Capítulo 56: Lo oculto, un beso para olvidarlo todo

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El sonido del reloj marcar los segundos la ponían tensa. El click de un mousse más las teclas de una computadora era definitivamente acostumbrado cuando eran ellos dos, solos, en esa oficina.

Su mente no podía dejar de pensar en lo ocurrido con el actor, y cuando se dio cuenta, estaba ahí, callada, con su manager pendiente enfrente de la pantalla.

¿Se habrá enojado?

Sus ojos lo observaron desde su posición en el sofá. Su mirada era seria, atenta, sin siquiera inmutarse; solo haciendo su trabajo. Claro, así debía ser, solo que desde hace rato no le había dirigido la palabra, o bien, fue ella quien lo desatendió al estar pensando en…otros asuntos.

— ¿Yuki? — Queriendo llamar su atención o de alguna manera encontrar sus ojos, lo llamó.

— ¿Si? — musitó entre dientes, mirando aun la pantalla.

Kyoko lo escudriño unos segundos más, antes de volver su mirada hacia abajo.

— Nada —Respondió.

Sus manos volvieron a su guion, alisó el borde de una hoja doblada y fingió seguir estudiando.

El tictac parecía resonar en sus oídos. La vista fue desplazándose de nuevo a él, para luego volver al guion y lentamente, de nuevo, mirarlo de reojo.

Sin ya poder contener su ansiedad, se levantó con ímpetu. Dejó el guion a un lado del sofá y recorrió la pequeña oficina. Giró por cada esquina, mirando un cuadro colgado en la pared, observando los libros en el estante, ordenando o fingiendo arreglar cualquier detalle que pareciera fuera de lugar. Y entonces, llegó detrás de él, tras su escritorio. Ladeó la cabeza con cuidado y lo miró disimuladamente.

— Kyoko.

Al escucharlo dio un respingo. Vio cómo la silla giratoria fue dirigiéndose a un costado, él volteó su cabeza y luego la llamó para que se acerque.

Con las manos sin saber dónde poner puestas, ella se acercó.

— ¿Qué sucede? —preguntó él con tono suave — Hay algo que quieres decirme, ¿verdad? —dijo tomando su mano.

Kyoko asintió tardíamente y cerró sus dedos sobre su cálida mano.

— Sí… —dijo vacilante — Es sobre…

— Espera — le interrumpió, sorprendiéndola. Sus ojos de repente la miraron intensos, el color de sus pupilas oscureciendo tras sus lentes, clavaron su mirada de manera drástica.

La actriz tragó saliva, sus mejillas se tornaron ligeramente rojos, al notar aquellos ojos que había visto esa mañana, en el departamento, en su cama…cuando…

— Es muy excitante —soltó él.

— ¿Q-qué? — tartamudeó confusa por el repentino cambio de tema. Sus mejillas se enrojecieron aún más y entonces se le escapó un pequeño grito de sorpresa al ser estirada de su mano para quedar a escasos centímetros de él.

— Esto — La comisura de sus labios se estiraron arriba con picardía. Ambas manos agarraron de sus caderas para girarla, y Kyoko totalmente confundida y azorada, dejó que lo guiará, sintiendo como su piel ardía en donde la tocaba.

Con sus manos, en un movimiento rápido, la atrajo hacia él y la sentó en su regazo. La silla se impulsó unos centímetros atrás, y Kyoko soltó otro gritito, pero esta vez, un poco más fuerte.

— ¡Yu-Yuki! — Su rostro se tornó completamente rojo al verse sentada encima, enseguida sintió sus brazos rodearla.

— ¿No crees que es excitante? — Su aliento sopló con cada sílaba su nuca, su piel se erizó y exhaló un suspiro — Estar a solas en la oficina —susurró — Así, contigo en mis brazos.

— Pero…a-alguien puede entrar — dijo casi en un murmullo.

— Nunca entran sin avisar — sus manos la apretaron más —, siempre tocan la puerta y además casi nadie nos visita aquí.

