CAPITULO 44: UN BESO PARA RECORDAR. LUNYE VS AIORIA

Si alguien hubiera pasado por ahí en ese momento, seguramente se hubiera llevado una gran sorpresa. Pero no, nadie lo hizo, para fortuna de ambos. Lunye rodeo el cuello del caballero para acercarse mas a este pero Milo seguía sin reaccionar. La mente del escorpión estaba completamente en blanco, presa de la sorpresa y el gran desconcierto que todo eso le estaba causando… pero no podía negar una cosa… lo había estaba esperando desde hacía bastante tiempo. Cuando cayó en la cuenta de que era verdad y no un sueño o un espejismo producto de su imaginación, le correspondió el beso. Cerró los ojos y la abrazó por la cintura, pegándosela a su cuerpo, disfrutando enormemente de ese agradable momento…

En las gradas del coliseo, diez de los doce caballeros dorados más uno, esperaban impacientes a que la tan esperada y misteriosa pelea diera comienzo. Ninguno dejaba de preguntarse donde demonios estarían tanto Milo como Aioria, pero suponían que el primero estaba organizando a los peleadores y el segundo… del segundo si no tenían la menor idea. Lo que no les quedaba del todo claro era la gran cantidad de gente que estaba reunida ahí esperando exactamente lo mismo que ellos, ya que se suponía que sería una pelea "privada" de la que solo uno de ellos tendría el privilegio de ver. Eso Milo ya se los explicaría más tarde, lo más seguro era que el patriarca lo había descubierto y después de la batalla, le esperaría un terrible castigo.

- Esto ya está tardando mucho – comentó un tanto desesperado el guardián de la cuarta casa del zodiaco

- Tranquilo, Mascara, Milo debe de estar afinando los últimos detalles – contestó Camus con su ya habitual seriedad

- Si es que no lo mató el patriarca ya – dijo Kanon riéndose entre dientes

- ¿Ese no es Aioria? – preguntó Mu realmente sorprendido y señalando con la mirada al hombre que acababa de salir a la arena de duelo. Todos quedaron igual que su compañero al verlo

- ¡¿Pero que está haciendo ahí?! – Exclamó Aioros al mismo tiempo que se ponía de pie - ¡Aioria!

El caballero de Leo volteó hacia sus compañeros y levantó una mano en señal de saludo

Milo y Lunye seguían besándose cuando Aioria salió al Coliseo y el grito de Aioros hizo que estos dejaran de hacerlo. Por un momento, ambos miraron el suelo con un leve sonrojo en sus caras. Lunye volteo hacia a Aioria, a quien veía de perfil desde donde se encontraban.

- Ya es tiempo de terminar con esto – volteó a verlo, su mirada era seria al igual que su tono de voz – pero antes, quiero que me prometas algo

- ¿De qué se trata? – preguntó Milo consternado

- Prométeme que, si no recuerdo nada de estos cuatro años, no me dirás nada al respecto

- ¡¿Qué?!... eso es pedirme que te mienta – Milo estaba sorprendido ante tal proposición, aunque también se le podía notar un tanto decepcionado

- Exacto… no me enorgullezco de lo que hice ¿sabes? – hizo una pausa – servir a un dios que me hizo tanto daño y el haber matado a tantas amazonas de esa forma tan… cruel, no es nada gratificante… cuando menos no ahora… así que, si yo… sabiendo el porqué de mis acciones, me siento tan mal… ¿imagínate como me sentiría al no saber el porqué?...

- Tal vez tengas razón pero… nunca te he mentido… y hacerlo seria traicionarte

- Créeme, mentirme es lo mejor que puedes hacer por mi… explicarme estos cuatro años será una gran carga para ti… y también para mí

- Lo siento, pero no creo poder mentirte

- Ya lo preveía… cuando menos lo intenté

Ambos se sonrieron, Lunye dio unos pasos hacia el centro del Coliseo pero fue detenida por el Caballero.

