Los estridentes y repetitivos sonidos producidos por el arma de fuego levantaron a la criatura de su cómodo sitio de descanso. Smaug El Terrible, se alzó desde su manto de oro con una elegancia que solo eones de vida han logrado. La bestia colosal resopló enfadada por semejante y brusco despertar.
Estirando sus extremidades, enfocó sus crueles y avariciosos ojos rasgados sobre su visitante femenina.
-¿Quién eres? Que osas irrumpir mi profundo sueño-Bramó Smaug, acercándose a la pequeña mujer para observarla de cerca. Captando su aroma con sus desarrollados sentidos, percibió y descubrió la verdadera identidad de su atrevida visitante.
-Soy quien va a sacarte a patadas de aquí-Ella respondió con una seguridad que despertó el humor del dragón.
-Interesante…-Esos ojos amarillos la observaron detenidamente-Ya veo…eres tu…-Alzándose orgullosamente sobre el tesoro, comenzó lentamente a rodearla-La hechicera mestiza. Eh oído de ti…
-Oh, vaya. Qué bueno, eso ahorra las presentaciones-Expresó Nymeria en un gesto de aburrimiento.
-¡No solo tienes el atrevimiento de despertarme, también osas burlarte de mí!-Tronó él peligrosamente cerca.
-Dijiste que sabes de mí, entonces sabrás que soy una completa perra con mis enemigos. Así que no esperes dulces o flores de mi parte-Aclaró ella, observándolo de soslayo, sin perder ni un solo detalle de sus movimientos. Descubriendo así la escama faltante en el lado izquierdo de su pecho.
Su debilidad.
-Que altanera, considerando la evidente diferencia de fuerza y poder…-Acercando su cabeza a la altura de la fémina, le encerró en el círculo de su extenso cuello-No huelo miedo…mmm, eso es extraño. Soy el causante de las pesadillas más terribles en las mentes y corazones de las personas que oyen mi nombre. Sin embargo… estas tu aquí, completamente firme. Dime hechicera, que es lo que inhibe tu miedo.
-La venganza.
-La venganza…fuerte sentimiento, de quien jamás me ha visto en el pasado…
-Soy conocedora de tus crímenes. Es suficiente incentivo para mi-Nymeria veía a Smaug con una enorme emoción en su pecho. ¿Sería debido a las ansias de lucha? La criatura era magnifica, no podía negarlo. Y ese poderío intimidante que emitía era extrañamente atrayente para ella. Su corazón se aceleró solo por el hecho de pensar en una batalla contra la bestia.
-Mis crímenes… extrañas palabras de quien posee la oscuridad en su interior. Puedo percibirlo, puedo olerlo en ti… un poder antiguo, destructor…-Alzándose nuevamente, Smaug comenzó una nueva caminata. El peso de sus pasos hacia retumbar el océano de oro bajo sus enorme patas, desplazando los tesoros con cada una de sus pisadas-Si mis sentidos no me fallan, puedo deducir que ocultas al mayor enemigos de todos…
Nymeria frunció el ceño ante la inteligencia del dragón. No había pasado ni cinco minutos en su presencia y el jodido animal ya sabía que y quien era. ¿Sauron lo estaba haciendo a propósito? ¿Quería ser descubierto? No estaba segura de si era una preocupación. ¿Qué debía decir? Poco o nada le importaba que Smaug lo supiera, no era como si fuese a publicarlo.
Después de todo, él no iba a salir vivo de este encuentro.
-En este momento, yo soy tu mayor enemigo. Y aunque el Señorito Oscuro quiere tener algún tipo de relación romántica contigo, yo no estoy especialmente de acuerdo…-Le fue imposible ocultar una sonrisa al oír el gruñido ofendido del bastardo dentro de su cabeza. Él quería molestarla, pues ella también lo haría.
Insolente…
Que esperabas, eres tú el que quiere relacionarse con él. Lo que me preocupa un poco, pues no sabía que tenías ese tipo de inclinaciones…
¡Silencio!
¿Ahora te enfadas? Me estaba empezando a gustar tu extraño sentido del humor, enserio te estás haciendo viejo…
Veremos si dices lo mismo cuando tome posesión completa de tu cuerpo y lo utilice para buscar placer entre las criaturas más desalmadas. Me pregunto que pensara el enano de su fiel esposa, cuando descubra su infidelidad.
