¿Qué les puedo decir chicas? Nada más muchas gracias por su espera y paciencia. Créanme que quise traerlo antes y ya lo tenía, pero luego me dijeron que no estaba bien el capi T_T así que intenté cambiarlo pero no pude y me deprimí, luego me dijeron que lo hiciera desde el PoV de Sesshoumaru y creo que así quedó mejor, aunque creo que no hubo mucha emoción. En fin, entro nuevamente en la inseguridad completa así que disculpen si el fic no es de su agrado.

Este capítulo 52 lo he dividido en 2 partes, ya que me salió súper larguísimo, más de lo que esperaba, quise cortarle pero no pude, así que tienen para leer un rato.

Gracias queridas por leerme y tomarse su tiempecito de dejar un RW, ya sea pequeño o largo (aunque no lo niego, los largos me emocionan), pero gracias! Les envío un fuerte abrazo: lady susi, paovampire, Faby Sama, Alicia C, Nai-Reedus, haru10, kim (por cierto, sí te debo el chocolate n_n), osiriscruz758, lujangomez9235, andreinasophia garcia, Bedolla lau, pame 30, Sasunaka doki, Maria, Miyuki Kuran Taisho Kirryu, Blacklady Hyuuga y cristi-pacheco, gracias por su paciencia y espero valga la pena!

El capítulo está desde la perspectiva de Sesshoumaru.


CAPÍTULO 52:
«RECONCILIACIÓN»
1ª parte.

Sé que Miroku me ha prohibido que utilice mi cuarto de juegos, no lo ha dicho en esas expresas palabras, pero al decirme "ese sexo con cadenas y suspensiones" eso ha dado a entender, y no es que me haya prohibido el sexo en sí porque de hacerlo me tendría que volver a poner en coma ya que despierto jamás perdería la oportunidad de estar con mi pelinegra, pero por el momento tendría que revocar la orden.

He decidido cederle el poder, es importante para ella porque con ello le demuestro —como lo hice la primera vez en su casa— que la quiero ¿La quiero? ¡Pero qué pregunta, si estás hasta las trancas por ella cabrón! Maldita conciencia.

Está temblando frente a mí, es casi imperceptible pero conozco cada gesto y cada centímetro de su cuerpo. No sabe cómo empezar, estoy seguro que en su cabeza hay un debate entre no hacer nada por no lastimarme y ceder ante nuestros instintos sexuales, me voy por la segunda opción, ella no puede hacer nada por lastimarme aunque lo desee, así que ¡Qué ceda todo lo que quiera!

Lame el interior mis muslos y me tenso ante la intromisión de su lengua, es bastante difícil acostumbrarse a recibir. Avanza lentamente hasta llegar a mi pene, de solo verla en plan de seducción me pongo duro hasta la médula, pero me insisto en no hacer nada, este momento es de ella, solo de ella.

Agarra mi erección deslizando su pulgar por la punta, mis músculos se contraen y mi líquido se derrama en todo el tallo, me masturba con delicadeza, imagino que no quiere ser ruda por mis heridas, pero en estos momentos la punzada de dolor que tengo en los huevos es inclusive más molesta que cualquier indicio de mi accidente. Se la lleva a la boca, me saborea, me succiona, me chupa y me pierdo en sus gestos, sé que eso la vuelve loca y llena de lujuria, pero se saca mi erección y antes que pueda preguntar algo se sienta a horcajadas en mi vientre rozando mi erección en sus nalgas ¡Diablos! Si pudiera la penetraría de una sola estocada.

—Quiero una relación contigo Sesshoumaru, no una que se pueda considerar normal ante el mundo, sino una en la que podamos ser nosotros mismos —¿Estaría bien para ella? ¿Sería suficiente?