- Te voy a extrañar – dijo, Lunye se volteo hacia él

- Yo no… y sé que tu tampoco – Milo bajo la mirada sin dejar de sonreír, luego volvió a mirarla – aunque sea trata de hacerlo… prométeme que aunque sea trataras de mentirme

- Creo… no, te prometo que trataré – Lunye respiro hondo y tanto su sonrisa como su mirada alegre se esfumaron para dar paso a una expresión llena de frialdad

- Nos vemos, caballero – la chica sonrió un poco sin cambiar su mirada – deséame suerte para que esto funcione

- Funcionara más que el… – Milo fingió golpearse la cabeza con algo - tubo, créeme – la sonrisa de Lunye se agrandó, pero al darle la espalda al caballero, desapareció. Comenzó a caminar con paso lento y seguro, con la cabeza en alto, llena de confianza y fingiendo un orgullo desmesurado

Cuando los santos de oro la vieron salir, no pudieron evitar sorprenderse… excepto Kanon quien no sabía exactamente quien era ella, solo que era berseker de Ares y una antigua conocida de Milo. Camus se puso de pie repentinamente

- ¿A dónde vas? – preguntó Dohko algo intrigado

- ¿Te das cuenta de quien está ahí? – respondió señalando a Lunye que se acercaba poco a poco a Aioria

- Sí – respondió Dohko sin captar el mensaje de su compañero de combate – Es Lun… ye – terminó de decir el nombre en un susurro, apenas dándose cuenta de la gravedad del asunto – oh

- No puedo creer que hayas sido capaz de organizar esto – dijo Camus para sí mientras miraba hacia los dos contendientes que se preparaban para empezar su lucha

- No entiendo porque tanta preocupación de tu parte – dijo Kanon, quien estaba sentado a un lado de su hermano, recargado a la grada de arriba, con los brazos cruzados sobre su pecho y los ojos cerrados – no es más que una pelea y si el mismo Milo la organizó dudo mucho que sea a muerte, eso lo sabes tú, lo sabe Aioria, lo sabe ella, lo sabe él y lo sabemos todos los que estamos aquí… no veo la razón por la cual preocuparse tanto

- Por si no te has dado cuenta, Kanon, ninguno de los dos usa armadura… y aunque no sea una pelea donde pueda morir alguno de ellos, saldrán gravemente heridos, eso lo sabe cualquiera que se jacte de tener un poco de materia gris en la cabeza… y cuando él vea que corre peligro, querrá ir a salvarla, pero se dará cuenta de que no podrá hacer eso hasta que la pelea termine – hizo una pausa – iré a apoyarlo, eso es todo… ellos dos no me preocupan, es la integridad de Milo la que sí.

Y dicho eso se fue de ahí visiblemente molesto con la exmarina de Poseidón. Kanon abrió los ojos y se limitó a solo mirarlo de reojo.

- Se preocupa demasiado – comentó

- Es comprensible – dijo Mu, Kanon desvió su mirada hacia él – desde que se conocieron, hace ya muchos años, se han tenido una gran estima… creo que se quieren como si fueran verdaderos hermanos; se apoyan entre sí en los momentos difíciles y se entienden solo como pocos logran hacerlo; además, si hubieras estado aquí hace seis meses entenderías mas el porqué de la actitud de Camus

- Pues puede que tengas razón… pero sigo diciendo que exagera

En el centro del coliseo y bajo las miradas expectantes de todos los presentes, se encontraban Aioria y Lunye, con la guardia en alto, esperando el momento oportuno para atacarse. Milo solo los miraba algo nervioso desde la entrada oeste del coliseo, con los brazos cruzados sobre su pecho; en su mirada se podía ver claramente la preocupación que lo embargaba… en ese momento se estaba arrepintiendo de haber ayudado a Lunye a tener este enfrentamiento con Aioria.