¡Ese no es el humor del que estaba hablando! Y como te atrevas, juro que te rajare en mil pedazos.
Como si pudieras.
Puedo, así como puedo hacer que destruyan tu precioso anillo de poder.
¡Nooo!
¡Entonces cierra la maldita boca!
Smaug comenzó a enfadarse al notar que la hechicera estaba haciendo caso omiso de él. Probablemente en alguna conversación interna con la oscuridad. ¿Creando planes para destruirlo? De ser el caso, debía deshacerse de los dos. Sin embargo, si deseaban unirlo a algún tipo de malvado plan que significase razas que reducir y devorar, sin duda oiría sus propuestas.
No podía negar que adoraba inmensamente su infinita riqueza, no obstante, la falta de visitas e incluso el poco contacto con el mundo exterior, empezaba a aburrirlo. Smaug El Terrible añoraba aquellos días en que su sola presencia causaba el pánico colectivo. Arrasar ciudades hasta las cenizas en busca de alimento y alguna que otra reliquia se hacía entrañable desde su negro corazón.
Pero esos deseos se opacaron por la presencia de la hechicera. Erguida ante él con la suficiente confianza para avergonzar hasta el guerrero más experimentado. Sentía curiosidad, una gran curiosidad.
Quizá la utilizara para un poco de divertimiento, después de todo, nadie más se ha atrevido a invadir sus territorios desde que se apropió de este reino. Su reino.
Impaciente, Smaug agitó su cola sobre el tesoro para llamar su atención. Esos brillantes ojos verdes se posaron sobre él con evidente desafío y arrogancia. Interesante… Comenzando a olvidar la posibilidad de matarla, redujo la distancia y aspiró algo de su olor. Aunque olía como una fruta dulce, sin duda tenía la esencia de los enanos en su persona. Por un momento, pensó en cierto enano del cual tenía conocimiento de sus intenciones. Pero la hembra hechicera era una mestiza, una mestiza enana. Una lástima, pero en fin, podía pasar por alto ese defecto debido a que su apariencia distaba de similitudes con aquella patética raza. Tal vez podría usar la belleza de esta hembra a su favor.
-Entonces ¿Vamos a luchar o no?-Dijo Nymeria colocando las manos sobre sus caderas. El gesto en su rostro era demandante y el dragón se encontró aún más intrigado.
-¿Luchar? Por lo que veo, no era un simple disparate…-Smaug se irguió orgullosamente delante de ella-Soy invencible, pequeña hechicera. Mi armadura es de hierro, mis garras son lanzas, mis alas un huracán…-Su retumbante voz estremeció los cimientos de la montaña-Aun así… ¿Estas dispuesta a enfrentarme?
-Para eso vine aquí-Espetó Nymeria poco impresionada por la vanidad de la bestia.
-Para sacarme de aquí, según dijiste…
-Eh venido para apropiarme de este lugar. Pero para ello tengo que sacarte de aquí, vivo o muerto-Devolviendo la pistola a su espalda, colocó la mano sobre la empuñadura de una de sus katanas-Así que, no sé qué estas esperando, cambia de forma y luchemos de una vez.
Smaug parpadeó brevemente antes de inclinar su cabeza para alcanzarla-¡Como sabes eso!-Gruñó con la potencia de su enfado. Esa información era un secreto entre los suyos y los que únicamente tenían conocimiento eran solamente los pocos dragones del norte que quedaban.
-La mayoría de las veces, investigo a mis enemigos antes de enfrentarlos. Sin duda tienes un extenso historial de hazañas…-Decía Nymeria sin ocultar la impaciencia y las ansias en su voz, dejando explícitamente el deje invitante hacia la espléndida criatura-Y quisiera ver con mis propios ojos algo de esas proezas.
¿Desde cuándo soy tan pésima actriz? Nymeria ya casi no podía esconder su ansiedad, la adrenalina corría a través de su sistema y su mano temblaba ligeramente sobre su espada. La tardanza estaba impacientándola.
Los ojos de Smaug se estrecharon con sospecha, sin embargo, él consiguió asombrarla con su nueva apariencia.