Kyoko estaba segura de que él podía sentir sus descontrolados latidos a través de su tacto. Su respiración se tornaba más dificultosa y trataba de apaciguar el calor que se extendía por todo su cuerpo.

Yukihito se la ingenió para moverla un poco más a su costado. Sus ojos la buscaron, y ella fue atrapada por ellos.

— Ha sido unas horas desde que no podemos estar así. Estar tan cerca de ti, pero no poder tocarte es desesperante.

El corazón de la joven dio un gran salto, aspiró con fuerza y contuvo sin percatar su respiración. Sintió la mano de él tomó la suya. Sus dedos fueron entrelazándose lenta y suavemente, así como el tardo suspiro que emitió cuando llegó a tomarla por completo. Ella miró la unión de sus manos, complacida al sentir por primera vez sus dedos entrelazados.

Lo miró a los ojos, con los cachetes rojizos.

— Ahora sí — él sonrió y estiró de su mano, sus labios posaron sobre su dorso y presionaron ruidosamente haciendo que ella sonría al ver sus juguetones ojos mirándola atentos —Dime, preciosa, ¿qué quieres decirme?

Kyoko abrió su boca y lo cerró a tiempo antes de que lo abriera totalmente. Tragó saliva. Se había olvidado de la cuestión. ¿Por qué él tenía que mirarla tan fijamente y con esa sonrisa? ¿Cómo le diría...eso?

— Yuki…, yo… — titubeó —Es sobre…el almuerzo… con Tsuruga-san…—Su voz disminuyó al pronunciar su nombre.

Las facciones de Yukihito fueron suavizando lentamente. Su sonrisa desapareció y asintió con la cabeza.

— Dime — incitó.

— Él…quiere que nos volvamos a ver algún día…, después del comercial…y…

Se detuvo al sentir que él retiró sus dedos, pero agarró su mano y la llevó sobre su hombro. Su mano se alejó del de ella para dejarlo ahí e ir sobre su cadera. Las yemas de sus dedos acariciaron paulatinamente de arriba a abajo, mientras la miraba casi serio.

— ¿Si? —preguntó él para que continúe.

— Y…y… —Su boca temblaba y su cara ardía. Las manos de él la tomaron de la cintura, una recorriendo con sus dedos cada vez más arriba — Y…Tsuruga-san — emitió un chillido cuando la otra mano bajó de súbito cerca de sus nalgas — Quiere que empecemos de nuevo como amigos — farfulló en voz alta.

— ¿Amigos? —sus manos se detuvieron.

— Sí… — dijo tratando de apaciguar su acelerado corazón.

— Entonces…él quiere encontrarse contigo…quiere comenzar como amigos… —Sus cejas se fruncieron ligeramente.

— Él me dijo…que quería contarme algo…y por eso quiere acordar otra fecha —se apaciguó un poco cuando sus manos se detuvieron, pero luego comenzaron de nuevo con las caricias.

— Así que aceptaste…

— E-eso—

— Bien, contactaré con Thompson-san para buscar una fecha…y el lugar…ya veremos —sus ojos emitieron un destello por un solo segundo. Una mirada fría mirando a la nada, que desapareció al instante para volver a los ojos ambarinos.

— ¿Yuki?...Yo… —miró abajo, apenada de lo que había hecho. Si fuera él, quien tendría que encontrarse con su antiguo amor a solas, no estaría muy tranquila. Y además había demostrado que estaba pensando en eso..., tal vez él sí se dio cuenta de lo que pensaba, de quien pensaba. Alejó su mano de su hombro — Yo lo sien—

Unos dedos impidieron sus disculpas. Él cubrió su boca, mirándola siempre fijo.

— No lo hagas, deja de pensar en ello… — deja de pensar en él, decía sus ojos.

Kyoko se estremeció cuando las yemas de sus dedos rozaron y acariciaron sus labios. Con la otra mano, sus dedos fueron suavemente a su brazo hasta llegar a su hombro y encontrar su camino atrás, en la piel desnuda que se exponía de su espalda. Se escabulló bajo el tirante con un movimiento tan suave y lento, que Kyoko, llevó una mano sobre su pecho buscando en donde apoyarla para resistirse a sus caricias.