Quien hizo el primer movimiento fue Lunye. Corrió hacia Aioria a una velocidad impresionante y lanzo su puño derecho directo a la cara de su adversario. Aioria la detuvo. Lunye lo tomó de la muñeca con fuerza, zafó su otra mano de la de Aioria, tomándolo con esa también, y lo estrelló de espaldas al suelo. Aioria no desaprovechó la oportunidad y le metió zancadilla aprovechando su posición, tumbándola. Ambos se levantaron rápidamente e inmediatamente corrieron uno contra el otro y comenzaron una reñida pelea donde se lanzaban y cubrían rápidos golpes. En uno lanzado por Lunye, Aioria desapareció. Lunye, sin bajar en ningún momento la guardia, volteaba a todos lados para encontrarlo. No tardó en sentir su presencia detrás de ella. Se giró rápidamente pero Aioria fue más rápido. El caballero de leo le propinó una fuerte patada en el abdomen que la mandó estrellarse contra pared. Varios pedazos de tamaño considerable de la misma le cayeron encima. Milo se tensó al ver tal cosa pero justo en ese momento, Camus llegó y se situó a su lado.

- Ella estará bien – intentó calmarlo un poco, sin dejar de ver el lugar en el que Lunye había caído

- Eso espero

Aioria se acercó con cautela a donde Lunye se encontraba. Cuando estuvo a escasos metros de ella, algunos de los escombros que le habían caído encima, se elevaron del suelo y se dirigieron rápidamente al caballero quien no pudo hacer mucho para esquivarlo: algunos si logro evadirlos pero otros lograron golpearlo en varias partes del cuerpo y lo hicieron retroceder. Lunye se puso de pie. A su alrededor flotaban diez de los pedazos que le habían caído y que no había lanzado. Se limpió la sangre que salía de la comisura de sus labios y sonrió con cierta malicia. Aioria se preparo para otra tanda de rocas voladoras y las supuso más peligrosas que las anteriores. La chica de rojos cabellos movió su brazo derecho en dirección a él y una de las rocas salió disparada en su contra. Aioria logró esquivarla. Lunye comenzó a correr alrededor de todo el coliseo a la velocidad de la luz mientras que lanzaba las nueve rocas restantes desde diferentes ángulos y a la misma velocidad a la que corría. Pocos segundos de haber lanzado la octava roca, apareció a escasos dos metros de Aioria y le lanzó la ultima a la cara sin que este pudiera esquivarla, dándole de lleno en la cara. El golpe lo desestabilizó y provocó unos cuantos raspones sin importancia. Esa fue la única que lo tocó. Lunye aprovecho su confusión y lo atacó con múltiples puñetazos en el estomago y lo remató con una patada en la cara. Aioria retrocedió un par de pasos mientras que un hilillo de sangre salía de su boca. Se la limpió y miro a Lunye con cierto desprecio.

- ¿No crees que ya fue suficiente de lanzarnos simples golpes? – pregunto Aioria algo molesto

- Apenas te iba a decir lo mismo… ya fue suficiente calentamiento… es hora de usar el cosmos para pelear

Ambos contendientes empezaron a elevar su cosmos, y fue en ese momento que los verdaderos temores de Milo surgieron, puesto que a partir de ahora, el daño recibido sería mayor. Si en una pelea con armadura el daño podía ser peligroso, sin armadura… mejor no quería pensar en ello, tenía la esperanza de que Aioria se limitaría y no la atacaría con toda su fuerza o de lo contrario… ella… meneó la cabeza para quitarse esa idea de la cabeza, ella no iba a morir allí, ella no podía morir… simplemente no debía…