En un cegador y resplandeciente parpadeo, un hombre del doble de su tamaño yacía frente a ella, amenazándola con su altura. Sus ojos no dejaron pasar su impresionante atractivo, digno de un comercial publicitario de ropa interior. Abundante cabello rubio espolvoreado de reflejos dorados enmarcaban un guapo rostro varonil en la treintena. Esos maliciosos ojos rasgados se complementaban con la distinción cincelada de sus rasgos. Su cuerpo… ella no quería tener que mirarlo demasiado pero de todas formas lo hizo, como si una fuerza invisible le forzara. El atuendo que vestía no hacía nada para ocultar su amplio pecho musculoso y esos abundantes abdominales que desaparecían bajo los ajustados pantalones de cuero.
Su bronceada piel parecía tener un detalle escamoso casi imperceptible desde la distancia.
Aquella apariencia habría sido la de un perfecto espécimen masculino, de no ser la cola que sobresalía desde atrás por la parte inferior de su abrigo que revelaba la clase de criatura que esta engañosa fachada escondía.
-¿Esto te complace?-Smaug preguntó seductoramente.
Esa voz fue absolutamente diferente a la de su forma draco. Sin embargo, poseía la misma potencia intimidante, casi aplastante.
-Diría que sí, pero como no he probado tu fuerza, no puedo decirlo con seguridad-Admitió Nymeria apretando el agarre en la empuñadura de su espada antes de desenvainar y balancear ágilmente la reluciente hoja hacia el dragón.
Tal y como había imaginado, Smaug le esquivó con una sorprendente velocidad. Sus elegantes movimientos lo hacían ver como si flotara pese a tener los pies sobre una superficie. Un destello curioso apareció en esos ojos rasgados antes de que él decidiera devolver el asalto. Sus dedos se tornaron del rojo de sus escamas deformándose en largas y afiladas garras que utilizó para contrarrestar sus continuos ataques.
Aunque Nymeria quería divertirse con él, sabía que no tenía tiempo. Extender la batalla solo conseguiría darle a los enanos la oportunidad de alcanzar Erebor con Smaug aún vivo. Y eso no podía permitirlo. Aprovecharía cada segundo que disponía antes de que eso sucediera.
Saltando para esquivar la cola de Smaug, detuvo con su katana las afiladas garras dirigidas a su pecho. Las garras en cuestión, emitían un perceptible calor que sin duda derretirían su carne al contacto. Retrocediendo, detuvo cada brazada del dragón con la impecable hoja de su espada notando la impaciencia en las facciones de la fachada de Smaug.
Provocándolo, se agachó velozmente para conseguir un puñado de monedas y lanzárselas a la cara con la intención de distraerlo y así golpearlo con una potente patada a la altura del abdomen. Desafortunadamente, el dragón solo retrocedió un par de pasos con la furia tiñendo su rostro. La piel expuesta de su pecho comenzó a tornarse de un iridiscente naranja al tiempo que abría la boca para enseñarle los afilados dientes que sobresalían de sus mandíbulas.
Cubriéndose el rostro con los brazos, recibió la ardiente llamarada de fuego.
El calor fue envolvente, casi asfixiante, sin embargo, no le produjo daño alguno. Como mago, los elementos no tenían efecto en su persona, Alatar le informó sobre ello a través de un párrafo de su libro. Lo que agradecía enormemente. De no haberlo sabido, habría tenido que luchar con la constante inquietud de terminar quemada por el fuego del dragón.
Cuando las llamas cesaron, se lanzó de frente para asestarle un puñetazo en ese rostro demasiado perfecto. Él retrocedió con un gruñido y sin darle la oportunidad de reaccionar, su despreciable cola se envolvió en torno a una de sus piernas alzándola bruscamente para lanzarla por los aires. El impacto contra la sólida roca marmolada le provocó algunos daños internos que la obligaron a escupir una gran cantidad de sangre al mismo tiempo que sentía el pilar ceder a su espalda, desprendiéndose de su lugar.
Lilian se aferró horrorizada ante el brusco movimiento de la tierra bajo sus pies. ¿Cómo era posible? Faltaban horas para el atardecer ¡¿Cómo era posible?!
-¿Eso fue un terremoto?-Preguntó Dori, percibiéndose el miedo en sus temblorosas palabras.
-Nunca ha habido terremotos aquí-Contestó Balin desconcertado.
-Es Smaug…
Todos se volvieron a la aterrada chica, tragando grueso al procesar sus palabras. Thorin frunció el ceño profundamente, dando un paso adelante para sostener a su temeroso padre que temblaba visiblemente.
-Eso es imposible. Nymeria no pudo haber entrado sin la última luz. Faltan horas para eso-Replicó.
