirada de ella clavándose en él.

—No estoy seguro pero me parece que una vez se enojó conmigo porque moví unos libros. —Recordó Bon.

—Conmigo se enojó por llegar, tarde, por no usar la camisa del uniforme, ¡ah, sí!, por no jugar con ella cartas. ¡Prácticamente se enoja por ser yo! —Protestó Shima.

—Pues nunca se ha enojado con nosotros, se miraban Miwa e Izumo confundidos e ignorando el comentario de Shima.

—Yo la he visto enojada pero nunca conmigo. —Dijo Shura dirigiéndole una mirada a Yukio.

—¡Jajaja, no lo sabía! —Yukio río sonoramente.

Hikari estaba enojada pero se calmó un poco al escuchar la risa de Yukio.

—No es gracioso, Okumura, los dejo para que puedan hablar mal de mí cómodamente. —Levantándose de la mesa.

—Espera, ¿no dijiste que querías practicar una canción pero no estaba en el karaoke? —La detiene Rin.

—No creo que deba.

-Vamos, Katsuragi-san. —Le insistió Miwa.

—Solo porque me lo pide usted.

—Bien, empezaré, por favor díganme si se escucha mal.

Entonó Perfect de Ed Sheeran.

—¿Qué les pareció?

—Pareces profesional. —Alabó Shima.

—Tienes muy buena voz. —Dijo Bon.

—¿De veras? Voy a participar en un concurso y quiero ganar.

—¿En serio te gusta cantar? —Le dice Yukio incrédulo.

—No me gusta ni me desagrada. Pero el primer lugar es un millón de yenes.

—Eres ambiciosa. —Le dice Rin.

—En la ciudad necesitas dinero para todo. Le responde.

Terminan de cenar y se ponen a jugar cartas un rato antes de dormir. Shura a mitad del juego se había quedado dormida por tanta cerveza.

Está sería la última reunión juntos, Miwa y Bon regresarían a Kioto mientras que Shima se trasladaría a las oficinas de Tokio.

Sólo Yukio, Rin e Izumo permanecerán en el mismo lugar.