—Kagome... —por primera vez tengo miedo, una increíble inseguridad de perderla, probablemente ella no lo note, he sido muy bueno para disimular todas mis emociones y he enviado al olvido mis sentimientos, es mejor actuar sin ellos, pero ella ¡Joder! Kagome saca todo lo que he tenido guardado y escondido durante tanto tiempo, y ahora no sé si será lo correcto ¡Diablos! Esta mujer me hace cosas que nunca pensé sentir.

—Sé que estar contigo implica más que sexo —su sonrisa es tan pícara que puedo intuir en lo que piensa—, significa comprometerme a una vida a la que no estoy acostumbrada pero ¿Sabes Sesshoumaru? Estando alejada de ti me he dado cuenta que a lo que no estoy acostumbrada es a que no estés conmigo, no es natural.

—No quiero que nada te pase —¿Esa ha sido mi voz? ¡Joder! Sale casi temblando ¿Cómo demonios se atreve a darme este sermoncito mientras me masturba? Probablemente me saque, además de un polvo, una confesión muy sincera.

—Mi corazón se ha detenido cuando desapareciste y creo que sufrí un par de infartos cuando te vi en esa camilla del hospital hace casi dos semanas, has hecho que llore incontables veces así que no me digas eso por favor.

Me aprieta con fuerza y luego se detiene, intento moverme para penetrarla pero no me deja, ésta agonía debería terminar ahora, pero ella me recuerda que yo le he cedido el control ¡Maldita cesión la que he hecho! Se levanta quitándose su ropa interior, primero su sostén y luego su pequeña braguita, se vuelve a sentar en mi vientre y puedo deleitarme con lo húmedo de su sexo.

—Te amo Sesshoumaru ¿Por qué no puedes grabártelo en tu mente?

—Está grabado aquí nena —mi puño derecho toca el lado donde bombea mi corazón y a donde nunca sea alojado un sentimiento ¿Soy un puto romanticón? Dicho y hecho, Kagome saca de mí un lado que nunca pensé mostrárselo a nadie. La tortura continúa, 1 semana alejada de ella y dos días despierto luego de mi accidente me hacen desearla más, agarra mi verga pasándosela por su húmedo sexo. Un gemido gutural sale de mis labios y estoy a punto de introducírselo, pero ella me detiene.

—Entonces ¿Por qué nos sometes a este castigo? No podemos estar separados, es demasiado doloroso.

—Eres demasiado buena para mí nena —es la verdad, lo preferible sería tener el mejor y más alucinante sexo de nuestra historia, darnos la mano y regresar a nuestras vidas, lo he intentado dos veces y ninguna ha resultado ¡Pero qué contradictorio soy! ¿Será que soy el mismo?

Me sorprende dándose la media vuelta poniendo mi sexo en su boca. Introduce sin previo aviso mi erección y comienza a masturbarme, me muerde, me chupa, me succiona y con sus manos me agarra los testículos apretándolos mientras yo suelto un pequeño gemido. Esto lo pueden jugar dos.

Le agarro las caderas y acerco su vagina para chupársela con vehemencia. Meto mi lengua en su interior y ella se arquea con mi intromisión. La paso de su culo hasta su clítoris y me detengo en él moviéndola lentamente haciendo pequeños círculos. Ella saca mi pene de su boca y da un pequeño grito ¡Oh sí nena! Te haré ver estrellas.

Intenta masturbarme pero no lo consigue, la desconcentro al momento en que meto un dedo en su interior, sus paredes me atrapan, intentan succionarme y me ayudo de otro dedo introduciéndoselo sin piedad, busco y encuentro aquel punto en donde ella pierde el control.

—¡Oh Dios! —da un pequeño grito y no puedo evitar sonreír.

Introduzco mi dedo meñique de mi otra mano en su ano sin dejarla de masturbar, mi saliva ha hecho una excelente lubricación. Sus jadeos y sus gritos se incrementan, se mueve en una perfecta coordinación con las embestidas de mis dedos, si pudiera, la pondría en cuatro y la ataría a la base de la cama para penetrarla en ambos lados, prudencia, reclama mi interior.