Lilian tragó y lo miró con los ojos desmesuradamente abiertos, sus claros orbes azules rebosantes de temor-La puerta oculta tenía un hechizo, un hechizo de protección. Nymeria lo ha roto. ¡Lo ha deshecho para entrar! ¡Es un mago!-Hundiéndose entre los brazos de Bilbo, enterró el rostro en su cuello no sin antes ver el enorme y palpable miedo en los rasgos del rey enano.
-No… ¡Nooo!-El rugido desesperado de Thorin resonó en la árida zona, arrastrando a su padre del brazo para continuar el avance-¡Vamos! ¡Debemos alcanzarla! ¡Rápido!
Obligando a sus piernas a moverse más rápido, Thorin intentó de todas las maneras posibles el controlar el miedo por su rebelde mujer. De algún modo, Nymeria siempre conseguía realizar lo que él creía imposible. Y ahora… ahora ella estaba luchando contra el dragón por si sola. Enfrentando obstinadamente a la criatura para recuperar su patria. ¡Ella estaba demente! Había tenido la esperanza de detenerla a tiempo.
¡Y ya le no era posible!
Nymeria se limpió la sangre de los labios con la manga de su chaqueta. Poniéndose de pie, sacudió su ropa de las monedas que se habían atorado entre sus prendas al impactar contra los innumerables tesoros.
-¡¿Creíste que podrías engañarme, hechicera?!-El rugido del dragón estalló en sus oídos. Moviendo los ojos hacia él, descubrió el par de alas membranosas a su espalda-Acaso pensaste que no notaria ese repugnante objeto de Escudo de Roble en tu cabello…apesta a él…
Maldiciéndose por no haber pensado en el broche de cortejo, Nymeria arrancó una granada de su cinturón al verlo acercarse. Agitando suavemente esas rojizas alas para mantenerse en el aire.
-¿Y eso que tiene de importante?-Preguntó indiferente, apretando los dedos alrededor de la granada.
-¡No quieras confundirme! Él te envió. Envió a su hembra para conseguir La Piedra del Arca-Aterrizando sobre el derrumbado pilar, Smaug dobló las alas a su espalda. Alas que a Nymeria le parecieron bastante vulnerables-¡¿Creíste que no sabía que este día llegaría?!-En un movimiento rápido eh imprevisible, Smaug se deslizó directamente hacia ella golpeándola con aquel brazo cubierto de escamas rojas. Nymeria aterrizó sobre un montón de oro, rodando bruscamente camino abajo-¡¿Que un montón de enanos hipócritas regresaría a la montaña?!
Deteniendo su descenso con la ayuda de su espada, quitó el seguro de la granada y la lanzo a los pies de Smaug. Su ignorancia a tal objeto fue una ventaja, porque detonó justamente debajo de él. Derribándolo.
Aprovechando el aturdimiento del dragón debido a la explosión, corrió hacia él con dificultad, directo hacia sus alas. Empuñando firmemente su espada, Nymeria apunto a las finas membranas, atravesando una de estas con la misma sencillez que la mantequilla, no obstante, aquella acción solo consiguió encender la ira feroz del dragón. Su cola rodeó apretadamente uno de sus tobillos, arrancándole la espada y alejándola de él para azotarla repetidamente contra la superficie del tesoro.
Entre golpe y golpe, logró alcanzar otra granada de su cinturón, arrancandole el seguro. El estallido consiguió separarlos, aturdiendo a Smaug brevemente. Sacando su escopeta cargada, Nymeria apuntó a la bestia disparándole sin pensárselo dos veces. El ensordecedor sonido y la potencia del impacto de la balas tumbaron a la desconcertada criatura sobre el tesoro que tanto veneraba. Saltando sobre Smaug, le asestó un puñetazo que desencadenó la ira vengativa de la hechicera. Cada golpe representaba el sufrimiento de los enanos. Una respuesta al daño que este bastardo había hecho a Thorin y su gente. Un dolor que a causa de los recuerdos y la conexión con su Único poseía como propio.
-¡Voy a enviarte al infierno donde perteneces!-Bramó consumida profundamente por la rabia.
Con un grito de furia, se incorporó sobre las deslizantes monedas luego de que fuera arrancada de nuevo por esa despreciable cola. Decidida a cortársela, Nymeria arremetió nuevamente. La granada que le lanzó, lamentablemente él la interceptó a tiempo, enviándola al otro extremo del lugar con un sencillo golpe de su brazo.