Si hay algo con lo que es difícil contraatacar, ese es el poder mental, y Lunye sabia eso muy bien. De hecho, gracias a ello, le había ganado la primera vez en Alfeiós. Pero una técnica no funciona dos veces contra un caballero, así que, esta vez, usaría su poder mental para controlar otras cosas en vez de al santo de Athena. Mientras ambos se preparaban para llevar la pelea a otro nivel, la exberseker de Olympus Mons se concentraba en su futura arma, para que así, llegado el momento, atacarlo y hacerle el mayor daño posible. Cuando ambos estuvieron listos, Lunye atacó primero. Se lanzó contra Aioria al mismo tiempo que extendía su brazo derecho en horizontal. Una esfera brillante apareció en su mano entreabierta y comenzó a tomar forma. Era Elliniká, que la había transportado desde el octavo templo del zodiaco hasta ahí.

- Toma esto, minino… ¡RAFAGA DE LA MUERTE! – Lunye se detuvo al mismo tiempo que blandió su espada con fuerza, a muy poca distancia de Aioria. La ráfaga escarlata que produjo el movimiento le dio de lleno y lo aventó hasta uno de los extremos del coliseo, empezando a formar una zanja con su cuerpo tres metros más allá de donde se encontraba antes de recibir el impacto. Al chocar provocó un hundimiento con su espalda en el lugar y cayó sentado al suelo. Se puso de pie con dificultad; tenía varios cortes que sangraban en todo el cuerpo, su ropa estaba desgarrada, y sangre recorría la parte derecha de su cara, lo más seguro era que el ataque le había producido un corte en la cabeza. Mu y Milo fueron los únicos que se dieron cuenta al instante que Lunye no había lanzado con toda su fuerza su técnica o de lo contrario no hubiera quedado ni rastro del santo de Leo; sabían eso porque ya antes se habían enfrentado a ella y aunque nunca habían recibido la ráfaga de la muerte directamente, la habían visto en todo su esplendor… y la recién utilizada había sido vilmente contenida

- Pudiste haberme matado – dijo Aioria mientras caminaba para acercarse un poco más a ella y se detuvo cuando estuvo a aproximadamente tres metros.

- Lo sé, pero mi intención no es esa – hubo un momento de incomodo silencio

- Debo confesar que no me lo esperaba – admitió el león –, ignoraba que tuvieras dotes de tele transportación.

- No los tengo

- ¿Cómo? – Aioria estaba consternado

- Que no tengo manejo sobre la teletransportación

- Entonces, ¿Cómo teletransportaste tu espada desde el templo del escorpión? – pregunto confundido. Camus había hecho la misma pregunta momentos antes y Milo le había contestado lo mismo que ella a Aioria

- Eso se debe a que tengo una conexión con Elliniká… hace todo lo que deseo que haga, no importa que este a miles de años luz de distancia, ni que esté en manos de otra persona… por ejemplo, si quiero que venga, vendrá, como ya bien pudiste observar… es muy parecido a sus armaduras

- Entiendo… ahora sé porque Milo me pidió que tuviera cuidado de tu espada cuando me dirigí a Alfeiós… es una espada especial

- Y no solo eso… es divina y no cualquiera puede blandirla

Olympus Mons se dirigió de nuevo hacia Aioria dispuesta a atacarlo con Elliniká pero este logro esquivarla con dificultad inclinándose hacia atrás. Con gran rapidez, tomó a Lunye de la muñeca y la aventó. La chica logró caer de pie, y lanzó su espada contra Aioria, quien por muy poco logró esquivarla; de no haberlo hecho seguramente hubiera muerto al instante al ser su cara atravesada por Elliniká, pero en vez de eso no había sido más que una simple cortada que no sangró mucho. La espada no se detuvo hasta que se clavó en el arco que delimitaba la entrada oeste. Los nueve caballeros dorados y Kanon observaron detenidamente la espada que estaba firmemente clavada en la pared, y fue entonces que vieron a Milo – quien se había asomado a verla algo sorprendido – y a Camus – que también había hecho lo mismo – aunque pronto regresaron a ocupar los lugares que habían estado ocupando antes. Aioria también los vio, pero tenía clavada la mirada en el escorpión. Volvió a centrar su atención en su adversario