Saco todos mis dedos y ella me mira por encima de su hombro, su excitación es tal que sus jugos se han deslizado hasta llegar a mi pecho.

—Date la vuelta y mírame Kagome —ella lo hace sin objetar nada, la sumisión que ella me demuestra en la intimidad es enloquecedora—. Mete mi pene en tu interior Kagome, hazlo tan despacio como puedas.

—Yo... No sé... Si pueda...

—Cuenta hasta diez, al término y no antes toda mi extensión estará dentro de ti —veo la indecisión en su mirada y me indica que sería una tarea imposible—. ¡Hazlo!

Mi voz se vuelve dura ¡Joder! Yo estoy tan excitado que solo con eso podría correrme, pero recurro a todo mi auto control. Agarra la base y con cuidado me va metiendo en su interior, cierra los ojos mordiéndose los labios.

—Abre los ojos y mírame Kagome —lo hace sin objetar—. No pierdas la cuenta nena.

Sus pupilas se dilatan y veo como una fina capa de sudor envuelve su frente, intenta controlar su respiración y sé que mentalmente lleva la cuenta. Hace pequeños gestos de dolor mientras mi espesor va introduciéndose en ella abriendo y rasgando todo a su paso, es tan estrecha que la combinación entre dolor y placer es alucinante.

—No te muevas Kagome —me siento con cuidado y nos acomodo recordando en carne viva lo que se siente estar dentro de ella.

Me acerco a sus pechos y accedo a sus pezones, ella se arquea. Con fervor y urgencia, los lamo, los chupo y le doy pequeños mordiscos a cada uno, mi pene vibra en su interior y ella hace de todo por moverse, necesita de la fricción, de mis embestidas, pero por el momento se lo niego. La agarro de las caderas y la insto a que saque toda mi extensión, ella lo entiende al pie de la letra y antes que se lo saque todo la vuelvo a bajar con ímpetu mientras yo me introduzco en su interior.

—¡Sesshoumaru! ¡Dios! —grita agarrándose de mis hombros enterrándome las uñas. Mis dientes rozan las puntas de sus pezones mientras una de mis manos se abre por completo para luego estrellarse en una de sus nalgas.

El sonido retumba en todo el lugar y ella se arquea ante el dolor aunado con un grito lleno de placer y lujuria. Vuelvo a tomar sus caderas instándola a salir para luego tomarla con fuerza y que me hunda en todo su interior. Una nalgada, una estocada, una mordida, tomo posesión de sus labios y los muerdo embriagándome con su sabor. Una, dos, cincos veces y dejo de contar. Los dos estamos al borde y cuando siento que estamos a punto de liberar toda nuestra excitación me detengo y nos hago controlar el momento. Kagome está al borde de la locura.

—¡Por Dios Sesshoumaru! ¡Más! ¡Más! —me grita mordiéndome el lóbulo asiéndose de mis hombros con tanta fuerza que estoy seguro que luego sus dedos le dolerán.

La tomo de las caderas simulando que haré de nuevo el mismo movimiento pero la levanto y sin salirme de su interior la acuesto boca arriba a los pies de la cama. La embisto con cuidado sacando mi dureza por completo e introduciéndome con delicadeza, me detengo y me agacho para besar sus senos, su ombligo, me salgo de su interior y agarro con fuerza su clítoris arremetiendo contra él. Está tan caliente que en cualquier momento podríamos encendernos en combustión; tiembla, se arquea, se mueve y me excito.

Está a punto de tener su orgasmo y yo con ella. Me introduzco sin piedad y a diferencia de las veces anteriores mis estocadas son rápidas y certeras.

—¿Quieres venirte Kagome?

—¡Sí! ¡Sí! —grita como posesa estrujando mis pectorales en sus dedos, arañándome para demostrarme que la pasión nos envuelve.