El estallido destruyo un pilar, remeciendo la zona.
-¿Qué te ofreció ese enano repugnante?-Gruñó Smaug limpiando la sangre de su rostro-¿Parte del tesoro? ¿La corona? Humpf. Como si él pudiera dártelo… no pienso desprenderme de ninguna moneda…-Furioso con la hembra, Smaug utilizó su velocidad sobrenatural para acortar la distancia que les separaba. Rodeando su delicado cuello, la estampó contra uno de los pilares. Parte de su orgullo resquebrajado por su osadía. Nadie había sido capaz de golpearlo o derribarlo de ningún modo y la facilidad con la que esta mujer lo logró lo llenaba de una ira tan ardiente como sus propias llamas. Sin embargo, estaba dispuesto a considerarla una aliada. Su fuerza era innegable. Semejante poder no podía desperdiciarse, no si quería que la oscuridad se extendiera y acabara con todas esas despreciables razas inferiores que tanto detestaba.
-Si te mato, seré automáticamente la reina bajo la montaña. Y nadie va a darme nada, lo ganare por mí misma-Colocando el cañón de la escopeta en el centro de su pecho, Smaug arqueó una perfecta ceja rubia.
-O podrías aceptar un lugar a mi lado, como mi reina. Imagina las cosas que juntos podríamos hacer, los reinos que podríamos conquistar…-Aquel tono enfadado se redujo a una seductora invitación.
¿Dónde eh oído eso antes?
Nymeria resopló debido a tal sarta de tonterías. Ahora entendía porque Sauron lo quería tanto. ¡Ambos pensaban las mismas estupideces! Colocando el dedo en el gatillo de la escopeta, accionó el dispositivo con un ruido estruendoso, apartando a la criatura de ella.
Smaug aún no había notado las grietas en sus camufladas escamas, probablemente cegado por la excesiva confianza que poseía. Lo que podría usar a su ventaja como un factor sorpresa.
-No necesito de nadie para lograr mis objetivos-Contestó exasperada-Y tú eres un obstáculo en mi camino que debo eliminar.
De los orificios nasales de Smaug broto una gran cantidad de vapor. Ese falso rostro atractivo contorsionándose por la ira.
-Tu necedad ha agotado mi paciencia. Te destruiré como lo hice con los enanos de antaño. Te devorare como lo hice con todos ellos…
Con un nuevo disparo, lo aturdió lo suficiente para golpearlo en el abdomen de una patada. Nymeria aprovecho cada valioso segundo. Desenvainando su segunda espada, maniobró hacia la espalda de Smaug y de un movimiento silencioso, certero, cortó la cola de la bestia infame.
El rugido ensordecedor del dragón resonó en cada rincón de la montaña mientras la extirpada extremidad recobraba su colosal tamaño original. La sangre ardiente de Smaug se derramó sobre el tesoro, derritiendo el oro reluciente que conformaba valiosas joyas y monedas.
Regalándole otra granada, él acabó sobre un tumulto de oro debido a la onda expansiva, demasiado inmóvil. No se fio de eso, sin embargo. El dragón era astuto, bastante astuto.
Smaug soltó un potente rugido incorporándose en un abrir y cerrar de ojos. Desapareciendo completamente de su periferia.
Dando un giro alrededor de sí misma, lo buscó incapaz de percibir su presencia. Como si se hubiese esfumado por completo.
-Le daré a Escudo de Roble tu cabeza como recuerdo…
Las garras del dragón se apretaron en torno a un gran puñado de su cabello, jalándolo duramente, obligándola a levantar la cabeza con una sensación afilada contra la curva de su cuello. Notando el calor sobre su piel.
El dolor no tuvo relevancia en sus instintos. Acostumbrada a aquel patético acto desde niña, Nymeria mantuvo sus ojos sobre las posibilidades para deshacerse de la bestia.
Smaug deslizó la punta de su garra en la piel inmaculada de la hechicera, imaginando la cantidad de sangre que brotaría con una pequeña incisión. Sería una muerte agónica, asfixiante. Disfrutaría cada segundo verla retorcerse en busca de un insignificante puñado de aire.