- Milo entenderá – pensó Aioria – o de lo contrario no la hubiera dejado entrar al santuario, ni se hubiera arriesgado tanto para que esta pelea se llevara a cabo… perdóname por lo que voy a hacer pero… no puedo permitirme otra derrota contra ella

Como si el pensamiento de Aioria se hubiera tratado de un mensaje mental para él, Milo sintió un escalofrío recorrer su espalda y fue entonces que se dio cuenta de que lo peor apenas iba a comenzar…

Ahora quien atacó primero fue Aioria. Lunye se preparó para detener su ataque pero se sorprendió cuando el caballero dio un alto salto. Descendió en una patada que Lunye muy apenas logró cubrirse al cruzar sus brazos sobre su cabeza. Cuando Aioria tocó suelo, la atacó de inmediatamente con su puño, el cual también se le dificulto a Lunye cubrirse con ambas manos, una sobre la otra. Con lo que Lunye no pudo hacer nada fue con la patada que vino justo después, la cual le dio justo en el rostro e hizo que cayera al suelo de bruces. Ella se levantó rápidamente y se limpió la boca, viendo por un breve instante la sangre que se había quedado embarrada en el dorso de su mano derecha. Se abalanzó contra él y comenzó a lanzarle múltiples golpes, pero todos eran detenidos, con dificultad, pero detenidos finalmente. Lunye quiso rematarlo con una patada, pero al igual que todos sus ataques anteriores, fue detenida por la mano del caballero; del tobillo. La hizo dar vueltas dos veces en el aire antes de lanzarla. Debido a la velocidad tan alta a la que iba y a la fuerza con la que había sido lanzada, al momento de tocar el suelo dio dos violentas maromas en el suelo antes de estamparse de espaldas a la pared – muy cerca de donde Milo estaba –, abollando el lugar del impacto y cayó al suelo sentada. Milo y Camus se asomaron para verla. Lunye se levantó y no dudó ni un momento en ir al ataque. Al estar a pocos metros, saltó llegando a una considerable altura. Aioria se preparó, no sabía qué era lo que iba a hacer ella. Cuando iba descendiendo, Elliniká apareció entre sus manos, amenazante. Aioria solo pudo cubrirse con su antebrazo derecho, el cual sufrió una herida profunda, hasta el hueso. Si Lunye hubiera aplicado más fuerza en ese golpe seguramente le hubiese cortado el brazo, pero afortunadamente para él caballero de Leo no fue así. La exberseker de Ares se situó rápidamente detrás de él y le provoco un largo y pronunciado corte a lo largo de toda la espalda, pero Aioria no se dejó mitigar por el dolor y le dio un codazo en la cara, lo que la confundió, y después una patada en el estomago para alejarla aunque fuera un poco de él. Pero no le duro mucho el gusto, puesto que Lunye lo atacó casi de inmediato con su espada. Cada estocada la esquivaba en cuanto podía. Cuando lanzó el último ataque, Aioria la tomó de la muñeca y de un rodillazo le disloco el hombro. Lunye profirió un gritito de dolor (no quería dale el gusto a ninguno de los presentes de escucharla gritar en serio) y soltó a Elliniká. Se llevó su mano izquierda al hombro y dio dos pasos hacia atrás por inercia. Ahora, su brazo derecho estaba inutilizable

- Pero no importa – pensó optimista – esto no es nada

- Recibe esto – dijo Aioria de pronto, Lunye volteo a verlo alarmada - ¡RELAMPAGO DE VOLTAJE!

Ella no tuvo tiempo de reaccionar, ni siquiera de crear un campo de protección, por lo que recibió de lleno el golpe. Cayó pesadamente al suelo y de espaldas, lastimándose el hombre herido, pero no gritó. Se levantó del suelo con algunos problemas. Aioria volvió a atacarla, esta vez fue un codazo en el abdomen que Lunye no esperaba y que la sofocó; después Aioria la golpeó en la barbilla y cayó de espaldas al suelo de nuevo. Volvió a levantarse, con dificultad.