—Córrete conmigo nena —los dos soltamos un grito gutural de placer y sin dudas ni miramientos nos dejamos ir. El orgasmo es tan abrazador y bestial que unas pequeñas lágrimas de satisfacción recorren sus mejillas mientras yo las saboreo.

—Te amo —me afirma una vez más y siento que es el momento ideal para decírselo también, pero por alguna razón me vuelvo a callar.

Ambos nos relajamos y a los pocos minutos ella se duerme y yo la acuño en mis brazos para disfrutar de su aroma, su esencia y sobre todo de ella.

•••••

El sonido peculiar de la vibración de mi celular me despierta. Kagome continúa dormida y con cuidado la desprendo de mis brazos, no deseo que se despierte.

6:15 pm «La Srita. Kikyo está en la biblioteca. Amenazaba con subir a verlo»

¡Mierda! ¿Qué podría estar haciendo Kikyo en mi casa? ¿Se habrá enterado de mi accidente? Es obvio que sí, todos los malditos tabloides hablaron de ello en su momento y los estúpidos paparazis nos fotografiaron al momento del salir del hospital unas horas atrás. Miro a Kagome, no quiero que se encuentre con ella, Kikyo puede ser una completa arpía cuando se lo propone, no sé si Kagome podría resistirlo.

Bajo descalzo, no me doy tiempo de buscar algo, solo me pongo un pants gris y una camiseta blanca. Hablo con Kawamaru y le indico que vigile las escaleras y en el momento en que Kagome baje me envíe un mensaje y a ella que la detenga, sé que será imposible que lo haga, pero tiene que hacer el intento en el caso que se dé.

—¿Qué demonios haces aquí Kikyo? —le grito exaltado al momento en que entro a la biblioteca.

—Sr. Sesshoumaru, perdone la interrupción —su voz es suave, como una vez lo hizo bajo mi doma.

Kikyo era una chica altiva, fuerte, siempre lo ha sido, sin embargo en mi presencia su personalidad siempre cambiaba, era como si actuara para mí, de hecho antes de convertirla en mi sumisa era una switch, alguien que podía ser tanto sumisa como dómina, me recordaba un poco a Kagura. En un principio pensé que sería difícil y todo un reto dominarla y doblegarla, pero una vez le puse las pulseras de perlas que indicaban que era mí sumisa su personalidad cambió, de hecho las lleva en ambas manos, como a todas, le permití que se quedara con ellas.

—Yo... Yo solo quería... Asegurarme que se encontraba bien —viéndola bien, está más delgada que hace 3 semanas que la vi en Londres, su vestido de cuero negro con detalles metálico de Versace fue un regalo que le hice para su cumpleaños hace 4 años, en ese momento le quedaba a la perfección, ahora luce completamente holgado en su figura, los huesos de las manos se marcan con facilidad.

—¿Qué ha pasado contigo Kikyo? —me siento en uno de los sillones de color rojo tranquilizando mi voz, ella está parada frente a mí, con sus brazos pegados a su cuerpo y su cabeza baja.

—Señor... Yo... Lo necesito... —no me he percatado antes que el cierre de su vestido estaba completamente bajo. Tira su vestido a sus pies y se queda completamente desnuda frente a mí.

Su cuerpo está completamente marcado, inclusive puedo ver como las marcas de un látigo pasan de su espalda a su estómago y caderas. Me paro y la rodeo, su espalda está aún peor, no están infectadas, quien quiera que se las haya hecho la ha curado o por lo menos le ha dicho que lo haga, pero no ha tenido ningún cuidado al momento de darle de latigazos, lo sé, las conozco a la perfección.

—¿Quién te ha hecho esto Kikyo?

—Mi nuevo amo —responde con voz quebrada—. Me he portado mal, me lo merecía —claro que no.

—¿Por qué no has dicho tu palabra de seguridad?

—No lo sé... Yo... No lo recuerdo —las cicatrices tienen menos de 1 semana, inclusive son menores a 5 días, ese bastardo no es un amo, es un hijo de puta sádico.