-No si le doy la tuya primero, aunque… no veo de que serviría, ya te arranque un regalo para él-Balanceando la espada hacia su propia cabeza, cortó las hebras rojizas que Smaug sostenía tan firmemente. Lamentablemente, se desprendió de la trenza y el broche de cortejo.
Tenía que recuperarlo o Thorin no le perdonaría.
No, no lo hará, no con lo que ya eh hecho. Con esto solo estoy agregando puntos a mis pecados contra él. Ya eh roto más de una promesa…
Mirando a Smaug quemar todo el cabello entre sus garras con una potente llamarada, notó el destello del broche plateado descender hacia las monedas bajo sus botas. Tocándose instintivamente el corte, sintió los risos hasta la mitad del cuello. Con una mueca, pensó en su enano. Thorin iba a estar enormemente disgustado. Él amaba su cabello, se lo decía constantemente. La manera en que lo tocaba cuando le peinaba y trenzaba…
Si, estaría inmensamente disgustado.
Esquivando el golpe repentino, se abalanzó sobre el tesoro para recuperar el broche guardándolo dentro de su sostén. Con rapidez, descendió tesoro abajo para alcanzar una superficie plana que le permitiera luchar con más comodidad.
Agachándose, evitó el puño escamoso del dragón y le disparó en la pierna para hacerlo caer, pero apenas si se estremeció. Frunciendo el ceño se dispuso a tomar otra granada, no obstante, Smaug utilizó aquella habilidad de velocidad que le permitía moverse prácticamente sin ser visto. Le arrancó los cinturones de balas y granadas antes de regalarle un puñetazo en el estómago. Doblándose por el impacto, quizá con algunos otros órganos dañados, escupió un poco de sangre.
Apretando los puños, concentró la suficiente energía para apartarlo de ella con un golpe invisible de poder. Smaug aterrizó pesadamente sobre ambos pies, extendiendo sus alas para tomar impulso.
Smaug era demasiado rápido. Esquivar sus agiles puños y patadas comenzaba a serle difícultoso. De algún modo conseguía elevar su velocidad y su rostro había perdido todo rastro de arrogante diversión. Él iba en serio, en sus ojos expresaba todo su deseo de matarla cuanto antes.
Mátalo.
¿Ahora quieres matarlo?
Es él o nosotros. Aquí solo habrá un ganador.
-Es tu fin-Declaró Smaug. El agarre en su cuello se apretó, arrebatándole apresuradamente el aire. Nymeria le pateó y golpeo tanto con su espada como con la escopeta pero sus fuerzas menguaron debido a la falta de oxígeno-Puedo sentirlos…-Olisqueó-Trece enanos, dos humanos… y alguna criatura de alguna clase-Se mostró confuso-No importa, pronto lo averiguare. Antes de devorarlos.
-No…te lo…permitiré-Soltó con dificultad, perdiendo el enfoque a través de la vista. El brazo del bastardo era como el hierro. Su férreo agarre se unió a la satisfacción de esa afilada sonrisa, plagándola de furia.
No podía desmayarse ahora. No con la compañía bajo la atención del dragón.
-No hay nada que puedas hacer. Le daré tu cabeza a ese enano usurpador y lo veré sufrir. Disfrutare de su agónico dolor.
Con el sabor de la sangre inundándole la boca, Nymeria cedió a la oscuridad.
Smaug se colocó al hombro el cuerpo laxo de la hechicera. Arrebatándole las armas extrañas que portaba, extendió sus alas para tomar vuelo. El pequeño corte en una de sus membranas no era de gravedad, sin embargo, no sanaría. Al igual que su cola. Ese detalle podía costarle su reputación y se haría cargo de la causante muy pronto.
Dirigiéndose a la salida de su reino, inhaló el aire fresco con un poco de melancolía. Hacía mucho, mucho tiempo que no recorría los cielos solo por el placer de hacerlo. Anhelaba las horas en las que solo se dedicaba a flotar por el aire con su imponente apariencia. Sembrando el terror solo con su sombra.
Estirando los músculos, captó el olor desagradable de esos enanos.
-Algo se acerca-Exclamó Kili, notando la sombra en la distancia con la agudeza de su vista.
La compañía apresuró el paso pensando en su preciada compañera. El corazón del rey enano se aceleró de anhelo, desesperado por alcanzarla. Sin embargo, aquella esperanza se desmoronó al notar la equivocada silueta. Quien quiera que fuese, era demasiado alto y amplio para ser una mujer.