- Ya es hora de terminar con esto, esta pelea ha durado demasiado

Lunye no respondió, pero estaba de acuerdo con él. Ambos se prepararon para lanzar sus mejores técnicas, seguramente eso pondría fin a esa interminable pelea. Un profundo silencio se cernió sobre todo el coliseo, todos sabían que el momento culminante llegaría enseguida. Los dos contendientes se pusieron en su respectiva posición para lanzarlas, aunque Lunye solo contaba con un brazo para realizarla.

- ¡DESCANSO ETERNO!

- ¡PLASMA RELAMPAGO!

Ambos golpes chocaron justo en medio de ambos. El choque despidió un viento sumamente violento acompañado de temblores y un ruido ensordecedor. Por un par de minutos, el nivel de fuerzas estuvo equilibrado pero después, el plasma relámpago de Aioria comenzó a ganar terreno por sobre el descanso eterno de Lunye. La chica empezó a sentir como era empujada hacia atrás poco a poco. Si hubiera estado usando ambos brazos, seguramente hubiera durado más e inclusive hasta podido haber equilibrado de nuevo la situación, pero solo contaba con uno y pronto comenzó a sentir los estragos de soportar tanto su propio poder como el de Aioria. Lunye volteo hacia su derecha y con una sonrisa le dijo adiós a Milo (por si acaso, ella confiaba mucho en que al despertar seria Nira y no Lunye y nada de eso estaría en sus recuerdos). Dejó de esforzarse por detenerlos y fue golpeada brutalmente por ambas técnicas, las cuales la aventaron violentamente contra la pared del Coliseo y ahí permaneció hasta que la fuerza de ambos poderes cesó, entonces cayó al suelo boca abajo. Intentó levantarse antes de caer inconsciente al suelo. Aioria se quedó parado por un momento, esperando a ver que se levantara. Cuando se convenció de que no iba a ser así, dio tres pasos hacia ella y cayó también inconsciente al piso. Para todos los presentes, Aioria había sido el ganador de la contienda.

En las gradas del coliseo, Aioros se fue rápidamente de ahí sin mediar palabra alguna… aunque para ninguno de los que ahí se encontraba les hacía falta que les dijera a donde iba. Eso era algo que se sabía de inmediato.

- Espera

Camus detuvo a su amigo que ya iba a salir en el auxilio de Lunye. Milo volteó a verlo realmente desconcertado y desesperado

- ¿Qué? – preguntó cortante, le urgía ir a verla

- Se que estas preocupado por ella pero… será mejor que primero te acerques a Aioria, aunque sea solo para ver como esta – hizo una pausa, con el simple hecho de ver su expresión supo que no entendía que quería decir con eso – solo piensa en esto: Aioria es tu compañero de combate mientras que ella, bueno, para todos los presentes ella es la mala de la historia

- ¿Me estas pidiendo que la deje ahí, tirada, solo para que no me juzguen? – preguntó Milo ya no solo desconcertado y desesperado, sino que también molesto

- No… lo que te quiero decir es que… - Camus fue interrumpido por un Aioros que paso a toda prisa entre ellos con dirección a Aioria. Se le quedaron viendo

- ¡Aioria! – lo escucharon exclamar

- Lo que quiero decir es que muestres más interés por él que por Lunye, una vez que "veas" que está bien, vas con ella y te la llevas a la fuente

- Camus, sigue siendo lo mismo… me estás diciendo esto para que no me juzguen y créeme, eso es lo que menos me importa

- No seas terco. Aioros seguro se lleva a Aioria, tú te llevas a Lunye, pero primero ve a Aioria para que no te detengas cuando te la lleves a la fuente… se que te urge saber que está bien, pero hacer lo que te digo es lo mejor: vas, checas que Aioria está bien y luego vas con Lunye y te la llevas – Milo soltó un suspiro y volteo a verlo