— Me gustan tus mejillas…muy rojas para mí —él esbozó una sonrisa, sus manos se alejaron de ella para luego rodearla con sus brazos.

Ella quedó tiesa, mirándolo. Recién se percató de lo que él hacía, de sus intenciones, de sus objetivos. Él quería verla roja, él la acarició cada que hablaba de Tsuruga-san, ¿él la interrumpió y la sentó en su regazo sabiendo de quien hablaría?

Sus ojos se entornaron en él.

¿Celos?, sí, celos.

Se resistió a no sonreír, porque eso no tenía que acabar ahí. Ella tenía que darle una cucharada de su propia medicina.

— ¿Kyoko?

Clavó su mirada y llevó una mano sobre su mejilla. Pudo ver una pisca de sorpresa en él y entonces siguió, comenzó a acariciarlo, fue descendiendo a su cuello, tentó con la punta de sus dedos el lóbulo de su oreja y luego se acercó a su nuca, jugando entre los mechones castaños de su cabello. Sus ojos miraban cómo él se ponía cada vez más atónito, sin poder pronunciar una palabra.

Algo creció en su interior, un sentimiento de poderío y satisfacción que nunca antes lo había conocido. Pero eso aún no era suficiente, solo era el principio.

Arrastró hacia arriba la mano que posaba sobre su pecho, llegó a su hombro y lo levantó casi rozando su rostro. Una ligera sonrisa salió al ver su expresión, quitó entonces sus lentes, y alargó su brazo hacia atrás para ponerlo sobre el escritorio.

— ¿Qué ocurre…? —Decía él con una sonrisa nerviosa que luego fue cambiada por una expresión de extrema sorpresa al sentir como ella movió sus piernas para quedar a horcajadas sobre él. Tragó grueso y sus dedos se aflojaron y se movieron inquietos sobre los costados de su pequeña cintura.

Sus rostros quedaron cerca uno al otro, y Kyoko pudo sentir el calor subir a sus mejillas. A pesar de ello apoyó de nuevo su mano sobre su pecho y la otra acarició su cabello.

— Kyo-Kyoko esto…

Besó su mejilla, él se quedó tieso y ella lo volvió a besar.

— ¿Sí? — Musitó ella en lo bajo, no pudiendo ocultar algo de su vergüenza.

— Esto se está…poniendo difícil para mí…

La invadió una gran satisfacción al distinguir en él un pequeño rubor en su rostro. Pero entonces, no todo terminaba ahí. Sus ojos marrones la clavaron con tanta pasión viéndolo luego bajar su vista a sus labios. Y lo que creyó terminaría por ser ganadora, terminó siendo un juego de seducción en la que los dos cayeron, buscando más que una caricia.

Él apretó de su cintura. Ambos fueron acercándose hasta que sus labios se encontraron en un beso casto. Se separaron y luego mirándose otra vez, se aproximaron de nuevo para intensificar el beso.

— ¡OH EL AMOR!

Ambos se paralizaron. Sus ojos se abrieron feroces al oír el sonido del picaporte de la puerta siendo abierta.

Kyoko se levantó velozmente, pero su cadera chocó contra la mesa con brusquedad, sus manos le agarraron a él de los hombros, pero solo lo empujó hacia atrás, cayendo sola al suelo.

— Kyo—

— Estoy bien — De inmediato se levantó y se alisó la falda. Él también se apresuró en levantarse y mirarla por si hubiera sufrido alguna herida.

Un sutil carraspeo hizo que sus miradas volvieran atrás, en donde una persona miraba con una sonrisa ladina a los que ignoraban su presencia por estar atentos a ellos mismos.

— ¿Interrumpí algo? —Su voz delataba a ambos, que el presidente había visto mucho como para hacer esa cara que expresaba haber descubierto algo jugoso — Tal vez pueda ser una serie de malentendidos como con las fotos — Lory agudizó lo último como si no fuese cierto —, pero díganme, ¿qué hacían en esa posición?