El grupo redujo la caminata con desconfianza.
¿De dónde había salido ese sujeto? ¿Cómo había llegado hasta aquí? ¿Quién era? Una variedad de preguntas ocuparon los pensamientos de cada uno de ellos, observando a la figura venir directamente.
El desconcierto invadió sus rostros al notar a su compañera en el hombro de aquel varón, aparentemente humano.
Lilian fue incapaz de no admirar la belleza masculina de aquel hombre. Exudaba cruda sensualidad y un magnetismo que sus fluidos y elegantes movimientos no podían ocultar. Su largo cabello rubio caía sombre un hermoso rostro cincelado, destacando aquellos ojos tan dorados como el mismo oro fundido.
¿Qué hacia Nymeria con él?
Una inconsciente Nymeria, ahora que se fijaba bien.
-¿Quién eres?-Thorin rugió con Orcrist en mano-¿Y qué haces con mi esposa?-Dando un paso adelante, le apuntó con su hoja reluciente.
-Ah ¿es tuya?-Smaug expresó con poca sorpresa-Ella no mencionó eso mientras nos divertíamos…-Una arrogante sonrisa se extendió por su rostro.
Un coro de jadeos resonó entre todos los enanos.
-¿De qué hablas?-Gruñó Thorin-¡¿Dónde está el dragón?!
-Ese monstruo ha desaparecido-Respondió con indiferencia-Recibió graves daños de parte de esta hermosa dama…-Dijo con admiración, echándole un vistazo-Y escapó.
Los enanos se miraron entre sí con gran alivio. Nymeria lo había logrado. Su reina había expulsado al dragón.
-Devuélvemela-Thorin exigió con rudeza, acortando la distancia con el desconocido. Emitía un aura extraña y no se fiaba en absoluto de él. Sobre todo por la manera en que miraba a su mujer. No quería por más tiempo sus sucias manos sobre ella.
-Ella no mencionó ninguna pareja-Dijo aquel sujeto dando un paso atrás con una rubia ceja arqueada-Estas mintiendo.
-¡Es mía!-Bramo el rey enano. Enfurecido, Thorin se apresuró para arrebatársela, pero el maldito le esquivó con una increíble facilidad. Sus compañeros desenvainaron en su apoyo, dispuestos a recuperarla a toda costa.
Smaug chasqueó la lengua divertido por la reacción del enano. Como adoraba torturar a sus enemigos. Y por lo que veía, esta mujer era más importante para él que cualquier otra cosa.
-Ahora eh decidido que me pertenece-Sonrió extensamente, observando la ira ardiente del enano insignificante-Me ha rescatado del dragón y a cambio la haré mía…
Con un rugido de rabia, Thorin se lanzó al desconocido para asesinarlo. Tales palabras despertaron su profunda posesividad, golpeado por la potente necesidad de sostener a su única en sus brazos y resguardarla de todo aquel que tuviese intenciones de arrebatársela.
Nymeria era eternamente suya y ningún patético humano la apartaría de su lado.
Balanceando a Orcrist contra él, oyó los gritos de guerra de sus compañeros. En conjunto, arremetieron contra el desconocido, quien había perdido todo el reciente humor.
Smaug no llevaba bien la insolencia y menos de parte de esta patetica raza. Adoraba el miedo, el terror y estas criaturas distaban de sentirlo. No podía permitir semejante falta de respeto.
Revelando una de sus alas, agitó la extremidad con la suficiente fuerza para producir una poderosa ventisca. Afortunadamente, los enanos salieron despedidos por la potencia del viento, aterrizando dolorosamente sobre el suelo irregular.
El miedo en sus rostros fue una placentera recompensa.
-No puede ser…-Susurró Dwalin incorporándose.
-Smaug-Informó Bilbo en voz alta, incapaz de ocultar los temblores de su cuerpo.
El dragón dejó caer a la hechicera de su hombro y se enderezó arrogantemente con sus esplendorosas alas extendidas.
Thorin se incorporó indemne gracias al collar de protección. Sin embargo, su ira aumentó al divisar a Nymeria inconsciente en suelo. Su rabia era hacia los dos, a Smaug por lo que le había hecho su gente y a su esposa; y a ella, por exponerse de esta manera a tal enemigo.