- ¿Cómo es que siempre logras convencerme? – preguntó algo molesto pero tratando de reprimir una sonrisa

- Te conozco… vamos a verlos

Ambos caballeros fueron con Aioria. Aioros se encontraba hincado al lado de su hermano sin dejar de llamarlo. Los espectadores poco a poco comenzaron a retirarse del lugar, los únicos que se quedaron fueron los dorados, Yatzin, Shion y un puñado de soldados, aspirantes y caballeros de bajo rango que más que preocupados se quedaron por curiosos

El rato que Milo se estuvo con Aioria fue relativamente corto, simplemente le echó un vistazo con el cual se percató que seguía con vida, y después se acercó a Lunye que yacía a cinco metros más allá del santo de Leo. La volteo con cuidado boca arriba y le apartó los mechones rojos de cabello que cubrían parcialmente su rostro. Colocó sus dedos índice y medio en el cuello de la chica para verificar su pulso: era un poco más lento de lo normal, pero no lo supuso de riesgo, y se tranquilizó un poco más. Ambos estaban bien, aunque Aioria ya había perdido la suficiente sangre como para preocuparse. Aioros, al ver que su hermano nomás no reaccionaba, lo cargó en brazos y se fue a la salida, aunque al dar un par de pasos, se detuvo.

- Milo – lo llamó. Milo volteo a verlo. Con solo mirarlo, el caballero de la octava casa supo que era lo que quería: que lo acompañara a la fuente. Milo tomó con cuidado a Lunye del suelo y se acercó a Aioros, yéndose así los dos juntos a la Fuente de Athena. Camus los siguió solo hasta que ya estuvo fuera del Coliseo, esperaría ahí a los demás.

Por un rato, ni Aioros ni Milo dijo una sola palabra, sino que solo se dispusieron a caminar en silencio. Ambos estaban preocupados por los dos heridos, aunque claro, uno de los dos tenia prioridad sobre el otro, mucha prioridad de hecho.

- Tu amiga pelea muy bien – comentó Aioros de pronto, Milo volteo a verlo confundido – ya me habían dicho algo pero… yo me negaba a creerlo

Milo volvió de nuevo la mirada hacia ella, no sabía que responder

- Si crees que estoy enojado contigo por haber sido participe en que esta pelea se llevara a cabo, quiero que sepas que no es así – Milo volteó a verlo de nuevo, esta vez sorprendido – desde que él la retó a la revancha, supe que tarde o temprano esto pasaría… con o sin tu ayuda

- Me has quitado un gran peso de encima – dijo Milo aliviado y con una leve sonrisa en su cara

- Por eso mismo te lo dije… se te notaba mucho tu preocupación por mi reacción – Milo desvió la mirada a otro lado, algo apenado.

Si había alguien a quien Milo respetaba en ese Santuario, aparte de Athena y el patriarca, ese era Aioros, y por esa misma razón no podía llevarse con él de la misma forma que con Camus o Aioria, con quienes se comportaba con total libertad. Lo mismo pasaba con Dohko, pero a diferencia de esos tres, a Aioros lo tuteaba, a ellos no.

- Tú amiga… ¿Cómo es que se llama? – preguntó Aioros, sacando a Milo de sus pensamientos

- No lo sé – respondió cabizbajo

- ¡¿Cómo que no lo sabes?! – exclamo incrédulo

- Necesito que despierte para saberlo

- No te entiendo… oh! Ya – hizo una pausa – se me había olvidado que esta joven perdió la memoria… al menos eso fue lo que me dijeron

- Si, así es… de hecho vio esta pelea como una posibilidad de recordar. No le digas eso a tu hermano o podría pensar que se dejo vencer

- No te preocupes, no le diré nada al respecto… ¿Se dejo vencer?