Los dos se tornaron muy rojos, sin saber adónde mirar.

— Pre-presidente… ¿Hay algo que quería decir? ¿Verdad? Sobre el amor — Kyoko habló tratando de cambiar de tema, haciéndolo recordar a lo que venía a hablar con anterioridad.

— Sí —contestó con una gran sonrisa — Dos empleados del departamento de marketing y uno del de administración contraerán matrimonio este fin de semana. Ya había pensado en una nueva asignación para Mogami-kun, quien es ahora la única de las primeras en la sección Loveme — Los ojos de Kyoko se agrandaron al escuchar que no incluía más a su amiga, Moko-san — Pero — siguió Lory siempre sonriente — Me parece que la tarea será cancelada, luego de escuchar lo que me tienen que decir.

Kyoko sintió que él tomó su mano, alzó su rostro y lo miró. Él exhalaba un suspiro y le devolvía una mirada sonriente, haciendo que sus mejillas se arrebolasen notablemente.

Cuando todo fue anunciado, una música de celebración salió de fondo, las luces de la pequeña oficina se apagaron, confetis y serpentinas de todos los rosas más chillones fueron lanzados mágicamente. Lory reía con excesiva felicidad al lograrse que la primera miembro de la sección Loveme se graduará. Yukihito le sonreía a ella, y Kyoko también lo hacía, mucho más aliviada, aliviada de que la celebración de su graduación no fuera tan extravagante como lo había sido con el de Chiori. Su festejo no fue premeditado después de todo, pero aun así se preguntaba como el presidente logró llevar a cabo una fiesta con un banquete que llegó después como por arte de magia.

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El aparcamiento era algo oscuro, solo una tenue sombra de luz iluminada por escasos focos, algunos que no funcionaban y debían ser cambiadas por unos nuevos.

Kyoko estaba nerviosa, sentada en la parte de atrás del auto, esperando a que los minutos que no pasaban avancen. Angustiada, sin saber qué hacer para calmar sus nervios, agarró su celular y lo configuró para que la pantalla baje su brillo. El mensaje iría para Moko-san, preguntándole por qué no le contó sobre su graduación, tal vez aprovecharía y exigiría un gran abrazo como recompensa al silencio de ese gran acontecimiento.

Utilizó su celular unos minutos más tratando de distraerse, pero no resultó. La inquietud la llenaba al saber que él estaría hablando en esos momentos con Hirakawa-san. Había quedado en el auto, no podía ir ni esperarlo afuera de la habitación del hospital. Como manager, él se aseguraba que no fuera vista en esos lugares, porque cuando un famoso, en especial, una mujer que ahora tiene novio se presentaba ahí, rumores desagradables solo la serían atribuidos.

Agitada, miró entonces por la ventana polarizada. Sus dedos seguían un ritmo de golpeteo constante sobre la puerta.

Inspiró y espiró con fuerza. Buscaba la tranquilidad o la distracción, así que volvió su mirada a su celular, pero luego el entrecejo se arrugó, al notar a alguien que le pareció conocido.

Giró nuevamente y lo vio. Era él. Cabello esta vez no engominado, sin lentes, con ropa casual y de moda. En un intervalo de dos segundos, pasó frente a la claridad de un tubo fluorescente. Sus ojos azules se distinguieron al ser alzados a donde ella estaba.

El corazón se le detuvo del susto. Se alejó con prisa de la ventana como si fuera posible que tras ella la hubiese visto. Vacilante, se acercó para verlo de nuevo. Él ya no miraba hacia ahí, sus pasos seguían a un lugar desconocido hasta desaparecer.

La rareza de esa situación era demasiada. ¿Podía ser solo una coincidencia? ¿Por qué él podría estar en el hospital? En su cabeza, un sinfín de pensamientos se amontonaba entreveradamente, llegaba al punto de creer que su presencia significaba que estuvo ahí por esa mujer, pero la duda siempre se interponía, porque hay coincidencias y malentendidos que también podía obrarla incorrectamente.