Los amos impartimos dolor, pero con placer o un dolor consensuado, no hacemos daño a nuestras sumisas, ni las dejamos a ese punto, solo los sadistas lo hacen y ellos nada tienen que ver con nosotros. La maldita vieja guardia.

—L-Lo... He dejado Sr. Sesshoumaru, luego de despertarme y ver lo que me había hecho, pero... —estoy parado frente a ella—... Yo... Lo necesito... Necesito de su calor.

Al terminar de decirlo se pega a mi pecho y puedo sentir como jadea ¡Mierda! Como Kagome entre sin decir nada sería imposible salirme de ésta. De pronto se desmaya y cómo puedo la agarro entre mis brazos.

—¡Maldita sea! ¡Kikyo! ¡Despierta! —la muevo fuertemente llevándola en mi pecho, le llamo a Kawamaru por el celular, no podemos hacer ningún algarabía.

Al entrar él ve a Kikyo acostada en el diván y a mí con el torso desnudo. Le he puesto mi camiseta, porque me es imposible volver a colocarle su vestido.

—Llévate a Kikyo al hospital, Miroku te ayudará con ella —como si de un milagro se tratase, encuentro un cobertor y se lo enrollo en la cintura, por lo menos eso debería de bastar para cubrir un poco de su dignidad.

Kawamaru acata mis órdenes y Miroku se dispone a desplazarse al hospital. Su desmayo no es nada normal, obvio que un desmayo nunca lo es, pero imagino que tiene que ver con su nivel desnutrición, además había algo en su mirada que no me gustaba, a pesar de ser una excelente sumisa conmigo, Kikyo siempre conservaba una chispa en sus ojos, desafiante y siempre dispuesta a cumplir cualquier reto, inclusive cuando la vi en Londres, tenía una fuerza que me decía: "conseguiré que seas de nuevo mi amo" aunque yo no estuviese dispuesto a aceptar.

Si pudiera me iría al gimnasio, unos buenos golpes me sentarían bien, pero creo que es suficiente lo que le he hecho a mi cuerpo, por lo que decido quitarme el estrés tocando el piano.

Durante mi adolescencia y rebeldía, Sumiko me enseñó a tocarlo, ella siempre tuvo paciencia conmigo, fue la única que lo hizo. Tenía un piano de cola blanco en la casa que está escondida detrás del laberinto de setas del jardín, ya que al viejo Muso no le gustaba ya que le recordaba a su hija preferida.

Casi una hora después de la visita de Kikyo, Miroku me ha llamado para indicarme que tiene una severa desnutrición, que los golpes en su espalda dejarán algunas marcas de por vida y que por el momento tendrán que hacerle el ingreso de por lo menos 48 horas mientras verifican cómo reacciona su organismo. Ha aparecido en mi casa sin documentos, cartera o dinero. He estado tentado a llamarle al imbécil de Inuyasha y decirle que su mujercita está en el hospital, pero no quiero estar ligado a ése bajo ninguna circunstancia, no hemos hablado en años, no veo porque tendría que hacerlo hoy.

La melodía continúa y me pierdo en mis pensamientos.

De todo lo que Miroku me ha comentado me ha dicho que tenía varias drogas en su organismo y han descubierto varios moretones de inyecciones en las venas de las planta de los pies y en sus brazos, pero la que más me preocupa es que estaba dopada con Rohypnol, la droga de la violación, lo que podría significar que al despertar ella no recordaría nada de haber estado en la casa.

Kawamaru ha estado investigando las cintas de seguridad del edificio, pero ella ha aparecido caminando, ni taxi, ni otro vehículo, ni ninguna persona sospechosa alrededor de ella. Él insiste que probablemente la persona que estuvo involucrada en mi accidente también esté relacionado con éste percance ¿Izayoi sería capaz? ¿Podría utilizar a las personas de esa manera?