- Lo dudo, es demasiado orgullosa como para hacer eso

Después de eso caminaron por unos minutos más y llegaron a su destino. Al parecer el patriarca había dado la orden a alguien (un soldado seguramente) de avisarle a las sacerdotisas que arribarían a la fuente dos heridos, puesto que ya los esperaban. Eran dos, y una era muy conocida por Milo; se trataba de la que se había encargado de cuidar a Lunye durante todo el tiempo que ella estuvo ahí y que le encargaba a él que descansara y comiera bien. Esa sacerdotisa se acercó a Milo mientras que la otra se acerco a Aioros.

- Sígame por favor – le dijo una sacerdotisa al caballero correspondiente

Milo fue guiado a la segunda habitación de la derecha mientras que Aioros a la tercera de la izquierda. Les pidieron que recostaran al herido en una de las camas – Milo recostó a Lunye en la que estaba al otro extremo de la habitación, mientras que Aioros recostó a Aioria en la tercera –, y les pidieron que salieran, ellas los llamarían cuando estuvieran listos para recibir visitas. Se sentaron en los escalones a esperar, impacientes. Momentos después, el resto de los dorados llegaron.

- ¿Cómo están? – preguntó Mu

- Bien – respondieron al unísono, desganados, y se dieron cuenta de que a pesar de que ya no corrían peligro alguno, seguían preocupados. Aioros por su hermano y Milo por Lunye. Media hora después, las sacerdotisas salieron de sus respectivas habitaciones.

- Ya pueden pasar – dijo la que había atendido a Aioria – pero solo uno puede pasar – agregó al ver al resto. Milo y Aioros se levantaron y entraron al cuarto que habían entrado con anterioridad.

Aioros se hincó al lado de la cama en la que se encontraba su hermano menor. Aioria tenía una venda en la cabeza a la cual se le podía distinguir una mancha de sangre en la sien derecha, tenía otra venda en su brazo derecho, varias gasas ocultaban las heridas de espada que había recibido pero que no eran de mucha gravedad, y en la muñeca izquierda tenia clavadas unas agujas por las que entraba sangre. Al sentir su presencia, Aioria despertó y volteo a verlo; se le notaba agotado.

- Her…mano

- No hables, perdiste mucha sangre durante la pelea y estas muy débil… peleaste de maravilla

- ¿Ella…?

- La chica está bien… y Milo no te odia – Aioria se relajó al escucharlo

- No quería hacerle tanto daño

- Eso era inevitable, ninguno de los dos portaba armadura y utilizaron su cosmo al pelear, les fue muy bien considerando lo impactante de la batalla – Aioros le guiñó un ojo, Aioria sonrió un poco – será mejor que descanses si es que quieres salir pronto de aquí

- Si – respondió y cerró los ojos, quedándose dormido casi al instante

Mientras tanto, Milo se encontraba hincado al lado de la cama donde Lunye se encontraba. Tenía la frente apoyada en sus manos entrelazadas, con los codos sobre la orilla de la cama y los ojos cerrados, esperando que despertara. Lunye, al igual que Aioria, tenía una venda en la cabeza; su brazo derecho – el cual estaba vendado y en un arnés – descansaba sobre su abdomen. Milo no sabía que esperar, como bien pudo haber funcionado, bien pudo que no. A su mente se vino la escena de ella cayendo por el abismo del Monte Atos, después recordó cuando la vio en el suelo, rodeada de su propia sangre al haberla atacado él mismo, en el salón de Olympus Mons en Kaisarianís, y por último el beso, ese beso mágico e impredecible que había querido darle desde hacía ya muchos años, desde que el tenia quince y ella catorce, pero nunca se había atrevido y ahora se preguntaba ¿Por qué?... ¿Por qué nunca…?

- ¿Milo?

Milo abrió los ojos de golpe y volteo a verla. Por fin había despertado…