En la espera, a unos minutos, la puerta se abrió repentinamente. Salió de su estado de cavilación con el susto traído de ese sonido imprevisto de la puerta.

Lo miró muy serio y silencioso.

— ¿Yuki?

— Ella ya no quiere mi ayuda —expuso mirándola — No quiere que vuelva aquí, quiere que lo olvide todo.

— ¿Cómo? —preguntó perpleja.

— No lo sé, no entiendo… Cuando llegué ella estaba muy alterada, estaba llorando… Estaba fuera de sí, me gritó todo eso y después la enfermera vino y me dijo que me vaya.

Kyoko bajó su mirada de él, y se quedó en silencio.

— ¿Pasa algo? —dijo él al verla extraña.

— En realidad… He visto a Thompson-san por aquí.

— ¿Eh?... ¿él estuvo aquí?

Los dos callaron. Sus mentes estuvieron tratando de entender e imaginar posibles razones de lo que estaba ocurriendo.

— Es mejor que vayamos — dijo Yukihito suspirando— Es tarde y tienes que dormir, veremos este tema otro día. —ella fue al asiento de adelante, y entonces él arrancó y en breve salieron del hospital.

La noche era fresca y el viento parecía atenuar la maraña a lo que eran sometidos.

Kyoko lo miró después de unos minutos. Serio y sin decir nada. Volteó hacia ella y le dedicó una sonrisa. Ella también le sonrió, sintiendo como después él tomaba su mano.

Llegaron pronto a su departamento. Él la despidió con un pequeño beso en los labios y ella salió.

A cada paso que dio, la distancia fue aumentando así como también fue disminuyendo su celeridad hasta quedar por completo detenida.

No, no podía dejarlo. Aun lo necesitaba.

Volteó y fue corriendo hasta su auto. Abrió la puerta y sin necesidad de explicaciones o reacciones previas, se lanzó a sus labios, sus brazos fueron hasta su cuello y sintió como él le devolvía el beso y se acercaba más para tener mejor comodidad.

—Tengo muchas cosas que pensar…— le susurró ella cuando se separó de su boca —No quiero pensar más en problemas… Yo quiero olvidarlo por ahora… Prefiero pensarte antes de dormir…

Yukihito acarició su mejilla, viendo entre la penumbra su rostro de un rojo intenso.

— Es una buena idea —dijo sonriendo.

Ella se alejó de sus manos, y cerró la puerta que antes por el apuro no la había cerrado bien. Sus manos fueron para encontrarlo, su boca fue directo a la de él, lento por la vergüenza pero aun así sin detención.

Fue un beso que se prolongó durante largos minutos.

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N/A: No tengo perdón, lo sé TnT

Algunos ya lo sabrán, se descompuso mi tablet y tuve y tengo problemas que por ahora están bajo control. Por cierto, mi Tablet está de vuelta en mis manos! Me olvide de contar, lo tengo desde hace una semana :D Está vivo y por suerte no se borró nada jeje

Espero que este capítulo les haya gustado, lo estuve escribiendo toda la noche, la inspiración surgió cuando debía de estar durmiendo.

Pamela Nolasco: Él aprovecharía cada que estén solos para besarla, tal vez hay un poco de retención de su parte por el bien sea de ella XD Y Kyoko no es como que no pensase en eso, lo hace tanto como él. Veremos qué ocurrirá con la confesión de Ren, y su manager, él bien está para irritar a la gente.

Carla: Oh, pues sí. Sería una decisión difícil tener a dos hombres guapos a tu disposición XD Ayy, para mi encontrar uno se me hace tan lejano…

Luka Gottchalk: Ella lo besa pero con timidez que quedará al olvido después de unos segundos XD Y sí, a Yukihito le encanta el efecto que tiene él en ella.

Ivy401: Sí, sería bueno que Ren deje todo ese miedo atrás para ir adelante y con todo, lo está logrando, ya por fin decidió citarla para confesar más, solo que aún no sabe que ellos se hicieron novios de verdad.