El miedo arraigado por la criatura estaba relegado por la furia y la preocupación. Tenía que recuperar a Nymeria. Esa era su prioridad. Clavando a Orcrist en la tierra, aguantó el impacto del viento aferrado a la espada cuando una nueva ventisca provocada por las alas de Smaug los azotó. Tal apariencia… el bastardo supo perfectamente como engañarlos y probablemente a Nymeria también. La bestia era demasiado astuta.
Con la ayuda de Orcrist, alcanzó a la bestia balanceando la hoja directamente hacia su abdomen. Sin embargo, detuvo tembloroso su hoja elfica que apuntaba al cuello delicado de Nymeria en un importante punto vital.
¡Cobarde!
-No te equivoques-Dijo Smaug desapasionado, adivinando sus pensamientos-Esperaba que la mataras con tus propias manos…-Ejerciendo presión en el cuello de la hechicera, sus relajados rasgos se contrajeron de dolor.
-¡SUELTALA!-Thorin rugió, moviendo la hoja de Orcrist hacia el brazo de la bestia. La repentina acción tomó por sorpresa a la criatura debido al pinchazo en su carne vulnerable. El enano atrapó rápidamente a su esposa en sus brazos y se alejó del dragón mientras éste, confundido, se examinaba la herida sangrante.
Apretando a Nymeria contra su cuerpo, Thorin retrocedió sin saber cómo proceder. No tenían como ni donde ocultarse. El fuego del dragón los consumiría. No tenían ninguna oportunidad.
-Vas a pagar por esto-Gruñó Smaug peligrosamente. Colocando esos furiosos ojos rasgados sobre el enano con una promesa de muerte.
Fue tu error subestimar a la bestia.
Nymeria observó la silueta Sauron, debido a su oscura composición le era difícil adivinar sus emociones.
Si, bueno, ya me di cuenta.
El dragón no es como los humanos con los que has luchado. Esa insignificante raza no se puede comparar a la fuerza de la criatura. Entrenaste como humana y eso ya no te sirve, no con Smaug.
¿Estas regañándome?-Soltó ella con incredulidad.
Estoy diciendo una realidad. Con ese nivel que posees solo conseguirás que te maten y eso no es lo que queremos. Por eso… te ofrezco mi poder.
¿Qué? ¿Te volviste loco? ¿Cuál es la trampa?
No hay trampa. Estamos unidos después de todo. Nuestros poderes están a disposición…
Mierda.
Nymeria no se fiaba ni un poco de él. Ya había jugado antes este juego y no salió nada bien. Tampoco quería ser llevada al lado oscuro. Pero si no tenía otra opción…
Sauron le tendió la mano bordeada sombras ondeantes.
¿Qué es lo que quieres a cambio?-No oculto la sospecha en sus palabras.
Quiero sentir… quiero volver a experimentar la pasión de una batalla. No ser solo un mero espectador…
Creí que sentías lo que yo, debido a nuestra conexión.
Lo hago. Pero no a un nivel muy alto. Sueles relegarme constantemente cuando estas con el enano. Y ese nimio placer físico del que disfrutas no es lo suficientemente fuerte para mí.
¿Te gusta espiar?
No pudo sentirse enfadada y aunque quiso decirle algunos comentarios burlones, prefirió callar. El bastardo estaba siendo extrañamente un conversador sincero.
Veo a través de tus ojos-Gruñó-¿Acaso crees que quiero espiar a una enano repugnante? Afortunadamente puedo sumirme en un descanso temporal.
Nymeria se echó a reír.
Sabes…si no fueses un loco con un complejo enorme de destrucción, podríamos haber sido muy buenos amigos.
Él permaneció en silencio durante largos segundos antes de resoplar. No necesito semejante estupidez.
Pensaba como tú y mírame ahora. Tengo más de quince amigos…
Y esos desagradables amigos tuyos morirán si no aceptas mi poder. Smaug los está atacando mientras hablamos.
¡Y hasta hora me lo dices!
Sauron gruño sonoramente, exasperado. ¡Date prisa!
Nymeria probablemente se arrepentiría de esto después, pero para salvar a sus amigos haría uso de todo método para protegerlos. Alcanzando la mano de Sauron, sintió el frio tacto de lo que suponía era su piel. Enlazando sus dedos, un rayo potente de electricidad la azotó hasta los hondo de su ser.
holiii XD
¡Gracias por su bello comentarios, y apoyo incondicional! las amo mucho!
Cuidense mucho!
adiós :)
